Capítulo 27

Episodio de "playa" obligatorio

Nikolai creyó que se moriría de miedo al pedirle trabajo a aquellos dos hermanos (sobre todo por el tulipán intimidante).

Pero el hecho de que llevara dos semanas en su nuevo trabajo, y el cansancio que sentía, eran pruebas de que no había muerto en el intento.

—Dos Jameson y una cerveza sin alcohol. Cuanto antes—ordenó Emma, apenas mirándolo. Pasó rápidamente hacia el otro lado del bar para tomar las órdenes de otros clientes.

El rumano suspiró. No se esperaba que la chica fuera una jefa más difícil que Dirck. De hecho, el holandés lo trataba con bastante amabilidad, y a veces hasta lo miraba con lástima cuando su hermana menor le daba demasiado trabajo. Esperaba que se debiera a que era buena gente, y no a que intentaba sumar puntos con Paulo cayéndole bien a un amigo de éste. (Como si necesitara sumar puntos. El portugués iba muy seguido a verlo, ahora se comenzaba a dar cuenta de eso).

Pero no culpaba a Emma por no ser demasiado amable como jefa, venían bastantes clientes y a veces se saturaban. Dirck se estaba encargando más de la cocina y mantener todo limpio, Nikolai atendía la barra, y ella las mesas restantes.

A pesar de todo, estaba feliz de poder mantenerse ocupado. Su error había sido no tomarse un descanso luego de los exámenes. Pero es que estaba demasiado feliz de que ellos lo aceptaran para trabajar en un lugar tan cool. Tenía mucha emoción y ganas. Y además, no le pagan tan mal como para ser su primer trabajo no oficial.

Otra contra, además de la falta de energía (podía dormir, pero apenas alcanzaba), era naturalmente la falta de tiempo. Para ver a sus amigos, pero también para ver a Stefan. Éste último le dijo que no se preocupara, que tenía sus propios proyectos para pasar el rato (los cuáles consistían en quedarse encerrado en su casa intentando escribir algo larguísimo y que todavía no quería mostrarle). Se habían visto sólo una vez en ese período de tiempo, un sábado que Nikolai se quedó trabajando hasta tarde y pasó por casa de Stefan a "dormir". Lo cierto es que tenía en mente hacer un poco más que eso... pero el cansancio le pudo, y cayó dormido en el sofá de su cuarto antes de que las cosas se pusieran medianamente interesantes.

Sin duda debía compensarlo por eso.

Estaba concentrado en qué hacer por su novio, cuando alguien conocido entró al bar. Solo. Y no, no era Paulo, por eso se sorprendió bastante.

—¡Ya llegué! —anunció Feliks, entrando majestuosamente.

Emma pareció alegrarse un poco, pero se disculpó con el polaco. No podía atenderlo.

—No te preocupes, Emm. Vengo a hablar con Nikolai.

La cara de la chica se transformó. Hizo una mueca aterradora.

—No lo distraigas demasiado—exigió la rubia, volviendo a su tarea. Feliks asintió, no dándole demasiada importancia. Tal vez sólo le parecía intimidante a Nikolai. Nadie parecía inmutarse de lo aterradora que parecía ser.

—Tú sí que has estado completamente perdido, pequeño—saludó el polaco, apoyándose sobre la barra donde el rumano servía las bebidas.

—Como verás, estoy bastante ocupado.

—Convenceré a tus jefes de que te den un día libre.

—¿Es broma? Me necesitan.

—Que egoísta. Al menos déjame convencerlos de darte un par de horas libres. Queremos ir a algún lago a bañarnos todos juntos. Puedo decirles que te den la tarde libre y entres a trabajar en la noche.

—Suena bien, pero no creo que eso sea posible. Emma no es tan flexible como parece...

—Te olvidas de que soy yo el que más la conoce. Ni siquiera Paulo, que es su nuevo cuñado, conoce a esa mujer tanto como yo.

Nikolai miró a ambos lados (no había nadie cerca) y bajo la voz.

—¿De dónde la conoces tanto?

Feliks sonrió de costado.

—Es una larga historia. Pero, si vas con nosotros a nuestra pequeña excursión, te la contaré~.

El rumano suspiró. No había forma de ganarle al rubio. Aunque todavía tenía sus dudas sobre si Emma admitiría que se tomara un par de horas. Y no sólo dependía de ella. Dirck podía parecer más amable, pero amaba demasiado el trabajo como para "privar" a alguien de realizarlo.

—Buena suerte—le deseó Nikolai, volviendo a su trabajo bajo la desafiante mirada del polaco. Una parte de él sabía que aquél chico tendría éxito en su misión.

.

Nikolai tuvo ganas de llorar frente a su mochila. No tenía traje de baño para llevar al río.

Y ni siquiera le habían pagado el sueldo del mes. No estaba en situación de andarse comprando demasiada ropa.

Bien, podría no bañarse. El agua no sería tan cálida. No iban a la playa. Podía decir que comió y no hizo la digestión.

¿¡Por qué no podía tener la excusa de menstruar!?

Podía pedirle un traje de baño a Stefan o a cualquiera de los chicos. Se las arreglaría para que le entrara. Aunque se quisiera convencer de lo contrario, no quería perderse la diversión.

"¿Y si me baño en ropa interior?" no habría problema. Serían ellos cinco.

Pero podría haber otra gente. Familias. No era demasiado educado de su parte, aunque dudaba que alguien dijera algo. Era mejor ser precavido.

Unos momentos después, se acordó de que tenía un progenitor masculino. Quiso golpearse por no pensar en ello.

Más tarde, agradeció para sus adentros a la parte suya preocupada por las normas sociales. No estaban ellos cinco solos.

A Feliks se le había ocurrido invitar a toda la clase.

.

Nikolai saludó amigablemente al resto de sus compañeros de clase, subiéndose disimuladamente el traje de baño, ya que le quedaba un poco flojo y sentía una paranoia constante sobre si se le caía o no.

—¿Qué has hecho en tus vacaciones, Gisèle? —le preguntó a la chica. La oriunda de Madagascar respondió educadamente, aunque él pudo notar como su mirada se posaba de vez en cuando en Michelle, que capturaba con mucho entusiasmo Pokémones junto a Cian y Jack.

A Nikolai le cansaba un poco ver tanta tensión sexual entre ellas (bueno, más que nada por parte de Gisèle) así que decidió "meter la pata deliberadamente".

—A Michelle le queda muy bien ese bikini, ¿no crees? —soltó, interrumpiendo a la morena. Ésta lo observó sorprendida unos segundos, pero inmediatamente sus mejillas de tiñeron de rojo.

—P-pero—tartamudeó, nerviosa—¿Que no eres... no sales con Stefan? —Ups. Nikolai se había olvidado de que varias personas ya los habían visto juntos.

—Eh... sí... pero, también miro hacia el otro lado, ¿sabes?

—Oh Dios mío—se sorprendió Gisèle—¿No estás pensando en engañarlo, no?

—Para nada—se ofendió, aunque entendía que había sido bastante "dual"—Es que la mirabas tanto que me llamó la atención a mí—bostezó, como no dándole importancia al tema.

Pero su compañera parecía increíblemente alarmada.

—¿Se nota mucho?

—Más o menos. A veces más que menos.

—Oh Dios mío—repitió la chica—Te juro que no es nada raro. Yo sólo me preocupo por ella como amig-... —fue interrumpida nuevamente.

—¡Gisè! —exclamó la seychellense—¡Encontré a Psyduck! ¡Ayúdame a ponerle un nombre!

Mientras la observaba correr hacia su "amiga", Nikolai se convenció todavía más de que Gisèle tenía sentimientos románticos por la otra chica. Lo de preocuparse por ella era una tapadera.

Pero, ¿no había hecho él algo similar con Stefan? No tenía derecho a juzgar.

Escuchó cómo alguien se acercaba a él, y se dio vuelta para encontrarse con Feliks. A pesar de tener el ceño fruncido, lucía divertido.

—Todos en esta clase son tan gays.

—Excepto tú.

—Excepto yo, e incluso así soy un poco gay—Feliks suspiró—¿Dónde está tu novio de culo plano? No es normal que llegue tarde a no ser que tú estés entreteniéndolo.

—Me dijo que el autobús iba atrasado—suspiró, aunque le dirigió al otro rubio una mirada ofendida—Y para tu información, el culo de Stefan es mejor que el tuyo, Felks.

El rostro del polaco era un poema. Parecía demasiado sorprendido de que el rumano le dijera eso como para contestar. Pero reaccionó luego de unos segundos, durante los cuales el otro comenzó a arrepentirse de lo que había dicho. Apenas abrió la boca para responderle con el doble de fuerza, algo captó su mirada, dejando a Feliks (por una vez) sin palabras.

Nikolai observó quién había llegado, y comprendió todo... luego de un par de instantes de reflexión.

Al principio creyó que se trataba de Eduard, fuera de la escuela. Tal vez Feliks pensaba hablarle sobre lo de Cian sin que tuviera excusas para escapar.

Luego se dio cuenta de que el polaco estaba mirando a Natalia, que había llegado junto a sus amigos, y llevaba puesto un vestido ligero de verano.

My soul has been cleansed—murmuró Feliks, a punto de babear.

El rumano no se acostumbraba a su amigo decir esas palabras. Era todavía muy extraño. Y no porque lo dijera en inglés precisamente. Además, esa frase se usaba para cosas puras, y dudaba que Feliks tuviera en ese momento pensamientos que pudieran definirse como tales.

Detrás del grupo de chicos, pudo ver la silueta de Stefan no muy lejos de allí. Sólo que Stefan no llevaba vestido, sino que simplemente vestía unos shorts y una camiseta sin mangas.

Se sintió un poco nervioso. El búlgaro se veía mucho más lindo de lo que recordaba. Ahora que lo veía mucho menos, ¿tal vez su memoria no le había hecho justicia? Era el mismo Stefan de siempre, y se alegraba de que le generara la misma emoción de siempre al verlo; ¿pero por qué lucía ligeramente distinto?

No pudo seguir meditando sobre eso porque Feliks dio un gritito y se acercó saltando a los recién llegados.

—¡Natalia! —exclamó con mucha emoción, y luego carraspeó—¡Toris, Raivis! —todavía sonaba alegre al decir esto, pero cortó su buen ánimo al finalizar el saludo—Bombón.

Eduard frunció el ceño, mientras que Raivis ingenuamente comentaba "hoy sí que estás de buen humor, Feliks" y Toris reía disimuladamente.

Pero el rumano no prestó más atención a ellos. Tenía a su novio enfrente, levemente sonrojado, y con una sonrisa adornando su rostro usualmente serio.

—Hola—dijo el búlgaro, jugueteando con el cierre de su mochila—Hace mucho que no nos vemos. ¿Cómo estás?

Mucho mejor ahora que él estaba ahí. A punto de morirse de ternura. Con ganas de tirarse encima suyo. Cualquiera de esas opciones era válida, pero no confesó ninguna de ellas.

—Muy bien—contestó, sonriendo también—Te extrañé un poco.

—...Yo también. No fue mucho tiempo, pero se me hace raro no verte todos los días.

—Lo sé—soltó una risita nerviosa—¿Tú cómo estás?

—Estoy...

—Ya dejen esta charla incómoda, y bésense de una puta vez—los interrumpió la voz de Cian—This is so awkward, oh my god, these fucking dorks, I swear... —les lanzó una mirada de reproche a ambos—Se hablan como si nunca se hubieran comido la boca.

—Cian, no te metas en relaciones ajenas—rezongó Paulo, un poco molesto.

Ah, todo el squad estaba junto. Excepto Feliks, que estaba persiguiendo a Michelle y Gisèle "para que convenciera a Natalia de meterse al agua". La respuesta, más o menos amable según a cuál de las dos le insistiera, era negativa, y un "ella va a quedarse en bikini sólo si quiere, no te pongas insoportable, por favor".

—Dales un momento—continuó el portugués, cruzando un brazo por delante del cuello del irlandés para llevárselo, mientras éste pataleaba y chillaba "actual 5 years old".

Stefan y Nikolai se miraron el uno al otro. La atmósfera se había vuelto un poco incómoda. Pero inmediatamente se echaron a reír.

—Ese maldito gnomo entrometido—maldijo Stefan entre risas, aunque no parecía molesto.

Nikolai respiró bocanadas de aire. Hacía mucho calor para reírse así.

Se le ocurrió una idea.

—Stef, vayamos a bañarnos.

—¿Eh?

—Que nos metamos al agua—aclaró, pero el otro lo observaba sin responder—Mojarse el cuerpo. Zambullir el esqueleto. Inundar el...

—Entendí el punto. No sigas, por favor—pidió el búlgaro, tapándose la cara.

¡Era tan divertido avergonzarlo!

—¡Entonces vayamos! —insistió el rubio.

—Pero, nadie más se ha metido...

—Como si me importara—Nikolai suspiró—Si alguien más se tira, ¿vienes conmigo?

—Claro—Stefan se encogió de hombros al decir eso. Pero inmediatamente dejó salir un ruidito de sorpresa al ver que el rumano se quitaba rápidamente la camiseta—¿Qué...?

—¡Hay un Squirtle en la otra orilla! —gritó, para que todos los fanáticos de Pokémon Go lo oyeran. Era mentira, obviamente.

Escuchó a Cian gritar, pero el primero en reaccionar fue Jack: metió su celular en una bolsa ziploc (un hombre de muchos recursos, sin duda), la cerró y la sujetó con los dientes. Casi atropelló al propio Nikolai al tirarse al agua.

—¡Pero qué bestia! —exclamó Feliks, sorprendido, que había sido salpicado por estar peligrosamente cerca del agua—Raivis, ¿me alcanzas una toalla?

Pero el letón no tuvo tiempo de acercarle nada. Cian, también enloquecido por la fiebre de Pokémon, se lanzó también al agua. Sólo que no salpicó a Feliks.

Lo empujó al agua con él.

El grito del polaco resonó en el lugar. Su amigo no se disculpó, sino que intentó nadar detrás del australiano: aunque no tendría suerte, ya que el río era bastante angosto, y Jack era muy buen nadador para que alguien pudiera igualar su ritmo.

—¡Más suerte la próxima, mate! —exclamó el australiano, sonriendo mientras quitaba su celular de la bolsa.

Cian lloriqueó a mitad de camino. Pero tuvo que comenzar a nadar al instante, ya que Feliks se acercaba peligrosamente a él. Todos podían sentir sus vibras asesinas.

—Nikolai, ¿qué has hecho? —farfulló Stefan, sorprendido del caos que se había generado en tan poco tiempo.

El aludido se sentía un poco avergonzado, era cierto. No sabía que sería para tanto. Pero realmente quería disfrutar de aquél momento con su novio. Y ya que estaban ahí, ¿qué mejor que aprovechar la oportunidad para nadar y jugar un rato en el agua?

—No puedo creer—continuó el búlgaro, rendido—A lo que llegas para convencerme—suspiró, quitándose la camiseta.

—No me arrepiento de nada—soltó Nikolai, en cuánto vio los músculos de su novio.

Un momento. Stefan no debía tener tanto músculo. Se la pasaba encerrado en su casa leyendo y escribiendo. Se lo quedó mirando fijamente, entre sorprendido y deleitado.

El otro se percató de esto, y se sonrojó un poco.

—¿Qué miras tanto? —preguntó Stefan, cubriéndose el pecho con la camiseta, a modo de reflejo.

—¿Desde cuándo estás en tan buena forma? —insistió, deslizando su mano por el costado del torso ajeno. Sintió cómo el más alto se estremecía.

—Desde... hace unos meses. Mi madre me obligó a ir al gimnasio—explicó—Bueno, me dio a elegir entre hacer yoga y pilates con ella, o ir al gimnasio yo solo. Elegí lo segundo por supuesto—frunció el ceño al recordar eso—Como si no caminara ya varios kilómetros al día.

—Oh. Lo siento, no... no recordaba.

—No tenías que recordarlo porque no te lo conté. No me parecía relevante.

—Bueno... los resultados sí lo son.

Stefan lo miró, sorprendido.

—Pervertido—soltó, y recordando que el otro tenía una mano en su cintura, lo apartó. Nikolai hizo una mueca.

—Perdón. No me pude resistir. Estoy sorprendido... es una sorpresa de las buenas.

Eso era lo extraño que veía en él. Aunque no al principio no lo pareciera, entre los exámenes y las vacaciones había pasado bastante tiempo. Probablemente hubiera empezado mucho antes, esas cosas necesitan tiempo. Supuso que en ese tiempo se habían comenzado a ver físicamente los resultados. Y no era que Stefan tuviera demasiado músculo ahora, pero ya no era tan escuálido como antes. Era leve, pero lo notaba.

—No te ilusiones. Así estoy bien. Intentaré mantenerlo, pero no esperes más que esto—murmuró Stefan, sonrojado.

—Es tu cuerpo, haz lo que te parezca mejor. Pero me alegra que te cuides. Yo debería darle más importancia al ejercicio también.

—A diferencia de mí, creo que tienes menos tiempo para dedicarte a eso—el búlgaro lo observó de arriba a abajo, y desvió la mirada—Igual estás hermoso así.

Nikolai sintió que su cara ardía y que el ritmo cardíaco se le aceleraba bastante. Se iba a morir de un golpe de calor.

—Además, tus brazos si parecen bien trabajados. Me gustan.

No estaban para nada trabajados. El golpe de calor no hizo más que aumentar. Sólo ayudaba a su padre con el trabajo más pesado en la casa. Y algunos días especialmente difíciles en el bar, terminaban doliéndole un poco. Sobre todo por lo de subir y bajar vasos y botellas constantemente de las estanterías altas.

Aprovechando que los papeles se habían invertido, Stefan pareció recuperar su estado habitual. Sonrió maliciosamente, y luego dijo:

—Por eso me quedo viéndote cada vez que estás cocinando o escribiendo—confesó.

Nikolai se daba cuenta, ya que se sentía observado. No era que le molestara. Pero una cosa era saberlo y otra que Stefan lo admitiera.

—Aunque no es lo único que me gusta mirar—prosiguió el búlgaro, y su sonrisa pícara se ensanchó—También tienes un buen...

—Ya sé lo que vas a decir—lo cortó—Ya está muy gastado lo de hablar de mi culo—Stefan rió—¡Al menos es mejor que tu planicie!

El otro paró en seco, y lo observó con el ceño fruncido.

—Me siento atacado.

—Me pusiste nervioso—suspiró, intentando que se le fueran los colores del rostro—Para que sepas, hace un rato defendí tu culo plano de las críticas de Feliks.

—¿Gracias?

—De nada—suspiró, y le dio un golpecito a Stefan—Vayamos a bañarnos—propuso.

—Cierto. Después de todo, hiciste todo un drama por eso.

Nikolai sonrió, y se puso en puntas de pie para darle un pequeño beso en la frente.

—El último en llegar pierde~—exclamó, y salió corriendo hacia el agua.

Se zambulló sin pensarlo dos veces. El frío le chocó un poco al principio, pero el cuerpo lo agradeció rápidamente. El sol estaba bastante fuerte. Y tampoco era muy hondo, el agua sólo le pasaba un poco el cuello. Los chicos habían elegido un muy buen lugar.

Stefan se tardó un poco más, ya que se metió lentamente. Nikolai se acercó a él, y le sacó la lengua infantilmente.

—Te gané—se mofó.

—No lo creo—se burló el mayor—Quedándome atrás tengo una vista mucho mejor de tu...

—¡Empiezo a pensar que me quieres sólo porque tengo buen culo! —el rumano hizo un puchero.

—...Espalda, iba a decir espalda—mintió Stefan, y se acercó a él, agarrándolo por la cintura.

Nikolai, por inercia, volvió a subirse el traje de baño. Sería bastante inoportuno si en ese momento se le bajaba demasiado. No podía olvidar de que no estaban solos. Por lo pronto, los que estaban más cerca de ellos eran Feliks y Cian, que resolvían sus diferencias en una guerra de agua.

No siguió viendo porque su novio lo besó. Era interesante sentir los labios ya húmedos y levemente fríos de Stefan contra los suyos, en igual estado. Sintió las manos del otro en sus caderas, y cómo fácilmente podía meter los pulgares entre el elástico del short y su ropa interior.

El búlgaro soltó una risita.

—Sería una lástima si esto se te baja y todo el mundo puede verte...

—Ni se te ocurra—siseó—Además, tengo bóxers abajo.

—No sabía que te metías con traje de baño y ropa interior.

—Dadas las circunstancias... sí. No sería gracioso que por un accidente quedara con el trasero al aire...

—Para nada—Stefan hizo una mueca—Aunque si estuviéramos solos...

Nikolai rodó los ojos.

—Se nota que hace mucho que no nos vemos—comentó, acariciando los abdominales levemente marcados del otro. El búlgaro le dio la razón con otro beso.

—Oh, Dios, hice esto para pasar un buen rato todos juntos y estos dos pensando en follar—se lamentó Feliks, lo suficientemente alto para que los dos lo escucharan.

Cian lo fulminó con la mirada.

—Hiciste todo esto para ver a cierta persona en bikini—lo corrigió el irlandés, dirigiéndole una mirada enfadada—Y no los interrumpas, ¡ya tardaban demasiado en besarse y tú los cortas!

Feliks rodó los ojos.

—Tienen todo el tiempo del mundo para intercambiar saliva. Mientras tanto, que nos ayuden a arreglar este asunto.

—No tenemos nada que ver—se quejó Stefan, molesto. Se aferró más al rumano, como queriendo transmitir el mensaje de que no pensaba dejar de hacer lo que estaba haciendo.

—¿Qué es eso? ¿Lo escuchas, Cian? —comenzó Feliks, dirigiéndole una mirada impertinente al irlandés. Éste último parecía a punto de preguntar a qué rayos se refería, pero luego captó.

—Déjame ver. Sí, lo escucho. Más claro, el agua.

—¿Qué crees que está diciendo? ¿Es lo que creo que es?

—¡Sí! Está diciendo eso. ¿Qué dice?

Ambos chicos le dirigieron una mirada traviesa al búlgaro, y luego gritaron al unísono.

—¡Stefan es un aburridoooooooooo!

—¿Por qué todo el mundo parece tener cinco años hoy? —masculló el búlgaro, con un tic en la ceja.

—Eh. Si los ayudamos, después no podrán decirnos nada—le dijo Nikolai—Además, vinimos aquí a estar con todos.

—Lo sé, pero... —suspiró—Te extrañé.

El rumano tomó una de sus manos y la entrelazó con la suya, apretando levemente.

—Yo también. Y te prometo que te lo compensaré. Vamos a darles el gusto—intentó hacerlo razonar.

Stefan suspiró, pero no se negó.

Feliks y Cian chocaron los cinco, contentos por su pequeña victoria.

—Y bien, ¿cómo resolvemos esto? —preguntó el irlandés.

—Es fácil. Nos subimos a los hombros de alguien y tratamos de empujar al otro al agua.

—Suena interesante. ¡Me pido ser con Nikolai!

El polaco chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

—Sería injusto. Los dos son muy bajitos. Los aplastaríamos fácilmente con Stefan.

Fight me—lo desafió el irlandés, ofendido no por su altura, sino por ser subestimado.

—Sólo trato de hacer las cosas más justas para todas. Así podré tener mi venganza por arruinar mi peinado.

Cian intentó subirse a los hombros de Stefan, pero éste se quejaba porque le clavaba las rodillas. Por suerte, Nikolai no tuvo problemas con Feliks, aunque reconocía que era un poco pesado como para estar mucho tiempo así. Y no podría acomodarse el traje de baño si lo necesitaba. Más le valía al polaco acabar todo rápido.

Le sostuvo bien las piernas, y se dio cuenta de algo: Feliks no tenía ni un pelo.

—Feliks, ¿te depilas o no eres humano?

El otro rubio rió.

—Me depilo, a veces. Créeme que desde que comencé a hacerlo, siento mucha más empatía hacia las mujeres.

Jugaron varias rondas. Cian siempre ganaba, y Feliks estaba molesto.

—¡Este maldito enano! —se quejó el polaco—Nikolai, una vez más.

El rumano suspiró. No aguantaba mucho más.

—La última.

—Claro... —Feliks paró en seco. Se dio cuenta de que Natalia lo estaba mirando desde la orilla del río.

Levantó una mano. La chica imitó el gesto, tímidamente.

—Más vale que ganemos esto—ordenó, y al rumano le dio un poco de miedo su tono de voz.

Increíblemente, lo hicieron. Feliks parecía mucho más motivado, y aguantó bastante más. Parecía tan feliz, casi como si no hubiera perdido numerosas veces anteriormente.

Los hombros y la espalda de Nikolai festejaron en cuanto el polaco se bajó de encima suyo. Se masajeó levemente.

—Estoy tan feliz de que esto haya terminado—suspiró.

—Fue tu idea participar—le reprochó Stefan, acercándose nuevamente a él.

—Me estoy arrepintiendo bastante. Voy a salir un rato.

El búlgaro asintió, y quiso seguirlo, pero cierto irlandés se le colgó del cuello para festejar.

—¡Cian! —lo escuchó chillar, enfadado.

Nikolai ni se inmutó. De hecho, estaba agradecido de que su amigo se encontrara de tan buen humor. Los últimos días de clase, desde lo de Eduard, se le notaba deprimido de a momentos. Pero al parecer había logrado volver a su ánimo de siempre. No sabía que había pasado, pero fuera lo que fuera, estaba sumamente agradecido de que Cian se sintiera bien otra vez.

De hecho, un día que el otro parecía a punto de llorar, Natalia estaba cerca de él y dijo "Si él no está contento, entonces algo está mal en el mundo". Nikolai no sabía si esa frase fue dicha para ser escuchada, pero no pudo estar más de acuerdo con ella.

Afortunadamente, parecía que el mundo volvía a estar bien poco a poco.

.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Paulo, preocupado, en cuánto lo vio soltar un leve quejido de dolor al acostarse encima de un toalla.

—No. Feliks acabó con mi espalda.

—Se te pasará. Pídele a Stefan que te haga masajes.

—¿Hace buenos masajes? —sentía curiosidad.

—La verdad no sé. Pero nunca es tarde para aprender—el portugués se acomodó las gafas de sol—Pero ponte protector solar si te vas a tirarte al sol como un lagarto.

—Sí, mamá—contestó, rodando los ojos. Aunque le hizo caso. No quería más dolor.

—No sé por qué se empecinan en llamarme así—suspiró—¿Cómo te está tratando Dirck?

—Sorprendentemente bien. Aunque trabajo más con su hermana que con él.

—Le caes bien—sonrió, aunque no parecía celoso. Afortunadamente.

—Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Emma. Es muy exigente.

—Creo que está un poco estresada porque se juntó el trabajo pesado de verano con su época de exámenes. Al menos conseguiste un trabajo, Nikolai. Y no está mal el lugar.

—En eso tienes razón—admitió el rumano—¿Y cómo van las cosas con Dirck?

Paulo se sonrojó.

—Vamos bien. Pero no estoy acostumbrado a hablar de ello.

—Lo suyo es bastante formal, ¿no?

—¿Formal? —repitió el portugués. Estaba todavía más rojo—No sé si lo definiría así...

—¿Por qué no? A mí me da esa impresión...

—¿Y tú con Stefan? —lo cortó, cambiando de tema.

—Genial—sonrió Nikolai—Pero eres pésimo cambiando de tema.

—Es un alivio ver a Stefan tan feliz—continuó Paulo, ignorando lo último que le había dicho el rubio—Hubo un momento en que creí que tenía depresión o algo así. Pero después de conocerlo me di cuenta de que sólo es un poco serio.

—Mmm... cierto. Al principio también era así conmigo—dijo el rumano, dándose media vuelta para broncearse la espalda.

—Aunque lograste que se abriera en mucho menos tiempo que nosotros.

—Eso es cierto—interrumpió la voz de Feliks, quién se acercaba a ellos para buscar una toalla—Sin embargo, todavía no logró que se abriera de piernas...

—¡Feliks! —lo regañó Paulo. Nikolai no podía decir nada: técnicamente era cierto—Además, ¿cómo estás tan seguro de que eso es así?

—Llámalo sexto sentido—se sacudió el cabello, mojando a los otros dos en el proceso—Voy a meter lío.

—Oh, no, por favor—rogó el portugués.

—Tranquilo, es por una buena causa. Quiero hablar con Eduard.

—Feliks, no creo que debas meterte—advirtió el mayor.

—Lo hago por Cian. El maldito no se ha dignado a volver a hablarle a nuestro enano.

—Cian ya lo superó—contraatacó Paulo, aunque no sonaba muy seguro de sus palabras.

—¿En serio? Es cierto que está mejor que antes, pero... no creo que ese sea el caso. Nikolai, ¿estás conmigo?

—Creo que es cierto que Cian está mejor, aunque no al cien por ciento—admitió el rumano—Pero estoy de acuerdo con Paulo en que no deberíamos meternos.

—Y yo estaba pensando en que, si vamos a hablar con Eduard, tú deberías venir conmigo.

—¿Eh? —Nikolai estaba atónito.

—Niko, eres el primero de nosotros al que Cian le contó de su enamoramiento. Digo, todos sospechábamos, aunque yo suponía que se trataba de Nat, lo admito. Hace mucho tiempo está así, y tú sabes más que nadie lo importante que era para él. Así que acompáñame.

El rumano no sabía qué hacer. Quería ayudar a su amigo, pero la idea le rechinaba bastante. Nunca era bueno meterse en esos conflictos.

—¡Piensa que Cian jamás le dirá nada a Eduard! ¡Y Bombón no merece salir impune de esa ley de hielo que impuso! Mínimo que lo enfrente y le diga que no lo ama. Pero no puede dejarlo en esa incertidumbre para siempre—insistió Feliks—A ti no te habría gustado nada si Stefan te hubiera hecho eso, ¿o sí?

Eso fue un golpe bajo, aunque el polaco seguro que lo sabía. Se le hacía un nudo en el corazón cuando recordaba el miedo que tenía de que Stefan no emitiera respuesta alguna después de confesarle sus sentimientos. Y sería horrible estar en el lugar de Cian.

—Eso no se hace, Feliks—lo regañó seriamente Paulo.

—Es por Cian—insistió el polaco—Y no te hagas, Paulo. Estás tentado de ir a encarar a Eduard desde que esto sucedió. Todos lo estamos. Pero ninguno lo hace porque es "incorrecto". ¡Pero Cian no puede vivir en una incertidumbre así por el resto de su vida!

—¿Crees que eso es lo que él querría? —dudó Nikolai. Estaba tentado en acompañar a Feliks en su odisea.

—Sin duda. Paulo, tú y yo lo conocemos desde hace más tiempo. No me digas que no tengo razón.

—Tienes razón—admitió el portugués—Pero sigo sin aprobar tus métodos.

—Nikolai irá conmigo, así que quédate tranquilo: él me dirá si algo se me va de las manos.

El portugués suspiró.

—Desde un principio sabía que no podría ganarte—accedió, rendido. Feliks esbozó una sonrisa de oreja a oreja—Nikolai, contrólalo para que no se pase de la raya.

—Haré lo mejor—prometió, poniéndose de pie y acomodándose el traje de baño—Intenta que Cian no se entere, por favor.

—Dalo por hecho—prometió el luso, y se paró también para ir a la orilla, dónde Cian y Stefan se encontraban.

.

Eduard se dio cuenta de su presencia no porque los hubiera visto o oído venir, sino porque Feliks se paró cerca suyo de forma que le tapaba el sol.

—¿Disculpen? —inquirió el estonio, molesto por la interrupción.

—Queridos—comenzó el polaco, dirigiéndose a Toris y Raivis, que acompañaban a su "objetivo"—¿Podemos llevarnos a Eduard un momento? Querríamos hablar con él.

—Claro, pero no tienes que pedirnos permiso a nosotros... —contestó el letón.

—No voy a ningún lado—interrumpió Eduard, estoico.

—Bien. Entonces, les pido nuevamente, ¿pueden dejarnos solos un momento? —insistió el polaco. Los otros dos bálticos se miraron, preocupados por los planes que podría tener el rubio en la cabeza, pero asintieron y los dejaron a solas.

Eduard se incorporó para quedar sentado, y fulminó a Feliks con la mirada.

—¿Qué quieres? —gruñó.

Feliks chasqueó la lengua.

—Ya empezamos mal. Vamos, Eduard, eres bastante inteligente. Sabes perfectamente para qué vinimos.

El estonio los observó, cauteloso, pero negó con la cabeza.

Nikolai pudo detectar el instante preciso en el que su amigo perdió los estribos. Desgraciadamente, no lo pudo parar. Sucedió mucho antes de lo que esperaba. Se disculpó mentalmente con Paulo.

Feliks soltó un gruñido más amenazador todavía, y se inclinó para quedar cara a cara con el estonio. Bastante cerca. Probablemente lo suficiente para invadir el espacio personal del otro, pero sin parecer que lo intentaba seducir. Además, la mirada que le dirigía era más bien amenazante.

—No estoy para vueltas, Bombón—siseó el polaco, enojado—Cuatro letras, pelirrojo y molesto, pero adorable: Cian. Desembucha.

Eduard hizo una mueca.

—¿Qué tengo que ver con él? —soltó, alzando una ceja.

Nikolai sostuvo a Feliks antes de que se tirara encima del estonio. No parecía que lo iría a hacer, pero no podía descartar esa posibilidad. Eduard lo estaba provocando bastante.

—¡No es el momento de hacerse el imbécil, Eduard! —exclamó, molesto—¡¿Por qué mierda no le has dicho nada a Cian!?

—No es de tu incumbencia—respondió—No deberías meterte.

—No es que nos guste meter las narices en lo que no nos incumbe—comenzó Nikolai, y Eduard musitó "creo que sí les gusta bastante", pero lo ignoró—Pero teníamos que hacerlo. ¿Sabes lo horrible que es que la persona que te gusta no responda ni con un "no" a tus sentimientos?

—Es una porquería—aportó Feliks.

—Hacer como que nunca pasó nada es peor que una negativa, y es lo que estás haciendo, Eduard.

—Digno de un tremendo...

—Feliks—lo cortó. El aludido resopló.

—Entiendo tu punto—interrumpió el de lentes—Pero no es para tanto.

Feliks hizo un sonido de indignación, y Nikolai casi lo insulta.

—¿¡No es para tanto!? —exclamaron ambos, y luego se observaron entre sí, como midiendo que tan malas serían las consecuencias de golpear al estonio.

—No tienen idea de cómo fue...

—La única idea que tengo es que mi amigo está enamorado de ti y lo trataste como si fuera una roca igual que tú. Breaking News, Eduard: la gente tiene sentimientos—interrumpió el polaco, cínico.

—No está enamorado. Es algo pasajero. Se le irá.

—¿¡Pasajero!? —esta vez saltó Nikolai—Si fuera pasajero, no habríamos venido a hablar contigo. Está jodidamente enamorado de ti. No sé qué mierda te está impidiendo verlo...

—Es ilógico. Cian y yo apenas hablamos. No puede estar enamorado de mí.

—Ojalá fuera así. Me hubiera gustado que hablara antes contigo para darse cuenta del asco de persona que eres... —siseó Feliks. Nikolai tuvo que volver a callarlo.

—Tampoco entendemos su lógica, pero sí entendemos que lo lastimaste muchísimo—añadió el rumano, frunciendo el ceño—Así que si tienes un mínimo de empatía por otro ser humano, al menos discúlpate por no haberle respondido antes. No te queremos obligar a que salgas con él. Sólo queremos que le muestres un poco de amabilidad básica.

—A estas alturas, Cian ni merece salir con una persona así... —siguió el polaco, sin acabar su repertorio de frases venenosas. Nikolai no era partidario de que hiciera sentir como un ser humano espantoso al otro, pero entendía a Feliks.

Eduard apretó los dientes.

—Cállate, Feliks. Si eso es lo que necesitan para dejarme en paz, lo haré, me disculparé con él—aceptó el báltico—Pero no voy a aceptar el hecho de que él esté enamorado de mí. No tiene ningún sentido. ¿Me entiendes? ¡Es sólo un capricho! Pero si quieren concederle ese capricho a su amigo, ¡entonces lo haré, pero no vuelvan a joderme!

Feliks ya iba a protestar por el uso de la palabra "capricho". El rumano agradeció que ahí terminara la discusión, porque él también iba a perder los estribos.

—Hecho—dio por finalizada la discusión. Eduard asintió.

Se llevó al polaco a rastras, mientras éste gritaba amenazante cosas como "Y si no lo haces, nos vamos a enterar, hijo de puta", "Estaré encantado de hacerte la vida imposible" y "Más te vale esforzarte porque tu persona va a depender de ello".

.

Ambos chicos volvieron a meterse al agua. Necesitaban enfriarse un poco la cabeza.

—Es un maldito hijo de puta—continuaba Feliks—¿Quién se cree para cuestionar los sentimientos del enano, si él ni siquiera sabe lo que son los sentimientos?

—Honestamente, pensé que él era una persona más razonable—opinó Nikolai—¿Crees que se disculpe como se debe?

—No tengo muchas esperanzas. De hecho, confío en que lo haga tan mal, que me dé una excusa para golpearlo—esbozó una sonrisa aterradora—Pero eso no es bueno, ya que significaría que Cian estaría más triste.

—Claro. Aunque no tengo esperanzas en que realmente se disculpe, ya sabes, de corazón.

—¿Tendrá siquiera corazón? —farfulló, pero intento poner una expresión más alegre en cuánto vio que el resto de sus amigos se acercaban. El irlandés incluido.

—¿Están bien ustedes? —preguntó Cian, curioso—No tienen buena cara.

—Demasiado calor—inventó Feliks, casual—¿No te cansas de estar en el agua, sirenita?

—Lo cierto es que sí, pero Stefan y Paulo están más animados que de costumbre, ¡tenía que aprovechar! —rió—Ah, ¿será el amor~?

Cian lo dijo sin intenciones, pero su propio comentario seguramente le hizo recordar a cierta persona, y sus ojos se oscurecieron un poco. Los demás se miraron, preocupados.

—Claro que no—se apresuró a decir Stefan—Mira a Feliks. Tiene a Natalia pero sigue siendo el mismo histérico de siempre.

El polaco quiso protestar, pero decidió aguantarse. Era por una buena causa. Ya se vengaría.

.

Nikolai se distanció un poco de los demás, buscando algunos árboles un poco alejados para orinar. Agradeció que nadie parecía haberse ido para ahí a besuquearse, y todos estaban cerca del río.

Estaba bajándose la ropa, cuando sintió pisadas detrás de él. Toda necesidad se le fue del susto. Con el trasero semi descubierto, se giró para ver quién era.

Cian caminaba distraído por ahí. Pareció asustarse también al ver a Nikolai ahí.

—¡Niko! —exclamó—¿Qué estás haciendo aquí?

—Estaba... a punto de orinar—admitió, aunque las ganas no volvieron—¿Qué estás haciendo tú?

—Yo... estaba... eh... caminando—contestó el otro, nervioso. Se pasó una mano por el pelo, incómodo.

Nikolai se mantuvo observándolo, mientras se subía su traje de baño y el irlandés suspiró.

—Bien. Quería estar un poco solo. No me malinterpretes, estoy feliz de que estemos todos juntos, pero...

—¿Eduard? —preguntó. ¿Tal vez ya se había "disculpado"?

Cian asintió.

—Sigue sin hablarme—siguió, confirmando los temores de Nikolai—Y en la escuela es más fácil ignorarlo, porque hay más cosas para hacer. ¡Pero no aquí! ¡Es el infierno, Nikolai!

—Lo sé—suspiró, preocupado. Se veía realmente triste. Cerró la distancia entre ellos de una zancada, y lo abrazó impulsivamente.

Cian no correspondió, pero tampoco se alejó. Se había quedado como una estatua. Nikolai se apartó rápidamente, por si había asustado al otro, pero el pelirrojo simplemente estaba rojo.

—¿Cian? Lo siento. No quería molestarte.

El aludido negó rápidamente con la cabeza.

—No es eso. N-no me molestaste—tartamudeó nervioso. Miró a Nikolai de arriba a abajo, y se sonrojó todavía más. El rumano también se miró a sí mismo, y no notó nada raro. Bien, se le había bajado un poco el traje de baño otra vez, pero no se le veía nada más que la ropa interior. Por las dudas que eso fuera lo que incomodó al otro, se volvió a levantar la ropa.

—Lo siento—volvió a disculparse.

—No tienes que disculparte. Yo... no estoy acostumbrado a que me abrace gente guapa—confesó, intentando no mirar a Nikolai.

No supo como tomarse esa confesión. Pero la verdad es que se sentía halagado.

—Gracias—sonrió—Pero, si no me falla la memoria, esta no es la primera vez que nos abrazamos.

—Lo sé. Pero antes... no sabía—Cian tragó saliva—Antes no miraba a otros chicos.

—¿A qué te refieres?

—Que sólo miraba a Eduard. Pero últimamente empecé a hacerlo... eso otro.

A Nikolai le alegró mucho la noticia. Tal vez eso significaba que el enamoramiento se le estaba yendo. Tal vez podría conseguirse a alguien más abierto a sus sentimientos.

—¡Eso es genial, Cian! Aunque lamento informarte que ya tengo novio.

—Ya sé, no es gracioso—Cian hizo un puchero, recuperando su forma de ser habitual. Pero la melancolía volvió a su semblante—Mis hermanos mayores vinieron de visita hace poco. Ellos fueron los que me dijeron que mirara a otra gente—contó—También dijeron cosas espantosas de Eduard, pero no pienso repetirlas.

Nikolai no dudó en que Feliks estaría de acuerdo con el cien por ciento de aquellas cosas espantosas. Pero se sentía agradecido con los hermanos Kirkland que no conocía. De hecho, se sintió estúpido por no haber sugerido eso antes. Aunque Cian parecía tan convencido de sus sentimientos, que dudaba que fácilmente mirara a otros hombres.

—Pero no funciona—prosiguió el pelirrojo, confirmando su suposición—Digo, me di cuenta que había mucha gente linda rodeándome, pero sigue sin cambiar nada con Estonia.

—Te entiendo. Aunque tampoco iba a cambiar tan rápido. Pero es un buen paso, Cian.

—Supongo.

—Gracias por levantarme el ego, también.

—Oh—musitó, tapándose la cara nuevamente—No debí haber dicho eso. Ahora me siento horrible por ti y por Stefan. Infiel a mis amigos, de alguna forma.

—No es para tanto, Cian. Tú también eres muy lindo.

—Ojalá eso sirviera para que alguien se fijara en mí—suspiró, mostrando un rostro un poco triste.

—¡Cian! —exclamó, con todo de regaño—No te pongas así. Todavía eres muy joven. Yo también siempre pensé como tú. Nunca sabes lo que va a pasar.

—Tú tuviste novia, Niko. Feliks no, pero estuvo con muchas chicas, y Paulo también tenía experiencia. Mi único consuelo era que Stefan se mantendría tan Forever Alone como yo, pero hasta él tiene novio. Y encima, uno muy lindo—volvió a hacer un puchero.

—Mira... date un poco de tiempo. Ya le agradas a muchísima gente. Hasta Natalia te tiene cariño, y eso cuenta como por veinte confesiones de amor de cualquier persona.

—...En eso tienes razón. Pero... ¿en serio crees que alguna vez tendré a alguien que me quiera, y yo a esa persona? Tal vez estoy destinado a estar solo...

—Por supuesto. Si no, te ayudaremos a encontrarla—le aseguró, posando sus manos sobre los hombros del pelirrojo—Y esta crisis será una estupidez.

—Eso espero—sonrió tímidamente—Bien. Volveré allá. Te dejo mear en paz.

—Gracias—susurró Nikolai, al cual le estaban volviendo las ganas de orinar.

Cian asintió, alejándose con un ánimo un poco mejorado. Se dio media vuelta para decir gracias, pero vio como sus ojos se posaban en su torso desnudo. Sacudió la cabeza, nervioso, y se alejó rápidamente.

Qué adorable.

.

Cuando regresó a dónde se encontraban los demás, se encontró con un escenario interesante.

Cian estaba hablando, animado como siempre, con Paulo. Los chicos bálticos estaban hablando entre ellos, aunque Eduard todavía tenía un semblante molesto en la cara.

Por otro lado, las tres chicas de la clase se estaban bañando en el río. Buscó con la mirada a Feliks, que parecía estar vegetando detrás de un par de durmientes Jack y Yong Soo (con dos metros de distancia entre ellos), pero en realidad tenía la mirada clavada en el grupo de chicas. En una de ellas, para ser exactos.

Le faltaba una persona. Stefan, claro.

Éste se encontraba no muy lejos de las chicas, mojándose los pies en el río, mirando su celular un poco aburrido.

Se acercó sigilosamente, sentándose detrás de él. No fue notado. Bastante divertido. Eso daba lugar a muchas cosas. Le sopló en la oreja.

Stefan dio un gritito y casi arrojó su teléfono al agua.

—¿¡Qué haces!? —exclamó, respirando agitadamente.

—Lo siento. No podía desaprovechar la oportunidad.

—No se me ocurre nada lindo para decirte en este momento, ¿sabes?

—No me importa. Hace un rato Cian me dijo que soy guapo—presumió, lavándose las manos en el río.

Stefan se quedó unos momentos en silencio, como esperando a que dijera que era una broma. Como nunca lo desmintió, abrió los ojos enormemente.

—Así que Cian tiene buen gusto... quién lo hubiera imaginado—parecía sincero.

—Qué malo eres, Stefan—lo regañó, mojándole el cabello.

—¿Y a qué vino ese comentario, por cierto?

—Mmm... larga historia. Cian está explorando sus horizontes.

—Eso es bueno, pero sabe que estamos saliendo.

—Por supuesto, Stefan. Además el pobre se sintió muy mal cuando lo dijo. Dale un poco de paz—pidió—Y no tienes de qué preocuparte. No estaría con Cian ni con nadie más. Aunque Cian ponga su cara de perrito abandonado.

—Me alegra escucharlo—rió el búlgaro, recostándose sobre el torso desnudo de Nikolai—Yo tampoco.

El rumano no contestó, pero entrelazó sus manos húmedas con las del otro. No llegaba a apoyar la barbilla en el hombro del otro, porque era más alto, pero recostó la frente sobre su espalda.

Se quedaron así bastante tiempo, escuchando apenas el ruido del agua, los pájaros, y las voces de sus amigos. Stefan se movió, para girarse a verlo.

—¿Te vas a quedar?

—¿Quedar a qué? —inquirió, pestañeando porque tenía los ojos cerrados y la luz del sol lo molestaba.

—No sé. A ver ponerse el sol. De noche. No sé hasta qué hora se van a quedar todos.

—Tengo que trabajar en el bar. Me toca el turno nocturno, extendido.

—¿Extendido?

—En vez de irme a la hora estándar de cierre, me voy hasta que el último cliente haya terminado.

—Como aquella vez que te quedaste a dormir en casa.

—Exacto. Perdón por eso, por cierto. Realmente el trabajo es muy exigente.

—Ya te dije que no tenías por qué disculparte. No me debes nada.

—Pero te merecías pasar un buen rato—sonrió pícaramente, para luego besarle rápidamente el cuello. Stefan se mordió el labio.

.

El día estaba llegando a su fin. A pesar de haber gastado bastante energía, Nikolai no se sentía para nada cansado. El día había valido la pena. No se arrepentía de trabajar hasta tarde con tal de haber podido aprovechar aquello.

—Te juro que fue súper gracioso cuando me enteré. El novio de mi hermano es el primo de la profesora de francés. Fue increíble. El mundo es tan pequeño—contaba Cian—Y no saben la última. Ella está saliendo con...

Stefan y Nikolai lo sabían. Feliks también. Y aunque Paulo todavía no lo sabía, el irlandés se cortó a mitad de la frase, y sus ojos se abrieron mucho. Palideció.

Sus amigos se volvieron para ver a qué se debía eso, y vieron a Eduard de pie frente a ellos, un poco sonrojado.

—Yo... um... —parecía avergonzado—Quiero hablar con...-

Antes de que terminara, Feliks se puso de pie. Sujetó a Cian de los brazos y lo puso de pie. El irlandés no salía de su sorpresa.

Como no se movía, el polaco le dio un empujón hacia el estonio.

—Ya vayan a hablar por ahí. No quiero ver más tu cara, Bombón—se quejó Feliks, cruzándose de brazos.

Eduard lo miró mal, pero se dio media vuelta para irse. Esperaba que el pelirrojo lo siguiera, pero a éste le costó reaccionar. Hubo que empujarlo nuevamente.

Cuando aquellos dos desaparecieron de su vista, el grupo de chicos suspiró. La espera sería muy larga.


Esto si fue un capítulo largo~. Pero me divertí muchísimo escribiéndolo. También noté que fue súper fácil identificarse con Feliks (Me decepcionaría si nadie tuvo ganas de, aunque sea, romperle la PC a Eduard. Bueno, no. El pobre aparato no tiene la culpa).

Así que espero que hayan disfrutado... porque tengo malas noticias.

QUE NO CUNDA EL PÁNICO.

Mi agenda se apretó mucho este semestre. Siempre escribo los capítulos por adelantado, así puedo actualizar regularmente a pesar de estar ocupada. El problema es que... me quedé sin capítulos. Voy a actualizar el mes que viene, pero no sé cuanto demorarán las próximas actualizaciones. Intentaré de mantenerlas una vez al mes, ya sean los capítulos normales o extras. Pero tal vez es sólo una falsa alarma, tal vez este semestre voy a poder dedicarle más :D (eso espero honestamente). Pero si ven que tardo en actualizar bastante tiempo, no se alarmen. Ya sé cómo va a terminar esta historia. No va a quedar inconclusa, sólo tengo que escribir todo lo que hay en el medio. Creánme que el pensar en abandonar esta historia me duele más a mí que a ustedes D:

Espero sepan disculpar, aunque a juzgar por sus comentarios, parecen ser gente muy paciente y que entiende que a veces las cosas se pueden complicar :) por eso lamento más que nada no poder traerles capítulos tan seguido. Muchas gracias por sus respuestas siempre, es una gran alegría ver que disfrutan de lo que una escribe y las cosas que les gustan. ¡Gracias por tomarse el tiempo de escribir!

Nos vemos la próxima ;)