Capítulo 11

No sabe qué sentir.

Nikolai suspiró frente a la puerta de su casa. Ahora venía la parte difícil.

El chihuahua de su vecina Adelita ladró, pero como siempre, nadie le hizo caso.

Stefan se mostraba reacio a hablar, además de que lucía destrozado y sólo quería dormir en la primer superficie que encontrara.

—Escucha. No hagas ruido. Muévete muy lento—advirtió el rumano. Sabía que era pedirle demasiado a alguien borracho, pero no tenía ganas de que aparecieran sus padres gritando porque traía a casa a malas amistades y sin avisar, y que seguro él también bebió de más y que no tenían lugar para que alguien durmiera allí, y que estaban cansados del trabajo y que lo último que querían era a dos adolescentes ruidosos. En resumen: No tenía nada de ganas de que le armaran una escena.

—¿Por qué? ¿Planeas robar esta casa? —cuestionó el de ojos verdes.

—Estúpido, ¡ésta es mi casa!

—Ah, eso explica porqué me parecía tan conocida...

Nikolai se abstuvo de darse la cabeza contra la pared.

—Sólo entra y copia mis movimientos—suspiró el más bajo—No hables.

Stefan asintió, un poco confundido.

—Pero, ¿qué pasa si estornudo? —preguntó mientras Nikolai buscaba sus llaves.

—Stefan, no comiences a imaginar situaciones así—lo reprendió—¿Quieres estornudar?

—No—contestó, muy seguro.

—Entonces, calla—y metió la llave en la cerradura, girando hacia la derecha.

Ambos entraron en puntitas de pie. Logró cerrar la puerta con éxito y casi sin ruido.

Nikolai alumbró con la pantalla de su celular, y señaló a Stefan primero, y luego la puerta del baño. El mensaje era claro: ve ya mismo, que después no tendrás oportunidad.

Mientras Stefan cumplía su misión, el rubio cogió un poco de agua para llevar se a su habitación. Hasta el momento todo estaba saliendo bien.

—¿Quién está en el baño, hermano? —dijo una vocecita. El de ojos rojos pegó un salto, aunque sabía perfectamente quién había hablado.

—¡Andrei! No me asustes así—se quejó el joven, susurrando.

—¿Por qué hablas tan bajo? ¿Quién está en el baño? —insistió.

—Porque no quiero que Mamá y Papá despierten—explicó—Stefan está ahí. Pero nuestros padres no se pueden enterar, ¿de acuerdo?

—Ah, el aburrido que estudia Matemáticas—pareció recordar el niño, luego de dudar un poco a quién se refería su hermano mayor—Está bien, yo no diré nada si me haces la cama un mes.

—Una semana.

—Dos semanas.

—Serás... —masculló el mayor, aunque era un trato justo—Hecho.

—Además—añadió, triunfante—Mamá y Papá se despertarán en un rato.

—¿Por qué?

—Hoy van conmigo al zoológico, y debemos conducir hasta otra ciudad, duh. ¿Acaso lo olvidaste?

Sí, lo había olvidado, y de hecho le parecía fantástico, dado que no tendría que esconder a su amigo mucho tiempo más.

—Bien. Que esto se quede entre nosotros—exigió Nikolai.

—Y recuerda, dos semanas—aclaró felizmente, yendo a la cocina.

—Sí, sí... —masculló el rumano, mientras la puerta del baño se abría—Momento—murmuró para sí—¿Qué rayos hace levantado tan temprano?

.

—Ahora que me doy cuenta—le susurró Stefan, una vez que subieron las escaleras y se encerraron sanos y salvos en la habitación de Nikolai—Estuve muchas veces en tu casa, pero nunca en tu dormitorio~—parecía de mejor humor, observando la gran cantidad de libros desparramados por ahí, ya que el estante no parecía tener espacio suficiente para todos ellos.

—Ajá—murmuró Nikolai, agarrando la almohada y una frazada tirada, para así acostarse en el suelo, entre su cama y el pequeño escritorio—Muy interesante. Ahora, hazme el favor y duerme—señaló la cama.

—Sí... —murmuró, bostezando, sin quejarse de que no había almohada. Se quitó los zapatos, arrojándolos bajo la cama, y luego se cubrió con las sábanas del rumano. Antes de rendirse al sueño, entreabrió un poco los ojos—¿Dónde duermes tú?

—Normalmente en esa cama—contestó el rubio, jugando con su móvil.

—Pero... ¿debería hacerte un lugar? —preguntó, intentando no cerrar los ojos.

El rumano se puso tenso con aquella sugerencia. Prefería sin duda su cama al frío y duro suelo, pero, ¿prefería compartir su pequeña cama con Stefan? ¿Estar tan cerca de él? Tragó saliva. Si le daba casi un ataque después de aquella escenita en el baño del bar, no quería imaginarse cómo sería compartir su cama...

—No. Tú sólo duerme—contestó Nikolai firmemente, intentando no perder su compostura.

—¿Seguro?

—Seguro.

—Ok... —Stefan cerró los ojos—Lo siento—fue lo último que se escuchó de él.

El dueño de la casa suspiró, dejando su celular de lado, y permaneció observando al búlgaro, quién dormía con la cara apuntando hacia él. Respiraba con la boca un poco abierta, y a juzgar por la posición de sus brazos, el menor estaba seguro de que habría abrazado la almohada (de haber tenido una).

Era un asunto muy importante el que le daba vueltas en la cabeza. ¿Por qué se sentía así con su amigo? ¿Qué estaba pasando?

¡No sabía qué sentir!

Movió los pies nerviosamente. Sí, sospechaba sobre lo que podía estar sucediendo, pero no era fácil concebir la idea en su mente.

Mientras se debatía, observaba con la débil luz que entraba por la ventana el rostro rendido de Stefan (lo que no ayudaba en su postura de "Estoy seguro que sólo es mi amigo y así será por los siglos de los siglos").

Intentó concentrarse en un estúpido juego del móvil, pero no ayudaba demasiado. Sus pensamientos terminaban dirigiéndose a aquél tema en discordia.

¿Por qué tenía que pasarle así? Estar enamorado de un amigo acarreaba, en su humilde opinión, más desventajas que estar enamorado de un desconocido. Después de todo, si de alguna forma no correspondían sus sentimientos, no lamentaría ninguna amistad perdida.

—Puto Stefan—murmuró bajo la sábana, sabiendo que el otro no lo oiría: ya dormía profundamente.

Y comenzaba a lamentar el haberse hecho el anfitrión amable y haberle dado su cama. Tendría que haberlo dejado sufriendo contra el suelo duro. O aún mejor, ni siquiera debería haberlo llevado a su casa. ¿A él que le interesaba que durmiera en el patio de un holandés aterrador que quería tirarse a Paulo?

Sacudió la cabeza. No iba a engañarse a sí mismo: dudaba el ser capaz de dejar a alguno de sus amigos durmiendo allí (a excepción de Paulo, que probablemente la pasaría genial). Dios, ni siquiera se imaginaba dejando a Stefan durmiendo en la casa de cualquier desconocido. En especial a Stefan.

Porque aunque le enojara o confundiera, el búlgaro era especial para él. Todas esas idioteces eran la prueba de ella.

Además, si se rendía a ése pensamiento y consideraba hipotéticamente que Stefan le gustaba y/o que estaba enamorado de él, ¿cómo proseguir? Le daban ganas de reír. Con lo reacio que parecía al principio para poder entablar conversación, ¿acaso era posible que terminaran juntos? Ya le costaba creer que había entablado amistad con él... y se sentía feliz con eso. No necesitaba ir más allá. Tal vez le gustaría...

...Pero estar en compañía de Stefan le gustaba tanto, que estaba dispuesto a conformarse sólo con eso. Es que, era casi la mejor parte de su día. Y ocupaba sus pensamientos con bastante frecuencia... consciente e inconscientemente. No se aburría con él, y sus defectos no le hacían querer salir corriendo. Y esas sensaciones raras, y...

Bueno, tal vez si lo aceptaba de una vez no se torturaría tanto, y sólo faltaría resignarse a que Stefan jamás le correspondería.

Aunque le doliera, al menos estaba en paz con su persona aceptando para sí mismo sus sentimientos.

No era un mal paso.


Awww, capítulo corto otra vez PERO esto es muy crucial en la historia damas y caballeros ;) El pequeño saltamontes de ha dado cuenta de que tiene sentimientos por nuestro búlgaro amargado :D