Capítulo 8
Bienvenido a mi casa.
Nikolai casi pegó un salto de sorpresa al escuchar el timbre. Lo esperaba, pero no dejaba de sobresaltarse.
Abrió la puerta, encontrándose con Stefan a una distancia prudente de la puerta.
—¡Hola! Bienvenido~—saludó el rumano alegremente, esbozando una de sus mejores sonrisas. El visitante bajó la mirada, y susurró "con permiso" al entrar al lugar—¿Quieres algo de tomar?
Stefan negó con la cabeza. Parecía concentrado en observar el lugar. El dueño de la casa se puso nervioso. Su hogar no era muy grande o especial, sólo estaba lo que su familia necesitaba y no mucho más, los espacios bien aprovechados.
—Bueno... ¿quieres que te muestre la casa? No es muy grande, pero... —comenzó el rumano, y ésta vez el visitante asintió con la cabeza—De acuerdo. Bueno, ésta sala no es muy especial, sólo recibimos a las visitas y mi hermano juega de vez en cuando. Ah, escaleras arriba se encuentra mi habitación.
—¿Está tu hermano en casa? —preguntó Stefan, luciendo interesado.
—Sí—o eso esperaba, no fuera cosa de que el niño se hubiera fugado. Sus padres se habían ido a trabajar como siempre, dejándolo como el responsable de la casa y de Andrei. Abrió una puerta y prosiguió con lo suyo—El living... —apuntó a la pequeña sala con un sillón y un televisor—Cocina—A duras penas cabían dos personas cocinando a la vez, además de que había una mesa para cuatro personas—Y esas dos puertas son las habitaciones de mis padres y hermano. Supongo que eso es todo—finalizó—Sé que no es la gran cosa, pero...
—Yo creo que está muy bien—interrumpió Stefan, observando las fotos que habían por ahí. Nikolai pudo notar una sonrisa melancólica en el rostro de su compañero.
—¿Seguro que no necesitas algo? —volvió a preguntar el rumano, algo preocupado.
El de cabello negro pareció dudarlo un par de segundos, en los cuáles atravesó al de ojos rojizos con su mirada. Pero negó con la cabeza.
—Vayamos a lo nuestro—sugirió Stefan.
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—Entonces, ¿se supone que ésta "y" es igual a aquella? ¿O no son lo mismo? —inquirió el búlgaro, frunciendo el ceño ante la hoja de ejercicios matemáticos.
—Bueno, "y1" puede o no ser lo mismo que "y2"—le explicó Nikolai.
—¿¡Y cómo averiguo yo eso!? —era la quinta vez que Stefan le preguntaba eso, la quinta que el rubio se lo explicaba, y también la quinta en la que Stefan se distraía con lo de las "y" en vez de buscar la solución. En definitiva, un círculo vicioso.
—Voy a por un vaso de agua—declaró Nikolai, armándose de paciencia.
Mientras iba a la cocina, una personita se acercó al búlgaro. Nikolai observó (y escuchó) atentamente desde allí el intercambio de palabras entre su hermano menor y Stefan.
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—¿Y tú quién eres? —preguntó Andrei, estudiando al visitante con la mirada. Stefan se sobresaltó ante la voz del niño.
—Ah. ¿Tú eres el hermano de Nikolai?
—No respondiste a mi pregunta, fofo—protestó, inflando las mejillas.
—¿"Fofo"?—repitió, desorientado.
Nikolai, desde la cocina, intentó aguantar la risa.
—¿Quién eres? —reiteró Andrei.
—Soy Stefan. Un amigo de tu hermano.
Nikolai dejó de reír silenciosamente, aunque mantuvo la sonrisa. Tal vez el búlgaro ni siquiera lo decía en serio, pero de todas formas lo hizo bastante feliz el escuchar que se refirió a él como "amigo".
—Te creo—informó el niño—Mi hermano mayor es genial y tiene amigos, ¿a que sí? —no esperó una respuesta por parte del búlgaro, y continuó—¿Qué has venido a hacer? ¿A jugar con él?
Stefan se rascó la cabeza, incómodo. A Nikolai la idea le hizo sentir un extraño cosquilleo en el estómago.
—N-no—tartamudeó el búlgaro—Vamos a estudiar.
—Qué aburrido—el pequeño rodó los ojos.
Ambos se quedaron en silencio, y Nikolai consideró interrumpir. Pero Stefan decidió continuar.
—Ese abrigo que tienes se ve interesante—comentó, señalando lo que el niño traía puesto.
Llamar "abrigo" al pedazo de tela era ser generoso. Era un viejo chaquetón cubierto de parches.
—Ah, sí. Es muy cool. Me lo dio Nana—respondió Andrei.
—¿Nana?
El mayor de los hermanos decidió que era definitivamente el momento de intervenir.
—Andrei, ¿porqué no vas a jugar a tu cuarto? Nosotros nos quedaremos aquí en el living estudiando—le dijo a su hermano pequeño. El niño asintió y fue dando saltitos hacia su habitación—Lo siento, es un niño un poco peculiar—rió y le entregó el vaso de agua que en realidad había ido a buscar para él mismo y no para su invitado.
—Te tardaste a propósito—y no era una pregunta.
—Por supuesto—no le iba a mentir.
—¿Puedo preguntar quién es "Nana"?
—Nana es algo así como su amiga, o amigo, imaginario. Bueno, era.
—¿Ya no tiene amigo imaginario?
—No exactamente. Para él, Nana debería seguir existiendo en este momento, aunque... —suspiró—Antes de mudarnos aquí, llegó a nuestra antigua casa y dijo simplemente "Nana murió".
Stefan lo observó, atónito. Era una historia muy rara.
—Creo que el abrigo era algo viejo que teníamos guardado por ahí. Mamá... mi madre—se corrigió—No puede prohibirle que deje de llevarlo. Bueno, mientras permanezca en casa le da igual lo que lleve puesto.
—Nunca en mi vida escuché una historia como esa—admitió Stefan.
—Lo sé, no es muy normal. Pero bueno, vayamos a lo nuestro. ¿Cuánto valía "z"?
—Pero... ¡no termino de entender lo de la "y"!—protestó el búlgaro, pareciendo suplicar con la mirada "no más Matemáticas, por favor". Le dio un poco de lástima.
Un poco.
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Andrei se aburrió de jugar él solo. Nana se murió, y desde entonces se aburría mucho. Espió lo que su hermano mayor y el otro chico hacían.
—Me va a explotar la cabeza—decía Stefan—No puedo pensar más.
—¡No te rindas! ¡Casi lo tienes! —lo alentaba Nikolai.
—No sirvo para esto.
—Has llegado hasta aquí.
—He salvado esta materia a base de trampas y suerte—suspiró—Listo, lo dije.
—Hasta ahora—aclaró el rumano—Desde hoy vas a entrar al club de los tipos que entienden en matemáticas.
—No te burles de mí—se enfurruñó.
—No me burlo de ti. No eres tonto, Stefan—dijo Nikolai, hablando muy en serio—Sólo debes preguntar cuando no entiendes.
—Lo hago. Pero aunque me lo repitan tres veces, no lo entiendo. Luego piensan que les estoy tomando el pelo, pero no es así. ¡Simplemente soy un idiota!
Nikolai tomó el grueso libro de matemáticas y lo dejó caer sobre la mesa. El golpe seco hizo sobresaltar a su reciente amigo.
—Escucha, fofo—comenzó, citando el apodo inventado por su hermano menor—Podrás ser muchas cosas, pero dudo que "idiota" sea una de ellas. Todos tenemos nuestros puntos débiles, sí. Pero no por eso vuelvas a acusarte a ti mismo de idiota. Ahora vas a apoyar el culo en ése sofá, y voy a hacer que entiendas ese conjunto de números y letras. Aunque tenga que repetirlo cuatro, cinco, diez o cincuenta veces. ¿Capisci?
Stefan observaba al rumano con la boca semi abierta.
—G-gracias—murmuró.
Andrei sonrió desde su escondite. ¡Su hermano mayor era tan genial! Se alejó de su escondite, yéndose a jugar de vuelta a su habitación, y de paso prometiéndose a sí mismo que nunca haría algo tan aburrido y difícil como estudiar matemáticas, o ayudar a alguien tan estúpido como el amigo de su hermano.
Capítulo cortito, aunque como ven esto es una lotería, pueden tocar 1000 palabras o 4000 :D En fin, tuvieron uno extra so...
Aunque falten más de 24 horas, les deseo desde ya a quienes lean esto un muy feliz año nuevo, y un gran año 2017. Pasen lindo con sus seres queridos, y si van a tomar alcohol, no conduzcan :D mis mejores deseos, gracias por leer!
