¡Hola! ¿Qué decir? Ni con Quisiera Odiarte tardé tanto en actualizar y espero me perdonen, pero tenía asuntos personales que resolver. En fin, sin más aquí el siguiente capitulo, siento que he perdido el ritmo, pero ya quitándome el oxido los dejo leer.
Capítulo tres
La tarde moría lentamente, entre murmullos de la gente, el cansancio de un día productivo, la sonrisa de los niños al ver regresar a sus padres y el frio del clima. Sin embargo, cualquier noción de normalidad se vino abajo cuando un sonido estridente llenó la plaza de mercado.
Luka, de pie en una de las torres de la catedral, sonrió cuando vio el caos que una pequeña detonación podía provocar, pero sintió mayor satisfacción al ver como pequeñas acciones lograban aumentar el descontento de la población de Mizuiro.
Las últimas tres semanas habían sido llenadas por bloqueos muy velados de las ayudas de parte de otros reinos—gracias a la intervención de Miku— y sabotajes por parte de supuestos saqueadores en las granjas que sustentaban la economía local, haciendo que los alimentos e insumos comenzaran a escasear y aumentara su valor, sin mencionar los robos en masa durante los eventos sociales, generando así el descontento tanto de los nobles como la población en general hacia la guardia real. La cereza del pastel fueron las detonaciones de ese día en lugares estratégicos para no generar víctimas, pero si pánico y perdidas monetarias, de forma que los mercaderes se adhieran a la lista de disgustados por la situación de Mizuiro. Quizás sus acciones no eran las más adecuadas, ella lo sabía, pero si demostraban el desinterés del Rey Zeito, quien no había realizado ningún tipo de acción correctiva o tan siguiera un pronunciamiento público.
Luka resolvió que había visto suficiente, por lo que decidió regresar al cuartel, no sin antes pensar nuevamente en Miku, la chica le intrigaba y molestaba en igual medida. Aunque al principio no quiso escuchar a aquella noble, a sus ojos, tonta e ingenua, pronto se dio cuenta de lo astuta e inteligente que en realidad era. Sus ideas habían logrado que hasta los más impasibles y conformistas ciudadanos se sintieran tocados por la desidia de su gobernante.
Sin embargo, algo que ella no entendía era porque la que parecía ser una noble de otro país quería ayudarla, pero vaya que había sido útil hasta ahora. Mientras bajaba las escaleras de la torre, se preguntó qué posición tendría, ya que ese mismo día en que acepto su ayuda cuando se disponía a acompañarla a la salida, de la nada aparecieron tres personas, una peliverde y dos rubios, exigiéndole explicaciones y dándole una larga diatriba sobre su imprudencia. Luka no la había visto a Miku desde ese día, pero ella no había salido de su mente desde ese momento.
Luka tenía claro que podía indagar más sobre Miku, saber donde se hospedaba; aunque ella intuía era en el palacio, buscar la forma de tener un encuentro con ella, de abordar su carruaje cuando se dispusiera a ir a algún lugar, pero se negaba a hacerlo. No podía permitirse una distracción, no en el punto en que se encontraba su revolución, no. Miku era de ayuda, sí, pero las cosas se quedarían como estaban entre ellas hasta ahora, una relación meramente política y estratégica. No es que Luka pensara que podía haber algo más, no, ella no pensaba en una amistad con esa noble y por su mente jamás había pasado la posibilidad de un encuentro más físico.
Una vez llegó al primer piso, trató de pasar desapercibida por cualquiera, sobre todo de algún noble. Buscó el pasadizo que la llevaría a la red de pasillos subterráneos y por extensión al cuartel rebelde, al hallar el pedazo de piedra de casi de su altura que era removible de la pared, ingresó por él, cuando estuvo segura de que lo ubicó de forma que no se notaran las ranuras, tomó la antorcha que había dejado para su regreso y caminó con dirección a su oficina. Una vez allí Haku le hizo saber que su informante del palacio la esperaba ya dentro de su oficina.
Luka caminó inmediatamente al lugar y cuando vio quien la esperaba dentro se ahorró el saludo al decir:—Meiko, ¿cuantas veces tengo que decirte que es muy arriesgado que vengas hasta aquí?
La morena solo le dio una sonrisa de arrogancia—¿Y cuantas veces tendré que decirte que hay cosas que no puedo comunicarte a través de un sirviente o una carta?
—No me importa, tenemos sirvientes muy leales—, Meiko la miró fijamente— incluso dentro del palacio, sin embargo, tu posición es muy importante para nuestra revolución, ¡no podemos perderla por tu imprudencia!
—Por favor Luka, no creo que realmente ya importe en este punto.
—Estas muy equivocada en eso—. Señaló vehemente—, ahora es cuando más cuidadosamente debemos ser, estamos en el punto álgido de todo nuestro trabajo y, ¡no lo voy a perder por tu arrogancia!
—Solo quiero asegurarme que cumplirás con tu palabra de no tocar al príncipe.
—Eso está más que acordado Meiko, no puedo creer que arriesgues todo por la seguridad de ese idiota.
—De hecho Luka, ¡arriesgo mi vida, mi título y posición en tu maldita revolución, sólo por ese idiota!
—¿Y crees que yo no arriesgo también esas cosas?
—A ti nunca te ha importado tu posición.
—¿Sabes? No voy a perder el tiempo hablando acerca de cosas que ya hemos hablado, dime mejor que haces aquí.
Meiko le sonrió con suficiencia—ya nos estamos entendiendo—. Meiko tomó un respiro y la miró seriamente—. Luka, Kaito se casará en menos de dos meses con la princesa Hatsune… no creo que la revolución surja efecto antes de la fecha acordada.
—¿Y eso qué? —a Luka realmente no le importaba lo que pasara con el príncipe, era alguien que si bien había tratado, no consideraba pudiera ser el líder que Mizuiro necesitaba, sólo era un tonto niño mimado por un dictador cruel. Nada bueno saldría de su reinado, de eso estaba segura. Sin hablar de esa princesa que nombraba Meiko, poco le podía importar a ella lo que ocurría con esa extranjera, quien seguramente tendría ínfulas de superioridad.
—¿Y eso qué? —Repitió incrédula Meiko—. Luka, si es se casa con ella—a Meiko le tembló la voz—no importa que pase con la revolución, ¡él seguirá casado con ella!
Luka hizo una expresión que indicaba no entender su preocupación—Pues, la matamos.
—¡Luka! —Gritó Meiko incrédula ante las palabras de su amiga—¿Cómo pretendes matar a una de las herederas de otro reino? ¿Acaso quieres una guerra con Velt?
—No, pero, es una revolución Meiko, la gente muere en ellas.
—No, me niego a perder a Kaito, pero no al precio de alguien inocente—Luka chistó ante ese comentario—. Luka, no conoces a la princesa Hatsune, aunque no me agrade el hecho de que sea la prometida de él, realmente no creo que merezca morir por ello.
Luka la miró pensativa—Entonces, ¿qué propones?
—Secuestremos a Kaito.
Luka la miró como su se hubiera vuelto loca, pero la mirada firme de Meiko le dijo que estaba hablando muy en serio.
—¿Qué? ¿¡El amor te ha enloquecido acaso!?
—No—respondió vacilante.
—Eso sería una verdadera declaración de guerra… sería… sería querer tener a toda la guardia tras nosotros, ponernos una diana en la espalda Meiko… es el hijo del rey, puede que a él le importe poco su pueblo, pero, su hijo mayor, el heredero al trono… no.
Meiko abrió y cerró su boca en busca de una respuesta—¿Y la princesa? —ofreció.
—¿Y que Velt nos declare la guerra como tu muy bien has dicho?
—Por favor Luka, hay que hacer algo para impedir que Kaito se case, lo que sea—dijo casi entre lágrimas.
Luka la miró fijamente y se preguntó qué clase de sentimiento era el amor, algo que hace que olvides el sentido común, que te olvides de ti mismo, de tus obligaciones o seguridad, que te hace dejar atrás tu orgullo y rogar, que hace que no puedas pensar en pasar tu vida y tiempo con alguien más… Luka no recordaba sentir algo así y esperaba no conocer a alguien que le haga perder la cabeza, había tantas cosas en juego, que el amor solo sería un estorbo.
—Lo pensaré… lo discutiré con Lily y Gakupo y te haré llegar una respuesta con SeeU—Meiko iba a replicar, pero Luka se lo impidió—. Meiko, no te quiero aquí y confió en SeeU con mi vida.
Meiko comprendiendo que eso era más de lo que lograría, decidió pasar a informarle a Luka las opiniones y reacciones del rey ante los últimos eventos y los sucesos dentro del palacio, por su lado la pelirrosa le recordó sus responsabilidades, instándola a que siga comportándose como si nada ocurriera y organizando la boda real.
Una vez sola Luka decidió tomar un tiempo para analizar lo que acababa de ocurrir, pero Haku ingresó nuevamente a su oficina, informándole que la asistente personal de Miku estaba esperándola.
Luka se animó al escuchar aquello, desde que Miku había sido, por decirlo de alguna forma, incorporada a la revolución no la había visto, ella asumía que las personas que ese día se la habían llevado le impedían regresar. Sin embargo, ella le hacía llegar por lo menos una vez por semana sus recomendaciones y sugerencias a través de una chica rubia, Rin, era su nombre.
Rin ingresó y le dio detalles de lo que ocurría en el palacio a Luka, detalles que curiosamente fueron pasados por alto por Meiko. Luka debía admitir que se había equivocado al rechazar inicialmente a Miku, pero sería algo que solo se diría a sí misma, dentro de su mente y nunca en voz alta.
Mientras Rin hablaba sobre las acciones a tomar de ahora en adelante, Luka quería pasar el tema y averiguar sobre el bienestar de Miku, saber si se encontraba bien, si comía, si estaba durmiendo. Ella evitó que su boca emitiera tales interrogantes, pero no dejó de preguntarse porque esa necesidad por saber cómo estaba ella, o porque con cada comunicado de Miku, la admiración por ella crecía.
Rin estaba por despedirse, no sin antes preguntar por Gakupo, algo que hacía cada vez que iba, y si lograba verlo, su semblante reservado y solemne era reemplazad por un rostro lleno de alegría y vida.
—¿El comandante Kamui? —Preguntó Luka, de forma que buscaba desanimar a Rin, pero lejos de logar eso, la rubia se animó ante la simple audición del apellido del joven—. Si quiere hablar con él, lo encontrará seguramente en la sala común, si no me falla la memoria, supervisa personalmente la formación de los nuevos reclutas.
Con esa información Rin salió de la habitación, con miras donde el apuesto comandante que le había robado el aliento desde que lo vio cuando encontraron a Miku en aquellas instalaciones. Rin no comprendía que llevó a su princesa a entrar en tal lugar y más aun, querer apoyar a un grupo revolucionario. Pero, cuando Gumi le prohibió a Miku ir a cualquier lugar sin Len a su lado y prohibirle acercarse a la base rebelde, le solicitó a ella que fuese su mensajero y dado que nadie iba a importarle menos que hacía en su tiempo libre una simple sirviente, ella no pudo negarse, más al darse cuenta de que de esa forma podría acercarse más al hombre.
Luego de mantener una conversación que rayaba más en lo cordial que en lo romántico, Rin regresó al castillo y, mientras ayudaba a Miku a entrar en el vestido que usaría esa noche en la velada en la que había sido invitada por los Furukawa, le informaba lo conversado con Luka. Rin no supo que pensar cuando Miku le preguntó si Luka seguía viéndose igual de bella, eso no era que parecía importar dada la situación.
—Si mi señora, ella tiene el mismo aspecto de siempre—Rin dudó de continuar con su comentario, pero la mirada de Miku le dijo que no se ofendería por lo que sea que dijera—, ya sabe, con esa chaqueta que algún día fue verde con muchos bolsillos y esos pantalones negros desgastados, que no entiendo porque usa en ugar de una falda o un vestido, o porque no se arregla el cabello y lo lleva tan desaliñado en esa cola de caballo.
Miku en lugar de estar de acuerdo con ella u ofenderse, sonrió tenuemente y le daba una mirada soñadora, una que a Rin no le gustó.
—Mi señora, no me diga que usted—comenzó, pero se cubrió su boca al pensar en las palabas escandalosas que pronunciaría.
Miku miró con los ojos abiertos a Rin, al darse cuenta que dejó en evidencia su gusto por la líder de la rebelión. Ella ubicó sus manos sobre las de Rin, como una forma de evitar que hablara, como si la rubia no habría pensado lo mismo.
—Rin, ¡no puedes decirle a nadie! —Miku le daba una mirada de desesperación—¿entendido? —la rubia asintió aun con sus propias manos y las de Miku sobre su boca.
Una vez Miku estuvo segura de la palabra de su asistente personal, bajó sus manos muy lentamente, luego Rin realizó la misma acción y la miró con cierto temor.
—Mi señora—comenzó Rin, pero Miku le interrumpió.
—Lo sé Rin, lo sé… pero no puedo evitarlo, ¡me gusta y mucho!
—Es una chica, una rebelde y usted es una princesa, que se casará con el próximo rey de este país, país que ella quiere al parecer llevar a las cenizas.
—¡Eso no es así! —defendió Miku— ella quiere lo mejor para Mizuiro.
Rin le dio una mirada de duda—No lo sé, todo líder solo quiere poder.
—No creo que ella quiera eso… además, ella se preocupa por los ciudadanos de Mizuiro, al menos más que su rey.
—Oh, ¿en serio? —Rin no se molestaba en mostrar su duda
—¿por qué dudas?
—No le importa el método, solo los resultados— Miku iba a refutarle, pero Rin continuo— si le importara tanto los ciudadanos, no hiciera todo lo que usted le recomienda… sembrar miedo, descontento, robar alimento… eso no es algo que haría un buen líder.
Y por primera vez, Miku sintió que sus métodos para acercarse e impresionar a Luka no eran los mejores. Se sintió terrible de pensar que había llevado a Luka por un camino equivocado.
—De acuerdo, quizás tengas razón, pero es mi culpa.
—No lo creo, usted pudo decirle que quemara el palacio, pero la que toma la desición es ella.
—Pero, yo le di esas ideas… además, no han matado a nadie.
—Aún—las palabras de Rin le llenaron el estomago de hierro, si iban por ese camino, no tardarían en empezar a asesinar personas por el bien de la revolución.
Alguien tocó la puerta y le anunció sin abrirla que el carruaje que los llevaría a la fiesta no tardaría en partir, dándose cuenta que no era el momento y probablemente el lugar para hablar aquello, Miku acordó con Rin que al día siguiente le daría nuevas ordenes, que a su vez ella llevaría a Luka. Mientras, había una fiesta a la cual tenia que ir.
Durante la cena y posterior baile, al que Miku asistió junto con Gumi y Len en calidad de guarda de ella, además de su prometido, Kaito, su hermano, Daito y la marquesa Sakine, solo se hablaba de lo ocurrido durante la tarde y lo peligroso e inseguro que de la nada Mizuiro se había vuelto. A Miku le divertía ver las caras del joven general ante los reclamos de los nobles y más aun, como con un rostro estoico tenia que repetir cada palabra de su padre, quien insistia que no eran más que criminales de poca monta y que pronto serían arrestados dada su incompetencia.
En un momento, Miku perdió la vista de Daito, quizás el pobre fue a un lugar aislado a tomar algo de aire. Len se encontraba bailando con Gumi y Kaito hablaba animadamente con la condesa Neru en lo que Meiko lo vigilaba de cerca. Miku se preguntó si la marquesa era su guarda personal, o solo eran sus celos sacando lo peor de ella, porque si alguien trataba de convencer a Miku de que Meiko no estaba enamorada de Kaito, ella se reíria de esa persona en su rostro.
—¿Puede concederme esta pieza? —Miku miraba atentamente las interacciones entre los nobles y como ignoraba a sus sirvientes, cuando escuchó una voz grave a su espalda. Al darse la vuelta se encontró con un joven de su edad, cabellos rosa y amarillos que le recordó a la chica que no podía sacar de su mente.
—Claro—, respondió amablemente, ella no tenía problemas en bailar con él, o con Kaito, o un sirviente, ella amaba bailar y lo haría hasta sola, pero eso no es algo que una futura reina se permitiría hacer.
Luego de un momento de baile en silencio, el joven decidió iniciar una conversación—entonces, ¿usted es la futura reina?
La pregunta, directa y sin rodeos la dejó pasmada, no era normal de un noble expresarse de esa forma. Más sin presentarse antes.
—Sí, supongo.
—¿Supone?
—Bueno, viendo como están las cosas aquí… —ella dejó la interpretación abierta.
El joven no dijo nada, solo le sonrió suavemente.
—¿Y que la trajo a Mizuiro? —preguntó luego de darle una vuelta al son de la música festiva.
Miku dudó en dar una respuesta, pero algo le decía que con este chico podría ser ella misma—En realidad, mi padre me envió, el prometió dar la mano de su hija menor al rey de Mizuiro hace muchos años, incluso antes de que yo naciera.
El la analizó con sus ojos, unos que a ella se le hacían un tanto felinos—comprendo eso, ser el ultimo de la línea y que tengas de encargarte de tu legado.
—¿Oh?
—Mi hermana mayor era la que debía heredar el titulo de duquesa, no yo—Miku le dio una mirada de pena y él se rio—. No piense que está muerta, solo huyó. Al parecer no soportaba las formalidades sociales.
—Puedo entender.
—Hablando de formalidades sociales, soy Yuuma.
Ella le sonrió, el chico hasta ahora había sido como una brisa fresca entre el desierto—soy Hatsune Miku, pero supongo que eso ya lo sabe… —miró a ambos lados y se le acercó para susurrarle—junto con mi muy larga línea de presentación.
Yuuma rió alegremente y asintió en afirmación. Luego de unas cuantas vueltas más, el comentó—no es curiosos el hecho de que aunque fuimos los últimos en las líneas, de alguna forma se nos permite gobernar.
Miku lo miró con comprensión y entendió que no había visto a este muchacho porque era como ella, alguien a quien se le impuso una carga—. Quizás, pero no significa que sea lo que deseábamos.
—No, no lo era.
Luego de unos cuantos bailes mas, muchos comentarios que fueron dados en susurro dada su naturaleza y risas, Miku tuvo que dejar de bailar y hablar con Yuuma, dado que Gumi se le había acercado y prácticamente exigido que se dirigiera hasta donde se encontraba su futuro marido. No estaba bien que una mujer comprometida diera tal escena. Miku no comprendía el pedido, ella no había hecho nada malo, solo hizo un amigo durante una fiesta. Yuuma le dio la razón a su hermana, aunque de forma un tanto cínica que a Gumi no le agradó.
—Tu hermana tiene razón, las mujeres no pueden andar por el mundo tomando decisiones sin un hombre al lado— si eso no era sarcasmo, Miku no sabía que lo era… estaba segura Yuuma iba a ser uno de sus mejores amigos en Mizuiro.
Con una sonrisa, fue al encuentro con Kaito, quien le preguntó como estaba pasando la velada, si se estaba divirtiendo y si quería ir a la pista. Era todo un poema el rostro de Meiko, ella solo esperaba no la matara la noche de bodas.
Las siguientes semanas pasaron bastante tranquilas, al parecer los ataques de la rebelión se habían detenido, eso solo podía ser debido a que Luka si la escuchaba y no era una maniaca como Rin afirmaba, pero el daño ya estaba hecho y el descontento de la ciudadanía de Mizuiro hacia su rey se había intensificado. Este ultimo afirmaba con presunción y petulancia en cada velada como sus fuerzas habían logrado mermar y asustar como ratas ante el fuego a aquellos bandidos. Miku solo podía reir internamente.
La boda era inminente, en solo tres semanas ella sería una mujer casada y aunque eso no era presisamente sus deseos, ella iba a aceptarlo sin enfrentamientos, al fin y al cabo, para eso había sido concebida, esa era la razón de su existencia.
Esa noche, durante la cena, Meiko se veía muy nerviosa, aunque excitada por algo sería la palabra que más se acercaba a su estado. Prácticamente no comió y habló sobre la comida que se serviría, su vestido, que estaba casi listo, la decoración, los invitados o tan siquiera los manteles… era como si ya no le importara el tema.
Miku fue a su habitación, caminó por la habitación mientras pensaba alguna forma de ver a Luka una vez más antes de la boda, decirle que pensaba que era alguien excepcional y que le habría gustado conocerla en otras circunstancias. También expresarle que deseaba que su revolución surgiera efecto y que no le importaba perecer en ella si lograba un mejor país para los habitantes de Mizuiro. Sin embargo, ella sabía que eso no era posible con Gumi y Len prácticamente sobre ella, sin mencionar que era peligroso en su posición ser atrapada en aquel lugar.
—Al menos tengo la ayuda de Rin—Susurró en voz baja, para luego dejar correr algunas lagrimas por sus mejillas libremente, ella odiaba ser una princesa.
Dada su conmoción interna, no notó la silueta caminando dentro de su cuarto, quien la golpeó fuertemente en la nuca y la dejó inconsciente.
Cuando recobró el conocimiento, no podía ver nada más allá de una tela negra gruesa sobre su cabeza, según lo que podía sentir, sus manos y pies estaban atados y estaba en un piso de madera, que se movía, un carruaje, pensó. Al detenerse este, ella se quedó totalmente quieta, sintió que era levantada como un saco y llevada a cuestas en a espalda de alguien. Al llegar donde sea que era su destino fue tirada al piso como si importara poco y escuchó una voz que la dejó helada.
—No sé porque creo que me arrepentiré de esto—, le fue retirada el saco de tela de su cabeza y cuando sus ojos se adecuaron a la luz del lugar, se encontró mirando a unos ojos azules impresionados, cuando la persona al frente pareció reaccionar y halló las palabras solo pudo exclamar—¿Miku?—Luka pareció darse cuenta de algo—espera, ¡¿eres la princesa?!
Antes de despedirme, quisiera que pasen por el tumblr de Alex Kacr: alexkacr . tumblr . com (ya saben que FF no deja postear links). ¡Espero la apoyen!
