Capítulo 17

¡Feliz año (¿amor?) nuevo!

—Eh, Vampireso, ¿qué tal tus vacaciones?

Nikolai ya había superado la etapa de enojarse por ese apodo, como bien le había explicado a sus amigos (especialmente a la temperamental húngara).

—Excelentes, Jason.

—Jack—corrigió.

—John.

—¡Jack!

—¿Jazz?

El australiano lo observó seriamente y de forma muy intimidante. La gente que quería entrar a la fiesta evitaba el umbral en el que estaban ambos parados debido a eso.

Inmediatamente, Jack se echó a reír.

Damn, no juegues conmigo. ¿Jazz? Pero si yo soy puro rock, baby...

—Mi coeficiente intelectual acaba de descender en picada al escuchar un chiste tan malo. Asco—la voz de Feliks los interrumpió.

Sassy—silbó Jack.

—Como siempre—admitió el polaco, guiñándole un ojo—Nikolai, tengo que hablar contigo. A solas.

El aludido maldijo para sí. La última vez que habían tenido una charla de esas, la había pasado bastante mal. Al menos aquella vez estaba Paulo. Esta vez sería peor.

—¿Qué sucede? —suspiró Nikolai, mandándose al infierno.

—Hace poco, en Navidad, vi unas fotos muy interesantes en Snapchat. ¿Sabes?

El rumano no entendía mucho.

—Pero si yo no tengo esa cosa en mi teléfono.

La realidad lo golpeó apenas dijo eso. Él no lo tenía, pero Stefan sí.

"Ay, Diosito, protégeme, te juro que era ateo por moda" comenzó a rezar para sus adentros. Aún así, sabía que no cambiaría ni su destino ni su ateísmo.

—O sea, lo sé, y me parece que eso de que no tienes Snapchat es como que atentar contra la humanidad. Contra mi humanidad, especialmente—dramatizó.

"No me digas" Nikolai tuvo que abstenerse de rodar los ojos al pensar eso.

—...pero al menos, Stefan si es un ser humano con un poco (muy poco) de consciencia. Así que, a lo que iba, vi una foto muy cool de ustedes dos.

—¿Ah, sí?

—Sí. ¡O sea, hicieron una fiesta y no me invitaron! Tampoco a los demás, pero sobretodo, ¡no me invitaron a mí!

—Todos estaban con sus familias.

—Era capaz de escaparme de lo de mi tía Gertrudis y su habitación de invitados con olor a naftalina para irme con ustedes y lo sabes bien.

—Fue más para hacerle compañía a Stefan. Estaba solo, y la verdad yo también.

—No me digas. ¿Ahora resulta que pasas tiempo con él?

—Bueno, tenemos las sesiones de estudio y eso...

—¿¡Sesiones de estudio!?

—Creí que todos sabían. Ya les dije que Stefan me pidió ayuda...

—¡Pues a mí no! —el polaco se sentía sumamente indignado. Se recostó contra una pared abanicándose con una mano—Así que fetiche de profesor-alumno. Stefan, maldito pervertido...

—Feliks, ¡por el amor de Dios! No puedo creer que pienses en eso—masculló Nikolai muy incómodo.

—Sólo estoy bromeando, hombre, que no me imagino al arrogante de Estefancito siendo sumiso. Opinión personal claro, no estoy interesado en averiguarlo—parloteó.

—¡Feliks! —lo regañó.

—Ay, ¿por qué te alteras tanto, cariño? —el polaco rodó los ojos al decir eso como si nada, pero pareció cavilar sobre algo un momento.

Nikolai tragó saliva. Rezó porque el otro rubio no se diera cuenta. No estaba listo para contarle a nadie lo que sentía por Stefan. Si no lo decía, podía parecer algo más irreal y que iría pronto. Vocalizarlo le daría más legitimidad al asunto, y estaba seguro de que sería aún más difícil de controlar si alguien más estaba al tanto de sus sentimientos.

Los ojos verdes del polaco lo inspeccionaron de arriba abajo, y esbozó una sonrisa muy maligna (a ojos de Nikolai).

—Oh, sí—chilló Feliks.

—Feliks, no—pidió el rumano.

—¡Feliks sí! —exclamó el aludido, alzando un puño al cielo.

—¡Por favor! ¡No le cuentes a nadie! —todavía no estaba seguro de qué pensar del rubio. Adoraba los chusmeríos, aunque sus amigos no evitaban por eso confiarle información sensible.

—Esto es interesante~.

—¡No lo es! ¡No sé en qué estás pensando, pero no es cierto, sea lo que sea!

—Te acabas de dejar en vergüenza tú solito, querido—rió el polaco y le guiñó un ojo.

—Si dices algo, te juro qué...

—¿Qué traman ustedes? —los interrumpió una voz.

Nikolai se giró, para darse de frente con Stefan, que tenía el ceño fruncido, al parecer sospechando de lo que él y Feliks podrían traerse entre manos. Éste último observaba la escena con una sonrisa de oreja a oreja que no parecía muy inocente.

—¿Feliks? ¿Algo que quieras decir? —interrogó el búlgaro.

—Oh, tantas cosas querido. Pero creo que no eres digno de oírlas todavía—el polaco le sacó la lengua al decir esto, arreglándose el cabello elegantemente—Tal vez Nikolai quiera contártelas.

El nombrado se sonrojó hasta las orejas. ¿Cómo podía decir algo así, e irse pavoneándose y guiñándole un ojo de forma nada disimulada? ¡Estaba en el aprieto de su vida!

—¿Qué quiso decir? —inquirió Stefan, mostrando bastante curiosidad.

—¡Nada! —rió el rubio, muy nervioso. Se notaba que estaba mintiendo—Ya sabes como es Feliks, le gusta hacerse el interesante por cosas pequeñas...

El argumento no parecía convencer al búlgaro, pero éste no presionó al más bajo.

—Aunque—murmuró Stefan—Sí que ha estado raro últimamente. No demasiado. Pero hay algo distinto en él.

—¿Lo crees? Bueno, lo conoces más que yo—admitió Nikolai, aliviado del cambio de tema.

—No sé. Pasa un poco más de tiempo solo. Y desde hace un par de meses, ya no habla tanto con Toris, que solía ser su mejor amigo.

—¿Mejor amigo? Pero, de la infancia.

—No. Siempre fueron mejores amigos. Incluso a esta edad. Pero Feliks ya no lo busca tanto como antes—confesó Stefan.

—¿Crees que sea por Natalia?

—Feliks odia a Natalia, pero eso nunca se había interpuesto en su amistad con Toris. Eran como entes separadas, por más que estuvieran en el mismo grupo de amigos. Algo cambió entre ellos.

—Tal vez sólo fue el estrés de las pruebas finales y eso.

—Lo dudo. Comenzó mucho tiempo antes—Stefan suspiró—Pero bueno, no es para alarmar las cosas. Creo que es simplemente un hecho para tomar en cuenta. ¿Ya volvió tu familia?

—No, llegarán en dos días. Querían aprovechar sus vacaciones al máximo allá en Rumania.

—Comprendo—sonrió.

Nikolai se preguntó si debía sacar el tema de lo que había ocurrido la noche de Navidad. No la parte triste, pero sí ese momento de calma que habían tenido a medianoche. O la fiesta eufórica. Por un lado, se moría de curiosidad de ver que pasaría. Por el otro, consideraba que había sido algo tan íntimo que no debía salir de aquél momento nunca jamás.

Al final, se quedó con la ganas de preguntar. Porque no lo hizo.

.

Todo el mundo parecía estar divirtiéndose enormemente, y poniéndose al día con lo que había ocurrido. Obviamente, Jack siempre invitaba gente fuera de la clase y del colegio en sí. Era una persona con una vida social muy extensa.

Pero siempre se hacía un momento para pasar algo de rato con la gente de su clase.

—¡Cian, te daré 20 dólares si comes la comida de mi perro! —gritó el australiano.

—¡No tomaré menos de 50! —reprochó el irlandés.

Daaaamn! ¿Quién me ayuda a llegar a la suma? Guys?

Algunos rieron. Otros revisaron sus bolsillos.

Nikolai no pudo evitar fijare en Feliks. Sí que parecía el mismo de siempre, pero tal vez, influenciado por lo que dijo Stefan, le notaba algo inusual. Pero no era algo físico. Tenía hasta la misma sonrisa de siempre.

Hasta ese momento. Algo pareció hacer click en el polaco.

—No puedo creer que caigas tan bajo—bufó Feliks, observando con reproche al irlandés.

—¡Es culpa del alcohol! —se defendió el pelirrojo—Oigan, ¿les conté la vez que desperté en casa luego de una fiesta con un par de ingenieros amigos de mi hermano, y tenía el Windows 98 instalado en mi computadora?

Muchos rieron, festejando el chiste, pero el polaco parecía molesto. Incluso Cian se dio cuenta de eso.

—¿Estás bien, Felks? —preguntó, preocupado.

—Claro.

Mintió. Todos se dieron cuenta. Hasta el distraído del pelirrojo.

—No lo creo. Mira, estás medio raro hoy...

—¡Pues no es de tu incumbencia! ¡Así como tampoco es de mi incumbencia quién te gusta o con quién te acuestas!

Todos los presentes se quedaron en silencio, siendo cortados sólo por la música. Las chicas desviaron la mirada, incómodas. Paulo intentó calmar a su amigo.

—Feliks, tranquilo. No es para tanto. Además, Cian no sale con nadie...

—Paulo tiene razón—coincidió el mencionado irlandés—Si saliera con alguien, te lo diría.

—¡No me digas! —Feliks parecía verdaderamente enfadado, no como sus dramas normales. La situación era preocupante.

Stefan, algo irritado, se salió de sus casillas.

—Si estás enojado con otra persona, no te descargues con Cian por una estupidez como esa.

El ambiente estaba tan tenso que se podría cortan con una hoja de afeitar. Todos se miraban, incómodos. Feliks observaba al búlgaro completamente atónito. Como si no hubiera concebido que alguien supiera lo que le pasaba.

—¿Qué sabes tú? —le espetó a Stefan. Éste último se acercó a él, hablándole en voz tan baja que sólo Nikolai y Paulo escucharon.

—Si esto es por lo que pasó con Toris...

—Ni se te ocurra mencionarlo. No es algo que todos deban saber—siseó.

Nikolai comprendió. No era que Stefan sospechara que algo estaba mal con Feliks, era que sabía que en realidad era así. No podía decírselo. ¿Acaso había previsto que eso podría generar algún inconveniente? ¿Y por qué sucedía precisamente un día tan especial?

—Vamos afuera—pidió Paulo, y todos asintieron. Cian quiso levantarse, pero se mareó con el alcohol, y se cayó al suelo sentado. Tampoco entendía del todo qué estaba sucediendo.

Nikolai tampoco sabía si quedarse o irse con ellos, pero Stefan lo sujetó fuertemente del brazo llevándolo con ellos al patio trasero del australiano.

—Bueno—Jack rió nerviosamente—¿Sale un 7 minutos en el cielo?

Hubieron opositores y partidarios de esa idea. Sería una decisión difícil.

.

—¿Por qué está él aquí? —escupió el polaco, observando a Nikolai.

Éste se sintió dolido. Nunca lo había tratado así, ni siquiera bromeando. Sabía que había sido mala idea ir. Se comenzó a sentir mal.

—No le hables así—cortó Stefan. Parecía indignado, y se aferró más al brazo de Nikolai. Todavía no lo había soltado. Y no parecía querer hacerlo.

—Ay, no te ofendas, Niko—le dijo Feliks, y sonó un poco más normal—Pero esto no tiene nada que ver contigo. Pasaron cosas que no te he contado y eso sólo complica la situación. No tiene porque enredarse en esto. Y ustedes dos tampoco, la verdad. Sólo porque les conté lo que pasó en un momento de debilidad...

—Necesitas ayuda, Feliks—suspiró Paulo—No puedes seguir agarrándotelas con nadie por eso, especialmente con Cian.

—¡Bueno, pues él está enamorado de...!

—¡No está enamorado de ella! —gritó Stefan, bastante exasperado—¡Eso es sólo lo que tú quieres pensar! Creí que habías superado todo esto, pero creo que el problema es que no lo superaste, sino que hace un tiempo comenzaste a asimilar...

—¡Cállate, Stefan!

—Eh, cálmate—lo regañó el portugués—Podrías dejar de relacionar todo con Natalia. Ella no tiene la culpa de nada.

—¡Se roba a la gente de mi vida, Paulo! —gritó el polaco, bastante histérico. Unas chicas que fumaban apagaron rápidamente sus cigarrillos, asustados, y entraron a la casa; dejando a los chicos completamente solos.

—Eso es lo que te fuerzas a pensar—gruñó el búlgaro—Admite que no es ella el problema. No es Cian, ni es Toris.

Nikolai no entendía que pintaba Toris, ni Natalia, ni Cian. Pero algo había ocurrido.

—¿Acaso va a ser culpa mía? —Feliks estaba completamente indignado.

—¡No es culpa de nadie! ¡Son cosas que pasan, y debes aceptarlo! —discutía Stefan.

El polaco soltó un insulto por lo bajo, y se puso cara a cara con el búlgaro.

—Como se nota que no has estado enamorado, Stefan—siseó, y Nikolai habría jurado que el búlgaro tembló levemente—Vuélveme a decir que tengo que aceptar que mi corazón se haya roto por culpa de esa mujer, vamos.

—Toris no tiene la culpa de estar enamorado de ella—intervino Paulo.

—¡Para ustedes nadie tiene la culpa! ¡Pues yo creo que uno elige de quién se enamora!

—Si fuera así—masculló el búlgaro, sin desviar la mirada—¿Te habrías enamorado de Toris aún sabiendo que él tenía sentimientos por otra persona?

Feliks dio una patada fuerte al suelo.

—¡Lo elegí! ¡Es perfecto! ¡Era mi mejor amigo! ¡Conocía todo de mí! —gritó, aunque su voz se iba volviendo un sollozo—¡Es un tipo amable, paciente, guapo, fuerte y honesto! La persona más maravillosa... ¡No puedes decirme que elegir enamorarse de alguien tan ideal es aleatorio!

—¿En serio sientes que lo elegiste? —susurró Paulo, preocupado.

A Feliks se le comenzaron a caer las lágrimas de los ojos.

—¡Pues claro idiota! ¡Sería estúpido haber elegido a otra persona!

—Feliks—dijo Nikolai, atreviéndose a hablar, y comprendiendo un poco más la situación—Lo que Paulo y Stefan quieren decir es que... no puedes elegir a la persona de la que te enamoras.

—¿¡Qué sabrán ustedes!? —chilló el polaco, queriendo limpiarse las lágrimas.

—Elegido o no—intentó tranquilizarlo Paulo, poniéndole una mano en el hombro—Tienes que superar a Toris. ¿Entiendes?

—Yo ya lo...

—Feliks—dijo una vocecita conocida, y todos se voltearon. El irlandés se acercaba, con paso inseguro por el alcohol—Paulo. Stefan. Nikolai—saludó al resto.

—¿Cian? —preguntó Paulo, extrañado.

—Tengo algo que decirles. Creo que entiendo el problema aquí. Feliks, si estás enojado conmigo porque piensas que estoy enamorado de Toris están muy equivocado... —sentenció, con un poco de dificultad al hablar—¡Y Nikolai puede confirmarlo!

—Lo confirmo—se apresuró a aclarar el rumano—Pero Cian, no es lo que crees, Feliks no cree que tu estés enamorado de...

—¡La verdad gente, es que mi corazón y mi virginidad le pertenecen a y sólo a Eduard Bombón! —soltó, empinándose una botella de cerveza.

Paulo ahogó un grito de sorpresa. Stefan tenía los ojos como platos y la boca abierta, y buscó la mirada de Nikolai como para confirmar que eso era cierto. El propio rumano estaba atónito también ante tal revelación.

Hasta Feliks estaba pasmado. Había dejado de llorar, y observaba al irlandés como si no creyera siquiera que su mera existencia fuera posible.

—Ah, ya está lo dije—concluyó Cian, y eructó.

Feliks parpadeó, y comenzó a reírse suavemente hasta terminar en carcajadas estruendosas. Cian también se contagió y rió con él.

—¿¡El nerd estúpido!? ¡Aire! ¡Aire! ¡No lo puedo creer! —exclamaba Feliks, aplaudiendo como una foca sin voz. El pelirrojo corrió a abrazarlo, y ambos cayeron al césped, riéndose.

Nikolai se sintió feliz. Era increíble lo que la amistad podía hacer. Se sentía un poco triste por Feliks y el asunto de Toris, aunque algo no le terminaba de cerrar (y creía que a los demás tampoco).

El polaco intentaba recuperar el aire, de a poco.

—Ah... increíble. Así que era ese idiota. Quién lo hubiera dicho—sonrió—Eh, ¿me dejan un momento a solas?

—Claro—accedió Paulo sonriendo, arrastrando a Cian, que se lamentaba de tener "dos manos y sólo una boca" a la hora de beber alcohol.

Feliks extrajo un paquete de cigarrillos de su bolsillo. Nikolai se sorprendió al ver que fumaba, y al parecer Stefan también. Pero el polaco se limitó a guiñarle un ojo, y el rumano no pudo evitar sonrojarse al recordar lo que Feliks sabía.

Al menos le quedaba el consuelo de que su amigo volvía a ser él mismo.

.

—¡Si Michelle le da un beso a Gisèle, tan sólo un pequeño pico, juro que le como la boca a Im Yong So! —exclamaba el australiano, cuando los chicos volvieron a entrar.

Muy turbio.

—¡No somos diversión tuya! —exclamó Gisèle, enfadada. Michelle, por su parte, parecía estar considerando los pros y contra de esa idea.

—No sé. Sería interesante ver a los chicos en una situación así... —murmuró la seychellense. La chica de Madagascar se ruborizó hasta las orejas con el comentario de su amiga.

—No me uses de puta—sentenció el coreano.

—¡Parece que tenemos un empate! —exclamó Jack, aunque no parecía dispuesto a rendirse—¿Alguien con ganas de desequilibrar la balanza? ¿Raivis?

—Prefiero que me dejes afuera de eso... —murmuró el joven letón.

Cian rió bobamente, aunque ya tenía problemas para enfocar bien la vista. De hecho, pasaría el resto de la velada con un ojo cerrado.

.

—¡Diez!

La cuenta regresiva había comenzado. Jack estaba muy eufórico y abrazaba a las dos chicas, aunque Gisèle parecía sumamente ofendida con él.

—¡Nueve!

Yong Soo observaba de reojo la escena, pero parecía fingir que no le importaba mientras configuraba su teléfono para filmar de forma excelente los fuegos artificiales.

—¡Ocho!

Paulo preparó ya los mensajes para enviar a su familia en cuestión de segundos. Cian observaba sentadito sobre el césped como un niño obediente.

—¡Siete!

El grupo de los chicos bálticos y Natalia habían encontrado un lugar muy estratégico para observar. Aunque la joven había decidido ocupar una silla de jardín algo alejada de sus amigos.

—¡Seis!

Feliks se dignó a aparecer, aunque apagó su cigarrillo antes de acercarse. Parecía extrañamente relajado. Como si se hubiera quitado un peso de encima, y no precisamente por haber fumado.

—¡Cinco!

Andrei no entendía porque los adultos le daban tanta importancia a beber champagne en esa noche. Extrañaba a su hermano.

—¡Cuatro!

Elizabeta corrió con ganas a la casa de sus amigas. ¡Sería una noche genial y un comienzo de año épico!

—¡Tres!

En algún lugar muy lejano, todos el personal del colegio agradecía haber sobrevivido otro año a Feliks Łukasiewicz. Especialmente, Roderich Edelstein.

—¡Dos!

Cian dejó escapar un chillido que contagió a todos.

—¡Uno!

Nikolai decidió observar a Stefan, por curiosidad. Se encontró con que el otro ya lo estaba observando fijamente. Permanecieron así sólo un instante más.

—¡Cero! ¡Feliz año nuevo!

Todos gritaron, pero fue acallado por el estruendo de los fuegos artificiales. Fue la señal para que el intercambio entre ambos chicos se rompieran.

El ambiente festivo se había vuelto disfrutable para todos. A pesar de todos los problemas que pudieran haber, era un momento de intentar comenzar otra vez. O al menos intentarlo.

Jack se emocionó y abrió una botella de champagne barato. Eduard gritó asustado porque el corcho casi le rompía el anteojo. Alguien le espetó que era un exagerado.

Todos reían y se saludaban. Llamaban a sus familiares por encima de la pirotecnia. Corrían abrazos, besos, promesas locas de año nuevo y canciones de borrachos.

Nikolai se sentía nervioso, como si algo estuviera a punto de pasar. Era como mágico. Le recordaba a aquella medianoche de Navidad, días anteriores.

Tal vez era momento de ser algo directo con Stefan. Se volteó a mirarlo. El búlgaro inmediatamente se percató de su mirada y giró para observarlo también.

El rumano tragó saliva, listo. Iba a abrir la boca para decir algo, pero Feliks pasó rápidamente y con paso decidido a su lado, dejando un leve aroma a tabaco.

Definitivamente, se estaba dirigiendo al grupo de los bálticos, a dónde estaba Toris.

Stefan y Nikolai intercambiaron una mirada de horror. Paulo colgó la llamada abruptamente e hizo ademán de ir detrás del polaco. La mayoría había notado el rayo amarillo que se dirigía hacia esa zona del parque.

El lituano también pareció darse cuenta, por lo que abrió la boca dispuesto a hablar con Feliks.

Sólo que éste último no se dirigía hacia él. Iba hacia la silla dónde Natalia hablaba en ruso con su hermano.

La chica, al verlo acercarse con tanta decisión, cortó y se puso de pie reuniendo toda la hostilidad necesaria para enfrentarse al insistente polaco.

—No tengo ganas de comenzar el año con tus tonterías, la verdad... —dijo la bielorrusa en voz alta, para que el polaco escuchara.

Pero Feliks no le dijo nada. Se acercó agresivamente a ella, y la tomó fuertemente por la chaqueta, quedando cara a cara con ella.

Los ojos celestes y fríos de Natalia lo atravesaban como dos cuchillos de hielo seco. Parecía a punto de destrozarlo con sus propias manos apenas viera un sonrisa burlona en el rostro del joven. Sólo que Feliks no sonrió.

La besó.

.


.

Si les pareció que el nombre del capítulo era por el ROBUL PUES NO JAJAJAAJJAJA.

Feliks se está robando el protagonismo. Oh, sí, nena~ ;) . Por favor, necesito saber qué opinan del final. Es el único plot twist medianamente serio del que estoy orgullosa.

(Tiré hints de esto en el extra ok, si alguien se dio cuenta, premio).