Capítulo 16

Indirecta impensada

Lo primero que sintió Nikolai al despertar fue que tenía el brazo izquierdo dormido, como un saco de arena pegado al cuerpo sin sensibilidad alguna.

Que él supiera no se aplastaba el brazo al dormir. Pero entonces abrió los ojos, parpadeando las veces necesarias para espabilarse lo suficiente; y se dio cuenta que no tenía el brazo aplastado, sino que Stefan dormía aplastado a él.

Cierto que el búlgaro dormía abrazando almohadas.

También se dio cuenta de que su amigo estaba acostumbrado a dormir en el centro mismo de la cama de dos plazas, porque con tanto espacio disponible, no debería estar tan pegado a él.

Por un momento, el rubio permaneció relajado en la semi penumbra, acostumbrándose a ella.

Entonces cayó en la cuenta de la situación en la que se encontraba.

Tuvo que reprimir el impulso de gritar de emoción o reírse. Aunque sí permaneció un una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.

¡Había dormido en la misma cama que Stefan! Claro que no había sucedido nada extraño, y tampoco era lo más íntimo del mundo, eso de que dos amigos compartieran cama.

Pero para Nikolai y sus sentimientos, significaba mucho. Sentía el aroma del búlgaro por todas partes, y escuchaba su profunda respiración. Es más, casi que la sentía en el cuello.

"A no hiperventilar" se dijo.

Suspiró, y luego se ruborizó. ¿Y si tenía mal aliento? Si el otro hacía muecas dormido, ya podía tomar una pala y hacer un pozo para enterrarse.

Intentó dormirse, parecer normal, pero en el fondo sabía que con toda esa emoción no lograría mucho. A pesar de la tensión, intentó respirar normalmente y evitar moverse; no despertar al otro bajo ningún concepto.

Tras lo que parecieron horas, aunque podrían haber sido minutos, porque no tenía noción del tiempo y apenas podía distinguir algo en las penumbras de la habitación, sintió algo de movimiento a su lado.

—Stefan—murmuró. El otro no respondió, sólo se restregó un poco contra las sábanas (y su cuerpo, de paso). Tuvo que repetir el nombre del otro, aunque en voz más alta.

—¿Cómo puede hacer tanto calor aquí dentro, si estamos en invierno? —con pausas y todo, el búlgaro se las apañó para decir sus primeras palabras esa mañana.

Obviamente no era consciente de que el calor no venía del clima ni de la calefacción, sino que era calor humano.

—...Bueno, me alegro de que no pases frío—comentó Nikolai, un poco incómodo.

Hubo una pausa, y Stefan abrió sus ojos abruptamente.

—¡Santa Madre! —chilló, alejándose al lado opuesto de la cama. Nikolai hizo un puchero.

—¿Lo siento? —se disculpó, aunque no sabía muy bien si era lo correcto.

—¿¡Qué haces en mi cama!?

El rumano se encogió un poco ante esa agresividad repentina.

—Stefan, me invitaste a dormir...

—Ya lo sé, a mi casa, a mi habitación incluso, pero no a mi cama...

—Pero eso es lo que te iba a decir. Ayer me... invitaste, en serio, a dormir contigo.

No estaba seguro de si era cierto, pero tampoco lo había echado.

—Tal vez a mí me pareció una buena idea estando borracho, pero deberías saber que porque a mi alcohólico ser le parezca aceptable, podrías haberte negado... como una persona racional lo haría.

—Hombre, no te alteres. No homo, ¿eh? —le supo muy hipócrita eso al rubio, pero era lo único que se le ocurrió decir.

Stefan parecía incómodo, y se tapó un poco el pecho desnudo con la sábana. Nikolai no supo si se debía a la situación o a lo que acababa de decir.

—Claro... tranquilo—el de cabello azabache se puso de pie, pero la realidad lo golpeó. O mejor dicho, la resaca lo hizo marearse y volvió a recostarse en la cama.

—Es muy temprano para que huyas de mí—bromeó el rumano.

—Cállate... —susurró Stefan, rendido—Mataría por un vaso de agua.

Nikolai se puso de pie, alzando las manos.

—Perdóname la vida, ya te lo traigo—y se dirigió hacia la cocina.

—...estúpido—murmuró el búlgaro—No era para que me lo trajeras... —ahogó un bostezo.

Stefan lo observó dejar la habitación, sintiendo cierta melancolía. El ambiente (y la cama) se habían vuelto un poco más fríos.

.

—Me gusta este suéter. Pero, ¿no crees que me hace ver gordo? —preguntó Stefan. Se había probado la prenda de ropa que Nikolai le había regalado: un suéter verde con lunares negros. El rubio había obtenido unos auriculares nuevos.

—Te hace ver gay, honestamente. Sin ánimos de discriminar, eh—añadió al final.

—Ya te gustaría—dijo el búlgaro, sacando la lengua.

—Claro que sí—murmuró Nikolai desviando la mirada.

Y aunque sonó como un comentario sarcástico, lo cierto es que había salido de forma natural ya que se trataba de la más pura verdad.

Se notó, porque Stefan pareció dudar un segundo, decidiendo si era broma o iba en serio. O más bien decidiendo cuál de las dos opciones convenía más a su amistad.

Hacer como que no sucedía nada era mejor, por lo que soltó una risita bastante forzada y continuó comiendo su desayuno junto al otro... quién se había concentrado bastante en esa tarea para no morirse de nervios y vergüenza.

.

El grito de Elizabeta le aturdió el oído. Uno sólo, porque sus auriculares estaban rotos y todavía no había querido sacar del paquete los que Stefan le había dado.

—¡Mujer, cálmate! —quiso tranquilizarla Nikolai—¡No es para tanto!

—¡Despertaste en su cama con él! —chillaba ella vía Skype—Y viendo lo miedoso que eres (casi te mueres ahí mismo cuando le soltaste la indirecta) yo digo que esa será la información más jugosa que obtendré en un buen tiempo. Tengo que aprovecharla al máximo.

—Creo que lo exageras, Elizaboba. Y la verdad estamos bien así. No tiene ningún sentido querer avanzar con Stefan.

—Estar enamorado de él es sentido suficiente.

—Me gusta, eso es cierto, pero no sé si estoy enamorado de él. La verdad es que nunca me había sentido así con nadie, así que no estoy muy seguro...

—Si me dieran una moneda cada vez que escucho eso, o lo leo en mis novelas originales alternativas... ¡ya tendría dinero suficiente para pagarme un pasaje directo a dónde estás y darte un buen puñetazo para que recapacites!

—¿"Novelas originales alternativas"? Buena forma de referirte al fanfiction.

—¡Ignorante! ¡Es arte! ¿Acaso quieres que te rompa otro diente?

—No, gracias. Ya tengo suficiente con el colmillo que me "obsequiaste" cuando éramos niños. Jack me empezó a llamar Vampireso.

Un crujido de nudillos se sintió del otro lado de la línea.

—Creo que tendré que repartir más de un puñetazo cuando vaya para allá.

—¡Ya deja la violencia, maldición!


Muchas gracias por sus comentarios, como siempre~