Avanzaba agazapado sobre la alta hierba. Una hoja en el suelo advirtió a la presa de su presencia, pero él fue lo suficientemente rápido para atraparla con una garra.

Era el segundo día que no tenía entrenamiento.

Ayer por la mañana, los aprendices se despertaron muy temprano y se acicalaron el pelaje para el día. Corazón de León fue el primero quien llego y se llevó a Zarpa Gris. Después vino Tormenta Blanca para irse con Arenisca. Todavía quedaban Polvoroso, Cuervo y él. Polvoroso hacía unos minutos se reía, junto a Arenisca, de Zarpa de Fuego por ser doméstico, pero quedo en silencio cuando su amiga se fue. Cuervo aprovechaba la demora de su mentor para limpiarse las garras lo mejor que pudo. Zarpa de Fuego simplemente esperaba sentado en la entrada de la guarida, viendo como uno a uno salían los guerreros de la cueva.

Los dos se quedaron el silencio hasta que el sol ya había salido por completo y ya había pasado demasiado tiempo desde que sus amigos se fueron, incluido Cuervo, que Garra de Tigre fue a por el tiempo después que Zarpa Gris y Arenisca. Zarpa de Fuego entonces dio un paso adelante y se dirigió a la guarida de los guerreros.

En la entrada se encontraba Musaraña, quien se estaba lavando la cara con una pata.

-Hola, Zarpa de Fuego-le saludo, algo confusa-. ¿No tenías que estar entrenando?

-Mi mentor todavía no llego.-Le aviso. La marrón se giró y encontró a Rabo Largo en una esquina, durmiendo. Suspiro.

-Voy a despertarle.- Al levantarse, hizo un gesto con la cola para que el aprendiz la siguiera.

Era la primera vez que entraba en la guarida de los guerreros, y el naranja tomo nota de todo lo que le rodeaba.

Era un espacio amplio y terroso. En el suelo había muchos montones de musgo con algo de pelo, cada uno le pertenecía a un guerrero. Algunos estaban secos y llevaban tiempo sin usarse, probablemente de guerreras que se convirtieron en reinas o veteranos, aunque aún quedaba mucho espacio libre. Todavía estaban durmiendo Rabo Largo y Cebrado, que estaba a unos zorros de distancia.

Musaraña se paró, y el aprendiz se puso a su lado. El guerrero claro estaba ovillado, con la cara entre las zarpas, pataleando de vez en cuando como si intentara brincar. La pequeña guerrera le clavo una garra en el flanco y este dio un saltito de alerta.

-Oye, delgaducho. Tu aprendiz te espera.-Espeto la hembra. El guerrero abrió un ojo y refunfuño bajo el aliento.

-Vete a cazar o algo.- Le ordeno perezosamente entre dientes.

-Pero, ¿y el entrenamiento?

-Cógete el día libre y déjame en paz.-Dijo, apenas levantándose para cambiar de postura y darles la espalda.

-¡Felicidades Zarpa de Fuego! ¡Vacaciones!-Pero el aprendiz no se veía muy contento.-Mas tarde saldrá una partida de caza. ¿Quieres venir?-El acepto.

Desde entonces es así. Se une en alguna patrulla y partida de caza, ayuda a las reinas a traer musgo y a los veteranos con las pulgas, incluso en un momento ayudo a Jaspeada a organizar algunas hierbas. Nunca se había dado cuenta de lo largos que eran los días de la estación de la hoja verde.

Cogió el viejo campañol entre sus dientes cuando escucho un golpe. Era lejano, pero su curiosidad le hizo agudizar los oídos. En dirección a los cuatro arboles escucho el crujir de unas hojas. Estaba lejos pero no mucho, y Zarpa de Fuego no tardó en llegar ahí.

Se agacho y trato de avanzar escondido entre los matorrales al borde del Clan del Rio. El viento estaba a su favor, pues soplaba en contra, haciendo que el su aroma no llegara al otro sujeto. Pero el aroma de este si podía llegar al aprendiz. ¡Era Garra de Tigre! ¿Sería el golpe algo que le hizo a Cuervo?

Avanzo más deprisa, casi corriendo, pero con cuidado de no hacer ruido, hasta casi llegar al borde de un pequeño claro. En él se encontraban Garra de Tigre, Cebrado, y Rabo Largo, este último encorvado frente a los otros dos, con una pata coja como si se hubiera hecho daño. Los otros dos parecía que le gruñían en desaprobación, pero necesitaba acercarse más para saber exactamente que le decían.

Entre los tres y el naranja todavía había unas filas de aulagas, y con mucho cuidado se acercó una fila más cerca.

-¿Además de eso te conviertes en su mentor?

-No fue mi decisión, fue de Estrella Azul.

-Pero tú seguiste con ello.

-No creas que estoy a gusto con que mi primer aprendiz sea un miserable minino casero.-Zarpa de Fuego tuvo que morder con fuerza el campañol que llevaba en la boca. Hace tiempo no le daría mucha importancia, pues llego a acostumbrarse de que el guerrero le estuviera criticando constantemente. Pero él paró de hacerlo, y esta situación hizo que la barriga del naranja ardiera de rabia.-No puedo desobedecer a mi líder, y no puedo forzarle a volver a su casa de Dos Patas. No hay nada que pueda hacer.

Los ojos ámbar del guerrero marrón brillaron con frialdad.

-Entonces mátalo.

El corazón de Zarpa de Fuego se detuvo y su cuerpo se congelo. De no haber sido que previamente le había clavado con fuerza los dientes a su presa, esta se hubiera caído de su boca y los otros le hubieran visto.

-¿Qué?-Después de unos segundos de silencio que se sintieron siglos, el sonido consiguió traer a la realidad al aprendiz, y torno los ojos hacia su mentor. Este también estaba aterrorizado.

-El es un minino casero. Sabes que todos son unos traidores.-Gruño el guerrero marrón, sacando las garras.-Tarde o temprano nos traicionara. Es una amenaza.

Entonces, Rabo largo se levantó, manteniendo las patas traseras encogidas preparadas para saltar, y su rostro esta vez reflejaba un sentimiento que Zarpa de Fuego no pudo leer.

-No lo hare.-Murmuro finalmente.

Cebrado les interrumpió cuando levanto el hocico, detectando un aroma. Garra de Tigre lo detecto también.

-Continuaremos luego.-Se alejaron entre las aulagas