Capítulo 5: Experimentos.
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Akane observaba a su prometido. Ella debía estar atendiendo a la clase de ciencias que se estaba dando a cabo, pero en cambio, no podía quitar la mirada de encima, al chico de larga cabellera, que dormía plácidamente sobre el mesón.
Ellos, al igual que todos sus compañeros de clase, se encontraban en el laboratorio, donde su profesor explicaba a través de una detallada exposición, como esos huevos que cada uno poseía, eclosionarían, si llevaban el proceso de incubación adecuadamente.
La oscuridad que ahora había en el laboratorio producto de la proyección, era el escenario perfecto para que el adolorido chico, se acurrucara y se entregara al más profundo de los sueños.
Hace un par de días que el chico desaparecía por las tardes y llegaba durante la noche a casa, adolorido y cansado, a darse un baño caliente. Casi no comía e iba directamente a dormir, y por la mañana se podía ver el malestar y deterioro en su rostro y cuerpo.
— ¿Qué es lo que pasa contigo? — la chica le habría preguntado.
— Es por el entrenamiento, no te preocupes — le había contestado casi sin abrir la boca producto del cansancio que le embargaba, mientras arrastraba los pasos por la acera como si pesaran una tonelada, al dirigirse ambos a la escuela. Tan cansado se observaba, que la chica no había querido insistir en preguntarle por el tipo de entrenamiento que estaba llevando a cabo. Incluso, habría jurado que durante el desagradable saludo de Kuno de esa mañana, Ranma había sujetado su propia cabeza en lugar de golpearlo.
No, eso no era normal, algo malo pasaba y ella tenía que averiguarlo.
¿Acaso el espíritu diabólico había venido por él nuevamente?
No, no, no, no. Ranma no volvería a caer en el mismo truco otra vez.
¿Se habrá puesto a entrenar con su sombra nuevamente?
Definitivamente, de esta tarde, no pasaba.
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— Akane, debes concentrarte — Yuka le pedía — debemos terminar de hacer la incubadora hoy.
— Ya lo sé — decía la chica mientras afirmaba la estructura para que sus amigas pudieran unirlas nuevamente, pensando en que no había tenido oportunidad de seguir al escurridizo chico al que no veía desde que sonara el timbre indicando la salida.
— Ustedes, ¿cómo van? — pregunta desde su lugar Sayuri, dirigiéndose al grupo de chicos que se encontraba un par de metros más allá.
— Ya casi — le contestaba Daisuke, mientras conectaba los cables que permitirían regular la temperatura de la incubadora — bien, alcánzame el termómetro — le pide a Hiroshi, quien terminaba de apretar un par de tornillos de la estructura digital, para ofrecérselo.
— Aquí está — le dice, para luego unir ambas partes — ahora solo debemos probar que funcione.
— Conéctalo.
— Bien — ambos chicos se observan y tragan en seco, para luego, hacer la conexión, y esperar. Todo parecía ir bien y sonríen satisfechos, hasta que comienza a salir humo.
— ¿Qué es ese olor? — pregunta Yuka, arrugando la nariz, buscando el origen del mismo.
— Pero, ¿cuánta temperatura le pusiste? — Daisuke observaba el aparato, semi derretido.
— Lo siento… — Hiroshi se veía avergonzado mientras reía nervioso.
— Se los dije — Sayuri hablaba a sus amigas por lo bajo, para luego reír divertida.
— Idiota, ahora tendremos que ir por otro — le recriminaba Daisuke, mientras trataba de desconectar los aparatos sin quemarse.
— ¡Yo iré! — salta Akane, reaccionando recién a los sucesos y percatarse de que se le había presentado la oportunidad perfecta para escapar y buscar a su prometido, soltando la estructura, que se desarmaba por completo.
— ¡Akane! — gritan sus amigas, en reproche.
— Lo siento …
— Pues vaya, que buenos científicos somos — ríe Hiroshi — o ingenieros…, lo que sea — Los demás ríen también, para pronto retomar sus tareas.
— Volvemos en seguida — anuncian los chicos, quienes se disponían a salir por los materiales necesarios.
— ¡Esperen! — solicitaba Akane, pero al ver como todos la observaban, algo le impidió seguir hablando.
— ¿Qué pasa? — preguntaba Hiroshi, acercándosele.
— Este…, si…, si ves al idiota de Ranma, díganle que debería estar haciendo la tarea con nosotros — contesta molesta, cruzando sus brazos, frunciendo el ceño. Daisuke se acerca también y en un rápido intercambio de miradas con Sayuri, se dirige luego a Akane.
— No te preocupes Akane, él se disculpó temprano, dijo que debía entrenar.
— ¿Eso dijo? — el chico asiente ante la pregunta.
— Pensé que lo sabrías.
— Dijo que, si lo perdonábamos hoy, él se encargaría de dar vuelta los huevos por todo el periodo de incubación — explicaba Sayuri, que también parecía estar bien enterada — ¿no te dijo nada?
— S-sí, claro…, lo olvidé — mintió, pensando en que era muy probable en que el estúpido chico, no tuviera idea del compromiso que había hecho y en que todo era realmente extraño ¿por qué tanto misterio?, se preguntaba. Sus compañeros, al ver su aparente tranquilidad, se giran y retiran del lugar.
— Por cierto, Akane, ¿qué clase de entrenamiento está haciendo Ranma? — pregunta Yuka, ofreciéndole los materiales nuevamente — últimamente lo he visto con muy mala cara.
— Sí, es cierto ¿él está bien? — Sayuri preguntaba mientras retomaba su ubicación.
— No lo sé… — dice en un murmuro — él no ha querido decirme nada — habla en voz alta sin percatarse de que lo hacía, y sus amigas se miran entre sí.
— No te preocupes, es un chico fuerte, estará bien — Yuka le hablaba animada.
— Cierto — confirma Sayuri, sonriendo, provocando con ello que las demás se animaran e hicieran lo mismo, para luego continuar con sus tareas. Akane no pudo percatarse de que sus amigas, intercambiaban miradas preocupadas, entre sí.
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— Akane, debemos hablar — le había dicho Sayuri, mientras en rápidos movimientos se acomodaba junto a la chica, mientras Yuka movía y acomodaba también una mesa y silla para hacer lo mismo. Era la hora del almuerzo, y las tres se disponían a comer.
— ¿Qué ocurre? — preguntaba extrañada.
— Ayer, al terminar, le pedimos a los chicos que buscaran a Ranma — Yuka hablaba con seriedad.
— ¿Si? — interrogaba Akane, mientras las otras confirmaban la información en un sincronizado movimiento de cabeza.
— No nos mal interpretes Akane, te vimos muy preocupada ayer — Sayuri hablaba con calma.
— Sólo queríamos asegurarnos de que no se estuviese juntando con alguna de sus prometidas — suelta Yuka de sopetón, obteniendo una mirada de reproche de la primera — bueno…, lo pensamos — comentaba ahora, encogiendo sus hombros, disculpándose. Sayuri sacude la cabeza y se dirige a Akane, quien formaba una mueca de fastidio al observarlas.
— ¿Y qué averiguaron? — pregunta al fin, acercándose, expectante.
— Nada — dice Yuka, frustrada — los chicos lo buscaron y al parecer, dieron con él, pero no quisieron decirnos nada — Sayuri asentía con una seria expresión.
— ¿No quisieron? — Akane parecía meditar — pero, y si le preguntas a Daisuke… — pero su amiga negaba con la cabeza.
— Lo intenté, pero dijo que, si volvía a abrir la boca, lo lamentaría, que no podía — dice algo divertida, mientras sus amigas reían por un instante, al recordar que Daisuke solía hablar más de lo debido en estos asuntos y que era más que probable que lo hubiesen amenazado.
— El problema es que, hoy los chicos lucían terrible — Yuka volvía a hablar seriamente.
— Lucían muy enfermos — Sayuri hablaba con preocupación. Y en un acto reflejo, las tres amigas voltean a ver como ahora Ranma, Hiroshi y Daisuke, dormían sobre sus pupitres sin haber probado un solo bocado durante su almuerzo. En ese preciso instante, Ukyo se acerca a Ranma, llevando un platillo con okonomiyaki en una de sus manos.
— Ranchan…, Ranchan, despierta — le sacude un poco — te traje algo de comer, debes alimentarte — le hablaba mientras éste abría sus ojos con dificultad para observar como la alegre chica, ponía su platillo favorito, frente a sus narices. Ranma parpadea un par de veces y observa aquello que, en otro momento, tragaría de un bocado, pero que ahora, le ocasionaba un terrible malestar. Con rapidez, tapa su boca, se pone de pie y sale corriendo del lugar. Ukyo, incrédula, observaba su delicioso okonomiyaki, sin comprender qué ocurría — ¿Ranchan?
Akane, Yuka y Sayuri, observaban sorprendidas.
— Nunca había visto a Ranma rechazar un okonomiyaki… — murmuraba Akane mientras seguía con la vista a una afligida cocinera, que corría en dirección del chico. Yuka y Sayuri se observaban preocupadas.
— ¿Qué será, lo que se traen entre manos? — preguntaba Sayuri en un murmullo.
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— ¡Los huevos! — había gritado el chico antes de perderse de vista, para dirigirse al laboratorio, recordando de golpe, que debía voltearlos dentro de la incubadora, tal y como había prometido, aunque cuando lo había hecho, no tenía idea de que debía hacerlo al menos 6 veces al día.
— ¡Espera! — corría Akane tras él, para poder alcanzarlo, no estaba dispuesta a perderlo de vista, pero al llegar al laboratorio, ya nadie estaba ahí y la ventana estaba abierta. Al acercarse, no puede ver a nadie alrededor — rayos, se me escapó — emite para luego cerrar la ventana y salir del lugar. Ranma, que aguardaba en la rama de un árbol, bajaba de un salto, para luego salir corriendo de la preparatoria.
Akane, que buscaba ahora en el patio, se encuentra con Jiro que comenzaba a retirarse del lugar.
— Jiro, hola — saluda la chica al alcanzarlo.
— ¿Akane?, hola, ¿estás bien? — pregunta el chico al verla agitada.
— Sí, ¿has visto a Ranma? — pregunta sin rodeos — lo estoy buscando.
— ¿A Ranma?, ¿Qué no se había ido ya? — pregunta confundido.
— Lástima — suspira la chica, al ver que ya no muchas personas quedaban en la preparatoria — si lo vez, dile que lo estoy buscando.
— Claro, Akane, adiós — se despide el chico para luego alejarse y reunirse con Mako que lo esperaba en la salida.
— ¿Qué ocurre? — le preguntaba éste mientras observaba como la chica volvía sobre sus pasos.
— Akane buscaba a Ranma.
— No le dijiste nada, ¿no?
— ¡Claro que no! — responde Jiro, ofendido.
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— ¡Adiós! — se despedían Hiroshi y Daisuke de las chicas, que los seguían de cerca.
— ¡Adiós! — respondían Yuka y Sayuri al par de amigos que había seguido caminando, para luego doblar en la esquina, de acuerdo al camino que acostumbraban para dirigirse a sus respectivas casas, pero esta vez, las chicas retroceden y ocultándose en el muro que dividía las calles, los observan caminar y conversar distraídamente.
— ¿Será que irán a su casa hoy? — preguntaba Yuka en voz baja a su amiga, quien solo se encogía de hombros en respuesta. Al asomarse nuevamente para observarlos, se sorprenden al notar que ya no estaban ahí.
— Vamos — Yuka corre, seguida por Sayuri, en su dirección, alcanzando en poco tiempo, el lugar en el que los vieron por última vez, tratando de descubrir el camino que habían tomado.
— ¿Qué se supone que están haciendo? — preguntaba Hiroshi, repentinamente, provocando que ambas chicas gritaran asustadas mientras se abrazaban producto del temor, ante la mirada divertida de un par de jóvenes.
— ¿Y bien? — preguntaba Hiroshi, alzando una ceja.
— E-es que olvidé que mamá me había hecho un encargo — respondía Yuka, riendo nerviosa.
— C-cierto, y yo solo la acompañaba — se disculpaba Sayuri, tratando de parecer tranquila.
— Oh, claro — comentaba Hiroshi, observando a Daisuke, claramente divertido — pero…, la tienda no está, ¿hacia allá? — preguntaba el chico, apuntando en dirección contraria mientras Daisuke afirmaba divertido, sólo hasta encontrarse con la molesta mirada de Sayuri, provocando que ahora tragara en seco.
— ¡Claro, cierto!, que bobas somos — se disculpaba Yuka — vámonos — dice entre dientes, tirando de la blusa de su amiga, que, al retirarse, apuntaba sus ojos con sus dedos índice y medio, para luego apuntar a Daisuke, que parecía palidecer. El lenguaje no verbal que había utilizado, decía claramente, que lo estaría vigilando.
— Estoy muerto — comenta el chico al observar como las chicas desaparecían en la esquina, nuevamente, sin que una de ellas le quitara los ojos de encima. Hiroshi ríe sonoramente.
— Vaya, a veces es mejor no tener novia — dice comenzando a caminar, nuevamente.
— Eso lo dices porque tu eterno amor, está perdidamente enamorada de otro — comenta divertido, el chico.
— ¡Auch!, eso dolió, amigo — responde riendo y afirmando su pecho en un dramático gesto, en el que cruzaba la zona simulando poseer una daga, para luego reír sonoramente, junto a su compañero.
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— Esto va de mal en peor — hablaba Akane a sus amigas, mientras observaban como Ranma, Hiroshi, Daisuke, Jiro y Mako, dormían sobre sus pupitres con un aspecto terrible.
— ¿Ya viste a Jiro? — susurraba Suka — tiene el ojo morado, eso debe ser producto de un golpe — las demás, asentían ante el comentario.
— ¡Los huevos! — gritaba Ranma al despertarse de golpe, levantarse y salir corriendo en dirección al laboratorio, mientras sus amigos parecían dividirse entre los deseos de querer morir o matar, al muchacho, por haberlos despertado.
— Esto se acabó, necesitamos un plan — Akane había hablado, mientras las chicas se reunían alrededor de ella para escucharla mejor, más que dispuestas a participar de él.
— Ranchan, te prometo que está delicioso, lo hice de camarón, como tanto te gusta — se escuchaba a una afligida cocinera correr por los pasillos, mientras perseguía a un chico que huía del platillo, mientras apretaba su boca y perdía los colores del rostro.
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El grupo de amigas se encontraba en el patio delantero, reunidas en un círculo, afinando los detalles.
— Ustedes van hacia la derecha — ordenaba Akane, mientras Yuka y Sayuri afirmaban con la cabeza — y ustedes hacia la izquierda — le hablaba ahora hacia Suka y Aiko, quienes también afirmaban, seguras — Ayaka irá conmigo, por el callejón de enfrente — volvía a hablar.
— ¿Y yo?, ¿hacia dónde me dirijo? — ante la pregunta, las chicas se observan entre si tratando de comprender a quién pertenecía tan carrasposa voz, justo en el instante en el que Akane siente que algo, o alguien, acariciaba una de sus piernas.
— ¡Maestro! — emite entre dientes, una vez pudo reconocer al anciano, para luego golpearlo fuertemente en la cabeza, mientras sus amigas sujetaban su falda, notando que, desde la posición del anciano, tenía una amplia vista de su ropa interior — ¿Qué hace aquí? — lo interroga mientras el pequeño hombre acariciaba su cabeza.
— Un momento, ¿Qué es lo que lleva ahí? — pregunta Ayaka, apuntando el gran bulto que el hombre llevaba en su espalda.
— Nada, eso es mío — contesta con naturalidad.
— Maestro… — Akane volvía a hablar entre dientes, pero Hapossai salía del lugar de un brinco, riendo divertido — a que no me alcanzan — se burlaba mientras comenzaba a correr. Las chicas se observan un segundo, y sin la necesidad de palabras, acuerdan perseguir al hombre para cobrar justicia.
— ¡Venga acá! — gritaba Akane.
— ¡Es un viejo sinvergüenza! — le acompañaba Aiko, quien junto a las demás, corría velozmente para atrapar al viejo, desapareciendo del lugar.
— Bien, ya podemos irnos — decía Ranma, tras la mampara de la entrada. Hiroshi, Daisuke, Jiro y Mako, que se encontraban a sus espaldas, afirmaban con la cabeza.
— ¡Esperen! — gritaba Yoshio, que junto a Kimura, corrían para alcanzarlos — también iremos — dice al llegar. El resto asiente en silencio, y con todo el sigilo que podía reunir un grupo de siete personas, se retiran de la escuela.
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— Así que usted, ¿también está buscando a Ranma? — preguntaba Akane a un golpeado maestro Hapossai.
— Pues, claro, ¿Qué creías que hacía aquí? — decía el hombre, mientras trataba de soltar la cuerda que recorría su pequeño cuerpo, pero al notarlo, la chica tira con más fuerza de ella.
— Robar prendas íntimas — Aiko hablaba entre dientes mientras sostenía una escoba que había usado como arma, hace tan solo unos minutos atrás.
— Pero como puedes decir eso, de un hombre tan bueno como yo — se excusaba el hombre entre fingidas lágrimas.
— Hable ya — Akane estaba decidida.
— Si les digo, ¿me soltarán? — preguntaba usando la voz más suave y tierna que podía entonar.
— … Está bien…, díganos todo lo que sabe — Akane hablaba a través de un cansado suspiro.
— Bien — dice de pie frente a ella, aspirando de su pipa el tabaco que se quemaba ante la profunda inhalación, bajo la mirada sorprendida del grupo de chicas que no lograba comprender, cómo se había soltado — resulta que, durante estos días, una de mis más preciadas pertenencias, ha desaparecido — dice con tranquilidad, disfrutando de la femenina atención que recibía.
— ¿Desaparecido? — repetía la joven, mientras el resto de las chicas, observaba con atención al anciano, quien inhalaba nuevamente su pipa, y asentía con solemnidad — ¿de qué se trata? — preguntaba intrigada, hasta que una espantosa idea se cruzó por su mente — no será su colección…, ¿verdad? — pero ante la pregunta, el viejo tose el humo que no había logrado contener, producto de tan horrenda idea.
— ¡Claro que no niña!, ¿Qué cosas dices? — pregunta, molesto al pensar en tan terrible escenario — es algo de mucho valor, y tú sabes que no cualquier persona puede entrar a mi habitación, Akane — hablaba el maestro, recuperando su solemnidad.
— Es cierto… — murmuraba la chica, bajo la mirada atenta de sus compañeras — a menos que hayan utilizado el…
— Umi-Sen Ken
— Pero maestro, el tío Genma también domina la técnica, ¿está seguro que fue Ranma?
— También pensé que había sido el idiota de Genma, era lo más lógico — hablaba el hombre, con sabiduría, recordando el estado en el que había quedado el hombre de anteojos después de su pequeño interrogatorio — pero al ver el comportamiento de Ranma de los últimos días… — fumaba de su pipa otra vez — no hay duda, él lo hizo — decía con los ojos cerrados, cruzándose de brazos.
— Akane… — la llamaba Sayuri, preocupada, sabiendo a ciencia cierta, que nada que involucrara al maestro, podía ser bueno — los chicos están con él.
— ¿Qué haremos? — preguntaba Aiko, confundida.
— Ya deben haberse ido — Yuka parecía revisar los alrededores con la vista. Mientras Akane, preocupada, pensaba en que, si Ranma se había atrevido a desafiar así al maestro, era porque se trataba de una técnica poderosa, y, por ende, peligrosa, pero ¿por qué habría involucrado a sus amigos?, además, ¿qué era lo que Ranma se había llevado?, ¿un pergamino?, ¿uno de sus antiguos tesoros?...
— Maestro — le llama, girándose, dispuesta a seguir interrogándolo, pero el pequeño hombrecillo, ya no estaba — se escapó… — murmura con frustración, para recuperarse rápidamente y observar a sus amigas con determinación — chicas, el misterio se acaba hoy.
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Akane y Ayaka recorrían el tercer parque del distrito, buscando algún indicio o cualquier cosa que les sirviera, para encontrar al grupo de amigos que parecía haber desaparecido del mapa. Suka y Aiko corrían para reunirse con ellas.
— ¿Tuvieron suerte? — preguntaba Akane, pero sus amigas negaban con la cabeza.
— Nada, no dimos con ellos.
— ¡Akane! — la llamaba Yuka que junto a Sayuri se le acercaban con prisa.
— ¿Nada? — preguntaba mientras sus amigas recuperaban el aliento, pero estas negaban con la cabeza. El grupo de chicas da un largo suspiro de cansancio.
— Tal vez debamos irnos a casa — sugiere Suka con pesar. Y el resto de las chics, guarda silencio. En ese momento, pasa una anciana junto a un niño, tomados de la mano.
— ¿Qué hacían abuelita? — preguntaba el niño, curioso, sin comprender por qué la mujer había acelerado su paso.
— Nada bueno, mi niño, nada bueno — decía, mientras negaba con la cabeza — solo prométeme que cuando crezcas, no serás como uno de esos chicos escandalosos — decía la mujer, aún molesta.
— Disculpe — Akane y las chicas que le acompañaban, de pronto interrumpían el camino de la anciana, luego de haber escuchado la conversación que ambos sostenían — ¿usted podría decirme, dónde se encuentran, esos chicos escandalosos que menciona? — preguntaba con la esperanza de que serían los mismos a quienes ellas estaban buscando. La mujer y el niño, algo sorprendidos por la intromisión, solo apuntan el camino por el que venían, en respuesta.
— ¡Gracias! — gritaba la chica mientras corría en esa dirección, seguida por sus amigas.
No deben avanzar demasiado, para comenzar a escuchar fuertes gritos de júbilo, risas y golpes. Al acercarse, no tardan en reconocer las voces de sus compañeros.
Tras un rápido intercambio de miradas y algunos gestos e indicaciones, se ocultan en los arbustos que se encontraban en el parque para poder observarlos, sin ser descubiertas.
Ranma se encontraba al centro de un conjunto de grandes árboles, mientras que los demás, estaban sentados a un costado, observando lo que hacía el primero. En un instante, el artemarcialista adopta lo que parecía ser su posición de ataque. Esta se veía muy imprecisa, algo tambaleante, muy impropia. La chica agudiza la vista y observa como su prometido levanta uno de sus brazos, dando una señal. Mako, que era el único que estaba de pie, tira de una cuerda, que parecía conectar varios trozos de madera que ahora caían con fuerza sobre Ranma, que comenzaba a esquivarlos, derribando algunos, partiéndolos por la mitad.
— Qué extraño — murmuraba Akane, llamando la atención de sus amigas.
— ¿Qué ocurre? — preguntaba Suka, hablando en voz baja
— Ese entrenamiento…, está muy por debajo del nivel de Ranma… — explicaba la chica en voz baja, mientras el resto se miraba entre sí, pues a ellas, el ejercicio les había parecido bastante difícil — me pregunto cuál será el truco, ¿Qué es lo que estará haciendo en realidad? — murmuraba la chica observándolo, para darse cuenta, recién entonces, que los movimientos del chico eran rápidos y letales, como siempre, pero bastante imprecisos, erráticos e impredecibles.
Ranma se observaba distraído, y aunque lograba esquivar cada trozo de madera al caer y regresar, parecía que en cualquier minuto caería de espaldas producto del constante tambaleo que se observaba en sus movimientos. Sus brazos parecían colgar y moverse por inercia, mientras que sus pies se cruzaban entre sí, en un andar carente de coordinación y equilibrio.
— ¡Vamos, Ranma, tu puedes! — gritaba Yoshio con entusiasmo, tratando de ponerse de pie, para animarlo, cayendo de bruces por el impulso.
— Tú puedes, campeón — alentaba Mako, mientras reía sonoramente, aparentemente, sin razón.
— ¡Mátalos, mátalos a todos! — gritaba Kimura con el rostro enrojecido, mientras Ranma seguía dando golpes por doquier, a pesar de que los maderos, ya habían dejado de moverse producto del vaivén.
— Toma, toma, toma, toma, toma, toma — decía mientras golpeaba al viento y peleaba solo.
— Yo también puedo hacer eso, ya lo verán — anunciaba Jiro al ponerse de pie, tratando de equilibrarse un poco, caminar frente al chico que ahora lo observaba confundido, para luego empujar uno de los maderos que colgaba inerte y recibirlo con el rostro, cayendo pesadamente de espaldas producto del golpe, causando las risas de todos, en el lugar.
— ¡La madera le ganó otra vez! — gritaba Mako, mientras reía, reanimando la carcajada de sus amigos.
— Eso explica su ojo morado — comentaba Suka, sorprendida desde los arbustos.
— Pero, ¿qué rayos les sucede? — preguntaba Yuka, mientras las demás, observaban como Ranma, que había estado en absoluto silencio, caía al suelo y comenzaba a dormir, roncando sonoramente.
— ¡Otra vez! — gritaba Hiroshi con el rostro sonrojado y una boba sonrisa. Al escucharlo, los chicos tardan en ponerse de pie para comenzar a caminar, algunos, sin lograrlo, deciden gatear para poder trasladarse y dirigirse hacia el lugar que antes ocupaba el artemarcialista. En diferentes y erráticos movimientos, se agachaban para acomodar los trozos de madera y continuar con una nueva ronda. Al hacerlo, varias veces golpeaban sus cabezas, caían sentados al suelo, o se quedaban analizando con profundo interés, una piedra o algo que llamara su atención.
— ¿Es mi idea, o ellos están…?
— ¿Bebiendo? — no acababa de terminar de hablar Aiko, cuando Kimura caminaba tambaleante hasta llegar a donde se encontraba Ranma, y ponía en su boca una botella de sake para que este bebiera su contenido.
— Vamos, Ranma — le hablaba casi sin abrir la boca, mientras sacudía al muchacho — ya está todo listo para volver a comenzar — anunciaba solemne, o al menos esa había sido su intención. Ranma da un brinco para ponerse de pie, pero luego de varios y rápidos movimientos de sus piernas en el aire, cae de cara al suelo.
— Sí, definitivamente están bebiendo — Yuka hablaba incrédula y por el rostro que el resto de sus amigas tenía en ese preciso instante, no era la única en sentirse de esa manera. Akane en cambio, comenzaba a enfurecerse.
Ranma finalmente había logrado ponerse de pie y mantenía una postura tambaleante. Las chicas podían observar como cerraba y abría los ojos, tratando de enfocar la vista mientras hipaba de manera ocasional.
— ¡Está listo! — gritaba Kimura, alzando la botella, a lo que el resto de chicos que ya se encontraban a un costado, respondían con gritos y aplausos.
Akane se había puesto de pie, dispuesta a acabar con semejante espectáculo, pero entonces observa como una pequeña figura se ubicaba frente a su tambaleante prometido.
— Hasta que al fin te encuentro, Ranma — hablaba el maestro Hapossai, desafiante — te llevaste algo que me pertenece muchacho, ¡lo pagarás caro! — grita saltando en contra del chico, que sonreía bobamente mientras se tambaleaba e hipaba sin control.
— Oh no — es todo lo que Akane puede emitir, mientras observaba como el viejo ya estaba por llegar a su objetivo, sin embargo, Ranma cae de espaldas producto de su falta de equilibrio, logrando que el maestro siguiera de largo, y cayera fuertemente contra el piso. Los chicos gritaban eufóricos ante el enfrentamiento, sin comprender en realidad, qué es lo que ocurría.
Akane se obligaba a parpadear para asegurarse de estar viendo correctamente aquella escena, no muy segura de si aquello había sido por azar, o por reflejo.
El maestro no tarda en recuperarse y arremete nuevamente contra el chico, pero en medio de su tambaleo y caídas repentinas, esquivaba cada uno de los ataques del anciano. Hapossai se detiene de golpe y observa detenidamente.
— El maestro no logra predecir sus movimientos… — murmura Akane sorprendida.
— Ya veo — dice el pequeño anciano, sacando su pipa para inhalar de ella con tranquilidad, mientras observaba a su tambaleante contrincante — has estado practicando el Siu Ken — anuncia finalmente, ante una amplia y boba sonrisa del chico que termina cayendo sobre su trasero, al no poder controlar su tambaleo — pero olvidas una cosa, muchacho… ¡fui yo quien la creó! — grita atacando nuevamente.
— Esto ya se acabó — comenta Mako, con pesar, concentrándose mucho más en la botella y su falta de contenido, que en la batalla que se desarrollaba a su lado.
— ¡No! — grita Hapossai, desviándose para quitarle la botella de las manos — se lo bebieron todo… — lloraba el anciano, mientras volteaba la botella sobre su boca, sin que cayera una sola gota en su interior.
— ¿Eso era lo que es tan importante para usted? — preguntaba Akane, junto al hombre, que asentía aun llorando.
— ¡Akane! — gritaron los chicos al verla, recién en ese momento.
— Yo no fui, yo no fui, ¡yo no dije nada! — Daisuke hablaba con dificultad, mientras negaba de todas las formas posibles, ante la acusadora mirada que ahora le dedicaban sus amigos.
— A-Akane — hablaba su prometido, perdiendo los colores del rostro — ¿qué haces aquí? — preguntaba arrastrando las palabras, forzando la vista, tratando de enfocar.
— Me las pagarás Ranma — decía el anciano, recuperándose del malestar, aumentando su aura de combate.
— ¡Maestro! — le regaña la chica — ¿tanto escándalo por una botella de sake?
— ¡Desaparece una cada día! — protesta mientras sacaba de entre sus ropas, dos de sus bombas.
— ¡¿Ustedes se beben una botella de sake, cada día?! — Akane se dirigía a los chicos, quienes bajaban la cabeza aparentemente avergonzados, aunque en realidad, Mako se preguntaba por qué había dos Akane's en ese lugar, Daisuke se encontraba con la furiosa mirada que Sayuri le estaba dedicando, Mako observaba una de sus manos con dedicación y Jiro vomitaba detrás de un árbol.
— Toma — Hapossai le ofrece las bombas a un confundido pero sonriente Ranma, que ya era incapaz de seguir la conversación.
— ¡Gracias! — contesta feliz, recibiéndolas. Hasta que estas explotan frente a su cara. Las chicas, ya fuera de su escondite, observaban las situaciones bastante incrédulas, algo irritadas.
— Akane, ya nos vamos — Sayuri le hablaba a su amiga. Ésta la observa y asiente en silencio.
— ¿Nos vemos mañana? — pregunta por cortesía.
— Claro — responde su amiga en respuesta, antes de dirigir fugazmente la mirada a Daisuke y fruncir el ceño, molesta — ¡adiós! — se despide al girar y alejarse del lugar.
— Será mejor que ustedes hagan lo mismo — Akane se dirigía a los chicos de aspecto deplorable que se encontraban aún en el suelo.
— C-claro — hablaba Hiroshi, poniéndose de pie, tirando a sus compañeros, para que también lo hicieran — ¿y Ranma? — pregunta Mako, con genuina preocupación, al ver el estado del chico que seguía tirado en el piso, inconsciente.
— No te preocupes, yo me encargaré de él — hablaba seria, entrecerrando sus ojos en su dirección. Los chicos, no pueden evitar tragar en seco ante el gesto.
— E-está bien, solo no lo mates Akane, es un buen chico — Mako hablaba como si aquello, fuese la cosa más inteligente que dijera jamás, pero Hiroshi le golpea la cabeza por atrás.
— Pero que idiota eres Mako, ¿cómo se te ocurre decirle eso? — le regañaba.
— ¿Qué? — protestaba el chico en una discusión sin sentido a la que Akane ya no le prestó atención, en cambio, se dedica a observar como sus compañeros, se abrazaban los unos a los otros para conseguir caminar sin caer, mientras seguían hablando y riendo de manera ocasional, hasta perderlos de vista.
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— Ranma…, Ranma despierta — le llamaba, mientras golpeaba su rostro — ¡Ranma! — el chico comienza a responder, entreabriendo los ojos con pesar y evidente molestia, abriendo y cerrando los ojos, frunciendo el ceño con fuerza, tratando de concentrarse en el rostro que tenía en frente, sin embargo, se le veía confundido — ¡al fin!
— Rayos… — es lo único que el chico logra contestar al abrir los ojos finalmente, notando casi al mismo tiempo, su boca re seca.
— ¿Estás bien? — pregunta Akane al notar su incomodidad. El chico intenta incorporarse, pero necesita de un segundo impulso para lograrlo, una vez sentado vuelve a cerrar los ojos, con fuerza — ¿qué ocurre?
— …Todo me da vueltas … — responde llevando una de sus manos al rostro mientras cerraba sus ojos con fuerza, pero la chica tuerce el gesto y de un rápido movimiento lo toma de su camisa.
— ¡Serás idiota!, pero, ¿en qué demonios pensabas? — le reprochaba mientras lo sacudía con fuerza.
— E-espera, voy a vomitar… — alcanza a decir antes de llevar sus manos a la boca, tapándola exageradamente. Akane retira sus manos de golpe, y observa como el chico intentaba regular su respiración, para luego observarla y sonreír ante su pequeño triunfo. La chica resopla cansada — ¿cuánto tiempo dormí? — pregunta después de un rato.
— Como veinte minutos — responde secamente, mientras movía una de sus manos, frente a su cara, molesta — apestas.
— Estuve entrenando — se excusa, mientras afirmaba su cabeza con ambas manos.
— Apestas a alcohol — afirma, secamente.
— Oh… — dice al comprender, logrando enfocar su vista en el rostro de la chica, para luego esbozar una media y boba sonrisa — lo siento…
— Vaya sí que eres tonto… ¿se puede saber qué pretendías?, ¡¿Cómo puedes estar en este estado?!
— ¿Estás molesta conmigo? — preguntaba el chico con verdadero pesar.
— ¿Tú qué crees?
— Pues, que si … — responde apenado, sin dejar de observarla, para luego sonreír divertido — te ves linda cuando te enojas.
— ¿Q-qué? — pregunta la chica absolutamente sorprendida, sin embargo, Ranma no dejaba de observarla, sin abandonar su sonrisa.
— Cuando te enojas arrugas tu nariz, aquí — dice señalando el lugar en el rostro de la chica que no conseguía parpadear debido a la impresión — … pero te ves mucho más linda cuando sonríes… — insistía el chico, como si nada.
— T-tú… debes estar mucho peor de lo que creí…
— Na… — responde con soltura — me siento bien — afirma, poniéndose de pie de golpe, tambaleando un poco al conseguirlo — solo un poco mareado, es todo…
— ¿Estás seguro? — preguntaba la chica, mientras observaba como su prometido caía de lado al suelo.
— Tal vez deba descansar… solo un poco — concluye, desde su nueva posición.
— Cielos… — exclamaba la chica al ver a su prometido gateando por el suelo para conseguir sentarse y seguir observándola, recuperando su sonrisa al hacerlo — ¿estás seguro de que estás bien? — el chico asiente exageradamente, para luego sujetar su cabeza y tratar de enfocar su vista.
— Solo debo quedarme muy quieto — hablaba con voz baja, mientras detenía sus movimientos.
— ¿Por qué? — susurraba también Akane.
— Para que el mundo deje de girar… — hablaba estirando su boca, moviéndola lo menos posible.
— Serás idiota…
— ¿Me acompañarás? — preguntaba, aún sin moverse, estirando cada vez más su boca.
— ¡Ya deja eso! — Akane lo sacude, desarmando su postura — claro que te acompañaré, no puedo dejarte solo así.
— ¡Oh!, tu… ¿me cuidarás? — preguntaba ilusionado.
— ¿Quién sino?
— ¡Gracias! — grita, antes de abrazarla.
— R-Ranma — preguntaba nerviosa y sonrojada, pero el chico no parecía notarlo — Ranma…
— ¡Eres muy linda! — exclamaba feliz, sin soltarla — ¿prometes que no me dejaras solo?
— Claro, claro — decía aún sonrojada, hablándole con paciencia, consiguiendo alejar las manos del chico.
— Me portaré bien.
— Más te vale — decía observándolo, pero este no hacía más que sonreír y acomodarse — que obediente — el chico asiente — bien — decía, observando a su alrededor — será mejor que consiga un poco de agua…, quédate aquí — pedía antes de ponerse de pie y correr antes de que su confundido prometido pudiera reaccionar al respecto, este en cambio, observa su alrededor y nota el desastre que estaba hecho aquel lugar, por su causa. Con dificultad logra ponerse de pie y tras un par de caídas y tropezones, consigue reunir los trozos de madera que antes estaba utilizando para entrenar.
Akane no tarda en regresar con varias botellas de agua en sus manos y se encuentra con un chico enredado en la soga que antes había sostenido los trozos de madera. Asustada corre hasta alcanzarlo y retirarle la cuerda de un solo tirón, provocando que el chico girara sobre sí mismo varias veces, antes de caer sentado, extremadamente mareado.
— ¡¿Qué sucedió?! — pregunta exaltada.
— ¿Qué?, ¿Qué ocurre?, ¿Qué pasó? — se levanta un confundido Ranma, observando para todas partes, adoptando postura de combate, en diferentes direcciones, consiguiendo torcer su cuerpo.
— ¿Por qué estabas amarrado?
— Ah… yo… me enrede… ¡hip!,… un poco… — dice rascándose la nuca, avergonzado.
— ¿Te amarraste tú solo?
— Eso creo — el chico se veía aun confundido.
— Menos mal… — suspira Akane, sinceramente aliviada. Pero el chico se acerca a su rostro y la observa para tratar de comprender. Akane retrocede, desacostumbrada a ese tipo de reacciones — pensé que Shampoo o Kodashi te habían encontrado así… — explica ante la cara de interrogación del chico.
— No, no, no, las chicas no pueden…, enterarse — hablaba abriendo muy grande sus ojos, aterrado — nadie puede — habla en voz baja — es un secreto.
— Un… ¿secreto? — pregunta Akane, incrédula — ¿entonces, qué rayos haces en este lugar?, ¡cualquiera puede encontrarte aquí!
— Ah… no hables tan fuerte — pedía el chico afirmándose la cabeza, para luego recibir, después de varios intentos de atraparla en el aire, la botella que Akane le había lanzado, abrirla y beber del líquido que ella contenía.
— Ranma — le llama la chica, el chico la observa sin dejar de beber — sabes que, si ellas te encuentran así, no dudarán en aprovecharse de la situación ¿verdad?, estoy segura de que acabarías firmando un acta de matrimonio, o algo…
— ¿Y eso, … te molestaría? — pregunta, coqueto.
— ¿De qué hablas? — reacciona sonrojándose.
— Si te preocupa… ¡hip!... es porque quizá prefieras que el acta lleve tu nombre…
— ¿Qué?, ¡estás loco! — resopla, molesta — no es mi asunto, yo solo te lo digo, porque…
— Lástima… — le interrumpe el chico, sorprendiéndola, obligándola a pestañar repetidamente para tratar de concentrarse en la conversación, sin entender del todo, lo que estaba ocurriendo — y yo sin un buen bolígrafo cerca…
— ¿Estás, burlándote de mí? — pregunta incrédula. Ranma emite una media sonrisa, antes de reír un poco.
— Yo sé que tú no harías algo como eso, Akane — habla el chico al ver su evidente molestia — no es que tú…, necesites hacerlo… ¡hip! — agrega suspicaz, notando el cambio de humor en la chica que nuevamente se sonrojaba ante las palabras de un desinhibido Ranma, que la miraba intensamente, para luego alejarse y beber del agua sin demostrar preocupación alguna.
Akane comenzaba a pensar en que tal vez, solo tal vez, sería una buena idea, poner un poco de sake en el té verde del chico, que Kasumi ofreciera por la mañana.
— D-deja ya de jugar… y dime… ¿Por qué no me dijiste, que estarías entrenando el Siu Ken?,a-acaso… ¿no confías en mí? — Ranma deja de beber y la observa, para luego acercarse y tomarla de un hombro.
— Akane…, eres muy boba.
— ¡¿Q-qué?!
— Claro que confío en ti, ¿bromeas?, tu eres la única que conoce todos mis secretos… ¡hip!
— Entonces… ¿por qué no me dijiste nada?, me tenías muy preocupada — Ranma alcanza el otro hombro de la chica con su mano disponible, acortando un poco más la distancia.
— Siento haberte preocupado… yo… — hablaba lentamente, concentrado en la mirada que su prometida le estaba dedicando — no quería… que tu… — pero las palabras parecían perder importancia para el chico en ese preciso instante, los labios de su prometida comenzaban a llamar su atención. Akane, ajena a las intenciones que rodeaban la desinhibida mente del muchacho, levanta una de las botellas de agua que aún cargaba, al notar que el chico ya había acabado con la primera. Ranma la recibe y sonríe —… me vieras así.
— El bobo eres tú, sabes que te habría cubierto la espalda, especialmente en casa, Kasumi pensaba que estabas enfermo.
— Estoy seguro de que el maestro se encargará de contarle a todos…
— No te dejará en paz, lo sabes — el chico asiente — te regañarán — el chico se encoge de hombros, despreocupado, no es que aquello le importara demasiado — ¿por qué el tío Genma no está acompañándote a practicar?, ¿por qué no le dijiste a nadie? — Ranma parecía pensar en ello, antes de volver a hablar.
— La última vez, se bebió todo el sake…, antes de comenzar — dice molesto, al recordar. Akane ríe divertida.
— ¿Y los chicos eran una buena opción?
— Ah… — resopla molesto — los idiotas se lo bebieron también…
— ¿Qué hacían ellos aquí, Ranma?
— Ellos… no sé, aparecieron un día… — hablaba aún con dificultad — no creían que se trataba de una técnica de combate, cuando les hablé de ella…
— No me digas… — decía irónica ante las posibilidades. Incluso a ella le costaba trabajo hacerlo. Siempre había pensado en que se trataba de una excusa para beber, pese a pertenecer a su propio estilo de combate, y lo hubiese seguido pensando hasta no ver que el maestro Hapossai no pudiera darle un solo golpe a su prometido, minutos atrás.
Luego comienza a recordar, que Hiroshi y Daisuke encontraron a su prometido, cumpliendo la solicitud de sus amigas, por lo tanto, el que ellos se hubiesen sumado, era en parte por su causa.
— Yo…, no había podido practicarla mucho, de cualquier manera, así que…
— Ya veo… — suspira la chica, sintiéndose culpable — supongo que no tardaron mucho en convertirlo en una verdadera fiesta — Ranma rascaba su cabeza, riendo nervioso.
— Son unos idiotas — dice riendo.
— Tú el primero — afirma, borrando la sonrisa del chico — bien, será mejor regresar a la escuela.
— ¿A la escuela?
— Supongo que aún no estás listo para regresar a casa, solías llegar mucho más tarde — Ranma vuelve a sonreír, al saber que su prometida lo notara — debes comer algo.
— Tal vez podríamos ir al Uchan… — dice feliz ante su brillante idea — tal vez no — corrige cohibido, ante la mirada que su prometida le estaba dedicando. La chica niega con la cabeza y comienza a caminar, seguida por un tambaleante y sonriente chico, que intentaba seguirle el ritmo.
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Tras llegar a la preparatoria y haber acompañado al chico a girar los huevos en la incubadora, ambos se encontraban en el patio trasero de la preparatoria. Akane había tratado de convencer al chico de sentarse a descansar un momento, sin embargo, las entrañas del muchacho tenían planes diferentes.
— ¿Ya te sientes mejor? — preguntaba Akane, apoyada en los bebederos, dándole la espalda al chico que no había logrado mantener en el cuerpo la cantidad de licor que había ingerido.
— Demonios — murmuraba entre dientes, tras enjaguar su boca y escupir varias veces — … eso creo…— contesta mientras terminaba de limpiar el desastre para cerrar la llave del agua que había dejado correr.
— Toma — le ofrece la chica, dejando un par de medicamentos sobre la estructura, a su alcance — lo saque de la enfermería — explica distraídamente — quizá debas dormir un poco para que te sientas mejor — decía ligeramente avergonzada, mientras Ranma los alcanza y observa en su mano.
— Gracias — dice el chico, sin dejar de observar la medicina que aún tenía en su mano. Akane lo observaba curiosa y se sorprende al notar que, de un momento a otro, los brazos del chico la rodeaban en un fuerte y cariñoso abrazo.
— R-Ranma… — había logrado articular después de un momento. El chico, al escucharla, separa un poco su rostro que hasta ahora descansaba sobre el hombro de la chica y posa una de sus manos en su mejilla. Akane, sin poder creer lo que ocurría, mantenía sus ojos abiertos y miraba sorprendida el rostro de su prometido.
— Gracias, Akane … — repetía el chico en un murmullo mientras la observaba detenidamente, sin perder detalle de cómo abría y cerraba la boca, intentando gesticular algo. Ranma sonríe ante el gesto y decide inclinarse para acortar la distancia entre ambos, pero la chica, niega con la cabeza. Al notarlo, Ranma se detiene de golpe y libera su rostro para alejarse ligeramente — l-lo siento.
— N-no hay cuidado, no fue nada — había pronunciado al haber recuperado el habla, finalmente.
— Y-yo… no quise — decía el chico, avergonzado, comenzaba a retroceder, pero Akane sostiene una de sus manos.
— Me alegro de haber podido encontrarla — explicaba — la medicina — agrega ante la confundida expresión del chico. Ranma la observa por un momento, sin lograr entender su reacción.
— Akane, yo…
— C-creo que es mejor ir a casa — anuncia la chica, dándole la espalda ante una confundida, pero penetrante mirada — yo… — hablaba sin mirarlo, sabiéndose escuchada — … no quiero que lo olvides y creo que… es probable que yo… no quiera volver a … detenerte — termina con un hilo de voz.
El chico, parpadea, tratando de comprender aquellas palabras. Ante el silencio, Akane lo observa por sobre su hombro y se percata de como el chico revisaba el estado de su aliento, arrugando ligeramente la nariz al hacerlo.
— Espera, entonces, ¿no dormirás conmigo?
La chica sonríe al observar la expresión de su rostro, pensando que este Ranma, cariñoso y desinhibido, no le era del todo desagradable.
Solo un poco, quizá, solo un poco, en el té verde de la mañana, pensaba divertida.
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Durante la mañana, ambos caminaban hacia la escuela. Ranma iba por la cerca como acostumbraba, llevando una bolsa con hielo sobre su cabeza, que amablemente le había ofrecido Kasumi antes de salir de casa. Akane sonreía al recordar como el chico había soportado el regaño de sus padres, con una enorme sonrisa en su rostro, al comprender, después de varios minutos, lo que la chica le había dicho. Y al notar el estado imperturbable del joven guerrero, lo habían mandado a la cama para que pudiera reponerse.
El maestro no había perdido la oportunidad de expresar su molestia durante el desayuno, en el que el resto de los integrantes de la familia, había guardado el más absoluto de los silencios. Ranma sabía que su hazaña le había salido barata esta vez, por lo que había decidido, mantener la boca cerrada y soportar el castigo estoico.
El fuerte dolor de cabeza que sentía en ese momento, había sido un punto importante en aquella decisión.
— ¿Qué? — preguntaba el chico al notar la mirada de su prometida.
— No lo sé, tú dime.
— Puedes burlarte, si quieres.
— ¿Por qué?, ¿por dejarte manipular?, ¿por comportarte como un idiota? — preguntaba con una enorme sonrisa en su rostro, observando como ante cada pregunta, el chico se molestaba aún más.
— ¡Ey! — grita el chico, tras saltar para poder encararla — tampoco exageres.
— No lo hago, además, me lo debes, fui yo la que tuvo que cuidarte.
— Yo no pedí que me… — había comenzado a protestar el chico, sin embargo, tuvo que detenerse, para observar a su prometida, visiblemente sonrojado.
— ¿Qué te cuidara? — termina de hablar por él, disfrutando, cada segundo de la conversación — pues sí, lo hiciste y estabas muy contento de que lo hiciera, además — arremete la chica, provocando que su prometido, retrocediera un par de pasos, sonrojado.
— Y-yo…, no…, es decir…
— También recuerdo que dijiste que era bonita…
— B-bueno, yo estaba ebrio… ¿Qué iba a saber?
— Pues, no mucho, porque hasta querías firmar un certificado de matrimonio con mi nombre.
— ¡¿Qué? — pregunta, casi tragándose la mano con la que trataba de tapar su enorme y sorprendida expresión — ¡Yo no…!... — había comenzado a excusarse — ¿o sí? — el chico se veía confundido, ante una sonrisa, cada vez más amplia de su prometida.
— Incluso — hablaba muy bajo — trataste de besarme.
Ante las palabras, que el chico había escuchado a la perfección pese a la disminución del volumen de su prometida, Ranma pierde por completo su capacidad de movimiento y su rostro parecía competir con el rojo de su camisa, sintiendo incluso, como un poco de vapor, se escapaba por sus orejas.
— ¡Akane! — gritaba Kuno, saliendo al encuentro de la pareja para ubicarse frente a la chica, protegiéndola con su cuerpo — aléjate de ella, ¡alcohólico!
— Y-yo, … yo, n-no…, no, es decir, me, me… — balbuceaba, aún estático y absolutamente rojo de vergüenza, al recordar su atrevimiento. Kuno lo observaba orgulloso, pensando en que la actitud del chico, se debía a su imponente presencia.
— ¡Es el colmo!, venir en esas condiciones a la escuela… — bufaba.
— Ranma…, vámonos ya — la chica caminaba tomándolo de la trenza, arrastrándolo, aun en su condición.
Al llegar al salón, Akane puede observar como Yoshio, Kimura, Jiro y Mako, dormían sobre sus pupitres, ante la mirada indignada de las chicas. Impresionada, suelta la trenza del chico, dejándolo caer sonoramente, llamando la atención del grupo de amigas que observaba la escena desde cerca.
— No puede ser… — murmuraba la recién llegada, mientras Ranma, aún sonrojado, se ponía de pie, siendo observado por el grupo femenino, demostrando en aquella acción, la molestia que sentían con el chico. Ranma comienza a reír nervioso
— Yo… he… — ríe un poco más, mientras retrocedía — ¡los huevos! — gritaba, antes de salir corriendo hacia el laboratorio.
— Bien — hablaba Sayuri, caminando hacia uno de los extremos del salón, para levantar dos enormes platillos que alguna vez, pertenecieron a la banda escolar — ya es hora — anuncia a los demás, para que protegieran sus oídos.
Al golpearlos, el grupo de chicos que dormía, había sentido que su corazón salía por su boca justo antes, de que su cabeza estallara en mil y pequeños pedazos.
Sayuri, Yuka, Suka, Aiko y Ayaka, sonreían complacidas.
— La próxima vez, lo haré yo — decía Yuka, con una maquiavélica sonrisa en sus labios.
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— Puedo conseguirlo — hablaba Yoshio, dispuesto a seguir experimentando — papá siempre tiene entre sus cosas.
— No lo sé…, ¿no nos hemos metido en suficientes líos ya? — hablaba Kimura, no muy convencido.
— ¡Ha!, no seas cobarde — reclamaba Jiro — el tabaco es mucho más inofensivo.
— Podemos hacerlo en la azotea, después de clases — sugería Mako
— ¿Quedarnos en la escuela?, ¿estás loco? — preguntaba Hiroshi
— No lo sé… — hablaba Daisuke — las chicas aún están demasiado molestas…
— Yo escuché que se reunirían hoy.
— Quizá planeen como seguir torturándonos.
— Tú que dices, Ranma, ¿conoces alguna técnica de combate que tenga relación con el tabaco?
— ¿Ah? — pregunta sin entender de qué estaban hablando, su mente estaba muy lejos de ahí.
— Déjalo, el pobre aún está afectado por la paliza que, de seguro, le dio Akane ayer.
— ¡Akane no me dio ninguna paliza! — protestaba el chico, en su defensa.
— ¿No lo hizo? — preguntaba Jiro, extrañado —¿y entonces, por qué han estado tan extraños hoy?
— Cierto, ni siquiera han discutido, ¿Qué sucedió? — comentaba Mako, el resto de los chicos ponía atención.
— Ella…, b-bueno, ella — suspira resignado — se quedó acompañándome.
— Es tan linda… — comentaba Hiroshi, con ojos soñadores.
— Qué suerte — Daisuke codea su estómago — a mí no me dirigen la palabra — comenta a sus amigos, con resignación. Hiroshi lo toma del hombro y niega con la cabeza, acompañándolo en su pesar.
— Pero algo más pasó… ¿no es así? — preguntaba Yoshio — porque si no…, Ranma no estaría así — habla suspicaz, apuntando a su amigo, dirigiendo la vista de todos hacia el chico que, sin darse cuenta, había tensado su cuerpo y comenzaba a girar su rostro, ligeramente sonrojado.
— Sí, definitivamente pasó algo — afirma Mako, cruzándose de brazos. El resto solo asiente.
— N-no sé de qué hablan — trataba de defenderse el chico. Sus amigos se miraban entre sí.
— ¡Ranma! — llamaba su prometida en ese preciso instante, provocando que el chico se avergonzara aún más al escucharla — me reuniré con las chicas hoy, por favor, avísale a Kasumi — hablaba, manteniendo la distancia del grupo — adiós! — se despedía sin esperar una respuesta y comenzaba a caminar para retirarse por completo.
— ¿Qué? — preguntaba Ranma, al notar como sus amigos lo observaban mientras mantenían sus brazos cruzados sobre el pecho, molestos.
— ¿La dejarás ir?
— Debes ir por ella.
— No seas idiota, Ranma.
— Esperen un momento, yo no… — protestaba el chico.
— ¡Ranma! — gritaba Jiro, interrumpiéndolo — ¡debes ir por tus huevos!
— ¡¿Qué!? — preguntaron todos a la vez, mientras Ranma tomaba a Jiro por la camisa, molesto.
— L-los huevos del experimento, ¿no debes girarlos ya? — preguntaba nervioso.
— Muy gracioso — responde el chico, soltándolo bruscamente.
— Vete ya — le decía Hiroshi. El chico asiente y sale corriendo del lugar. Al verlo alejarse, Jiro suspira aliviado.
— Que tengamos que estar en todas… — pero Mako golpea su cabeza por detrás.
— Serás idiota — resopla molesto.
— ¿Qué? — protestaba sin comprender.
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— ¡Akane! — llamaba mientras corría para alcanzarla, al escucharlo, la chica se detiene y gira para esperar a que el joven de larga cabellera, llegara a su encuentro.
— ¿Qué pasa?
— P-podemos hablar? — pregunta con evidente timidez, al estar frente a ella.
— ¿Akane? — preguntaba Yuka, que junto a las demás, esperaban a la chica.
— Vayan, yo las alcanzo — se excusaba la chica. Sus amigas, asienten y se retiran, dejándolos solos en medio del patio exterior.
— ¿Y bien?
— Y-yo… hem… yo…
— Ranma, déjalo, no tienes que decir nada si no quieres — decía mientras comenzaba a girar su cuerpo, para marcharse de ahí.
— ¡Lo siento! — dice, inclinándose en una solemne reverencia.
— ¿Qué?
— Sé que ayer, me comporté como un idiota y yo, siento mucho que…
— ¿Lo recuerdas? — el chico asiente, visiblemente avergonzado, recordando en ese preciso instante, que en realidad había intentado besarla, en más de una ocasión.
— Yo… no sé qué me pasó…
— Estabas bebido… — le interrumpe — y parece ser que, eres del tipo cariñoso, cuando lo estás — explica la chica, sonriendo, frente a una incrédula expresión del chico que la observaba.
— ¿No estas…, molesta?
— Depende.
— ¿De qué?
— ¿Te habrías puesto así, con tus otras prometidas?
— ¿De verdad crees que soy esa clase de personas? — pregunta, molesto. Akane lo observa seriamente. Ella realmente no creía eso, pero a veces se dejaba dominar por sus inseguridades.
— ¿Qué tanto, es lo que recuerdas? — pregunta, sin perder la seriedad en sus palabras, a pesar de generar un leve sonrojo en su rostro. Ranma se sorprende ante la pregunta, tan directa.
— Creo que… tengo un buen… panorama — hablaba avergonzado.
— Entonces debes saber que lo estaría, si no lo recordaras — hablaba la chica, manteniendo su actitud.
Ranma, ligeramente confundido, rascaba su cien, con el dedo índice, para luego observarla y asentir. Tras la acción, Akane gira su cuerpo, dándole la espalda, avergonzada — ahora solo queda ver, que lo hagas sin estupefacientes… — dice, observándolo por sobre su hombro, provocando que el chico casi se ahogara con su propia saliva — debo irme — anuncia sonrojada ante el atrevimiento, aprovechando el estupor del chico, para alejarse del lugar.
— E-espera… ¿quieres que… te acompañe? — preguntaba al recuperar el sentido común, y con ello, el habla. Ya vería esa boba y nada bonita chica, de lo que era capaz Ranma Saotome.
— Gracias, no hace falta — dice alegre, deteniéndose para volver a hablar en dirección del chico — Sayuri nos ha invitado a probar un buen sake, en su casa, sus padres no están — dice en voz baja en una clara señal de complicidad, cerrando uno de sus ojos, pensando en que no podía dejar pasar, así como así, el haberla preocupado por tantos días, ignorando por un momento, que la invitación de su amiga, era de cantar en un karaoke.
— ¡¿Qué cosa?!
— ¡Adiós! — grita alegre mientras comenzaba a correr, alejándose rápidamente de un incrédulo chico.
— ¡Akane, espera! — la seguía el chico — no puedes ir sola, deja que te acompañe, puedo esperarte para acompañarte de regreso a casa, Akane, déjame ir a la farmacia primero, necesitarás un par de analgésicos — pedía con urgencia mientras corría para alcanzarla — espera, que te estoy hablando… ¡Akane!
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Fin Capítulo 5.
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Notas de Autora:
Luego de una exhaustiva investigación… (he…), obtuve como dato interesante que, muchas personas hicieron estos "experimentos" en su época escolar, por ello decidí usarlo en nuestros queridos personajes, pero sentí que debía ser con algo que los caracterizara.
La verdad es que el capítulo cobró vida, y a pesar de tener una idea clara de cómo hacerlo, se convirtió en algo completamente diferente… ojalá el resultado no haya sido tan nefasto y puedan apreciar los detalles que trato de ir agregando en los capítulos: la evolución, los diferentes momentos, la complicidad. Constantemente me pregunto si estaré haciéndolo bien… o si en cambio estaré haciendo el ridículo, ¡Ja!, ¡todo es posible! Es por ello que nunca me cansaré de agradecer a todos(as) aquellos(as) que han agregado este fic a sus favoritos, a los que han decidido seguirlo, y muy especialmente, a los que dejan sus alentadores mensajes, especialmente a:
Erlyn Ortiz
MundoFanficsInuyashayRanma
Runarum
Xocolatl333
Alicia
Y, por cierto, la técnica que se menciona (Siu Ken, o puño ebrio, en español), es aquella que aparece en el capítulo 39: ¿Quién besará a Akane?, cuando Kuno hace beber a Ranma convertido en mujer durante la obra teatral, y este se defiende, usándola.
Ahora sí, ¡Saludos!
