DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro.
— Open 24/7 —
— Resentimientos —
Observó los papeles sobre su escritorio e hizo una mueca de disgusto, se sentía especialmente irritado y molesto desde que pisó el konbini por la mañana y ahora ese sentimiento iba en aumento. Estaba seguro de que, en cualquier momento, llegaría su jefe y lo fastidiaría de nuevo por algo que hubiese salido a la luz debido al trabajo del administrador del lugar. Resopló, necesitaba buscar una forma en la que recuperar el control del lugar o por lo menos fastidiar lo suficiente a InuYasha para compensar en algo los malos ratos que lo estaba haciendo pasar.
—Estúpido mocoso eficiente —masculló entre dientes mientras cerraba de golpe la carpeta que estaba revisando —. Debería largarse pronto donde su padre.
Naraku estaba perdiendo la paciencia, porque le habían cortado las alas y ahora debía rendirle cuentas a un idiota que era 10 años más joven que él, ni siquiera había terminado aún la universidad y estaba ahí como un "favor familiar". Y lo peor era que, muy al contrario de lo que pensó en un principio, el imbécil sabía lo que hacía. Negó bruscamente con un gesto, quizá debiese comenzar a mover algunas piezas para hacerle la vida imposible en el konbini de ahí en adelante.
Un par de golpes en su puerta lo sacaron de sus pensamientos, pero al escuchar la voz del otro lado, logró ofuscarse aún más de lo que estaba.
—¿Estás ocupado? Hay un par de problemas por resolver —InuYasha entreabrió para observarlo desde fuera, esperando que él le permitiera entrar, a pesar de que no le gustaba estar ahí.
—Cómo fastidias, creí que para eso eras el administrador —le respondió de mala gana, frunciendo el gesto.
—Sigue siendo tu responsabilidad coordinar el personal y llegaron nuevos reclamos. Además, hay un turno sin cubrir —le respondió con seriedad, pero sintiéndose molesto e incómodo de tener que recordarle su trabajo, esa no era su labor.
—Oh, mira quién está acaparando más de lo que debe —Naraku le sonrió con malicia —. Tal como dices, yo estoy a cargo del personal, así que no te entrometas en mi trabajo.
—No es mi culpa que algunos trabajadores te tengan miedo —se cruzó de brazos, demostrando su fastidio —. Pero recuerda lo que dijo Sesshōmaru…
—Ah, sí, por supuesto. Lo solucionaré, así que ve a meter la nariz a otro lado.
—Haz lo que quieras.
El universitario abandonó la oficina, dejando al adulto aún más molesto, si eso era posible. Abrió uno de los cajones y rebuscó en su interior la carpeta que contenía la información de los permisos solicitados por los trabajadores y la organización de los turnos, abriéndola y leyendo la primera hoja en donde aparecía la información de las ausencias de la siguiente semana, que efectivamente se encontraban sin cubrir. Sonrió con astucia mientras observaba ahora el calendario de turnos y decidía qué hacer, dejando los documentos sobre su escritorio antes de ponerse de pie y salir del lugar, dirigiéndose a la sección de cuidado personal, en donde se encontraba Kagome en esos momentos atendiendo a un par de clientes. Esperó a que ella terminara y luego se acercó, llamando su atención.
—Kagewaki-sama, ¿puedo ayudarlo en algo? —Preguntó, demostrando confusión en su semblante.
—Sí, Fukuda pidió permiso para su turno de mañana. Necesito que lo cubras —le indicó de forma segura y arbitraria, demostrando con eso que no había espacio a una negativa.
—P-Pero yo no puedo…
—He notado que has pedido varios días de permiso el último mes, pero no has cubierto cuando se necesita —comentó, levantando una ceja —. No quiero pensar que puedas estar aprovechándote de la posición de tu novio, pero tal parece que es así.
—Por supuesto que no, jamás me aprovecharía de eso —se defendió, aunque la mirada fría y displicente de su superior la puso nerviosa —. Es sólo que tengo un compromiso…
—Bueno, puedo entenderlo. Lo anotaré en tu hoja de vida, entonces… y lo tendré presente a futuro. Seguramente, Sesshōmaru estará feliz de saber cómo los amigos de su hermanito sacan ventaja de su posición…
Kagome parpadeó un par de veces, sintiéndose atrapada porque no quería meter en problemas a InuYasha, menos cuando sabía que una de las cosas que más deseaba evitar era que le dieran un trato especial por el simple hecho de ser un Taishō. Tampoco quería que alguien pudiese pensar que ella estaba utilizando su relación a su beneficio.
—No, está bien. Vendré mañana a cubrir a Fukuda…
—Maravilloso. Me alegra que estés comprometida con el konbini.
Sonrió satisfecho antes de acercarse a la sección de cafetería, sentándose en un rincón mientras observaba a Kōga atendiendo a una pareja que acababa de pedir un par de batidos. Esperó hasta que él terminara y luego le hizo un gesto para que se acercara, lo que hizo a pesar de la confusión en su rostro.
—¿Cómo estás, Matsuno? ¿Todo bien aquí, con la nueva administración? —Preguntó, aunque el brillo en su mirada roja demostró suspicacia.
—Bueno, no sé si debería quejarme, en realidad —respondió, intentando descifrar las intenciones del mayor.
—Puedes confiar en mí, sólo quiero que este lugar funcione lo mejor posible y no sé qué tan bien lo puede hacer InuYasha, no tiene experiencia en realidad, entonces…
—En ese caso… siendo sincero, el trabajo se hace mucho más pesado con todos los cambios que ha impuesto. Parece creer que somos máquinas, mientras él sólo se ocupa de llenar esos estúpidos informes… —La queja fue despectiva, demostrando todo el rencor que le guardaba Kōga al azabache.
—Oh, es bueno saberlo. Voy a considerarlo, no quiero que se aproveche sólo por ser el medio hermano de Sesshōmaru… —Soltó casi de casualidad, aunque en su interior se sintió victorioso al ver la confusión en el rostro del moreno. —Cualquier cosa, puedes hacérmela saber. Gracias, Matsuno.
No esperó respuesta, poniéndose de pie y dirigiéndose de vuelta a su oficina, aunque disfrutó la expresión de Kōga y lo que eso significaba, porque sabía que InuYasha no quería que nadie se enterara de su relación con el dueño de la cadena de konbinis, pero ya lo había fastidiado lo suficiente como para tenerle consideración. Además, alguien debía enseñarle que con él no se jugaba, y quería dejarle claro que no podía creerse con la autoridad para darle órdenes sin sufrir alguna consecuencia.
Se sentó tras su escritorio, saboreando con anticipación la satisfacción de haber causado una situación que iba a molestar en sobremanera al insoportable administrador que le estaba haciendo la vida a cuadros. Era hora de devolverle la mano.
—¡¿Cómo que te obligó a venir mañana?! ¡Es un abusivo! Ya verá, no se saldrá con la suya…
—No, InuYasha, no le digas nada —Kagome afirmó el brazo de su novio para evitar que fuese a pelear con Naraku —. Está bien, puedo cubrir el turno. Sango me dijo que pasaría por Sōta y lo cuidaría hasta que termine…
—¿Estás segura? Porque no tengo problema en ponerlo en su lugar —él hizo tronar sus nudillos, demostrando la molestia que sentía con la arbitrariedad que estaba teniendo el supervisor del konbini.
—Sí, no te preocupes. Sólo será esta vez —ella le sonrió, aunque sabía que su compañero tenía razón, no quería que fuese a discutir con Naraku y pudiera meterse en problemas —. Además, ahora tienes clases y no creo que quieras llegar tarde…
—Es cierto —InuYasha entornó los ojos, aceptando que tendría que dejar ese asunto de lado por el momento —. Y hablando de eso… ¿Dónde se metió Miroku? Quedamos en que nos iríamos juntos a la Universidad…
—No lo he visto desde que se fue a cambiar… —Kagome también comenzó a buscarlo con la mirada, hasta que lo vio no muy lejos, concentrado en su teléfono. —Ahí está, aunque parece que algo ocurrió…
—Keh, apuesto a que sí. Últimamente, está siempre en su mundo —hizo una mueca, mirando también a su amigo, quien de pronto pareció volver al presente para devolverles la mirada y comenzar a acercarse.
—¿Sabes si pasó algo? No es usual que esté así…
—Quizá… veré si me cuenta —le comentó justo antes de que el ojiazul llegara a su lado y los saludara con una sonrisa cordial.
—Hola muchachos, ¿qué tal? —Preguntó, aparentando que todo estaba bien, pero sin lograr engañarlos del todo.
—Nosotros bien, ¿y tú? —Kagome le respondió, devolviéndole la sonrisa.
—Sí, bien también. Ya saben, mucho que hacer…
—¿Seguro es sólo eso? Pareciera que pasa algo más… —Ella insistió, porque realmente le preocupaba ver tan ensimismado a su compañero.
—Ah… no, tranquila… Gracias por la preocupación, pero estoy bien.
—Sí, claro, lo que digas —InuYasha demostró claramente que no le creía, entornando los ojos —. Como sea, debemos irnos o llegaremos atrasados.
—Es verdad. Nos vemos, vayan con cuidado —Kagome se despidió con un gesto que ellos imitaron.
—Adiós, nos vemos.
—También cuídate y que te vaya bien con Sango.
—Gracias, adiós.
Se separaron, ambos varones dirigiéndose hasta el estacionamiento y subiéndose al automóvil de InuYasha para trasladarse hasta la Universidad, en tanto Kagome iba hacia el metro para asistir a su primera lección de defensa personal con Sango y su novio.
InuYasha comenzó el trayecto primero en silencio, aunque a los pocos segundos su paciencia se agotó y miró de reojo a su amigo, quien nuevamente estaba ensimismado.
—Oye, ¿qué ocurre? Estos días has estado muy… extraño, más que antes.
Miroku lo miró con algo de sorpresa, pero luego se encogió de hombros casi con resignación, como si lo que le ocurriera realmente no tuviese importancia.
—No es nada, sólo… ya sabes, se acerca el final del semestre y tenemos que ver el tema de nuestras prácticas…
—¿Seguro es sólo eso? No creo que tengas problemas para conseguir algo bueno, no con tus calificaciones… —Entrecerró las cejas, sin creerle del todo a su amigo.
—Bueno, pregunté en un par de lugares y sus respuestas fueron muy ambiguas… sospecho que la familia Nakamura puede estar involucrada…
—Ah, qué ruin. Y qué poco profesional, son unos imbéciles.
—El padre de Midori la mimaba bastante, así que no me extrañaría que le haya seguido el juego en esto —soltó un suspiro, pensando que eso era ir demasiado lejos.
—Keh, como si ella fuese merecedora de tantos privilegios —espetó, realmente molesto —. Pero no te preocupes, vas a encontrar algo. Nakamura no controla toda la economía del lugar.
—Sí, supongo que tienes razón…
InuYasha se detuvo en su lugar reservado en la Universidad y miró con detenimiento a Miroku unos instantes, notando que eso no era todo lo que le preocupaba.
—Parece que ese no es el único problema. ¿Vas a decirme qué te ocurre?
El ojiazul cerró los ojos, soltando un pesado suspiro antes de negar suavemente con la cabeza y sonreír con desánimo.
—Creo que ya lo sabes… pero no puedo quejarme, son las consecuencias de mis actos. Aunque nunca pensé que dolería tanto perder la amistad de las muchachas o que me sentiría tan mal de ser juzgado injustamente y que me rechazaran de esta forma… —Hizo una mueca, intentando reprimir el nudo en su garganta. —Eres el único que sigue aquí, incluso después de todo lo que pasó…
—No seas idiota, soy tu amigo —lo cortó, sorprendiéndolo —. Sí, cometiste muchos errores y nos decepcionaste, pero no tanto como para darte la espalda. A mí no, por lo menos —agregó, mirándolo con dureza.
—Sí y agradezco tu apoyo, es sólo que… no sé, se siente bastante solitario. Pero no puedo hacer más que acostumbrarme, porque lo estúpido que fui no tiene perdón.
—Imbécil, ¿no te das cuenta? —InuYasha demostró algo de molestia, confundiendo al ojiazul. —Sí, dañaste a Sango y Kagome piensa que eres un tonto por eso, ambas se molestaron en su momento, pero aún se preocupan por ti. ¿Acaso Kagome fingió su preocupación hoy? ¿O realmente crees que Sango te permitiría acercarte si no quisiera saber nada de ti? Les importas, aunque aún se sientan dolidas.
Miroku parpadeó un par de veces, procesando las palabras de su amigo porque él aún sentía una distancia enorme con ellas y dudaba poder recuperar en algún momento la amistad que tenían. Sonrió levemente, quizá InuYasha lo estuviese viendo con más claridad, sin el velo de la culpa que él sentía.
—¿De verdad lo crees? Porque ciertamente, a veces siento que sólo lo hacen por educación… Las dos son demasiado amables como para ignorarme o ser groseras…
—El que va a dejar de ser amable, seré yo si sigues siendo tan ciego —le dedicó una mirada cargada de seguridad, porque él sabía que Miroku ahora estaba equivocado —. Mira, sé que es difícil y que te cuesta, pero dales un poco más de tiempo y sigue esforzándote para ganar su confianza de nuevo. Estoy seguro de que pronto, las cosas van a mejorar.
—¿Cómo puedes saberlo? Si yo no me acerco a ellas, ninguna de las dos me habla…
—Sango está usando las carpetas que le regalaste —comentó, sonriendo de medio lado —. La escuché decirle a Kagome que de verdad apreciaba tu gesto.
—¿En serio ella…? —Miroku reflejó el asombro que eso le producía, mirándolo con incredulidad.
—Sí. Así que vas por buen camino, sólo no te rindas antes de tiempo. Si lo haces, voy a golpearte por idiota.
—De acuerdo —finalmente, Miroku sonrió con más tranquilidad, gesto que imitó su compañero —. Muchas gracias, InuYasha.
—Keh, no me agradezcas. Ahora mejor nos vamos, sino Koyama-sensei no nos dejará entrar a su clase.
—Es cierto.
Ambos se bajaron del automóvil para asistir a sus clases, Miroku mucho más animado de lo que había estado el resto del día e InuYasha aliviado de haber podido ayudar a su amigo a darse cuenta de algunas cosas, a pesar de que sabía que ese camino iba a ser difícil, él estaba viendo los progresos y estaba seguro de que, si el ojiazul seguía así, pronto volvería a recuperar esas amistades que tanto le hacían falta y, en tanto eso ocurría, él estaría ahí para apoyarlo en lo que necesitara.
—La reunión de mañana se suspendió porque Aoyama-sama se encuentra enfermo, así que la reprogramaré en cuanto regrese… y llegaron las listas de las floristerías y los servicios de catering que quería revisar…
—Gracias, le informaré a Sesshōmaru —Kagura sonrió con soberbia mientras recibía la carpeta con la información que había solicitado y caminaba hacia la oficina de su prometido, al tiempo que su asistente se alejaba en otra dirección, despidiéndose con una leve reverencia.
Pero su trayecto fue interrumpido por una niña que se tropezó con ella, dejando caer los libros que llevaba en los brazos y perdiendo el equilibrio, quedando sentada en el suelo frente a ella. Frunció las cejas, extrañada de ver ahí a una infante que según sus cálculos debía tener unos 10 años.
—Lo siento, señorita…
—¡Rin, hija! —La disculpa de la menor fue interrumpida por la aparición de uno de los trabajadores del lugar, que se acercó preocupado. —Perdónenos, Kagewaki-sama, Rin no tenía intención de molestarla…
—¿Qué ocurre aquí?
La fría voz de Sesshōmaru cortó las palabras del hombre, que palideció al escucharlo y se volteó hacia él, realizando una exagerada reverencia e indicándole a su hija que lo imitara.
—Sesshōmaru-sama, no queríamos causar ningún inconveniente, por favor, lamentamos importunarlos de esta forma… Pero no tengo a nadie que cuide a Rin por las tardes, así que tuve que traerla al trabajo… le prometo que no interrumpirá a los demás, ni siquiera notarán su presencia…
—De acuerdo —dijo el ojidorado, observando a la pequeña por sólo un segundo —. Recojan sus cosas y regresen a tu puesto de trabajo.
El hombre volvió a hacer una reverencia, al igual que su hija, y se alejaron rápidamente para no molestar a su superior. Por su parte, el ambarino le dirigió una mirada a Kagura antes de seguir su camino hasta su destino, ella lo siguió sin esperar otro gesto y así ambos ingresaron en la oficina.
—Me sorprende que le permitas traer a una niña al trabajo…
—Noto es un buen empleado, mientras cumpla con sus deberes, me da igual lo que haga con su hija —respondió, sin darle mucha importancia a ese percance.
—Bueno, tienes razón —Kagura sonrió, acercándose a él y sentándose en el escritorio, dejando la carpeta frente a su prometido —. Aquí está lo de la floristería y el catering…
—Deberías dárselo a la planificadora —comentó, mirando la carpeta con indiferencia —. Le pagamos para que vea estas cosas.
—Oh, por favor. No quiero que todo lo decida ella, es nuestra boda. Por lo menos estos detalles deberíamos decidirlos nosotros —Kagura demostró algo de fastidio, si bien el tener una wedding planner le ayudaba a no afligirse demasiado por la organización del matrimonio, no quería simplemente dejar todo en sus manos.
Sesshōmaru la miró de reojo, notando lo ansiosa que la ponía la situación. Sin embargo, sabía que ese mal humor que parecía causar la situación no era otra cosa más que el deseo de hacer esa experiencia algo íntimo, que compartieran sólo ellos dos. Era consciente de que, con el paso de los años, había comenzado a entenderla a la perfección, incluso si no le decía las cosas de forma directa. No podía darle una explicación, pero tampoco la necesitaba.
Siguió con la mirada fija en los ojos rubí, consciente de que Kagura era la responsable de que la idea del matrimonio apareciera en su mente. Después de la infidelidad de su padre, el divorcio y todo lo que eso había significado en su infancia, ese tipo de lazos y compromisos le parecían vacíos, hasta hipócritas, aunque jamás aceptó que esa era la razón, hasta ahora.
Abrió la carpeta antes de hablar, sin dejar de mirar a su compañera.
—Flores rojas y amarillas están bien, que no tengan un olor fuerte, sabes que aborrezco los aromas dulces. Deberías poder elegirlas con eso. Y sobre el catering… lo único que me interesa, es lo que me serviré durante la noche de bodas…
Sonrió de forma cómplice, gesto que Kagura imitó, dejando ver que las palabras de su prometido habían hecho a un lado su ansiedad.
—Estoy de acuerdo contigo, aunque no tienes que preocuparte por eso… estoy segura de que disfrutaremos mucho la noche de bodas —la mirada roja brilló astuta, en tanto se atrevía a acercar su rostro al masculino —. Pero puedo darte una degustación cuando quieras…
Sesshōmaru afirmó el rostro de Kagura para mantenerlo cerca, mirándola nuevamente a los ojos mientras una casi imperceptible sonrisa ladina cruzaba sus labios.
—Esta noche me parece un excelente momento —respondió antes de besarla en los labios, demostrando así la veracidad de sus palabras. Terminó el contacto con una mordida en el labio inferior, logrando que ella volviera a sonreír con astucia.
—Entonces, reservaré esta noche sólo para ti. Tengo un par de compromisos ahora, pero ya sabes… —Le acarició el rostro con decisión, de forma íntima y sensual, y finalmente se puso de pie, dirigiéndole una mirada juguetona. —De todos modos, no creas que te libraste de ayudarme con el catering. Nos vemos en el departamento.
Kagura comenzó a caminar hacia la salida sin palabras de despedida, sólo el intercambio de la mirada cómplice y las sonrisas traviesas que ambos compartieron antes de que ella abandonara el lugar; sin embargo, no eran necesarios otros gestos para que supiera que él la amaba, porque podía ver y sentir en cada acción de Sesshōmaru que había atravesado su coraza y que, finalmente ambos se habían encontrado para ser felices juntos.
—Ah, pensé que esa clase nunca iba a terminar…
Sango sonrió al escuchar el tono de alivio de su amiga mientras se estiraba antes de sacar su almuerzo de su bolso, por su parte ella primero guardó la carpeta que tenía los apuntes de ese día y luego buscó su comida, aunque sintió la mirada de Kagome fija en ella durante el proceso.
—¿Qué ocurre?
—Oh, es sólo que… me siento algo nerviosa —respondió Kagome, sonriendo levemente —. InuYasha dijo que hoy iría por mí a la clase de defensa personal y no quiero que vea lo poco que he avanzado…
—Apenas llevas un par de lecciones y has aprendido bastante rápido —la animó con seguridad, mirándola con confianza —. Creí que Michio estaba siendo demasiado exigente contigo, pero me sorprendió que le siguieras el ritmo.
—Bueno, siendo sincera, cuando dijo que se encargaría personalmente de enseñarme, me dio algo de miedo… —Admitió, soltando un suspiro. —Es decir, cuando los vi entrenando el primer día…
La castaña sonrió ante las palabras de su compañera, porque era consciente de que su novio podía ser atemorizante al luchar, en especial porque cuando entrenaba con ella no se contenía, ya que ambos tenían la habilidad para hacerle frente al otro sin reprimirse y, en particular el día que comentaba Kagome, Kato había puesto a prueba un par de movimientos que terminaron derribándola en el suelo y dejándola sin aliento.
—Es cierto, es muy apasionado cuando practica… pero es un buen maestro, diría que mejor que yo, en realidad. Además, me dijo que no quería que fuese demasiado blanda contigo y terminaras sin aprender nada.
—Eso es muy considerado de su parte, aunque yo creo que ambos lo hacen genial. Y ahora que te he visto, ya no me sorprende que puedas defenderte tan bien sin ayuda —comentó animada Kagome, revolviendo su comida antes de llevarse un poco a la boca.
—Gracias, el jūjutsu es parte del legado que nos dejó mi padre y me alegra saber que voy por buen camino.
—Por supuesto, tu padre estaría muy orgulloso de ti, y no sólo por el jūjutsu… eres una chica admirable.
Las palabras de la azabache lograron que Sango se sonrojara, pero le agradeciera con la mirada, para ella eran muy valiosas. Siguieron comiendo hasta que el móvil de Kagome emitió un pitido, indicándole que había recibido un mensaje. Tomó el aparato y leyó con rapidez antes de teclear una respuesta y soltar un suspiro, mirando algo ansiosa a su amiga.
—¿Pasó algo? Pareciera que te acaban de decir que tienes un examen sorpresa.
La comparación logró que Kagome soltara una risita, negando con un gesto y relajándose un poco para explicarle la situación a Sango.
—No es nada grave, en realidad. Lo que pasa es que se acerca el cumpleaños de InuYasha, su madre me lo dijo y pensaba en hacerle una pequeña celebración, pero sé que él no es de compartir demasiado, entonces no sé si debería esforzarme…
La jūjutsuka lo pensó un momento, consciente de que su amigo podía ser bastante arisco y apático la mayor parte del tiempo, pero también sabiendo que valoraba los gestos de cariño y la compañía de sus cercanos.
—Bueno, es cierto que no es tan sociable, pero si es algo pequeño no creo que haya problema. De seguro se alegra y agradecería tu consideración.
—Es verdad… y tampoco podría hacer una fiesta ni nada por el estilo… —Admitió, encogiéndose de hombros. —Sería su celebración, así que invitaría sólo a sus amigos… Miroku, tú… podrías ir con Kato, si quieres…
Ante la idea, Sango de pronto se sintió algo ansiosa. Si bien su relación con el judoka la hacía feliz y disfrutaba estando con él, la situación con el ojiazul era completamente distinta, porque a pesar de que él había hecho pequeños progresos, ella aún se sentía decepcionada y, si era sincera consigo misma, la razón era el cariño que seguía teniéndole. Entonces, la posibilidad de volver a compartir con él y más aún, que su novio estuviese presente, de pronto se le hizo incómoda. Negó con un gesto, espantando la idea porque era obvio que Miroku estuviese presente ya que era el mejor amigo de InuYasha, incluso era más cercano a él que ella. Soltó un suspiro, llamando la atención de su amiga.
—Supongo que tendré que hablarlo con él… —Comentó, intentando no demostrar su abatimiento, pero fue un esfuerzo inútil porque Kagome ya había notado sus gestos involuntarios.
—Lo siento… ¿sigue siendo incómodo? —Preguntó, mirándola con preocupación.
—Yo… creo que sí. Pero no puedo evitarlo por siempre, se nota que Miroku está arrepentido y se esfuerza. Así que ya no debería alejarlo…
—¿Estás segura de que sólo es eso? —La azabache fue perspicaz, sorprendiendo a su acompañante. —Sé que es algo complicado, pero quizá aún sientas algo por Miroku…
—No puedo negar que le tengo cariño, era alguien importante para mí. Pero ya no lo veo como antes… ya no me gusta. Sé que puede ser difícil de entender, pero cuando pienso en él, ya no es de forma romántica.
Sango se sintió extrañamente vacía al decirlo, pero al mismo tiempo le quitaba un peso de encima porque ya no se estaba esforzando en sentir y pensar así, ahora lo hacía de forma sincera.
—Eso es un alivio —Kagome sonrió, también sintiéndose más tranquila con eso —. Aunque creo que igual puede ser algo incómodo, como Kato sabe lo que sentías…
—Sí, por eso tendremos que hablarlo. Por lo menos no es algo que él no sepa.
—Es verdad, me alegra que tengan esa confianza —su sonrisa se acentuó, demostrando lo feliz que estaba por su amiga —. Oh, creo que ya deberíamos irnos…
Sango apoyó esa idea y tras guardar los recipientes ya sin comida, ambas emprendieron el camino hasta le parque en donde hacían las clases de defensa personal, llegando casi al mismo tiempo que el judoka y saludándolo con alegría. Pronto aparecieron las alumnas y dieron comienzo a la clase, Kato se dedicó gran parte del tiempo a enseñarle a Kagome, quien no llevaba tantas lecciones como las demás participantes, por lo que habían acordado con Sango que se enfocaría en ella hasta que lograra un nivel similar, mientras tanto la castaña se haría cargo de seguir con las demás asistentes. Sin embargo, eso parecía molestar a algunas chicas que, según la jūjutsuka recordaba, formaban parte del fan club de su pareja y que no ponían de su parte cuando no era él quien les daba las lecciones. Ella tuvo que esforzarse en mantener la calma y estirar su paciencia lo más que pudiese hasta el final de la jornada, aunque esa tarea le resultaba cada vez más difícil. Poco antes de que acabara la sesión, InuYasha apareció y se sentó cerca, observando con atención la actividad, aunque nadie notó su presencia, por lo que pudo apreciar el desempeño de su novia y el talento de su amiga y su compañero sin interrupciones.
—Bien, hemos terminado por hoy —anunció Sango luego de haber hecho un par de ejercicios de contraataque con sus alumnas —. Recuerden intentar practicar antes de nuestra siguiente lección para que podamos seguir con otros movimientos.
—Por supuesto, Kuwashima-senpai…
—Felicitaciones a todas, lo están haciendo muy bien —Kato les dedicó una sonrisa, que fue recibida con gestos alegres de las chicas —. No olviden los consejos de Sango. Hasta el viernes.
—¡Adiós, Kato-senpai!
Las muchachas recogieron sus esterillas de goma y se marcharon tomando distintas direcciones, en tanto Kagome y sus maestros se dedicaban a ordenar sus implementos mientras hablaban sobre los progresos de la azabache. InuYasha decidió acercarse en ese momento, y en el corto trayecto escuchó algunos comentarios respecto a su amiga y su novia que lo hicieron entornar los ojos, recordando que Kagome le había comentado que el fan club del judoka podía ser bastante molesto, en especial porque era evidente que sentían celos de Sango. Llegó junto a los demás justo cuando hablaban sobre el desempeño de Kagome.
—Para la próxima, sugiero una ropa más cómoda… creo que eso te limitó un poco ahora.
—Olvidé decírselo la vez anterior —Sango se disculpó, algo apenada —. Pero lo mejor es algo más deportivo…
—Oh, no te preocupes —Kagome le restó importancia al descuido de su amiga con una sonrisa —. Creo que tengo un conjunto así…
—Genial. Aunque, además de eso… ¿qué tal estuvo hoy, Michio?
—Aprende rápido, sólo hace falta algo más de práctica para ganar agilidad, pero va muy bien para no haber practicado artes marciales antes —la elogió, causando que ella se sonrojara.
—Muchas gracias, es mucho viniendo de ti… Ah, ¡InuYasha! —Lo saludó cuando él llegó a su lado, evidentemente feliz. —No te había visto…
—No quise interrumpir la clase, pero vi lo suficiente —respondió él, sonriendo de medio lado —. Lo haces bien.
—G-Gracias…
—Hola, InuYasha. ¿Cómo estás? —Lo saludó Sango con una sonrisa, acto que imitó su novio.
—Hola chicos. Yo bien, algo aburrido con todo el papeleo del konbini… ¿y ustedes?
—Bien, sólo algo cansados —la castaña soltó un suspiro como evidencia de sus palabras —. Creo que deberíamos irnos…
—Bien, no los entretenemos más entonces —Kagome le sonrió con algo de complicidad a su amiga, causando que sus mejillas se tiñeran levemente —. También deberíamos irnos… mamá te invitó a cenar hoy.
—¿A cenar? Genial, en tu casa cocinan muy rico —InuYasha se mostró entusiasmado con la idea, algo que alegró a su compañera.
—¿En serio lo crees?
—Claro, sabes que no miento sobre la comida.
—En ese caso, deberíamos apresurarnos para no hacerlos esperar —Kagome se animó, sus ojos brillaron con emoción —. Nos vemos luego, entonces. Cuídense.
—También vayan con cuidado, y no olvides practicar los movimientos que vimos hoy —Kato le mostró ambos pulgares hacia arriba en señal de aprobación mientras se despedía —. Hasta el viernes.
—Nos vemos mañana, pásenla bien —se sumó Sango, sonriéndoles.
—Muchas gracias por todo, adiós.
—Adiós.
Se despidieron para luego separarse, cada pareja se dirigió en una dirección diferente para realizar los planes que tenían, pero los cuatro felices por poder disfrutar de la compañía del otro y tener esa confianza que pocas veces se lograba, pero que ellos valoraban porque les quitaba un gran peso de encima y eso no tenía precio.
La brisa primaveral le acarició la piel del rostro, mientras los rayos del sol que se filtraban por entre el follaje del árbol bajo el cual estaba sentada anunciaban que ese día la temperatura volvería a ser menos fría, demostrando así que el invierno había quedado atrás. Ella inhaló profundo mientras observaba a su alrededor, haciendo una mueca al ver a un grupo de chicas celebrando algo con saltitos y risas demasiado altas para su gusto, lo que aumentó su mal humor.
Soltó un suspiro, viendo la hora antes de mirar la entrada de la universidad que estaba cerca de donde ella se encontraba, volviendo a sentirse irritada. Pese a todos sus esfuerzos y a que la mayoría de sus planes estaba dando resultado, seguía sintiéndose molesta y traicionada. Su ex no había vuelto a dirigirle la palabra, de hecho la ignoraba lo más que podía, muy al contrario de lo que había esperado tras haber comenzado a hacerle la vida imposible. Creyó que usar las influencias de su familia para causarle problemas con su práctica profesional, sumado al aislamiento social que había provocado al esparcir el rumor sobre la razón de su quiebre, iban a bastar para que él por lo menos le pidiera perdón. Pero nada de eso había pasado y la fastidiaba demasiado verlo hacer su vida como siempre.
Sonrió al ver al muchacho que esperaba salir del edificio, corroborando su identidad con la fotografía que había guardado en su móvil y poniéndose de pie para acercarse antes de que se alejara demasiado. Notó que un grupo de chicas también lo esperaban, ya que se acercaron en cuanto lo vieron para bombardearlo con preguntas, desde si podía ir a la fiesta que una de ellas estaba organizando, hasta la petición de lecciones privadas de defensa personal. El aludido se disculpó educadamente, diciendo que tenía cosas que hacer, y tras un gesto de despedida, siguió su camino. Ella se apresuró en darle alcance, algo que se le hizo difícil porque él caminaba bastante rápido.
—¡Kato-sama!
Él se detuvo al escuchar su nombre, dándose vuelta y observándola con duda mientras esperaba que ella se acercara, mostrándose claramente confundido en especial porque era raro que se dirigieran a él con tanta formalidad.
—Kato Michio, ¿verdad? —Preguntó al llegar a su lado para corroborar su identidad, aunque sólo logró que él se sintiera más perdido aún.
—Ah… sí. Disculpe, ¿nos conocemos? —Parpadeó un par de veces después de responderle, evidentemente desconcertado.
—No aún —dijo ella, mirándolo con atención —. Soy Nakamura Midori, un gusto.
Ella inclinó su cabeza en un respetuoso saludo, aunque su presentación no hizo sino extrañarlo aún más de lo que estaba. Él conocía el nombre, ella era la señorita sensibilidad, recordaba que Sango la había mencionado en algún momento mientras terminaba de contarle cuánto daño había causado con sus acciones. Miró la hora en su móvil, asegurándose de que no llegaría tarde al compromiso que tenía luego, y volvió a fijar la mirada en ella, esperando alguna explicación.
—Bueno, Nakamura-sama, no quiero ser grosero, pero tengo cosas que hacer, así que si fuese tan amable de decirme en qué puedo ayudarla…
—Oh… en realidad, creo que yo puedo ayudarlo a usted —sonrió con confianza, un gesto que no le agradó para nada al judoka, quien mantuvo su mirada en ella en espera de sus palabras —. No sé si sabe quién soy, pero conozco a su novia desde hace algún tiempo…
—Sí, me comentó que era la ex de uno de sus amigos —aclaró, intentando no alargar mucho más esa conversación, no quería retrasarse.
—Oh, bien… eso hace todo más sencillo. Creo que usted es una buena persona, por eso no me gustaría que jugaran con sus sentimientos o que se rieran en su cara… Así que tengo que decirle la verdad: a su novia le gusta mi ex, Tsujitani Miroku.
Para sorpresa de Midori, su interlocutor esbozó una sonrisa tranquila, como si las palabras que acababa de decirle no revelaran una gran mentira y fuesen un motivo para dudar de su pareja.
—Estaba al tanto, pero ya no es así —respondió con calma, dejando sin palabras a la muchacha —. Ahora, si no tiene nada más que agregar…
Sin embargo, al mirar a los ojos a la chica, se dio cuenta de que en realidad la sorpresa se la había llevado ella. Arrugó el ceño, sintiéndose molesto al percatarse de las verdaderas intenciones de Midori: quería causarle problemas a Sango en base a una afirmación que no era más que una sospecha.
—Entonces, ella de verdad… —Murmuró, y él supo que eso no iba a terminar ahí.
—Espere, eso ya pasó, Sango no…
Pero no alcanzó a terminar su explicación. Midori lo ignoró por completo, dándose media vuelta y alejándose rápidamente hasta un vehículo que la esperaba a unos metros. Se regañó internamente, seguro de que la muchacha iba a comentarle lo que acababa de saber a otras personas, probablemente al propio Miroku incluso. Frunció el gesto, sintiéndose culpable al haber revelado eso: aunque su intención era dejar claro que confiaba en su novia, lo que acababa de decirle a la ex del amigo de Sango podía traerles más de una situación incómoda. Por unos segundos se quedó pensando en una manera de solucionar el problema, pero la vibración en su móvil lo regresó al presente al notificarle de un nuevo mensaje.
"¿Ya estás en camino? Me retrasé un poco porque Naraku quiso que terminara de reponer la sección de bebidas frías, pero no tardo en llegar. Te quiero~"
Soltó un suspiro, decidiendo que la mejor forma de afrontar esa situación era diciéndole lo ocurrido a su novia, para que así ambos llegaran a una solución.
"También tuve un pequeño retraso, pero ya voy en camino. Nos vemos, te quiero 3"
No vio necesidad de preocuparla antes de tiempo, así que respondió el mensaje con normalidad antes de comenzar el camino hasta su punto de encuentro, un parque que quedaba cerca del hogar de la castaña, que era el lugar al que finalmente irían. Inhaló profundo, sintiéndose algo nervioso por la situación que tendría que plantearle a Sango más que por el hecho de que ella lo presentara oficialmente como su novio a su hermano menor.
Intentando no darle demasiadas vueltas al asunto, llegó al lugar acordado y vio a la muchacha esperándolo sentada en una de las bancas, concentrada en la pantalla de su móvil. Sonrió, seguro de que ella estaba tratando de disminuir los nervios con la ayuda de Kagome.
—Hola, Sango —la saludó al llegar a su lado, ella lo recibió con una sonrisa —. ¿Cómo estás?
—Hola, Michio. Bien, fue un buen día a pesar de que Naraku intentara arruinarlo al final —respondió, poniéndose de pie para que comenzaran a caminar en dirección a su departamento —. ¿Qué tal tú? ¿Cómo te fue en el examen?
—Oh, espero que bien, pero estuvo difícil. Ya sabes que no se me dan mucho las matemáticas… —Comentó, soltando un suspiro y tomándole la mano para caminar junto a ella.
—Bueno, pero te esfuerzas en mejorar, eso es lo importante —lo alentó, aunque la sonrisa no tan animada que él le dedicó llamó su atención de inmediato, su novio era alguien bastante alegre, por lo que eso la extrañó —. ¿Ocurre algo? Estás más serio que de costumbre…
—La verdad, sí… Aunque quizá es mejor si lo hablamos en tu departamento. Kohaku todavía está en su práctica, ¿no? —Preguntó, aunque eso no hizo más que preocupar a Sango.
—S-Sí, aún falta para que llegue… ¿Hay algún problema o…?
—Con nosotros no, pero creo que sí podría ser algo incómodo…
Sango soltó un suspiro, temerosa al desconocer la razón por la que Michio actuaba de esa forma, porque no recordaba haberlo visto así antes. Decidió no insistir más hasta que estuvieron en el interior de su hogar. Lo invitó a sentarse en el sofá junto a ella antes de volver a preguntarle qué sucedía.
—Bueno, entonces… ¿Pasó algo malo?
Kato la miró un par de segundos y asintió levemente, volviendo a regañarse por no haber previsto las intenciones de la ex del amigo de su novia.
—Se podría decir que sí… Hoy me retrasé porque a la salida de la Universidad me estaba esperando Nakamura Midori…
—¿Nakamura? —Sango se sorprendió, no se le ocurría un motivo por el que la chica fuese a buscar al judoka hasta su lugar de estudios. —No entiendo, ¿qué quería la señorita sensibilidad contigo?
—Decirme que te gustaba su ex —explicó, soltando un suspiro.
—E-Espera, ¿ella fue hasta allá sólo para decirte eso…? ¿Y cómo lo supo?
—En realidad, era más una sospecha o incluso puede que sólo lo hiciera con el fin de ponerte en aprietos —explicó, aunque tensó la mandíbula al recordar que él había confirmado esa información —. Pero creo que fui demasiado ingenuo y el que terminó metiéndote en problemas, fui yo.
—Ah, esa tipa es insoportable. Pero no comprendo, ¿por qué dices que tú me metiste en problemas…?
—Porque le dije que lo sabía, aunque eso ya no era así. Sin embargo, creo que no se esperaba esa respuesta, y yo sólo confirmé sus sospechas…
—No puede ser —Sango inhaló profundo, controlando la molestia que comenzó a crecer en su interior al presentir lo que eso significaba —. Seguro ahora no va a dejar las cosas así.
—Es probable… perdón por haber causado este problema.
—No es tu culpa que ella sea una rata —apretó los puños, concordando ahora con InuYasha respecto a la opinión sobre la ex de Miroku —. Y no puedo reclamarte que hayas sido sincero, este es un tema que nosotros ya habíamos aclarad y que no significa mayor problema en nuestra relación. Lamento el mal rato que pudo causarte.
—Descuida, eso tampoco es tu culpa. Y bueno, si esto llega a provocar cualquier situación incómoda, sabes que cuentas conmigo.
—Por supuesto, muchas gracias por tu confianza —ella le dedicó una sonrisa, porque a pesar de su molestia por las acciones de Midori, era consciente de que su novio no era culpable de eso.
—Bueno, eso también es gracias a ti y tu sinceridad —él también le sonrió de vuelta, intentando animarla.
—No es nada… Oh, y hablando de eso… —Recordó la celebración de cumpleaños que su amiga estaba organizando y que sería dentro de pocos días, y decidió plantearle la situación. —Kagome le celebrará el cumpleaños a InuYasha la próxima semana y nos invitó, pero también irá Miroku. No sé si a ti te incomode de alguna forma ir si está él…
Kato lo pensó un momento, en realidad nunca había compartido con el ex mejor amigo de Sango, sólo lo había visto de lejos en un par de ocasiones en el konbini cuando iba con ella, y el día en que la conoció en el torneo, cuando se acercó para invitarla a salir. Él parecía alguien agradable, aunque entendía la razón de la pregunta, porque podía resultar algo engorroso por todo lo que había pasado antes y que conociera la verdad de los sentimientos que su novia había tenido por él.
—En realidad a mí no me molesta, pero si tú te sientes mejor con que yo no vaya, tampoco tengo problema —respondió con calma, dejándole claro que respetaba su sentir al respecto —. Sé que le estás permitiendo acercarse, y si ésta es una oportunidad para que recuperen algo de su amistad…
—Bueno, supongo que eso va a depender de si la odiosa de su ex le cuenta lo que descubrió hoy y cómo se lo tome él —negó con un gesto, no comprendía como una persona podía ser tan rencorosa —. Pero, a pesar de que me causa algo de ansiedad, creo que sería una excelente oportunidad para presentarlos como corresponde. Es decir, si Miroku sigue esforzándose, es probable que podamos retomar la amistad, entonces…
—Claro, comprendo. Si es así, no tengo problema en acompañarte. Y si llegas a tener problemas con él por lo ocurrido hoy con su ex…
—No pienses en eso, lo mejor será olvidarlo por ahora y enfocarnos en otras cosas, como la cena de hoy. Kohaku debe estar por llegar y estaba ansioso por conocerte oficialmente.
—Tienes razón. Y yo también llevo tiempo queriendo conocerlo, así que lo entiendo. Entonces, ¿vamos a preparar la comida?
—Claro —Sango sonrió, poniéndose de pie e invitándolo a hacer lo mismo para guiarlo hasta la cocina —. Y Michio… muchas gracias.
—No es nada.
Él le devolvió una sonrisa tranquila mientras la seguía, gesto que calmó a Sango porque era reconfortante contar con ese apoyo y confianza por parte de su novio. Era consciente de que no todos tenían esa fortuna y, por lo mismo, valoraba su sinceridad y le respondería de la misma forma.
¡Hola! He aparecido con una nueva entrega de este fic y, como no todos son personas de bien y la vida está llena de altibajos, nuevamente tenemos a un par de rencorosos haciendo de las suyas. Obviamente no iban a simplemente dejarles las cosas fáciles a quienes consideran que los están fastidiando demasiado, por lo que tomarían cartas en el asunto y ahora la situación comienza a ponerse un poco más complicada.
¿Qué hará Kōga con la información que le dio Naraku, si está tan molesto por no conseguir el amor de Kagome? ¿Y cómo reaccionarán los demás al saber de su parntezco con el dueño de konbini? Porque precisamente ese tipo de incomodidad era de la que quería escapar InuYasha. Esperemos que esto no cause demasiados problemas.
Por otro lado, ¿cuáles serán los siguientes pasos de Midori? Al tener esta información, puede usarla de formas que a la pobre de Sango sólo puede traerle malos ratos, y habrá que ver si llega a decirle a Miroku, ¿cómo se lo va a tomar él? Sólo nos queda cruzar los dedos para que él ya haya aprendido la lección.
Las respuestas a estas y otras interrogantes las tendremos en el siguiente capítulo, que espero no tarde tanto en estar listo como este.
Punto aparte, ¿no es adorable Kato Michio? Puede que su actitud cause desconfianza pero hey, hasta el momento es el claro ejemplo de que puede existir ese grado de confianza con alguien sin temor. Sólo nos queda ver si sigue así en el futuro, porque claro, nadie es perfecto y algún defecto debe tener el chico.
En fin, ya me alargué demasiado y sólo quiero agradecer su apoyo incondicional y las hermosas palabras que me dejar en sus reviews: isabelweasleygranger, SangoSarait, Lady Minisa Bracken, GabyJA y Azussa. Son un sol, les mando un abrazo enorme~
Y claro que agradecer infinitamente a mi beta y BFF Nuez, porque sin su apoyo y ayuda, estoy nunca tomaría forma xD
Un beso a todos, nos estamos leyendo~
Yumi~
