Capítulo 20
Ahora o nunca
Los días pasaban en el colegio, aunque nada alteraba el curso de los acontecimientos.
Natalia y Feliks actuaban como si nada hubiera ocurrida aquella noche. A pesar de que todos lo habían presenciado. Ni siquiera cruzaban miradas furtivas. Pero el polaco aseguraba que todo estaba bajo control. Hasta parecía que algo de su histerismo constante había desaparecido.
Cian no se atrevía a decirle nada a Eduard. Su único gran paso fue alcanzarle un bolígrafo que se le había caído, y demoró casi 20 minutos en recomponerse porque "sus manos de habían rozado".
Paulo jamás decía nada de su holandés. Aunque Feliks, que era amigo de la hermana del tulipán, aseguraba que se habían telefoneado un par de veces, muy a la antigua.
Y todavía sentía a Stefan distante, pero ya no le importaba tanto. Nikolai sentía que debía hacerlo. Tenía razón, contárselo a los demás sólo servía para presionarlo a hacer algo (aunque ellos no dijeran nada) y sentir el peso de sus sentimientos guardados más real y molesto que nunca.
Pero todavía no estaba seguro. No quería hacerlo ni en la escuela, ni durante sus sesiones de estudio, que aunque no eran tan frecuentes, tampoco cesaron, ya que Stefan seguía necesitándolas.
Tenía que citarlo en algún lugar aparte. Quería que fuera significativo. Ya que tal vez quedaría en ridículo o terminaría su amistad para siempre, que al menos pareciera que se había esmerado. (¡Cómo si decidirse a expresar esos sentimientos no fuera esmero suficiente!).
.
Stefan estaba bastante aburrido, mirando el noticiero en la televisión. Deprimente, para ser honesto.
Su celular comenzó a sonar. Nikolai lo estaba llamando. ¿Habría sucedido algo? No se llamaban entre sí.
—¿Hola? —contestó.
—¡Stefan! ¿Qué tal? —escuchó la voz del rubio al otro lado de la línea.
—Todo está bien. ¿Qué tal tú?
—Pues acerca de eso quería hablarte. Mañana, luego de las clases, y si no estás ocupado, ¿quieres salir conmigo?
—¿¡Salir contigo!? —creyó que hiperventilaría—Pero... ¿a estudiar?
Escuchó una risa melodiosa del otro lado de la línea.
—Nada de estudio por favor—pidió el rumano—Salir a dar una vuelta. Tengo que ponerte al día con un par de cosas de mi vida.
—Si es muy urgente puedo...
—No tanto. Puede esperar hasta mañana. ¿Cuento contigo entonces?
—Eh... sí—balbuceó, y el otro le cortó, luego de despedirse alegremente.
Bueno, Stefan no entendía nada, pero al menos vería al otro fuera de la escuela. Se preguntó que planeaba.
Y esperaba que las noticias que el otro pudiera darle no complicara más sus ya entreverados sentimientos.
.
Stefan entrecerró los ojos e intentó cubrirse: el sol le estaba dando en la cara. Si tuviera anteojos de sol eso no pasaría. Tampoco podía ver bien a Nikolai, pero lo notaba bastante nervioso desde que habían dejado la escuela, apenas sin despedirse del resto de sus amigos.
—Lo siento. Tal vez deberíamos entrar a algún lugar. Pero era un día tan lindo que pensé que podríamos ir afuera—se disculpó el rumano.
Stefan le hizo un gesto de "no importa", y se recostó contra un árbol. Ahí las hojas cubrieron un poco el sol, y pudo observar bien el rostro de su amigo. Parecía realmente apenado.
—En fin, ¿por qué querías conversar conmigo? —preguntó el búlgaro, yendo directo al grano.
Pudo ver como Nikolai se cubría la cara, al parecer avergonzado.
—Yo... eh... te debo contar un par de cosas. Pero déjame hablar hasta el final. Tú asiente si vas entendiendo.
—De acuerdo—accedió Stefan, muy curioso.
El rubio se miró las uñas, nervioso, y luego empezó a hablar, enfrentándose a la mirada atenta del búlgaro cruzado de brazos frente a él.
—Primero que nada, creo que soy gay—soltó el rumano.
Stefan abrió los ojos, sorprendido. En algún lugar de su cabeza, un coro de ángeles cantó sublimemente "Aleluya".
—Bueno, no estoy seguro de si gay al cien por cien. Tal vez bisexual o algo así, también he salido con chicas. Pero el punto es que también me gustan los hombres. Y aquí el segundo asunto: me gusta alguien en especial
El búlgaro no pudo evitar toser. Todo iba bien hasta ese momento.
—Y... ¿lo conozco? —preguntó, temeroso. Había visto en la primera confesión una oportunidad de oro, pero ahora ya no estaba tan seguro.
—Por supuesto—rió Nikolai, un poco más distendido.
Eso lo haría más difícil. No se atrevía a preguntar quién era. Por un lado, quería saber; pero también viviría se forma más sencilla si jamás conocía su nombre. Comenzó a sentir un poco de miedo.
De repente, tuvo el rostro del más bajo muy cerca del suyo. No era la primera vez que le prestaba atención a los detalles de esa cara, pero podía notarlos con más facilidad. De todas formas, ¿por qué se acercaba tanto? ¿Tan confidencial era el asunto? ¿No entendía Nikolai que esa cercanía lo ponía muy nervioso?
Intentó concentrarse en el bonito rostro que tenía enfrente, y no en los ojos rojizos que parecían buscar su mirada desesperadamente. Era más lindo fijarse en las pequeñas pecas que tenía el rumano alrededor de su nariz. Si lo miraba mientras le decía el nombre de alguien más, se moría ahí mismo.
Algo cálido y suave lo saco de su ensoñación. Nikolai lo había tomado de las manos. Y ahí no pudo evitar desviar la vista hacia sus manos enredadas (porque no se lo creía), y luego levantarla para así enfrentarse a los ojos del rubio de una vez.
Nikolai, por su parte, se había comenzado a arrepentir de la charla. No porque se hubiera acobardado, sino porque Stefan parecía increíblemente extraño y nervioso. Se daba cuenta de que algo raro estaba pasando. Tal vez lo rechazaría. Todavía le quedaba ese miedo.
Odiaba tener que dudar en un momento como ése. Su mente estaba trabajando a toda velocidad. Stefan era capaz de no creerle si sólo se limitaba a decir "Tú me gustas.". Incluso era probable que ni siquiera se hubiera creído la primera parte. Lo conocía bien. Sabía que tenía problemas con esas cosas.
Si lo iba a rechazar o tratar como una broma, al menos aprovecharía el momento.
—Te voy a pedir algo. Lo más importante que te pediré alguna vez—le dijo a Stefan.
Al búlgaro no le sorprendió eso. Era sin duda algo importante. Pediría que guardara el secreto y que se lo llevara a la tumba. Y a pesar de todo, lo haría. Tal vez hasta se trataba de algo un poco turbio, y probablemente le iba a confiar algo más que un simple enamoramiento adolescente. Muchas posibilidades cruzaron su mente.
—Sí. Te juro que lo haré—soltó, sumamente seguro.
Nikolai sonrió, aunque fue una sonrisa algo triste. Sabía que el otro estaba pensando en otra cosa completamente distinta.
—No es lo que crees, Stefan.
—Entonces, dime qué necesitas—pidió el aludido, apretando aún más las manos del otro.
Necesitó de unos segundos para decirlo. Y para reunir todo el valor que podía quedarle.
—Déjate querer. Recibir cariño. Por favor.
Y antes de que Stefan pudiera decir cualquier cosa ante esa petición tan confusa, se puso en puntas de pie y le plantó, directo en la boca, un beso.
Ya podemos gritar todos. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH. Sí, otro cliffhanger. Lo siento mucho. Pero si me conocen saben que no hay de que preocuparse. Estos tipos se toman su tiempo, pero todo va a salir bien ;). Anyway, 20 CAPÍTULOS PARA ESTE MOMENTO. Un abrazo gigante a todos los que llevan desde hace tiempo esperando esto. Acá es el verdadero antes y después del fic. Si lo hubiera dividido en partes, esta sería la parte 2. Pero también, la parte final. Aunque no se preocupen, todavía queda mucho de ellos para leer. Y muchos extras, yas, porque hay todo un drama aparte de estos dos. See ya in 10 days~.
