"Tengo la firme convicción de que si estás me consolido, y la sospecha de que ni sospechas cuánto te amo".


Niña Buena

Parte II

Capítulo 2

El vestíbulo del Ministerio de Magia se encontraba a rebosar de magos y brujas que regresaban a sus hogares después de una intensa semana de trabajo. El ambiente era ligero y alegre, ya que se avecinaba el tan ansiado fin de semana.

Hermione caminaba entre la muchedumbre, rogando internamente no toparse con ningún conocido. No había pisado ese lugar desde que renunció al Departamento de Pociones (excepto por aquella noche de su primer encuentro con Severus), y se sentía un poco extraña.

Estuvo a punto de esconderse detrás de una columna como una niña inmadura cuando vio a algunos ex compañeros caminando en sentido contrario. Afortunadamente, no la vieron y ella continuó hasta el recibidor. Agradeció que el joven mago de la recepción fuese nuevo. Le dio su nombre y el motivo de su visita, y luego de que el joven revisara su varita y le entregara un permiso para ingresar, se dirigió a los ascensores. Corrió hacia uno y logró subirse antes de que las puertas se cerraran.

Mientras el ascensor descendía, Hermione mantenía la vista en sus pies. Confiaba en que los trabajadores del ministerio estuviesen muy ocupados en sus asuntos y no le prestaran atención. No sabía cuántos ex alumnos de Hogwarts trabajaban allí, pero seguramente eran más de los que quería contar.

Cuando llegó al piso que le correspondía, bajó del ascensor y siguió un camino recto por el pasillo alfombrado. Ya no le parecía tan buena idea haber ido a buscar a Severus.

—¿Hermione?

Apretó los dientes y levantó la cabeza. Dos de sus antiguas compañeras de trabajo estaban frente a ella, mirándola con absoluto asombro.

—Hola, Emily— saludó Hermione a la que había hablado, una chica pelirroja y de marcados rasgos irlandeses—. Hola, Astrid— dijo a la bruja rubia, bajita y de contextura delgada que la acompañaba.

Emily superó su perplejidad y se abalanzó sobre Hermione, dándole un fuerte abrazo por el cuello.

—¡Merlín! ¡Hace siglos que no te veíamos!— dijo Emily, aún colgada de la castaña.

—Sí— murmuró Hermione, dándole palmaditas en la espalda.

Cuando Emily la soltó, le siguió un abrazo menos efusivo de Astrid, pero igualmente emocionado. Habían sido compañeras durante toda la época de Hermione trabajando ahí, por lo que habían trabado una amistad que se basaba principalmente en un odio mutuo y visceral por su jefe.

—¿Cómo han estado?— preguntó Hermione, contenta de verlas de nuevo, pero con ganas de que se fueran rápido y no preguntaran demasiado.

—Bien, extrañamente bien— respondió Astrid. Hermione frunció el ceño.

—¿Por qué extrañamente?

—Es que... Snape está como... — dijo Emily, titubeante. El corazón de Hermione se paralizó.

—Cambiado— terminó Astrid—. De un tiempo a esta parte, ya no nos grita ni insulta... tanto.

—Vaya... pero eso es bueno, ¿no?— Hermione esperó que su sonrisa no la delatara.

—Y extraño— observó Emily, dándole un vistazo a la puerta al final del corredor, como si temiera que Snape pudiese aparecer de repente—. Sospechamos que por fin se consiguió una novia— dijo en un susurro.

Hermione sintió el calor trepando por su cuello. Miró a Emily y Astrid alternadamente, sin saber qué decir, mientras la asaltaba una risa nerviosa.

—Eso o... planea asesinarnos a todos.— El comentario de Astrid fue dicho con tanta seriedad que Hermione soltó una carcajada.

—También puede ser— dijo la castaña.

—¿Y tú? ¿Qué te trae por aquí?— quiso saber Emily.

—Eh... Precisamente, buscaba a Snape.

—¿A Snape? ¿Por qué?— se exaltó Astrid.

—No me digas que quieres a volver.— Emily la miró gravemente y dio un paso hacia ella—. Tu renuncia ya es leyenda aquí. Si vuelves, no te lo perdonaremos.

—No, no, ni en un millón de años— la tranquilizó Hermione, y hablaba en serio—. Sólo tengo que hablar algo con él.

—Ah, qué alivio— expresó Emily con un suspiro—. Se te extraña aquí, pero tu forma de mandarlo a la mierda nos dio esperanzas... Todos planeamos hacerlo algún día.

—Eres nuestra heroína, Hermione— dijo Astrid con solemnidad. Hermione sólo sonrió de lado y se rascó la mejilla—. ¿Me recuerdas alguno de esos insultos? Quiero tenerlos bien preparados para cuando llegue el día.

—Yo podría refrescarles la memoria, señoritas.— Snape apareció detrás de ellas, tan sigiloso e intimidante como siempre. Emily y Astrid dieron un brinco de la impresión y se giraron a él, empalideciendo—, pero no creo que sea el momento adecuado.

—Jefe...— masculló Astrid, tratando de sonreír—. Estábamos bromeando.

Snape alzó una ceja y movió sus ojos hacia Emily, que no tuvo la fuerza para mantenerle la mirada.

—Sí, y yo soy la reina de Escocia.— Hermione apretó los labios para no echarse a reír—. Si nos disculpan, la señorita Granger y yo tenemos asuntos que discutir— dijo lentamente, ahora clavando sus ojos en Hermione.

Emily y Astrid se despidieron rápidamente y huyeron de la presencia de su malvado jefe.

—Siempre tan gentil, señor Snape— dijo Hermione de forma sarcástica. Él continuaba mirándola con la característica expresión vacía que usaba en público.

—Y usted no ha dejado de ser la misma insolente.— Hermione le dio una sonrisa coqueta que logró incomodarlo y hacerlo voltear a ver a ambos lados del pasillo—.Tengo que terminar un papeleo— manifestó Severus, suavizando drásticamente su tono de voz.

—Bien, te espero aquí.— Severus la miró un momento, antes de colocar una mano en su hombro y empujarla delicadamente para que avanzara con él.

—Puedes esperar en mi oficina.

Ni bien empezaron a caminar, Snape apartó la mano de su hombro. Si era reservado por naturaleza, en espacios públicos, ese rasgo se acentuaba... y ni hablar de su espacio de trabajo.

Ingresaron al laboratorio vacío y los recuerdos de su primera vez golpearon a Hermione. Todo estaba igual que esa noche, los calderos en los mesones, los utensilios de trabajo... la mesa y la silla en las que todo había comenzado.

Escuchó a Severus cerrar la puerta tras ella y la sensación de flash back se incrementó.

—Qué lástima que ya no soy tu jefe para amonestarte— dijo él, atrapándola en un abrazo por la cintura desde atrás.

—Sí... qué lástima, ¿cierto?

Hermione ahogó un grito cuando Severus la arrinconó contra un mesón y le mordió el cuello. Las manos del hombre rodearon sus pechos, y su voz se perdió en alguna parte de su cerebro, al igual que toda capacidad de pensar.

A él también le había afectado el recuerdo de su cuerpo semidesnudo en su laboratorio. En realidad, no había planeado que esto pasara, pero no podía resistirse.

Presionó su cadera contra el trasero de ella, mostrándole cuán listo estaba. Hermione jadeó, consumida por el repentino deseo. Movió sus manos hacia atrás y lo tomó de la cintura para aumentar la presión.

Severus gruñó ante su acción. Sujetó todo su pelo castaño con una mano y lo tiró suavemente hacia atrás, inclinando su cabeza para poder darle un beso devorador.

Los dedos de la mujer buscaban desesperadamente desabrocharle el cinturón y los pantalones, mientras él hacía lo propio con los de ella. Hermione se maldijo por no haberse puesto un vestido. Logró bajar la cremallera del pantalón de él y lo bajó sólo unos centímetros junto a su ropa interior, liberando su miembro rígido. Todo era jodidamente más difícil y excitante teniendo que hacerlo de espaldas a él.

Las mano diestra del pocionista amasó fervientemente sus glúteos, para después bajarle el pantalón lo justo y necesario. Su excitación lo obligó a dejarle las bragas puestas y simplemente moverlas a un lado.

Hermione apoyó los codos el mesón y se puso de puntillas, arqueando la espalda. Lo sentía en su entrada, pero él se mantuvo quieto.

Severus todavía la tenía agarrada del pelo, y su mano libre se escabulló a la intimidad de la bruja. Su dedo índice trazó cada pulgada de su humedad. Ella se estremeció y emitió un quejido que evidenciaba toda su impaciencia.

—¿Ansiosa?— preguntó Severus burlonamente.

—Oh, cállate— dijo Hermione, girando la cabeza.

Él aprovechó su movimiento para capturar sus labios otra vez, introduciendo su lengua y tirando su cabeza más hacia atrás.

—Me encanta cuando te pones así— susurró el mago con voz grave. Hermione bufó con exasperación y él sonrió.

Olvidando dónde estaban (o, de hecho, incentivado por el lugar en donde estaban), Severus la sujetó con una mano de la cadera firmemente y empujó adentro de ella.

Fue lento al principio, gozando de cada gemido de la bruja, de cómo lo mojaba en su ardiente interior. Ajustó el agarre en el cabello rizado de Hermione y aumentó la velocidad.

—Dios... Mierda...— decía ella, con los ojos cerrados y una expresión de placer cruzando su rostro.

—Cuide ese lenguaje, Granger— reprochó Severus, tirándole el pelo con la fuerza justa para no hacerle daño.

—¡Puto Merlín!— exclamó, en el momento que él comenzó a frotar su clítoris y embestirla más fuerte.

—Se lo advertí...

El control de Severus se perdió en ese punto y ya nada más le importaba que hacerla llegar al orgasmo para poder hacerlo él mismo.

Pocos segundos después, el agudo y potente gemido de Hermione llenó cada rincón del laboratorio. Severus sonrió con satisfacción y continuó entrando ella, muy cerca de su liberación.

De pronto, el picaporte de la puerta giró varias veces. Hermione trató de voltearse, pero el hombre la tenía atrapada contra el mesón.

—Severus...— musitó, al mismo tiempo que quienquiera que estuviese al otro lado golpeaba la puerta.

—Tranquila...— dijo él, con la voz ronca y el entrecejo fruncido por la concentración—. Está bien cerrada...

Hermione, impotente, vio con horror cómo se le escapaba un nuevo y demasiado audible gemido. Le rezó a todos los Dioses para que la habitación estuviera también insonorizada... porque de no ser así, el ministerio en pleno se estaría enterando de lo que sucedía en el Departamento de Pociones...

Los golpes en la puerta se volvieron más insistentes, pero Severus no pensaba detenerse ahora. Soltó el pelo de Hermione y la abrazó, mientras pegaba su pecho a su espalda. Respiró con fuerza en su nuca y tuvo que apretar los dientes para no gemir en voz alta cuando su bajo vientre se contrajo y el orgasmo lo atravesó.

Se quedaron quietos un instante, luchando por recuperar el aliento.

Severus salió de ella y se apresuró a sacar su varita y aplicarles a ambos un hechizo de limpieza.

—¿Aló? Jefe, ¿está ahí?— preguntó una mujer al otro lado de la puerta.

A Hermione se le desencajó la mandíbula cuando reconoció la voz de Emily. Se subió los pantalones a toda prisa y se acomodó el cabello, pero sabía que nada de lo que hiciera para arreglarse ocultaría el delator rubor de sus mejillas.

Snape también se acomodó la ropa y se alisó el cabello; su rostro estaba igual de sonrojado que el de Hermione. Antes de que ella pudiera hacer algo, como esconderse, por ejemplo, fue a abrir.

—¿Qué pasa ahora?— preguntó Snape de forma brusca.

Emily abrió la boca para responder, pero se quedó de piedra cuando vio el semblante acalorado de su jefe... y luego a Hermione tratando de sonreírle desde el interior, en un estado similar.

—Eh... se me quedó algo— balbuceó Emily, en estado de shock—. Pero puedo volver después.— Giró sobre sus talones y desapareció de la vista a toda prisa.

Severus cerró y se volteó con lentitud. Se miraron un momento, hasta que Hermione rompió el silencio con su risa nerviosa.

—Creo que nos descubrió.

Snape alzó una ceja y, para sorpresa de Hermione, sonrió.

—Eso parece— declaró con calma, mientras caminaba hacia ella. Cuando estuvieron frente a frente, la rodeó por la cintura y le dio un apasionado beso—. Supongo que ya era hora de presentarte en sociedad.

—Sólo fue una persona...

—¿Y de verdad crees que esa chismosa no acaba de salir corriendo a contárselo a todos?— Hermione rió, abrazándose al cuello de él.

—Bueno... yo también te presentaré hoy.— Se alzó y le besó la mejilla con dulzura—. Pero ¿no tenías un papeleo que terminar?

Snape levantó la cabeza de un rápido movimiento.

—Cierto.


La tarde era cálida y agradable en el centro de Londres, mientras la vida nocturna comenzaba a bullir por las calles a medida que el sol se ocultaba.

Severus y Hermione esperaban afuera de un bar que, poco a poco, iba llenándose de gente. El pocionista tuvo que transfigurar su ropa en un traje formal muggle; ella, en cambio, ya iba vestida para la ocasión.

—¿Cuándo se supone que van a llegar?— preguntó Snape, impaciente. Ciertamente, estaba tratando con todas sus fuerzas de entrar en un estado de ánimo adecuado, pero la impuntualidad siempre lograba ponerlo irritable.

—Dijeron que a esta hora— contestó Hermione, viendo su reloj de pulsera. Se mordió el labio con nerviosismo, deseando que sus amigos llegaran pronto, antes de que Severus se pusiera de (más) mal humor

—Podríamos estar realizando actividades más... interesantes en este momento.— El mago la miraba de reojo, con una ceja arqueada y el asomo de una sonrisa maliciosa.

El cuerpo de Hermione reaccionó violentamente a las sedosas palabras de Severus. Nadie creería que ese hombre que aparentaba ser tan correcto y circunspecto fuese un animal insaciable en la intimidad. Quizás eso era lo que más le gustaba de él, ese ir y venir entre sus personalidades radicalmente distintas.

—¿Es lo único en lo que piensas?— inquirió Hermione en voz baja, aunque estaba aguantándose la risa.

—Cuando estoy contigo, sí.

—¡Oh, ahí vienen!— Hermione levantó un brazo y lo agitó en el aire.

Harry y Ginny avanzaban hacia ellos con dificultad entre la multitud.

—Disculpen la demora— dijo Harry, pasando su mirada de Hermione a Snape con suma rapidez, como si quisiera mirar por más tiempo al pocionista pero no se atreviera.

—Hola, Snape, qué gusto volver a verte— manifestó Ginny, al tiempo que lo saludaba con un apretón de manos.

Severus agradeció internamente que la joven no le hubiera dicho "profesor" y que, además, lo hubiera tuteado. De lo contrario, se habría sentido más viejo de lo que ya se sentía en compañía de tantos jóvenes.

—¿Cómo estás?— lo saludó Potter, también estrechando su mano brevemente.

Severus se limitó a responder con un asentimiento de cabeza.

Poco tiempo después, se ubicaron en una de las mesas exteriores y pidieron una pinta para cada uno.

La conversación de los amigos era grata y fluida. Si bien las intervenciones de Snape eran las indispensables para no parecer descortés, sus constantes silencios se volvieron tan evidentes que, más pronto que tarde, Ginny se vio en la obligación de hablarle directamente.

—Y dime, Severus— dijo la pelirroja—. Puedo decirte Severus, ¿verdad?— se apresuró a añadir.

Snape contuvo una sonrisa detrás de un sorbo de su cerveza ante las niñerías de la chica.

—Puedes, Weasley— respondió seriamente.

—Tú puedes decirme Ginny si quieres.— Severus le sostuvo la mirada un instante.

—"Weasley" está bien por ahora.— Ginny miró a Hermione, y ambas se encogieron de hombros a la vez.

—Como sea— continuó, de forma despreocupada—. Dime... ¿es verdad que Hermione escribe novelas eróticas?

Hermione se atragantó con la cerveza, escupiendo una parte en la mesa.

—¡Ginny!— se escandalizó la castaña, mientras limpiaba torpemente el desastre con una servilleta.

—¿Qué?— preguntó ella, haciéndose la desentendida. Se dirigió a Severus de nuevo: —. Ella no quiere decirme, pero estoy segura que sí... y tú debes saber, ¿no?

Esta vez, Severus no pudo evitar sonreír. Estaba a un centímetro de revelar la verdad y decir que la (supuestamente) pudorosa Hermione Granger, de hecho, escribía unos textos eróticos grandiosos... inspirados, en su gran mayoría, por él. ¿Qué tanto se enojaría Hermione si lo hiciera?

—Bien...— Sus ojos oscuros se deslizaron hacia su bruja—. Creo que no me corresponde a mí responder a eso.

Harry y Ginny giraron sus cabezas en dirección a Hermione, cuyas mejillas estaban teñidas de un rojo furioso.

—No seas ridícula, Ginny— espetó ella, a pesar de que su mirada esquiva contradecía sus palabras—. ¿Para qué voy a perder mi tiempo en eso?

—En realidad, ese tipo de literatura vende bastante bien— expresó Harry, para asombro de todos.

—¿Y tú cómo sabes?— cuestionó Ginny, entrecerrando los ojos.

—Eso he oído.— Harry bebió un largo trago de cerveza. Ginny lo seguía mirando con desconfianza.

—Venda bien o no, no es mi estilo— persistió Hermione, con una voz tranquila que era evidentemente falsa.

—Ha experimentado un poco en ese campo— declaró Severus con sencillez.

Los tres amigos se quedaron viendo a Snape, desconcertados, sin saber realmente si estaba hablando en el sentido literario o sexual, ya que la frase sonó un tanto... sugerente.

—¿Seguimos hablando de literatura?— cuestionó Ginny con cuidado, los ojos muy abiertos.

—Yo sí— dijo Severus, notablemente más relajado que los demás.

—¡Lo sabía!— El grito eufórico de Ginny causó que las personas de las otras mesas voltearan a verlos—. ¿Los has leído?— Se inclinó hacia Severus, desesperada por su respuesta.

—Tienen potencial— expresó Snape, con los ojos fijos en la avergonzada Hermione.

—¿Saben qué?— dijo la castaña, pasándose las manos por el pelo—. Voy a necesitar más cerveza para poder soportar esta conversación. ¿Serían tan amables de traer otra ronda?— preguntó, dirigiéndose a Harry y Severus.

Los magos cruzaron una corta mirada y se encaminaron al interior del bar.

—¡Lo sabía!— repitió Ginny, una vez que estuvieron solas. Hermione la honró con una mirada asesina—. No me mires así... Después de todo, es lógico que quieras experimentar todos los géneros de escritura.

—Voy a matar a Severus— masculló Hermione.

—A propósito...— empezó a decir Ginny, bajando la voz—. Asumo que Snape es bueno en la cama... como para que hayas terminado enamorándote de él.

—Ginny, por todos los cielos.— Hermione se tapó los ojos con una mano. ¿Es que su amiga nunca se iba a cansar de hablar de su vida sexual? ¿Tanto le interesaba lo que hiciera o no con Severus?

—Oh, vamos, ¿ahora me vas a decir que eso no importa?

Hermione resopló, mientras negaba con la cabeza y una sonrisa derrotada curvaba sus labios. Suspiró largamente.

—No fue sólo por eso...

—Pero influyó.— Hermione ya no sabía qué hacer para que Ginny dejara en paz el asunto. Al parecer, lo único que iba a funcionar era ser completamente honesta, aunque le pesara.

—Sí... influyó.— Se aseguró de que Severus y Harry siguieran adentro del bar para continuar—. Sé que es difícil de creer, pero Severus es muy atento... en todos los sentidos— agregó al final, para complacer el ánimo morboso de la pelirroja.

—Oye y... ¿es cierto lo que dicen?— Ginny se acercó más a Hermione, como si estuvieran elaborando un plan maquiavélico.

—¿Qué cosa?

—¿Que una nariz grande significa...?

Ginny nunca alcanzó a terminar la pregunta, porque en ese instante, Harry y Snape volvieron a la mesa. Las brujas se alejaron a toda velocidad y le sonrieron sospechosamente a sus respectivas parejas.

—¿Qué tanto murmuraban?— quiso saber Harry, sonriendo divertido.

—Nada— dijeron Hermione y Ginny a la vez.

Severus frunció el ceño y le entregó una cerveza a Hermione, que le sonrió con ternura.

—Gracias, cariño— manifestó, obviando la expresión azorada que atravesó el rostro del hombre—. Sí, Ginny, es verdad.

Ginny se llevó las manos a la boca, chilló y dejó caer la frente contra la mesa. Harry, atónito, las miraba a ambas.

—¿Qué pasa?— quiso saber el joven.

—Cosas de mujeres— dijo Hermione, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia. Decidió darle un sorbo a su cerveza para ignorar la presión de la mirada de Severus en ella.

Hermione supuso que la curiosidad de Ginny se había saciado al menos por esa noche, ya que no volvió a hacer preguntas embarazosas y sólo le lanzaba miradas cómplices por encima su vaso. Esperaba que la revelación de las "dotaciones" de Severus fuesen suficientes para mantenerla callada por un buen tiempo... aunque lo dudaba.

Después de lograr convencer a Snape de una tercera ronda de cerveza, todos estaban lo suficientemente tocados por el alcohol como para entender que ya tenían que detenerse si no querían sufrir una resaca de mil demonios al día siguiente.

Ginny se despidió de Severus con un abrazo tan confianzudo que dejó al hombre paralizado. Harry, por otro lado, sólo le palmeó el hombro, como para compensar la acción irreverente de su novia.

—Fue bueno verlos— le dijo Ginny a Hermione, luego la abrazó también y le susurró al oído: —. Suerte con tu basilisco...— Los colores encendieron el rostro de Hermione. Ginny se separó como si nada hubiera pasado, tomó a Harry de la mano y se marcharon.

—¿Qué te dijo?— preguntó Snape, con ese tono suspicaz que usaba cuando era profesor, estudiando con cautela el furioso sonrojo en las mejillas de Hermione.

—Nada... sólo tonterías...— "Acertadas tonterías", dijo para sus adentros. Se puso en puntas de pie y le robó un rápido beso—. ¿Qué habías dicho antes de actividades más interesantes?

Severus alzó una ceja y rió suavemente.

—Me parece que merezco una recompensa por haberme portado tan bien.— Los efectos del alcohol lo impulsaron a rodearla por la cintura y pegarla a su cuerpo.

—En efecto.—Los dedos de Hermione rozaron discretamente la entrepierna de él, provocando que cerrara los ojos y jadeara.

Un segundo después, Severus la condujo a una calle solitaria y desaparecieron con un chasquido.


Ese fin de semana, Severus había estado muy dispuesto a no dejar salir a Hermione de su cama. Estuvieron casi dos días completos acurrucados bajo las sábanas, levantándose sólo para ir al baño y comer.

Hermione no se quejaba, pero había algo raro en todo eso. Pese a que adoraba las atenciones y la ternura del mago, no podía dejar de sentir que su actitud trataba de sobrecompensar algo... y no sabía qué.

Recordó algunas veces en las que su padre llegaba con un ramo de flores para su madre cuando había hecho algo que la disgustaría. Su padre solía hacer eso u otras cosas, como preparar la cena o invitarla al teatro, y luego, siempre venía una discusión. No es que pelearan mucho, pero ese era su comportamiento, y Hermione no pudo evitar ver las similitudes.

No obstante, le era difícil imaginar a Severus siéndole infiel ni nada parecido. Quizás simplemente era su forma de convencerla para que se mudara con él. Hermione hizo memoria y notó que no había vuelto a tocar el tema desde la última vez.

Ella creía firmemente que su relación iba por buen camino, y, siendo honesta, la propuesta de Severus tomaba cada vez más fuerza en su cabeza. Vivir con él en esa hermosa casa, en ese barrio tranquilo... tal vez formar una familia.

Sonrió, con los labios apoyados en su taza de café. Había vuelto a su apartamento después de su idílico fin de semana, y ahora se disponía a ir a una reunión con su editora para revisar los últimos detalles de su próxima publicación.

Se puso un vestido sobrio, algo de maquillaje y se amarró el pelo en un moño. Le gustaba verse seria y formal durante esas reuniones.

Bajó las escaleras, perdida en sus pensamientos, y cuando abrió la puerta de calle, la estupefacción se apoderó de ella.

—Hola— dijo Ron, con una sonrisa relajada, como si fuese un encuentro casual, pero lo cierto era que no se habían visto en meses.

—¿Ron?— preguntó Hermione con un hilo de voz—. ¿Qué haces aquí?— Aunque quiso sonar amistosa, supo que no lo había logrado.

—Estaba de paso y pensé que podría pasar a verte— explicó el pelirrojo, con un tono desenfadado.

Cualquier persona con dos dedos de frente habría captado aquella mentira. ¿Que "estaba de paso"? ¿Era lo mejor que tenía?

—Ah... Tengo una que ir a una reunión ahora.— Ron pareció indeciso por unos segundos.

—¿Irás a pie?

—Sí...

—¿Podemos caminar juntos un momento?

Hermione no terminaba de entender por qué Ron estaba ahí ni por qué se empeñaba tanto en conversar.

—Claro— aceptó ella, resignada al hecho de tener que sostener una incómoda charla con su ex novio.

Empezaron a caminar por el solitario pasaje, a una distancia respetable y en silencio.

—¿Cómo te ha ido? Supe que ya estás publicando— dijo Ron, girando levemente la cabeza para mirarla.

—Veo que estás bien informado— soltó Hermione, más hosca de lo que había pretendido. El joven rió por lo bajo.

—Ginny me contó.

Entonces, Hermione perdió la paciencia. De pronto, se le hizo muy obvia la razón de la repentina presencia de Ron. Se detuvo y lo miró directamente a los ojos.

—¿Qué quieres, Ron?— cuestionó con dureza—. Porque no me creo eso de que justo venías pasando por aquí.

Ron agachó la cabeza y lanzó un hondo suspiro. Luego clavó sus ojos en los de ella.

—Supe que estás saliendo con Snape.

Hermione apartó la mirada. No tenía ganas de empezar la semana dando explicaciones que no tenía por qué dar. Mucho menos a él.

—Ron, no tengo por qué justificar a todo el mundo lo que hago...

—¡No, no!— la interrumpió, sacudiendo las manos y dando un paso hacia adelante—. No es eso...

—¿Entonces?— preguntó ella, con una mirada desafiante.

—Yo sólo... quería saber cómo estabas.— Hermione resopló, totalmente fastidiada.

—Severus no es un psicópata, ni un acosador, ni nada de lo que todos dicen que es...

—¡Hermione!— Ron acortó la distancia y colocó las manos sobre los hombros de la bruja—. No quería decir eso... Solamente quería saber si él... es bueno contigo.— Hermione parpadeó un par de veces, sin saber qué pensar—. ¿Te trata bien? ¿Te respeta?

Viéndolo a los ojos en todo momento, Hermione asintió con la cabeza, mientras él la miraba de modo escrutador, como evaluando la veracidad de su afirmación.

Tras un instante de absoluto silencio, Ron esbozó una ligera sonrisa.

—Bien— dijo el pelirrojo, apretando el agarre en los hombros de Hermione—. Eso es importante.— Hizo una pausa y suspiró una vez más—. Eso era todo.— La atrajo hacia él y le dio un fuerte abrazo—. Cuídate— murmuró y, haciendo una mueca, se fue por donde había venido.

A Hermione le tomó unos minutos asimilar esa rarísima conversación. Ron no la había juzgado, no había insinuado que se había vuelto loca por estar con Snape, tampoco tuvo intención de acusar a Severus de haberla pervertido de algún modo... Sólo había querido asegurarse de que estuviera... bien. ¿En qué se había convertido el mundo?

"En un mundo mejor", se respondió, al mismo tiempo que sus labios formaban una sonrisa.


Un mundo mejor.

Eso por lo que habían luchado por tanto tiempo, por lo que muchas vidas se apagaron. Ese mundo era en el que vivían ahora.

Hermione estaba convencida de que, luego de tantas penurias, lo único que vendría serían cosas buenas. Creyó aún más en ello después de su fructífera reunión con su editora: su primera novela sería publicada en poco tiempo.

Casi bailando de la emoción, pero conteniéndose para mantener las formas, abandonó la oficina, y descubrió que tenía otra visita sorpresa... sólo que esta visita era más que bien recibida.

Severus estaba de pie en la acera, vestido con el traje que solía usar en el mundo muggle, esperando junto a las escaleras del edificio.

—¡Severus!— exclamó Hermione, y corrió los metros que los separaban para colgarse de su cuello y besarlo en los labios, pero Snape cortó el beso rápidame y la sujetó por los brazos, alejándola unos centímetros de él.

—Hermione.— Su voz era profunda y seria. Hermione lo miró, confundida por ese poco animado recibimiento. La expresión de Severus era sombría cuando dijo: —. Tenemos que hablar.


¿Ven que estoy cumpliendo un capítulo por semana? Lo sé, merezco un premio, pese a la frase cliché y prohibida de Snape al final xD

Bien, algunos comentarios de lo que fue este capítulo. Tal y como ha sido la tónica de esta historia, no puede faltar el buen ñiqui ñiqui. Lo de Ron fue para darle una perspectiva distinta, demostrar que ha madurado y que no siempre tiene que ser el malo (estoy trabajando en un Ron cretino en otra historia, no se alarmen). También, quería plasmar cómo es la vida en realidad: no todo es color de rosa, lamentablemente.

Esas serían mis excusas xD

Gracias por su apoyo, de verdad me ha ayudado mucho para seguir adelante con esta historia y motivarme para las que siguen :) ¡Son un amor!

Nos vemos el próximo viernes.

Besitos.

Vrunetti.