Capítulo 21

Como vivir en una nube

A Stefan le temblaron las piernas. El beso no duró mucho, pero se le había paralizado el cerebro. Todo sucedía demasiado lento, y a pesar de eso no podía pensar ni decir nada razonable.

Tuvo que apartarse un poco del otro y recostarse contra el incómodo tronco del árbol. No estaba nada preparado para eso.

Nikolai lo observó, preocupado y algo decepcionado. Retrocedió un poco, dándole espacio. Había sido muy impulsivo. ¿Realmente había valido la pena hacerlo?

Claro que sí. Había besado a Stefan. El acto en sí valió la pena. ¿Pero también sus consecuencias?

Ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio. El búlgaro se concentraba en respirar pausadamente, como si eso le hiciera más fácil asimilar la situación. Nikolai estaba atento ante cualquier movimiento. Pero estaba seguro de que sobresaltaría apenas pasara algo.

Y fue así, porque casi saltó cuando escuchó a su amigo hablar, en un hilo de voz.

—Quise decírtelo.

El rubio no estaba seguro respecto a si debía asustarse con esa frase o no.

—Luego de la fiesta de año nuevo... te lo quise decir. Pero... —Stefan parecía tener miedo de hablar—Mi mensaje no se envió.

El rumano sabía que no debía reírse, pero le sonó muy bizarro y una metida de pata no muy rara. Aunque había algo que no entendía. ¿Qué se suponía que iba a decirle? ¿Algo que rechazaba completamente sus acciones más recientes? ¿Había obviado algo tan importante?

—¿Qué me ibas a decir, Stefan? —preguntó Nikolai, con cierto temor.

El más alto cerró los ojos. Parecía apenado.

—Quería decirte que te quería. Que te quiero.

Nikolai sólo pudo soltar un "¿Eh?".

—Que me gustas, Nikolai—aclaró Stefan, abriendo los ojos, algo desesperado.

No se lo creía. Pero en el fondo, para el rumano ese era el mejor escenario posible. Ni siquiera eso, su mejor escenario era un "necesito un tiempo para meditarlo, déjame solo". Superaba ampliamente sus expectativas. Por eso, no pudo disimular la inmensa sonrisa que se formó en su cara.

—¿¡En serio!? ¡Stefan! —exclamó, resistiendo los impulsos de ponerse a dar saltos. O correr a besarlo otra vez—¡Si es en serio, me pone muy feliz!

La honestidad del otro ponía un poco nervioso a Stefan, pero se sentía aliviado. Aunque el rumano no lo hubiera dicho exactamente, parecía corresponder a sus sentimientos.

—Es en serio.

Al rubio le brillaban los ojos. Stefan también se permitió sonreír un poco. No entendía a dónde llegarían con eso, o qué hacer. Pero valía la pena por ver al rubio tan feliz. No iba a arruinarle su momento haciéndole alguna de sus preguntas impertinentes.

—¡Stefan! —exclamó el más bajo, como si el sólo nombrar al otro ya lo hiciera feliz.

—¿Q-qué? —tartamudeó.

—Estoy feliz.

—Eso ya lo dijiste.

—¿Acaso no estás feliz tú?

Lo cierto es que el búlgaro todavía seguía sorprendido. Se había preparado para muchas cosas pero no para eso.

Aunque, por otro lado, sentía que eso lo hacía más especial. Probablemente, a largo plazo, sería más satisfactorio el no haber visto venir esa confesión.

—Algo. Me siento un poco ansioso.

—¿De qué? —se extrañó Nikolai.

—Porque... ¡no puedes soltar algo así como así y esperar que no tenga consecuencias!

—¿Consecuencias? —el rumano meditó unos segundos y luego esbozó una sonrisa pilla—Ah, eres de los que va rápido.

Al otro le costó unos momentos darse cuenta de a qué se refería el otro.

—¡Pero qué malpensado que eres! —se ruborizó—¡No me refería a eso!

Podría jurar, por un segundo, que había notado una leve decepción en el rostro de Nikolai. Pero más tarde se atormentaría con ese detalle.

—¿Entonces qué? —inquirió el rubio.

—Pues... ¿qué será ahora de nosotros?

—Stefan, no te voy a pedir que te suicides conmigo o que robemos un banco. No va a cambiar nada radicalmente en tu vida.

—¿Crees que no va a ser un gran cambio en mi vida? ¿O en la tuya? —parecía dolido.

—No. Me refiero a que... lo hiciste sonar muy trágico. Claro que va a cambiar, pero no tienes que estresarte por cómo va a ser ese cambio. Déjalo fluir—lo tranquilizó el menor.

El búlgaro comenzó a caminar un poco, bastante nervioso. Parecía querer decir algo pero no saber cómo.

—Escúchame, Nikolai... —pidió—Estos sentimientos, por sí solos, no hacen nada. Quiero que me dejes compartirlos contigo.

Al aludido le iba a tocar su momento de recostarse dramáticamente contra una superficie mientras hiperventilaba. ¿Quién se creía para dirigirle esas palabras? ¡Él era el de las sorpresas! Y además, ¿qué tenía que ver con lo que estaban hablando?

—Pero tienes que entender que me cuesta aceptar esa idea. Que de repente... haya sentimientos recíprocos de ese tipo entre nosotros y... —Nikolai alzó una mano, interrumpiéndolo—¿Qué?

—Lo que quieres decir, es que tu mente levemente obsesivo-compulsiva necesita clasificar las relaciones en categorías, y el ser amigos ya no es una aceptable.

—Me haces sonar como un robot—suspiró Stefan—pero sí, supongo que es algo así.

—O sea, que me quieres pedir que seamos novios pero te da miedo.

—Estás saltando a conclusiones apresuradas.

—Apresuradas pero verdaderas.

—Verdaderas... ¿y qué con eso?—reconoció el búlgaro, intentando ocultar su sonrojo.

Nikolai se rió levemente.

—Por mí podemos ser lo que quieras, Stefan, mientras me dejes quererte como te pedí antes.

Si el más alto quiso ocultar antes el sonrojo, ahora ni valía la pena intentarlo. Se recordó que tenía que respirar. Lento. Profundo. Y no taparle la boca al otro para que dejara de tirar esos comentarios que le daban vuelta el mundo.

—¿Pero es un sí? —cuestionó, inseguro.

—¿A ti que te parece?

—¡Nikolai, esto es demasiada información! ¡No puedo andar sacando conclusiones por mí mismo!

Al rubio le dio mucha ternura eso. Le acarició el cabello al otro, sonriendo para tranquilizarlo.

—Ya sé, ya sé. Eres especial.

—No. De los dos tú eres el más especial.

—Oh... bueno... —balbuceó. Se habían invertido los papeles.

—En muchos sentidos.

—¿Como en cuáles?

—En casi todo. Tu forma de ser, tu aspecto, cómo hablas. Cómo te acercas a la gente. Tus reacciones.

Nikolai tuvo que continuar bromeando, porque si no se moría allí mismo.

— Si me estás halagando por lo que yo creo, mi respuesta es sí: Puedes besarme en público sin pedir permiso.

—Así me tratas cuando demuestro mis sentimientos—se victimizó Stefan—Después no te quejes de que soy frío.

—Tonto. Si me gustas igual, ¿qué importa si demuestras mucho o poco? Creo que ya quedó todo bastante claro—sonrió.

Eso era un alivio para Stefan. Todavía no caía del todo en lo que estaba pasando. Pero no era nada malo.

—Una cosa más. ¿En serio puedo besarte en público sin preguntar?

El rubio rodó los ojos.

—Claro. Iba en serio.

Se preparó para eso, pero en cambio, el búlgaro simplemente rodeó sus hombros con el brazo, y comenzaron a caminar tranquilamente lejos del parque. Así que no hubo beso para el rumano en aquel momento.

Sólo que vino unos minutos después, cuando ya habían cambiado de tema, sobresaltando a Nikolai.

—¡El de las sorpresas era yo, maldito! —se escuchó claramente.


So... sí. Son noviecitos. Y de los cursis. FESTEJEN, LECTORES, FESTEJEN :'D