Resumen: ¿Cómo el líder de la secta Gusu Lan puede manejar el sentimiento de traición a pesar de que él también fue victima? Bueno, de la misma forma que Jiang Cheng pudo.

Notas: Holaaa gente bonita! Cómo están, espero que bien. Vengo con una nueva actualización de Casus, esperando que la encuentren de su agrado.

Y no me odien, plis ;u;

A todas las personas bonitas que han dejado review, GRACIAS, me hacen feliz :u:

Disclaimer: MDZS pertenece a MXTX

Casus Belli

Quebrado

Los días murieron con parsimonia, y transcurrieron, casi con dolor, hasta que el tercer día fue enaltecido en el cielo carmesí. Tres días, y aún era incapaz de atender el imprudente ruido que era la voz de Wei WuXian.

Esa insolente voz en un pasado lo había irritado en sobremanera, pero ahora, esa voz se perdía en sus remembranzas, siendo sustituidas por gemidos, unos alaridos que perturban su consciencia.

¿Olvidaría cómo suena la voz de Wei WuXian?

Aún no podía escucharlo, pero en su mente, él gritaba, suplicando.

Tres días había transcurrido.

Practicar la inedia era costumbre en el mundo de la cultivación.

Pues en esos tres días, sin algo líquido o sólido en su estómago, en cruenta espera ahí, meditando, frente a la pared gris que parecía burlarse de la desdicha que su cuerpo emanaba, yacía Lan WangJi, aguardando.

Esperando a que la tortura finalmente culminara.

Día y noche se pintaron en el cielo sin que Lan WangJi pudiera percatarse de ello.

Ojos cerrados y corazón marchitado, parecía que la desdicha le había agotado el llanto. Ojos cerrados, y ceño fruncido: una desviación de qi sólo podía ocurrir si su espíritu yace perturbado. ¿Lo está? No posee consciencia de ello. Él sólo sabe que, si esperó trece años, podría esperar una eternidad por ver su rostro sonriente una vez más.

—Hermano…

Había una voz sonando en la lejanía. Era una voz que conocía.

Un suspiro quebró el silencio, seguido de unos pasos dubitativos haciendo eco en el recinto. Tres días había pasado, y tres veces el Primer Jade de Lan fue a verlo. Esa era la tercera vez que volvía a llamarle "hermano".

Lan WangJi desconoce la palabra. Desconoce todo lo que no tiene que ver con Wei WuXian.

—Hermano —volvió esa voz, llena de pesar y remordimiento, a romper su silencio autoimpuesto—. Hermano, debes descansar… recuerda que dijeron una semana.

Lan WangJi no era sordo, él había escuchado bien.

—Una semana será —sentenció, la voz salió ronca, sin uso.

Un suspiro brotó del Primer Jade de Lan, suspiro que se perdió cuando ambos hermanos escucharon el chasquido ominoso tan familiar de un sello demoníaco ejecutándose para dar paso a un encanto maldito. Los ojos de Lan WangJi se abrieron de inmediato al compás que sus pies cobraban vida para incorporarse de donde anteriormente yacía sentado, en tormentosa meditación. Casi con la misma premura, el líder de la secta Gusu Lan se situó a su costado, ambos rostros llenos de sombría anticipación.

El mismo destello cárdeno se dibujó sobre la pared de piedra, transformándose pronto en una puerta que se deslizó en un siseo protervo.

Al segundo, en la interminable oscuridad que daba la cueva, dos figuras salieron, una menos compuesta que la otra.

Pero no era la figura que Lan WangJi estaba esperando.

Era aquel Anciano líder con Jin Guangyao.

Sintió a su hermano dar un paso tentativo al frente, observando impotente, la imagen que se esbozaba frente a sí. La ansiedad los carcomió a ambos por igual: Lan WangJi esperando ver a Wei WuXian, y su hermano observando con dolor la efigie destruida de su hermano jurado.

Lan WangJi no se esperó observar la perturbada imagen de un líder de secta tan prominente como lo era Jin Guangyao: su vestimenta estaba suelta sobre sus hombros dándole una apariencia de haber sido arrojado a un huracán; los ojos pardos yacían envueltos en oscura neblina, unas ojeras perpetuas pintando con cruenta profundidad sus mejillas, y un sudor extraño manchando su níveo rostro.

La mirada de Lan Xichen se halló perdido en la contraria. Cuando se contemplaron, parecieron reconocerse. Jin Guangyao le regaló una sonrisa rota antes que sus rodillas conectaran con el suelo. Hubo un "ah", que se perdió en el aire; y Lan WangJi pudo observar a su hermano perder la compostura de su rictus sereno, correr e hincarse, para inmediatamente sostener la cabeza de un desvanecido Jin Guangyao antes de que ésta conectara con la madera.

Lan WangJi apretó los labios, la ansiedad mellando en su turbado corazón.

Lo único que rompía el silencio era la acuciosa respiración de Lan Xichen. Lan WangJi observaba a su hermano, pero después de contemplar aquello, pensando, no sin creciente aprensión, en la salud física de Wei WuXian, reparó en la figura del Anciano líder. Él se veía más compuesto y menos perturbado. Había un brillo de triunfo en sus ojos que no le agradó. Pero a él no le interesaba si su plan tuvo éxito, sólo quería ver a Wei WuXian y quitar esa ansiedad que le oprimía el corazón como si las nieblas de Cloud Recesses se hubieran asentado, perenne, atormentando sus sentidos en vez de sosegarlo.

Antes de que Lan WangJi perdiera la poca cordura que quedaba en su raciocinio, el Anciano líder recién contempló la figura desmayada bajo sus pies. Esbozó una tenue sonrisa cansada y dijo—: Líder de la secta Gusu Lan, no debe temer, sólo está agotado.

Nadie pudo responder, ni siquiera su hermano, yaciendo ahí, sosteniendo el cuerpo roto de Jin Guangyao, demasiado frio como para pensar que sólo estaba durmiendo. Parecía haber perdido todo su poder espiritual, dejándole lo justo para sobrevivir.

Como si el Anciano líder hubiera leído sus pensamientos, continuó—: Tiene pocas reservas espirituales, su cultivo está al límite. Le sugiero que lo lleve a descansar y lo cuide.

¿Qué le habían hecho?

Si era así con Jin Guangyao, ¿qué le hicieron a Wei WuXian?

El pecho de Lan WangJi se oprimió, arrancándole el poco aire que poseía.

—Wei Ying… —logró pronunciar Lan WangJi en un inconexo siseo.

El Anciano líder le observó de pronto, y su rostro sonriente desapareció para dar paso a una mirada llena de agudo escrutinio, como si de pronto estuviese pensando qué hacer con su persona.

A Lan WangJi no le agradó esa mirada.

—Hanguang-Jun, disculpe mis modales, no sabía que estaba aquí —comentó en un ademán de disculpa, dándole una venia.

Su mordaz forma de tratar hacía sentir a la gente inútil, sin comprender si él de verdad estaba excusándose o sólo apelando a su gélida deferencia. No tenía tiempo para pensar en ello, mucho menos para las formalidades. Él deseaba ver a Wei WuXian, sólo así su alma podría volver a pensar con normalidad.

—Wei Ying —volvió a repetir, poco importándole si volvían a otra guerra sólo porque ofendió a uno de los seres más poderosos que habitaban ahí.

Pero, para su disgusto, el Anciano líder volvió a sonreír, esta vez con ligera condescendencia.

—Ah, sí, el Patriarca Yiling —dijo, como si rememorara un recuerdo muy grato para él—. Está dentro esperándote. ¿Sabías que nunca dejó de decir tu nombre? Bastante persistente.

Lan WangJi no comprendía un sentimiento tan banal como el odio. Pero sí la creciente ira.

Sin reparar un segundo en el estado del Segundo Jade de Lan, el Anciano líder continuó—: Puedes pasar, lo acabo de limpiar para ti, pero no lo uses mucho porque está débil.

Haciendo a un lado las provocaciones, Lan WangJi ingresó al recinto. En el umbral, dijo—: Cierra —demandó, no importándole si sonaba como orden o pedido.

El Anciano líder tuvo el descaro de reír con agrado, antes de cumplir con su demanda. La puerta creada por el encanto demoníaco desapareció, arropando a Lan WangJi en la oscuridad. Le costó adaptarse a la penumbra cuando varias linternas rojas se prendieron al unísono alrededor del recinto. Era un perímetro circular.

Sin embargo, Lan WangJi no tuvo tiempo de ponerse a estudiar el recinto, porque en el centro, una base de piedra se esbozó frente a sus ojos, y sobre esa base, en completa desnudez, hecho un ovillo, se dibujó el cuerpo de Wei WuXian. Sus ojos se ampliaron, una emoción complicada de ira y alivio apretujaron su corazón, buscando quién podía ganar esa batalla.

—¡Wei Ying! —gritó, corriendo hasta la base de piedra.

De inmediato se quitó la túnica exterior, colocándola sobre el cuerpo de Wei WuXian. Vio cómo los ojos malva de él se abrían con alarma, alejándose rápidamente del toque.

—¡No!

Los ojos de Lan WangJi se llenaron de dolor contenido, pero entendió su reaccionar.

—Wei Ying, soy yo —dijo en voz baja, esperando.

Recién pasaron unos segundos cuando los ojos atormentados de Wei WuXian se ampliaron en reconocimiento. Luego, una sonrisa rasgada se dibujó. Sus hebras estaban desperdigadas por todos lados, envolviéndolo, pero aun así Lan WangJi de inmediato lo cubrió con su túnica y Wei WuXian respiró el olor a sándalo que despedía, sintiéndose más tranquilo, como si esa fragancia alejara a los demonios que lo perseguían.

—Ah, Lan Zhan —gimió quedo, sus manos agarraron la túnica, apretándose más contra ella. Lan WangJi acortó la distancia que los separaba y se sentó a su lado. Wei WuXian de inmediato se acurrucó en su cuerpo, su piel buscando cálido consuelo.

—Wei Ying-

—Creo que ya me volví loco —dijo de repente, su voz sonaba quebrada, escondida en su pecho—. Te llamé Lan Zhan, y nunca apareciste, te llamé tanto, tan alto, que mi voz se rompió, ¿de verdad eres Lan Zhan?

Había humedad, pero Lan WangJi no sabía si era por su túnica empapada o por sus mejillas, de pronto frías.

—Soy yo, Wei Ying —afirmó, sus brazos afianzándose al cuerpo que temblaba sobre sus muslos—. No te dejaré; llamarás, y te encontraré.

Deseó creérselo.


Habiéndose cumplido con éxito su cometido, el Anciano líder no tenía motivos para permanecer en el estudio. Dejó a los Jades de Lan lidiar con sus asuntos, y se retiró, quizá con demasiada premura.

A medida que caminaba, podía percibir los huesos de su cuerpo crepitando con cada paso que daba. Una de sus manos se alzó, acariciando las oscuras hebras de su cabello, y cuando la bajó, notó con indiferencia un grueso mechón en la palma de su mano nívea, haciendo contraste.

Un suspiro desdeñoso amenazó con salir, pero lo contuvo, casi al instante esbozando una sonrisa.

Sus pasos lo guiaron al final del pasillo externo del ala norte, dirección contraria a los pabellones privados de los líderes. De inmediato, ante su presencia, un pentagrama ambarino se dibujó en la pared, desapareciéndola al instante. Ingresó con cuidado, al momento la pared volvió a establecerse, el encanto sellándolo.

Una vez dentro, sus piernas no soportaron el peso y se quebraron a la altura de la articulación principal.

No pudo contener el suspiro desdeñoso que salió, acrecentándose cuando uno de los seis Ancianos le ayudó a incorporarse.

—Este cuerpo ya no sirve, prepara el siguiente —demandó a uno de los Ancianos que estaba cerca de los contenedores, éste inmediato acató la orden.

—Venerable, esos cuerpos duran poco cada vez… —dijo en voz baja el que lo tenía sujeto. El rictus preocupado de su mirada en realidad era de pánico.

—No hay que temer —espetó, dibujando una sonrisa leve que no demostraba su estado de ánimo—. Mientras haya energía espiritual, habrá cuerpos para crear.

Y mientras más cuerpos crearan, perfectos serían.


Había utilizado una gran cantidad de energía espiritual, pero Jin Guangyao aún no recuperaba el color en sus mejillas. Incluso parecía más pálido y frío de lo habitual.

Preocupación surgió, manchando el rostro tranquilo de Lan Xichen.

Ahí en la cama, con su túnica interior de seda como única vestimenta, y su cabello disperso sobre el lienzo blanco, parecía un perfecto cuadro fúnebre que nunca desaparecía de su mente. Si no fuera por los lentos latidos de su corazón y el inconexo compás de su respiración, Lan Xichen creería que había muerto.

Un carraspeó sonó tras él. El líder de la secta Gusu Lan se giró levemente, observando de soslayo que en el umbral yacía el Anciano líder con un pequeño frasco en la mano. Dicho recipiente tenía en su interior un líquido de color rojo.

—¿Cómo se encuentra el líder de la secta Jin Lanling? —preguntó en saludo, ingresando a las habitaciones privadas de Ji Guangyao sin considerar si sería bienvenido.

No era como si hubiera quien pudiera recriminarle.

Lan Xichen negó suavemente con la cabeza. Unos pasos más adelante, el Anciano líder acortó la distancia que había entre ellos, situándose a su costado, frente a la cama donde un Jin Guangyao frío, como la nieve, reposaba. Ahora que estaba cerca de él, pudo percatarse de sus facciones.

Sabía que un cultivador destacado podía vivir en tranquilidad cientos de años; más, uno como aquel Anciano líder que poseía un inconmensurable poder espiritual.

Pero, ¿ese día no se veía particularmente "marchito"?

Lan Xichen no sabía qué edad podía tener sobre sus hombros aquel siniestro individuo, pero tenía la ligera certeza de que poseía varias centurias pesándole cruentamente.

—¿Hay algo en mi rostro que le resulte atractivo, líder de secta? —preguntó el Anciano líder con ligeros tintes de diversión.

Habiéndose visto descubierto, Lan Xichen lanzó un murmullo bajo en disculpas, avergonzado. El Anciano líder lanzó una ligera risa, y procedió a entregarle el frasco que tenía en sus manos.

—Apenas se despierte, le ordena que beba ésto—explicó, su voz sonando firme, aunque suave en los bordes, pero la orden estaba implícita allí. Cuando Lan Xichen asintió, prosiguió—. Es un restaurador espiritual, mucho más eficaz que cultivarse tres meses para recuperar lo perdido.

Cultivarse tres meses… ¿Tanto?

Se decía en muchos cuentos de camino, que antes de los cultivadores, hubo seres de gran conocimiento que impartieron enseñanzas de encantos y pociones; éstas erudiciones que compartieron, en las manos más capaces, podían curar hasta las enfermedades más mortales. Cuando nació el cultivo, dotando a la gente de resistencia física y mental, ese saber fue quedando en el olvido.

Sin embargo, ese no parecía ser el caso. Cuán antigua debía ser esa persona para tener un conocimiento tal sobre un brebaje que podía restaurar la capacidad espiritual de una pérdida crítica.

Lan Xichen tenía miedo de saber.

Tomó el frasco luego de unos segundos, con un asentimiento reticente. El Anciano líder pareció satisfecho con su respuesta porque también aguardó en silencio.

El mutismo que los embargó no fue incómodo, pero tampoco era algo que pudiese sentirse particularmente agradable. Transcurrió un tiempo más hasta que el Anciano líder retomó la palabra—: Líder de la secta Gusu Lan, hay algo que quería comentarle.

Lan Xichen a su lado alzó su cabeza, su mirada dejó de observar el frasco de cristal con aquel extraño líquido carmesí, para encontrarse en el rostro aún sonriente del Anciano.

—Me hubiera gustado decirle estando en presencia de Hanguang-Jun, pero en vista de las circunstancias, confío en que usted le transferirá correctamente la información —ante el consentimiento de Lan Xichen, continuó—. La concepción fue un éxito.

El estómago de Lan Xichen se hundió, su corazón comenzó a palpitar con rapidez. ¿Concepción? Tenía la vaga idea de lo que podía acontecer en la cueva esos tres días transcurridos, pero, ¿Jin Guangyao logró concebir una criatura con Wei WuXian? No sabía cómo sentirse al respecto.

Sabía que debía esperar a que Jin Guangyao despertara para recibir explicaciones, pero aun así no pudo evitar que la amargura invadiera su corazón.

—Sin embargo —continuó el Anciano líder, al parecer ajeno a las turbaciones del líder de secta—, ha sido algo arriesgado. Debemos monitorear de cerca el estado del Patriarca Yiling en espera de resultados. Lo ideal será aguardar quince días —explicó, llevándose su mano al mentón, mientras proseguía—. Uhm, en el dado caso de que sea un éxito y el espécimen crezca sin incidencias, el líder de la secta Jin Lanling será el guardián del Patriarca Yiling; si no, bueno, comenzaremos de nuevo con Hanguang-Jun. Seguro que el primer día logrará tener una enorme tasa de éxito.

El Anciano líder hablaba, pero no se estaba dirigiendo realmente a Lan Xichen. Parecía divagar consigo mismo sobre el estado de Wei WuXian, como si aquello fuese un nimio experimento por el que debía pasar. Como si Jin Guangyao no fuese más que un ensayo precario al cual no debería tener mucho ánimo de aferrarse debido a las circunstancias, las cuales no era del todo ajeno.

Lan Xichen deseó poder enojarse en nombre de Jin Guangyao y de su hermano, restaurar un poco aquel orgullo, pero, ¿qué podría decir? Ya el daño estaba hecho, Wei WuXian, contra todo pronóstico, desafiaba una vez más las leyes de la naturaleza, quedando en cinta, de nada más y nada menos que de su hermano jurado.

—Y bueno —continuó el Anciano luego de un suspiro—, si Hanguang-Jun no puede, probaremos el análisis con usted.

Fue imposible para él mantener su rostro sereno, fijo en la mirada de aquel Anciano líder. Bajó su cabeza, intentando ocultar la extraña sensación de presión que había en su pecho. Se sintió de pronto enfermo.

Patético líder, ni siquiera podía proteger a Jin Guangyao… o a su hermano.

—Yo…

—Esperemos que su disposición por la vida del Patriarca Yiling sea tan fuerte como la que sientes por el líder de la secta Jin Lanling.

Lan Xichen cerró los ojos, y asintió.


No supo en qué momento sus pies lo dirigieron fuera de la habitación, para ir a caminar por los pasillos de aquella fortaleza. Era de madrugada, y para cuando el amanecer llegara, faltaría un día para abandonar aquel lugar e irse a su secta donde pudiese descansar en paz y tranquilidad.

Sin embargo, para Nie Huaisang no se aplicaba dicha orden. Debió retirarse con premura cuando llegó una misiva de Qinghe Nie: su hermano había despertado del sueño, y los consejeros necesitaban su presencia inmediata. Él asumió que como ninguno de los dos ganó el deleznable análisis, podían torcer las reglas a su conveniencia.

Nunca había visto las lágrimas de alivio y felicidad empañar la mirada de una forma tan abrupta en el rostro de su amigo. Aunque Jiang Cheng pensaba que esas lágrimas se debían a que podía huir de las obligaciones que le confiere ser líder interino de la secta Qinghe Nie.

Casi bufa. Si Nie Huaisang tuviera un poco de confianza en sí mismo, podría llegar lejos.

Sus pensamientos le condujeron lejos de sus habitaciones privadas, notó, no sin cierta molestia. Dudó en retornar, pues aún no percibía la llegada de la somnolencia. Con decisión, siguió caminando por los entresijos que era la oscuridad apenas imbuida en carmesí debido a las linternas, y a lo lejos, divisó una luz ambarina desdibujarse, gracias a la puerta de papel que contenía dentro la mayor luminosidad.

Curioso, se acercó con prontitud, y cuando estuvo cerca, se percató que era el pabellón de Lan Xichen. Sorprendido, decidió tocar la puerta para ver si se había quedado dormido con la linterna prendida, aunque era poco probable. Entrecerró los ojos, divisando que la puerta estaba adosada. De la rendija observó la figura envuelta en túnicas menores, sentado en un cojín oscuro, estaba de espalda.

Sus hombros se venían tensos y parecía temblar cada tanto.

Jiang Cheng consideró retirarse, dejar que Lan Xichen permaneciera en su meditación. Pero no pudo, conocía demasiado bien al líder de la secta Gusu Lan como para permitir que siguiera auto flagelándose.

Lanzó un suspiro exasperado al aire, y deslizando la puerta, se recostó sobre el umbral.

—Quien diría que veríamos al líder de la aclamada secta Gusu Lan despierto a estas horas impías.

Lan Xichen no se exaltó, ni siquiera hubo reacción a su mordaz comentario.

Era peor de lo que pensaba.

Jiang Cheng volvió a suspirar. Deslizó la puerta, cerrándola finalmente. Caminó en dirección a Lan Xichen, y con un destello de su energía espiritual, apagó la linterna que crepitaba en la esquina, ya moribunda. Acortó la distancia que los separaba, arrodillándose de un solo movimiento tras la espalda de Lan Xichen, abrazándolo, sin dar un segundo pensamiento a la acción. Lo sintió estremecerse con más fuerza, y no dudo en cruzar sus brazos por su torso apenas desnudo, la palma de sus manos acariciando en movimientos oscilantes.

Enterró el rostro en su espalda, y dijo—: Sólo te ayudo a restaurar tu qi, aún no te perdono.

Las manos de Lan Xichen apretaron la suya también.

Para cuando el alba pintó los cielos índigos, muchos ojos se abrieron. Uno de ellos pertenecía a Jin Guangyao, quizás estos ojos pardos esperaban encontrar a alguien a su lado, pero fue recibido por una soledad insondable. En cambio, del otro extremo del pasillo, las horas en vela parecieron perpetuas para Lan Xichen, quien no halló la valentía de moverse en la posición que estaba.

El frasco de cristal con aquel líquido carmesí le observaba desde la mesa, burlándose.

Pero incluso cuando su qi fue restablecido, y Jiang Cheng se quedó dormido en sus brazos, no se movió.


Notas:

Lamento mucho si no esperaban que la concepción tuviera éxito. Quizás odien este desenlace pero es justo y necesario para la trama, lo siento muchísimo. En el próximo capítulo Wei WuXian podrá empezar a decidir por su cuenta, aunque les recuerdo que la carga psicológica del persona es mucha y Lan WangJi necesitará hacer a un lado su dolor para poder ayudar a su amado.

Lan Xichen y Jiang Cheng avanzan un poquito en su relación pero no sé sinceramente si dejarlo Xicheng o XiYao... mi OTP es el XiYao, les digo, pero como todo, será debido a las circunstancias.

¿Quizá con ambos? Ustedes me dicen XDDD

Nie Mingjue ya despertó, ahora sí entrará en onda el Sugar Daddy.

Y pronto tendremos al rollito de canela en acción también.

Díganme si les gustó!