Resumen:
Jiang Cheng pensaba que la traición debería tener forma de un líder de secta.
Notas:
Nuevo capítulo arriba! Perdonen, pero debo cambiar las etiquetas, si bien la violación está implícita, he de prepararlos para la carga psicológica de los próximos capítulos! Disculpenme de antemano. No odien al Guayabo, plissss
Disfruten ;u;
Disclaimer: MDZS pertenece a MXTX
Casus Belli
No tenía la noción de cuánto tiempo había transcurrido.
En la lóbrega oscuridad que le arropaba, Wei WuXian había perdido el raciocinio y la capacidad de saber dónde se hallaba, o qué época era. El último vestigio de reminiscencia que tuvo antes de que le abandonara la consciencia, fue la escena de la reunión, donde había aceptado el infame castigo por sus actos pasados.
Entendía que, debido sus anteriores crímenes, no merecía perdón alguno. Comprendió muy bien que buscaran de asesinarle, desterrar su alma al más allá para nunca reencarnar; pero lo que no podía dilucidar era cómo aquellos seres, que se llamaban a sí mismos Ancianos, serían autores de ese horrible castigo que le fue impuesto.
El solo pensarlo le provocaba un espantoso hundimiento en su corazón.
Así no era cómo se suponía que se debe formar una familia.
Intentó sonreír, sin embargo, el gesto nunca llegó a sus labios. Intentó detenerlo, pero no pudo: un sollozo escapó en su lugar.
Ni siquiera podía abrazarse. Estando tendido en una base de piedra, fría y húmeda, con sellos demoníacos en sus extremidades, sujetándolo firmemente, Wei WuXian, lloró.
Los gimoteos bajos y quedos se rompieron en llantos incontrolables.
Tenía miedo.
Se sentía impotente. Como un débil e indefenso ser humano.
¿Dónde estaba Lan Zhan? Oh, Lan Zhan, otra vez lo abandonaba.
Wei WuXian aceptaba que la gente lo odiara por sus acciones. Él nunca consideró algo más allá fuera de eso. Pero, en ese momento, ese amargo sentimiento lleno de ira y rencor, se apoderó de su corazón. ¿Cómo se atrevían a juzgarlo de esa manera? La humillación coloreó sus pómulos, húmedos en agua salada.
Los mataría, mataría a esos Ancianos.
Una extraña y tenebrosa brisa surcó aquel recinto, desvaneciendo sus oscuros pensamientos. Ese lugar parecía tener toda el aura de ser una cueva subterránea. Inevitablemente se crispó, sintiendo los vellos de su piel erizarse. Su cabeza se alzó, los mechones azabaches ocultaron apenas su visión, pero pudo darse perfecta cuenta de que su desnudez era obvia. Frunció el ceño, sintiéndose muy avergonzado.
En el pasado, un escenario así no lo hubiera hecho sentirse patético. Pero en ese momento, por extraño que sonara en su mente, así se sentía.
Ese escenario sólo acrecentaba su debilidad.
En sus lóbregas reflexiones, cada vez más aciagas y suicidas, pensaba, hallando la forma de tratar de escapar. Sí, él estaba consciente de que había hecho un trato. Pero no se las iba a dejar fácil a aquellos horribles seres que sólo buscaban explotarle como mula.
No pudo evitar pensar en Manzanita.
Suspiró con exasperación, acomodándose en la imposible posición que se hallaba. Obviamente los sellos en sus extremidades tampoco ayudaban, teniéndole así, extendido boca arriba y desplegado como un pollo, listo para ser asado.
Su estómago rugió. No pudo evitar que el suspiro se tornara en resoplido.
El débil cuerpo de Mo Xuanyu pedía comida.
¿Quizás si gritaba por servicio a la habitación tal vez le complacerían…?
Abrió la boca, dispuesto a lanzar una bocanada de gritos y retahílas; pero del fondo de la cueva, en la húmeda pared de piedra unas líneas de brillante color violeta se dibujaron, esbozando cuatro grandes surcos en forma de rectángulo. Hubo un chasquido, y la pared se superpuso sobre la otra, deslizándose luego a la derecha, lentamente.
La línea de pensamientos de Wei WuXian se detuvo de forma abrupta cuando vio ingresar a unos de esos Ancianos. Parecía ser el líder de los otros. La vestidura negra que envolvía su cuerpo sólo acrecentaba la palidez de su envejecida piel. Sus cabellos eran fuliginosos, pero extrañamente cortos. El aire de inmortalidad sólo se podía percibir en su mirada.
Sus rasgos no tenían la finura que profesaba.
Wei WuXian le regaló una socarrona sonrisita.
Sonrisa que desdibujó cuando el Anciano le correspondió. Aun así, Wei WuXian no se dejó amedrentar.
—Muero de hambre, espero que el congee tenga la textura ideal, si no hablaré con el administrador del lugar, porque su servicio es un asco.
La sonrisa en el rostro del Anciano creció—: me alegra que tengas energía suficiente —dijo, no respondiendo a la provocación. Sus pasos lentos y seguros lo alejaron del umbral, acercándose a la base de piedra gris donde yacía el cuerpo de Wei WuXian. Con suavidad, tocó su muslo derecho, apretándolo—. Espero que la conserves para cuando llegue tu parte del trato, es en unas horas.
El estómago de Wei WuXian se apretó, el hambre desapareciendo con pasmosa velocidad para dar paso a la aprensión; una sensación nauseosa nació, acrecentándose cuando ese horrible Anciano comenzó a subir su mano por el surco níveo de sus muslos, fríos y húmedos.
Quiso alejarse.
No pudo moverse, el pánico y la ira se manifestaron en su rostro.
El Anciano nunca dejó de observarle, y cuando Wei WuXian pensó que sucedería lo inevitable, aquella mano mustia se alejó. La piel que tocó se sentía más fría, más sucia.
Sintió las esquinas de sus ojos comenzar a picar, su rostro se tiño en grana vergüenza.
—Tranquilo, no debes temer. De todas formas, no seré yo quien tenga el honor de tal acción —dijo el Anciano, en cinismo aplacamiento. Wei WuXian apretó los dientes, gruñendo.
—¿Crees que será fácil ponerme una mano encima cuando me liberes? —amenazó, chasqueando sus dientes en un siseo.
El Anciano, lejos de sentirse intimidado, sonrió. ¿Cómo podía sentirse intimidado cuando parecía un animal acorralado? La mano que sostuvo su muslo anteriormente pasó a tocar las lisas hebras de su cabeza. Wei WuXian la giró, en un vano intento por alejarse de aquel toque, pero ese ser, lejos de sentirse amedrentado por su hostilidad, lo acarició un poco más, antes de que sus dedos se enterraran en sus cabellos, apretándolo con brutal fuerza.
No pudo retener el quejido que brotó de sus labios agrietados. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Dolía, dolía muchísimo. Su cabeza iba a explotar. El Anciano solo amplió su sonrisa al ver el rostro contrito de la persona que yacía bajo sí. Se inclinó un poco, sus labios acariciando la oreja del otro, y susurró.
—Esperaba que dijeras eso.
Mientras le sostenía con brutal fuerza, la otra mano del Anciano se internó dentro de sus túnicas negras, sacando un pequeño frasco de cristal que contenía un sospechoso líquido de matiz grisáceo, se veía enfermizo. Wei WuXian lo observó de soslayo, con las lágrimas a segundos de derramar empañando su mirada. No sabía qué era aquello o qué efecto podría tener en su cuerpo. El surco de sollozos volvió abrirse paso sobre sus mejillas, sin poder evitar la vergüenza que venía con la acción, su cuerpo endeble demostrando impotencia. En su antiguo cuerpo, lleno de un poderoso cultivo, desechar un líquido así habría sido un problema menor.
Ahora estaba seguro que no podría hacerlo. Y ellos lo sabían.
El Anciano se llevó el pequeño frasco a la boca, quitando el tapón con sus dientes inmaculados. Con lentitud pasmosa, el borde lo llevó a los labios de Wei WuXian. Por instinto, él cerró la boca, tozudo. La mano que sostenía con ímpetu sus hebras, se apretó con fuerza, haciéndole soltar otro quejido sollozante.
Fue inevitable para él abrir sus labios en otro gimoteo, y el Anciano aprovechó el momento para meterle con violencia todo el líquido en la boca. Desechó con rapidez el frasco en el húmedo suelo de piedra para utilizar su mano y bloquear el canal de su respiración, obligándole así a consumirlo todo. Wei WuXian pensó que sería más fácil ahogarse hasta morir, pero no quería dejar solo a Lan WangJi otra vez…
No quería morir.
Pasaron los segundos, y se vio obligado a tragar el líquido. Sólo cuando lo hizo completamente el Anciano se apartó, liberándole del mortal agarre que tenía sobre su cabello. No pudo evitar el suspiro aliviado que escapó entre ligeras expectoraciones.
Cuando pudo recomponerse, encaró al Anciano con cólera, abandonando el cinismo y la burla que utilizaba para ocultar sus oscuras intenciones—: ¿qué fue eso, maldito viejo?
Había perdido la compostura, pero no le importaba. Al momento que tragó aquel líquido glutinoso, comenzó a sentir un extraño calor que se extendía del centro de su abdomen, de su vientre. Su mirada bajó a ese punto en específico, y el Anciano le sonrió, siguiéndolo con su vista también.
—No pensé que actuaría tan rápido, eso demuestra lo compatibles que son —habló en Anciano, más para sí mismo que alguien en particular.
Wei WuXian gruñó, el miedo arropándole. Comenzó a sudar.
—¡¿Qué era eso?! —gritó, incapaz de contener el quejido que salió de sus labios.
Dios mío, qué le había hecho.
La sonrisa del Anciano se acrecentó.
—Sólo un pequeño aliciente —comentó, su mano volvió a acariciarle el cabello que ya estaba pegajoso. Se acercó una vez más al rostro sonrojado de Wei WuXian, el vaho tibio que salía de sus labios ya era visible—, para que te tomes la situación con placer.
En la bruma nebulosa de sus pensamientos, Wei WuXian susurró un nombre en medio de suplicas desesperadas. No podía seguir pensando con raciocinio, su mente se perdía.
En sus pensamientos, gritó—: ¡Lan Zhan, Lan Zhan. Por fav-!
Sólo que no fueron en sus elucubraciones. La cueva subterránea resonó, haciendo eco del nombre de ese individuo que Wei WuXian mantuvo en su memoria, hasta que la última reminiscencia de su raciocinio se marchitó.
Era un pergamino lo que yacía esbozado sobre el escritorio.
Jiang Cheng entrecerró los ojos en sospecha.
Desconocía el sello que yacía esbozado sobre el gran pliego aperlado. Un sello de color rojo sangre, y Jiang Cheng no dudaba que fuera sangre real. Era un encantamiento demoníaco, podía percibir su oscura y abominable aura, lamiéndolo.
No pudo evitar el estremecimiento que lo abrumó.
El tiempo transcurrió, embargado en sus elucubraciones, pero para otras personas ese tiempo de meditación, pareció de indecisión. No era como si hubiera otras personas en el recinto. Jiang Cheng estaba solo con el Anciano en su estudio, los otros ya habían pasado por la prueba: él era el último.
Sabía que era el último porque cuando salió Nie Huaisang de la habitación, pálido como la nieve, le informó que los demás ya estaban en el salón, aguardando.
La actitud de Nie Huaisang sólo acrecentó su desconfianza.
Chasqueó los dientes en desdeñoso recelo.
A su lado, en la parte de atrás, el Anciano pareció suspirar, pero Jiang Cheng no tenía certeza de ello.
—No temas, líder de secta Yunmeng-Jiang, el sello es perfectamente seguro, sólo debe colocar una gota de su sangre en el mantra para verificar la compatibilidad —aseguro el Anciano con voz nerviosa, y Jiang Cheng se percató de que éste no era el líder.
El líder seguramente le hubiera sonreído, como si fueran buenos amigos.
Su labio se torció en disgusto, negándose a responder. Él no era ignorante en esos asuntos, había investigado un poco cuando Wei WuXian estaba bajo su mandato. Después de todo, uno siempre debería estar cerca de sus amigos, y aún más cerca de sus enemigos.
Sus ojos violetas viraron a la derecha del pergamino: había una pequeña daga de oro ennegrecido. Tenía esbozada sobre la hoja bifurcaciones elípticas que desconocía, parecían recitar algo en un lenguaje antiguo. La agarró con seguridad, y presionó sobre su índice, profundo, hasta que comenzó a sangrar.
La duda de Jiang Cheng no era por la aprensión.
Él se preguntaba si esa sangre esbozada, esa maldita sangre, pertenecía a Wei WuXian.
Cerró los ojos, y la gota carmesí cayó en el centro del sello.
Cuando los abrió, observó con morbosa fascinación cómo su sangre se esparcía en ramificaciones borgoñas sobre cada punto del sello demoníaco. Ese sello parecía succionar su sangre, le fue inevitable el estremecerse ante la vista.
Era absolutamente fascinante. Tan fascinante como abominable.
Cuando su sangre desapareció en los puntos del sello demoníaco, éste fue desapareciendo también con lentitud, dando paso a que se esbozara una serie de cifras que no podía comprender. El Anciano, uno de los siete, caminó con premura hasta posarse a su lado, al frente del pergamino, tomando nota de los números que surgían, con avidez. Parecía fascinado con el resultado, y Jiang Cheng no pudo evitar preguntar:
—¿Qué significa? —demandó, no queriendo sonar ansioso por la consecuencia.
No sabía si quería ser guardián de Wei WuXian.
No sabía qué esperar.
El Anciano no respondió de inmediato, cuando terminó de anotar los números que aparecían, su mirada se posó finalmente sobre él, sus ojos brillaban—. Líder de Secta Yunmeng-Jiang, este es el resultado final, debemos evaluarlo con el Venerable, sólo él nos dará una respuesta adecuada —explicó, doblando con prolijo las anotaciones que había escrito. Luego de eso le dio una leve reverencia—. Por favor, espere con los otros líderes en el salón. En breve minutos se le dirá el resultado —dijo, saliendo con premura del recinto, dejando la puerta del estudio entre abierta.
Jiang Cheng se permitió un minuto de consuelo antes de salir, las piernas le temblaban.
Salió, caminando por el estrecho pasillo sin ventanas. Si no fuera por las linternas que apenas alumbraban, caminaría a ciegas por la oscuridad. No era un problema para él, pero sí una molestia menor.
Al final del pasillo estaba ubicado el salón principal de las reuniones. Cuando salió, pudo observar desde una perspectiva amplia a los individuos que estaban en el lugar. Había pequeños cojines azabaches desperdigados a cada costado del salón. Esa estancia también era oscura, linternas rojizas iluminaban con luz tenue. Si no fuera porque los cristales sobre sus cabezas dejaban pasar cierta luminiscencia del día, dudaría que pudieran verse en aquella oscuridad intencionada.
Hubo un momento de duda al posar su pie derecho en el primer mosaico del recinto, cuando decidió contempló mejor a los individuos. A un costado izquierdo del salón, había tres cojines negros, y sobre esos cojines estaban tres personas sentadas en lateral. El líder de la secta Jin Lanling estaba sentado a un lado, muy cerca del líder de la secta Gusu Lan. Al izquierdo de Lan Xichen estaba un silencioso Lan WangJi, escuchando el parloteo incesante que se transformaba Jin Guangyao en presencia de Zewu-Jun.
Se veían alegres, conversando en voz baja. De vez en cuando ambos parecían notar la presencia taciturna de Lan WangJi, y lo incluían por cortesía, pero era obvio que ellos no parecían percibir en ese momento la molestia ansiosa del Segundo Jade de Lan, más enfrascado en su conversación íntima que otra cosa.
Se negó a sentirse amargo ante la vista. Ellos podían conversar íntimamente hasta que el creador destruyera su mundo, y Jiang Cheng jamás podría sentirse agrio por ello. El sólo pensarlo era ridículo. Bufó, desdeñoso, pero no pudo negar la molestia que surgió en su corazón al observar al inmoral líder de secta Jin Lanling tocar el antebrazo de Zewu-Jun mientras su cabeza ligeramente rozaba su hombro, riéndose de quién sabe qué estupidez.
Desvió la mirada antes de que sus instintos asesinos se manifestaran en su rostro. Enfocándose en el lateral derecho, frente a la entrada del pasillo, estaba Nie Huaisang observándole. Su abanico ocultaba la mitad de su rostro, pero aun así fue visible para Jiang Cheng la sonrisa que le regaló, reservada tras el abanillo. Decidió caminar en su dirección.
El primer paso que dio fuera del pasillo hizo eco, y pudo observar de soslayo como Lan Xichen con rapidez dejaba la conversación para posar sus ojos dorados sobre él. El rostro de Jin Guangyao se transformó en una expresión complicada que le fue difícil entender, pero aun así no pudo evitar la ligera petulancia que creció en su pecho al saberse visto por el líder de la secta Gusu Lan.
Petulancia que asesinó con rapidez. A él no tenía por qué interesarle las atenciones de Lan Xichen. Se las regalaba a Jin Guangyao, él definitivamente no las quería.
No notó que sus pasos se hicieron rápidos para llegar al frente de Nie Huaisang. Pero cumplió con su cometido. El suplente temporal de la secta Qinghe Nie le dio un arco de reconocimiento, y Jiang Cheng casi olvidó sus modales ahora que estaba finalmente en territorio conocido. Le correspondió con ligera torpeza que se negó a admitir, sonriéndole un poco.
—Jiang-Xiong —saludó Nie Huaisang con familiaridad, cerrando su abanico para darle una sonrisa nerviosa de bienvenida.
—Nie-Xiong —le correspondió Jiang Cheng, sonriéndole levemente.
Dio un aspaviento con su mano, invitando a Nie Huaisang a que primero se sentara en los cojines. Él asintió con nerviosismo, sus mejillas se tiñeron de carmesí. Jiang Cheng pensó que se veía adorable, como un perrito pequeño que apenas sabe cómo caminar. Alejando esos pensamientos, se sentó también en el cojín, al lado de Nie Huaisang, ignorando de forma magistral la mirada punzante de Jin Guangyao, y la afligida de Lan Xichen. Ya no conversaban.
Casi rió con sorna.
A su lado, Nie Huaisang se removió en su asiento, sacando el abanico con rapidez para ocultar la expresión que se dibujó al momento de hablar—: Jiang-Xiong, ¿conoces el resultado de…?
Jiang Cheng negó con la cabeza—: Informaron que el Anciano líder daría los resultados pronto.
Nie Huaisang suspiró, comenzando a abanicarse el rostro—. También me dijeron lo mismo, lo que no entiendo es por qué darán el resultado público si fueron celosos de guardar el resto de la información.
De inmediato, Jiang Cheng estuvo de acuerdo con su comentario. Llevándose una mano al mentón, respondió—: Asumo que llamarán a la persona, y a ésta la dirán la información más vital.
Se quedaron en un cómodo silencio después de lo último mencionado, cuando del pasillo por donde había salido Jiang Cheng, emergió un Anciano con premura: era el mismo que los había acompañado en el análisis. De sus ropas interiores extendió un pergamino, y lo leyó—: Líder de secta Jin Lanling y Hanguang-jun, por favor acompáñenme.
El silencio que le siguió a esa declaración fue espeso. Jiang Cheng no daba crédito, ¿dos resultados exitosos? ¿Acaso no era uno quién saldría como ganador? Era alucinante pensar que la secta Jin Lanling y la secta Gusu Lan se disputarían a un criminal como Wei WuXian.
Jiang Cheng no quería admitirlo, pero en el fondo, sentía el alivio sentir de no haber aparecido en el resultado.
No sabía qué haría con Wei WuXian una vez que éste estuviera bajo su poder.
Cuando pasó el desconcierto, Lan WangJi fue el primero en liderar la comitiva, seguido de un Jin Guangyao que se incorporó de su asiento con la considerada ayuda de Lan Xichen. El rostro del líder de la secta Gusu Lan se veía oscuro, preocupado.
¿Qué haría Lan Xichen si Jin Guangyao resultaba ganador?
Jiang Cheng dibujó una sonrisa en sus labios que no ocultó, eso era algo que visualizaría en primera fila.
—Esto es interesante: uno es compatible físicamente, y el otro espiritualmente —dijo el Anciano líder, divertido, al visualizar las expresiones de desaliento esbozadas en los rostros de los individuos que tenía frente a sí, al otro lado del mesón.
Elevó su mano en un ademán gracioso, consintiendo que ambos se sentaran en los cojines que yacían juntos al otro lado. Cuando lo hicieron, Jin Guangyao fue el primero en hablar—: Venerable, aunque puedo dilucidar quién es la persona compatible espiritualmente, ¿podría explicarnos cómo manejar esto de una manera que no afecte nuestra posición como líderes de secta?
El Anciano permaneció en silencio unos segundos, considerando su respuesta. Cuando llegó a una conclusión, la pregunta que formuló, desconcertó tanto a Jin Guangyao como a Lan WangJi.
—Líder de secta Jin Lanling, ¿sabes a qué persona pertenecía el cuerpo que ahora habita el alma del Patriarca Yiling?
Jin Guangyao negó con la cabeza, y Lan WangJi se tensó en su asiento. Sus puños se apretaron con fuerza sobre sus muslos. El Anciano líder consideró el silencio como aliciente para continuar—: El cuerpo perteneció a Mo Xuanyu.
Los ojos de Jin Guangyao se abrieron en sorpresa, un leve jadeo desquebrajó su imagen de confianza y serenidad. A su lado, los nudillos de Lan WangJi se tornaron níveos, sus labios se apretaron evitando decir algo que pudiera comprometer aún más a Wei WuXian.
—No sabía que pertenecía a Mo Xuanyu…
El Anciano le regaló una sonrisa condescendiente—: ¿Ahora entiendes por qué eres compatible físicamente?
Era poco sabido que Mo Xuanyu sintió debilidad por el ahora líder de la secta Jin Lanling. Que ellos tuvieran conocimiento de eso, sólo aumentaba su aprensión al saber que su red de información era más amplia de lo que imaginaban.
El mutismo se hizo más espeso y largo esta vez, el Anciano líder observaba, entretenido, dilucidando cómo los engranajes y las tuercas de sus elucubraciones iban moviéndose más rápido, buscando una imposible solución al evento que se expandía frente a sí.
Cuando vio que ninguno parecía dispuesto a inquirir alguna otra duda, dijo—. En vista de la situación, descartaremos primero la compatibilidad física —explicó, como si se tratara de un experimento sin importancia. En efecto, así era para ellos. Jin Guangyao abrió la boca, pero el Anciano líder le cortó con un ademan de su mano, observándole serio, pero la pequeña sonrisa dibujada en sus labios no mermó—. Serás el primero en pasar. Te daremos una semana para ver resultados favorables, si no, procederemos con el que es compatible espiritualmente.
—¿Qué resultados esperan? —preguntó Lan WangJi, temiendo la respuesta.
La sonrisa en el rostro del Anciano líder se amplió, las arrugas acrecentándose, dándole un aspecto de viejo endeble y candoroso.
—Hanguang-jun, creemos que eres más inteligente que esto.
Jin Guangyao suspiró, dirigiéndose a Lan WangJi—: Se espera que uno de nosotros conciba con éxito.
Lan WangJi lo sabía, de alguna forma, esa treta que estaban planeando. ¿Toda esa pantomima era para tener como mula de carga y cría a Wei WuXian?
No era sólo eso, había algo más. Algo más profundo.
Lan WangJi observó directamente los ojos cerúleos de aquel Anciano—: Wei Ying no consentirá esto con facilidad —dijo, deseando creerlo. Pero sabía que los Ancianos encontrarían una forma de persuadirlo.
—No debes temer, Hanguang-jun, el Patriarca Yiling está más que dispuesto.
De alguna forma, aquello dicho sonaba realmente mal. Era horrible pensar de qué forma lo obligaron a disponerse. Lan WangJi abrió la boca, pero no pudo emitir sonido alguno. ¿Qué podría decir, que sirviera para alargar más aquel tortuoso asunto? El Anciano líder pudo dilucidarlo, porque por respuesta alzó sus dedos, lanzando un chasquido al aire.
Tras de él, la pared de lienzo verde se transformó en rugosa piedra gris: era una ilusión muy bien creada. Otro crujido más, y unas líneas violetas bifurcaron alrededor de la pared de piedra, dibujando con destellos una puerta que se separó ominosamente.
Apenas se abrió, unos gritos desgarradores resonaron en el estudio. Lan WangJi se incorporó con rapidez de su asiento, el cojín azabache voló lejos ante la ráfaga de viento y poder espiritual que salió en su momento de sorprendido enojo. Sus ojos abiertos, en silencioso horror, observaban la oscuridad de la cueva, de donde provenían los gritos y gimoteos. Sin pensarlo una segunda vez, saltó sobre el escritorio, dispuesto a entrar por el quicio de aquel umbral, pero el Anciano líder con rapidez sacó de sus mangas varios sellos demoníacos en forma de látigo que enrollaron todo el cuerpo de Lan WangJi hasta el cuello.
Cayó al suelo con un sonido sordo, al frente del umbral que daba la entrada a la cueva, a pocos pasos de ella, tan cerca y a la vez tan lejos.
—¡Wei Ying! —gritó, sólo para escuchar cómo los gimoteos subían en intensidad, exclamando ininteligibles palabras.
El Anciano líder se incorporó de su asiento, rodeándolo mientras le observaba. La sonrisa había desaparecido de sus facciones, antes joviales.
—Hanguang-jun, cálmese por favor, no queremos que el Patriarca Yiling pague las consecuencias de sus acciones, ¿verdad?
Lan WangJi no respondió. Su cabeza giró en dirección a Jin Guangyao, que le observaba con pesar. Él negó con la cabeza, contrariado y amargo, y Lan WangJi oscureció su mirada con dolorosa realización.
No podía salvar a Wei WuXian de ese horrible destino. Una vez más, le fallaba.
En impaciente espera, el Anciano habló—: Líder de secta, si me hace el honor de acompañarme.
Hubo segundos de duda en el semblante de Jin Guangyao, antes de que finalmente se incorporara del cojín donde yacía sentado. Cruzó alrededor del maniatado Lan WangJi. Y antes de entrar, le observó en silencio. Unos segundos más pasaron, hasta que Jin Guangyao le dio una reverencia profunda. Cuando se incorporó, su rostro estaba oscurecido en culpa.
—Hanguang-jun, espero que puedan perdonarme.
Cuando entró finalmente, el oscuro umbral de la cueva se desvaneció, y la pared volvió a su lugar, con ello llevándose los clamores desesperados de Wei WuXian.
El silencio de aquel recinto, de algún modo, fue más tormentoso que los gritos. Lan WangJi no pudo evitar que las imágenes inundaran su mente, torturándolo.
Lan WangJi no se percató de sus mejillas húmedas cuando gritó:
—¡Wei Ying!
Notas: Por favor, díganme si les gustó!
