Capítulo 1

Inspeccionando terreno.

El que había dicho que las cosas nuevas eran geniales, podía irse (en opinión de Nikolai) perfectamente a un curso sobre orientación de la vida adolescente en general.

Pocas veces había experimentado algo tan espantoso.

¿Y si lo consideraban un bicho raro y lo odiaban? ¿Y si su nivel era tan disparejo que o bien quedaba como un idiota, o bien como "cerebrito"? ¿Y si hacía algo tan idiota el primer día, que lo terminaban odiando?

De algo estaba seguro: de seguirse torturando mentalmente con los "Y si...", no llegaría ni a salir de su casa.

—Yo puedo—se dijo Nikolai.

—Claro que puedes, eres mi hermano mayor—obvió Andrei con naturalidad. El rubio miró al más pequeño con una sonrisa, y lo abrazó fuertemente—¡Esto es peor que todas las abuelas del mundo juntas! Aprieta... ¡Quita, quita! —se quejó.

—No sabes cómo ayudas a tu hermano mayor—le confesó Nikolai, revolviéndole los cabellos y estampando un beso en la mejilla del menor. Éste se pasó una mano por ahí con una mueca de disgusto.

.

Su nerviosismo fue aumentando conforme se acercaba al instituto. El viaje en ómnibus era corto, apenas veinte minutos. Los dos minutos restantes a pie no ayudaron a que su ritmo cardíaco disminuyera.

Y dirigirse a la secretaría, todavía menos.

Al menos la mujer era muy amable. Punto a favor. Le entregó sus horarios y le explicó el camino a su salón.

El camino hacia éste fue aburrido. Nada de empujones, enemigos a primera vista, choques románticos con chicas, o miradas por ser el nuevo. Se camufló muy bien entre el alumnado. ¡Y esa era exactamente la tranquilidad que él necesitaba!

Hasta que entró al dichoso salón. Sus nuevos compañeros de clases ya parecían encontrarse todos ahí, esperando sólo por el profesor.

Se había preparado para que nadie tomara la iniciativa de hablarla, cierto. Se había repetido miles de veces que debería ser el que iniciara las conversaciones, y no a la inversa. Pero llegado el momento, se le estrujaba el corazón y no podía ni mirar a los ojos a alguien.

Observó a su alrededor. Si alguien reparó en su presencia, no lo hizo durante más de dos segundos. Buscó un lugar para sentarse, en el medio de la fila. Luego, decidió juntar coraje para dirigirle la palabra a alguien.

No era una clase grande. Pero tampoco logró registrar a toda la gente de una. Hubieron un par que le llamaron la atención: Una rubia que parecía una princesa, un par de chicas morenas que le sonrieron amablemente, un chico que parecía mucho menor que el resto, un pelirrojo con pecas y otro de rasgos asiáticos. Del resto, se confundía. A primera vista, ninguno llamaba la atención, pero se dedicó a observarlos, mínimo para recordar sus caras.

Cuando estaba decidido a hablarle a un rubio sentado adelante suyo, alguien abrió la puerta ruidosamente, gritando a todo pulmón:

—¡Gengis Kan no viene, somos libres! —comunicó un chico muy alto y musculoso, con una tirita en la nariz. Con la misma velocidad con la que apareció por la puerta, la cerró bruscamente, dejando tras de sí una gran revuelta en el salón.

Nikolai no había entendido nada. Hasta dónde él sabía, el tal Kan había vivido hacía muchos siglos, y era algo así como un conquistador mongol.

La mayoría de la clase se puso de pie para irse. Quiso preguntarle al rubio delante suyo que era lo que estaba pasando, pero fue demasiado rápido.

Desorientado, deseó que un milagro sucediera y alguien le hablara.

.

A veces se consideraba un tipo con suerte. Y ese momento, fue uno de esos en los que la vida le demostró que "a veces", era afortunado.

Porque alguien se decidió a dirigirle la palabra.

La primera impresión, al ver a esa persona, fue preguntarse si era un hombre o una mujer. Pero luego, viéndolo mejor, y al escucharlo hablar, se dio cuenta de que era chico.

—Hola~. ¿Cuál es tu nombre, chico nuevo? —preguntó, haciendo un globito con goma de mascar.

—Me llamo Nikolai—se presentó, un poco aliviado—¿Y tú...?

—Feliks—y soltó un apellido inentendible, pero que sonó a eslavo, por lo que el rumano sólo pudo pensar "polaco"—pero puedes llamarme como quieras. ¿Cómo te llaman? ¿Y de dónde vienes?

¿Cómo lo llamaban? En realidad, todos le decían Nikolai. A excepción de Andrei, quien tenía la manía de decirle "Hermano mayor".

—Eh, Felks, no marees al nuevo todavía—dijo el chico pelirrojo de antes, acercándose a ellos—Además, me sorprende que le hables tan rápido. Después de todo, te cierras ante los extraños.

—Sólo está celoso porque tardé una semana en dirigirle la palabra—aclaró Feliks, sacándole la lengua al recién llegado—Es porque la cara de este chico—señaló a Nikolai—Parece de buena gente. En cambio, la tuya—y apuntó a la del chico pecoso—Luce como de duendecillo asesino.

—Sabes que soy una dulce criatura inocente—intentó convencerlo el pelirrojo, poniendo ojos de perrito abandonado. El polaco no hizo caso.

—Ese es Cian. Viene de Irlanda—explicó Feliks—Es un pequeño diablo, y lleva meses de práctica y autocontrol el resistirse a esas caritas que hace.

—Mucho gusto—murmuró el nuevo alumno. El llamado Cian le sonrió, y el rumano se dedicó a observarlo mejor.

Pelirrojo, con pecas, ropa que no parecía nueva...

—...Debes ser un Weasley (*)—murmuró, aunque luego se tapó la boca, un poco avergonzado—Lo siento, yo... se me escapó.

El irlandés lo observó con los ojos como platos. "Genial" se dijo con sarcasmo "Ya saben que eres un rarito. Bien hecho".

Después de observarlo con sorpresa en sus ojos verdes, una sonrisa se formó en el rostro del chico de las pecas.

Y soltó una carcajada ensordecedora, que hizo que el chico asiático (que no dejaba su consola) se sobresaltara y los fulminara con la mirada.

—¡Tú, tú...! —balbuceaba entre carcajadas—¡Te acabas de convertir en una de mis personas favoritas en el mundo entero! —confesó, abrazando al rumano todavía entre carcajadas.

—Eso ha sido rápido. Me lo tomaré como una indirecta ofensiva y personal—comentó el rubio de ojos verdes—Creo que está feliz de que una de las primeras cosas que le dijiste fue una referencia a algo que ama—le explicó a Nikolai—Pero no te ilusiones: creo que usa esa ropa que parece de segunda mano porque espera que la gente le diga eso. Y ahora que ha cumplido su objetivo, su alma podrá descansar en paz...

—Creo que a Stefan le caería bien—comentó Cian, haciendo caso omiso a lo último dicho por el polaco.

—Como que sería un poco raro que a Stefi le cayera bien algo—dijo Feliks con tono burlón—Por cierto, me pregunto por qué no vino...

—Tal vez sabía que teníamos hora libre—se encogió de hombros Cian, volviéndose a Nikolai—Ah, no sé si te lo dijo alguien, pero no tenemos clase a esta hora. El profesor no ha venido—sonrió.

—No me sorprende que lo supiera, el muy... —comenzó el polaco, pero su amigo lo cortó.

—No insultemos al niño a sus espaldas. Sabes que es un poquito especial...

El rumano no tenía idea de quién era el tal Stefan, pero sonrió tímidamente: algo le decía que no encajaba tan mal con esos dos chicos.

.

Fratele! (**)—gritó su hermano pequeño, apenas Nikolai puso un pie en la casa—¿Cómo te fue? ¿Hiciste amigos?

—Es un poco pronto para tener amigos, ¿no crees? —el mayor de los hermanos le revolvió el cabello al más pequeño.

—Bueno... ¿al menos hablaste con alguien? —preguntó Andrei, intentando trepar a la espalda de su hermano mayor.

—Sí, con un par de personas.

—¡Eso es genial, hermano mayor! A mí no me hicieron caso—comentó el niño, aunque no pareció deprimido por eso. Nikolai lo miró con cierta ternura.

—Prueba mañana, campeón—lo animó—¿Hay algo para comer?

—Sí, mamá hizo un pastel antes de irse a trabajar.

.

Nikolai se dejó caer en su cama, exhausto. Había sido su día de suerte, sin duda. ¡Ya le habían hablado, e incluso invitado a sentarse en una mesa para almorzar! Un comienzo mil veces más optimista de lo que había supuesto en un principio.

Aunque claro, todavía tenía miedo de que los dos chicos que había conocido le dejaran de hablar luego de un tiempo. Él no era tan interesante, además de tener un par de manías por las cuál la gente lo consideraba "raro"; tenía que esforzarse y ser atento para conservar sus amistades; o al menos así le funcionaba en Rumania.

¿Qué pasaba entonces, si lo consideraban o muy aburrido, o un fenómeno? Esperaba que su vida no se convirtiera en una ecuación típica de películas estadounidenses, con una perra rubia arruinándole la existencia. Pero la vida real no era así, para alivio de Nikolai.

Tampoco haría amigos si simplemente se quedaba callado. Debía también preguntar cosas a los demás. Por ejemplo, qué rayos tenía que ver Gengis Kan con el hecho de que tuvieron hora libre.

Meditando sobre esos asuntos, sus ojos se fueron cerrando, y su mente abriéndose paso al mundo de los sueños.

.

(*) Eso fue una referencia gigante a Harry Potter. Perdón si a alguien no le gusta, pero tenía que hacerlo è.e

(**) "Hermano" en rumano.


Bueno, a pesar de que el único review es el de Neam (Loviu girl) voy a hacer como que hay más gente interesada en esto so... espero que les haya gustado :D