¡Hola! Je, creo que más de uno no notó que soy Megurine Chikane lol en fin, aquí el siguiente capítulo, todo porque mi ama me dio un ultimátum y si no publicaba antes del trigésimo primer día de este mes a las 23:59, no quiero saber lo que sería de mí. ¡Oh si! Ella amablemente me pidió cofcofobligócofcof que aclarara que: amo a Luka, el tamaño de sus pechos no son los de una vaca y es perfecta... recuérdenme no hacer más apuestas :"v en fin, espero les guste el capítulo. Como siempre, gracias a Kotobuki Meiko por su ayuda.
Capítulo dos
En medio del vitoreo de su público; en su mayoría, personas de elite, aunque se esperaría que el apoyo vendría del pueblo oprimido, Luka sintió que años y años de trabajo y planificación estaban dando frutos. Esta acción no era deliberada, ni fui decidida el día anterior, no, llevaba mucho tiempo en desarrollo, como el andar de una tortuga, lento e imperceptible, pero constante.
Mientras observaba a la masa eufórica, le fue curioso pensar lo que su padre siempre le decía, según el sí debías hacer algo a escondidas, significaba que estaba mal, pero, ella jamás había sentido que algo era tan correcto.
Ella se bajó de aquella "tarima" improvisada, la cual no era más que un montón de tablas viejas descartadas sobre unas piedras desiguales, aunque habían logrado darle estabilidad y algo de llanura, rellenando los espacios con otros materiales. Recibió el saludo de muchos de los partidarios de su cruzada y se dirigió hacia la parte de atrás de la tarima, en la cual había una puerta que la llevaba de cuartel general.
Este cuartel era uno de los principales productos de años de trabajo, debajo de la capital de Mizuiro se encontraba una sucesión de pasillos laberinticos construidos de forma que hacer una incursión violenta sin conocerlos se convertiría en una misión suicida. Aquella gran plaza subterránea era solo el comienzo.
Luka caminó con confianza y familiaridad por los pasajes de la base rebelde, sin importarle sentir la presencia de dos personas a sus espaldas, ella muy bien sabía quiénes eran.
Uno era Gakupo Kamui, un joven que a sus ojos era agraciado, de acuerdo, el tipo era hermoso, pero para nada de su gusto, además, su comportamiento a veces le intrigaba y desconcertaba en igual medida. Sin embargo, eso no era impedimento para ser prácticamente el segundo al mando, por no decir que estaban al mismo nivel. Mientras que Luka era la mente maestra de toda la revolución, Gakupo era el comandante del ejército que habían logrado amasar.
La otra era Lily Masuda, una joven demasiado extrovertida para su gusto, quien siempre tenía una respuesta demasiado ingeniosa para su gusto y que insistía demasiado que ella debía relajarse y disfrutar de su juventud para su gusto, en conclusión, era alguien demasiado molesto para su gusto, pero, por alguna extraña razón, no se imaginaba sin su mejor amiga, sin ella no estaría donde estaba, no habría logrado nada, no por nada la consideraba su consejera.
—Luka, tengo una noticia que te animará bastante—comentó Gakupo, en lo que ella revisaba unos documentos que le pasó Lily y seguía caminado. El hombre tomó su silencio como indicativo para continuar—Según informes de una de nuestras infiltradas en el palacio, al parecer llegó a la ciudad la prometida del príncipe Kaito.
Luka no detuvo su andar, pero si frunció el ceño y dirigió su mirada a un costado, donde se encontraba Gakupo caminado a su lado—¿Y, en que me animaría esa noticia? —consultó escéptica.
—Bueno, eh, ¿un posible adepto? —Explicó.
Ella giró los ojos—Yo solo la veo como una noble más, alguien quien quiere mantener su estatus y continuar su linaje.
—No sé Luka, la chica es extranjera, quizás tenga otras ideas—, aportó Lily.
Luka solo pudo maldecir los siempre precisos comentarios de la rubia y tratar de mostrarse impasible—Ya veremos.
Luka pronto llegó a su oficina, o lo que se podía llamar así. Esta, solo era un cuarto con una gran mesa en el centro con muchos papeles esparcidos sobre ella, una silla detrás del escritorio y dos al frente, y muchos mapas adheridos a las paredes, la mayoría de ellos con tachuelas de todos los colores como indicación de diversos aspectos—la posición del ejército real, la ubicación de las principales familias prominentes, la señalización de zonas tomadas o con mayor influencia de adeptos, posibles lugares que servirían de emboscada, etc.
Luka una vez estuvo sentada en su lugar y sus dos compañeros de lucha igualmente, procedió a solicitarle a cada uno su opinión sobre la reunión de aquella noche. Lily pensaba que era un éxito, no solo podrían haber ganado más de un partidario nuevo, si no que elevó los ánimos sobre los que ya llevaban tiempo, de esa forma, las personas estarían inclinadas a apoyarlos una vez todo se haya hecho. Mientras que Gakupo lo veía como una movida arriesgada, ya que podía poner a la defensiva al rey y desvelar años y años de trabajo en las sombras.
Luka escuchó atenta a sus dos confiables aliados, respondiendo a Gakupo que ya el rey no podría hacer nada, era inminente su rebelión. La conversación luego giró a otros rumbos, entre muchos otros, la estrategia de ataque, el cual, según Luka, debía ser un único y certero asalto.
Un toque en la puerta interrumpió su conversación, que estaba destinada a los sitios donde su ejército se posicionaría para el ataque. Luego de un suave delante de su parte, una joven de cabellos blancos, quien desde que llegaron a Mizuiro ha sido una especie de casera de la revolución asomó la cabeza dentro de la habitación.
—Lamento la interrupción, pero, hay una joven que solicita una "audiencia" con el líder—ella levantó sus manos e hizo un gesto de comillas ante la palabra audiencia, dando a entender que fue un término empleado por la persona que la solicitaba.
Luka inmediatamente arrugó la nariz, en muestra de disgusto, Lily al notar esto y su muy posible no como respuesta, intervino—Luka, quizás sea conveniente conocer a esta persona… nunca sabes que quieren proponer.
Luka hizo un gesto de aprobación y Haku se retiró, pero no pasado mucho tiempo, ella calculaba era el que tardaba en ir hasta el gran salón subterráneo y de vuelta a su oficina, volvió con una mujer que gritaba: soy una niña rica.
—Buenas noches—Saludó la joven misteriosa muy cordialmente con una reverencia de deferencia. Luka no podía quitar sus propios ojos de los turquesa de la chica, eran enigmáticos e hipnóticos por igual. Lily notando su estado ensimismado, carraspeó suavemente, sacando a Luka de aquellas aguas aguamarina.
—Buenas noches—saludo más por rutina que amabilidad—¿podemos saber a qué se debe su solicitud? —Preguntó directamente.
La chica se vio algo conmocionada, como si se hubiese alterado el orden natural de las cosas, al no dirigir la conversación por los lares de la zalamería y santurronería a la que están acostumbrados los nobles al hablar.
La joven dudó un segundo, pero, solo determinación reflejaron sus ojos—quiero unirme a su grupo—Si Luka hubiese sido otra, habría estado impresionada, pero había caminado lo suficiente por el mundo como para no dejarse llevar por una persona determinada… para ella, aquella niña, solo era una joven ingenua e impresionable. Además, la mirada que le dirigió Gakupo, le decía que no era la única que sintió que debía dudar de los motivos de la chica.
—Bueno, eso es algo sencillo de hacer, solo debe hablar con el líder de la línea de la que quiere ser parte—, ella se tomó una pausa y le dirigió su mirada más gélida—no era necesaria la interrupción de nuestra reunión para informar su interés.
La chica arrugó profundamente su frente—Lo siento pero no me está entendiendo.
Luka sonrió acerbamente—Claro que entiendo, usted es de esas niñas nacida entre diamantes y oro, que cree que el mundo gira alrededor de su entorno. Apuesto, por su obtusa cabeza pasó la idea de que nosotros nos sentiríamos profusamente halagados y consagrados sobre su decisión y que la veríamos como la luz y solución de todos nuestros problemas e incluso, los que no hemos notado.
A pesar del insulto, ella trató de defenderse, pero una rubia habló primero—Luka—le amonestó, saliendo sus palabras entre dientes—se supone que un buen líder sabe escuchar—. Lily sabía que Luka era una persona fría y directa, pero no justificaba el hecho de tratar mal a alguien que podría brindar su ayuda… ella intuía que había otra razón para ese comportamiento, solo, no sabía cuál era.
Luka puso los ojos y le dio una mirada a su invitada que indicaba que podía hablar.
—Gracias, ¿señorita…?
—Lily.
—Bien, gracias señorita Lily—. La aludida rio por cómo fue llamada, mientras que Luka soltó un pequeño bufido—primero, me presento, soy Miku… —su boca se abrió para continuar, pero prefirió no pronunciar el largo nombre con el cual siempre era presentada, tenía el presentimiento que si lo hacía, aquella chica linda de cabellos rosados la echaría de patadas del lugar. Luka soltó otro bufido—, no soy una niña rica y mimada—la carcajada que soltó Luka le dejó bastante claro que no le creía, pero decidió dejarlo ir—y cómo he dicho quiero ayudar en su causa y estoy segura que puedo.
—No creo que pueda.
—Mire, yo puedo serle de mucha utilidad.
—Oh, ¿en serio? ¿Y eso sería cómo? —Preguntó con sarcasmo Luka, sin importarle la mirada asombrada de Gakupo o la de reproche de Lily.
—Puedo ser su espía en el palacio, dar información de primera mano—afirmó alzando su barbilla en signo de jactancia.
—Ya tenemos más de los necesarios—Fue la respuesta llena de presunción de Luka.
—Puedo conseguir adeptos.
—Tenemos suficientes.
—Incluso nobles.
—Muchas familias ya nos apoyan.
—Soy cercana al rey.
—Ya tenemos a alguien en esa posición.
—Puedo financiarlos.
—Tenemos bastante dinero.
Miku no quería darse por vencida, por lo que jugó su última carta—El reino de Velt puede dar su apoyo.
—No gracias.
Miku abrió la boca para ofrecer otra cosa, pero Luka se le adelantó—No veo por qué usted quiera hacer eso, sobre todo notando su acento extranjero, ¿por qué quiere ser parte de esto? —Luka no confiaba ni un poco en Miku y no le importaba demostrarlo.
Miku se mordió el labio inferior, no pensaba que eso importaría, pero esa chica estaba obstinada en señalar cualquier cosa sobre ella con tal de no aceptar su ayuda.
—El que yo sea de otro lugar, no impide que quiera ayudar a que este país sea mejor y, no significa que mi interés no sea genuino. Además, de alguna forma, siento que es para esto que he nacido, a lo que he sido destinada, que todo el camino que he recorrido tenía como finalidad, llegar aquí—Luka por un momento dudó, pero se mantuvo firme.
—Gracias por su generoso ofrecimiento, pero como le he dicho al inicio, no es necesario.
Miku tuvo que admitir; por primera vez en su vida, que había perdido, por lo que simplemente dio una reverencia a los tres presentes y pasó salir, no sin antes darle una última mirada a Luka, una que la chica podría jurar le decía: no es la última vez que nos veremos.
—¿Ustedes que opinan? —Consultó una vez Miku se había retirado.
—Yo creo que es una espía—aseveró Gakupo—no confió en ella.
—Yo pienso que es una dulce y encantadora niña—expresó Lily.
—Yo considero que debemos olvidarnos de esa chiquilla presuntuosa.
Miku se sentía profundamente decepcionada de sí misma, no solo había dado una pésima impresión en aquella chica, más aún quedó como una niña rica, idiota e ingenua. Ya podría decirle adiós a su deseo de acercarse y, es que era molesto, ni ella entendía porque quería acercarse a esa odiosa mujer en primera instancia. Con un chillido caminó por el largo pasillo por el que ingresó y salió a la zona exterior, descubriendo que ya era de noche. Agradeció que Len estuviese afuera esperándola, junto con lo que parecía un carruaje de alquiler.
En el palacio ni se inmutó cuando fue reprendida por Gumi por su osadía.
—Si bien, en Velt se te permite ir por ahí sin problemas, aquí no es algo que puedas hacer. Primero, es una ciudad extraña, desconocida, segundo, aquí no se encuentran los súbditos que te aman, respetan y cuidan, ¡esta ciudad es peligrosa! Y por último, no eres una plebeya que puede hacer lo que quiera, eres una princesa y por si no lo has notado, en menos de dos meses, ¡serás una reina!
—Gumi, solo exageras, además, si en teoría esta será mi ciudad y sus ciudadanos mis súbditos, lo ideal es conocerlos.
Su hermana soltó un bufido exasperado—¿Cuándo aprenderás a comportarte como alguien de tu posición?
—Quizás no quiero mi posición.
—¡Por dios Miku! —Exclamó exacerbada—Nuestro padre te da la oportunidad de reinar, de no estar bajo la sombra de Mikuo, eras la última de la línea y quizás gobiernes antes que nuestro hermano, ¿y así te comportas?
—Gumi, tu más que nadie sabes que pienso de todo esto, quizás no nací para ello… quizás hubiese sido mejor que nuestro padre mandara a Sonika, incluso a Aoki… incluso tú eras una mejor opción que yo.
Gumi le dio una mirada comprensiva, pero, con un tinte de regaño—Miku, no importa que queremos—ella sabía muy bien a que se refería su hermana—tenemos compromisos y responsabilidades que no podemos eludir, nacimos con un propósito, tenemos un legado que continuar.
Miku se sintió bastante ensombrecida, era deprimente pensar que su vida había sido planificada desde antes de nacer; es más, su nacimiento era parte de un todo, que jamás se le dio la oportunidad de decidir que quería, de desear, aunque, al ser una princesa cualquiera pensaría que podía tener todo lo que anhelara, que equivocados estaban todos.
Gumi decidió dejar allí la conversación, una que habían tenido más veces de lo que le se podría pensar, siempre eran los mismos argumentos y respuestas.
—Vamos al gran salón, no podemos hacer esperar al rey.
Miku comprendiendo, solo asintió y siguió a su hermana fuera de su cuarto.
Una vez en el gran salón, Miku no se vio impresionada por la cantidad de comida que había, dado a que el rey estaba presente, habían tantas opciones que era imposible que las siete personas—Zeito, Kaito, Daito, Meiko, Gumi, Len y ella—allí sentados podrían con todo… ella solo esperaba las sobras sean dadas y no descartadas.
Mientras cortaba una porción del tamaño de un bocado de su filete, notó como la marquesa Sakine era muy cercana a su prometido. Demasiado para ser considerado como una relación meramente cordial. Ella no quiso darle importancia al hecho de que el príncipe se dedicara toda la cena a ayudar a la marquesa a tomar los platillos que deseaba comer, o que solo hablara con ella. Ella acababa de llegar, su matrimonio era convenido y ella sabía que quizás se enamoraría de otra persona que no sería su futuro esposo. Incluso, por un momento, se sintió mal por el chico, otra persona más que no podía escapar de este juego de poder.
De hecho, en realidad agradecía que el chico no tratara de ser encantador con ella, sin embargo, el rey no pensaba igual al parecer y le dirigió una mirada a su hijo de desaprobación, que él, leyó de inmediato y procedió a dejar de lado a Meiko y estar atento a ella. Miku no supo que era más gracioso, que ella no deseara tales atenciones, que Meiko no disimulara sus celos o que todos en la mesa sabían muy bien que pasaba pero fingían demencia.
Miku quiso preguntar porque esta noche el hermano menor de Kaito; Daito, cenaba con ellos en la mesa, pero la noche anterior simplemente se había quedado detrás de su padre toda la cena. Debía ser una extraña costumbre de aquel país.
Ella decidió ignorar lo que sea que decía Kaito y atender la conversación de los dos hombres.
—Padre, insisto en aumentar las fuerzas armadas dentro de la ciudad y duplicar la seguridad dentro del palacio.
—Eso es impertinente e inconveniente, solo asustarás a la población y le daría legitimidad a un grupo de campesinos sin oficio.
—Padre, tienen más seguidores de los que pensamos.
—Esas son pretensiones sin fundamentos, eso quieren hacernos creer, te aseguro que ni siquiera existe ese tal Silver Wolves.
—Padre, créeme, existen y harán un ataque inminente.
—¿Y, tú piensas que un montón de campesinos pueden ganarle a un ejército real?
Esa conversación revelaba más de lo que se pensaba, no solo reforzaba la idea de que el rey despreciaba y desmeritaba a sus súbditos, también que la revolución de Luka tenía bastantes probabilidades de ser efectiva, dada su jactancia. Además, para Miku no pasó desapercibida la reacción de Meiko, quien se quedó estática y con la piel pálida al percibir el tema de conversación del rey y su primer general. Gumi y Len parecieron no darle pensamientos a lo que ocurría y Kaito solo frunció el ceño confundido.
Para su infortunio, la conversación llegó a su fin cuando una camarera, una chica rubia, derramó sobre ella parte de su filete y ensalada descartada; el cual ya hacía rato había dejado de comer, al retirar su plato de la mesa. El rey se puso iracundo ante la falta y amenazó con despedir a la joven, quien conservó su empleo gracias a la intervención de Miku, quien aseguró que solo era una pequeña mancha en su vestido y que ella tenía suficientes en su armario, por lo que uno menos no le afectaría, aunque estaba segura que una buena lavada quitaría cualquier mancha. SeeU, como afirmó llamarse la chica, le agradeció reiteradamente su mediación y le aseguró que no lo olvidaría, ella solo le sonrió y se retiró a su cuarto, para disponerse a dormir.
Los días y noches pasaron iguales al primero, Miku era llevada a diversas haciendas, donde los principales nobles de Mizuiro la atendían, era presentada con sus mil nombres, escuchaba sus pensamientos y daba sus puntos de vista—muy diplomáticamente—y era regresada al atardecer al palacio, donde cenaría los halagos impasibles de su prometido, las miradas de soslayo de la marquesa Sakine, las risas de su hermana ante un comentario de su guardia personal, la cara estoica del general de Mizuiro, y en algunas ocasiones contaba con la fortuna de la presencia del rey. Ella se preguntaba, por qué en el itinerario nunca se encontraba hablar con los plebeyos, hablar con los comerciantes, o algo tan simple como caminar la ciudad para conocerla.
Esa noche en particular, ella pensaba en como extrañaba el cálido clima de Velt, que contrastaba bastante con el de Mizuiro, las conversaciones sin sentido con sus hermanas y hermano mayor, caminar por la plaza de la capital o de cualquier pueblo dentro de su reino y comprar cualquier cosa, hablar con las personas y que estas les dieran una sonrisa sincera ante sus comentarios políticamente incorrectos. Pero aquí, en Mizuiro, se sentía sola y perdida. Rin, su asistente personal había sido prácticamente quitada de ella y se le encomendaron tareas dentro del palacio. Len prácticamente no era necesario dado que el rey puso a su disposición muchos guardias, por lo que colaboraba a Gumi en la organización de la boda, tarea que su hermana realizaba con la marquesa Sakine—Miku pensaba que debía ser muy difícil organizar la boda del hombre que amas con otra chica—, razón por la que Gumi y Len hablaban entre sí en las cenas y rara vez ella era participe.
Extrañaba mucho a sus hermanos, Mikuo, el primogénito y heredero al trono de Velt, era un chico muy amable y correcto, ella estaba segura sería un excelente rey, una vez su padre muriera. Sonika, la tercera en la línea, era un tanto presuntuosa y consentida, totalmente entregada a los placeres de la riqueza y la realeza—ella estaba segura de que Sonika habría aceptado casarse con Kaito con gusto, e incluso, intentó cambiar su lugar con Miku, pero, el rey Kei había prometido a su hija menor—, pero, aun así, era una chica inteligente con quien se podía pasar un rato agradable. Luego, estaba Aoki, su hermana aparentaba ser inocente e ingenua, pero, eso estaba lejos de la realidad, en realidad era una chica astuta, ingeniosa y perspicaz.
Pensando en cómo eran sus cuatro hermanos, recordó lo que su familia siempre había dicho sobre ella, que era una especie de bicho raro. Miku era una chica que no parecía importarle tener muchos vestidos y disfrutaba de las fiestas más por poder tener una conversación inteligente—y rayando en lo escandaloso—con los demás nobles de su país, o mejor aún, con los eruditos de Tales, que por despotricar de los invitados u observar a los jóvenes guapos.
Ella a diferencia de sus hermanos, no le agradaba la idea de ser una noble, de hecho, sintió más como un castigo que una bendición ser enviada a este país para ser la reina. Aunque, su disgusto desapareció en el mismo momento que escuchó a Luka hablar. No era mentira lo que le había dicho a la chica, lo que sus motivaciones eran. Ella sentía que ese era su lugar, que debía aportar a tan ilustre—y sangrienta— causa. Ella sabía que se derramaría sangre, pero también que habría justicia. Y allí, pensando en lo grosera que había sido esa hermosa mujer—que no había salido de sus pensamientos—, fue que tuvo una idea, sonriendo con suficiencia se retiró de la baranda del balcón de su habitación desde donde veía una cara de la ciudad, para ir a la cama. Al día siguiente encontraría la forma de llegar a esa especie de cuartel general y le ofrecería de nuevo su ayuda a aquella testaruda líder.
Corría la tarde y su carruaje mágico deambulaba por las calles laberínticas, el paisaje ya no se le hacía ajeno, pero por esto no era menos frío. Iba en compañía de Rin, Len y Gumi, quienes como evento extraordinario se les permitieron ir con ella a visitar a la Duquesa Furukawa. La visita no tenía nada de especial, al parecer los nobles comenzaban a cansarse del nuevo y exótico juguete, por lo que dejaban espacio para ella acordar con quien almorzar, dado a que la chica fue quien mejor le cayó y pudo tener una conversación bastante dinámica, decidió que sería la afortunada de contar con su presencia.
Miku no sabía que escusa inventar para poder escapar de su carruaje y correr a ese lugar de dudosa seguridad. Pensando que si no empleaba la mínima oportunidad jamás podría hablar con la joven de cabellos rosas, aprovechó una parada del carruaje—para permitir a unos niños avanzar por las callejuelas— bajó sin decir nada y corrió en cualquier dirección para perder a su guarda que seguramente fue tras ella, ya más tarde lidiaría con el inminente regaño de su hermana y le daría cualquier excusa. Una vez pensó lo había perdido, buscó algún indicio u objeto conocido que la llevara por el camino que había seguido a Luka. Sonrió con suficiencia cuando vio una tienda de comestibles bastante distinguible, que le sirvió para ubicarse. Pronto, estuvo frente a la destartalada puerta, esperando que la joven aceptara hablar con ella.
Miku caminó por el largo pasillo y llegó a la plaza subterránea, escaneó con su vista hasta que vio a aquella chica de cabellos blancos que la había llevado hasta Luka la ocasión pasada. Solicitó nuevamente una audiencia y sonrió con orgullo cuando Haku la llevó nuevamente a la oficina de la líder.
Cuando entró, notó de inmediato que solo se encontraba la joven de cabellos rosas, no estaba acompañada esta vez de la rubia enérgica y el pelimorado estoico. Y que la joven la miraba seriamente, esperando a que dijera para que había venido.
—Buenas tardes—saludó afablemente.
—Sí viene a ofrecer nuevamente su ayuda, debo recordarle que ya habíamos acordado que no es necesaria.
—Oh, ¿eso cree?
—Sí.
—Pues, yo vengo a ofrecerle más que ayuda, vengo a decirle cual puede ser su golpe de gracia, el que le permitirá ganar esta guerra.
Luka alzó una ceja y le dio una señal a Miku para que continuara.
—Sabe, he leído suficientes libros de economía, sociología, política, como para tener claro el panorama de lo que ocurre en Mizuiro.
—¿Y, usted cree que por haber leído cuentos de fantasía con finales felices, puede plantear un plan o pensar que puede aportar algo que ya no hayamos esbozado?
—Primero, no eran libros de fantasía, segundo, he analizado como funciona su organización y como se maneja este país, y presumo cuál es su posible plan.
—¿Ah sí? —Luka le sonrió con desdén—¿Y ese cuál es?
—Usted planea un solo golpe, único y certero contra el rey.
Luka alzó una ceja y dejó de sonreír con tanta arrogancia—Eso no es todo.
—Sí lo es—aseveró Miku.
—¿Por qué tan segura?
—Porque no han hecho nada aún, y no me refiero al tiempo que llevo aquí. He hablado con suficientes personas para saber que ustedes no han hecho un solo movimiento, al menos no uno lejos de las sombras.
Luka gruñó con molestia—¿Cuál es ese plan que según usted es mejor?
—Dígame Miku y no me trate de usted, es algo molesto—Miku no respondió directamente su pregunta, pero al notar la mirada molesta de Luka, pensó en que lo mejor era explicarse—Divide y vencerás.
—¿Qué?
—Así de simple. El rey literalmente, cree que los revolucionaros no son más que un montón de campesinos inconformes, sin entrenamiento militar, liderazgo o fuero económico—Luka frunció el ceño fuertemente al escuchar eso… Miku sabía que Luka ya sabía esto, solo se notaba que le era molesto escucharlo.
—¿Y, tú crees eso?
—Obviamente no, de otra forma no estuviera de su parte… es bastante evidente que hay más detrás de estas paredes—Luka asintió en aprobación—por esto, es claro que hay que demostrarle al rey que es todo lo contrario.
—No veo el fin de esto, nosotros queremos un solo golpe.
—Sí, pero, ahora mismo el ejército real es muy fuerte y cohesionado, aunque hay probabilidades de ganar, si se llega a perder el empuje, un retroceso sería casi la extinción de la llama de la revolución.
Luka no halló como refutar aquello.
—Un gobierno no solo depende de su líder… hay que desestabilizarlo política, económica y socialmente… hay que hacer que las personas, los llamados plebeyos—Luka hizo una mueca ante el termino—se sientan abandonados, que los nobles duden de su capacidad, que los comerciantes estén descontento con él y su incapacidad para defenderlos, que los gobernantes vecinos piensen que es un inepto… y sobre todo, hay que confundirlo, que no sepa en quien confiar o quien es el que ataca, que dude incluso de sus hijos.
Luka sonrió ante lo dicho por Miku, dejándola sin aire al presenciar aquel simple gesto—No eres la niña tonta que pensé.
—A veces, las personas juzgan mal a otras, otras veces, damos una mala primera impresión.
Luka miró de arriba abajo a Miku, pensativa—Me agradan tus ideas, entonces, ¿dijiste que quieres ser parte de esto?
Miku le sonrió con suficiencia a Luka, ella siempre conseguía lo que deseaba, y nadie se le impediría acercarse a esa misteriosa y hermosa mujer, ni siquiera un imperio opresor—No hay nada que me encantaría más.
