Muchisimas gracias a Simplemente Soy Yo por seguir mi historia :') siempre es un placer escribir cuando alguien te esta leyendo
Este capitulo esta basado en el capitulo 5. Lo tuve que cortar porque se hacia demasiado largo. De momento muchas frases son iguales a las del libro. Si eso se hace cansino de leer o algo porfavor avisarme!
-El entrenamiento empieza al amanecer. Polvoroso y Arenisca ya se han levantado- lo apremio su amigo.
Zarpa de Fuego se desperezo adormilado, y luego lo recordó: aquél iba a ser su primer día de entrenamiento. Se puso en pie de un salto. La somnolencia se evaporo, sustituida por una creciente euforia que se desvaneció en una oleada al recordar lo sucedido el día anterior.
Zarpa Gris estaba aseándose deprisa. Entre lametazos, maulló:
-Acabo de hablar con Corazón de León. Cuervo no entrenara hasta que su herida mejore. Probablemente se quede en la guarida de Jaspeada un día o dos. Mientras se recupera, Garra de Tigre decidió quedarse a organizar el clan. Polvoroso y Arenisca tienen que ir a cazar. De modo que Corazón de León ha pensado que tú y yo podíamos entrenar con él y Rabo Largo esta mañana. Pero será mejor que nos apresuremos -agrego-. ¡Estarán esperándonos!
Guio rápidamente a Zarpa de Fuego a través de la entrada de aulagas y hasta la ladera rocosa del valle. Cuando treparon a la cima del barranco, un frio viento les alboroto el pelaje. Gruesas nubes blancas cruzaban el cielo azul. Zarpa de Fuego sintió una alegría salvaje mientras seguía a su amigo por una pendiente sombreada por árboles, hasta una hondonada arenosa.
Rabo Largo y Corazón de León, en efecto, estaban esperándolos, sentados a unas colas de distancia sobre la arena caldeada por el sol. El atigrado dorado los saludo con un movimiento de la cola, y el claro se quedó mirando enfadado al aprendiz naranja, como si hubiera hecho algo que no debía.
-Llegas tarde-Maulló seco, mostrando los colmillos.
-P-Perdón- contesto Zarpa de Fuego, pillado por sorpresa.
-¿Tienes algún problema con eso?-pregunto Zarpa Gris, dando un paso entre los dos, defendiendo a su amigo pero al mismo tiempo animado, rompiendo la tensión. El guerrero solo cerro los ojos y alzo la cabeza a un lado.
-No, ninguno. Solo esperaba que no llegara nunca.
Corazón de León, quien se quedó contemplando la escena, suspiro.
-Ayer tuvimos una noche ajetreada. Esperaba que estuvieran cansados- Miro directamente a los aprendices que tenía delante-. Hoy vamos a mostrarte los límites de nuestro territorio, para que conozcas los lugares donde puedes cazar y las fronteras que has de proteger. A ti no te vendría nada mal un repaso, Zarpa Gris.
Corazón de León se levantó y salió de la hondonada arenosa, seguido de Rabo Largo y Zarpa Gris. Zarpa de Fuego trastabillo tras ellos, pues las patas le resbalaban en la blanda arena.
Los arboles eran muy frondosos en aquella parte del bosque: abedules y fresnos, ensombrecidos por gigantescos robles. El suelo estaba alfombrado con quebradizas hojas muertas que crujían bajo sus patas.
-Aquí hay un sendero de dos patas-murmuro Corazón de León-. Utiliza la nariz, Zarpa de Fuego. ¿Puedes oler algo?
El joven gato olfateo. Percibió el leve aroma de un Dos Patas, y el olor más fuerte de un perro, familiar para él por su antigua vida.
-Un dos patas ha paseado por aquí con su perro, pero ya se han ido.
-De seguro te es familiar- comento Rabo Largo. Zarpa de Fuego frunció el ceño pero no dijo nada, porque era verdad. Corazón de León poso la cola sobre su omoplato.
-Bien- maulló -. ¿Crees que es seguro cruzar?
Zarpa de Fuego volvió a olfatear. Los olores eran débiles y parecían solapados por aromas del bosque más recientes.
-Si- contesto.
El guerrero volvió a felicitarle y los cuatro salieron de entre los helechos y atravesaron las cortantes piedras del camino de Dos Patas.
Los arboles del otro lado eran pinos. Crecían altos y rectos, en hileras. Era fácil caminar en silencio por allí. El suelo estaba cubierto de gruesas capas de agujas de pino, que pinchaban las almohadillas de Zarpa de Fuego pero resultaban esponjosas por debajo. Allí no había maleza en la que esconderse, y Zarpa de Fuego percibió la tensión de los otros gatos mientras avanzaban desprotegidos entre los troncos. Los dos mayores se detuvieron tras un pino y el dorado se quedó mirando a Rabo Largo hasta que este percibió la señal.
-Ah, sí. Los Dos Patas ponen estos árboles aquí para luego tirarlos con esas cosas asquerosas que echan gases.-arrugo la nariz ante el pensamiento- Después se los llevan al Cortatroncos de allá, pero quizá ya lo sabes.
Zarpa de Fuego levanto la cabeza e intento captar el rugido del comedor de árboles, que ya lo había oído antes.
-No volverá a sonar hasta la estación de la hoja verde.-gruño el guerrero al ver lo que intentaba hacer su aprendiz.- Continuemos.
Una vez atravesaron el pinar, el guerrero dorado señalo con la cola unas casas lejanas.
-En esa dirección están las viviendas de Dos Patas, pero hoy no pasaremos por ahí.
-Sí, no queremos tentar al pobre minino casero a que vuelva llorando a su Dos Patas- Se mofo Rabo Largo.
-¡Rabo Largo!-le llamo la atención el otro.
-Ignórale. Siempre fue así.- Susurro Zarpa Gris a Zarpa de Fuego- Hace apenas unas lunas ganó su nombre guerrero, pero se sigue portando como un cachorro.-A este comentario ambos se rieron.
