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Perseverancia
Epílogo
I just can't get you out of my head
Boy, your lovin' is all I think about
I just can't get you out of my head
Boy, it's more than I dare to think about
Every night
Every day
Just to be there in your arms
Won't you stay
Won't you lay
Stay forever and ever, and ever, and ever
(I Just Can´t Get You Out Of My Head / Kylie Minogue)
Catorce meses después…
—¿Dónde estás? —preguntó Bulma mientras terminaba de vestirse frente al espejo de su habitación. Tenía un pequeño auricular inalámbrico en el oído que servía para comunicarse con su interlocutor, mucho más cómodo que los scouter que solían usar en aquella nefasta Torre.
—Cerca —respondió Vegeta y no dijo más.
—Oh, vamos, no seas así. Dime dónde estás —respondió ansiosa, a la vez que revisaba su cabello suelto que pasaba la altura de los hombros—. El vestido que me puse me queda muy ajustado del pecho, quiero cambiarme de ropa.
—¿Por qué no te lo cambias y ya?
—¿Acaso no has aprendido nada de lo que hemos hablado? —Iba a comenzar a explicarle sobre las costumbres humanas al saiyajin, cuando la interrumpió.
—Lo sé, lo sé. Quieres verte linda para mí —repitió las palabras exactas que le había dicho hace unas semanas, cuando le avisó que ya estaba a solo unos días de distancia para volverse a ver luego de tanto tiempo distanciados, pero siempre comunicados. Pese al tiempo y el extenso trecho que los separaba, habían creado un potente vínculo que siempre los uniría, y que iba más allá de lo que vivieron como esclavos de Freezer.
—Veo que has prestado atención —comentó satisfecha. Fue hacia el mueble donde guardaba sus joyas, maquillajes y un sin fin de accesorios que comenzó a comprar desde que recuperó su libertad, y escogió el mejor perfume, el que había comprado para esta ocasión tan especial—. ¿Entonces recuerdas lo que tienes que decir?
—No lo voy a decir —respondió, y pese a que Bulma no podía verlo, supo enseguida que estaba haciendo una mueca por lo tonto que se sentía.
—Vamos, dilo, consiénteme. —Se dio una vuelta entera para revisar que todo estuviera en orden: vestido floreado sin una sola arruga, su maquillaje no recargado y su cabello completamente liso. Le había costado más de lo esperado recuperar su peso ideal, y salvo el detalle de que sus pechos estaban un poco más rellenos, lucía como la última vez que se vieron. ¡Qué estupidez! ¡Lucía mil veces mejor a como la última vez que se vieron!
—No lo voy a decir.
—Si no lo dices, lo primero que verás cuando nos reencontremos, será ese bigote sobre mi labio y tendrás que besarme así.
La joven mujer debió aguardar una pausa considerable, como si Vegeta estuviera sopesando aquella información, y sonrió victoriosa cuando escuchó un suspiro resignado.
—Está bien… —dijo Vegeta, y continuó con un tono sin emociones, como si hubiera tenido que memorizar cada palabra que diría a continuación, y a decir verdad, así había sido—: no necesitas pasar horas arreglándote, te ves hermosa tal como estás.
—Qué galante, Vegeta —exclamó feliz—. No es necesario los halagos para llevarme a la cama, tu sola visita me ha convencido.
—Ya voy a aterrizar. Hablamos después.
—Está bien, no tardes —respondió, y cuando se iba a quitar el auricular, volvió a escuchar la voz del hombre.
—Dime algo… ¿No tienes ese inmundo bigote, verdad?
—Claro que no —dijo sonriendo, y agregó—: pero si quieres tener un encuentro amoroso con el soldado Brief podría conseguirme uno, no tengo problema si quieres juguetear de esa…
—Claro que no —respondió apresurado, cortando la comunicación.
Bulma rió divertida y volvió a repasarse de pies a cabeza antes de salir a paso rápido de su habitación en dirección a la planta baja y luego al jardín donde todo ya debía estar listo para la llegada de su príncipe.
—¡¿Ya está toda la comida, mamá?! —preguntó cuando llegó al espacioso jardín de la casa que decidió vivir junto a sus padres luego de que finalmente pudiera encontrarlos hace ya casi diez meses.
Tal como pensaba, sus progenitores no descansaron un solo día y la buscaron de planeta en planeta, siguiendo cada pista que pudiera guiarlos al paradero de su adorada hija. Para la suerte de los tres, dos mentes privilegiadas piensan similar, así que Bulma comenzó a recorrer los orbes donde contrabandeaban gente, a sabiendas que podría encontrarlos, y así sucedió. La tristeza que sufrió por separarse de Vegeta se vio superada ante la dicha de volver a estar junto a sus padres. Por fin tuvo la certeza de que podría tomar el rumbo de su vida y seguir justo dónde se había visto interrumpida… Aunque nada podría ser igual, y todo gracias a Vegeta.
—¿Ya van a llegar tus amiguitos, Bulma? —preguntó la rubia con su acostumbrada voz melodiosa mientras llevaba una bandeja repleta de carne asada a la larga mesa que situaron en el patio. La superficie entera ya casi estaba ocupada por completo, y aún le quedaba comida para llevar.
—En cualquier momento, mamá.
—¿Será suficiente toda está comida? —preguntó pensativa, ya que una de las cosas que Bulma más mencionó era el apetito voraz de sus amigos.
—Esperemos que sí —respondió dichosa por la pronta llegada de Vegeta y el perfecto día que le había tocado. El sol iluminaba, los árboles proveían de sombra, y todas las plantas y flores que su mamá tanto cuidaba se veían más coloridas de lo normal, no sabía si se trataba de la emoción de volver a ver al príncipe, pero todo le parecía perfecto el día de hoy—. ¿Dónde está papá? —preguntó mirando a todos lados.
—Está en el laboratorio, querida. Está ocupado afinando los detalles en el reloj que hiciste. No te preocupes, ya vendrá —dijo yendo en dirección hacia la cocina en busca de más comida.
—No es un reloj, mamá —la corrigió.
—Pues porque escogiste los materiales más feos para construirlo no parece uno… Ojalá tu padre lo componga un poco, o nadie va a querer comprarlo. Es importante la apariencia de las cosas para atraer al público, querida.
—Que no es un reloj, mamá —repitió. Sabía que era inútil, su madre siempre entendía lo que quería entender y ella siempre se lo explicaría aunque no acusara recibo—. Ni siquiera vendemos relojes.
—¿Y bien? ¿Dónde está tu novio? —preguntó el papá de Bulma en cuanto salió de su laboratorio: una construcción extra junto a la casa que era casi del mismo tamaño, alta y espaciosa.
Desde que llegaron a vivir a este planeta tranquilo, se dedicó a trabajar con su hija para hacer conocida la Corporación Capsula, tal y como lo fue en su momento en la Tierra, y estaban a punto de lograrlo, solo que no estaban dispuestos a despojarse de las patentes de sus inventos para que las usaran con otros propósitos. Ellos debían tener el control de todas sus creaciones.
—No es mi novio, papá —dijo, aunque enseguida se cuestionó, ya que no había estado con nadie más desde que se separaron y estaba segura que él tampoco.
—¿No es tu novio? —preguntó el hombre sonriendo, y apagó el cigarro en un cenicero sobre la mesa antes de acercarse al árbol más próximo, donde a la sombra, había una manta azul con estampado de globos de colores y sobre éste varios juguetes de su autoría construidos especialmente para su nieto Trunks—. ¿Entonces cómo apareció este niño? —Lo tomó en brazos y el pequeño respondió con una risa alegre.
—Los jóvenes de ahora son tan modernos, querido —respondió la rubia que volvió a aparecer con otra bandeja, esta vez llena de pastelitos dulces para el postre—. Ya no le ponen nombre a nada, solo se dejan llevar por sus hormonas, pero gracias a eso tenemos al nieto más hermoso del mundo. Muero de ganas por conocer al papá de Trunks —Sonrió contenta y fue a hacerle caras chistosas al niño de seis meses que respondió con carcajadas estridentes.
—No es tan así —respondió Bulma pensativa—. Es que no tuvimos tiempo para ese tipo de cosas, todo fue muy diferente.
—Lo entiendo, querida. Así son los viajes de estudios, no hay tiempo para nada más que estudiar, y sé lo mucho que te gusta ganarle a todos cuando se trata de las calificaciones.
—Querida —comenzó su esposo con una paciencia de santo—. Ya hablamos eso, Bulma no fue a un…
No pudo terminar, ya que en medio del jardín aterrizaron tres guerreros saiyajin. Bulma sonrió dichosa al verlos con armaduras diferentes a las que solían usar cuando estuvieron bajo las órdenes de Freezer, ahora eran más estilizadas y de colores oscuros, y lucían como si no hubiera pasado un solo día desde la última vez que se vieron… afortunada genética saiyajin.
En primera instancia, la atención de los tres hombres se dirigió a Bulma, que lucía mucho mejor a como la recordaban. Evidentemente la libertad le había sentado demasiado bien, pero al escuchar al pequeño de pelo lila y ojos azules sonreír, no pudieron evitar notar aquel rabo que se movía de un lado a otro.
—¿Cuál es tu novio, Bulma? —preguntó la rubia emocionada ante la cinematográfica llegada de las visitas.
—Te dije que era el más guapo, mamá —respondió Bulma a punto de gritar de alegría. Hacía mucho tiempo que su corazón no se aceleraba de esa forma, en especial al ver ese rostro casi enojado de Vegeta, pero que sabía que por dentro también estaba emocionado.
—¿Cómo que el más guapo? —dijo Raditz frunciendo el ceño, un tanto indignado.
—La verdad es que los tres son extremadamente guapos —comentó coqueta—. No sé cuál es.
Raditz respondió al comentario de la mamá de Bulma guiñándole un ojo.
—Me gusta tu madre, Bulma.
Bulma le había prometido a Vegeta comportarse mientras estuvieran con gente presente, pero pese al tiempo, Vegeta debía recordar que si Bulma no se contuvo mientras eran esclavos de Freezer, mucho menos lo haría ahora que era una mujer libre y estaba con gente de confianza, por eso casi no se sorprendió cuando corrió a sus brazos, directo a su boca, dejándolo sin opción más que recibirla y agradecer que Raditz y Nappa se alejaron para ir a ver al niño con cola.
—Te extrañé mucho —dijo luego de un beso y se recargó en su hombro, como si no hubiera nadie más en el lugar.
—Fue mucho tiempo —respondió Vegeta con las mejillas ligeramente rojas y sin mucha expresión en su tono de voz. Al menos todos los demás estaban hablando de lo fuerte que era el pequeño príncipe.
—Demasiado.
Bulma volvió a besarlo en la boca, y esta vez Vegeta se relajó un poco, y posó sus manos en su cintura. ¡Vaya que había extrañado esa cintura! Había extrañado todo de ella, y esa era la razón de este reencuentro: volver a verla, y por supuesto, conocer a su hijo.
—El príncipe va a ser todo un guerrero —exclamó Raditz, orgulloso de la energía que indicaba el scouter respecto a Trunks.
—¿Pero por qué ese color? —mencionó Nappa un tanto acongojado—. No son los colores de nuestra raza, mucho menos de la familia real.
—¿Todos tienen el pelo negro en tu raza? —preguntó el padre de Bulma. Aquel dato era interesante, ya que significaba que los genes de los guerreros se anteponían a los del resto.
—Sí —respondió con naturalidad Nappa sin dejar de estudiar al niño—. Las tradiciones eran importantes en Vegetasei, y por eso matábamos a las mujeres de otras razas que quedaban embarazadas, no queríamos estropear la grandeza de la raza, sería un escándalo.
—Está bien, suficiente información sobre los saiyajin —dijo Bulma sonriendo y se acercó a sus padres para tomar al niño. Los abuelos aún tenían cara de horror ante el comentario del gigante calvo—. Trunks, te presento a tu papá. Vegeta, aquí está tu hijo —comentó sonriendo en cuanto se puso ante Vegeta.
—Es un niño fuerte —dijo Vegeta mirando a Trunks, aún serio.
Trunks miró a su mamá y se preocupó de llevarse un dedo a la boca en lugar de mirar al extraño que tenía a su lado.
—Es más que un niño fuerte, es tu hijo, tómalo. —No esperó respuesta y se lo pasó. Tenían que empezar a conocerse y convivir enseguida, ya había sido mucho tiempo sin gozar de la compañía del otro.
Vegeta se vio demasiado incómodo con Trunks, y lo subió a la altura de su rostro, sin saber cómo tomarlo o qué hacer.
—Trunks no es un nombre que le corresponda, pero lo aceptaré, después de todo tú lo pariste y te has encargado de él.
—Fíjate que no dormía en las noches esperando a que llegaras para tener tu aprobación —dijo con tono cínico, pero aún feliz de que Trunks por fin conociera a su papá. Moría de deseos de que crearan un vínculo.
Vegeta miró por sobre Trunks a Bulma con su ceño siempre fruncido y no tardó en regresar con el niño que comenzaba a sentirse incómodo por la forma en que lo cargaban.
—Al menos tiene rabo. Eso es importante.
—¿Ya tuvo su primera transformación? —preguntó Nappa interesado—. Es importante que sea antes del año, así se acostumbra a asesi…
—Será mejor que te calles —dijo Raditz con calma, luego de detenerlo con un codazo en el abdomen.
—¿Qué dije de malo?
—Todo —respondió el guerrero.
—Es el príncipe, tiene que acostumbrarse a nuestra tradiciones.
—No tenemos planeta, ni gente y mucho menos tradiciones.
En lo que los dos saiyajin continuaron discutiendo en voz baja, Vegeta siguió revisando que su hijo tuviera todo en su lugar. No era lo que deseaba Bulma para un primer encuentro, pero conociendo a Vegeta, pensó que sería peor, así que continuaba feliz observando la interacción.
—Tiene tus ojos —volvió a hablar Vegeta, nuevamente mirando a Bulma.
—Sí —dijo orgullosa, y agregó—: Y tu mirada.
—Sí.
El buen humor de Trunks terminó de esfumarse ya que el extraño que lo sostenía no lo tomó de la mejor forma. Reclamó en su propio idioma, y más veloz que los niños de su edad, estiró la mano hasta alcanzar un mechón de cabello del hombre para tirarlo y gritar molesto.
—¡Hey, qué estás haciendo niño! —reclamó Vegeta y extendió los brazos para alejarlo de su cuerpo.
El llanto del niño no se hizo esperar, acostumbrado solo a voces suaves y felices cuando le hablaban.
—Bueno, podría haber sido peor —dijo Bulma y se apresuró en recuperar a su hijo que lloraba desconsoladamente.
—No le hice nada —dijo Vegeta a la defensiva.
—No importa, ya tendrán tiempo para conocerse mejor. Ahora vamos a comer —dijo, y se fue a la mesa con Trunks que comenzó a calmarse al verse en los brazos de su madre—. Ya no llores, Trunks, te dije que papá tenía mal carácter, tienes que tener paciencia con él, solo es la apariencia.
(...)
Rato después y casi toda la comida devorada por las tres distinguidas visitas, el ambiente se había relajado pese a los comentarios de Nappa sobre la importancia de las tradiciones saiyajin, que eran alentadas por el padre de Bulma, quien luego del asombro y horror inicial, terminó fascinado por conocer esta raza casi extinta y su tan peculiar forma de ser en comparación a las diferentes razas que había tratado a lo largo de los años desde que debió abandonar la Tierra.
—¿Trunks ha sido un buen niño? —preguntó Raditz que estaba sentado frente a Bulma.
—Es agotador cuidar un niño saiyajin —respondió Bulma sonriendo con Trunks en sus piernas que no dejaba de estirar los brazos hacia el hombre de abundante cabello, mientras Nappa hablaba sin parar con su papá, y Vegeta estaba a su lado izquierdo, cruzado de piernas, estudiando al niño en silencio—. Pero tiene muy buen carácter mientras le cambie el pañal a tiempo y le de comida. Tiene un apetito voraz, digno de un saiyajin.
—De muy buen carácter —repitió el saiyajin de buen humor. Terminó de beber la jarra de cerveza que se veía pequeña en su enorme mano, y dijo—. Definitivamente eso lo heredó de ti, porque Vegeta…
El príncipe se limitó a gruñir en voz baja, sin quitarle la vista de encima al niño y Bulma.
—¡Las amistades de Bulma no pueden tener los vasos vacíos! —exclamó la madre de Bulma al ver la jarra de Raditz. Se sentía fatal al ver los platos casi sin comida y los tres hombres aún comiendo con ganas, eso hablaba pésimo de su rol de anfitriona que no pudo satisfacer el apetito de los invitados—. Vuelvo enseguida, iré por más comida y bebidas.
—Eres un amor —respondió Raditz, nuevamente cerrándole un ojo, haciendo que la rubia sonriera como colegiala.
—No es nada —respondió ya de pie—. Deben estar hambrientos luego de tan largo viaje para ver a mi hija. Luego quiero que me cuenten más sobre cómo conocieron a mi hija en el campamento de verano de científicos.
Raditz esta vez quedó con la palabra en la boca sin saber qué decir a ese comentario, y mientras la madre de Bulma se marchaba, se escuchó la voz del dueño de casa que dejó un momento su interesante charla con Nappa para dirigirse a su esposa.
—Querida, ya hablamos eso. No fue un campamento de verano, Bulma fue…
—Campamento de verano —repitió la mujer con voz feliz y melodiosa, dando por terminado el tema y preocupada de las cosas que iría a buscar a la cocina para seguir agasajando a los saiyajin.
—A mi mamá no le agradó la historia del secuestro y esclavitud, así que decidió que sería más entretenido otro escenario —aclaró Bulma con normalidad.
—Sensato de su parte —respondió Raditz—. Porque supongo que no sabe cómo se conocieron tú y Vegeta.
—Por eso prefiero que crea que nos conocimos compitiendo por las mejores calificaciones —respondió Bulma riendo igual que el saiyajin, mientras que Vegeta soltó otro gruñido, y su ceño se arrugó más cuando cruzó miradas con Trunks que lo miró con cara de pocos amigos por estar sentado tan cerca de su mamá—. Y dime, Nappa ¿has vuelto a saber de tu guerrera?
Al escuchar esas últimas palabras, tanto Raditz como Vegeta hicieron una mueca porque sabían perfectamente lo que se vendría.
—Por mucho tiempo no quiso hablarme —respondió Nappa, interrumpiendo abruptamente la conversación con el científico, pero es que cuando se trataba de su diosa, no podía perder la oportunidad que el resto se enterara de la más romántica historia de amor que jamás haya sucedido—. Tomó nuestra huida como acto de cobardía y no quiso responder mis llamadas, pese a saber todo lo que arriesgaba al intentar comunicarme con ella, podían atraparnos y matarnos.
—Hiciste eso por ella —dijo Bulma conmovida.
—Sí que lo hizo —respondió Vegeta molesto, recordando cómo debieron quitarle el scouter en más de una ocasión para que dejara de llamarla.
—Lo peor era cuando estaba ebrio —comentó Raditz—. Teníamos que golpearlo entre los dos para disuadirlo.
—Jamás has estado enamorado —reclamó Nappa a Raditz—. No sabes lo qué es.
—La verdad es que uno hace muchas locuras en nombre del amor —dijo el científico mientras limpiaba sus gafas y recordaba alguna que otra estupidez que hizo en su juventud y de la que no se arrepentía.
—Eso es verdad —respondió Bulma mirando a su padre. Por debajo de la mesa posó su mano en la pierna de Vegeta
El saiyajin la miró, y ya que todos estaban atentos a la historia de Nappa, puso su mano sobre la de ella, pero no duró ni un segundo, ya que un tenedor golpeó su guante obligándolo a retirarse. El responsable de ese ataque, Trunks, lo volvió a mirar con sus ojitos enojados por haber cometido semejante falta.
—Entonces me acordé de ti, Bulma —dijo Nappa—. De todo lo que intenté para conquistar a mi amazona, no resultó nada más que tus consejos.
—Así que volviste a ignorarla —respondió sonriendo, y cambió de pierna a Trunks que parecía un poco inquieto. No se dio cuenta que el niño intentaba mirar a Vegeta por sobre su brazo para no perderlo de vista.
El príncipe también se movió un poco para observar a Trunks, y puso la misma cara que el pequeño cuando notó que lo estaba enfrentando con la mirada.
—Así es —respondió el gigante—. Solo tuve que desaparecer por cinco meses, y fue ella la que me llamaba día y noche para saber de mí. Creían que me habían asesinado.
—Así es el amor. ¿La volviste a ver? —preguntó interesada.
—Aún no, pero nos veremos. Mientras tanto acompañamos nuestras noches con largas llamadas. Incluso me llama cuando está en medio de una misión para escuchar como mata al enemigo. Esa mujer sí que sabe cómo mantener interesado a su hombre.
Bulma se limitó a sonreír y recordar que gracias a él pudo salir libre de su encierro.
—Encontré a mi hermano —dijo Vegeta, captando la atención de Bulma que giró para mirarlo, mientras tanto, Nappa retomó su conversación con el dueño de casa y de paso le contarle más anécdotas sobre su amazona.
—¿Lo hiciste? —comentó asombrada. Recordaba que habían hablado sobre la posibilidad de buscar a su hermano, pero parecía algo imposible.
—Hace unos meses —respondió, sin intenciones de volver a intentar tocarla, ya que ahora tenía a Trunks de frente y no quería que le lanzara nada más—. No he hablado con él, y no sabe nada de mí. Estoy pensando cómo proceder.
—¿Qué complica las cosas?
—Hay otros saiyajin con él —respondió Raditz—. Y están en dominios de Freezer. Así que no sabemos si trabajan para él por gusto o si la lagartija nos ocultó de ellos, tal como lo hizo con nosotros.
—Lo mejor sería llegar de sorpresa —comentó pensativa.
—Eso es lo que tengo que hacer. Estoy seguro que Freezer le tenía miedo a nuestra raza. Uno solo no puede hacerle frente, pero si reunimos más saiyajin… Porque no estoy dispuesto a esconderme toda mi vida, ni tener que estar matando sus esbirros cada vez que nos encuentran… Lo mejor es acabar con Freezer y el resto irá desapareciendo.
Bulma se mantuvo en silencio, perdida en sus pensamientos por un momento antes de reaccionar llena de energía. Se puso de pie y le ofreció el niño a Raditz.
—¿Puedes cargarlo un momento?
—¿Cargar al pequeño príncipe? Claro que sí —dijo sonriendo, más contento aún cuando vio acercarse a la madre de Bulma con un carrito con ruedas lleno de comida y más cerveza.
—Ven conmigo, tengo algo que mostrarte —dijo Bulma a Vegeta, y la pareja se encaminó hacia el laboratorio del científico—. Para ser honesta, lo único que quería era olvidarme de todo lo malo que viví ese tiempo que estuve prisionera, pero luego de convertirme en mamá, no pude dejar de pensar en toda esa gente que aún está esclavizada, y todos esos niños que deben vivir con sus madres ahí…
Vegeta la miró. Le gustaba cuando era así de seria y decidida, sin una gota de miedo pese a no tener poder, pero claro, tenía su cerebro privilegiado, por lo que escuchó con atención lo que tuviera que decir.
—Continua —dijo una vez que entraron al laboratorio. Y su concentración en Bulma se fue por un momento al ver como un lugar tan espacioso podía estar así de desordenado, con planos, motores, partes de robot, papeles, herramientas, envases de chocolate y otras cosas que no sabía distinguir bien. Y como era de esperar había más de un cenicero repartidos en muebles e incluso en el suelo repleto de cigarros a medio fumar. Estaba seguro que este lugar lo compartía con su padre, ya que también sintió olor a cigarro en el hombre cuando estuvo cerca suyo.
—¿Qué pasa? —preguntó Bulma al ver el rostro de Vegeta.
—Recordé cuando vivías en mi habitación.
—No puedo ser una genio y ordenada a la vez, tenía que escoger, y también mi papá —dijo sonriendo. Y antes de continuar con lo que tenía que decir, se lanzó a los brazos del hombre.
Ahora por fin solos pudieron saludarse como correspondía, con un beso apasionado con el que fantaseaban desde que se separaron y que volvió a reflotar cuando Vegeta dijo que iría a conocer a su hijo. No era lo mismo escucharse y juguetear a través de una llamada donde solo podían escuchar sus voces. El tocarse y sentir la respiración agitada del otro no tenía comparación.
Entre tantos besos hambrientos que compartieron, Vegeta se apresuró en quitarse los guantes para meter las manos bajo el vestido y tocar su cintura. Bulma respondió suspirando y jalando su cabello, deseosa de quitarle la armadura que no lo dejaba tocar como correspondía, así que pese a que su primera intención era traerlo al laboratorio para hablar algo importante, se preocupó de tomar la armadura desde la base y sacarla por arriba. En cuanto ésta golpeó el suelo, Vegeta le arrebató la pantaleta de un solo tirón, la tomó de las caderas y la levantó, acorralándola contra un muro (lo hubiera hecho sobre el sofá que estaba a su lado, hubiera sido mucho más cómodo, pero estaba lleno de herramientas y basura, por lo que no se le antojó).
Hubo un momento de silencio y quietud cuando el guerrero por fin estuvo en su interior y fue como revivir todo lo que pasaron hace tanto tiempo ya, pero las sensaciones fuertes y placenteras estaban ahí, como si no hubiera pasado un solo día.
Regresaron a los besos mientras Vegeta se movía, ansioso y excitado, apegándose a su torso para respirar su aroma que no podía sentir a través de las llamadas. Bulma lo abrazó de piernas y brazos, debiendo apretar los dientes para no arriesgarse a que la escucharan, pero Vegeta se lo estaba dificultando demasiado, y eso le encantaba. Sabía que sería así cuando volvieran a verse. Todo había sido tan rápido y apasionado, que no podía tener un resultado diferente.
(...)
—Entonces, ¿qué querías decirme antes de que te lanzaras a mí? —preguntó Vegeta más compuesto, con su armadura y guantes puestos, pero aún con las mejillas rojas.
Bulma se veía mucho menos compuesta, con su rostro acalorado y el pelo hecho un desastre, sin mencionar que su vestido estaba arrugado y ya no tenía pantaletas para ponerse, pero lucía incluso más feliz.
—¿Eso fue una broma? —preguntó sonriendo.
Vegeta levantó una ceja antes de responder.
—Yo no hago bromas.
La joven le dio un delicado beso en los labios antes de alejarse al escritorio de su padre. Un poco menos desordenado en comparación al suyo y que se encontraba al otro extremo del lugar.
—¿Qué piensas de tu hijo? —preguntó mientras buscaba entre los cajones del escritorio.
—Es un niño fuerte y de carácter. Me gusta que sea así.
—Ya tendrás tiempo para ganarte su confianza, no te preocupes, porque te quedarás con nosotros, ¿verdad?
—Es lo que te dije que haría —respondió con calma, como si no importara mucho, pero para los dos era algo grande.
—Me encanta cuando dices las palabras adecuadas… Aquí está —exclamó feliz, sacando el aparato que podía tomar con una sola mano. Lo dejó sobre la mesa y esperó a que Vegeta se acercara—. Como te decía, no podía quedarme sin hacer nada mientras hay tanta gente esclavizada por culpa de Freezer y su gente, entonces estuve trabajando y ya sé cómo desactivar los chips de las nucas de las personas, pero eso tendría que ser desde el interior del edificio, lo cual no serviría de nada si Freezer y sus hombre están con vida. No les tomaría mucho tiempo matarlos a todos.
—¿Qué pretendes hacer entonces? —preguntó Vegeta.
—Me agrada tu idea de juntar más gente de tu raza para enfrentar a Freezer. Los últimos meses estuve estudiando e investigando mucho, y creo que encontré una forma de facilitarnos el trabajo —concluyó, y apuntó el aparato.
Vegeta lo miró un momento.
—¿Y en qué nos podría ayudar un reloj?
—Qué no es un reloj —dijo con el ceño fruncido—. Es una creación propia, mi papá solo le estaba afinando unos detalles. Es un radar, y sirve para rastrear esto… —Abrió otro cajón y sacó una esfera anaranjada que cabía en su mano. A simple vista parecía ser de cristal y en su interior tenía grabado dos estrellas de color rojo.
—¿Y eso es…?
—Según lo que investigué es una Esfera del Dragón, así que nombré a mi radar, Radar del Dragón, ¿original, no?
—Sigo sin entender cómo nos va a ayudar a eliminar a Freezer.
—Se supone que si juntamos todas las esferas algo mágico pasará y podremos tener un deseo a nuestra disposición. Sé que suena a cuento infantil, pero no hay muchas ideas concretas para acabar con Freezer y liberar a toda la gente que tiene atrapada.
—Tienes razón —dijo pensativo—. Dime qué tenemos que hacer.
—Eso puede esperar —respondió relajada y volvió a colgarse de su cuello para darle otro beso. Con el pulgar limpió el labial que había quedado en su boca, mandíbula y cuello—. Volvamos a la mesa, ya tendremos mucho tiempo para conversar y planear cómo acercarnos a tu hermano y juntar las esferas.
Lo besó una vez más, arregló su vestido y cabello antes de tomarlo de la mano y llevarlo de regreso al patio.
Vegeta le daría en el gusto, después de todo tenía que recuperar el tiempo perdido con Trunks y por supuesto con ella. Luego habría tiempo para todos los otros planes que tenían por delante.
¿Fin?
Hola a todas! qué lindo es estar de regreso y sobre todo para finalizar una historia. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero ustedes saben muy bien porque he estado alejada de las historias.
Pensaba actualizar ayer, pero como les comenté en facebook, justo había anunciado que actualizaría porque tenía un poquito de tiempo libre y ¡zaz! sucede algo que me lo impide. (me ofrecieron dos cursos más para hacer clases, y por supuesto lo acepté) así que por lo menos era algo bueno, lo que me tiene contenta. Ahora voy a hacer clases de 4 pm a 11 pm, así que menos tiempo tendré. Lo bueno es que son clases online, así que no tengo que moverme de mi casa, lo que me deja las mañanas libres para cuidar a mi esposo y hacer todo lo que hay que hacer.
Les comento que estoy haciendo clases de inglés a jóvenes mexicanos jejeje (yo soy de Chile) y ha sido una experiencia super enriquecedora y agradable. Estoy feliz trabajando.
Y bien, Perseverancia era una historia ligera y de humor, así que por supuesto terminaría de buena forma, con la pareja reunida y con la bendición (adoro escribir a Trunks) Y como era obvio, no podía dejar afuera a Raditz y Nappa que se robaron parte de la historia jajajaja y también concluir la historia de los padres de Bulma. Por eso no la había escrito antes, porque no me sentía animada para hacer algo tan alegre, pero aproveché esta buena racha de ánimo para terminarlo, además es mi forma de agradecerles.
Les agradezco muchísimo por acordarse de mis fics, pese a la ausencia es lindo saber que aún hay lectoras, eso hincha el corazón, como también la alegría de actualizar y terminar una historia.
Así que les dejó un abrazo grande, espero que esten todas muy bien, y también espero de corazón poder actualizar pronto El Legado (tengo como 5 escenas escritas de 13)
Gracias por sus rws, y nos leemos pronto.
Dev.
10/04/2022
