Summary: Lan WangJi sabe que Wei WuXian está sufriendo en manos de aquellos seres; y ahora los líderes de secta deben tomar una decisión que pondrá en marcha un nuevo juego de poder y manipulaciones.
N.A.: Holaaaa, cómo están, gente bella. Vengo con la actualización de Casus, esperando que lo encuentren conforme a sus pensamientos. Sólo tengo una advertencia qué hacer de ahora en adelante: esto se pondrá dramático.
Disfruten!
Disclaimer: MDZS pertenece a MXTX
Casus Belli — capítulo 2
La taza de té estaba caliente, humeante; ese extracto, era el mejor de aquella región. Sonrió, y la persona a su costado emitió un resoplido divertido. Lan Xichen sabía de primera mano lo presumido que se hallaba él al saber que se encontraba disfrutando de su té. Amplió la sonrisa en las comisuras, observándole de soslayo.
—Este té es el mejor de la región —confirmó, manifestando el hilo de sus pensamientos. La persona a su lado le regaló una hermosa sonrisa, sonrisa que pocas veces delineaba, y evidentemente, muy pocas veces esbozaba frente a los demás.
—Me alegra que te guste, Zewu-Jun, siempre puedes venir a disfrutar de nuestro té y grata compañía —comentó, dándole un sorbo a su humeante vasija. Sus ojos se cerraron, pareciendo disfrutar del momento que otorgaba la compañía del líder de la secta Gusu Lan y el té bien preparado. Suspiró, antes de continuar—: sin embargo, Zewu-Jun, tengo la ligera sensación de que no estás aquí solo por el té y la compañía, ¿no es así?
Hallándose descubierto, Lan Xichen soltó una ligera risita vejada.
—Me has descubierto —confesó, tomando su té, la sonrisa aún permanecía en sus labios, y Jiang Cheng no pudo evitar corresponderle, divertido—. Me disculpo, no pensé que pudiera ser descubierto de inmediato, me pareció descarado venir a tu secta sólo por un motivo —continuó su explicación, esta vez sus ojos se posaron sobre los otros, había una intensidad abrumadora en ellos. Amplió la sonrisa—. ¿Acaso este humilde líder de secta no puede visitar a Sandu Shengshou sólo por el placer de su compañía?
Entonada la oración, reinó un silencio espeso en el estudio del líder de la secta Yunmeng Jiang. La taza de té quedó olvidada en las manos de Jiang Cheng, y estas manos parecieron temblar levemente, único vestigio de agitación. Lan Xichen comenzó a preocuparse, temiendo haber confesado algo incorrecto. Pero, segundos después, Jiang Cheng salió de su letargo, dándole una leve sonrisa, había un lindo sonrojo coloreando sus mejillas pálidas. Lan Xichen le sonrió de vuelta, contento por no haber sido expulsado de la secta, o de la vida de su líder.
—Zewu-jun, aprecio tu sinceridad; siempre has sido elogiado por ella —comentó Jiang Cheng con alegría, sus ojos vibraban, vivaces. Lan Xichen dio una ligera venia en agradecimiento, su rostro apenas ocultándose. El líder de la secta Yunmeng Jiang le correspondió; sin embargo, cuando Lan Xichen alzó la mirada para encontrarse con sus ojos, aquel rostro se torció en ira, desquebrajando la perfecta imagen de líder que profesaba. Bajo, contrito y sintiéndose humillado, espetó—. Pero me has mentido, Zewu-jun, tu sinceridad parece que se agotó…
Lan Xichen se tensó en su asiento, el agarre en su taza de té se intensificó, el dorso de su mano coloreándose níveo. No había que ser muy listo para comprender la última oración dicha. Había dos cosas en la vida de Jiang Cheng que lo harían enojarse al punto de perder los cimientos. Una, que Lan Xichen le mintiera, y la otra…
—Jiang Cheng, permíteme explicar…
Hubo un rápido sonido siseante que pasó cerca su mejilla izquierda, transformándose rápidamente en un estruendo afilado tras su espalda. La taza de té que sostenía Jiang Cheng en su mano derecha fue lanzada hacia su persona con la suficiente habilidad para pasarle mortalmente cerca, pero no para lastimarle. Una clara advertencia de que Jiang Cheng estaba en su límite, y que no consentiría más mentiras y engaños. Lan Xichen tragó saliva lentamente; y después, soltó un suspiro contrariado. Cerró los ojos un momento, contemplando por unos segundos cómo abordaría la situación. Cuando los abrió, la presencia abrumadora de Jiang Cheng se dibujó, sentado en la silla que estaba a su lado frente al escritorio del estudio. No le observaba, contemplaba el dibujo esbozado que yacía fijo en la pared. Un bosquejo que él le había obsequiado hacía poco. La tez de Jiang Cheng permanecía oscura, llena de ira reprimida, sus hombros estaban tensos, listos para el combate.
Sin embargo, le estaba dando segundos de gloria a Lan Xichen para explicarse.
Volvió a suspirar, decidiendo dejar la taza de té sobre la superficie de madera antes de hablar.
—Desde hace un tiempo, una teoría se ha venido formando en mi mente sobre la intención de los Siete Ancianos —comenzó, sabía que a Jiang Cheng no le interesaba el asunto, pero para poder explicarse, necesitaba comenzar desde el principio—; lamentablemente es una teoría que no puedo compartir aún por temor a represalias, pero prometo que en su momento te lo diré —se lamió los labios en ademán nervioso antes de continuar—. Mi intención no ha sido ocultar información que pudiera afectarte, pero-
—Lo hiciste —espetó Jiang Cheng, girándose para observarle. Su ira no había mermado ni un poco.
—Lo hice —convino Lan Xichen, honesto—, pero no sabíamos de su identidad hasta el comunicado de los Ancianos —se excusó, el pretexto sonaba horrible a sus oídos, pero era la verdad.
—Aun así, decidiste protegerlo… —siseó Jiang Cheng con rencor, sus puños apretándose sobre sus muslos.
—Lo hice —volvió a confirmar y Jiang Cheng lanzó un gruñido desdeñoso. Lan Xichen se giró completamente sobre su asiento para agarrar ambos puños cerrados, hasta soltarle, amasando con sus pulgares ambos dorsos. Soltó un suspiro—. La ira que profesas no es mi ira, Jiang Cheng, hice lo que consideré correcto dadas las circunstancias.
Jiang Cheng alejó sus manos, como si estas quemaran, cruzando los brazos sobre su torso. Le observó por unos segundos, y luego, soltó un suspiro exasperado, recuperando un poco la compostura.
—Lo sé, Zewu-Jun —espetó, su ceño se frunció—, pero me has engañado, y no solo eso, lo llevaste a la presencia de esos seres del inframundo. Lo has condenado.
Lan Xichen negó con la cabeza—. Fue decisión de Wei Ying ir a su encuentro.
Jiang Cheng soltó una risita despectiva, observándole sorprendido. Sus cejas se enarcaron en burla.
—Wei WuXian… ¿yendo por voluntad propia?
Lan Xichen sintió la necesidad de defender a su pequeño hermano protegido.
—Es noble, Jiang Cheng. Como líder de secta, debo defender el honor de Wei Ying: tus rencores, aunque los respete, no los comparto. Wei Ying se ha sacrificado —reconvino, circunspecto. Ya no había espacio para las relaciones o intimidades, mucho menos compañerismo. Ambos eran líderes de secta y debían respetarse como tal.
Y, Lan Xichen, no podía permitir, en el nombre de su hermano, que dañaran más la reputación de Wei WuXian. Jiang Cheng volvió a soltar un bufido despreciativo, y descruzándose de brazos, lanzó un ademán despectivo con su mano derecha, restándole importancia a su parloteo.
—Bien pudo haberse sacrificado, pero ahora nosotros estamos involucrados.
—Era inevitable, Jiang Cheng, tarde o temprano seríamos convocados. Aún no sabemos qué intenciones tienen para Wei Ying, y mucho menos para los líderes de secta.
Jiang Cheng no respondió, sólo se incorporó de su asiento, caminando hasta el umbral de la ventana, observando distraídamente por ella. Lan Xichen le vislumbró, sintiendo una extraña distancia entre ellos. Juntó sus manos sobre sus muslos, apretándolas.
—Debemos ir pronto, asumo que la misiva te ha llegado —siguió el hilo de la conversación, recibiendo un asentimiento por respuesta—. ¿Deseas ir junto a mí en el viaje?
Él se giró sobre sus pies, observándole serio, se veía disgustado, pero Lan Xichen no tenía certeza de ello.
—Será extraño que nos vean juntos —dijo de pronto Jiang Cheng—, debes marchar por tu cuenta.
Con eso dicho, volvió a virarse, observando una vez más por la ventana. Tan lejos y a la vez cerca. Lan Xichen apretó sus labios, obligándose a no decir algo al respecto. Incorporándose de su asiento, dio un arco respetuoso en despedida, preparándose para partir.
La distancia entre ellos se hizo más amplia.
La Ciudad sin Noche era un lugar al que evitaría ir, a menos que fuese sumamente necesario.
Soltó un suspiro quejumbroso, era necesario.
Con parsimonia abrió su abanico, ocultando su rostro contrariado. A su derecha pudo observar a un recto Lan WangJi, estaba a unos cuantos metros de él, en una esquina del recinto. El lugar era lo suficientemente espacioso como para albergar a más de cincuenta personas. Pero en ese momento, sólo eran necesarias pocas, específicamente, cuatro dirigentes.
Su mirada contrariada se transformó en una de extrañeza. Lan WangJi no debería estar ahí, debería estar en su lugar Lan Xichen.
El abanico en su mano se agitó nerviosamente. Esto era malo, muy malo.
Cerró los ojos con pesar, odiando profundamente estar ahí. Ahí debería estar su hermano, no él.
Cerró el abanico de golpe, el sutil sonido resonó en el recinto, creando leve eco. La mirada de Lan WangJi se cerró en una expresión adusta, observándole en silencio. Nie Huaisang se sintió descompuesto bajo el escrutinio.
Definitivamente no quería estar ahí.
El recinto era amplio, sólo ellos estaban. Ni siquiera los Ancianos hacían acto de presencia en el trono. ¿Cuándo llegarían los otros líderes? ¿Desafiarían a los Ancianos y se rebelarían?
Oh Dios mío.
Abrió el abanico rápidamente, agitándolo con fuerza en su rostro, sentía que se iba a desmayar.
Sus pensamientos eran demasiado ruidosos, temía que se salieran por sus oídos, por sus ojos, y se derramaran, ahogándolo. Cerró los ojos con fuerza, pensando qué haría su hermano en ese momento, cuando sintió una pesada mano posarse sobre su hombro.
Dio un respingo, lanzando un ligero grito al aire, alejándose con rapidez. Se giró sobre sí para encarar a la persona que lo había asustado, encontrándose con la mirada culpable de Lan Xichen.
—Líder de secta Qinghe Nie, un gusto poder saludarle, me disculpo si he cometido alguna falta… —comentó Lan Xichen, parecía sentir el haberle asustado de aquella forma.
Nie Huaisang sonrió, sintiéndose a gusto con la presencia calmante de Lan Xichen.
—Zewu-Jun —saludó Nie Huaisang, dando un respetuoso arco en ademán de saludo—, por favor, no me llame así, el honor me queda grande, sólo represento a mi hermano en vista de las circunstancias…
Lan Xichen se acercó un poco, sólo para volver a apretarle el hombro con afecto, un gesto que intentaba transmitir confianza y familiaridad. Nie Huaisang abrió su abanico, ocultando su sonrojo.
—Nie Huaisang, eres demasiado modesto para tu propio bien —comentó Lan Xichen con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios.
Nie Huaisang iba a responderle, pero su mirada se dirigió tras el hombro del líder de la secta Gusu Lan, donde yacía el gigantesco umbral de la entrada. La expresión en su rostro pasó por una serie de rápidas emociones que desconcertaron a Lan Xichen, hasta que, inevitablemente, el rictus nervioso volvió al semblante de Nie Huaisang.
Curioso, Lan Xichen giró sobre su cuerpo, mirando hacia el umbral. Lan WangJi que también estaba cerca, observó, encontrándose en el quicio al líder de secta Lanling Jin. Jin Guangyao, en toda su gloria, hizo acto de presencia.
A Lan Xichen le brillaron sus ojos al contemplar a su hermano jurado. Jin Guangyao le observó también, y una suave sonrisa maravillada se dibujó en su apacible rostro. Lan Xichen rápidamente ignoró el nerviosismo de Nie Huaisang, y caminó en dirección a Jin Guangyao. Él pareció también salir de su sopor, y comenzó a avanzar, ambos encontrándose a mitad de camino en el recinto.
—Er-Ge.
—A-Yao.
Hubo un silencio cómodo. Jin Guangyao se retorció un poco con ligero nerviosismo bajo la mirada escrutadora y sonriente de Lan Xichen.
—A-Yao, ha pasado mucho tiempo —comenzó Lan Xichen, su mano posándose en el hombro de Jin Guangyao, apretándolo con afecto. Jin Guangyao sonrió levemente, asintiendo.
—Er-Ge, ha sido una eternidad desde la última reunión, me hubiera gustado que nuestro encuentro fuera más… agradable —comentó aquello último, dudando un poco de la palabra que podría usar a continuación. Asintió para sí mismo, llegando a una conclusión que creyó conveniente—. Sin embargo, aquí estamos por compromiso. Aguardo de corazón, que no importe a qué término lleguemos hoy en este encuentro, esperaré que puedas acompañarme a Lanling Jin. He de discutir asuntos importantes que deben ser de tu conocimiento.
Dicho eso último, su mano derecha pasó a reposar sobre la otra que tenía sobre su hombro, sujetándola un poco. Una mirada intensa se dibujó en su tez tranquila, intentando con ello transmitirle a Lan Xichen una emoción que no podía describir con palabras. Lan Xichen pareció dudar, no por la invitación, Jin Guangyao le conocía bien.
La mirada de Lan Xichen se posó sobre la persona que estaba cerca del umbral, su hermano Lan WangJi. Él escuchó la conversación, y asintió en su dirección. Parecieron haber llegado a una especie de acuerdo silencioso, porque Lan Xichen con una sonrisa, dejó de observarle para posar su atención sobre su hermano jurado.
—A-Yao, será un placer acompañarte a donde dicten tus pensamientos —confirmó Lan Xichen, y Jin Guangyao le regaló una hermosa sonrisa radiante, hizo que el pecho de Lan Xichen se apretujara de orgullo.
La sonrisa en la tez de Jin Guangyao aumentó, e iba a responder, cuando un pequeño ruido se hizo presente en el umbral. Ambos giraron, contemplando una silueta vestida en cárdeno y azabache, ingresar de forma intempestiva. Era como un vendaval, se hacía sentir cuando llegaba, y su presencia dejaba un sabor amargo cuando se iba. Jin Guangyao frunció ligeramente el ceño cuando la mano en su hombro descendió rápidamente. Su rostro se transformó en una expresión complicada que desdibujó con rapidez, dando paso a una pequeña sonrisa.
—Líder de Secta Yunmeng Jiang —comenzó Jin Guangyao, girándose para encararlo. Atrás suyo estaba un tenso Lan Xichen y un nervioso Nie Huaisang que abanicaba su rostro con premura—. Llegas tarde, los Ancianos esperan.
Jiang Cheng no respondió. Se les quedó observando unos breves segundos, hasta que soltó un bufido, yéndose al frente del recinto, cerca de los siete tronos. Jin Guangyao resopló con parsimonia, y Lan Xichen pareció corresponderle, suspirando levemente también.
—Er-Ge, tranquilo, su ira no está dirigida hacia tu persona —comentó sonriéndole a Lan Xichen. Él le observó sorprendido, aunque no debería, Jin Guangyao siempre parecía saber lo que estaba pensando.
—A-Yao…
Hubo un chasquido ominoso, interrumpiendo la línea de pensamientos que deseaba manifestarle en ese momento. Del fondo del sepulcro donde estaba Jian Cheng, cerca de los siete tronos, un corredor se abrió, crujiendo con silencio y a la vez con ruido los viejos muros del recinto. Era un término desconcertante. Siete Ancianos salieron de allí, uno a uno sentándose en el trono correspondiente. Cada líder de secta se situó frente a ellos, retirados y otros cercanos, dibujando al mismo tiempo una venia en ademán de bienvenida. Lan Xichen observó de soslayo a Lan WangJi que estaba situado a su derecha, y Jin Guangyao aguardaba silenciosamente a su izquierda. Nie Huaisang estaba detrás, queriendo pasar desapercibido.
El único que al parecer tenía la fortaleza para encarar a los Siete, era Jiang Cheng, quien estaba al frente, cerca del trono. Lan Xichen sabía que él estaba ahí, de esa forma, porque quería terminar con rapidez y eficacia el asunto por el que habían sido convocados.
Estando ahí, solos, con la comitiva de cada secta aguardando imperiosamente fuera del recinto, no otorgaba la sensación de tranquilidad que buscaba conseguir. Lan Xichen quiso emitir un suspiro contrariado, pero la inesperada mano de Jin Guangyao sosteniendo su antebrazo, apretándolo levemente, le sorprendió, haciéndole olvidar sus tribulaciones mentales. Lan Xichen giró de soslayo contemplándolo, y Jin Guangyao le observó también, dibujándole una sonrisa tentativa, de esas que buscan calmar la tormenta que se desencadenaba en el océano.
Se sintió tranquilo.
Los Ancianos terminaron de sentarse cada uno en su respectivo trono, silenciosos y ominosos. Se venían tan simples que, probablemente, si no poseyeran ese aire de inmortalidad en sus auras, los olvidarían, así como se olvida al rocío de la mañana que humedece las plantas.
Pasaron segundos hasta que el Anciano líder habló.
—Se preguntarán el motivo de su convocación antes de los seis meses estipulados —comentó, recibiendo silencio por respuesta. No esperaba otra cosa—. Retenido el Patriarca Yiling, y sellados sus poderes demoníacos, se espera que se cumpla una sentencia acorde a sus delitos; sentencia que puede ser reducida si sometemos a los líderes de secta a un análisis para determinar quién será su guardián, o verdugo —en ese punto observaron a Jiang Cheng—, eso dependerá de ustedes —ante eso último dicho, Nie Huaisang dejó caer el abanico.
Lan Xichen se compadeció de él, y se lo recogió, entregándoselo. Sabía que su pánico iba en aumento ante los eventos que se estaban desarrollando, no podía culparlo, porque la tensión y la ira de su hermano era palpable.
Estaba seguro que ellos no catalogarían como adecuados para el análisis por haberlo acogido durante meses.
En ese momento, su única preocupación era impedir que Jiang Cheng llevara a cabo su venganza. Él estaría más que dispuesto a llevárselo a Yunmeng, todos en el recinto lo sabían.
Hubo segundos de tenso silencio, hasta que alguien habló.
—¿Qué tiene que ver el diagnóstico con el hecho de ser guardián del Patriarca Yiling? —preguntó Jin Guangyao, serio y circunspecto, dio unos cuantos pasos adelante e hizo una reverencia—. Perdonen mi franqueza, mi intención no es ofenderlos, pero, ¿qué ganaríamos nosotros al tener a un supuesto criminal como el Patriarca Yiling en nuestras sectas?
Lan Xichen en secreto alabó su astucia y valentía, esa era una pregunta que todos se hacían en sus mentes, pero nadie se atrevía. Con excepción, quizá, de Jian Cheng. Con esa consulta, el momento de tensión se acentuó cuando ninguno de los Ancianos respondió. Jin Guangyao no flaqueó, su rectitud se acrecentaba. Él sabía que era una duda válida.
—La verdadera razón y el motivo, junto con la ganancia, se le otorgará a quien supere el análisis con éxito —sentenciaron, contemplando con parsimonia a todos los líderes.
Sin embargo, en un momento dado, la atención de aquellos Ancianos se centró en Lan WangJi. Hubo unos escasos segundos de desconcierto hasta que el Anciano líder habló—: no eres un líder de secta, Hanguang-Jun, tu presencia aquí no es bienvenida.
Lan Xichen sabía que era momento de actuar. Antes de que Lan WangJi pudiera decir algo, se adelantó, haciendo su debida venia de respeto, y habló—. Venerables, si pudieran permitirme segundos de su tiempo para explicar las circunstancias —esperó con paciencia a que le dieran su otorgamiento. Uno de ellos asintió, y continuó—: Mi hermano es el segundo líder de la secta, quien toma las decisiones cuando se me impide hacerlo, y —dudó unos segundos, vislumbrando de soslayo a Lan WangJi, quien consintió. Con resolución, volvió a hablar—, es compañero de cultivo de Wei Ying. Considero que él tiene más oportunidad y capacidad de llevar a cabo el análisis.
Jiang Cheng, en ese momento estaba de espalda, se giró violentamente para encararlo. Era un secreto a voces aquella confesión, pero que no titubeara en revelarlo daba a entender la desesperación por volverlo a tener en Gusu Lan. Un resentimiento amargo se apoderó de su tez y Lan Xichen le observó con dolor mal disimulado, aquello parecía estar más allá de la salvación. Jiang Cheng se giró con brusquedad una vez más, resuelto a ignorarlo. El líder de la secta Gusu Lan no pudo evitar cerrar sus ojos por unos momentos, permitiéndose un dejo de vulnerabilidad.
Vulnerabilidad que recompuso rápidamente cuando el líder de los Ancianos habló.
—Reconocemos el potencial de Hanguang-Jun, pero también reconocemos que esto va más allá de la creencia profesional —explicó, y Lan Xichen temió lo peor—. Me temo que-
Antes de que pudiera continuar, uno de los Ancianos de la izquierda del trono en semicírculo susurró algo ininteligible, hizo detener al Anciano líder de la mortal respuesta que daría. Hubo suaves murmullos, parecían estar discutiendo algo. Segundos después parecieron llegar a una conclusión, porque el Anciano líder habló nuevamente.
—Si Hanguang-Jun toma tu lugar como líder de secta para este diagnóstico, y por algún motivo, supera las expectativas, habrá términos posteriores que discutiremos —sentenció.
Lan Xichen sabía a lo que se refería. Si Lan WangJi ganaba aquel fatídico análisis, y superaba a los demás, estarían más vigilados que nunca, y en su cabeza colgaría la advertencia más proterva y tenebrosa: no se atrevan a ir en contra o borraremos a Gusu Lan del mapa.
Lan Xichen estaba consciente, y por ello se encontró asintiendo. Frente a sí estaba Jin Guangyao, observándole con impotencia. Él entendía mejor que nadie la situación.
Ante el asentimiento del líder de la secta Gusu Lan, los Ancianos encomiaron—. Entonces todo está dicho, que el análisis comience.
Tras de sí, Nie Huaisang lanzó un gimoteo, el abanico volvió a caer al suelo.
—¿Qué debo hacer para ganar este teatro? —una voz amarga y llena de cinismo preguntó al Anciano líder. El recinto se había desocupado hacía un tiempo prolongado, cada uno de los líderes de secta, menos uno, estaban en sus recámaras de reposo, aguardando la llamada para el análisis que se llevaría a cabo.
El Anciano líder lanzó una risita al aire—. Someterte al examen, como todos. No estarás exento.
Aquella persona dio un manotazo sobre la superficie de madera del escritorio, acercando su cuerpo al contrario en ademán amenazador.
—Espero que reconsideres mi advertencia, no importa que tan fuertes o inmortales sean, no se atrevan a tocarlo, o los borraré del mapa —amenazó.
Quizá para él, inmaculado y siempre recto, esa amenaza era una imagen discordante de su personalidad: siempre actuando con discreción, no esperó que la ira hiciera mella en él.
El Anciano líder se tomó la amenaza con comodidad, dándole un sorbo a su té.
—Debes guardar tu ira, sabemos que tu juguete es intocable, después de todo, ¿no era eso parte del trato?
—¡Él y su secta!
—Él y su secta —reconoció el Anciano líder con una sonrisa—. ¿Por qué no vas a tu recámara?, sabrán que desapareciste, estás siendo vigilado de cerca, y no precisamente por ese juguete tuyo.
—Sé que estoy siendo vigilando, Venerable, no juegues con este líder —espetó, pero hizo caso a la sugerencia, saliendo del estudio. Antes de cruzar el umbral, habló, girándose un poco—. Seré el primero en realizar el examen.
Con aquel dictamen colgando en el aire, salió del estudio, sus capas ondeando al caminar. El Anciano líder nunca dejó de sonreír, incluso cuando él salió.
Ciertamente todo estaba saliendo como él lo había predicho.
N.A:
Drama, mucho drama, probablemente se extienda por más de 30 caps.
Lan WangJi sufre mucho, pero me pareció adecuado centrarlo desde la perspectiva de los líderes.
Vendrá pronto una perspectiva de Lan WangJi, pero será corta, lo ideal es que se mantenga el misterio *guiño*
Nie Mingjue volverá a las andadas porque Nie Huaisang morirá de una apoplejía pronto.
Jin Guangyao merece amor, pero sí, será una perra.
Jiang Cheng también merece amor :v y sí, el siguiente cap habrá un punto de vista de él por la situación del Guayabo.
Nos veremos prontooo
