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Capítulo 2


Boa comunicado 2: Las hembras A deben siempre de estar aseadas y pulcras. Si están cerca del celo, comunicarlo a su encargado próximo para facilitarles o bien medicinas o un macho. No olviden llevar su carnet representativo siempre encima.


Nombre de estudiante: Sakura Haruno.

Rango: Alfa.

Último celo y cantidad: 2. 25 de enero 3xxx.

Emparejamiento: Ninguno.

Curso: 3º. 18 años.

Se aseguró que el uniforme estaba correctamente colocado antes de salir al exterior. Sus cortos cabellos rosados no requerían tanto mantenimiento y la limpieza natural de su cara ayudaba en esos casos en que se le pegaban las sábanas.

Acababa de comenzar el nuevo curso escolar de esa horrible institución. Sus padres, completamente convencidos de que era lo que necesitaba para gestionar mejor su vida, la apunto al nuevo proyecto bajo la tutela de Tsunade Senjû, conocida y respetada por sus padres. Ella la admiraba, debía de reconocer.

Siempre fue un sueño el convertirse en un alfa como ella.

Soñaba con destacar y ser una de las mejores, pero la competencia era increíblemente inmensa. Contaba con tantos alumnos en su contra y tan pocas presas que dudaba lograrlo a la primera. Encima, durante la ceremonia de entrada habían expuesto a los profesores hasta el punto de hacerles casi salivar. Todos O.

Por supuesto, entre los de rango A podían emparejarse, pero ella no buscaba algo así. Nunca se había atraída por un congénere de rango. Le parecían sosos, pretenciosos y aburridos. Por supuesto, también tenía a los típicos bravucones y descarados a los que no tenía ningún reparo de mandar a la mierda.

No le hacía mucha gracia tener que lidiar en territorialidad con otros Alfas, pero era lo que este juego requería.

Sabía que debía de moverse rápido si quería lograr algo. Porque los O escaseaban y no quería sufrir la misma desgracia que sus padres. Dos alfas casados sin más motivo que la reproducción.

No estaba segura de cómo iba a saber que era el adecuado, pero lo sabría. Había escuchado decir que los instintos del género A eran muy intensos en esos casos. Más incluso en épocas de celo.

Por eso, la lucha por conseguir el adecuado podría ser brutal.

Y lo descubrió incluso antes de salir de su nuevo hogar. Compartía habitación con otras tres chicas. A dos de ellas ya las conocía de antes, la tercera, había llegado del extranjero y aunque tenía un deje marcado, su carácter era lo que realmente te advertía de que no estaba para juegos.

Las tres estaban de pie, frente al televisor. Intentó ignorarlas para salir, pero la voz de Tsunade a través de los altavoces la detuvo, acercándose a las demás.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó.

—Uno de los profesores ha desaparecido —respondió Temari no Sabaku, la extranjera—. Al parecer, anoche salió de paseo y no regresó.

—Espero que esté bien —balbuceó Hinata Hyûga a su lado. Era una A hermosa, de esas que parecían perfectas muñecas de porcelana. Lo único malo, quizás fuera lo que su timidez provocaba que la gente la mal interpretara. A Sakura le gustaba y la respetaba.

—Es un O. Todas sabemos qué podría haber pasado. Algunos A durante estas fechas de primavera están en celo y atacan sin pensar. Cuando se quieren dar cuenta, lo han hecho y es tarde. ¿Habrá muerto?

—¡Ino! —aseveraron las demás.

La otra mujer rubia, de largos cabellos y despampanante cuerpo se encogió de hombros.

—¿Qué? El lado oscuro de esto también existe —les recordó—. Y sabemos que los profesores están aquí para que nosotros nos los comamos.

—Eso es ridículo —protestó Temari—. Estás aquí para aprender, no sólo para dejarte llevar por tus instintos sexuales.

—Estamos en un evento científico —recordó Ino—. Hasta Hinata está aquí para encontrar a su O perfecto.

—Eso suena como si fuera algo extraño —protestó Hinata incómoda.

—Eso mismo, Ino —recalcó Sakura poniéndose las manos en la cintura—. Te has pasado.

—No lo digo como algo malo —corrigió Ino posando una mano sobre el hombro de Hinata—. Pero esto es una guerra de hormonas, queramos o no. Y si no se mueve, va a morir. Y sinceramente, no la veo peleándose con otro A.

—Deja de subestimar a la gente —advirtió Temari interponiéndose entre ella y Hinata. Ino levantó las manos en son de paz—. Tranquila, mujer, que seguro que ni tenemos los mismos gustos. En fin, una presa menos, eso sí. Porque Naruto Uzumaki, o está muerto o se lo han llevado los policías porque tiene el culo como la bandera de Japón.

Hinata exclamó angustiada y Ino se marchó, sacudiendo su cabello y dejando un aroma de flores tras de sí que le irritó la nariz. Temari y ella se acercaron a Hinata, dándole palmadas de ánimo.

—No le hagas caso, Hinata —recomendó Ino—. Las perras ladradoras siempre resultan ser las menos efectivas.

—Temari, eso es demasiado —regañó.

—No, tranquilas chicas —aceptó Hinata dándoles palmadas en la mano—. No os preocupéis. Sé a qué me enfrentaba cuando me apunté. Y Ino no es mala persona, sólo está nerviosa. Que un O haya desparecido no impide que una A pueda sufrir bajo la locura de un A descontrolado.

—Eso es cierto —reconoció Temari algo más preocupada—. Ino ya podría mostrar su preocupación de otro modo y no atacar a sus compañeras.

—Ella es así —defendió Hinata sonriente—. Será mejor que vayamos a clases. Ya sabéis que llegar tarde no es una opción.

Sakura asintió y se afanó por terminar de arreglarse. Desde luego, eso no era una opción. Se detuvo antes de salir, captando que Hinata miraba la fotografía del hombre desaparecido con un suspiro anhelante. Sintió cierta tristeza por ella, pero sonrió cuando se reunió con ella.

Al menos podría darle ánimos.

Se miró la muñeca para asegurarse de cual era su clase y echó a correr con Hinata pisándole los talones. Temari se separó de ellas para dirigirse a clases avanzadas, donde su profesor sería Shikamaru Nara, al que, al parecer, Sabaku no había echado el ojo.

Cuando entró en el aula, el profesor todavía no había llegado. Vislumbró entre los escritorios hasta percatarse de la luz rosada que salía de una de las pantallas como indicativo de que era el suyo. Hinata se sentó tras ella y le dio una palmada de ánimo.

Activó su sistema tras pasar la muñeca, recibiendo así la confirmación de su presencia en clases. Abrió su libre, descubriendo que le habían otorgado a cada una de ellas una sección privada para el celo, o, en caso de conseguir un compañero. Por supuesto, para activarlo necesitaba la confirmación del otro sujeto, fuera un A o un O. Además, Tsunade debía de confirmarlo. Parecían haber colocado ese requisito a última hora. Probablemente, por la desaparición de Naruto Uzumaki.

—Me pregunto dónde estará ese profesor —dijo otra alumna cerca de ella—. Me gustaba cómo olía. Cuando se presentó fue el más enérgico. Se le veía fuerte y activo, así que dudo que haya sido un A femenino.

Otra asintió.

—Además, mira los controles de seguridad que hay.

Sakura estaba de acuerdo. Aquello olía raro. Miró hacia atrás, con Hinata frunciendo el ceño mientras estudiaba su propio monitor. Como si notase que era observada, levantó la mirada hacia ella, sonriéndole. La angustiaba continuaba palpable en ella.

Al parecer, le había gustado más de lo que mostraba.

La luz oscura de advertencia se encendió cuando el profesor se adentro dentro del aula. Las voces se acallaron al instante. Ella se volvió, tranquila. Hasta que le vio.

Un hombre alto, delgado, de piel blanca, cabellos oscuros. De rasgos marcados y atractivos. Se quedó sin aliento. Su cuerpo por entero ardió de deseo. Su boca se hizo agua y clavó las uñas sobre la mesa.

Cerró los ojos, aspirando su aroma. Olía a tomates y acero.

Soltó el aliento lentamente a medida que sus fosas nasales se abrían. Apretó sus muslos y notó el punto de presión en ese lugar sensible entre sus piernas. Los pechos endurecérsele.

El corazón latirle con tanta fuerza que lo sintió en las orejas, en la garganta y en su sexo.

Sí. Ese era el O. El elegido.

Sus ojos se encontraron cuando dio un vistazo general a la clase. Notó que se tensaba cuando se detuvo en ella.

Supo exactamente en ese momento que ella iba a comérselo.

Que ella iba hacerlo suyo.

Notó que se tambaleaba por un momento, aferrándose a la mesa del profesorado para carraspear. Necesitaba oír su voz.

—Soy Sasuke Uchiha —se presentó—, y seré vuestro profesor y tutor en lo que va de año.

Notó la tensión marcada, ese deje atractivo en la connotación de sus sílabas.

Alguien siseó detrás de ella. Se percató de que una alumna se había puesto en pie, babeando. Subió por encima del escritorio y saltó por encima de ellos hasta llegar a la altura del profesor. Sakura sintió que las entrañas se le contraían de otro sentimiento más profundo. Pero antes de que pudiera hacer o decir nada, una red cayó sobre la alumna.

Sasuke Uchiha se quedó mirándola, perplejo, como si no hubiese esperado eso. Ni tampoco que el suelo se abriera para tragársela, cerrándose con un seco estruendo.

Carraspeó y enderezó su espalda para volver a mirarlas.

—Comencemos la clase.

En su cabeza, sonó otra frase muy diferente.

Comencemos la caza.

Continuará…