Capítulo 28
De ser felices y esas cosas
Cuando Cian regresó, su rostro no mostraba que las cosas hubieran ido bien. Aunque tampoco parecía triste. Tenía una expresión... bastante neutral, para ser él. A pesar de eso, todavía se podía entrever una leve sorpresa.
—Gremlin, ¿estás bien? —preguntó Feliks.
El irlandés asintió con la cabeza, con la mirada perdida.
—Estoy bien—murmuró—Pero quiero irme a casa.
Eso encendió la alarma de sus amigos. Especialmente de "Mamá Paulo".
—No te hizo nada malo, ¿o sí? —inquirió el portugués, con un tono de voz más frío de lo normal. Su sonrisa amable de siempre era tranquilizadora, pero sus ojos gritaban "asesinato".
—Si te hizo el más mínimo daño, vamos a... —amenazó Feliks, intentando crujir los nudillos. No le salió. Intentó disimularlo como un gesto casual.
—No me dijo nada malo, ni hizo nada malo—añadió Cian, intentando forzar una sonrisa—Pero fue demasiado por hoy. Quiero ir a casa.
Stefan iba a protestar, pero Nikolai le tapó la boca.
—Te entiendo. Yo también tengo que irme, me toca trabajar. Puedo acompañarte.
Cian asintió con la cabeza, un poco inseguro: pero no tenía excusas para negarse. Se dirigió a buscar sus cosas.
El búlgaro, todavía con la mano del rubio sobre su boca, dirigió una mirada de reproche, e intentó decir algo que Nikolai no entendió.
—Lo siento—quitó su mano.
—Tonto. Cuida de Cian.
—No te preocupes. Hablaré con él.
—No creo que tenga muchas ganas de hablar con alguien—opinó Stefan—Pero mucha suerte.
—Gracias.
—¿Cuándo nos veremos de vuelta?
—No lo sé. Espero que pronto—apoyó sus manos en las mejillas del mayor, inclinándose para besarlo en los labios—Te avisaré.
Stefan sonrió, juntando su frente con la de él.
—Estaré esperando entonces.
Nikolai quiso besarlo otra vez, pero alguien carraspeó.
—Perdón la interrupción—dijo Paulo, incómodo—Pero Cian se irá sin ti.
De todas formas lo besó, rápidamente. Stefan pareció querer abrazarlo, pero se detuvo, y simplemente aceptó que se tenía que despedir de él.
.
Cian no habló durante el viaje. Nikolai lo comprendía, por lo que intentó hacerse el distraído con su celular.
No fue hasta que vio que se acercaban a la parada del irlandés, que se atrevió a hablar.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó de la nada. El otro se sobresaltó.
—Un poco confundido. Pero bien. No tienen que preocuparse, en serio.
—Espero que Eduard se haya disculpado.
—Lo hizo.
Hubo unos momentos de silencio. A Nikolai todavía no le cerraba que Cian estuviera tan callado.
—¿Por no haberte respondido? —probó el rumano.
—Exacto.
—Y... —tenía ganas de ir al grano—¿Te dijo algo más? Sobre... ¿tus sentimientos?
El irlandés lo observó seriamente durante unos momentos.
—No mucho. Me dijo que todavía no me creía.
Ese idiota. Entendía por qué Feliks tenía ganas de golpearlo.
Cian se puso de pie, ya que el autobús se acercaba a la parada.
—Pero todo estará bien. Nos vemos, Niko~—se despidió.
Dio un par de pasos hacia la puerta, pero se lo pensó mejor. Giró y volvió hacia dónde estaba su amigo, y agachándose para quedar a su altura, le soltó:
—Lo besé, Nikolai.
Los ojos del rumano se abrieron como platos. Levantó la vista y vio la sonrisa de Cian. No era la sonrisa que últimamente les dirigía para indicar que todo estaba "bien", sino una que lucía más sincera y que le marcaba hoyuelos en las mejillas.
Quiso preguntarle muchas cosas, pero el irlandés se bajó corriendo del vehículo, apenas levantando una mano a modo de despedida.
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La noche se fue volando. Habían ocurrido muchas cosas aquél día. Ni siquiera estaba cansado. Su mente trabajaba a toda velocidad.
Aunque Dirck y Emma parecían cansados. De hecho, el primero parecía especialmente ansioso por despedir a los últimos clientes.
Como todo estaba bastante tranquilo, chequeó su celular para ver si tenía algún mensaje. Vio que Stefan había escrito algo. Sintió curiosidad, ya que el otro debería estar durmiendo después de un día tan largo.
De: Stef
¿Puedes venir a mi casa cuando salgas del trabajo? 01:30
Sé que debes estar cansado así que entiendo que no quieras 01:31
Pero igualmente voy a estar esperándote. Toda la noche 01:32
¿Qué le pasaba? Sonaba urgente. Se preocupó. El otro jamás mostraba una necesidad de verlo así. Mucho menos teniendo en cuenta que aquél día habían pasado tiempo juntos.
Para: Stef.
Estás bien!? 02:14
Qué pasó 02:14
Voy cuanto antes 02:15
La respuesta llegó inmediatamente.
De: Stef
No es nada malo, tonto. Ven sólo si quieres 02:15
Si le decía eso, con más razón iba a ir. Puso manos a la obra para ayudar a Dirck a "echar" amablemente a los últimos clientes.
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Salió apurado del bar. Casi se olvidaba de sus cosas. Aunque se habría dado cuenta tarde o temprano: necesitaba dinero para ir hasta lo de Stefan.
Se despidió apresuradamente de Dirck, lo que al otro le pareció extraño, porque Nikolai nunca tenía razones para irse tan apurado.
—¿A dónde vas con tanta prisa? —preguntó una voz conocida.
El rumano vio a Paulo asomándose por la puerta del bar que ya tenía el cartel de "cerrado" apuntando hacia afuera.
—¿Paulo? ¿Es un poco tarde para venir? Ya cerramos—comentó Nikolai inocentemente. El portugués rodó los ojos.
—Por supuesto. Dirck y yo vamos a una fiesta. ¿No estarás invitando también, no?
—A no ser que la fiesta sea en la casa de Stefan, no.
—Oh, qué lástima. Dicen que va a estar muy buena.
Con razón el holandés parecía tan empecinado en cerrar antes de lo normal.
—... Si vas a lo de Stefan, podemos llevarte. ¿No? —inquirió el luso, observando a su novio en espera de una respuesta. Éste asintió—Genial. Vayamos al auto.
Dirck le tiró las llaves a Paulo, quién las agarró antes de que cayeran al suelo. Le sonrió a Nikolai.
—Así que una fiesta a solas con Stefan, ¿eh? —el portugués reanudó el tema de conversación, mientras subía al asiento de acompañante.
—No tengo ni idea. Él me dijo que fuera—Nikolai se encogió de hombros, acomodándose en el asiento trasero e intentando ocultar la curiosidad extrema que sentía.
—Es raro viniendo de él. ¿Tal vez planeó algo? —sugirió.
El rumano volvió a encogerse de hombros. Ninguna pista.
—Sólo sé que no es nada malo—agregó el rubio.
—Eso es bueno—rió Paulo.
Dirck entró al auto, poniéndose el cinturón. Los otros dos lo imitaron.
—Entonces... ¿dónde es que vive tu novio? —preguntó el holandés, encendiendo el motor.
Nikolai le dio las instrucciones de cómo llegar.
—Creo que no me da el tiempo para dejarte en la puerta de su casa. Pero te dejaré mucho más cerca de lo que autobús lo hace—prometió el más alto, y acto seguido, el motor rugió.
.
El rumano juró que nunca más se subiría a un vehículo conducido por su jefe el tulipán. Aunque al principio iba a un ritmo razonable, y tenía buena mano con el volante; de vez en cuando miraba el reloj del auto y aceleraba el auto. Debía ser una fiesta muy importante como para tener un horario estipulado.
—Gracias por traerme, en serio—volvió a decir Nikolai.
—No es nada. Va de parte de los dos—contestó Paulo.
Observó a Dirck por el espejo retrovisor. Éste parecía un poco avergonzado.
—Considéralo paga extra—murmuró, concentrándose en la carretera.
—No le hagas caso, Dirck está de buen humor porque su hermanito estará en la fiesta~—comentó el portugués, bastante divertido con la reacción del otro.
—No sabía que Emma y tú tenían otro hermano—expresó el rumano.
—No vive con nosotros—contestó el holandés—Está de visita y nos encontraremos ahí.
—También voy a conocer al dealer de Dirck~—continuó Paulo. El holandés le dio un codazo—¿Qué?
—Suena mal. Es sólo alguien que tiene sus propias plantas y me deja el producto a buen precio.
—Dejas mal a mi jefe, Paulo—reprochó Nikolai. Defenderlo era lo menos que podía hacer después de su ayuda.
—Exacto—estuvo de acuerdo el otro rubio.
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El viaje, a pesar de ser aterrador y extraño por momentos, le ayudó mucho. Ahorró un montón de tiempo y caminata. Estaba a apenas diez minutos a pie de la casa de Stefan.
Vio que tenía un nuevo mensaje.
De: Stef
Avísame cuando salgas del trabajo. 02:59
Decidió llamarlo.
—¿Qué pasa? —atendió al instante, sonando preocupado.
—Estoy llegando.
—¿¡Tan pronto!? ¿Por qué no me avisaste antes?
—Estaba haciendo sociales. Paulo y mi jefe me trajeron—explicó—¿Y por qué suenas así? Tú me invitaste a tu casa. ¿Por qué suenas sorprendido?
—Yo... simplemente no estaba preparado. Necesitaba más tiempo.
—¿Qué está pasando por tu cabeza, Stefan? ¿Por qué tanta urgencia?
—¿Realmente quieres hacerme este interrogatorio por esta vía?
—Está bien. En unos minutos estoy ahí. Puedo esperar un poco si hace falta.
—No. Sólo ven. Te espero.
El búlgaro le cortó, dejándolo con todavía más dudas en su cabeza. ¿Qué estaría planeando? ¿Y por qué tenía que prepararse? No sería la primera vez que iba a su casa en la noche...
Aceleró el ritmo, cada vez más carcomido por la duda.
¿Qué estaba pasando?
Las últimas cuadras las hizo corriendo. Vio la silueta de Stefan esperándolo en el porche.
—¡Stef! —exclamó, jadeando—¿Qué pasó?
El aludido pestañeó, atónito.
—Ya te dije que nada—dijo, haciéndole un gesto para que entrara. Nikolai no se movió—¿Qué?
—No te creo una palabra—sentenció el rumano, sujetándose el abdomen.
—Te apuraste por que sí. No hay nada especial.
—Entonces, ¿por qué no estabas preparado para... no sé, lo que sea?
Stefan se sonrojó.
—No debí haberte dicho nada. Simplemente... ¿podemos entrar?
Esta vez, el rumano obedeció. Quería sentarse. Se había cansado bastante, ya que no estaba acostumbrado a esos trotes. Aunque podía correr, pero no tenía mucha resistencia.
—¿Qué está pasando, Stef? —preguntó, tomando asiento en el sofá. El aludido no contestó, sino que fue en silencio a la cocina a buscarle un vaso de agua.
—Nada especial—contestó el búlgaro, tomando asiento a su lado en el sofá al volver—Sólo te extrañaba.
Nikolai casi le tiraba el vaso de agua encima. ¿Extrañarlo? ¿Era broma? Bien, era cierto que a él también le hubiera gustado pasar muchísimo más tiempo con él, ¿pero qué era esa necesidad?
—No entiendo bien. Podrías habérmelo dicho y ya—se extrañó el rumano. Bebió apresuradamente, tratando de no atorarse.
—Yo... te necesitaba—musitó, un poco sonrojado. Eso le sonó muy raro.
—¿Y ya no más? —intentó bromear, porque todavía no entendía.
A no ser, que Stefan se refiriera a cierto tipo de necesidad.
Sus ojos se abrieron enormemente. Tenía sentido. Su novio lo extrañaba. Había estado bastante emocionado de verlo aquél día. Y lo invitaba a su casa a la madrugada. Las señales no podían ser más claras. "Te necesito". Ni siquiera el búlgaro, que era un ser tan especial, podía no referirse al feliz pensamiento que atravesaba la mente de Nikolai en aquél mismo momento.
—¡No es lo que piensas! —se apresuró a decir el búlgaro, cubriéndose la cara. El otro apoyó el vaso en la mesa del living.
—No es nada malo. No tienes que ponerte nervioso—lo tranquilizó—Es humano, Stef.
—Lo sé, pero... lo siento, no puedo evitarlo. Sé que no es para tanto. Pero siempre hago que parezca la gran cosa, ¿no?
—Sí que lo es. Yo estuve mucho tiempo imaginando este momento—confesó Nikolai, posando su mano en la rodilla del otro.
—N-no te adelantes. Nunca dije a que me refería.
—Si nuestra comunicación no verbal ha fallado, sería una desgracia tremenda—suspiró—¿Qué quieres entonces?
—Ya no sé—contestó, un poco cohibido.
—¿Con qué intención querías que viniera? —insistió el rumano, acariciando el muslo del mayor. Éste se mordió el labio—¿Qué necesitabas que hiciera, frumusețe?
—A la mierda, Nikolai—maldijo, apartando su mano bruscamente.
El aludido creyó qué había arruinado la situación por completo. Tal vez el otro no quería tener nada que ver con sus pervertidas intenciones. Pero para su grata sorpresa, el búlgaro lo cogió de la camiseta, acercándolo con desesperación a él.
—Te lo diré. Me muero de vergüenza, pero te lo diré—confesó con voz ronca—Estuve toda la tarde pensando en las ganas que tenía de tener... —vaciló un momento—de hacerte el amor—se corrigió. Nikolai sintió una corriente eléctrica recorrerle el cuerpo al escuchar esto. El otro continuó: —Y no ha cambiado en nada desde que llegué a casa.
El menor sintió sus mejillas arder, pero al mismo tiempo una alegría inmensa lo abrumó. ¡Por fin Stefan aceptaba dar ese paso!
Novedades: la comunicación no verbal funcionaba perfectamente. Y no lo haría esperar. Tampoco se haría esperar a sí mismo.
Se inclinó sobre su novio, apresuradamente, apoyando sus manos sobre el posa brazos. Stefan quedó relativamente acorralado entre sus brazos, pero no importó cuando pudieron besarse con total libertad. Debajo de él, el búlgaro no tardó en rodearle afectuosamente la cintura.
No había intención alguna de preámbulo, ni de ir lento. Eso regía para ambos. De forma inmediata, lo único que hubo en sus mentes fue el contacto húmedo de labios, dientes y lenguas. Stefan aferrándose a su espalda y Nikolai apretando los firmes glúteos de aquél, con muchas ganas.
El mayor flexionó un poco la rodilla, rozando así la ingle del rubio. Éste no pudo evitar suspirar (un suspiro peligrosamente cerca de ser un gemido), apenas pudiendo sostener su peso en esa incómoda posición. Pero se aguantó, y la mano que tenía en el trasero del búlgaro se deslizó hacia abajo y adelante, hasta toparse con cierto miembro sensible del otro.
Bueno, no era la primera vez que le tocaba el pene (¡y esta vez era por encima de la ropa!), pero Stefan pareció sobresaltarse un poco.
—¿Vamos muy rápido? —preguntó Nikolai, entre jadeos causados por la fricción de la rodilla del otro.
—No—gruñó el más alto, bajándole los pantalones y parte del bóxer que llevaba puesto.
Al percibir en esa zona de su cuerpo la frescura del aire acondicionado, sintió que su duda sobre quién iba a "ponerla" se resolvieron. Y si eso no era suficiente, la tortuosa lentitud que tenía su novio para deslizar sus manos hasta su ano, fue confirmación absoluta.
No se quejaba de que Stefan tomara las riendas. Si eso le daba confianza para seguir adelante, lo recibiría de buena gana. Aunque seguía siendo una sorpresa ver al mayor tan decisivo.
Tenía los nervios a flor de piel cuando el dedo índice del búlgaro rozó su entrada. Pero la expectativa también lo tenía completamente alerta y concentrado totalmente en lo que sucedía. Hundió los dedos en el sofá, un poco preocupado por esa intrusión sin preparación. Aún así, ya era tarde para recordarle que usara lubricante.
No tuvo tiempo de emitir sonido alguno, pero sintió su cuerpo tensarse complementa. Aún así, apenas duró una milésima de segundo. El dedo de Stefan apenas se introducía, pero apenas el cuerpo detectó la invasión, lo quitó.
Y con la misma velocidad, empujó a Nikolai de encima suyo.
—¿Qué está...? —quiso saber, sumamente atónito por el brusco cambio de atmósfera.
El mayor chistó. El otro iba replicar, pero escuchó pasos afuera. Fuertes taconazos que se acercaban, seguidos del sonido de alguien sacando sus llaves.
Ambos reaccionaron, sumamente asustado: acomodándose la ropa y el cabello. Stefan parecía no sólo asustado, sino también enojado. Por su parte, el rumano tomó un almohadón para cubrirse la entrepierna y el pantalón sin abrochar. Lo abrazó, acomodándose de forma que pareciera más o menos casual.
El dueño de la casa encendió la televisión, y se sentó a su lado, respirando agitadamente. La cerradura hizo un clic, y la puerta se abrió. Risas y voces femeninas se oían, provenientes del exterior. Nikolai tomó el vaso de agua que había permanecido en el olvido, bebiendo agradecido. Porque ciertamente le había dado mucho calor. Y su corazón latía con más fuerza que el sonido de esos tacones que se acercaban cada vez más a ellos.
Una mujer rubia apreció en el umbral del living, entrando con naturalidad. Tenía el cabello rubio platinado, más lacio que Feliks un día sin humedad. Lucía bastante joven, aunque también parecía tener mucho maquillaje.
La recién llegada abrió enormemente sus ojos y claros y pegó un salto en cuanto vio que había otros seres humanos en la habitación. Una grosería en un idioma desconocido escapó de sus labios pintados de color vino tinto.
—Skŭpa, perdón. No esperaba verte levantado—le echó un vistazo a su reloj de muñeca y alzó una ceja, aunque no precisamente molesta. Más bien mostró una expresión entretenida en cuanto reparó en el rumano, que parecía bastante cómodo. A diferencia del otro joven.
—Mama, ¿qué estás haciendo aquí? —Stefan sí que sonaba molesto. Se notaba que esa aparición lo tomaba por sorpresa. Claro, Nikolai entendía: no creía que su novio se arriesgara a intentar esas cosas con él si su madre estaba cerca.
—Mi vuelo se pospuso un par de horas—explicó—Las chicas no querían esperar en el aeropuerto, así que vinimos aquí a hacer tiempo.
—Querrás decir a hacer fiesta—reprochó su hijo, poniendo los ojos en blanco.
—Pueden quedarse aquí tranquilos. Estaremos en la cocina.
—No te preocupes, mamá. Con Nikolai ya nos íbamos a dormir—inventó Stefan, mirando de reojo al aludido. Éste asintió, fingiendo estar convencido. Por fin conocía a la madre del otro: le hubiera gustado hablar más con ella.
—Pueden participar en nuestra reunión si quieren—invitó ella.
—Ni loco—musitó el de cabello azabache, frunciendo el ceño.
La mujer se encogió de hombros, y se concentró en el acompañante de su hijo.
—Por fin te veo, Nikolai. Llevaba mucho tiempo escuchando de ti.
El aludido no supo a que se debieron sus nervios, ya que los había logrado calmar. Podía deberse tanto a la situación apasionada de momentos atrás, o tal vez a la apariencia de mujer poderosa e intimidante que tenía esa persona. Tal vez todo eso junto hacía que se sintiera un poco incómodo.
Aún así, se esforzó por responderle coherentemente.
—Lo mismo digo. Un gusto. Ana, ¿verdad? —tuvo que hacer memoria para recordar el nombre que Stefan le había proporcionado tiempo atrás.
La sonrisa que adornó el rostro de ella (probablemente debido a enterarse de que su hijo la había mencionado a su amigo) le quitó un poco esa apariencia intimidante y pareció más... bueno, más "madre", según el criterio de Nikolai.
—¿Seguro que no quieren unírsenos? —insistió ella, esta vez preguntándole directamente al rumano.
Éste sentía la mirada cargada de sentido que el búlgaro le dirigía. Ni tenía que darse vuelta para verlo. Ya lo sabía.
—No, muchas gracias... —suspiró—Estuve trabajando hasta tarde, y Stefan me invitó a pasarme un rato porque se aburría y no podía dormir—le parecía pertinente dar una explicación de su presencia en aquella casa... aunque no fuera exactamente verdadera—Supongo que hoy no estoy para fiestas.
Ana suspiró.
—Bueno, que se le va a hacer. Voy a decirle a las chicas que no sean muy ruidosas. Que descansen~—se despidió—No creo que nos veamos pronto, Nikolai, pero espero volvamos a encontrarnos.
—Lo mismo digo—el rubio sonrió, animado. Parecía que le caía bien a su suegra. Aunque Stefan no parecía muy contento con eso.
La mujer salió afuera a buscar a sus amigos, y los dos chicos aprovecharon la situación para escapar.
—Vamos. No quiero cruzarme a "las chicas"—rogó Stefan, dándole un empujoncito al más bajo.
—No creo que sean tan malas—las defendió el rumano, subiendo la escalera con el otro detrás de él.
—Créeme, las conozco más que tú—le discutió—Además, ¿qué fue eso de "Ana"? ¿Ya eres el mejor amigo de mi madre? Creí que tardarías más.
—Me subestimas, Stef—se mofó Nikolai, abriendo la puerta de la habitación. Todo estaba en orden, como siempre, excepto el escritorio, en el que rondaban un montón de papeles dispersos—¿Crees que me tomé demasiadas libertades al tratarla informalmente?
—Puede ser, pero a ella le gustan las libertades, así que le habrás caído de maravilla—contestó el mayor, quitándose la camisa—Me voy a dar una ducha.
—¿Es eso una invitación? —inquirió el rumano con atrevimiento.
—No estoy psicológicamente preparado para eso. Puedes ir luego.
—Hace un rato no parecía preocuparte.
—Considéralo mi venganza por lo de mi madre—contestó, cerrando la puerta.
—¡No hice nada! —se defendió el rubio.
—Le caíste bien. Se van a unir y me van a atormentar. Lo supe desde que asoció tu nombre con tu rostro—llegó a decir, antes de que el sonido del agua cayendo sustituyera sus tormentos.
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Volvían a estar casi como antes. Los besos iban y venían. Y Nikolai no tenía ninguna objeción con continuar lo que previamente habían interrumpido. Stefan le acariciaba la cintura, aunque no con la misma confianza de antes. Se había dado cuenta.
Ya no parecía tan emocionado. Parecía estar hasta resintiendo sus decisiones anteriores. Nikolai decidió que eso debía interrumpirse.
—Stefan—comenzó, poniéndose lo más serio que podía, y lo dijo sin rodeos—¿Realmente quieres tener sexo conmigo?
El aludido lo observó, sorprendido de que fuera tan directo.
—Porque no tienes que hacerlo si no quieres—continuó Nikolai—No voy a dejar de quererte por eso. No voy a dejarte por eso. No voy a engañarte por eso—aclaró—Ni siquiera me apetece hacerlo si sé que tú no quieres o la pasas mal mientras sucede. Pero necesito que me lo digas. No soy tan bueno adivinando.
El búlgaro tragó saliva. La mano en la cintura de Nikolai bajó hacia su muslo, y lo apretó cariñosamente.
—Quiero hacerlo. Y si lo voy a hacer, quiero que sea contigo—confesó finalmente, mirándolo a los ojos—Pero siento que para que eso ocurra, muchas condiciones tienen que cumplirse. Y siendo honesto, hoy quería que ocurriese. Pero el imprevisto... —frunció el ceño al recordar eso—A veces creo que deberíamos haberlo intentado aquél día que pasamos la noche fuera...
—Pero no estabas listo. Y eso está bien.
—Lo sé—suspiró—Sigo sintiendo que lo desaproveché.
—Ya pasó, Stef. Aunque, si me permites decirlo... sabes que no existe el momento perfecto, ¿no?
—Ya sé. Pero hoy no puedo. Si hay una condición fundamental, esa es que quiero sentir que estamos absolutamente solos—explicó—Estoy seguro de que mi madre jamás irrumpiría en mi habitación, ni siquiera se acercaría a curiosear. Pero... el solo saber que está ahí abajo con sus amigas me inhibe. Mucho. No puedo ni mentalizarme en... no sé, chupártela o algo así.
—Maldición, Stef, y yo que pensé que conseguiría un blowie —bromeó. El otro rodó los ojos ante el término—Pero te entiendo. Algún día se dará. No esperes que todo lo demás sí, pero sin duda volveremos a tener la oportunidad de estar solos y... bueno, que suceda lo que tenga que suceder.
Stefan sonrió tímidamente, asintiendo con la cabeza.
—¿Recuerdas cuando te confesé mis sentimientos? —preguntó Nikolai.
—Cómo olvidarlo...
—¿Te acuerdas también de que te aconsejé que dejaras las cosas fluir?
El mayor asintió.
—Lo recuerdo. Pero quiero que sepas que con decir este tipo de cosas no vas a obtener tu blowie.
—No te preocupes, no esperaba conseguirlo. Ni que fueras tan fácil, Stef.
Éste rio, besándolo.
—Te quiero tanto, Nikolai—confesó entre besos—Haces que todo esto sea tan sencillo.
—¿Esto? —inquirió el otro, para luego morderle juguetonamente el labio inferior.
—Tener una relación contigo—respondió, lamiéndose el lugar donde el otro lo había mordido—Creo que con cualquier otra persona me la pasaría estresado.
—Bueno, querido, eso pasa cuando quieres a alguien.
—¿Algún día voy a poder hacerte un cumplido sin que sueltes una de esas respuestas tuyas? —le dio otro beso fugaz—Lo que quiero decir es que estoy feliz. Muy feliz. Debería decírtelo más seguido.
El rumano le acarició tiernamente la mejilla. No iba a responder a eso. ¿Qué importaba si nunca llegaba a tener relaciones sexuales con él? Estaban perfectamente así.
—Me haces muy feliz—repitió el búlgaro—Gracias por haber tenido el coraje de hablar primero aquél día.
—No hay nada que agradecer—murmuró, besándolo esta vez en la frente.
—Para mí sí lo hay—discrepó Stefan—Había perdido toda intención de decirte algo.
—No tiene sentido pensar en esas cosas. Estamos juntos ahora—intentó reprimir un bostezo. Le estaba pegando el sueño—Pero gracias por contarme estas cosas—le acarició el cabello con cariño—Yo también soy feliz contigo. Estamos los dos felices y eso es lo que importa. Adoro esa sensación de irme a dormir sabiendo que te tengo en mi vida, y en el mejor de los casos, físicamente a mi lado.
Stefan sonrió bobamente, aunque probablemente ni se acercara a la sonrisa estúpida que él mismo tendría en la cara.
Aunque luego de unos instantes, el más alto abrió la boca sorprendido, como dándose cuenta de algo.
—Dime que eso no fue una indirecta de que tienes sueño.
Nikolai se ruborizó. Esa no era su intención original, pero el instinto natural terminó colándose en su dulces palabras. Como si no pudiera delatarse más a sí mismo, sintió otra vez las ganas de bostezar, y se cubrió la boca.
—Siempre lo mismo contigo—rezongó el mayor, pero le alcanzó una almohada. El menor lo ignoró y se apoyó sobre sus piernas, mientras el otro le comenzaba a acariciar el cabello.
Comenzó a adormecerse. Pero de repente, recordó algo sumamente importante. Abrió sus ojos abruptamente, sobresaltando al otro.
—Stefan—dijo, seriamente. El otro lo observó con atención.
Nikolai intentó poner su tono de voz más amenazante. Eso era un asunto de suma importancia.
—Nunca más intentes meterme algo por el culo sin haber usado lubricante—sentenció.
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Soooo, esto es todo por hoy. Espero que les haya gustado, y la invasión ehm, anal, no haya estado muy mal. Honestamente ni le llegó a meter el dedo, guys, fue más el susto que otra cosa (tampoco soy experta en cómo funcionan los anos, perdón. Aprecio correcciones de índole científica y/o experiencias de vida).
De todas formas, estaba pensando tratar el capítulo que viene más de la perspectiva de Stefan. Al menos las primeras escenas :).
No tengo ni idea para cuándo habrá próximo capítulo. Si supiera, se los diría. Ya me gustaría saberlo D: pero va a llegar... va a llegar. O tal vez algún extra. Quién sabe.
