Llegó el día de la celebración de la boda entre Isaac y Anita, invitaron a toda la congregación al banquete, Candice le hizo el vestido a su hija con una hermosa tela que Constanza le regaló, la hija de Ralph hizo el diseño dejando a la novia complacida.

Isaac le dio gracias a Dios, sentía que no se la merecía y prometió hacer todo lo humanamente posible para hacerla feliz.

La recepción fue en la mansión de los Day, Albert bailó con su esposa, casi no dejaba espacio entre ellos.

-Después que termine todo esto, te quiero dispuesta en mi cama

-Yo siempre estoy dispuesta para ti- le dijo seduciéndolo con su voz

-Si quieres podemos escaparnos ahora mismo-le propuso Albert

-No, recuerda que somos los padres de la novia

-Ah si es verdad, compromisos-lo dijo blanqueando los ojos y con pesar

Ralph sacó a bailar a Constanza

-Muchacha debes reflexionar y decirle a tu esposo que es padre de un hermoso niño.

-Usted no entiende nada, no puedo hacer feliz a Esteban.

-El sería feliz sólo con tenerte a su lado

-Sí, pero los hombres no se conforman sólo con la compañía, ustedes quieren que sus esposas le proporcionen placer.

Ralph miró a Candy-A veces sólo con mirarlas sentimos placer.

-Usted lo ha dicho, a veces

Ismael que bailaba con Rosy miró que Candy se negaba a bailar con todo aquel que se le acercaba.

-Rosy, me da tristeza ver a tu hermana menor tan solita, me ofrezco a bailar con ella, dile que estoy disponible.

-Si quisiera bailar ya hubiese aceptado a cualquiera de los chicos que la han invitado.

-Si, pero no les tiene confianza, en cambio yo soy parte de la familia Andrew.

-Está bien le diré, pero sólo permitiré que bailes dos piezas con ella.

-Con eso basta y sobra

Se acercaron a Candy quien veía sonriente a las parejas de enamorados que bailaban en el centro del salón incluyendo a William y Candice Andrew

-Candy, para que no estés tan aburrida permitiré que bailes dos piezas con mi novio.

-No hace falta Rosy, así estoy bien-Candy pensó: Si tan solo estuviera Will aquí.

-Insisto cuñadita, no te voy a morder.

-No tengo ánimos

-Ve con Ismael todos van a pensar que te cae mal-le pidió Rosy

Candy no tuvo más remedio que ir con Ismael, en medio del salón la tomó por la cintura y la acercó a su cuerpo.

-Luces muy hermosa pequeña, ninguna chica de las que están aquí se compara contigo

-Mis hermanas mayores y tu novia principalmente son mejores que yo

-No, Rosy no te llega ni a los talones

-Es una broma de mal gusto Ismael

-No es broma, mira me enteré por Rosy que tu papá te llevará a Chicago para casarte con un viejo rabo verde, creo que te convendría más que te fugaras conmigo.

- ¿Te has vuelto loco? Yo jamás traicionaría a ninguna de mis hermanas.

-No son tus hermanas, si es así, a Will lo deberías de ver como un hermano también, pero lo ves como hombre.

-Como veo a Will no debe de interesarte, y si ya sabes lo que siento por él porque te me insinúas

-Porque me interesas, Will está enamorado de una mujer en toda la extensión de la palabra, para él sólo eres una mocosa, en cambio para mí…

Isaac quien observaba a Ismael interrumpió el acoso al decir: Déjame bailar con mi cuñada, le pedí permiso a mi esposa.

-Será hasta que termine la pieza.

-Quiero bailar con el novio-dijo Candy soltándose de Ismael.

-¿Qué te dijo ese canalla? ¿Se te estaba insinuando verdad?-la cuestionó Isaac

-Si ¿Cómo lo sabes?

-Anita y yo queremos desenmascararlo delante de tu padre, él engaña a Rosy con una mujer de su edad, a distancia nos dimos cuenta que te estaba incomodando.

-Gracias por rescatarme Isaac.

-Yo haré todo por cuidar de mi familia, no dejaré que lastimen a ninguna de ustedes.

-Gracias, mañana mi papá me llevará a Chicago, conoceré al tipo que tiene designado para mí.

-No te desanimes, estoy seguro qué tu papá reflexionará, o mejor aun cuando Will te vea quedará impresionado por tu belleza, puedo apostar que luchará por tu amor, si no amara perdidamente a Anita quizás me hubiese enamorado de ti.

Ralph le pidió permiso a Albert para bailar con su esposa y este la dejó pero por dentro estaba que echaba lumbre.

-Bien acepté bailar contigo porque quiero que conversemos.

-Dime Candy, tienes toda mi atención-le dijo Ralph mientras pasaba la mano por su espalda y luego llegaba a su cintura.

-Mañana te llevaras a mi hija menor a Chicago, quiero decirte que si la obligas a casarse con alguien que no ama, nunca te lo perdonaré y tampoco querré verte de nuevo.

-Candy ¿Por qué me amenazas?

-No es amenaza, es una promesa, nunca más querré verte y te despreciaré con todo mi corazón.

-La llevaré y la presentaré con aquel hombre, ella sola tomará la decisión, ustedes asistirán a su boda si se llega a realizar.

Terminó la fiesta, los Andrew regresaron a su casa, Candy estaba cansada, aún acostumbraba orar con sus hijas antes de dormirse, luego iba a la recamara de Constanza y su nieto para orar con ellos también, entró con Albert y este la estaba esperando con una sonrisa.

-Pensé que ya estarías dormido, te quejaste de que estabas cansado.

-Cansado de atender a la gente más no de yacer contigo.

-Tengo que asearme, sudé mucho.

-Entonces entraré contigo a la tina, ya está preparada.

Albert la siguió, ella se desvistió ante sus ojos, Candy se metió a la tina, él quiso pasarle la estopa por todo el cuerpo, no pudo resistirse y él también entró, la hizo que se acomodara encima de él, acarició sus senos, su espalda, se besaban con mucha pasión, con los movimientos de Candy tiraban agua al piso.

-Se echará a perder la madera-le advirtió Candy

-No me importa, después cambiaremos todo el piso si es necesario, ahora déjame entrar en ti, ah si, muévete así, sigue Candy, no te detengas mujer.

El succionaba sus pechos, después de unos minutos Candy se cansó, el hombre todavía tenía el pene erecto, por lo que ella decidió salirse de la tina, con mucho cuidado se fue a la recamara empapada desde el cabello hasta los pies, él la fue siguiendo, por poco se caía pero logró equilibrarse.

-Aquí si no te podrás escapar- la acomodó empinada a la orilla de la cama, al ver sus hermosas pompis, le dio unas nalgaditas-¡Esto es por haber bailado con Ralph! ¡Toma! ¡Toma otra!

-Pero si tú me diste autorización-le recordó Candy.

-Tu deber era negarte y ya calla no me desconcentres mujer, ahí te va, te lo dejaré ir todo-la penetró, se le resbalaba un poco, pero era más cómodo que en la tina, esa noche se amaron hasta el cansancio, ella quedó completamente rendida, su hombre era insaciable.

Al día siguiente, se levantaron temprano para despedir a Ralph y a su hija. Todos los Andrew desayunaron con ellos hasta Isaac y Ana llegaron para despedirlos, Constanza fue la primera en darles el adiós porque se iría para abrir la tienda de telas, se despidió de su hijo inocentemente, no se imaginaba el plan que había trazado su padre junto con Ralph, convencieron al niño de Constanza para que se fuera con ellos a Chicago a fin de que conociera a Esteban su padre.

Sabían que cuándo Constanza se diera cuenta de la ausencia de su hijo iría atrás de él sin pensarlo dos veces. La pequeña Candy lloró al ver que se alejaba de la familia que la había acogido por varios años, el niño de Constanza se mantuvo tranquilo porque le prometieron que su mamá los seguiría aparte de eso se sentía seguro por la compañía de Candy a la que él consideraba su tía, siempre jugaba con ella todas las tarde mientras Constanza regresaba del trabajo.

Al llegar la tarde, Constanza lo primero que hizo fue ir a su habitación para ver a su hijo.

Mamá ¿Dónde está mi hijo? no lo encuentro por ningún lado, ya lo busqué por toda la casa.

Constanza la verdad es que él niño no está aquí, esta mañana partió a Chicago junto con Ralph y Candy-le comunicó la noticia con un poco de temor a su reacción.

Pero ¿Cómo se atrevieron hacerme esto?, ustedes no tenían ningún derecho de decidir sobre la vida de mi hijo.

Eso reclámaselo a tu padre cuando venga, fue el quien tomó la decisión y tú sabes que yo sólo me sujeto a él.

Cuando llegó Albert del banco Constanza quiso reclamarle pero él la ignoró.

Si quieres ver a tu hijo tendrás que ir a buscarlo tú misma a Chicago.

-Si algo le llega a pasar en el camino, nunca te lo voy a perdonar-lo amenazó Constanza.

-Así es Constanza, será mi responsabilidad, créeme que la asumiré.

Al siguiente día partió Constanza a Chicago, la acompañó Isaac Day, se ofreció al ver que Josiah Gibbs se había escandalizado porque lo hicieron sin consultarle.

En todo el trayecto no pudieron alcanzarlos, después de varios días de camino Ralph, Betito y su hija Candy llegaron a Chicago al primero que fueron a visitar fue a Esteban.

Anita extrañaba a su esposo, se había quedado en casa de sus padres mientras el regresaba de dejar a su hermana mayor, las gemelas se encargaban de la tienda de telas mientras Constanza estaba lejos, esa tarde cuando estaban haciendo el corte de lo que habían vendido, dos bribones se metieron para asaltarlas, Albert llegaba a buscarlas pero algo lo atrasó ese día. Las amenazaron con una pistola.

-Dos mujeres tan hermosas, esta oportunidad jamás se nos presentará de nuevo.

Uno de los hombres acarició a Rosy y trataba de forzarla, Ana Andrew, golpeó a su captor y fue a ayudar a su hermana, el hombre enojado por el dolor que le había causado por golpearlo en los testículos, disparó contra ella, en ese momento Albert llegaba con el carruaje, bajó rápidamente al escuchar el disparo.

-¡La mataste!

Ambos trataron de huir, Albert encontró a Rosy tratando de auxiliar a su hermana, él corrió a la parte trasera para ver a los asesinos de su hija pero no lo logró, varios alrededor de la tienda escucharon el disparo y al ver que los hombres trataban de montar sus caballos, los amenazaron y pudieron capturarlos.

-Papá, siento que se me va la vida-le dijo Anita

-Te llevaré al doctor aguanta hija-decía Albert llorando

Rosy estaba inconsolable, Albert salió con su hija en brazos.

-Ya no me lleves papá, veo a varios Ángeles que vinieron por mi alma, perdóname por irme con Isaac.

-Ya te había perdonado mi niña, por favor resiste.

-Dile a Isaac que lo amo y que no cometa ninguna tontería, papá dile a mi mamá que la amo…

Anita Andrew Exhaló.