Capítulo 26

Perdón, Disculpa, Lo siento.

Nikolai aceleró el ritmo, mientras le lanzaba miradas enojadas a Stefan, que corría a su lado. Se había equivocado con los horarios del ómnibus, y a causa de eso estaban llegando tarde a clase.

A clase con Gengis Kan.

—Vamos a morir, y voy a seguir siendo virgen—reprochó el rumano.

—De los dos—se defendió el otro, jadeando—¿Eres tú el que dice eso?

—No está lejos de la verdad, Stef—contraatacó, frenando frente a la puerta del salón, y susurró—Todavía no es tarde para saltarnos esta clase en particular y entrar luego de que el profesor se vaya, ¿sabes?

—No podemos... —el búlgaro no pudo terminar la frase, ya que la puerta se abrió de repente.

Gengis Kan estaba de pie al otro lado, observándolos sin expresión alguna.

Nikolai nunca le había tenido tanto miedo como el resto de sus compañeros, eso era cierto, pero empatizó fuertemente con ellos en aquél mismo momento.

—Me parecía raro que faltaran—comentó el profesor, haciéndose a un lado para dejarlos entrar.

Stefan no respiraba, y caminó como un robot hacia su asiento. El rumano quiso decir algo, un gracias, pero sólo le salió un extraño sonido de la garganta e imitó al otro, bajo la mirada aterrada del resto de sus compañeros.

Nada sucedió, pero fueron los peores minutos de la vida de Nikolai. Sobre todo cuando juró que el profesor murmuraba "¿Debería darles otro castigo...?".

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Nikolai sintió los brazos de Cian asfixiarlo.

—¡Estás vivo! —gritó el irlandés—¡No puedo creer que hayan llegado tarde con ese tipo, eso fue...! —no pudo seguir porque Paulo le cubrió la boca con la mano.

—O sea, como que eso fue lo más suicida que vi a alguien hacer. ¿Quieren morir jóvenes? —interrogó Feliks, observándolos de arriba a abajo. Luego abrió sus ojos verdes enormemente, mientras esbozaba una sonrisa que parecía indicar todo excepto buenas noticias—Ojeras, levemente despeinados, uniforme un poco mal puesto, una mochila a reventar... ustedes dos fueron a algún lado a follar.

—¡Feliks! —le reprochó Paulo—Obviamente no estarían haciendo eso.

El rumano ya estaba asintiendo con la cabeza, pero vio que un leve rubor invadía las mejillas de su novio. Bueno, eso los dejaba un poco en vergüenza.

—¿¡Era en serio!? —se exaltó el luso.

—¡Lo sabía! Seguro que si revisamos sus mochilas hay hasta un condón...

Nikolai fue el que tuvo que hacer fuerza para no ruborizarse, ya que efectivamente tenía uno de esos guardados. Aunque sin usar.

—No seas idiota, Feliks. Todavía no ocurrió nada de eso—masculló el búlgaro, intentando recuperar la compostura.

—Todavía—comentó Cian, esbozando una sonrisa pícara.

—Sólo llevé a Nikolai a acampar por su cumpleaños—continuó explicando.

—Por favor, Stefan, ¿crees que nací ayer? Te lo llevaste lejos a hacer cosas sucias... —atacó el polaco—A un lugar donde estuvieran solos...

—Si necesitáramos de un lugar para estar solo, podríamos haber ido a mi casa, idiota.

—Tiene un punto—los defendió Paulo, que parecía un poco incómodo con la conversación.

—Sólo uno, querida mamá, y yo tengo como diez—alardeó Feliks, colocándose un mechón de cabello detrás de la oreja—En fin, les perdonaré la vida sólo por lo que tuvieron que vivir esta mañana. Aunque bien merecido por haber tenido sexo y no contar...

—Feliks—suspiró el portugués.

—Bien... los perdono porque soy su amigo y no debo inmiscuirme en su vida sexual taaanto—rodó los ojos—Aunque me pueden contar, ¿saben?

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Durante el almuerzo, Stefan no le habló demasiado. Había estado toda la mañana así, y Nikolai lo atribuyó al cansancio (él también estaba muy cansado, y juraba que caería enfermo esa misma noche), pero no parecía estar tan mal.

Su novio lucía más bien... ¿tímido?. Esa podría ser la palabra correcta. Le esquivaba la mirada como cuando recién comenzaban a ser amigos. Eso le irritaba bastante, porque sentía que estaban retrocediendo, en cierto modo.

Tal vez se debía a lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior. ¿Podía ser que Stefan tuviera vergüenza por haber tenido un contacto tan íntimo? No se le había pasado por la cabeza que eso fuera para tanto. Pero, ¿y si para el otro sí lo era? Debía respetar eso, si era así. Fuera como fuera, también debían hablarlo. Recordaba lo poco que habían conversado sobre el tema horas antes, pero el búlgaro no había expresado incomodidad. Suspiró. Debía hablarle, definitivamente, antes de caer enfermo o resfriado.

Pero con ese tema, se le había olvidado preguntarle a Cian cómo estaba después de lo ocurrido con Eduard. Lo veía muy feliz, así que tenía un poco de miedo de sacar el asunto. No quería arruinarle el día.

No hubo necesidad de aquello. El irlandés se acercó disimuladamente a él, robándole un poco de su postre.

—Hoy Estonia no vino—le informó, con tono de voz de agente secreto estadounidense.

—No puedo creer que sigas usando ese apodo—el hecho le arrancó una pequeña risa. Miró a su alrededor. Era cierto, con su llegada tarde aterradora, no se había percatado de la ausencia del chico que se sentaba delante suyo—¿No te escribió nada?

—Nada, absolutamente nada—negó con la cabeza—Ni siquiera ha publicado en su blog o el resto de sus redes sociales. Lo que es muy raro, porque siempre las tiene al día. ¿¡Y si le sucedió algo!?

—No sabemos. Podrías preguntarle a alguno de sus amigos.

—¿¡Es broma!? ¡Se darían cuenta de que me gusta!

—Bueno... sabes que... eso ya no tiene mucho sentido, ¿no? —comentó con cautela.

—¡Claro que lo tiene! ¿Lo dices porque Estonia ya lo sabe? —rió sarcásticamente—A veces es peor que los amigos lo sepan a que la misma persona lo sepa. No, prefiero que no sospechen nada. Hoy no me miraron de ninguna forma así que dudo que él les haya contado.

—Pero... no creo que pase nada. ¿Y si hablas con Raivis? Parece tranquilo...

—Ese enano debe ser más peligroso de lo que parece.

—¿Y Toris?

—No quiero tener nada que ver con él. Rechazó a Feliks.

—¿No es agua pasada ya?

—Feliks podrá perdonarlo, pero yo no olvido.

Nikolai suspiró. Sólo le quedaba una opción. Era escalofriante, pero era eso o nada.

—Natalia—soltó, recordando el pulgar alzado de la chica cuando Stefan lo besó, y la mirada de preocupación que le dio a Cian cuando lo vio llorando.

El pelirrojo quedó unos instantes congelado, procesando el nombre.

—¿¡Estás loco!? —exclamó—¡Moriría en el intento! ¡Prefiero morir de incertidumbre, realmente!

—No creo que sea para tanto. Es novia, o algo por el estilo, de uno de tus amigos... y creo que debe tener alguna idea de lo que pasó. Parece inteligente.

—Tienes razón pero... no puedo dejar de verla como una persona intimidante.

—...Tal vez deberías intentar. No pierdes nada, ¿no?

—Eh... ¿mi integridad te parece "nada"?

—No es para tanto.

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—Sí que es para tanto—sollozó Cian, y Nikolai se sobresaltó, porque estaba en un cubículo del baño.

—¿No puedo mear en paz?

—Fue tu idea, acepta las consecuencias. La acabo de ver en el pasillo. Fue... aterrador.

—¿Qué te hizo? —se alarmó el rumano, terminando rápidamente para ver a su amigo. Éste estaba bastante pálido.

—Me miró. Fijo. Con los ojos abiertos y sin pestañear. Pensé que me moría en ese mismo lugar, Nikolai. No quise ni saber qué iba a decir, salí corriendo hacia aquí.

Al rubio le costaba bastante creerse eso. La chica no parecía tan mala, y Cian la pintaba como la mismísima llorona.

—Jamás lo sabré. Pero prefiero vivir en la ignorancia a morir—declaró el irlandés—Y baja la voz, alguien podría escucharnos.

—...El pasillo está vacío—aclaró lo obvio, lavándose las manos.

—Con más razón.

El rumano suspiró.

—¿Quieres que yo le pregunte por ti? —sugirió, preocupado por el pelirrojo.

—¡No! No puedo dejar que mueras por mi triste amor...

—Cian, tienes que empezar a verla como una aliada. Creo que estás peor que Feliks cuando la "odiaba".

—No exageres.

—Al menos él se las arreglaba para dirigirle la palabra.

—... ¿Me estás llamando cobarde? Porque no voy a caer en eso, oh, no; valoro más mi integridad que mi orgullo, te lo he dicho...

—Cian, ¡tu amor está en juego! —lo incitó.

El pelirrojo parecía nervioso.

—Me pones en una encrucijada, Nikolai. ¡Creí que eras mi amigo! —protestó. El rubio comenzó a empujarlo suavemente hacia afuera del baño.

—Es por tu bien. Ve y habla con ella.

—Me niego.

—Entonces supongo que... —Nikolai sabía que estaba a punto de hacer una jugada sucia, pero Cian necesitaba un buen empujón—Después de todo, no estás tan enamorado de Eduard.

Sabía que sus palabras iban a funcionar, pero no sabía hasta qué punto.

Cian abrió sus ojos verdes inmensamente y entreabrió la boca. Luego de esos segundos de sorpresa, lo miró de una forma que hizo que un escalofrío le recorriera a Nikolai por la espalda, pero no era de esos escalofríos buenos que le daba Stefan, sino que tenía hasta un poco de miedo del pequeño irlandés.

—... You fucking didn't—siseó.

—...Cian, era una broma. Sólo quería que fueras a hablar con Natalia... —intentó mantenerse tranquilo, pero era inquietante ver a su amigo así. Podía jurar que le iba a salir un demonio de adentro. Ese no era el Cian que conocía. Definitivamente algo se había apoderado de él.

—Poner en duda mis sentimientos... ¡no es para bromas! Bloody Cunt!

Bien. Si lo insultaba así, definitivamente había metido la pata.

—Cian, lo siento. ¡Perdóname! No pensé demasiado cuando lo dije. Soy un estúpido.

—¡Sí que lo eres! —le dio una patada a un azulejo, pero le dolió y se apretó el pie—¡Es todo tu culpa! ¡Es todo mi culpa por haber sido tan idiota! ¡Debería haberle confesado mis sentimientos cuando pude! —exclamó.

—Baja la voz, Cian, te van a escuchar...

—¡Ya no me importa! ¡Que todo el puto colegio lo escuche!—se asomó por la puerta—I fucking love Edua...!

—Eh—dijo alguien, callando al pelirrojo al instante. La voz no era fuerte, pero sí sonaba increíblemente severa.

Sólo había dos personas así en aquél lugar: Gengis Kan y...

—Natalia—murmuró el irlandés, con el color abandonando su cara.

La chica los observó a ambos.

—No griten.

—Lo siento... hice enojar a Cian—se disculpó Nikolai. Ya no sabía con cuánta gente debía disculparse o se había disculpado ese día: Gengis Kan, Stefan, Cian, Natalia...

La bielorrusa lo observó confundida, como si "Cian" y "enojo" no fueran compatibles. Y así pensaba el rumano hasta hacía unos momentos.

—...Si gritas así—dijo la chica, observando al pelirrojo—Todos se van a enterar de que estás enamorado de Eduard.

El irlandés se puso rojo al instante.

—¿¡Cómo...!? ¿¡Les contó!? —balbuceó, con el pánico inundando su voz.

—No. Pero eras muy obvio. Creo que sólo yo me di cuenta, y Michelle y Gisèle.

—¿¡Ellas dos!?

—Eres muy obvio. Pero creo que los chicos de la clase no ven eso. Yong Soo podría, pero está siempre enfrascado en su consola. Y Raivis y Toris tampoco se dieron cuenta, lo que es raro porque siempre andas persiguiendo nuestro grupo...

Era la primera vez que Nikolai la escuchaba decir tantas palabras seguidas fuera del aula. Cian parecía cada vez más avergonzado. Decidió animarlo.

—¡Eso es bueno! No le contó a nadie.

—Pero hay gente que sabe—el irlandés se apoyó en una pileta, intentando tomar aire.

—Si te sirve de algo... —comenzó Natalia, mordiéndose el labio—No es vergonzoso. De hecho, hablé con ellas y... nos parece algo lindo.

Si Cian moría de vergüenza, Nikolai se moría por la sorpresa de escuchar a Natalia definir algo como "lindo".

—Espero que... —parecía costarle un poco expresarse. Tragó saliva, llevándose un mechón de cabello de forma nada casual a la oreja—Eduard recapacite... y te vaya bien con él.

El pelirrojo la observó con sus ojos abiertos como platos.

—¿Me estás... deseando suerte?

La bielorrusa asintió levemente con la cabeza.

—Pero... pero—Cian no parecía poder concebir la realidad en su cabeza—¿Ni siquiera nos hablamos?

—Eso no tiene nada que ver—decidió interrumpir el rumano—Estoy seguro de que Cian te agradece.

—Eh... sí. Sí—el irlandés pareció recordar lo que en principio le quería preguntar a la chica—Oye, ¿sabes por qué no vino?

Natalia negó con la cabeza, un poco apenada.

—No sé. Supongo que se habrá enfermando. Pero... es raro que no avise nada.

Cian parecía decepcionado ante aquella revelación.

—Creí... que tú sabrías algo—musitó, observando a la bielorrusa como si su última esperanza de vivir se hubiera desvanecido.

—Lo siento—se disculpó, bajando la cabeza—Pero... si me entero de algo...

—...Puedes decírselo a Feliks—intentó animarse Cian.

—... o... tal vez te lo puedo contar a ti.

Un silencio incómodo siguió a eso. Natalia masculló algo inaudible y se retiró apresuradamente de la puerta del baño.

Cian y Nikolai se observaron en silencio unos segundos, hasta que el pelirrojo recordó su enojo.

—¡No puedo creer que tú, de todas las personas, me hicieras eso! ¡Competías por el puesto de mi persona favorita después de Eduard!

—Yo...

—¡Y ahora vas a competir por el puesto de persona favorita después de la persona favorita después de Eduard! ¡Caíste muy bajo, Nikolai!

Se había empezado a relajar, pensando que todo estaba bien, pero había sido una mala idea por parte del rumano. No tenía ni idea de cómo compensaría a Cian por aquél golpe tan bajo.

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Luego de aquél drama, todavía le quedaba conversar con Stefan. Su novio cabeceaba en las últimas clases. Probablemente quisiera volver rápidamente a su casa, y no quedarse hablando con el rumano en la parada del autobús.

Como tampoco quería forzar a Stefan a eso, arrancó una hoja de su libreta, y escribió de la forma más prolija que pudo:

¿Estás bien?

La respuesta no se hizo esperar.

Me estoy durmiendo

Por qué?

Nikolai lo observó por el rabillo del ojo. El búlgaro tenía unas ojeras impresionantes. ¿Estaría él igual que el otro?

Parecías un poco incómodo. Es por lo de ayer?

Al lado del mensaje, dibujó el emoji de la sonrisa pervertida. O eso intentó.

Esta vez, la respuesta tardó un poco más.

Después hablamos. No me quiero acordar de eso ahora. Estamos en clase.

El rumano se cubrió la boca con la mano para evitar reírse. Podía imaginarse al otro luchando por no sonrojarse. Dibujó un corazón y le tiró el papel, dándole fin a la "conversación".

Feliks observó su intercambio de reojo, y cuando el rumano le devolvió la mirada, simplemente negó con la cabeza y miró hacia arriba como diciendo "estos niños de hoy en día".

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—¿No me vas a esperar? —le espetó Stefan, apresurando sus pasos detrás de él.

—Perdón, me distraje con algo—admitió.

Acababa de presenciar un encuentro bastante incómodo entre Jack y Yong Soo. El australiano lucía sumamente devastado. Por su parte, Yong Soo parecía no sólo incómodo, sino también molesto, y juraba haberlo escuchado decir "no puedes... solucionar así". Decidió hacerse el que no había presenciado nada. Por eso caminaba tan rápido.

—¿De qué querías hablar? —inquirió Stefan, alcanzándolo.

—Tú dijiste que habláramos más tarde~.

—Tú empezaste la carta—acusó el búlgaro, tironeándole juguetonamente un mechón de cabello.

—Ay—se quejó, aunque no dolía—Sólo quería saber si te pasaba algo. Y... bueno, pedirte perdón si me tomé las cosas tan a la ligera. Tal vez lo que hicimos fue un asunto más delicado para ti que para mí.

Stefan se sonrojó, desviando la mirada.

—No es tan así, Nikolai. No hay necesidad de disculparse—murmuró—Sólo soy muy vergonzoso.

El rubio sonrió, acariciando el cabello del más alto.

—Eres muy tierno, Stef... pero en este momento te estás superando a ti mismo.

Se veía muy lindo. La realidad lo golpeó en ese momento. ¿En serio estaba saliendo con alguien tan espectacular?

Interrumpió, sin pensarlo demasiado, las débiles protestas del más alto, proclamando que no era tierno.

—Te quiero, Stefan.

Las palabras cesaron, pero los ojos verdes del otro brillaron.

No supo si primero vino el abrazo, o el "yo también te quiero". Fueron los dos juntos. Pensó que lo que más recordaría fue lo bien que se sintió. Y por primera vez, deseó quedarse toda la vida en la escuela.

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Los días pasaban, y los exámenes llegaron. El verano (o mejor dicho, el calor) amenazaba el bienestar de los alumnos en los últimos días de clase.

Jack incluso amenazó con cortar o romperse los pantalones, y el profesor Edelstein puso cara de querer atarlo a una silla y tirarlo por la ventana del segundo piso.

Las chicas podían usar falda, y lo hacían. A Natalia le llevó un par de días más que a las otras, pero cuando apareció con una, Feliks estuvo toda la semana echando corazones por los ojos, y sin molestar a nadie ni histeriquear por nada. Ni siquiera discutía con los profesores. Roderich parecía a punto de llorar de alegría, y Heracles se le acercó en el recreo para preguntarle si se encontraba bien, ya que llevaba diez días sin pasarse por la sala de profesores a causa de estar castigado. Mei, por su parte, le regaló una estrellita dorada.

Eduard también apareció (Nikolai no supo exactamente cuándo, porque cayó enfermo al día siguiente de regresar de su "plan de cumpleaños"). Según Cian, ni siquiera le dirigía la palabra, y Natalia le contó que había ido a visitar a unos parientes, pero que jamás sacó el tema del irlandés; incluso se molestó cuando ella intentó hablar de eso. La chica le prometió al pelirrojo que le sacaría información, y cuando el irlandés se lo transmitió a Nikolai, le aseguró que "esas palabras sonaron a homicidio".

Por otro lado, Nikolai no había tenido mucho tiempo a solas con Stefan. Se la pasaban estudiando cada uno por su lado o en grupo con otras personas, y apenas tenían tiempo para besuquearse en los recreos. Monique los encontró una vez, y parecía a punto de regañarlos, pero pareció recordar el encuentro incómodo en la biblioteca y mantuvo la boca cerrada.

Además de eso, Nikolai estaba buscando un trabajo para el verano. Le pidió ayuda a su padre para hacer su currículum (nada impresionante), pero no había suerte. Sólo tenía dos opciones: ser explotado por una cadena de grandes supermercados o pasear a los perros del barrio. Nunca se llevó bien con los perros, y tampoco le tenía fe a los gerentes de supermercado, pero iba a tener que tomar una decisión pronto.

Le comentó eso a sus amigos, un día en el almuerzo, bastante decepcionado. Paulo fue su salvación.

—Habla con Emma y Dirck.

—¿Están contratando? —interrumpió Feliks, sorprendido—En todo el tiempo que llevo conociéndolos, nunca contrataron.

—No exactamente—contestó el portugués—Pero Dirck me dijo que apostaba a ampliar el horario, ya que iban a incluir algo de comida en el menú. Además, vendrán más clientes, sobretodo turistas.

—Por fin nos cuentas en qué consisten las conversaciones con tu pareja, Paulo—lo molestó el polaco.

—... No es mi pareja—bufó el ibérico, concentrándose en su comida.

Bullshit—comentó Cian, rodando los ojos—Empiezo a pensar que tu nerviosismo cuando hablamos de él se debe a que ocultas algo grande.

—Concuerdo con la bola de pelos irlandesa—dijo Feliks—Sólo que yo estoy casi convencido de que es así. Podrás pensar que nos puedes ocultar cosas, Paulo, pero te olvidas de que yo soy amigo de Emma.

El color pareció irse de la cara bronceada del portugués. Feliks frunció el ceño.

—Veo que tenía razón—suspiró el polaco—¿Hace cuánto follan?

—Feliks, por favor—lo regañó Stefan, tomando un poco el rol del luso—No todo pasa por tener sexo...

—Como hace cuatro meses—confesó el portugués.

El búlgaro lo miró con la boca abierta, y algo enojado por arruinar su frase anterior.

—¿¡Es broma!? ¿¡Por qué no lo dijiste antes!? —se exaltó Cian.

—Bueno, parece que todos en este grupo tenemos nuestros secretos—Feliks rodó los ojos—Podrías habernos dicho al menos que salían. ¿O no es nada serio?

—Más o menos. Es... no es formal, ¿de acuerdo? —Paulo parecía nervioso—Pero tampoco se trata de cualquier cosa.

—...No sabía que te iban tan mayores, Paulo—comentó Nikolai. El aludido se sonrojó bastente.

—Larga historia—murmuró.

Cian seguía flipando, y murmurando "¿cuatro meses? ¡es tanto y a la vez tan poco!".