Capítulo 18
No es la mejor, pero es la única
Alguien gritó, aunque nadie supo bien quién.
Natalia ni siquiera había tenido tiempo de apartarlo. Seguía completamente atónita.
—Lo siento, preciosa, pero tenía que hacerlo. Feliz año nuevo—le dijo el polaco, sonriendo.
La bielorrusa salió de su sorpresa y se alejó violentamente, tomando sus cosas y largándose. Todos la escucharon mascullar cosas horribles que preferían no repetir.
Feliks se volvió a Toris, que observaba la escena como si fueran extraterrestres. El rubio pareció decir "Lo siento" con sus labios.
El resto de la gente salió de su sorpresa. Excepto todos aquellos que conocían la relación entre Feliks y Natalia. Y especialmente los amigos cercanos del primero.
—Que me lleve el diablo—masculló Paulo—Ya nada tiene sentido.
—Creo que estoy sobrio—admitió el irlandés.
Feliks se retiró, muy orgullos al parecer, de la escena.
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Cabe destacar que los grupos de Whatsapp esa madrugada fueron una locura.
Im Yong Soo, por ejemplo, subió una foto del beso al grupo de la clase, y nadie se atrevió a contestar nada. Aunque ninguno se quedó sin verla.
Por otro lado, en el grupo de los 5 chicos era el caos. Feliks se había ido a dormir, Cian había caído ante el alcohol, pero Paulo parecía tener insomnio y no dejaba de mandar audios. Stefan y Nikolai también habían hecho sus aportes.
Pero el desgraciado del polaco no se dignaba a responder hasta la mañana siguiente.
Estimadas personas:
Creo que mis intenciones debieron haber quedado más que claras con mis acciones. Pero para ustedes, mentes lentas que no asimilan la profundidad y vueltas de la vida, me di cuenta de que mi verdadero malestar eran mis sentimientos reprimidos. Por alguien que, obviamente, no es Toris.
Ya aclararé las cosas con él. Entenderá.
Soy un hombre nuevo. Un hombre que se encontró a sí mismo frente a esta cárcel llena de pubertos que llaman escuela. El amor no se elige. Pero la dignidad sí.
Ojalá también vean la luz. Pero siempre los apoyaré.
Feliz año nuevo, queridos.
Atte:
Feliks Łukasiewicz.
11:46
Eso sólo acarreó más audios enloquecidos de Paulo.
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Y a todo eso, Cian se había salvado de que lo interrogaran respecto a su enamoramiento con Eduard. Si bien nadie lo había olvidado, las acciones de Feliks lo habían eclipsado por completo. Lo cual le daba cierta tranquilidad.
A Nikolai también. Podía dejar de preocuparse por un tiempo de que sus allegados se percataran de sus sentimientos por Stefan.
Sentía que debía emplear ese tiempo en reflexionar sobre sus acciones a tomar.
Últimamente había sentido impulsos de soltarle directamente a su, prácticamente, mejor amigo lo que sentía en realidad. Aunque no estuviera del todo definido. Tal vez no sabía qué sentía, pero si reconocía cómo. Y ya se estaba impacientando. De hecho, la acción de Feliks hasta lo había inspirado un poco. (A pesar de que el historial de cada uno fuera completamente distinto).
Pero, ¿qué le diría exactamente? ¿Cuándo y cómo? ¿Debería hablar con los demás antes de eso? Se había dado cuenta que guardar secretos de ese tipo podía llevar a malentendidos o problemas más graves. Siempre habría conflictos, pero había que enfrentarlos.
¿Tal vez eso mismo se aplicara a su situación con Stefan?
Decidió decírselo. Pero esperaría a que empezaran las clases. Todavía quedaba un cuatrimestre. Antes de que finalizara, se lo diría.
En el caso de que le correspondiera, se sentiría como un estúpido, ya que sólo les quedaría un año de instituto juntos, y después, ¿quién sabe?
Por otro lado, si lo rechazaba, pasaría por sólo un año de tortura. Luego se iría y no lo vería más.
Sí. Por ahora, lo único que haría, sería contárselo a los demás. Feliks ya sabía. Paulo entendería, y sería discreto. Y a Cian se lo debía. Se había abierto con él mucho tiempo atrás.
Tenía algo de tiempo para seguir disfrutando de su amistad.
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Stefan no había podido dormir esa madrugada. Daba vueltas nervioso en la cama, a pesar de haber estado despierto largo rato. Habían sucedido demasiadas cosas. Pero todavía lo distraía recordar la mirada de Nikolai fija sobre la suya. Y sujetar su brazo. Y todo lo que había pasado en Navidad.
Todavía sentía escalofríos.
Si no le decía algo, iba a explotar.
Tal vez era en ese momento o jamás. Sintió que si no decía nada, nunca volvería a tener el valor necesario para hacerlo.
Tomó el teléfono, entrando a su conversación de Whatsapp con Nikolai. El último mensaje era para preguntarle cómo estaba, el día anterior.
No era la forma más romántica, ni la que él hubiera elegido. Pero la situación lo ameritaba. Estaba desesperado.
Stefan oprimió el botón de grabar audio en la aplicación.
—Nikolai... soy yo...
Le pareció muy idiota y lo borró instantáneamente. Pero no podía pasar eliminándolos. Ahora sí, haría la confesión definitiva.
—Nikolai. Debo decirte algo. Lamento que sea así—su voz sonaba extraña para él. Sentía que no era quién hablaba. Que alguien más valiente se había apoderado de él y ya no podía dar marcha atrás—Y espero que no me odies. No hay nada que me dé más miedo que perder tu amistad. Pero también creo firmemente que eres una persona demasiado buena como para poder odiar a alguien. Y te juro que no estoy borracho.
Hizo una pausa en el audio, intentando no tartamudear.
—Creo que te amo.
Cortó.
Inmediatamente, Stefan sintió como todo el cansancio se vertía sobre él simultáneamente. Ya lo había hecho. Sólo quedaba dormir y esperar algún tipo de respuesta.
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Nikolai chequeó su teléfono antes de rendirse al sueño, pero de momento no había noticias de nadie, ni siquiera de Stefan.
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