Capítulo 14
Necesidad de vacaciones
El agradable aroma de café flotando en el ambiente. Hojas de apuntes adornando el salón por doquier. Los no tan agradables gemidos e incluso frases de desesperación. Extraños rituales para la buena suerte. Preguntas constantes al compañero de al lado, para ver si tiene lo que al otro le falta. Los más valientes, escribiendo las respuestas sobre el pupitre con la letra más microscópica posible, para camuflarlos con los "G & M 4ever" y "Liverpool sucks".
Inauguramos la época de exámenes de mitad de año.
—Me voy a morir. Te lo juro, no me entra ni una palabra más en la cabeza. ¿Es posible morir por leer demasiado? —se quejaba Cian.
—Malas noticias para ti, pero no lo creo—murmuró Feliks, que era el único que parecía extrañamente relajado. Al parecer, todos esos tips de estudio y organización de Pinterest le habían dado una confianza enorme en sí mismo para aprobar lo que se le venía.
Así se sentía hasta que tuvo que entregar la prueba antes de tiempo para ir al baño porque "había bebido demasiada agua para pensar mejor".
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El tiempo avanzaba muy lentamente, pero al mismo tiempo sumamente rápido cuando tenían aquella hoja en blanco intimidante frente a ellos. Nikolai estaba seguro de que en cualquier parte del mundo que tuviera un sistema educativo parecido sucedían esas cosas. Él no tenía problemas con las evaluaciones escritas, pero estaba seguro que para algunas personas era injusto que los evaluaran así. Aunque no podía hacer nada en contra de eso.
Suspiró. Debía terminar esa prueba de francés. Sí que le costaba esa materia. Sobre todo porque no la había tenido antes en Rumania. Pero había estudiado lo suficiente para aprobar, aunque estuvo sin salir por bastante tiempo. En ese mismo momento no contaba con la inspiración para escribir un diálogo demasiado elocuente sobre un turista con un mozo maleducado de un restaurante de París.
(Al menos no era el trabajo de escribir la escena del casino. Todos juraban que la profesora Monique era adicta a los juegos de azar. De hecho, Yong Soo confesó que estaba seguro de que había jugado online contra ella en Pokerstars).
Se volvió hacia la izquierda, a mirar la ventana en busca de inspiración, pero sólo le sirvió para distraerse con el paisaje invernal que lentamente se iba haciendo su lugar para eliminar al otoño. Miró luego el techo, pero ese blanco desvencijado era muy deprimente. Entonces casual y distraídamente observó a su alrededor. En frente suyo estaba la nuca de un muy concentrado Eduard. Y a su derecha, Feliks escribía con una sonrisa en la cara su diálogo. Seguramente había alguna maldad entre esas palabras de prolija caligrafía. Viendo que la profesora se había distraído un poco para limarse las uñas, se giró hacia atrás, rezando por que le alcanzara el tiempo suficiente para ver que estaba haciendo Stefan.
El moreno estaba ensimismado en su propia hoja de papel, pero al percibir por el rabillo del ojo un movimiento tan brusco, alzó la mirada para encontrarse con los ojos rojizos del rubio. Éste último notó por un lado el enojo en la mirada de su amigo, ya que no era el momento para andarse mirando y mucho menos pensar en hablar. Por otro lado, le gustó encontrar curiosidad. Como "¿qué se trae entre manos en un momento así?".
Pero como la mente de Nikolai estaba prácticamente seca, sólo se aseguró de dirigirle una sonrisa fugaz al búlgaro. Antes de ver la reacción generada, se dio vuelta lo más rápido posible. Agradeció que la profesora Monique no hubiera notado nada de ese intercambio.
Decidió ponerse a trabajar en el diálogo, aunque el producto fuera a ser muy soso. Al finalizar cada oración, pensaba en Stefan. Por lo general le iba bien en el colegio. Probablemente, eso explicaba toda esa independencia de la cual gozaba Stefan. Su madre no tenía que preocuparse por su rendimiento académico. Parecía un trato justo.
Suspiró, dando por finalizado su trabajo, y lo entregó. No pudo evitar fijarse que la mano que la profesora le extendía estaba adornada por un delicado anillo con el símbolo de picas del póker. Monique Bonnefoy, profesora de francés, confirmada como jugadora de póker periódica.
Encontrando un poco cómico que una persona tan aparentemente conservadora y elegante como ella se sintiera inclinada a ese tipo de actividades, no notó la mirada esmeralda de cierto búlgaro seguirlo mientras abandonaba el salón de clases.
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Y así iba pasando el tiempo, hasta que llegó la última semana de clases antes de las vacaciones, y con ella, la última prueba.
Historia.
Era increíble, pero toda la clase se encontraba en la biblioteca, concentrados leyendo. Habían llegado mucho antes de que tocara el timbre que marcaba el inicio de las clases. Tuvieron que convencer al conserje de que les abriera las puertas del colegio media hora antes del horario estipulado. Cian daba vueltas de aquí para allá por el nerviosismo, aunque Nikolai sospechaba que era también para pasar disimuladamente por la mesa de Eduard. Yong Soo quería tomar su consola para despejarse, pero parecía que el pesado libro de historia lo atraía, y alejaba la mano temblorosa de su mochila como si la abstinencia le doliera físicamente. Incluso Natalia y Feliks habían evitado pelear, y se corroboraban e intercambiaban fechas y conceptos entre sí sin discutir ni un momento, algo que contribuía a asustar aún más a los demás.
Todos actuaban más extraños que nunca, pero era un hecho que todo lo relacionado con esa asignatura (o mejor dicho, con el profesor que la impartía) conllevaba a un comportamiento distinto por parte de todos.
Excepto por Nikolai, que no se exigió mucho más que en las demás asignaturas. Pero a esta altura, los demás lo habían aceptado como raro con respecto a cómo encaraba a Gengis Kan.
A pesar de todo el ambiente cargado que se había generado, todos se sorprendieron al escuchar un grito de agonía de la persona menos esperada.
Paulo, siempre el más tranquilo, amable, sereno, que siempre tenía una sonrisa que ofrecer (a no ser que lo provocaran por su altura), había gritado de forma tal que ni siquiera la bibliotecaria vietnamita se atrevió a echarlo ni a silenciarlo.
—¡Si las vacaciones no llegan ahora mismo, me muero!
La única persona que se rió fue Giselè. Pero sólo para no llorar de angustia y cansancio.
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El profesor mongol avanzó con sus pasos elegantes de siempre hacia su escritorio, observando a los alumnos a través de sus gafas.
—Buenos días. Doy por sentado que todos se han esforzado estudiando—parecía observarlos a todos y a nadie al mismo tiempo—Y espero que el esfuerzo que hayan puesto con la preparación de su examen pueda quedar bien plasmado.
Esas fueron las únicas palabras que se dijeron durante la hora y media que duró el examen. Nadie hizo pregunta alguna. Y nadie entregó antes de tiempo. Absolutamente nadie. Ni siquiera Natalia, que parecía haber terminado antes que los demás y permaneció revisando constantemente lo que había escrito antes de entregar.
Como era de esperarse.
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Ese fue el último día de clases. Pero los alumnos ya no tenían la resistencia mental suficiente como para festejar demasiado. Jack prometió realizar una fiesta increíble de año nuevo, pero después de dormir de corrido hasta Nochebuena.
Ni siquiera cuando finalizó la jornada volvieron a su energía de antes. Feliks parecía querer hacer un intento por animar el ambiente, pero ni él tenía ideas de cómo hacerlo.
—Mañana será un día mejor—los intentó consolar Paulo. Aunque las vacaciones no habían comenzado dos minutos después de su grito, seguía vivo.
—Somos guerreros—musitó Cian, con enormes ojeras bajo sus ojos verdes.
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Nikolai terminó quedándose a solas con Stefan en la parada de autobús. Habían caminado tan lento que el búlgaro se había perdido su autobús. Pero no parecía muy molesto. Parecía estar demasiado cansado como para quejarse siquiera.
El rubio sacó su celular. Ése día no habría charla, así que mejor aprovechar el wi fi del colegio y entrar a husmear en el instagram de su amiga húngara, que ya había comenzado sus vacaciones y estaba visitando Austria, en busca de "hombres tan interesantes como ese profesor de matemáticas tuyo" (en palabras de Elizabeta).
Estaba riéndose para sí con la cara rara de pervertida que tenía su amiga junto a un puesto de wurst. Lo encontró tan gracioso que no pudo evitar mostrárselo a Stefan.
Éste apenas esbozó una sonrisa, y lo miró interrogante, pero con cierta timidez.
—¿Es esta una de tus novias de Rumania?
—No, no. Esta es la Eli, mi amiga húngara. La que se enamoraría del amargado Roderich si lo viera.
—Se deben conocer hace mucho.
—Desde que somos niños. Aunque no creas que nos llevamos de maravilla. Peleamos mucho, incluso estando en distintos países. No me voy a olvidar de que por su culpa tengo el diente así.
—¿En serio? —se sorprendió Stefan.
—Sí. Un día estábamos jugando en un parque. Carreras, o algo así, no recuerdo muy bien. Y me caí y bueno... sangre, dentista, dolor y lágrimas. Creo que fue la única vez que ella me pidió perdón en serio y desde el fondo de su corazón.
—¿Por eso el colmillo?
—Sí. Pero tenía 5 años. Ya tuve 12 años como para acostumbrarme a eso—le restó importancia el rumano. Lo cierto es que a menudo se miraba en el espejo y se preguntaba a sí mismo si no debía hacer algo con eso, pero de momento no le acarreaba ningún problema que no fuera estético.
Ambos permanecieron un rato en silencio. Stefan lo interrumpió.
—¿Cómo eras cuando eras un niño?
—Que pregunta más extraña, hombre. Si te refieres a lo físico, casi igual.
—¿Y al carácter?
—... sólo leía otros libros. No he cambiado demasiado.
—Te imagino como tu hermano, pero con el pelo más claro.
—Tal vez. Hace mucho que no miro fotos. Mi madre debe de tener algunas guardadas por ahí.
—Me gustaría verlas.
—No pienses que las mostraré así como así. Esas cosas son información clasificada. No comparto mi ternura infantil con nadie, Stefan.
—Es una lástima—suspiró—Yo tenía una foto mía de cuando era niño en mi teléfono y te la pensaba mostrar.
El rumano se quedó de boca abierta.
—¡Me la muestras ahora, Stefan!
—No—se negó el aludido. Nikolai frunció el ceño, y estiró el brazo para intentar arrebatarle al otro el móvil de la mochila—¡Quita las manos de ahí! ¡Eso es invadir mi privacidad! —chilló mientras el otro le revolvía el bolsillo, en busca del aparato.
Lo logró sacar a duras penas. Luego, el rubio cayó en la cuenta de que no sabía la contraseña. Observó al otro con cara de póker.
—El código—exigió.
—No mereces saberlo—se negó el azabache.
—¡Por favor!
—No.
—Qué malo. Supongo que tendré que dejar correr la imaginación.
Pero le costaba imaginarlo de forma distinta a como era en ese momento. De todas formas, ¿para qué servía eso? Si tal como estaba en el presente era hermoso.
Tuvo que cachetearse mentalmente, porque se había prometido a sí mismo pensar en Stefan de esa manera sólo cuando estuviera solo y con él bien lejos. De lo contrario, podría quedar al descubierto.
—Otra vez te quedas pensando en la vida—sonrió el búlgaro. Ya se había acostumbrado a los momentos de abstracción del otro.
—Sí, lo siento. Estaba pensando en la Navidad.
Ambos se observaron y largaron una carcajada estruendosa. Ya era un chiste interno.
—¿Lo mismo de nuevo? —reía Stefan—Parece que me tomaras el pelo.
—¡Ya es un acto reflejo, lo siento!
—No pasa nada. Tal vez es en serio y de verdad es un asunto importante para ti.
—No tanto en realidad. Además, este año voy a estar solo. Voy a actualizarme con todos los episodios y películas que me he perdido por estar estudiando. Será una maratón increíble...
—¿En serio estarás solo? —inquirió el de cabello oscuro. Parecía que ese dato le sorprendió—¿Y tu familia?
—Se irán a Rumania. No los acompañaré, pero puedo sobrevivir dos semanas solo... supongo.
—¿No te sentirás... bueno, solo?
—Bueno, un poco sí. Pero tendremos una despedida de año nuevo en casa de Jack, ¿no te acuerdas?
—Sí, pero será sólo una noche. Además, por más poco que te importe, es muy solitario pasar las navidades solos.
—¿Tú estarás con tu madre, no? —quiso cambiar de tema Nikolai. No quería pensar en ese problema de la soledad festiva hasta que lo tuviera frente a él.
El búlgaro pensó unos momentos antes de responderle. Parecía no estar seguro de querer contestarle. Pero lo hizo, y con sinceridad.
—Mi madre se irá de viaje con sus amigas... al Caribe. O algo así—dijo con cierta vergüenza, como si no estuviera bien.
—Eso está muy bien. ¿No te alegra que disfrute de esas cosas si tiene la oportunidad de hacerlo?
—Claro que sí, pero... podría ser menos llamativa con las cosas que hace—resopló.
—¿O estás celoso porque no te lleva con ella?
—No me gusta el calor, y tampoco quiero ver a sus amigas cincuentonas en bikini emborrachándose con piñas coladas, no gracias.
—Tal vez haya alguna bien conservada.
—Prefiero no pensar en eso.
—Si no quieres para ti, puedes tirarme una a mí...
—¡No digas esas cosas, Nikolai, maldición! —se enfadó.
—Tranquilo—se rió—Entonces, ¿no vas a ir a visitar a algún familiar tuyo?
—No tengo tan buena relación con ellos en general. Supongo que me quedaré en casa.
—Eres un ermitaño.
—No lo soy.
—Claro que sí. Pero cada uno elige cómo vivir.
Ambos permanecieron observándose, pensando en lo mismo, porque esa coincidencia era casi como una broma, pero sin embargo era la realidad. Y había formas de pasar acompañados esa noche, ¿pero acaso alguno se atrevía a decirlo?
El autobús de Nikolai apareció, interrumpiendo la indecisión de ambos jóvenes.
—Oh. Bueno, supongo que nos veremos—musitó Stefan, mirándolo de soslayo—En año nuevo. Que tengas... lindas vacaciones.
El rumano asintió con la cabeza, apenas murmurando un escueto "gracias". Subió las escaleras del vehículo con pesadumbre. Casi se echó a llorar cuando vio que no quedaban asientos.
Se recostó contra la ventana opuesta a la acera donde Stefan permanecía esperando su autobús.
Sentía un mal sabor en la boca por despedirse tan escuetamente, pero es que todavía alucinaba. ¿Y si le caía de sorpresa a Stefan en su casa? Tal vez no era buena idea, teniendo en cuenta que se había ausentado antes de empezar las clases y ni siquiera Feliks y los demás habían podido localizarlo. Con ese chico nunca se sabía.
Tenía la certeza de que lo vería en año nuevo, pero iba a pasar bastante tiempo.
¿Cómo iba a ser tan estúpido de perder la oportunidad de acompañarlo en las navidades? Sería la excusa perfecta para pasar tiempo a solas con Stefan. Los demás no estarían, ya que incluso Feliks se tomaría en serio la velada con la familia. Podrían ser ellos dos solos.
Pero eso último era lo que más lo asustaba. Se dio cuenta mientras el bus avanzaba por la ciudad. ¿Ambiente festivo y Stefan sólo con él? No le molestaba cuando sabía que los demás estaban a la vuelta de la esquina. Pero es que el estómago le daba un vuelco enorme al cavilar sobre ese tipo de posibilidad.
Era casi una fantasía. Una fantasía que podría haber hecho realidad con tan sólo decir "Eh, ¿no te parece buena idea pasar el 24 en la noche juntos? Digo, así no seremos los únicos tontos solos". Seguía sin atreverse a dar un paso adelante con ciertos asuntos.
Y había desperdiciado la oportunidad de preguntárselo en la cara...
Le dieron ganas de darse contra la ventana. Tenía el celular en la mano y no se le ocurrió que en el siglo XXI uno podía comunicarse fácilmente a través de esos aparatos planos y sofisticados.
La tecnología otra vez salvando el día.
Claro que no le escribiría en ese mismo momento; esperaría hasta después de cenar, para darle al otro la impresión de que pensó en él pero que tampoco estaba tan desesperado cuando en realidad le latía el corazón a toda velocidad de sólo pensar que el otro no tenía razones para rechazar su propuesta.
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Stefan se estaba relajando en la bañera, disfrutando de los últimos minutos antes de que el agua dejara de estar calentita hasta estar tibia tirando a fría. Estaba leyendo desde su celular. Estaba seguro de que algún día se le caería al agua y rompería su récord de "jamás tiré mi teléfono al agua"... además de romper el dispositivo en sí.
Pero ese no fue el día.
Ni siquiera cuando vibró en sus manos y apareció arriba en letras pequeñas, junto al ícono de Whatsapp, el nombre "Nikolai".
(Aunque sí estuvo a punto de resbalarse. Le dio un mini paro cardíaco acentuado por la alegría y curiosidad del momento).
Aún así, salió de la bañera para leerlo, porque no quería arriesgarse. Se ató una toalla a la cintura, apoyando el trasero en la mesada del lavabo.
Casi se maravilló al ver el cuadradito blanco enmarcando lo que el rumano había escrito para él y sólo para él.
Me puse a pensar, y es algo insólito que los dos estemos solos en Navidad, jaja. 21:18
No te gustaría pasar la noche juntos? 21:18
Sólo si quieres y puedes, claro. 21:19
:) 21:19
Stefan apretó la toalla. Una sonrisa involuntaria se le formó en el rostro. Eso era una grata sorpresa. Salió del baño tan feliz y escribiendo una respuesta que se resbaló con el suelo húmedo y se apoyó en la puerta para no caerse.
—¿Qué pasó? —se escuchó el grito de su madre desde la habitación que utilizaba como oficina, preocupada por el sonido inusual.
—¡Todo está bien! —la tranquilizó el chico—¡Sólo conseguí compañía para cuando no estés!
—¡Eso es genial hijo! —festejó la mujer—¡No destruyas la casa!
—Claro que no—murmuró Stefan, seguro de que lo único que se iba a destruir sería su capacidad de abstenerse de tirarse encima de su más reciente amigo.
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"Una voz fresca y grave pronunció de pronto mi nombre. Sentí miedo y eché a correr. Alguien corrió detrás de mí. Una mano me sujetó sin violencia. Era Max Demian. Me di por cogido".
Nikolai había querido llegar hasta el fin del enunciado para luego fijarse por qué al teléfono se le había ocurrido vibrar. Por más que fuera la respuesta de Stefan. La oración no se dejaba por la mitad.
Respirando hondo, se fijó en lo que había recibido.
A veces tienes buenas ideas, Nikolai 21:26
Te espero en casa a las 20:00 21:27
No hace falta que traigas nada 21:27
Nos vemos! 21:27
Otro capítulo que se nos va. Abrazo psicológico a todos los que leen~
