Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia total o parcial.


"Para identificar el POV de Sesshomaru y el de algunos personajes, lo puse en diagonal"

Capítulo 33

Solo tú


Me puse de puntitas para acercarme a sus labios, aun cuando sabía que no lograría alcanzarlo, pero no importó, pues confiaba en que Sesshomaru me ayudaría con eso y bajaría para que me fuera más fácil. Lo hizo y entonces, justo cuando estaba a punto de besarlo, pude ver cómo incluso antes de rosar sus labios sus bellos ojos dorados, ya se habían cerrado. Una sensación de calidez e inmensa alegría me inundó, nunca antes había visto eso, sabía que disfrutaba cuando nos besábamos pero nunca imaginé que se dispusiera a disfrutarlo de esa manera, que se dispusiera a perderse totalmente con mis besos.

Conmovida, por fin, alcancé sus labios. Posé mis manos en su rostro aferrándome a su cercanía y con esa sensación atrapando mi pecho, quise besarlo de manera que no abriera los ojos sino hasta que nos separáramos para respirar. Quería que se dejara llevar junto conmigo, que disfrutara de las mismas sensaciones que yo experimentaba cada que disfrutaba del sabor de sus besos.

Tomó mi pequeña cintura entre sus grandes manos y sin esfuerzo me levantó para profundizar más el deseo. Comenzamos a besarnos cada vez con más pasión, con más intensidad. Sentí claramente como su cuerpo comenzó a calentarse y por la manera en como sus manos me comenzaron a tocar, creí que me llevaría al futon para poder disfrutar del amor, pero sin esperarlo, se detuvo.

Con esfuerzo, apartó sus labios de Rin y abriendo los ojos la observó. No es como si hubiera querido detenerse, pero había algo que lo inquietaba. Sabía perfectamente que Rin no se lo diría pero esa inseguridad continuaría en su corazón. Es por eso que el momento de hablar con ella, por fin había llegado.

- Ven conmigo – pronunció de pronto un poco agitado. Estaba claro que intentaba controlarse.

Me tomó de las manos y salimos de nuestra habitación. Llegando a uno de los balcones del palacio, me cargó entre sus brazos y volando, nos dirigimos fuera.

Era buena para orientarme, por lo tanto supe de inmediato a donde nos dirigíamos cuando reconocí algunas de las vueltas que dio. No podía equivocarme, iríamos al hermoso campo de tulipanes, y aunque realmente, su vista se disfrutaba más de día no me importó, esa noche, la luna brillaba más que nunca y la hermosa luz que nos regalaba era maravillosamente esplendorosa, así que no dudaba en que la belleza de esos tulipanes se opacara.

Cuando llegamos, me bajó de sus brazos con delicadeza y observando alrededor, me di cuenta que era el mismo lugar donde nos habíamos entregado al amor. No pude evitarlo y me sonrojé bajando la mirada, aun a pesar de todo, seguía derritiéndome con el más mínimo detalle que Sesshomaru tenía conmigo.

Me observó, con esos hermosos ojos que nunca me cansaba de ver, después, giró su mirada a la luna.

Sesshomaru estaba consciente de que Rin había renunciado a su vida de humana para estar con él, y aun así, nunca había visto en ella una sola pizca de arrepentimiento, en realidad, ella siempre reflejaba disponibilidad para adaptarse a algo que era completamente diferente. Aun si eso incluía el mundo Yokai. Así mismo, nunca vio en ella melancolía por abandonar ese gran sueño que incluía una gran ceremonia, con rituales y tradiciones humanas que para él, no tenían sentido, pero que para ella eran importantes y significativos.

En realidad, ya lo había pensado, desde haber descubierto sus sentimientos por Rin, la necesidad de complacerla en todo ya lo había dominado, por lo tanto, darle la boda que merecía era algo que se había propuesto. Sin embargo, las circunstancias de situaciones pasadas se habían interpuesto a sus planes. Y aunque la asquerosa boca de Hideaki había lastimado el corazón de su mujer, había sido el golpe necesario para dejar de esperar y hacerlo de una buena vez. Pues sabía que aunque Rin no lo diría, dentro de ella siempre se sentiría incompleta, porque como humana nunca podría dejar atrás la naturaleza de sus deseos.

Si bien, Rin nunca le exigiría a Sesshomaru dejar su naturaleza Yokai, él tampoco debía hacer lo mismo con ella.

Lo vi soltar un suspiro, así que planee preguntarle si algo sucedía pero él se adelantó.

- Rin – pronunció de pronto.

- ¿Si?

- ¿Conoces bien lo que implica ser compañera de un Yokai?

Lo observé curiosa, sin entender el porqué de su inesperada pregunta. Su mirada continuaba enfocada al horizonte, por lo tanto, supe que se trataba de una pregunta importante. No es como si no lo supiera, sabía lo que significaba pero nunca me había puesto a pensar específicamente en eso. Pasé saliva y respondí:

- Si… - sus ojos se apartaron de la luna y se dirigieron a mí.

- Entonces sabes, que estar conmigo, significa perder todo aquello que antes te hizo parte de los humanos.

Lo sabía, lo supe desde aquel día en que me había preguntado sobre mi decisión. Sabía que al aceptar irme con él, todo lo que perteneciera a los humanos, desaparecería para mí.

- Si – repetí, pero esta vez, con más seguridad. – Lo supe desde el momento en que regresé a tu lado. – Sesshomaru desvió la mirada.

- También incluye olvidar todas las tradiciones y costumbres con las que creciste – añadió - Así como lo es, el ritual de unión.

Aunque lo tenía en cuenta, lo que realmente me llamó la atención fue su énfasis a esas palabras.

- ¿Ritual de unión? – repetí confusa, entonces después de considerarlo, lo supe. - ¡Oh! ¿Te refieres… a una boda? – Sesshomaru asintió.

Baje la mirada, si, también eso lo sabía. Nunca tendría una boda, nunca usaría un vestido de novia, y aun así… no me importaba, porque si el precio a pagar por estar con Sesshomaru toda mi vida, era dejar de lado ese sueño. Lo haría.

Regresé mis ojos a él, y planee decirle que eso no tenía importancia, para mí, él ya era mi esposo y yo ya era su esposa, no importaba nada mas mientas ambos así lo quisiéramos, pero antes de poder pronunciar una palabra, se adelantó diciendo:

- Sé que para una dama, consumar esa tradición es importante. Es por eso que la tendrás.

- ¿Eh? - contuve el aliento, sin saber qué otra cosa decir. Lo observé anonadada, sin comprender sus intenciones, entonces añadió:

- Rin… No voy a quitarte lo que mereces.

Solté un suspiro, algo dentro de mí, sabía lo que estaba diciendo, pero parecía como si mis nervios no me dejaran entenderlo completamente.

Pasé saliva, aún sin encontrar la manera de pronunciar palabra, cuando vi a Sesshomaru llevar una de sus manos a su pecho, metió su mano en la armadura y un segundo después, sacó una peineta. Me basto verla solo un momento para quedar impresionada. ¡Era hermosa! Tenía una sola aguja y se veía suave y brillosa. La parte de arriba semejaba a un racimo de sakuras, incluso el color de los pétalos era idéntico, pero por la forma en que brillaban bajo la luz de la luna, pude jurar que eran diamantes.

Mi vista se apartó de la hermosa peineta cuando Sesshomaru dio un paso hacia mí. Rápidamente enfoqué mis ojos a él. Me observaba como solía hacerlo cuando planeaba besarme, así que no tardé en estremecerme, estaba segura que era consiente de como lograba hacerme temblar. Intenté mantenerme firme ante su imponente presencia y no aparté la vista, aun cuando me sentía arder. Sesshomaru sonrió, acaso ¿Se burlaba de lo fácil que podía dominarme? Solté aire. Fue entonces que tomó la palabra.

- Tú ya eres mi esposa Rin – dijo firme - Sin embargo, no dejare que te pierdas esa experiencia.

- ¿Sessshomaru…? - suspiré nerviosa.

Sesshomaru se inclinó, yo me paralicé, sentía que no podría mover un músculo aunque lo intentara. Levantó la hermosa peineta por encima de mi cabeza y después de colocarla en mi cabello, tomó mi mentón pronunciando:

- Cásate conmigo.

Mis ojos se abrieron, las lágrimas comenzaron a inundar mi visión, mi corazón palpitaba velozmente, y por poco, tuve miedo de haber perdido la fuerza para hablar, pero afortunadamente, pude responder fuerte y claro.

- Si… sí. Claro que sí.

Sin pensarlo, me lancé a sus brazos e inesperadamente me levantó en el aire descansando sus manos cruzadas bajo mis pompis, me observó con una sonrisa, esa sonrisa que solo era mía, pasé mis brazos por sus hombros y entre risitas nerviosas de mi parte, acerqué mi frente a la suya. Solté un suspiro, él hizo lo mismo, segundos después me acerqué a sus labios para besarlo.

Muchas veces había soñado con este momento. El momento en que Sesshomaru me pidiera matrimonio, pero nunca imaginé algo así, nunca imaginé que sería tan maravilloso, ni mucho menos que sería tan romántico.

Tal vez, no lo había dicho abiertamente, pero no era necesario, lo conocía lo suficiente como para saber a qué se refería. Sesshomaru no solo me había pedido matrimonio, lo había hecho con toda la intención de tener una boda, una como la que siempre había soñado. Sabía que él, no tenía la necesidad de hacerlo, al ser un Yokai, no estaba en sus costumbres, sin embargo, lo había hecho por mí. Ya que era su manera de demostrarme lo que estaba dispuesto a hacer, por el amor que me tenía.

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Tomados de las manos, caminamos por el campo de tulipanes rojos como si fuéramos en dirección a la luna. Su luz iluminaba las bellas flores y el reflejo de su color nos compartió un tenue brillo que radiaba tranquilidad. Continuamos caminando hasta que el campo quedó atrás y nos adentramos al bosque, pero entre más caminábamos, más comenzaba a sentir calor, era como si nos estuviéramos acercando a una fogata. Entonces a lo lejos, cerca de un par de rocas apiladas vi salir vapor, al momento creí que era un incendio pero cuando a mis oídos llegó el sonido de agua cayendo, supe de qué se trataba. ¡Eran aguas termales!

Sin soltar su mano, di un paso y observé el alrededor completamente deslumbrada de emoción. Sesshomaru conocía muy bien mi deseo por conocer un lugar como el que siempre me habían hablado las señoritas Sango y Kagome. Pues según sus palabras; a lo largo de sus aventuras, habían tenido la suerte de encontrar aguas termales, describiéndolas como un paraíso. Por lo tanto, estar ahí presente, se había convertido en un sueño hecho realidad.

Solté un suspiro. ¿Cómo no derretirme ante Sesshomaru, cuándo era increíble su memoria, y cuando esa dedicación para cumplir mis sueños, era simplemente maravillosa?

- No lo olvidaste – pronuncié entre suspiros, posando mis ojos en él. Y aunque Sesshomaru no respondió, supe que a su manera, lo confirmaba. - Muchas gracias – sonreí, después giré mis ojos a la hermosa vista que tenía en frente. No quería perderme el más mínimo detalle.

Las señoritas Sango y Kagome no se habían equivocado. La descripción quedaba perfectamente, pues las aguas termales si eran un paraíso. Aunque este donde estábamos parecía mas un escondite privado, pues los árboles rodeaban completamente el pequeño estanque, dejando solo como entrada el lugar por donde habíamos llegado. De frente, había rocas apiladas de donde salía un pequeño chorro de agua, y por el vapor que invadía todo el lugar, supuse que el agua estaba realmente caliente. Y alrededor había cientos de luciérnagas, lo que hacía que los pequeños destellos de sus luces, junto con el de la luna, se reflejaran maravillosamente en el agua.

Aun me encontraba embelesada por la belleza frente a mí, cuando sentí las manos de Sesshomaru posarse en mis hombros. El solo acto amedrento mi cuerpo, pero las sensaciones aumentaron, cuando sus labios comenzaron a besarme el cuello. Intenté no caer de rodillas ante lo excitantes que eran sus besos, al mismo tiempo en que reprimí un gemido. Voltee a verlo, sorprendida y deseosa, intentando descifrar lo que planeaba, mientras dentro de mí, quería que fuera lo mismo en lo que yo pensaba.

- ¿Quieres entrar? – preguntó rosando sus labios en mi oreja, con una voz tan sensual que me hizo morderme los labios.

- Creo que… - pasé saliva – Primero debería quitarme el kimono. – Sesshomaru, soltó una risita.

- Yo te ayudo con eso…

Un escalofrió me recorrió, solté aire, y me quedé quieta, pues mi cuerpo se paralizó cuanto sus manos comenzaron a bajar lentamente la tela de mi kimono. Así mismo, mientras poco a poco descubría la piel de mis hombros, sus labios iban dejando un camino de besos que me estremecían más a cada segundo. Por fin cuando mi kimono calló al pasto, y sentí el aire frio traspasar mi piel, solté un gemido, dándome vuelta para estar frente a él, pues había llegado mi turno. Intentando no temblar, logré apartarle su armadura junto con su Motsuki, y viéndolos caer frente a mí, pude disfrutar de la sensualidad que emanaba el escultural cuerpo desnudo de Sesshomaru.

Yo aún traía puesto el Juban, cuando me tomo de las manos y junto con él, me guío dentro del agua. Sabía lo caballeroso que era, así que no me inquietó seguir vestida, pues tenía la certeza de que me lo quitaría en el momento apropiado.

Caminando de espalda, entró primero, lo seguí y en cuanto mis pies sintieron el agua, solté un suspiro. No estaba tan caliente como imaginaba, en realidad, tenía la temperatura perfecta. Continué caminado, sostenida por sus manos, hasta que en un momento, ya no sentí el suelo. Creí que me hundiría pero en un movimiento rápido, Sesshomaru me abrazó la cintura y me acercó a su cuerpo. Por instinto, me aferré a su pecho posando mis manos en sus hombros. Sabía nadar, pero en ese momento lo único que quería era estar lo más cerca posible de él. Me sostuvo como si tuviera miedo de dejarme caer y después de compartirnos un par de miradas, comenzamos a besarnos.

Estoy completamente segura que el calor que mi cuerpo radiaba, no era por el agua, sino por las mil sensaciones que los besos de Sesshomaru me provocaban. Y así como lo había sospechado, cuando mi cuerpo ya no podía estar más caliente, y sus manos gritaban ansiedad, por fin me despojó del Juban. Puede parecer increíble, pero aún bajo el agua, podía sentir sus caricias, podía sentir como mi cuerpo se estremecía y como mi deseo aumentaba por cada contacto de su piel con la mía.

Cuando nuestros cuerpos comenzaron a desear más que solo besos, caricias y roses, detuvimos la sesión de besos, pero solamente para apartarnos a otro lugar. Sesshomaru, cargándome entre sus brazos, me llevó hasta donde el agua era menos profunda, se sentó recargándose en unas rocas y en un movimiento inesperado me sentó en su regazo. No pude evitar soltar un gemido pues justo en medio de mis piernas, pude sentir su palpitante necesidad.

Quizás, pude haberme sonrojado, quedándome inmóvil sin saber qué hacer, pero en ese momento, ya nada me importó, me sentía tan entusiasmada, tan confiada, no había nada de mí que Sesshomaru no conociera, no había centímetro de mi cuerpo que no hubiera visto antes, así que con toda libertad, acerqué mi cuerpo aún más, para sentir su ombligo con el mío y aferrándome a él, comencé a besarlo con desesperación.

Mis piernas rodeaban su cintura, sus manos se paseaban por mi espalda, mis caderas y por cada parte de mis pompis. Sus besos recorrían cada centímetro de mi cuello, y por momentos, se detenía en mis pequeñas montañas para succionar el sabor de mi piel.

Entonces cuando la necesidad fue mayor de lo que pude soportar, me acomodé y con la ayuda de sus manos, me dejé caer sentándome en sus piernas. No sé cómo explicar la sensación que me invadió una vez que lo sentí dentro de mí, pues aunque fue igual de maravillosa que siempre, en esta ocasión, la cercanía, la profundidad, fue simplemente perfecta.

No tengo idea de cómo lo hice pero simplemente comencé a mover mis caderas, parecía como si mi cuerpo actuara de forma natural. Sesshomaru seguía besándome, pero no fue hasta que en un movimiento, soltó dentro de mi boca un gruñido que me paralizó, por un instante me detuve para verlo y la expresión que reflejaba en su rostro fue de tal excitación que entusiasmada, continué girando mis caderas. Deseaba escuchar más, ver más, sentir más.

Nunca antes, me habría imaginado, la euforia que me provocaría tener el mando, pues sentía que no podía detenerme, la sensación de electricidad que corría por mi cuerpo era excitante, feroz, perfecta. Las manos de Sesshomaru sostenían mi cadera y agradecía profundamente que lo hiciera pues de esa manera, evitaba que nuestros cuerpos se separaran. Finalmente, llegando al culmen del placer, sentí como toda esa energía se calló en un suspiro que fue sensualmente acompañado de un gemido.

Agitada, descansé mi cuerpo con el suyo, mientras sus manos me rodeaban. No solo por todo lo que me mostro supe que le había encantado tanto como a mí, sino que también lo noté por su respiración, pues pocas veces lo había visto agitado y eran solamente cuando compartíamos calor. Sesshomaru, me observó detenidamente, me compartió una dulce sonrisa y después de acariciar mi rostro, poso un dulce beso en mis labios

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No puedo describir de otra forma aquella velada, más que con la palabra "Perfecta" porque efectivamente lo fue. En todos los sentidos. Esa noche, no solamente había compartido pasión, deseo y caricias con Sesshomaru, sino que también, había sido complacida de la manera más encantadora, sabía que llevarme a ese lugar era su manera de demostrarme que cada cosa que le decía, era importante, poniendo empeño y dedicación para buscar los lugares más hermosos y mostrármelos. Definitivamente, cada experiencia a su lado, era maravillosa.

Así mismo, debo mencionar, que después de aquella noche, algo en Sesshomaru cambió. Es cierto que siempre fue protector conmigo, y desde nuestra reconciliación, pasaba más tiempo a mi lado, pero desde esa noche, sus atenciones aumentaron, pareciendo como si ya no pudiera estar lejos de mí, no niego que me gustaba, pero su comportamiento me parecía extraño. Más que nada, porque en cada oportunidad que tenía, no dejaba de olerme.

Ese día, nos encontrábamos en su despacho, Sesshomaru estaba sentado, revisando un par de mapas, ya tenía días en que una idea se paseaba por mi cabeza, así que no esperé más.

- ¿Sesshomaru? – pregunté curiosa.

- ¿Si?

- Me gustaría invitar a las señoritas Sango y Kagome, así como a la anciana Kaede y a Kohaku – pronuncié entusiasmada. Él, levantó una ceja.

Sabía que ya estaba haciendo un esfuerzo al permitirse tener una "boda humana" conmigo, pero no podía evitarlo, sería un día muy especial, debían estar al menos las personas más importantes para mí.

- Es parte de la ceremonia que los familiares más cercanos estén presentes. – comenté.

- Ninguno de esos humanos son familiares tuyos. – destacó.

- No, no lo son – acepté, bajando la mirada – Pero no necesitamos compartir sangre para ser una familia. - Sesshomaru, me observó atento – Durante mis años en la aldea, ninguno de ellos me trato diferente. Me hicieron sentir parte de su grupo e incluso me integraron a su familia. Son importantes para mí – expliqué, posando mis manos en la suya – Por favor, permite que vengan.

Eso lo sabía, aquellos humanos siempre serian importantes para Rin, y aunque la idea de tenerlos a todos en su palacio no era para nada agradable, la motivación por hacerla feliz, fue más grande que su desprecio. El gran Yokai, soltó un suspiro, y desviando la mirada, asintió.

- Has lo que quieras. - Y con eso, supe que daba su potestad para que todos pudieran asistir.

- ¡Muchas gracias! – dije emocionada, lanzándome a sus brazos. – Hoy mismo les enviaré las invitaciones.

No dijo nada, simplemente soltó aire y como ya se había vuelto costumbre, enterró su nariz en mi cuello, respirando profundamente. No puedo mentir, comenzaba a disfrutar de sobremanera cuando hacia eso, pues no solo me cosquilleaba el cuerpo, sino que también, me trasmitía una cálida sensación de paz.

- Bien… - dije intentando apartarme, pues aún tenía mucho por hacer. – Debo irme, debo enviar las invitaciones y preparar todo lo necesario. También debo ir a los jardines traseros, son mi responsabilidad y casi no les prestó atención.

Sesshomaru, me observó con esos hermosos ojos dorados y después de unos segundos, pronunció:

- Quédate – y una oleada de emociones invadió mi cuerpo.

- Sesshomaru… - suspiré embelesada.

Entonces, tomando una de mis manos, posó mi palma entre su boca y nariz, y respiro profundo. Después, comenzó a plantar pequeños besos en ella, formando un camino hasta que llegó a mi muñeca justo donde mis venas más se notaban. Un escalofrió recorrió mi cuerpo, no tengo la menor idea de porque últimamente lo hacía, pero así como no dejaba de sorprenderme, tampoco dejaba de excitarme. Pasé saliva, y una vez más, llevó mi mano a su rostro, pero esta vez, cerró los ojos, como si tratara de profundizar las sensaciones que le provocaba mi olor. Después de unos segundos, levantó su mirada a mí. Lo acaricié, sintiéndome perdidamente enamorada, me senté en su regazo guiada por mis sentimientos y sin importar nada más, comencé a besarlo.

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Al final, después de besos y caricias, y de convencer a Sesshomaru de que mi visita al jardín sería en compañía de Narumi y mis cuatro escoltas, por fin salí de su despacho y me dirigí con ellos. Me encantaba estar con Sesshomaru, pero era cierto, el jardín trasero del palacio, era un lugar que pocas veces se visitaba, por lo tanto estaba comenzando a marchitarse, así que debía prestarle atención y evitar que se siguiera deteriorando, además, debía preparar mi futura boda. Lo cual, también implicaba mi completa atención si quería que todo saliera tal y como deseaba.

Cuando por fin me reuní con Narumi y mis escoltas, noté algo extraño en su actitud, de hecho, hacía días que se portaban diferente, como si les incomodara mi presencia, pero que se esforzaban en disimular. Planee preguntarles si algo les molestaba, me agradaban y lo que menos quería era que se sintieran mal, incluso si había algo en mí que no les gustaba, estaba dispuesta a cambiarlo, sinceramente me importaba estar bien con ellos. Pero antes de que pudiera pronunciar palabra, llegamos al jardín, donde efectivamente, comprobé lo enorme que era.

Era muy diferente al jardín principal, pues este se conectaba con el bosque, era como una parte privada de las tierras, y hasta que lo vi, pude entender la preocupación de Sesshomaru pues de cierta manera estaba más expuesto, y aunque también había guardias ahí, semejaba como si estuviéramos fuera del palacio.

Di un par de pasos comenzando a caminar, así mismo, me dediqué a observar cada detalle para verificar que era lo que hacía falta y comenzar de una buena vez a restaurarlo.

- Supongo que solo lo más cercano al palacio es lo que está más descuidado – comenté a Narumi. – Ya que prácticamente, a partir de aquí, es parte del bosque.

- De cierta manera mi Lady, ya que aunque parece que estamos dentro del bosque, aún seguimos en el palacio. Hay muros más adelante. – explicó.

- Ya veo… - analicé curiosa – Quisiera ir a verlos – mencioné con entusiasmo comenzando a caminar.

Pero justo cuando había dado al menos un par de pasos, sentí como mi vista se nublo, mis piernas tambalearon y sin poder evitarlo me desvanecí. No perdí la conciencia pues sentí cuando Narumi me sostuvo y estuve al tanto de como mis escoltas se apresuraron a atenderme.

- ¡Lady Rin! – pronunció Narumi con clara angustia en su voz. – Busquen a un médico.

- No… no – interrumpí – Estoy bien… solo me sentí un poco mareada. Pero ya estoy bien – aclaré volviendo a enderezarme.

- Estuvo a punto de desmayarse, eso no es normal, volvamos adentro. La llevaré a descansar.

- Tranquila, debió ser el calor, de verdad estoy bien. Quizá también sea porque tengo hambre, últimamente he tenido más apetito. – dije realmente convencida. Pero el rostro de Narumi mostraba incredulidad. No le estaba mintiendo, no comprendí porque me miraba de esa forma.

La pelirroja Yokai observó a su señora, ya lo había notado, el aroma que emanaba de Rin era diferente, seguía combinado con el de Sesshomaru pero hace días, se había convertido en parte de ella, como si su sangre se hubiera mezclado. Entonces por fin lo supo.

- Lady Rin… usted…

Narumi, no pudo terminar de pronunciar lo que planeaba decirme, pues inesperadamente, fuimos interrumpidas por la presencia de la princesa Aratani.


Comentarios de la Autora:

Diamante Sakura. Así se llama el diamante con el que fue hecha la peineta de Rin.

Dato curioso: No saben lo mucho que me tarde en describir como tenía en mi mente la propuesta de matrimonio. Escribía y escribía y cuando lo leía, no era como yo lo quería, así que lo borraba y volvía a empezar. Fue realmente estresante el tiempo que tarde, pero al final lo conseguí. Era un momento muy importante para la historia así que debía ser perfecto. Espero que si haya cumplido sus expectativas.

Y como les mencione, poco a poco nos vamos acercando al final. Así que disfrutemos los últimos capítulos.

Muchas agracias a todas las hermosas personitas que llegaron hasta aquí, no se le olvide dejarme su Review, saben que amo leer su opinión, así mismo, me hacen saber que siguen leyendo mi historia. Bueno, por hoy es todo, nos leemos en la siguiente actualización, les mando un fuerte abrazo. Saludos.