-¡Puddin, la cena está lista!

Amy y Barry se sentaron a cenar en un cómodo silencio. Ella todavía pensaba en aquel tipo tan grosero que quiso ligar con ella.

-Me gustaría que dejes de llamarme puddin...

-¿Por qué? Es un apodo muy bonito- Dijo ella puchereando con su labio inferior.

-¿De donde sacaste ese nombrecito tan cursi?

-Lo leí en un cómic...

-¿Otra vez leyendo esas cosas? Amy...- Empezó a sermonear. -Ya te lo dije amor, no puedes desperdiciar una mente tan brillante como la tuya viendo libros para niños.

Sheldon miraba atento la pantalla de televisor, apretando los controles del joystick al mismo tiempo; aunque odiara admitirlo, Leonard era bueno en los juegos de pelea.

-¿Y como te fue con la nueva? Ya cayó en tu fosa de los leones- Dijo Howard riéndose.

-¿La nueva?- Sheldon lo miró confundido. -¿De que estás hablando?

-Lo dice por la señorita Fowler...

-Ah, bueno; tuve una amena conversación con ella y... su esposo hoy.

-¿Es casada? Uh, pobrecito Shelly... ¡Ya no podrás salir con ella!

-Eso nunca lo detuvo antes- Interviene Raj. -Has dormido con mujeres casadas, Sheldon.

-Solo con cinco.

-Y entre ellas, la esposa de Bert.

-Otra vez con eso- Suspiró el físico teórico enojado. -Permíteme explicarte; Bert y Peggy estaban en un momento crítico de su matrimonio, ella me buscó, le ofrecí un amigable consuelo y luego a los tres meses de su pelea se divorciaron. Pero no tuve nada que ver en eso.

-Pero seguiste teniendo sexo con ella hasta año después de su divorcio, luego la mandaste a volar.

-¿Por qué están tan pendientes de con quién duermo? Ustedes son extraños...

Sheldon caminó decidido hacia el departamento de biología, la encontró igual que el día anterior; sumergida en su trabajo, tanto que no se percató de su presencia. Tocó la puerta abierta suavemente.

Knock, knock, knock, Amy.

Knock, knock, knock, Amy.

Knock, knock, knock, Amy.

Ella se asustó y rápidamente se dió la vuelta, lo miró frunciendo el ceño.

-Dr. Cooper. ¿Qué haces aquí?

-Sólo vine a verte, quería saber cómo estás- Le tendió una rosa de color rojo envuelta en celofán.

-Estoy bien, gracias. ¿Sabias que tu toque repetitivo es un síndrome de compulsiones obsesivas?- Preguntó tomando la flor con duda.

-Claro que no... claro que no, claro que no.

-¿En que puedo ayudarte? Ya me tengo que ir, estoy retrasada y tengo que tomar el autobús.

-¿Quieres que te lleve en mi auto? Yo también salgo temprano.

-No creo que se una buena idea, Dr. Cooper- Dijo mirándolo a los ojos por unos minutos. -Pero gracias de todas formas.

-Espera Amy- La detuvo sujetando suavemente su brazo. -Por favor, Permíteme llevarte a tu casa, te prometo que no es una molestia para mi y puedes llamarme Sheldon.

-Escúchame Sheldon... No creo que sea apropiado que me lleves.

-¿Qué? ¿Y por que?

-Oye, he oído cosas nada amables sobre ti- Dijo duramente, tratando de devolverle la rosa.

-¿Asi?

-Si. Dicen que eres un egoísta, que te crees mejor que los demás y eres un mujeriego que no toma enserio a las mujeres.

-¿Y quien te dijo eso? ¿No quieres tomarte el tiempo para averiguarlo?- Haciendo gala de sus anchos hombros, se acercó a ella.

-Mira, te diré esto una sola vez. No soy esas tontas que caen en tus estrategias baratas, no nesecito conocerte, no quiero tus cuidados ni tu protección... si nadie tampoco te tomó enserio no es culpa mía... ¡Y no me importa lo que pienses de mí!- Fue gritándole y empujandolo con su cuerpo hacia la puerta, intimidando por primera vez a Sheldon. -¡Adios y llévate esto!

Amy lo sacó fuera del laboratorio y le arrojó la rosa.

Sheldon sonrió, arrojó la rosa al cesto de basura y volvió a su oficina caminando apaciblemente.

Como siempre.

Continuará...