El ascensor se detiene bruscamente y el auto avanza despacio, Abigail puede escuchar que alguien habla afuera pero no comprende que dicen, no quiere moverse pero la desagradable sensación de la helada lona es muy incómoda, desearía traer un suéter o algo más grueso pero esta mañana tomó la ropa más cercana a ella
El auto se mueve de nuevo pasando un pequeño tope y su mochila choca a su lado, agradecida la toma con cuidado buscando su móvil, con mucho cuidado lo encuentra y saca sigilosamente evitando moverse demasiado no por el ruido es más por la detestable sensación, sin embargo al prender su pantalla ve la hora 10:20 a.m. pero no tiene ni señal ni internet, la ubicación que se marca en la pantalla cambia constantemente hasta detenerse en "desconectado" ella checa cualquier aplicación que pueda darle algún dato pero ninguna responde es como si el teléfono se congelará o no pudiera funcionar, el auto avanza mientras ella sujeta el móvil en cada tope, aferrada a el aparato como su único medio de posible comunicación con su mundo, el largo silencio con las sacudidas del automóvil al moverse la ponen nerviosa
– Puedes salir – exclama el tipo, tan repentinamente que el corazón de la menor da un vuelco, ella se destapa rápidamente frotándose la piel para quitarse la desagradable sensación, lo mira de espaldas mientras él conduce por una sobre-saturada calle, los enormes edificios grises la sorprenden
– ¿Dónde estamos? – Abigail pregunta asombrada, sin soltar su móvil llevando su mano al pecho
– El sector V – contesta él, impactándola aún más
– ¿Qué? No, este no puede ser nuestro sector, mi barrio es un suburbio con una enorme mansión al final de la calle – incrédula avanza pasando sobre los asientos traseros para llegar al de acompañante
– No, sigues en nuestro mundo y este es el sector V de aquí, donde apareciste es el lado norte de la ciudad, las casas de los más cercanos a Grandfather – le aclara él, con un tono tan serio que llega a ser lúgubre
– ¿A dónde vamos? – cuestiona ella, más insegura por lo que esa respuesta implica
– A un escondite – responde él pidiendo que se siente bien, Abigail duda pero lo hace – Será útil tu ropa negra– comenta, dando vuelta en una concurrida calle que da a una zona más tranquila
Entonces ella reacciona mirando su atuendo y lo nota por primera vez, esta mañana tomó instintivamente la blusa negro jaspe de cuello alto y el pantalón de ayer – Sí – musita cabizbaja generando un largo silencio
– Tal vez no deba decirte esto... pero... lo lamento – comenta él, suavemente pero aun con su tétrico protector ella lo oye claramente, oye el pesar en su voz
– ¿Exactamente qué? – cuestiona Abigail, temiendo la respuesta y lista a atacar si es necesario, no debe bajar la guardia
– Que estés aquí es nuestra culpa, alguien te trajo por nuestra falta de atención y... ahora no puedo regresarte como planeamos – explica él, acelerando un poco para adelantarse a unos autos, entrando en un túnel
Atónita ya no presta más atención al camino, ni siquiera le importa calcular dónde estaría este inusual túnel en su ciudad solo lo mira atentamente mientras habla, oye la culpa en su voz y desea saber quién es, se siente arrastrada por una extraña mezcla de emociones, su terror inicial pasa a una intriga incesante, hay algo en esa intensa voz que le da no solo una fuerte nostalgia también una clase de serenidad, no puede reconocer ese tono de alguno de sus amigos o enemigos de su mundo por lo que ese "No todos los que conoces en tu mundo existen aquí" la consterna aún más.
Él no habló más después de eso, quedo un raro silencio que alargó más el camino, al parecer a las afueras de la ciudad, en donde terminaba el sector V, pero ella fue mirando el paisaje, completamente diferente al que conoce aunque incluso con las calles llenas de altos edificios grises puede distinguir las viejas carreteras y montañas, que ahí son minadas agresivamente – No se ve el parque de diversiones – musita sorprendida cuando cruzan el camino de la pequeña loma que permitía verlo desde lo lejos, en lugar de un enorme simio arcoíris ahí resalta un gran estadio o algo que se le parece
– ¿Qué? No, nunca existió uno aquí, ese es el centro de entrenamiento – responde él sin mirarla, Abigail se asombra porque por un segundo ella misma olvido con quien iba, además él le ha contestado casi humano, a diferencia de cuando estuvieron con el otro par, ahora suelta información despreocupadamente
Sin comprender por qué, lo mira demasiado interesada mientras él conduce extremadamente atento al camino, es como si algo en ella la forzará a descifrar quién es, mira sus manos fijas en el volante y la forma en que lo afirma se parece un poco a como lo hace Maurice, sus movimientos se lo recuerdan mucho, aún cubiertas por esos guantes, sin embargo la excesiva impetuosidad con la que conduce no concuerda con el tranquilo chico que ella conoce
Pronto su atención se va al resto de autos en el camino, sus gruesos acabados asemejan a los vehículos militares incluso aquellos tripulados con familias son así, grandes jeeps de colores opacos pero con protecciones extra, las aceras en cambio lucen casi vacías e incluso sombrías aún a esa hora de la mañana, si es verdad que "el abuelo" ganó en este mundo " ¿Cómo podría contactar con mis amigos en este lugar?" se preguntó, incluso suponiendo que estos tipos digan la verdad no se imaginaba que el KND desapareciera tan fácilmente
– Pararé un instante – le anuncia él, estacionando
– ¿Para qué? – cuestiona Abigail rápidamente, nerviosa e inquieta al notar la extraña reacción de la gente que miran la van detenerse, la prisa y el temor de los pocos transeúntes la alarman más
– Comida, aún no desayunas ¿cierto? – responde él, casi despreocupado
Abigail no puede estar segura pero así suena – Espera, creí que teníamos prisa – intenta detenerlo pero el tipo guarda sus llaves girándolas en su mano, casi jugando, movimiento que a la morena le recuerda a Wally, él juega así sus llaves pero no, Cuatro no sería tan alto
– No tardó – él dice suavemente al cerrar la puerta, ella lo miró alejarse notando como algunos transeúntes se detuvieron firmes mientras entraba al local que posiblemente era una tienda, las caras de los mayores son casi de miedo y ella lo entiende el tipo es el único que lleva ese uniforme negro con esa aterradora máscara, sin embargo rápidamente intenta descifrar cómo funciona ese vehículo, aprieta las teclas pero el único mensaje que aparece en ambas pantallas es de error para después volver al menú, sin embargo aun con las teclas de dirección no logra activar ninguna función por más que lo intenta, las teclas están dispuestas de forma diferente a la que ella conoce y le dificultan mucho la tarea, bruscamente la puerta se abre y pillada se aleja un poco para dejar entrar al enmascarado
– No funciona así, necesitas una contraseña – explica él, al pasarle la bolsa de papel blanco, que ella toma con ambas manos para volver a su lugar, dejándolo entrar e introducir la llave del vehículo para arrancar
– Una contraseña ¿Eh? ¿Puedo saber cuál es? – ellabromea atenta a él mientras mantiene la cálida bolsa en su regazo, él la mira unos instantes o eso piensa la morena, por la forma que se detiene, le sonríe nerviosa aunque no sabe bien que siente, así que inquieta revisa el contenido de la bolsa
– AX617 – contesta él al arrancar de vuelta a la carretera
Incrédula decide tomárselo a broma buscando en la bolsa algo más que aderezos – Genial – exclama con gusto al sacar una gran hamburguesa y encontrar las papas, tiene bastante hambre ya que estos últimos días no ha comido mucho, además que la presión de las últimas horas le pesan físicamente, casi se siente desfallecer al morder ávidamente la especiada carne, disfrutando cada bocado, cuando su mente se llena de memorias y culpabilidad, apenada lagrimea mientras pasa el alimento sin prestar atención al desconocido
Él encamina el auto a una zona semi industrial y girando entre los edificios antiguos va hacia una enorme bodega, al fin, la puerta se abre automáticamente y tan pronto entra detiene el auto, sin embargo ella sigue cabizbaja, inmersa en sus pensamientos, incluso cuando el motor se apaga ambos permanecen en silencio, Abigail le pasa la humedecida bolsa de papel llegando a rozar las suaves puntas del guante, sintiéndose confundida aunque él solo toma la bolsa cuidadoso
– ¿Hace cuánto murió? – cuestiona repentinamente el desconocido, alarmándola
– ¿Cómo? – se asombra Abigail intentando descifrar la emoción de su voz
– Tu amigo ¿está muerto? ¿Cierto?– insiste dispuesto a tomar su hombro pero se detiene, ella lo nota e incluso siente alguna clase de compasión en él, en su actitud
– ¿Quién eres? – le pregunta preocupada
Y él se aleja – Olvídalo, no es correcto que sepas tanto – contesta retomando su frialdad, bajando del auto con todo y las bolsas – Puedes bajar o quedarte ahí – concluye al dejar la puerta abierta
– Tú sabes muchas cosas y yo nada – replica Cinco, siguiéndolo y dejando su comida de lado – No me dañara entender dónde estoy y mucho menos haré algo para dañarlos ¿Cómo podría? Volveré a mi mundo ¿cierto? Eso dijiste – agrega alterada, en ese enorme bodegón hay un par de oficinas a las que el enmascarado se dirige
– Sí, te irás en cuanto Dickson lo arregle pero si tienes muchos recuerdos al llegar sería problemático para ti– responde él, dándole la espalda mientras abre la puerta
– ¿Cómo? – cuestiona la morena apresurándose a alcanzarlo – Ya conozco a Chad y a Rachel, y he visto otro universo paralelo antes, además soy la antigua líder supremo del KND, se manejar situaciones difíciles, explícame que pasa– lo detiene del brazo, pero su nula reacción la inquieta demasiado, así que lo suelta rápida y nerviosamente
– Supongo que sí pero no te voy a contar más allá de lo necesario – responde él, entrando y dejando la puerta abierta
– Entonces dime ¿porque el KND no existe? y ¿Cómo sabes quién soy? Realmente necesito saber eso – Abigail lo sigue dentro pero se detiene algo impactada de ver el lugar, otro cuarto pintado de blanco con muebles minimalistas metálicos, donde resaltan un par de pantallas sobre un cromado escritorio
Él se abre la pesada chamarra negra desabrochando las cintas mientras deja la bolsa de papel en una mesa, inesperadamente bajo la gruesa prenda trae no solo el chaleco blindado también otra prenda negra que lo cubre completamente hasta los guantes y cuello de forma que ella no puede ver ni un poco de su piel – Tú se lo dijiste a la chica que te ataco, Cree Lincoln – responde dejando la mochila cuadrada y negra en el escritorio, donde están los dos monitores que enseguida enciende, demostrando que son parte de una computadora
El sonido de inicio es totalmente desconocido para ella, sin embargo ahora está más interesada en esa insatisfactoria respuesta – Sí, le dije mi nombre y número a Cree, pero no hay forma que sepas todo lo demás solo por eso – reclama yendo a él, deteniéndose frente el escritorio atenta a los monitores, aunque él teclea desinteresado a que ella observe su trabajo – ¿Quién me trajo aquí? ¿Cómo? Fueron ustedes ¿cierto? – insiste golpeando el escritorio con su mano para recalcar su molestia
Él ríe bajo y para ella es escalofriante, es la primera vez que oye su risa y dada la situación solo la perturba más, él pretende cubrirse la boca levemente tal vez olvidando que trae la careta, pero Cinco no da más rodeos ve las llaves y tomándolas veloz corre a la van, sube e introduce la llave, asegura la puerta mirando nerviosa afuera al mismo tiempo que teclea la supuesta contraseña, de inmediato se activa la van, un mapa se despliega en la primera pantalla y ella toma el volante, aún no tiene su licencia de conducir pero estuvo practicando un par de meses antes de... no, en este momento no tiene tiempo de llorar, da la vuelta a la van con cuidado notando que los compuertas no se han abierto, incluso cuando avanza nota que no se mueven pero aprieta el volante y acelerando, se llevará la puerta si es necesario
– Es acero reforzado – exclama él al salir, Abigail puede verlo llegar ante la compuerta, justo en su camino, aterrada frena presionando el pedal con toda su fuerza, oyendo el brusco rechinido de las llantas y el sonido de todo el auto forzándose para parar.
