Capítulo 5

Noticias Eduardbombonianas.

—Otro día hermoso—comentó Feliks, acomodándose el pañuelo que adornaba su cuello.

—Está nublado—le recordó Stefan.

—¡Todos felices! —continuó el polaco.

—Es miércoles, y nadie tiene ganas de esperar dos días para que sea fin de semana.

—¡Se respira la alegría! —hizo caso omiso a lo que el búlgaro comentaba. Éste suspiró, derrotado.

—¿Y porqué reina entonces hoy la alegría?

—¡Porque es otro día libre del yugo de Gengis Kan! ¡Viva! —celebró, alzando los brazos al cielo.

Cian rió, y Nikolai esbozó una sonrisa, divertido por el contraste del rostro aburrido de Stefan y el exagerado optimismo de Feliks.

—¡Oh! —exclamó de pronto el polaco—Tipo, ¡miren quién viene! ¡Eduard Bombón!

Al escuchar el nombre, Nikolai notó como Cian dejaba de sonreír y sacaba su celular, nervioso. Parecía buscar en el menú de éste nada en particular. Extraño.

—Te agradecería si no me llamas más así—le dijo el estonio, molesto.

—Prefiero verte con los nervios de punta a tener tu agradecimiento, Edward—explicó cruelmente Feliks.

—Eduard—corrigió el rubio de lentes, que odiaba que confundieran su nombre con el del tipo de Crepúsculo.

—Bombón, Eduard Bombón—siguió el polaco, imitando a James Bond.

—Al diablo contigo—masculló el aludido, frunciendo el ceño. Cian, que miraba de vez en cuando al estonio (aunque fingía estar concentrado en su teléfono) pareció temblar al escuchar al otro furioso.

—El diablo tiene estilo, aunque no me molestaría darle un par de consejos. Sobre todo de decoración—dijo Feliks, guiñando un ojo.

—¿Qué nos querías decir? —interrumpió Stefan, tranquilo.

—Ah, sí—pareció recordarlo—Hay un pequeño cambio en nuestro horario. Sólo por ésta semana, tendremos Matemáticas en las últimas horas del viernes.

—¡Genial! —celebró Cian, mostrando un poco más de alegría y menos incomodidad. Eduard lo miró unos instantes y esbozó una pequeña sonrisa. El pelirrojo casi pegaba un salto ante eso. El estonio volvió inmediatamente a su expresión neutral.

—Pero hay una mala noticia—continuó.

—¡Ay, no! ¡No me vengas con esas! ¡Tipo, las odio! —chilló el polaco. Eduard no le hizo caso.

—En lugar de Matemáticas, ahora tendremos historia—comunicó, haciendo una mueca.

Un poco lejos de allí, Michelle y Gisèle se sobresaltaron al escuchar un grito de agonía por parte de cierto polaco.

—¿Porqué pasa esto? —dramatizó Feliks, tapándose la cara.

Stefan suspiró, y Nikolai estaba más interesado en Cian. Ahora que el báltico se había ido, el chico de cabello naranja lucía mucho más relajado; es decir: igual que siempre.

—Cian, ¿estás bien? —preguntó el rumano, no muy alto, para que no llamar así la atención de los demás.

—¿Yo? Esto... ¡claro que estoy bien! —contestó torpemente. Si bien Nikolai había querido ser discreto, cierto búlgaro prestaba atención a la conversación—¿Porqué debería estar mal? ¿Qué te hace pensar eso? Yo... e-estoy bien—repitió, sonriendo incómodamente.

Nikolai frunció el ceño, ya que no le creía ni una palabra al irlandés, y eso que apenas lo conocía. Aún así, no insistió, y Stefan tampoco.

Pero algún día, se prometió a sí mismo el rubio, averiguaría el porqué de aquella extraña escena.

.

Feliks suspiró aliviado cuando el profesor salió del salón... al igual que el resto de su clase. Nikolai todavía no entendía por qué tanta tensión. Es decir, también le intimidaba el profesor, y entendía el silencio sepulcral: pero no ese miedo, como si la clase de historia fuera una especie de hora de la tortura. De hecho, le gustaba el profesor... aunque si lo decía estaba seguro de que lo "desterrarían".

Mates! —exclamó Jack en voz alta—¡Tengo un anuncio importante!

Todos le prestaron atención al australiano, incluso Yong Soo, que había dejado su consola de lado.

—Si es otra de tus estúpidas fiestas—dijo una gélida voz femenina—Mejor me voy largando—Era Natalia quién había hablado, y Nikolai se sorprendió, ya que sólo la había escuchado en contadas ocasiones, y sólo cuando respondía a las preguntas de los profesores.

—¿Porqué la amargura? ¿Es porque no sabes bailar, kochanie? (*)—se burló Feliks. La chica no contestó nada, pero le dirigió una mirada aterradora. Extrañamente, el polaco ni se inmutó, y mantuvo su sonrisa arrogante.

—Como Natalia dijo, se trata de una de mis fiestas. ¡Las cuáles no son estúpidas! —discrepó Jack—El sábado en la noche. Están todos invitados—y les guiñó un ojo al otro par de chicas. Michelle sonrió amablemente y Gisèle alzó una ceja con escepticismo.

En cuanto Jack abandonó el salón, Cian se acercó rápidamente a Feliks y Nikolai.

—Eso cambia un poco nuestros planes, ¿no? —inquirió el irlandés.

—Tipo, te recuerdo que no hemos acordado nada—le recordó el rubio de ojos verdes, rodando los ojos.

—Sabes a lo que me refiero.

—No tengo muchas ganas de ir. La última fiesta de Jack apestó—protestó el polaco, haciendo una mueca.

—Pero las demás estuvieron bastante buenas—contradijo el pelirrojo con una pequeña sonrisa.

—Te quedas todo el tiempo observando al grupito de la bielorrusa, Raivis, Toris y Eduard Bombón—lo acusó el polaco, y el irlandés se sonrojó—Desde hace un tiempo comienzo a sospechar que te gusta la perra blanca, y eso, ¡cómo que es la peor y más espantosa forma de traicionarme!

—No me gusta Natalia—se defendió Cian, y sus palabras parecían honestas, aunque todavía daba la sensación de que allí había gato encerrado. El pelirrojo decidió cambiar de tema—¿Te gustaría ir a la fiesta, Nikolai? —preguntó.

—No estoy seguro—confesó el rumano. No odiaba las fiestas, pero tampoco era un gran fan de ellas. Prefería mil veces una velada tranquila. Pero ir tampoco lo mataría, y podría llegar a ser divertido—Tal vez sí. Debo preguntar.

—Claro, entiendo perfectamente—le sonrió comprensivamente el irlandés—¿Ves, Feliks? Nikolai probablemente venga. Será divertido~.

—Tal vez—el primer aludido mantenía su orgullo.

—¡Invitaremos también a Paulo! ¡Y a Stefan! —sugirió Cian.

—Bah, suerte para que el pequeño búlgaro amargado acepte—resopló Feliks.

—Lo convenceremos—prometió el chico de cabellos anaranjados—¿Verdad, Nikolai?

—¿¡Eh!? —el nombrado estaba descolocado. Era muy malo convenciendo a la gente, y encima se le hacía muy difícil entablar conversación alguna con Stefan.

—No te alteres, hombre, es sólo que cuando no voy solo, el convencerlo surte mejor efecto—le guiñó un ojo Cian, y ambos buscaron al búlgaro con la mirada, pero no se encontraba allí—¿En dónde se metió?

—En la biblioteca, probablemente—contestó Paulo tranquilamente, sobresaltando al trío.

—¿Estuviste aquí todo el tiempo? —chilló Feliks.

—No exactamente, pero ustedes pueden ser muy ruidosos—contestó el portugués.

—Ah, maldito Stefan. No tengo muchas ganas de ir a la biblioteca—suspiró el irlandés.

—Nadie tiene ganas de ir a la biblioteca. Sólo él, y la perra blanca con su grupo de bálticos—añadió Feliks, arreglándose el cabello.

—¿Ellos están allí? —murmuró Cian con un deje de emoción en su voz—¡Iré si Nikolai me acompaña!

El polaco observó a su amigo con expresión horrorizada.

—¡Sabía que estabas enamorado de la psicópata de mierda, hijo de la gran puta! —gritó hecho una furia.

—¡Te digo que no! —le recordó el irlandés, saliendo a toda de prisa de allí, mientras arrastraba a Nikolai con él.

—¿Porqué tanto interés en ir de repente a la biblioteca? —preguntó el de ojos rojizos, curioso.

Cian paró en seco, observando fijamente al otro, como si deseara decirle algo importante. Pero pareció arrepentirse antes de hacerlo.

—Nada importante—contesto—Mejor organizar todo con tiempo, ¿no? —mintió, rascándose la nuca.

La biblioteca del colegio no era muy grande, pero tenía lo que los alumnos necesitaban y un poco más.

Ambos divisaron a Stefan al final de uno de los pasillos, al igual que el anteriormente mencionado grupo de Natalia y el trío de chicos. De pronto, Cian pareció nuevamente ponerse nervioso.

—Esto... creo que debo buscar un libro—tartamudeó—Deberías ir tú a hablar con Stefan.

—¿Yo solo? —se preocupó Nikolai.

—¡Gracias, sabía que aceptarías! —exclamó el irlandés, corriendo hacia el pasillo que decía "Ciencias naturales y tecnología".

—¡Pero yo no acepté! —protestó el otro, sin ser oído. Suspiró, derrotado y dirigiéndose al pasillo de "Ciencias Sociales", que era dónde Stefan se encontraba.

Se acercó disimuladamente, sin hacer ruido. El búlgaro estaba muy concentrado en un libro cuyo título rezaba "Rusia bajo el yugo tártaro". El rumano aprovechó la ocasión para observarlo mejor. El muy perro tenía un cutis perfecto y unas finas pestañas negras, las cuales apenas pestañeaban al leer; además, su dueño mantenía la boca levemente entreabierta.

Casi olvidaba el porqué estaba allí.

—¡Hola~! —saludó Nikolai, esbozando una de sus sonrisas amistosas. El otro se sobresaltó, y casi soltaba el libro.

—¡N-no te oí llegar! —balbuceó el azabache, por primera vez descubierto con la guardia baja. Aunque volvió a su estoicismo de siempre—¿Qué haces aquí?

—Ah, Cian y yo queríamos hablar contigo, pero él no se encuentra aquí—"porque me abandonó" le faltó agregar al rumano.

—Eso lo puedo notar yo solito—le recordó Stefan, alzando una ceja—¿Qué me querían decir?

—Pues, que Jack hará una fiesta...

—Lo escuché, no fue un anuncio precisamente discreto. Además... —señaló algo a sus espaldas. En la pared había una hoja de cuaderno, y escrito a mano un título que decía "PARTY THIS WEEKEND!", junto con información extra.

—El punto es—continuó el rubio—Que Cian quiere ir.

—¿Y?

—Quiere que tú también vayas.

—¿Y? —repitió.

—Y eso.

—¿Porqué te manda a ti de mensajero? —interrogó Stefan.

—Te digo que veníamos juntos, pero él se distrajo con otra cosa—Nikolai comenzaba a impacientarse.

—Eso no lo habías dicho, pero bueno—sonrió levemente el búlgaro.

Ambos se quedaron un rato en silencio, no sabiendo muy bien qué decir. El rumano decidió romper nuevamente el hielo.

—Entonces, ¿irás?

—No lo sé—contestó el otro, encogiéndose de hombros—Luego hablaré con Cian.

—De acuerdo~—ese parecía ser el momento preciso para largarse, pero había iniciado una conversación con Stefan, e iba a aprovecharlo.

—¿Qué lees? —preguntó, cómo si no hubiera leído el título antes.

—Algo para historia. ¿Acaso hoy tampoco prestaste atención? —se burló el búlgaro.

—Yo presté atención—replicó Nikolai, y tuvo la sensación de que ya le había dicho algo así anteriormente. Escuchó a su compañero de clase reírse por lo bajo.

—Claro que sí—el rumano no estaba seguro si el otro hablaba en serio o jugaba con él.

—Lo digo en serio. Sólo que tengo otras fuentes de información.

—¿Como Wikipedia?

—Como... sí—contestó, desviando la mirada.

—No te avergüences, todos lo hacemos—lo consoló (¿¡consoló!?) Stefan, palmeándole el hombro.

De pronto (y un poco sorprendido por aquél cambio de actitud), Nikolai recordó algo que deseaba preguntarle a su compañero de clases.

—¿Qué te gusta leer?

Stefan se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

—Muchas cosas—contestó finalmente—Obviamente no las mismas que leía hace 5 años.

—¿Por ejemplo? —insistió el rumano.

—No sé decirte exactamente qué. Depende de mi ánimo. Desde hace un tiempo leo "Ana Karénina".

—No jodas, ¿qué eso no es una película?

Stefan lo observó unos instantes como juzgándolo; y luego una pequeña sonrisa comenzó a formarse en su cara, hasta transformarse en una carcajada. Se había dado cuenta que el rumano decía lo anterior en broma.

Era la primera vez que Nikolai lo oía reír. De acuerdo, no estaba desternillándose ni nada por el estilo, pero era algo mejor que unas simples risas silenciosas, que sólo eran un poco de aire en movimiento.

Y le gustó ese sonido.

.

Cian continuó observando a Natalia & Cía., escondido detrás de un pesado libro que mostraba un montón de atlas. Si lo llamaban a diferenciar las Antillas no podría responder correctamente, ya que el mapa era una tapadera y no le estaba prestando nada de atención. Demasiados nervios como para hacer eso. ¡Ese día todos habían estado tan cerca de descubrirlo! Especialmente Nikolai. Era más perspicaz de lo que parecía...

En aquél momento, recordó al pobre chico nuevo, al cual había abandonado a la suerte. Lo había mandado a convencer al amargadísimo Stefan de ir a la fiesta de Jack. Se sintió mal por lo que había hecho (¡maldición, cada vez que veía a esa persona no era él mismo!), y decidió disculparse con el rumano. Se lo debía. Enfrascado en sus pensamientos, no vio a lo lejos a Stefan y Nikolai, acercándose a él.

Por eso casi sufrió un ataque.

—Eh, Cian, la próxima vez no dejes a la gente plantada—le reprochó el búlgaro, y el aludido no supo a qué se refería. Luego le cayó la ficha de que había dejado precisamente plantado al rumano. ¿Pero porqué Stefan replicaba?

¿Acaso defendía, de alguna forma, a Nikolai?

Ahí sí que estuvo a punto de sufrir un ataque aún peor.

—¡Lo siento mucho, Nikolai! —exclamó el irlandés—¡No debí dejarte solo con ese tipo amargado, en una misión imposible de cumplir!

—Todo está bien—lo tranquilizó el rumano—Stefan ha dicho que se lo pensará~—y para darle más crédito a las palabras de Nikolai, el búlgaro las confirmó con un asentimiento de cabeza.

Cian observó a los otros dos, mientras retrocedía lentamente, luciendo horrorizado.

—¿Sucede algo? —se preocupó el rubio.

—No le hagas caso—aconsejó Stefan, como si ese tipo de escenas fueran cosa de todos los días.

—¿Cómo mierda lo hiciste? —susurró el pelirrojo, observando al rumano con los ojos abiertos como platos.

—¿Cómo hice qué? —Nikolai no entendía nada.

—¿Cómo lo convenciste?

—No lo convencí, él no ha asegurado nada.

—No hablen como si no estuviera aquí—se quejó Stefan, frunciendo el ceño.

—Pero—continuó Cian, haciendo caso omiso al de cabellos negros—Dijo que tal vez iría, ¡y eso es mejor que un "no", es decir, es mejor de lo que normalmente diría!

Stefan rodó los ojos murmurando "idiota", para luego irse del lugar. El irlandés continuaba alucinando, sin entender cómo rayos Nikolai había logrado que el otro diera una respuesta que no fuera un rotundo "No".


(*) Querida-o en polaco.

Bueno, esto es todo de momento. Lo cierto es que quería reducir el lapso de actualización... a 10 días o algo... PORQUE HONESTAMENTE CREÍ QUE PARA ESTA FECHA YA HABÍA TERMINADO CON LA UNI PERO NO. Así que hasta que no sepa que va a ser de mi vida no se cambia (les juro que cuando pueda decir "terminé el semestre", ahí van a llover actualizaciones más seguido e_e).