Durante sus escasas horas libres de la tarde, Adrien se la pasó evaluando los pros y contras de invitar a salir a Marinette. No como amigos, sino una verdadera cita. Sólo ellos dos. Tras un exhaustivo análisis de los pros y los contras de esa decisión, decidió que tenía más por ganar que por perder; si funcionaba, podría, por primera vez, entablar una relación bilateral, más allá de lo platónico, con una chica maravillosa a la que ya quería de una manera especial. Podría superar por fin el tortuoso flechazo que sentía por Ladybug. Y realmente, podía verse a futuro con Marinette; compartían muchísimos gustos, hobbies y formas de ver al mundo. A demás, su amiga era hermosa; no por nada había sido el crush de medio grupo. Y si las cosas no funcionaban... Bueno, suponía que ambos eran los suficientemente maduros para continuar con su amistad. Ladybug era una de sus mejores amigas, a pesar de sus constantes coqueteos, ¿no? También existía la posibilidad de que lo rechazara, claro, pero prefería no pensar en eso.
Habiendo tomado la decisión, se dispuso a afrontar el primer obstáculo; conseguir el permiso de su padre.
Hecho un manojo de nervios, de dirigió a su oficina. Llamó a la puerta.
- Adelante. - Respondió la fría voz de Gabriel Agreste. Adrien entró a la oficina, en silencio. Nathalie no estaba, probablemente porque era la hora de su descanso.
- ¿Necesitas algo, Adrien? - Preguntó el adulto, sin levantar la vista de los papeles, lo que solo consiguió poner más nervioso al chico.
- Yo... Bueno... El día de mañana tengo la tarde libre, a excepción de la clase de esgrima y las lecciones de piano, así que creí que tal vez podría salir un rato. Puedo practicar el doble de horas el día de mañana para compensarlo, y no volvería muy tarde... - Gabriel levantó la mirada, y lo observó con una ceja enarcada. El chico se puso aún más nervioso.
- Sabes bien que te permito ir a la escuela con la condición de que esto no interfiera con tus obligaciones. Creí que había sido claro con eso. -
- Lo sé, pero solo será una vez, y pienso compensarlo. - El chico estaba tan nervioso que el hecho de que pudiera hablar había sido un milagro.
- Bien. ¿A dónde tienes pensado ir y con quién? - Preguntó. Adrien se relajó un poco. Su padre lo estaba considerado.
- Bueno, todavía no es seguro... - La mirada de su padre le indicó que ese no era un buen comienzo. - Pero voy a invitar a salir a una chica y... -
- Espera. ¿Una chica? - La expresión de Gabriel había mudado a una de sorpresa total.
- Ehhhm... ¿Sí? -
- Y vas a salir con ella. ¿En una cita? -
- Bueno, aún no se lo he pedido, pero ese es el plan... - Respondió el chico, rascándose la nuca.
- Eso significa... ¿Qué no eres gay? - Preguntó Gabriel con cautela. Adrien se quedó congelado.
- ¿Gay? -
- No es que tenga algo de malo. - Se apresuró a corregir Gabriel. - Si fueras gay, contarías con mi apoyo y el de Nathalie, aunque sería algo complicado, ya sabes, por la prensa, pero... -
- Espera, padre. ¿Creían que era gay? -
- Bueno, en todos estos años nunca habías traído a una chica a casa, a pesar de que eras muy cercano a la hija del alcalde. Lo más lógico era pensar que, simplemente no te atraían las mujeres. -
- ¡Es porque veo a Chloé como una hermana! - Adrien sintió un escalofrío. Definitivamente, la falta de comunicación con su padre había escalado a niveles insospechados. Respiró hondo para calmarse. - ¿Entonces, puedo ir? -
- ¡Por supuesto que sí! ¡He estado esperando este momento por años! - Exclamó el mayor de los Agrestes con solemnidad. - No te preocupes por las lecciones de piano. Tu primera cita es más importante. ¿Puedo saber quién es tu novia? -
- ¡No es mi novia! ¡Solo es una cita! -
- Entonces lo será. - Replicó, restándole importancia con un ademán. - Entonces, ¿quién es la afortunada?
- Es una compañera de clases. - Respondió Adrien, tratando de ignorar la extraña conducta de su padre. - Se llama Marinette. -
- ¿Es la chica que ha ganado los concursos de la marca por tres años consecutivos? - Preguntó Gabriel, cada vez más emocionado.
- Ella misma. - La sonrisa que mostró su padre le provocó un escalofrío.
- Perfecto. Dices que aún no la has invitado, ¿cierto? -
- No, pensaba hacerlo mañana en la escuela, durante el receso... - Fue interrumpido a media oración.
- Nada de eso. Invítala hoy mismo. Aún debe estar despierta. Le diré a tu guardaespaldas que te lleve. Ve a ponerte algo decente - añadió, viendo la pijama que su hijo ya tenía puesta. - Date prisa. Mientras tanto, me aseguraré de que Nathalie consiga un presente adecuado para sus padres. Quiero que des una buena impresión, eres un Agreste. ¿A qué lugar piensas llevarla? Sabes que puedo conseguir una reservación en los mejores restaurantes de París con una sola llamada. -
- En realidad, pensaba llevarla por un helado de Andreé. - Respondió el rubio en estado de shock.
- Está bien, es un plan aceptable. - no estaba del todo convencido, pero eso era cosa de tu hijo. Date prisa en cambiarte.
- Sí, padre. - Una última duda lo asaltó. - Padre... ¿Y si me rechaza? -
- No lo hará. Nadie en su sano juicio lo haría. Ahora, date prisa. -
En cuanto el chico abandonó la oficina, Gabriel tomó su teléfono para hacer una llamada.
- Nathalie, necesito que consigas en este momento una caja con los chocolates más finos de París y un ramo de rosas. También quiero que re-agendes el ataque de akuma de mañana; Adrien tendrá una cita, y nada debe arruinarlo. No, Nathalie, es una cita con una chica. Sí, yo también estoy sorprendido. Una última cosa; trae una botella del mejor champagne de nuestra bodega; esto tiene que ser celebrado.
Mientras tanto, en su habitación, tanto Adrien como Plagg trataban de procesar lo ocurrido en la oficina. Eso había sido, por mucho, lo más extraño que habían presenciado en años. Todo había sido tan rápido, que ni siquiera había tenido tiempo para dudar. Cuándo estuvo listo y frente a la puerta, Nathalie ya estaba allí, con una caja de chocolates y un ramo de rosas exageradamente grandes.
- Los chocolates son para los padres y las flores son para la chica. Suerte. -
Cuando Adrien tomó conciencia plena de la situación, ya estaba a unas calles de la casa de la chica. El pánico casi se apodera de él, así que, aprovechando que el guardaespaldas estaba concentrado el el tráfico, Plagg lo abofeteó.
- Cachorro, te has enfrentado a los peores villanos de París. Puedes con una chica. - Le susurró, antes de esconderse nuevamente en su chaqueta.
Cuando llegó a su destino, notó que la panadería aún seguía atendiendo a algunos clientes. Después de todo, apenas eran las nueve de la noche. Cayó en cuenta de lo precipitada que se vería su visita, pero ya no podía dar marcha atrás. Se sentía ridículo con los chocolates y las rosas, pero los padres de la chica, que ya lo habían visto, se acercaban hacia él, emocionados.
- Madame, Monsieur. - Saludó educadamente Adrien. Ambos rieron, enternecidos. El ambiente entre los chicos esa mañana, así como las flores, les daban un indicio de lo que estaba por pasar.
- Puedes llamarnos por nuestros nombres cariño. Adelante, pasa. - Lo animó, Sabine. Supongo que vienes a ver a Marinette.
- Ehh... ¡Sí! Vengo a verla. Aunque si consideran que es muy tarde, lo entiendo.
- Para nada. - Respondió la mujer. - Debe seguir despierta, trabajando en sus bocetos. Después de este fin de semana, recibió decenas de pedidos de diseños exclusivos y aceptó todos. Es demasiado trabajo, pero le van a pagar bastante bien. - Añadió, con una nota de orgullo.
- Oh, en ese caso, no quisiera interrumpirla... - Comentó, apenado.
- No te preocupes. Le hará bien distraerse un rato. Toma asiento, en lo que vamos por ella. - Intervino Tom.
Antes de que ambos adultos se retiraran, Adrien cayó en cuenta de los presentes que tenía en las manos.
- ¡Esperen!.. Eh... Esto es para ustedes - comentó, apenado.
- ¡Eres un encanto! - Exclamó Sabine, mientras le pellizcaba una mejilla. - Nuestra hija es muy afortunada de tenerte. - Y sin dejarlo responder, tomó los chocolates y desapareció dentro de la casa, dejándolo completamente sonrojado. Menos de un minuto después, Marinette entraba por esa misma puerta, vestida con una linda pijama rosa.
- ¿Adrien? -
- Buenas noches Marinette... - Dándose cuenta de lo ridículo que debía verse parado en la entrada con el enorme ramo de flores, añadió. - Estas son para ti. - - Mientras extendía el ramo. La chica se puso más roja que el traje de Ladybug.
- Gra-gracias, Adrien. Son muy bonitas. - Ambos se quedaron parados como idiotas unos minutos, sin saber muy bien que decir o hacer. Hasta que por fin, Marinette se armó de valor para romper el hielo.
- ¿Quieres un poco de chocolate caliente? -
- N-no, muchas gracias. Solo estoy de paso... En realidad solo quería entregarte estas flores y... Bueno, invitarte a salir. -
- ¿A-a salir? ¿Salir tú y yo? -
- Sí. Sa-salir, co-como a una cita. -
- ¿Una cita? - Marinette sintió que debía parecer la chica más estúpida del mundo repitiendo sus palabras.
- Sí, conmigo. - Respondió el rubio, como si no fuera evidente. - Claro, si no quieres, solo puedes decirlo y... -
- ¡SÍ QUIERO! - Gritó la peliazul, casi con violencia. Inmediatamente se sintió avergonzada. Tras una risita histérica, añadió (con un tono más modulado - Quiero decir: sí, me parece bien. -
- Perfecto. Entonces... ¿Está bien mañana a las cuatro? -
- Mañana a las cuatro es perfecto. -
- Bien, entonces es una cita. -
En la habitación continua, los padres de Marienette (quienes habían estado espiándolos durante todo el intercambio) hacían un esfuerzo sobrehumano por contener sus chillidos de emoción. Por fin, su niña había logrado conquistar al chico que la traía loca desde los 14 años. Cuando, al tratar de despedirse torpemente, rozaron sus labios por accidente, Tom Dupain se desmayó.
Como dije en mi otro fic de ML, una disculpa por la demora. Mis impulsos autrodestructivos me llevaron a matricularme a una segunda carrera, y ahora apenas tengo tiempo de respirar. En fin, espero que hayan disfrutado de leer este capítulo tanto como yo lo hice escribiéndolo.
