Ralph no estaba preparado para que su hija emitiera juicio contra él, se salvó de confesar el agravio que cometió, porque en ese momento llegaron a su casa.

—Papá, no me has respondido.

—¡Apresúrate a bajar de una buena vez! todavía tengo quitarle las riendas al caballo —contestó Ralph para desviar la atención de la pequeña Candy, ella le obedeció, el también bajó para abrirle la puerta— entra a la casa, está haciendo frío. Que Dios vele tu sueño hija mía —la despidió dándole un beso en la frente. Se subió a la carreta y tardó en regresar a su casa para que la conversación no continuara.

Mientras, en la finca, Albert entró a la habitación de Will sorprendiéndolo igual que a su esposa.

—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué discuten? —les cuestionó.

Candy tenía los ojos casi desorbitados, no quería que Albert se enterara del reprochable acto de Will hasta que ella lo convenciera de casarse con la hija de Ralph.

—He decidido irme de la casa, y mi mamá me armó un drama.

—¿Irte? ¿Por qué? Si acaso, nosotros somos los que deberíamos irnos a otro lugar, esta propiedad ha prosperado por tu esfuerzo, así que te pertenece; quiero construirle a tu mamá una casa tan hermosa como la que teníamos en New Haven, pero tomará tiempo, no creí que nos consideraras un estorbo.

—No es eso papá, ya soy un adulto, el vivir bajo el mismo techo que ustedes es complicado, yo estaba acostumbrado a la soledad…

—Vaya, pensé que nos extrañabas como nosotros a ti. —dijo Albert fijando su mirada en Will, este agachó la cabeza.

—Perdóname papá, tú también mami, es mejor que olvidemos esta conversación.

Esa noche Candy no le dijo la verdad a Albert. Mientras en la penumbra de su habitación, Will evocó los momentos que pasó con Candy.

La hija de Ralph no pudo dormir, mojó su almohada por tanto lloriqueo, a la mañana siguiente su papá la fue a despertar para que desayunaran juntos, pero se hizo la dormida, no quiso que la viera en ese estado. Al escuchar que Ralph se fue, se apresuró a vestirse para ir a la Iglesia, en el trayecto, se encontró a Ismael quien salió a caminar mientras su padre Josiah Gibbs dormía en la posada, era la última persona a quien quería saludar.

—Candy ¡que maravillosa coincidencia! ¿hacia donde te diriges?

—A la Iglesia.

—Te acompañaré, mi padre todavía sigue dormido, yo me levanté temprano, desayuné en el comedor de la posada, y heme aquí vagando sin rumbo fijo.

—La verdad no me siento de ánimos como para ir conversando por el camino —le comentó Candy.

—Entonces, guardaré silencio, me conformo con ir a tu lado aunque sea callado.

Albert seguía dormido, Candy pudo escabullirse para continuar la discusión con Will, pero no lo encontró, decidió ir al pueblo para animar a la hija de Ralph.

—Rosy, despierta. acompáñame al pueblo —la zarandeaba Candy para que se despertara, Rosy abrió los ojos y se quejó—: Mamá, anoche nos dormimos tarde, quiero seguir durmiendo.

—Si tu papá se despierta y no me encuentra en la casa, se enojará.

—Pues entonces no salgas.

—Quiero ir a la Iglesia y después a visitar a Candy.

—Mami, Dios no se va a enojar si faltas un día a la Iglesia, estoy segura de que Él sabe que estamos cansados por la fiesta.

Rosy se tapó la cara con la sábana y se volteó, Candy al no lograr su cometido, se lanzó a la aventura. Le ordenó a uno de sus siervos que le alistara la carreta.

—Señora, es mejor que la acompañe.

—Quiero ir sola —contestó Candy tajante.

—Pero el señor William se molestará si no la encuentra aquí.

—Me atendré a las consecuencias.

Candy agarró las riendas y guio al caballo.

Ralph regresó a su casa para preguntarle a su hija si iría a la Iglesia, pero no la halló, se imaginó que fue al culto de adoración. Se puso a cocinar, para que no fueran a la casa de los Gibbs al recalentado, Albert lo había invitado.

Candy llegó después de media hora a la casa de Ralph para hablar con Candy, el corazón de él se aceleró al ver que bajaba de la carreta, salió para ayudarla.

—Pasa Candy, me has alegrado el día.

—Vine a ver a la niña.

—¿Todavía le dices niña? Ya es una mujercita.

—Siempre será mi niña, yo la terminé de criar.

—Si, tu siempre has sido una buena madre, estoy seguro que también cuidarás con mucho amor y dedicación al que viene en camino. —dijo eso acercándose a ella y posando las manos en su vientre— puedo asegurarte que fue engendrado con mucho amor.

Candy sintió que se le erizaban los vellitos de la espalda, se sintió incomoda, y se retiró un poco. —creo que la iré a alcanzar a la Iglesia, la conozco bien y estoy segura que ahí la encontraré —Candy se dirigió a la puerta y Ralph le tapó el paso—. De verdad ¿No te acuerdas de lo que pasó entre nosotros?

—No entiendo a qué te refieres.

—¿Estás segura?

A Candy le pareció que todo le daba vueltas, se acordó de los jadeos que emitió Ralph al penetrarla, ella lo miró horrorizada.

—Si, te hice mía, todo este tiempo he guardado el secreto, pero ya no más, ese bebé que esperas es mío.

Hola chicas, espero que disfruten la lectura, ya nuestros jóvenes regresarán a clases, deseo que el ciclo escolar que inician sea productivo. Deseo saber sus opiniones acerca del fic.