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Historia Co-escrita con la autora Cpbr15
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"Si tú supieras que es como un grito
Que se estrella en el silencio
Este vacío de tenerte solo en sueños"
-Alejandro Fernández –
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Prodigio 5: Si tú Supieras.
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Marinette esperaba en el café por su vieja amiga, si hay alguien a quien extrañaba muy seguido era ella sin duda, luego de unos quince minutos de retraso Alya hizo su aparición, de la emoción la pelinegra se levantó de un brinco de su silla con la mala suerte de tirarle la mesa de las manos al camarero que pasaba a su lado.
―Hay quienes nunca cambian ¿no? ― le saludo Alya mientras Marinette se disculpaba con el chico.
―No lo puedo evitar es innato en mi hacer que todo se vuelva un desastre.
―Hermosa descuidada así te quiero ― le recordo Alya mientras se daban un fuerte abrazo.
Amabas tomaron asiento, para luego sumergirse en una larga y esperada charla mientras pasaban los minutos, hablaron de todo un poco, el trabajo de ambas, sus fallidas relaciones, eran tantos los aspectos en lo que tenían que ponerse al corriente.
―Aun no puedo creer que las cosas no funcionaran con Nino― comento Marinette
―Bueno el divorcio no fue fácil, pero está bien, ¡vamos! Ni que fuera para tanto, existen demasiados chicos guapos para admirar.
―Adrien está casado con Cloe― Marinette soltó la noticia sin siquiera pensarlo, la boca de su amiga quedo marcando una perfecta "O" con la novedad.
―Mas despacio ― pidió Alya ― ¿Qué? ¿Qué? ¡No te creo!, ¡con esa!, ¡NO!, las dos sabemos que es una perra malcriada.
―No ha cambiado en absolutamente nada ― confirmo Marinette ― ayer llego hasta el negocio y gracias al apoyo de mi mama me llevo a rastras hasta la mansion Agreste solo para alardearme de su perfecta vida y por supuesto de su esposo.
―Es una… ― Alya apretó sus dientes para controlarse ―Al final consiguió la forma de quedarse con él.
―Nunca se rindió, eso debo reconocérselo ― admitió Marinette
―Ellos follan, mientras nosotras estamos solteras ¡genial!, la niña de papi es quien tiene el sexy cuerpo de Adrien Agreste― exclamo la morena
― ¡Alya por favor!
―¿Qué? Es la verdad, lo bueno de llegar a esta edad es que podemos hablar tan abiertamente del sexo, así que no te de pena ― dijo Alya
―No me avergüenza, hace mucho que deje la pureza a un lado.
―Dejamos amiga ― le recordo la morena ― ¿sabes? yo lo vi en las últimas campañas publicitarias que hizo, si antes era divino ahora esta como para chuparse los dedos u otras cosas.
―Pero es de otra ― le recordo Marinette con los ojos cristalizados, mientras disimulaba con una sonrisa a medio lado, la morena necesito ver esa suave expresión para entenderlo todo.
―Aun lo amas ― comento Alya como un lamento, frunciendo el ceño y llevándose las manos a su frente ―Marinette ha pasado tanto ¿Cómo es posible?
―No lo sé ― admitió la chica alzando sus hombros y brazos―Solo… si tengo la mente ocupada está bien y de repente su recuerdo me azotaba y me obligaba a que todo regrese aquí ― apretando su pecho― lo amo tanto que doy pena.
―La verdad que si ― le confirmo la morena.
―Tal vez es la intensidad de sus ojos, esos ojos… ― se quedó pensando Marinette sin poder completar la frase con una mirada de niña tonta.
―Casi parece que he retrocedido en el tiempo ― comento Alya encantada por la dulce expresión de Marinette.
―Mi propuesta aún sigue en pie ― le recordo Marinette con la intención de cambiar el tema ― Ven conmigo, eres un excelente publicista justo lo que yo necesito ― tomo la mano de Alya y le hizo pucheros.
―Te prometo que te daré una respuesta antes que te vallas.
…
…
Adrien sentía un sin sabor en su boca, esa cercanía la noche anterior, su aliento, aun podía sentirlo, abrir los ojos en la mañana y ver que la mujer que estaba a su lado no era Marinette, no era su lady, le recordo el dolor abrazador de la ausencia de ella en su vida.
Anoche había soñado con ella, estaban juntos, eran felices, veía claramente su imagen actual a su lado, pero solo fueron ilusiones que desaparecieron al despertar, si tan solo ella supiera todo lo que es capaz de provocar en él, un celular sonando en su bolsillo fue lo que obligo a detener sus pensamientos.
―Hola ― respondió.
―Adrien, soy el maestro Fu, he tomado una decisión acerca del próximo guardián ― esta noticia hizo flaquear las piernas del rubio, siguió escuchando atentamente.
―Iré sin Falta, nos vemos entonces ― Dijo para colgar la llamada.
Por un momento creyó que el Maestro se tomaría más tiempo en meditar su elegido, después de todo Marinette había venido a Francia por eso, con una decisión tomada no había ninguna necesidad que ella permaneciera aquí, se lamentó por la rapidez con la que se desarrollaron las cosas.
―Si tan solo supieras ― susurro.
― ¿Saber qué? ― pregunto Plagg quien por devorar un trozo enorme de queso no había prestado atención a su amigo ―Ya se, es por Marinette ¿cierto?
―Todo siempre es por ella.
―Adrien ella nunca va a saber lo que aun sientes por ella si no se lo dices.
― ¿Cambiaría algo si lo hago? ― pregunto el rubio.
―Solo lo sabrás hasta que lo intentes, la única persona que tiene la capacidad de hacer un cambio en tu vida, eres tú ― palabras sabias sin duda que Adrien tomo como consejo.
― ¿Seré un cobarde si la dejo? ― pregunto el rubio refiriéndose a Cloe.
―No pienses en eso, sigue tu corazón, estoy seguro que serás un infeliz si vuelves a dejarla ir ― respondió Plagg.
Miro el reloj en la pared de su oficina faltaban poco para irse a casa, le hablo a Nathalie y esta le confirmo que si había firmado los papeles correspondientes no habría nada que pudiera retenerlo, tomo el saco de su silla y salió directo hasta el parqueadero del edificio en busca de su auto, aun conocia la ruta para llegar hasta donde se encontraba ella.
Parqueo a una calle del Negocio, se miró por el retrovisor y acomodo su cabello con sus manos, su corte más pulido y echado hacia atrás lo hacía ver maduro sin duda, no era como su padre que siempre se aseguraba que ninguna hebra de cabello quedara fuera de lugar, para Adrien solo un poco de gel bastaba para que se acomoda por sí solo, desde siempre le gusto que su rubia melena fuera libre.
Salió del auto y camino hasta la entrada, sus manos sudaban, su respiración se aceleraba, estaba nervioso, pero fue sorprendido con la puerta estrellándose frente a su cara, tuvo que doblegarse y tapar su nariz con las manos.
―Que vuelva pronto ― se despedía Marinette de la señora Lucina al ser esta de avanzada edad la joven la acompaño hasta la puerta y abrio sin ver antes que otra persona estaba del otro lado, seguía moviendo su mano al aire, cuando se giró para entrar vio el rubio agachado, no tuvo que ser muy lista para deducir que lo había golpeado.
― ¡Lo siento tanto! ― se disculpó Marinette, toco el hombro del chico, él alzo su rostro, entonces lo reconoció ―Adrien― le dijo y este le guiño el ojo, la vergüenza de la joven se multiplico por diez.
―No te preocupes, estoy perfectamente bien ― se repuso mientras pasaba sus manos por su rostro.
― ¡Oh Por dios tu nariz! ― exclamo Marinette al darse cuenta de la sangre a pesar que este la intento tapar.
―Lo siento tanto de verdad ― le dio una suave reverencia, a veces no podía evitar mostrar las culturas de la descendencia de su madre, este se acercó a ella.
―Tranquila en verdad estoy bien ― le dijo, pero cuando Marinette alzo de nuevo su rostro fue tan rápido que termino golpeándole nuevamente.
―Adrien ― se alarmo la chica tomándole la mano―Entremos, así te pongo algo de hielo― le arrastro con ella.
La señora Dupain no cabía de la impresión al ver entrar a esos dos ―Adrien ― exclamo.
―Hola señora Dupain.
―Le golpee con la puerta, mamá tomare el botiquín que tenemos ¿De acuerdo? ― le indico Marinette mientras subían las escaleras, su madre solo le dio un si con su rostro.
En el segundo piso sentó a Adrien en la pequeña sala ―Regreso en un minuto― le indico sin dejarle protestar, bajo por el botiquín y luego a la cocina por algo de hielo que envolvió en un pañuelo, luego tomo asiento frente para colocar la comprensa en su nariz.
―Marinette, estoy bien, no tienes que hacer esto ― le pidió Adrien tomando su mano por la muñeca y retirando el frio de su rostro, cuando nada podía nublarle la vista vio sus ojos marcando ese gesto de tristeza, era encantadora sin duda.
―Permiten entonces limpiar la sangre que aun tienes arriba de tus labios ― solicito la chica, pero Adrien hizo uso de sus manos primero ―Adrien ¡No!
―Tranquila My Lady, ese golpe no fue nada ― le aseguro con una sonrisa ―Sabes bien que pasamos cosas peores.
Ese último comentario si logro un efecto en la chica, apretó sus labios para no dejar en evidencia la felicidad que le producían esos recuerdos ―Hubiera avisado, pero, no tengo tu numero ― dijo Adrien.
"No creo que sea prudente que lo tengas" pensó Marinette, pero al final articulo otras palabras ―Ayer fueron muchas cosas que olvide dártelo ― sonrió torpemente ―Auch― el hielo que apretó entre sus manos cayó al piso ―No te agaches ― enseguida detuvo a Adrien ― Capaz y te golpeo por tercera vez este día.
Rápidamente lo recogió y fue hasta el fregadero a botarlo, para luego regresar con él, ahora si no tenía ni idea que decirle.
―Te ves muy hermosa ― comento Adrien solo para verla sonrojar y sin duda logro su cometido, a sus ojos el suave maquillaje que resaltaba sus enormes ojos azules y el cabello trenzado a medio lado era una combinación perfecta en ella.
―Adrien ¿a qué viniste? ― dijo Marinette cortando la magia que el rubio intentaba colocar en el ambiente.
―Solo vine a verte.
― ¿Verme?
―A veces eso es todo lo que necesito para sentirme feliz, cuando tu sonríes no sé cuál de los dos es más dichoso ― las palabras de Adrien se clavaron en el pecho de la chica, acelerando su corazón, podría besarlo en estos momentos por lo encantador que era, pero se controló.
―No deberías decir esas cosas ― le sugirió Marinette levantándose de la silla para darle la espalda, no entendía por que actuaba de esa manera, "¿acaso solo quería complicarlo todo?"
― ¿Por qué no? ― replico Adrien.
― ¡Porque estas casado! ― le recordo Marinette.
―Necesito que hablemos, son demasiadas cosas las que necesito decirte.
― ¡No! ― se negó rotundamente la pelinegro ―Es demasiado tarde para cualquier palabra no dicha en su momento ― busco su rostro y le miro directamente a los ojos, pero lo que encontró fue un inmenso sentimiento pidiendo a gritos que le dejaran salir, entonces comprendió que él estaba intentando dar el paso que ella nunca fue capaz, ser sinceros el uno con el otro de una vez por todas.
―Dame una sola oportunidad para explicarme ― pidió el rubio.
― ¿Para qué? ― la joven seguía sin ceder su posición.
― ¡Para confirmarme con mis palabras todo lo que mis ojos ya te dicen de mí!
El corazón de Marinette estaba por hablar con ella, quería gritar todo aquello a estado reprimido durante tantos años, necesitaba ser sincera por ella y por él, tal vez aun no era tarde para ser felices.
―Adrien, Marinette ¿está todo bien? ― pregunto a los lejos la madre de la joven que asomaba desde las escaleras.
―Si mamá ― le confirmo Marinette ― Adrien solo paso a saludar, ya se va ― le fulmino con la mirada.
―Sí solo… quería saludar ― titubeo sus palabras ― es cierto debo regresar.
―Cloe debe estar esperándote en casa, salúdala por mí por favor ― solicitó la señora Dupain
―Seguro, será un placer, bueno yo me retiro ― miro a Marinette a su lado ― vendré a verte esta noche al balcón ― le susurro a un tono que solo ella pudiera escucharle, para luego despedirse de la madre y salir del local.
― ¿Todo bien cariño? ― pregunto la señora Dupain la ver el rostro frio y pálido de su hija.
―Si― mintió con una sonrisa fingida ― Iré a mi habitación ― para luego correr hasta su cuarto, Adrien no desistiría y vendría a verla esta noche, la sola idea de volverlo a tener cerca la estremeció por completo.
Adrien salió cabizbajo las cosas no salieron como lo había planeado, bueno tampoco es que hubiera esperado que ella se le lanzara en los abrazos, pero al menos tenía claro que Marinette no cedería a pesar de la forma como su mirada grita que aun siente algo por él, era una mujer de principios sin duda alguna y eso solo la hace más atractiva para el rubio, necesitaba explicárselo, que su matrimonio con Cloe no es algo que decisión por amor, fue resignación, vendría y le aclararía las cosas, debía decírselo de una vez por todas, que en cada día de todos estos años que pasaron ella siempre ha permanecido en su corazón, estaba tan desanimado que no noto que lo miraban a la distancia.
…
…
Cloe entro a la mansion por un balcón del segundo piso, deshaciendo su transformacion mientras Byzz caía en sus manos, camino un poco para acercar su Kwani a la mesa donde tenían todo dispuesto para que se alimentara y repusiera fuerzas, mientras se sentaba en la cama.
―Cloe ¿obtuviste lo que querías? ― pregunto la abeja a su portadora.
La rubia se mordía la uña de su pulgar, se podía ver el rojo en su rostro producto de la rabia que crecía en su interior ―Tal como lo sospeche, fue a buscarla, la forma como la miraba ayer, ¡Maldita sea! ― exclamo muy molesta.
― ¿Qué piensas hacer entonces?
― No lo sé aun, él nunca gusto de ella en el colegio, desapareció de repente un día sin decir más, sabes lo que me costó volver a encontrarlo, por eso me desconcentro tanto la manera tan directa y penetrante como le veía, no le quito los ojos de encima en ningún instante.
― Pero él está casado contigo, no deberías preocuparte, igual ella solo estará unos días.
―En eso tienes razón, la estúpida tendrá que regresarse tarde o temprano.
―Ves, al final Adrien es tuyo.
―He tratado de ser buena esposa, incluso cuando me toca fingir ser "amable y considerada" con los demás, puesto que Adrien es demasiado buena gente con las personas, siempre que alguien intenta quitármelo he logrado quitarlas del medio, por eso al final de todo no le quedo más opción que estar conmigo, porque él es mio y de nadie más ― la respiración de la rubia comenzaba a acelerarse.
―No importa cuántas veces te dije que los miraculous no están hechos para el mal, no te ha importado usar tus poderes para lastimar a otras ― comento con cierto dolor en su voz la pequeña abeja.
―Adrien es tan fácil de manipular que nunca se ha dado cuenta, sus anteriores pretendientes siempre terminaban desaparecidas o en algún "accidente" ― enfatizo esta palabra con el gesto de comillas en sus manos.
―El mal que haces siempre se regresa, si no quieres perder a Adrien deja a esa chica en paz igual se regresara a Estados Unidos la próxima semana, aunque ayer me quede aquí arriba sentí unas extrañas vibraciones en el comedor, ella está protegida por alguna magia de buena suerte.
―¿Es enserio? ¿Esa cosa?, protegida, Marinette no es más que una torpe perdedora ― sin duda su voz no dejaba de sonar despectiva a pesar de los años.
Al cabo de unos minutos le avisaron que Adrien había llegado a la casa, rápidamente se dispuso a atenderlo y cenar juntos, preguntándole por su día y siendo más cariñosa que de costumbre, el rubio estaba tan lejano en pensamientos que no noto los detalles de Cloe para complacerlo.
Luego de un largo día Adrien se propuso a tomar una ducha caliente, el chorro de agua que se chocaban con su cuerpo le ayudaba a meditar sobre las decisiones que debía tomar si no quería que la historia se repitiera nuevamente, primero decía encontrar la manera de decírselo a su lady, asegurarse de una vez por todas que Marinette aún conservaba sentimientos por él, tal vez su amor cegaba su sentido común y se estaba imaginando cosas por parte de ella, después estaba Cloe, ella solo era una víctima de sus frustraciones amorosas, el resultado de haber pasado su vida enamorado de lo que creyó era un imposible, no quería lastimarla, pero no estaba seguro de como manejar la situación con la cambiante rubia.
Salió de la ducha mientras secaba su cuerpo con la toalla que envolvió a la altura de sus caderas, se detuvo un segundo frente al espejo mientras secaba su cabello con otra toalla, normalmente no se detalla mucho, desde que tiene memoria la gente siempre habla de su físico o como ellos suelen llamarle "atractiva belleza" contemplo su reflejo por algunos segundos y fue como si la imagen del chico de escuela se abriera paso ante sus ojos venia aquel niño que entre sus quince y diecisiete años no fue capaz de reconocer que su compañera de clases era la misma de batallas, la forma tan tonta como acosaba a su lady mientras estaba cegado ante Marinette y sus sentimientos cuando se trataban de la misma persona, "¿Cómo pudo ser tan ciego?", se lamentó.
Pero si luego de todos estos años ella se volvió a cruzar en su camino, literalmente cierto, tal vez la vida le estaba dando una nueva oportunidad a ambos de ser capaz de verse como son, sin mascaras o mentiras de por medio, el momento de intentar darlo todo era ahora o nunca eso lo tenía claro.
Sacudió su cabeza para relajar su cuerpo y pensamientos, se pasó todo el día cavilando en Marinette que incluso olvido preguntarle si ella también ya sabía de la decisión del Maestro Fu, sonrió, al menos esa sería la excusa para visitar a su Lady esta noche, salió del baño, para encontrase con Cloe esperando por él, Adrien trago en seco, la rubia llevaba una delicada y muy transparente ropa interior de encajes, una suave blusa de tono pastel y seda que marcaba toda la forma de sus pechos, mientras una diminuta tanga acompañaba el conjunto, sus intenciones eran claras.
― ¿No quieres hacerme compañía entre las sabanas? ― le pregunto la rubia mientras se acercaba a él para darle un beso en los labios.
―Cloe ― susurro Adrien, pero fue silenciado con otro beso más intenso que el anterior.
―No me dejes así, hace muchos días que no estamos juntos― le recordo su esposa al acariciar sus pectorales y lamer su cuello ― solo permíteme complacerte, sé muy bien cómo te gusta.
"justo ahora" pensó Adrien, pero negarse solo causaría sospechas por parte de él, sus salidas nocturnas como Chat no suelen ser frecuentes, si suceden por dos noches seguidas automáticamente alertaría a Cloe y eso era lo que menos deseaba, por otro lado, su cuerpo era débil, las caricias y besos de su esposa estaban empezando a causar estragos, después de todo era su mujer y el un hombre con necesidades físicas.
Posterior de varios besos apasionados mientras pasaba sus manos por la piel de su esposo, Cloe logro su cometido sus cuerpos terminaron envueltos en un vaivén de movimientos libres de toda ropa, mientras los gemidos resonaban en la habitación, luego de terminar cubiertos en sudor por el calor de sus cuerpos mientras se poseían el uno al otro, cayeron cada uno en su lado de la cama, esa noche Cloe no se despegó de él en ningún instante.
Por mucho que Marinette espero en su balcón Chat nunca apareció.
No me aguante las ganas y subi el capitulo, ademas esta vez cindy digo pos ya que xD se feliz *insertar corazoncito*
Si odiaban a Cloe, ahora tienen mas motivos xD sean felices por que a mi personalmente esa rubia no me agrada mucho tampoco jejejeje
gracias por sus comentarios, a los que tienen cuenta trato de responderles por mensaje privado siempre :3, es increible como esta historia hace que tengas esas emociones, enserio sus comentarios son de los mejor y a todos los fav y follows gracias tambien. no sean timidos lectores dejenme saber lo que piensan :3 gracias de nuevo por leer.
