Capítulo 9

Por ayudar a un amigo.

Stefan fue varias veces a casa de Nikolai. Éste último tenía que repetirle las cosas cerca de ocho veces, pero al final el búlgaro entendía.

No se convirtió en el mejor estudiante, pero al menos ya no era el peor de la clase en matemáticas.

Con esas ayudas extras, y el tiempo que pasaban juntos en la escuela, ambos entablaron amistad.

Nikolai hacía tiempo había dejado de sentirse como el chico nuevo. Con ayuda de su grupo de amigos (Cian, Feliks, Paulo, y podría contar a Stefan aunque todavía era un poco frío con él), se acostumbró perfectamente al instituto. ¡Hasta podía decir que le gustaba ir a la escuela!

En un abrir y cerrar de ojos, las pruebas de mitad de año ya amenazaban a los alumnos.

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—Lo haré—comunicó Cian solemnemente. Sólo a Nikolai, claro, ya que era un tema relacionado con "Estonia/Bombón".

—¿Qué harás? ¡¿Te vas a declarar!? —se emocionó el rumano.

—¡Claro que no! —se negó el pelirrojo, muerto de vergüenza—Haré algo muy importante. Ya lo he planeado minuciosamente las últimas semanas.

—¿Qué harás entonces?

—Le diré "Hola".

Un minuto de silencio. Nikolai hizo un gesto de desaprobación con la cabeza, cerrando los ojos.

—Ay, Cian... eres increíble.

—¡Lo sé! —se alegró el aludido.

—...No era un cumplido.

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—Entonces, iremos juntos a la biblioteca. Nuestro tema de conversación será... —explicaba Cian.

—No te preocupes, ya improvisaré un tema—intervino el rumano.

—¡No! —chilló—¡Eso nunca funciona! Siempre te quedas con la menta en blanco. Hablaremos de la última entrega de Pokémon...

—Cian, hace años que no juego Pokémon...

—Te inventas algo. Entonces pasamos a su lado (disimuladamente), y yo digo "¡Hola!" casualmente. Tú también lo puedes decir.

—...Copiado.

—El plan debería funcionar, ¿no?

—Y si no sucede, siempre puedes hablar con él en cualquier otro momento... compartes el mismo salón de clases, ¿sabes?

—Hacer un plan que se desarrolle en el salón de clases es una ciencia abstracta y compleja que todavía no domino del todo.

Pentru Dumnezeu (*)—suspiró el rubio en su idioma natal.

—¿Qué están planeando ustedes dos? —los interceptó Paulo por detrás. El irlandés dio un gritito, porque el asunto "Estonia" era altamente secreto y sólo el rumano lo sabía.

—Déjalos. Seguro el leprechaum hace planes para ligarse a la perra blanca—intervino Feliks. Si bien el polaco ya no acosaba a Cian tan seguido con eso, tampoco había olvidado la idea.

Aunque nadie le hacía caso.

—No puedo creer que estemos casi a mitad de año—suspiró el portugués, e inmediatamente pareció tener una idea—¡Lo tengo! ¿Y si celebramos?

—¿Qué voy a celebrar? ¿Que Gengis Kan me va a romper en pedacitos cuando toque el turno de la prueba de historia? —dijo cínicamente Feliks.

—Más como que yo he sobrevivido con ustedes hasta ahora—bromeó Nikolai.

—Y no sabes cuánta razón tienes—rió Paulo entre dientes.

—Genial—dijo Cian, silbando distraídamente—¿Me puedo llevar al ex-nuevo? Tengo un asunto que tratar con él—y señaló a Nikolai.

—¿Qué "asunto"?—preguntó Paulo.

—Uno que no te incumbe—respondió el pelirrojo, sacándole la lengua.

—Me estoy hartando de sus secretitos—fue lo que Nikolai pudo escuchar salir de la boca de Feliks antes de que cierto irlandés lo arrastrara a la biblioteca.

—Oye, Cian—lo llamó el rumano, preocupado—¿No crees que deberías contarlo a los demás tu "asunto"? No me gustaría que se enojen con nosotros.

—Tranquilo, no se enojarían por una tontería como "un secreto no contado".

Nikolai no estaba muy de acuerdo, pero decidió confiar en el criterio del otro. Después de todo, el irlandés los conocía desde hacía más tiempo que él.

—Ahora—continuó Cian—Hablemos del juego nuevo de Pokémon antes de entrar a la biblioteca. No puedo dejar que largues información falsa.

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—Espero que se pueda bucear~—parloteaba el pelirrojo—Llevaba esperando estos remakes desde la quinta generación...

Si bien Cian parecía relajado, el rumano sabía que controlaba el nerviosismo con todas sus fuerzas. Y casi perdía la fachada en cuanto divisó a Eduard con su tablet, sentado en la mesa más cercana a la puerta.

—En fin, ¿tú qué piensas del nuevo videojuego? —le preguntó el pelirrojo, y al escuchar la palabra "videojuego", el estonio parecía "parar la oreja".

—Pues—soltó Nikolai, como si supiera mucho del tema—Yo quiero elegir a Charmander~.

De repente, la atmósfera se tensó. Mucho. O eso le pareció al rubio. Oh, no. La había cagado.

Ni-ko-lai—le susurró Cian, horrorizado—En ésta entrega no eliges los viejos Pokémon.

—...¿Ah, no? —murmuró el rumano, avergonzado. Hasta Eduard lo estaba mirando como si hubiera dicho que era un neonazi o algo por el estilo—Perdón—continuó, intentando arreglarlo. Los dos oyentes lo observaron con atención—Me confundí con la entrega anterior.

La cara de horror de Cian le indicó que la había cagado todavía más. Bien hecho, Nikolai.

El báltico se palmeó la frente. Al irlandés casi le daba un ataque.

—¡Perdón! —repitió el rubio—¡No quería...!

—Mejor no hables más—lo cortó la voz de Eduard.

—Exacto—acotó Cian, como olvidando el hecho de que su amor platónico hablaba—Me sorprende que siquiera sepas lo que es la MO08.

Eduard rió un poco ante el comentario, y ahí Cian pareció darse cuenta de lo que había hecho. El sonrojo no tardó en aparecer.

—Ho-hola Eduard—tartamudeó el joven pecoso.

—Hola, Cian—saludó el de gafas, con una pequeña sonrisa.

El irlandés se giró hacia su más reciente amigo. Nikolai entendió el mensaje en los brillantes ojos verdes del más bajo "¡Sabe mi nombre! ¡Le dije 'Hola'! ¡Me dijo 'Hola'! ¿¡Qué mierda hago ahora!? ¡Ayúdame!". Demasiada comunicación no verbal.

—Sí, sí. El tonto ignorante soy yo—se acusó el rumano, alzando las manos—Ahora, los dejo conversando de sus Pokémons nuevos y eso—dijo, queriendo retirarse lo más discretamente posible.

Cian lo observó desesperado. Al parecer, el dejarlo a solas con el chico que le gustaba no era "ayudar". Quién lo entendía...

De todas formas, ya era demasiado tarde: anunció su retirada triunfal de ignorante.

—Un juego de Pokémon sin Charmander—masculló para sí mismo, saliendo de la biblioteca—Seguro es una porquería...

Charmander es una porquería—escuchó la voz burlona de Stefan, y se sobresaltó.

—Tú eres una porquería—le respondió, ofendido—Seguro te elegías siempre a Squirtle.

Bulbasaur—corrigió el búlgaro.

—Alguien perdió su primera batalla, ¿eh? —apostó el rubio.

—Oh, eso no te hace mejor que yo—masculló Stefan, sonrojado. Definitivo. La había perdido.

—Ahora te lo piensas dos veces antes de hacerle Bullying a Charmander.

—Como digas. ¿Dónde está Cian?

—Tiene un asunto en la biblioteca.

—¿Qué asunto?

—Ya te lo dije varias veces: no es cosa mía, no puedo decírtelo.

—De acuerdo—aunque la verdad no parecía muy de acuerdo con eso.

—Si tanto quieres saber, pregúntale a Cian—recomendó el rumano—Yo no soltaré nada.

—Lo sé. Pareces del tipo que saben guardar secretos—suspiró Stefan.

¿Eso era un cumplido? Nikolai esperaba que sí. Los "cumplidos" del búlgaro lo ponían de buen humor. Se había dado cuenta de aquello hacía un tiempo.

—También puedo guardar tus secretos. Cuando quieras~—ofreció el rubio, feliz.

—Lo tendré en cuenta—prometió el de ojos verdes. El rumano lo observó tranquilamente. Ya no le molestaba quedarse a solas y en silencio con el búlgaro. No se ponía nervioso a su lado. Stefan era lo contrario: antes se daba aires de ser superior imperturbable, pero ahora era distinto. Se mordía el labio, jugueteaba con las manos en los bolsillos o miraba nerviosamente a todos lados. A Nikolai no le molestaba ese lado de su amigo. Era interesante, y hasta un poco tierno.

También tenía que admitirlo, Stefan se le hacía guapo. No sabía que le gustaba más: si su lacio cabello negro, esos ojos verde esmeralda, o la piel blanca pero de un color saludable. O sus finas pestañas negras, esa sonrisa suya, de dientes blancos y parejos; con esos labios finos. O sus rasgos afilados, sus manos de dedos largos... Y luego estaban las cosas que uno no veía exactamente en su cuerpo, pero que ahí estaban, como esa voz tan varonil...

Paró en seco de soñar gracias a la dichosa voz del búlgaro.

—Nikolai, ¿tienes hambre? —preguntó Stefan, que parecía más nervioso de lo normal.

—No—se quedó atónito ante una pregunta tan aleatoria como aquella—¿Por qué?

—Porque tienes la cara de alguien que tiene hambre y tiene un manjar delante de los ojos—explicó, incómodo.

—Ah. Lo siento. Sólo me perdí en mis pensamientos—rió, restándole importancia a lo sucedido. Maldijo para sus adentros por haberlo comido con la mirada. De acuerdo, le parecía lindo, ¿y qué? Muchas personas consideraban que hay amigos suyos que están buenos, pero no pasa de eso. Nada de sentimientos amorosos y cosas de ése estilo. Él sólo siente amistad por Stefan.

—Lo estás haciendo de nuevo—reprochó el azabache, frunciendo el ceño.

—¿Hacer qué?

—Perderte en tus pensamientos.

—Es que no lo puedo evitar—suspiró el rumano—A veces tengo muchas cosas en las que pensar.

—¿En qué, por ejemplo?

Esa pregunta, Nikolai no la quería responder. Por suerte, se le ocurrió una buena excusa.

—En Navidad—soltó.

—¿En Navidad? —repitió Stefan.

—En Navidad—aseguró.

—¿Qué hay con eso?

—No mucho—y era cierto. Sus padres querían visitar familiares en Rumania, pero no podían permitirse pagar el boleto de 4 personas. Así que Nikolai decidió ahorrarles un dolor de cabeza a sus progenitores, y se deshizo de la idea de un posible viaje navideño a su país natal: mejor quedarse ahí—Pero de todas formas tengo que pensar. Pensar es importante.

—No me digas... —Stefan rodó los ojos al decir eso.

Al final, Nikolai logró disuadir al búlgaro sobre lo de averiguar el verdadero rumbo de sus pensamientos.


(*) "Por Dios" en rumano.

Buenas nuevas: voy a actualizar cada 10 días en vez de 15 ;) Plus antes de la actualización siguiente viene un pequeño regalito extra~. Gracias por leer!