Capítulo 25
Best plan ever
Nikolai despertó sintiéndose mucho mejor. El dolor de garganta era apenas una molestia, y ni se sentía afiebrado. Por suerte, esa noche de sueño reparador había sido lo mejor que le había pasado.
Se dio cuenta de que Stefan se había levantado de la cama antes que él. Sin prisa, se quitó la ropa de su amigo para ponerse la suya.
—Eh—saludó el búlgaro, entrando con dos tazas humeantes—¿Estás mejor?
—Mucho mejor—asintió Nikolai, sentándose en el sofá de su amigo.
—Te traje esto—le extendió una taza humeante, rosada con estrellitas y que decía "cool mom".
—Gracias. Es la primera vez que me tratas tan bien—lo molestó el rubio.
—No te acostumbres. Es porque estás enfermo.
El rumano bebió un sorbo de café, mientras el otro parecía interrogarlo con la mirada.
—¿Tengo algo en la cara? —inquirió.
—Además de que es una cara muy bonita, no—murmuró el más alto, un poco avergonzado—Sólo me preguntaba... bueno, es una idea muy loca.
—Me gustan tus ideas.
—A mí no. No es plausible. Todavía te estás recuperando...
Le costó unos segundos darse cuenta.
—¿Quieres que hagamos el plan ahora?
—Ahora, ahora, no. ¡No podemos!
—¿Por qué no? Estoy completamente de acuerdo en ir...
—Mañana es día de clases. Necesito un par de cosas que no he preparado. Y los domingos no tenemos tanta frecuencia en el transporte... son más razones para no hacerlo que para hacerlo.
—Stefan, no puedo creer esto. Ya me habías ilusionado—Nikolai hizo un puchero—¡Estoy completamente dispuesto a hacer esto, y eso debería ser un argumento más fuerte que cualquiera de los que acabas de darme!
—Lo sé, pero no es tan sencillo...
—Además—interrumpió—¿Qué importa si mañana es día de clases?
—Bueno... la idea del plan era quedarnos despiertos en la noche—hizo una pausa, y al ver a Nikolai sonreír pícaramente, se sonrojó—¡No seas pervertido! ¡No es lo que piensas!
—Pero pensamos lo mismo, eh—lo molestó el rumano—En fin, no me importa. ¡Seguiremos de largo!
—¿Hablas en serio? ¿Crees que podrías?
—Haré un esfuerzo. Pero necesitaré un montón de esto—levantó su taza de café—¿Tú?
—...Supongo que sí tenemos un plan—suspiró, derrotado. Nikolai dio un gritito de emoción, dejando su bebida de lado, y lo abrazó fuertemente—Ok, tranquilo. Pero primero habla con tus padres. No quiero que piensen que te secuestré o algo. Además, déjame un rato, tengo que hacer un par de cosas, ¿bien?
—Puedo ayudarte, si quieres.
—Estaré bien.
.
Por un segundo, Nikolai temió que su madre estuviera furiosa por la proposición. Era domingo, y solía pasarlo tranquilamente en su casa.
—¡Nikolai! ¿Cómo durmieron? ¿Necesitas que te busquemos...?
—Todo está bien, má. Ayer me hicieron una fiesta sorpresa~.
—Que buenos amigos que tienes, tesoro.
—Sí. Sobre eso... quería preguntarte si no había problema en que pase otra noche fuera de casa.
—¿No crees que ya es bastante? Sé que falta un poco para tus exámenes, pero... sólo me sorprende que pases tanto tiempo fuera de casa. ¿Te peleaste con tu padre o Andrei...?
—Para nada. Todo está bien—Nikolai rezó para que la suerte del día anterior no se agotara—Stefan, otro de mis amigos, preparó una salida para mi cumpleaños—No estaba cien por ciento seguro de que se tratara de una salida, pero apostaba a que sí—Pasaré por casa a buscar las cosas del colegio, así que no te preocupes.
—Mmm... de acuerdo—la mujer hizo una pausa.
—¿Está todo bien?
—Sí. Sólo que no estoy muy acostumbrada a que pases tanto tiempo fuera. Pero ya estás grande. Me alegro que tengas buenos amigos~. ¡Pero más te vale hacer tu tarea!
El rumano se mordió el labio, un poco incómodo. Debía contarles pronto a sus padres que estaba saliendo con alguien, y no precisamente una chica. Confiaba en que no pondrían muchas pegas.
.
Aunque Stefan le había dicho que todo estaba bien, arrugó la nariz al sentir el olor a comida que salía de la cocina.
Nada podía estar bien si el búlgaro trataba de cocinar.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó lo suficientemente alto para que lo oyera, y el búlgaro se sobresaltó, intentando cubrir el desastre que tenía en la encimera de la cocina.
—N-nada. Quería que lleváramos comida.
—Hecha por ti.
—¡Hago mi mejor esfuerzo! ¡Estuve practicando con tutoriales de internet y el setenta por ciento de las veces me salió bien! ¡Me tengo fe!
—Me alegra, Stefan, pero creo que necesitas ayuda. Terminaremos más rápido si te doy una mano—intentó convencerlo.
—Supongo—suspiró, volviendo a su tarea de picar pepino.
—¿Qué estás haciendo? —sospechó Nikolai, viendo lo que fuera que el otro estuviera dejando fritar—Se te va a quemar, está demasiado dorado.
—Tiene que estar así—contestó, limpiándose las manos con un repasador, y controlando el resto de la comida—Es Parzheni Filíiki (*)
—Suena exótico.
—Es una comida típica de mi país.
—¿En serio? Creí que cuando nos habíamos conocido, los chicos habían dicho que no estabas muy en onda con tu origen búlgaro.
—No lo estoy, para nada, pero me pareció buena idea aprender a hacer algo de allá. Creí que te gustaría.
—¡Claro que me gusta! Aunque ya es algo tarde para almorzar. ¿Me dejas ayudarte?
—No estaba planeando esto exactamente para almorzar, sino para cenar.
—¿Por qué hacerlo desde ahora?
—Quería tener un par de horas para terminar la tarea. ¿Ya la hiciste?
Nikolai sonrió inocentemente, y Stefan rodó los ojos.
—Me lo tomaré como un no—suspiró—Toma, si quieres ayudar, encárgate de esto—le extendió una cebolla.
A pesar de que sabía que le arderían los ojos mucho, el rumano aceptó. No quería dejar al otro con todo el trabajo, y la verdad estaba muy impaciente por lo que vendría. ¡Había que terminar cuanto antes!
Procedió a cortar y picar mientras le seguía haciendo preguntas al otro.
—¿Y qué haremos con las verduras? —decía Nikolai mientras cerraba los ojos a intervalos cada vez más frecuentes.
—Una Ensalada Shopska (**)—contestó—Se supone que sus colores son los mismos que la bandera de Bulgaria.
—Ok, ¿pero es necesario que lleve cebolla? —preguntó el rumano, cerrando los ojos porque ya estaba lagrimeando.
—Le da sabor. ¿Por qué...? —se volteó a ver a Nikolai, y notó inmediatamente el incipiente llanto del otro—Dime que es la cebolla por lo que estás llorando.
—Claro que sí.
—Cambiemos—dijo, pasándole los tomates—Podrías haberme dicho que tenías dificultades con la cebolla.
—No me gusta parecer débil en la cocina, menos ante alguien que no sabe comer nada más que pasta con mayonesa—expresó Nikolai, incómodo. Algunas lágrimas se le escaparon y cerró los ojos rápidamente.
Stefan le dio un beso en la mejilla.
—No pensé que la primera vez que te vería llorar sería por un vegetal—le susurró el búlgaro al oído.
—Y no estoy orgulloso—murmuró el menor, mientras un escalofrío lo recorría. Buscó como reflejo la boca del otro, pero Stefan se apartó con una sonrisa.
—Ahora no. No seas impaciente. En la noche soy todo tuyo.
Nikolai se puso un poco nervioso al escuchar eso. Y extrañamente impaciente.
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Entró apresuradamente a su casa, directo a empacar sus cosas en una mochila. Y a saludar a su madre.
—¿No quieres que pase Stefan? —preguntó ella, que estaba jugando a las cartas con Andrei en la mesa de la cocina.
—Estamos un poco apurados—le dio un beso en la mejilla—Prometo que mañana limpio todo.
—No hace falta. Oye, ¿estás bien? Tu voz suena un poco afónica.
—Te parece a ti~—mintió un poco—Estoy muy bien.
—Bueno... ¿hiciste tu tarea?
—Afirmativo.
Con Stefan. Aunque el rubio estaba más entretenido enredando sus piernas por debajo de la mesa que concentrándose en los ejercicios, pero el otro no se emocionó ante tales actos.
"Me pregunto que estará tramando para esta noche" pensó, subiendo rápidamente a su habitación.
—Cepillo de dientes—murmuró—Desodorante—no tenía idea de qué preparaba el otro. Al guardar el cargador de su celular de la mesa de luz, recordó algo.
Con cierta duda en sus movimientos, abrió el cajón del mueble, quitando un par de papeles que había en la superficie.
Se mordió un labio al ver el paquete plateado del condón relucir. ¿Debería llevarlo? Estaban de novios hacía solo un par de semanas. Pero nunca sabía. Tal vez a Stefan le daba completamente igual esperar. Y no era que Nikolai valorara una relación por la cantidad de sexo que recibía, honestamente las cosas funcionaban bastante bien así, pero nunca se sabía.
Y era mejor estar preparado. Así que metió el anticonceptivo en el bolsillo pequeño de su mochila.
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—¿A dónde vamos? —preguntó Nikolai a su novio, recostándose contra él. Tomaron el autobús hacia alguna parte que sólo Stefan sabía. El rumano no había llegado a recorrer demasiado los pueblos cercanos a la ciudad.
Pero igual confiaba en el más alto. Sólo que se impacientaba cada vez más.
—Ya sabrás. En media hora estaremos allá.
—Es sospechoso—bostezó, y le pegó el bostezo al otro—Además, ¿por qué llevas bolsas de dormir, si dijiste que no íbamos a dormir?
—Creo que será más cómodo así.
El más bajo suspiró.
—Te pones demasiado misterioso, Stefan.
—Pues yo creo que estoy siendo bastante obvio. ¿Ni una pista tienes?
—Algún picnic, no sé. ¿Pero, por qué ir tan lejos?
—El lugar es especial. Te gustará.
Se rindió, y decidió dormir sobre el hombro del búlgaro lo que fuera que les quedara de viaje.
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—Nikolai, despierta—escuchó. Lo cierto era que no se había dormido del todo, pero estaba un poco perdido—Tenemos que bajarnos.
Eso sirvió para que reaccionara rápidamente.
—¡Por fin! —exclamó, tomando su mochila. Prácticamente empujó a Stefan para que bajara del autobús.
No sabía que esperar cuando se bajaron. Sólo vio un par de casas, la carretera, y la parada.
—¿Dónde estamos?
—Es un pequeño pueblo cuya jurisdicción pertenece a nuestra ciudad—dijo Stefan, adentrándose por una pequeña calle—Podemos recorrer si quieres, aunque no hay nada que ver además de la fachada de las casas. Y tienes una tienda si quieres comprar algo que precises.
Nikolai observó a su alrededor. El sol se ocultaría en poco rato. El pueblo ni siquiera era tan pintoresco. ¿Por qué Stefan lo había llevado allí?
Aprovechó la oportunidad para comprar una botella de agua, sintiendo la mirada de la gente sobre ellos. La mayoría era gente mayor, que parecía sorprendida de ver jóvenes extraños ahí.
El búlgaro lo tomó de la mano, guiándolo a las afueras del lugar.
—¿Qué planeabas, Stefan? —inquirió el rumano, viendo que se metían en un terreno baldío con un cartel que rezaba "propiedad privada".
Una ola de adrenalina le atravesó el cuerpo. No esperaba que su amigo (novio) fuera capaz de hacer ese tipo de cosas. No estaba seguro de si seguirlo o no. Pero para lo "correcto" que podía ser el búlgaro, se manejaba con bastante soltura, buscando un agujero en el alambrado para pasar.
—¿Es legal esto? —volvió a preguntar, siguiéndolo. Tuvo que gatear para pasar por abajo del alambrado. Stefan le tendió una mano para ayudarlo a ponerse de pie.
—Para mí sí—respondió—Conozco al dueño. Le pedí permiso para venir.
—Me cuesta creerte—admitió.
El más alto alzó una ceja, y buscó algo en su celular. Le mostró un intercambio de mensajes con un tipo llamado Mr. Beilschmidt.
—Esto me suena a mafia, Stef—se preocupó Nikolai—¿Para qué quieren un terreno así?
—Supongo que por negocios. Lo compras cuando está barato y especulas que subirá de precio y te forrarás—se encogió de hombros—Creo que trabaja con mamá. Sólo sígueme. Hay un claro bastante lindo y sin pastizales. Su familia lo usa para acampar.
—¿¡Me traes a acampar!? Pero no tenemos carpa—el rubio hizo una mueca.
—No la necesitamos. Tampoco vamos a dormir—le recordó.
El rumano no podía dejar de malpensar cada vez que el otro le recordaba eso. Sabía que Stefan no se estaba refiriendo a nada atrevido, pero no podía quitarse ese tipo de pensamientos de la cabeza. Tenía casi 18 años (sólo le faltaban unas horas). Era más que normal que sintiera curiosidad y ganas de intentarlo.
Caminaron un poco hasta llegar al lugar que el búlgaro le había prometido. Parecía agradable. Incluso había un pequeño arroyo cerca.
Nikolai dejó caer su mochila en el suelo, y observó a su alrededor con atención. No podía quejarse. Pero había algo que todavía no le cuadraba.
—Stefan—lo llamó—No sabía que te gustaba la naturaleza.
—Lo cierto es que me da igual. Pero quería hacer algo especial contigo. Y me pareció especial pasar una noche juntos, un poco lejos de todo. Sin que nadie nos moleste—el mayor lo miró, esperanzado—Espero que no te parezca mala idea. Después de todo, parecías muy entusiasmado—comenzó a hablar más rápido, nervioso—Pero no sé si esto cumple con tus expectativas. Si no es así, lo siento mucho, te lo compensaré...
A Nikolai le daban ganas de besarlo para que dejara de hablar y sufrir así, pero no todos los días se daba la oportunidad de ver al otro así.
—... Y no tiene que darse una fecha especial para hacer este tipo de cosas. Podemos tener una cita cuando quieras, somos novios, ¿no? O sea... —Stefan se calló de pronto, y frunció el ceño—¿Por qué sonríes como un estúpido?
—Tú me haces sonreír así~—le dijo, con los ojos brillando—Me encanta cualquier cosa que planees. No tienes que preocuparte así.
—Me lo podrías haber dicho antes—reprochó el búlgaro, arreglándose el cabello—Pero me alegra que sea así.
El rubio se acercó a él, y apoyó el mentón en el hombro del más alto.
—Cuando te veo nervioso, me recuerdas a cómo estaba yo cuando te conocí—confesó, hablando por lo bajo. Aunque estuvieran los dos completamente solos—Y la vida me parece un poco más justa.
Stefan lo estrechó entre sus brazos.
—Mejor vamos a comer.
Aunque no se movieron en un buen rato.
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Todo sucedió muy rápido aquella noche.
Estaban perfectamente tranquilos comiendo lo que habían preparado, bromeando sobre muchos temas y teorizando sobre otros tantos.
Entonces Stefan sacó una botella de Rakia (***) y las cosas se aceleraron un poco.
No de parte del rubio. No quería pasarse porque temía un poco por su salud inestable, así que no bebió demasiado.
Por otra parte, el búlgaro no tenía salud inestable por la qué preocuparse, y se desinhibió bastante. Nikolai estaba seguro de que no era falso como la noche anterior.
Stefan comenzó a contarle un montón de cosas. De cómo al principio no se llevaba bien con nadie y terminó siendo amigo de Feliks, cuando Toris comenzó a juntarse con los otros bálticos, quedando ellos dos como los raros aislados de la clase. De cómo Paulo pareció preocuparse por ellos e internar integrarse a ese grupo tan cerrado. Cómo Cian apareció un día y parecía decidido desde al principio a convertirse en amigo de ellos, como si le hubieran revelado una profecía que estableció su destino así.
También le contó de la primera vez que una chica se le declaró en el último año de primaria y como se arrepintió de rechazarla de forma tan cortante y herir sus sentimientos. Que empezó a creer seriamente en el karma cuando unos años después se le declaró a un chico y entonces a él le tocó ser rechazado cruelmente. Que por eso y algunos problemas consecuentes de tal hecho, se le hizo difícil su colegio anterior y tuvo que cambiarse.
Y que fue a causa de eso que su madre se enteró de que era gay, no porque él se sintiera listo para contarle. Pero que también fue el alivio más grande de su vida el hecho de que lo aceptara. Que hasta hacía poco tiempo a veces se debatía sobre preguntarle a su madre el e-mail de su padre para escribirle algo. Pero siempre se arrepentía. Después de todo, no tenía nada para decirle.
Nikolai lo escuchó sin perderse una palabra, a pesar de la cantidad de información. Hasta que Stefan se le acercó y lo tomó de la camiseta, atrayéndolo hacia él.
—Obviamente, dejé de creer en el karma en algún momento—habló— No sé cuándo, pero definitivamente cuanto te conocí estuve seguro.
—¿Por qué?
—Creo que nunca hice algo tan bueno... como... como para justificar encontrarme contigo.
Al rumano se le subieron los colores a la cara. Stefan hablaba más rápido de lo normal, y le costaba un poco más entenderlo, pero eso le quedó muy claro.
De pronto sintió la necesidad imperiosa de resolver cierta duda.
—Stef—murmuró, pegando su frente a la del otro—¿Recuerdas cuando me viste por primera vez?
—Por supuesto... —se relamió los labios—Espera, ¿cuándo te vi, o cuando te hablé?
—Cuando me viste.
—Sí—contestó, buscando la boca del rubio, pero éste se apartó—Me estabas mirando. Me distraje y por eso el libro que me llevé terminó siendo una mierda. Y después... —cerró los ojos un momento, sonriendo—Me dijiste "hola". Y te quedé mirando hasta que te fuiste.
—Me parecía. ¿Por qué? —inquirió, mientras Stefan le acariciaba la cintura.
—Porque eras muy lindo—distanció un poco su rostro para observar a Nikolai a los ojos—Lo sigues siendo—se corrigió—Mucho más.
El más bajo se percató de que el tiempo para preguntas de aquél tipo había acabado en el preciso instante en el que su novio lo besó.
Ni siquiera fue un beso discreto, suave, como los que casi siempre iniciaban ese tipo de contacto. Stefan fue con todo, y el rumano no se dejó caer al suelo sólo porque el otro lo aferraba fuertemente contra sí.
Captó el mensaje perfectamente. Se separó apenas, para sentarse en la falda del búlgaro, quedando de frente y a una altura más conveniente para besarlo cómodamente. Stefan dijo algo que Nikolai no entendió del todo, pero sonaba muy complacido. Volvió a lo que estaba haciendo, abriendo levemente su boca. Inmediatamente, sintió la lengua del otro rozar la suya. Encogió el estómago ante el cosquilleo que sintió. Stefan comenzó a tocarlo por debajo de la camiseta. Tenía las manos cálidas. Y ese beso ya no era un simple roce de lenguas. Estaba atrapado en ese intercambio húmedo.
Se sentía acalorado. Pero no era un calor desagradable. Quería más.
Aunque Stefan sí parecía necesitar un respiro. El chico se apartó lentamente, mirando al cielo. Tenía los labios muy húmedos. Sintió como su mirada lo recorría, al menos hasta dónde podía. Parecía estar evaluando algo.
Entonces sus manos se posaron en las caderas del rubio y lo atrajo más hacia sí, acomodándolo de forma que éste podía sentir sus entrepiernas juntas. Nikolai ni siquiera pudo registrar si se sonrojó. Pero no le molestó. Mucho menos cuando Stefan comenzó a besarle el cuello, con ganas, aunque sintiera que dejaba de respirar. Nunca se había sentido tan bien. Parecía como si fuera a gemir de un momento a otro. Iba a cubrirse la boca con la mano, pero el búlgaro lo mordió suavemente. No pudo evitar que un suspiro muy audible se le escapara. Si llamó la atención de su novio, no lo supo: continuó con lo suyo; besando, lamiendo y mordiendo, pero sobretodo lo primero.
Estaba disfrutando mucho. Estiró el cuello para alcanzar el oído del mayor.
—Me encanta, Stef—le susurró, mordiéndole suavemente el lóbulo de la oreja.
El aludido paró en seco su tarea, y Nikolai estaba seguro de que lo sintió temblar.
—No digas esas cosas. Me da vergüenza pensar en lo que puedo llegar a hacer, Niko—murmuró Stefan, mordiéndose el labio.
—¿Qué cosas puedes llegar a hacer? —lo desafió el menor, acariciándole el cuello.
—Yo... cosas... que me dan vergüenza. Estoy un poco borracho, ¿sabes? —continuó el otro, pero no rehusó el contacto del otro. Una de sus manos se aventuró por debajo de la camiseta del rubio, recorriéndole lentamente el torso de arriba a abajo.
—Somos novios, Stef. Y también amigos—le dijo Nikolai, dándole un pequeño beso en el cuello—¿Qué puedo hacer para que no te avergüences?
Stefan tenía las mejillas rojas, y no precisamente por el alcohol.
—N-nunca llegué a hacer cosas así—murmuró el de cabello oscuro, un poco nervioso—No es culpa tuya.
El rumano quitó una de las manos del otro de su cuerpo, y entrelazó los dedos con él. Besó sus nudillos tiernamente.
—Yo tampoco soy un experto, Stef, pero quiero hacerte sentir bien. Siempre y cuando tú quieras lo mismo.
Los ojos verdes de Stefan parecieron brillar. El búlgaro estaba considerando un montón de cosas que pasaban por su cabeza. Miró hacia el cielo unos segundos, y luego buscó la mirada del otro.
—Hazlo. Pero no... no sé—siguió dudando.
—Sólo dime cuando quieras que me detenga.
Asintió, un poco más convencido. Nikolai abrazó al más alto por la cintura, dándole un largo beso en los labios. Stefan arqueó la espalda, llevando sus manos a los muslos del otro.
El rumano dudaba que llegaran muy lejos aquella noche, pero era cierto que quería que el otro se sintiera bien. Quería muchísimo a Stefan, y esa era una de las formas de demostrarlo. No había nadie más con quién deseara compartir momentos tan íntimos. Iría hasta donde el otro quisiera.
Estuvieron besándose un buen rato, intercalando con besos en el cuello para Stefan. A Nikolai le encantaba oírlo suspirar. Incluso gimió por lo bajo cuando lo mordió. El búlgaro ya tenía las manos sobre su trasero, apretándole pícaramente las nalgas de vez en cuando. El rumano no entendía como el otro no tenía las piernas entumecidas. Empujó a Stefan, para que quedara acostado sobre el césped, y se arrodilló, dejando las piernas del mayor entremedio de las suyas.
Nikolai observó la piel que quedaba descubierta a causa de la camiseta arrugada del otro, que se le había subido. El búlgaro no estaba en mala forma. Un poco de vello negro nacía debajo del ombligo y se perdía bajo el inicio de los pantalones. Llevó las manos a la bragueta, y observó a Stefan, como si esperara permiso. Éste, un poco sonrojado, asintió con la cabeza.
Desprendió los pantalones de su novio, dejando al descubierto la incipiente erección del otro. Stefan se apoyó en sus antebrazos, y lo observó, interrogante.
—¿Qué vas a hacer?
—Nada que necesite preservativo—contestó, bajando también los bóxers de su amigo.
Recordó los sueños húmedos que había tenido sobre Stefan. La verdad era que en todos se lo imaginaba con un pene bastante más grande del que tenía en realidad. Pero no le molestaba. De hecho, sonrió porque era mejor así.
El búlgaro ya estaba prácticamente sentado, y observaba con los ojos muy abiertos como la mano de su novio acariciaba sin prisa su miembro. Stefan se llevó la mano a la boca para ahogar un gemido, y cerró los ojos echando su cabeza hacia atrás.
Nikolai, con su mano libre, apartó la mano del otro, para besarlo en los labios.
—Te quiero—le dijo, entre besos, mientras aceleraba el ritmo.
—...Yo también—Stefan jadeaba y respiraba agitadamente—Te quiero... mucho—gimió. Enterró sus manos en el abundante cabello rubio del más bajo.
Éste último observó el rostro de su novio. Tenía los ojos cerrados con fuerza, la cara ruborizada y con unas gotitas de sudor. Era más que excitante ver a Stefan así; era algo casi divino.
De pronto, una mano fuerte sujetó la muñeca con la cual estaba masajeando a su novio.
—Espera—tartamudeó el búlgaro, entrecerrando los ojos—Me voy... a...
Aunque agradecía el aviso, apartó la mano del otro y continuó unos instantes más hasta que el otro acabó en su mano.
El búlgaro dejó salir una especie de suspiro, mientras relajaba el cuerpo.
—Mierda, Nikolai... —dijo, cubriéndose la cara—No quería que te ensuciaras.
—Calculé todos los riesgos—el rumano se encogió de hombros. Cierto que era un poco incómodo una vez que había terminado, pero no se arrepentía de nada—¿Quieres que te deje un rato solo? —se puso de pie, para dirigirse detrás de los árboles. Stefan contestó afirmativamente.
Lo cierto es que era Nikolai el que quería estar un poco solo. Empezó a sentir él vergüenza por lo que había hecho. ¿De dónde había salido esa idea? Además, probablemente el otro no se hubiera dado cuenta, pero el rumano había quedado un poco alterado después de eso. Pero Stefan se veía muy cansado, y sabía que había sido algo muy importante para él. Lo dejaría en paz.
Tendrían muchas otras oportunidades para quedar a mano.
.
Cuando volvió, Stefan se había metido en su bolsa de dormir.
—¿Qué pasó con lo de quedarse despierto toda la noche? —lo molestó el rubio, observándolo desde arriba.
—Eso sigue en pie. Pero quería ponerme cómodo. Hazlo tú también~.
El rumano obedeció, acostándose a su lado, usando su mochila como almohada.
—Oye... sobre lo que acaba de pasar—comenzó Stefan, visiblemente incómodo.
—No tenemos que hablar de eso si no quieres—se apresuró a recordarle Nikolai.
—... Sólo quiero decir que... estuvo bien. Perdón si fui un poco raro, pero es que no estoy acostumbrado.
—¿A masturbarte? —soltó directamente.
—A que alguien más lo haga. Dios, no pienses que soy taaan inocente—el búlgaro frunció el ceño—Yo pensé que tú sí lo eras.
—Mmm... la inocencia es relativa—se excusó—Y no pasa nada con eso de que sea raro. También fue un poco raro para mí. Pero te dije que te iba a hacer sentir bien.
Un silencio siguió a eso.
—¿Alguna vez lo hiciste, Nikolai?
—¿Hacer qué?
—Tener sexo. Me dijiste que saliste con una chica.
—No... no llegamos a eso. Bueno, no del todo.
—¿¡Qué significa eso!?
—Ella... eh—el chico se llevó el puño a la mejilla y movió la lengua dentro de la boca, haciendo ademán de estarle dando sexo oral a un hombre.
—Oh—murmuró Stefan—Bueno, creo que cuenta.
—También pude tocarle los senos.
—Eso definitivamente no cuenta—frunció el ceño, aunque parecía aguantarse la risa.
—¿Por qué me preguntas esto ahora?
—Quería saber. ¿Qué pasó con ella?
—Nada. Estuvimos unos meses juntos. Todo terminó poco antes de que me mudara. Pero terminamos bien. Después de todo, su hermano es amigo mío y no quería que fuera demasiado incómodo—suspiró—Bueno, sí es incómodo, sólo nos saludamos para nuestros cumpleaños y eso.
—¿Entonces no estuviste con ningún hombre?
—Sólo contigo.
Otro momento de silencio.
—¿Y por qué terminaron? —sí que Stefan preguntaba mucho cuando podía esconderse en su bolsa de dormir como una tortuga.
—Fue un acuerdo mutuo. Ella no estaba muy contenta, y yo no sentía nada demasiado especial por ella. Al principio sí, pero duró muy poco, se fue con el tiempo.
Escuchó que Stefan tragó saliva.
—¿Y sí lo nuestro dura muy poco?
—...No sé. Stefan, me refiero a que con ella empecé a salir apenas me di cuenta que me gustaba. Era linda y muy buena onda, pero todo fue muy rápido. Empezamos muy pronto pero también terminó muy pronto. Y digamos que tú hace un tiempo me vienes gustando.
—Lo sé, pero...
—Y te aseguro que cualquier beso que nos damos, tiene más significado para mí que cualquier cosa que podría haber hecho con ella o con quien fuera. Ya pasó—suspiró—A ti no podría dejar de quererte de un día para el otro.
—Lo siento—murmuró Stefan—A veces tengo esas dudas. Es que... no sé. No termino de caer en que... estoy con alguien.
Nikolai se giró hacia él y buscó su mano.
—Está bien. No tienes que disculparte por las cosas que pienses—le aseguró—No sé cuánto dure esto... pero todavía tengo ganas de quedarme mucho tiempo a tu lado.
—Espero que "mucho tiempo" para ti signifique lo mismo que para mí—sonrió Stefan, apretando un poco más la mano de su novio.
—Yo también—estuvo de acuerdo, y permaneció observando los ojos del búlgaro que brillaban en la penumbra—Tengo una pregunta para ti.
—¿Sí?
—¿Recuerdas el primer día que nos vimos en la escuela?
—Claro. Fue una sorpresa verte.
—¿Por qué habías faltado los primeros días?
Stefan cerró los ojos.
—No te rías—pidió, haciendo una mueca.
—Claro que no.
—Me había enojado.
—¿Con quién? ¿Con tu madre?
—No. Conmigo mismo.
—¿Qué hiciste para enojarte?
—No sé. Es como que no estaba cómodo. Necesitaba unos días para pensar. Sobre qué quería hacer con mi vida.
Nikolai suspiró.
—Eso es algo que estoy tratando de evitar. Pero supongo que no nos queda mucho. Un verano y un año escolar.
—Sí. ¿Sabes qué vas a hacer? —inquirió el mayor.
—No tengo ni idea. Sí sé un montón de cosas que no voy a hacer. Medicina, Ciencias, Economía, Leyes...
—Eso es un montón—rió.
—Me consuela que todavía tengo tiempo, y que vivimos en una época donde hay una amplia oferta. ¿Tú qué quieres hacer?
—... Es un cliché.
—Sólo dilo.
—No, Nikolai, me refiero a que... es demasiado cliché.
El rumano esperó pacientemente una respuesta, hasta que Stefan se rindió.
—Quiero ser escritor.
—Wow, qué genial. Leería algo tuyo.
—¿No vas a decir que es muy utópico o algo así?
—No. O sea, será difícil. Tal vez empieces con cosas que no quieres, como ser periodista. Pero hoy hay muchas cosas, si eres inteligente y las sabes aprovechar~.
—Me alegra que me apoyes.
—A mí me alegra que me lo contaras. ¿Tu madre sabe?
—Sí. Se lo conté un tiempo después.
—¿Y qué te dijo?
—Algo similar a lo que tú dijiste. Pero dice que no descarte el cambiar de opinión. Que soy joven y tengo todo el tiempo del mundo para hacerlo en cualquier momento—suspiró.
—Bueno, te envidio. A mí me gustaría tener un plan definido.
—¿Qué tal un plan definido para este verano?
—No lo sé. Pensé en trabajar. Quiero tener ahorros propios. Plus, voy a tener tiempo libre. Y podría intentar conseguir una beca. Quiero ir al extranjero a estudiar~.
—Genial. Ojalá lo consigas.
—Sí. Pero primero tengo que conseguir algo que hacer—bostezó.
—Eh. No te rindas. Dijimos que nos íbamos a quedar despiertos.
—¿Qué hora es?
—Mmm... ya pasaron las 2 de la mañana.
—No voy a resistir—se incorporó—Dime que trajiste café.
Stefan lo fulminó con la mirada.
—El hecho de que yo no sea suficiente para mantenerte despierto, y que tengas que recurrir a esa sustancia, es casi una ofensa.
—Entonces demuéstralo.
El búlgaro le mostró su celular.
—Si adivinas el código, te dejo ver mis fotos.
—¿Para qué quiero yo ver tus fotos? —preguntó el rumano, no muy convencido.
—Hay fotos mías de cuando era pequeño—Nikolai dudó. No sabía si valía la pena—Y en traje de baño.
Eso cambiaba las cosas.
—Y estoy segura de que también tomé de mi madre y alguna de sus amigas de 50.
—Bueno, si es de las que están bien conservadas, todo cambia~
—Qué estúpido, Nikolai—Stefan rodó los ojos.
—¿Seguro que no hay nada más interesante? ¿Fotos desnudo...?
El búlgaro se quedó un rato en silencio.
—Si lo averiguas... quién sabe.
Era un desafío.
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(*) Son como unas tortitas fritas búlgaras. Se acompañan con un queso búlgaro o miel.
(**) Ensalada búlgara que lleva tomates, cebolla, pepino, morrón/pimientos y un queso búlgaro llamado sírene :) . So many food today.
(***) Rakia o rakija es un licor parecido al brandy, de los países balcánicos. Lo obtienen de la destilación de fruta. Supongo que en Rumania será conocido, aunque en el caso de Bulgaria figura como bebida nacional~.
ESTO FUE UN PARTO. DIOS. Pero valió la pena.
Por si a alguien le interesa, los chicos a los cuáles Nikolai se refería serían República Checa (la cuál es un personaje femenino) y Eslovaquia (el hermano). Aparecieron hace poco en el manga y me pareció buena idea incluirlos~. Plus el Señor dueño del campo es Germania. Ahora bien, ¿Dejaré de meter personajes canon de relleno cada vez que se me da la oportunidad? Nah.
