Capítulo 29

¡Mamá!

Esa vez, Stefan fue el primero de los dos en despertarse, lo cual si bien era raro, no era la primera vez que sucedía.

Pero era perfectamente entendible: no sólo habían pasado un día agitado y una madrugada todavía más, pero Nikolai además había trabajado hasta tarde.

Luego de aquella frase tan amenazante, el rumano le había sonreído con su ternura habitual, le deseó "Buenas noches" animadamente y terminó con un beso en la mejilla, para luego caer pesadamente dormido. Ni siquiera se había movido demasiado para encontrar una posición cómoda, ni le hizo algún comentario mientras todavía estaba semi dormido.

Stefan sí demoró en dormirse. Se culpaba por no haber pensado en algo tan elemental. ¡Qué dolor podría haber llegado a soportar Nikolai por su insensatez! Muy empecinado en tener sexo, pero no se había preocupado demasiado. Era un novio horrible.

Aunque estaba seguro de que el otro había disfrutado de su cara de susto. La había visto antes de sonreírle y desearle las buenas noches. Lo conocía demasiado bien.

Suspiró, saliendo de la cama. A pesar de todo, debía compensar su error. Cometer errores era aceptable, pero su metida de pata implicaba un asunto muy delicado. Se dio media vuelta. A pesar de ya ser mediodía, Nikolai dormía con su boca abierta y la cara aplastada contra el colchón. Y parecía poder seguir así varias horas más. No pudo evitar sonreír y sacar una foto con su celular. De verdad era adorable. Lo tapó un poco más, porque ese día la temperatura había bajado un poco.

Mientras encendía la cafetera, chequeó sus mensajes, y le sorprendió ver uno de su madre que le pedía que la llamara. ¿Habría sucedido algo?

Estaba a punto de cortar, ya que había esperado muchos tonos, pero finalmente escuchó unos ruidos, y luego la voz de su madre.

Mama, soy yo. ¿Pasó algo?

Oh, nada, nada. Sólo quería hablar contigo de algo que no tuvimos mucho tiempo de hablar.

Al chico eso no le sonaba bien.

—¿Cómo estuvo el vuelo?

Bien. Se pasa volando cuando estás tus amigas están borrachas...—pareció darse cuenta de su broma sin intención, y luego rió—En fin, hemos llegado bien a París. Estábamos descansando en el hotel.

—Me alegro—dijo Stefan, rezando porque su madre olvidara lo que sea que fuera a decirle. Lo sospechaba. Lo temía. Nikolai.

Oye, sobre lo que quería decirte...—comenzó ella—Me gustó conocer a Nikolai. Me lo tendrías que haber presentado antes.

El joven se estremeció. No le gustaba hacia dónde se encaminaba esa conversación.

—Nunca coincidían—se excusó. Lo cierto es que tampoco quería que coincidieran. Pero el destino le había jugado una mala pasada.

Lo cual es una lástima. ¡Es encantador! Lo adoré—exclamó ella.

—Ajá... —comentó Stefan, distraído, sirviendo café, aunque se alegraba de que su madre aceptara a una persona tan especial para él.

Un silencio siguió a eso, siendo interrumpida la línea por los sonidos de interferencia a causa de la larga distancia.

Stefan, ¿crees que soy estúpida?—soltó su madre de pronto, esta vez en un tono de voz que hizo que a su hijo se le helara la sangre.

Mierda. Lo sabía. Sintió que los colores se le subían al rostro. Lo último que quería era que su madre se diera cuenta de lo que habían estado haciendo. ¿¡Por qué tenía que ser tan inteligente!?

—¿De qué hablas? —la mejor estrategia era hacerse el estúpido.

Mira, sé que es incómodo para ti hablar de esto. Bastante incómodo fue para ti que me contaras que eres gay—explicó ella—Pero esta vez me di cuenta. Veo algunas cosas.

—¿De qué? —Stefan no cedería en su estrategia.

¡De lo tuyo con Nikolai!

El búlgaro hizo fuerzas para no maldecir. Estrujó un repasador.

—¿Qué cosa?

No te hagas el estúpido, Stefan. Sabes bien de qué hablo.

No había escapatoria. Tendría que aceptar la vergüenza eterna. Su madre lo había pillado in fraganti. Sabía que hacía cosas con su amigo que no hacen todos sus amigos.

—... ¿Tan importante es hablar de esto?

¿¡Importante!?—exclamó ella—¡Por supuesto que es importante! Podría ser parte de la familia y todo.

—¿Eh?

Te encanta ese chico más de lo que te gusta estar solo en casa sin que te molesten, querido. Se te nota en la cara. Veo algunas cosas.

—Oh... —tal vez las cosas no saldrían tan mal para él.

Creo que tienes oportunidad. Nikolai parece un buen chico, no pierdes nada con decirle lo que sientes.

—Claro... lo mío con él... qué estoy enamorado de él. Claro—repitió Stefan, intentando reprimir la risa—Sí, mamá, lo quiero mucho. Todo saldrá bien.

—¡Ese es el espíritu! —lo ánimo—Compraré uno de esos candados, les pondré sus nombres y lo colgaré en ese puente en el que todas las parejas lo hacen. ¡Así tendrás más suerte!

—¡Mamá! —exclamó él, sonrojado—¡Eso se hace entre tu pareja y tú, y sólo cuando ya son pareja!

Oh, cierto. Bueno, pero compraré algunos candados. Hay una de esas cosas en cada país, encontrarán alguna.

Stefan quería poner los candaditos en todos los lugares posibles. Con Nikolai a su lado. Pero ocultó esa fantasía, intentado despedirse calmadamente de su madre. Todavía le latía un poco rápido el corazón por sentirse casi expuesto.

Me tengo que ir. Hablamos luego, cariño. Que te diviertas—se despidió rápidamente su madre.

Agradeció que ella no se diera cuenta de todo lo que estaba ocurriendo. Al finalizar la llamada, se fijó en el resto de sus mensajes. Tenía mensajes aproximadamente en un lapso que iba desde las 05:44 de la madrugada hasta casi las siete de la mañana.

Los trapitos de Feliks, X Nuevos Mensajes.

Cian: Tengo algo que contarles.

Feliks: NO ME DIGAS

Feliks: DESPUÉS DE ESA CHARLA

Feliks: QUIERO SABER TODO

Feliks: NECESITO SABER TODO

Paulo: Qué hacen despiertos a esta hora?

Feliks: Qué haces despierto a esta hora?

Cian: Qué hacen todos despiertos a esta hora?

Paulo: Estoy en una fiesta

Feliks: Estaba en una cita.

Cian: OHMYGOD

Paulo: "OHMYGOD" x2

Paulo: Natalia?

Feliks: Yup.

Cian: is this the real life?

Paulo: Tan tarde?

Feliks: No se ilusionen, hace horas que llegué a casa.

Feliks: Sólo que no pude dormirme

Cian: same

Feliks: Lo que me recuerda... qué rayos pasó con Eduard?

Feliks: Se disculpó?

Feliks: Más le vale haberlo hecho.

Feliks: Sino le meto su laptop por el culo.

Paulo: Feliks.

Feliks: Qué

Paulo: Es una imagen desagradable.

Feliks: una vez fui a la psicóloga

Feliks: y ella dijo

Feliks: que mi etapa anal

Paulo: No.

Feliks: Me hiciste borrar lo que estaba escribiendo

Feliks: #aburrido

Paulo: ¿Y Cian?

Cian: here

Cian: se disculpó

Cian: pero no es eso lo que quería decir

Feliks: ?¿?¿?

Cian: Besé a Eduard

Feliks: OMFG

Paulo: EH

Paulo: Cómo

Paulo: Cuándo

Paulo: Por qué

Paulo: ?

Cian: Fue un momento de "ahora o nunca"

Paulo: Y se dejó?!

Cian: Creo que se sorprendió. Por eso me quería ir

Paulo: Podrías habernos dicho antes

Paulo: Nos preocupamos

Cian: Sorry, mom

Cian: Pero ni yo me creía que era real

Cian: Tenía que asimilarlo

Cian: Por eso no podía dormir

Feliks: Es entendible

Feliks: ¿Y?

Cian: "Y" qué?

Feliks: ¿Cómo te sientes?

Cian: Siento que ya puedo morir en paz

Feliks: morir virgen*

Cian: idc

Paulo: Bueno, estoy sorprendido

Paulo: Ni te atrevías a hablarle

Feliks: ¿Podrás mirarlo a la cara?

Cian: Ya no me importa

Cian: Me voy a dormir

Cian: see ya

Feliks: EH

Feliks: No huyas

Ahí terminaba la conversación.

Stefan estaba sorprendido. No se esperaba eso de Cian. Y admiraba enormemente su valor.

A pesar de eso, no consideró necesario responder. Ya había pasado todo el drama.

.

Escuchó unos golpes en la puerta y se sobresaltó. No debería ser su madre. ¿Podría ser alguna de sus amigas? Él no esperaba a nadie...

Miró por la mirilla de la puerta principal, y pudo ver algo enano y anaranjado.

—¿Cian? —fue su saludo mientras abría la puerta.

—Perdón por venir sin avisar—se excusó el más bajo—Estoy desesperado y quiero hablar con alguien. ¿Puedo pasar?

Stefan asintió, apartándose para que el pelirrojo pudiera pasar.

—¿Supongo que tiene que ver con lo que leí hace poco en el grupo? —inquirió el búlgaro, dando vueltas por el living. El irlandés tomó asiento en el sofá, que fue testigo de lo (casi) ocurrido la noche anterior, y un sonrojo se apoderó de él.

—Tiene que ver—asintió Cian, obviando el cambio de color del otro—No sé qué hacer.

—Pero, ¿cómo fue exactamente? Necesito detalles.

Cian suspiró, y procedió a contar su historia. Stefan abrió mucho los ojos cuando llegó a la parte interesante.

—Woah—soltó—No esperaba eso de ti.

—¿No entienden que estaba desesperado? —se defendió el irlandés—Ya no tenía nada que perder. Ya había perdido la dignidad, la vergüenza, su respeto y mis oportunidades junto a él. ¿Qué daño iba a hacer besarlo?

—...Pero aún así no estás tranquilo.

—No. ¿¡Cómo puedo estar tranquilo si...—elevó su voz al decir lo siguiente—...besé a Eduard!?

—...De acuerdo.

—Llevo tres noches sin dormir casi nada.

—...Oh.

—Siento olor a café. Podrías ofrecerme.

—Lo siento, ¿quieres...?

—¡Por supuesto! —exclamó, histérico.

.

—Esto... ¿por qué viniste a verme a mí, precisamente? —inquirió Stefan—Ni siquiera quieres escuchar mis consejos. Sólo me robas café.

—Tus consejos sueles apestar en el ámbito del romance, Stef. Sólo porque salgas con el chico más lindo de la clase después de Eduard, no significa que te la puedas dar de sabiondo y gurú del amor.

El más alto lo observó, ofendido, y Cian se percató de lo que acababa de decir.

—Oh... perdón—se ruborizó—No debería haber dicho eso. Los celos hacen mal...

—Cian, es imperdonable que digas eso. Quiero decir, ¿¡Eduard más guapo que Nikolai!? Eso es mentira.

El pelirrojo rodó los ojos, susurrando "dork", pero lucía aliviado.

—En fin, además de para robarte café, eras la mejor opción disponible—explicó—Nikolai trabajó hasta tarde y Paulo debe estar resaqueado. Sólo me quedaban Feliks y tú, pero seguro que si iba a su casa por algo relacionado con Eduard, iría corriendo a golpearlo en vez de siquiera escuchar el resto.

—Eso es muy exagerado—reprochó el búlgaro—Así que soy la opción de descarte...

—Oh, no te victimices. Te elegí por sobre mis hermanos.

—¿Hablarías de eso con tus hermanos?

—Puede... pero reaccionarían peor que Feliks.

Un silencio se cernió sobre ellos, mientras Cian bebía apresuradamente de su taza.

—Entonces, ¿qué vas a hacer? —preguntó el dueño de la casa. Cian se encogió de hombros—Bueno, podemos esperar a que Nikolai se despierte. Tal vez se le ocurre algo.

—Sí, podemos llamarlo, o visitarlo.

—Oh, no hace falta. Está arriba durmiendo.

—¿¡Estuvo aquí todo el tiempo!?

—Sí, está en mi cuarto.

No debió haber dicho eso. Una sonrisa diabólica apareció en el rostro de Cian, para inmediatamente salir corriendo disparado escaleras arriba.

.

—¡Cian, espera! —gritó, intentando seguirle el ritmo. Pero el irlandés era muy rápido—¡No despiertes a Nikolai! ¡Estuvo ocupado hasta tarde!

—Sí, ya me imagino que estaba "ocupado"—se burló el irlandés, sin ocultar el segundo sentido de sus palabras.

El pelirrojo abrió la puerta de la habitación de Stefan sin mucho cuidado, revelando así la habitación del búlgaro y una cabeza rubia entre las sábanas.

—¡Oye, bella durmiente! —llamó Cian en un tono de voz muy alto.

Stefan le chistó para que no hablara más. Su novio tenía que descansar. No le parecía correcto que perdiera horas de sueño por las travesuras del irlandés.

—Alguien tuvo mucha acción ayer, ¿eh? —insistió el irlandés.

—Cian, ¡cállate y déjalo dormir! —se exasperó el búlgaro, intentando no alzar demasiado el volumen de su voz.

El aludido continuó ignorándolo, y se acercó a la cama en puntas de pie. Como si eso fuera a ayudar luego de andar gritando. Tomó un vaso de agua que había en la mesita de luz. A Stefan se le detuvo el corazón. ¿Cian era tan cruel como para arrojarle un vaso de agua al pobre Nikolai?

Recordó sus palabras aterradoras la noche anterior. No quería saber cómo iba a terminar eso.

—Cian, no... —intentó decir, pero era muy tarde. El irlandés ya parecía tener su objetivo en mente, y no iba a cambiarlo.

El pelirrojo alzó el brazo, inclinando lentamente el vaso. Le apuntaba directo a la porción del rostro de Nikolai permanecía al descubierto, ya que el resto de su cara estaba cubierta por las sábanas.

—Hora de despertar... —murmuró Cian, decidido.

Pero antes de que pudiera verter el contenido sobre el plácido rostro de Nikolai, una mano lo sostuvo fuertemente por la muñeca que sostenía el vaso. Éste cayó sobre la cama y luego la alfombra, esparciendo contenido sobre el colchón y los pantalones de Cian.

Éste último soltó un gritito de susto, sobretodo porque el rumano había abierto sus ojos de repente.

—¡Sabía que eras un vampiro!—chilló el pelirrojo, asustado.

—No soy vampiro, idiota. ¿En serio ibas a tirarme agua? —interrogó Nikolai, molesto, sin aflojar el agarre de la muñeca del menor.

—Yo... ¡era para ver... si estabas atento! Naturalmente. Y como siempre, estabas... atento. Innaturalmente atento.

—Eso dio miedo, Nikolai—reconoció Stefan, que también había sufrido un mini sobresalto al ver el movimiento repentino.

—No se sorprendan. Sabía que algo se venía desde que escuché su carrera por las escaleras. ¿Pretendían que siguiera durmiendo con eso y sus gritos? —protestó el rubio, soltando a Cian y cubriéndose perezosamente con las sábanas otra vez.

—Bueno... parecías cansado—admitió el búlgaro, acercándose a la cama para sentarse junto a su novio. Intentó evitar los lugares recientemente mojados—Perdón por despertarte. Sólo quería evitar que Cian hiciera de las suyas.

Sabía que Nikolai no siempre tenía ganas de hablar cuando recién se despertaba, pero interpretó aquél murmullo de palabras ininteligibles que salieron de su boca como una aceptación.

.

—Bueno, ¿qué estás haciendo aquí, Cian? —interrogó Nikolai, luego de comer su segunda tostada. Los tres estaban sentados en la mesa de la cocina.

—Vine a buscar a tu novio en busca de consejo—admitió el irlandés—No es que ayudara demasiado.

—Eh—se quejó Stefan.

—Sin embargo, haces buen café—reconoció Cian, sacándole la lengua.

—¿Es por lo que me contaste ayer? —quiso saber el rumano—¿Vas a dar detalles? —al decir esto, le dirigió una mirada culpable a Stefan—Lo siento, no debes tener ni idea de a qué nos referimos...

—¿Que Cian besó a Eduard?

El rubio abrió la boca, sorprendido y un poco ofendido.

—¿¡Cómo sabes!? —exclamó.

—Lo escribí en el grupo, Nikolai. Ya no tienes la premisa—se explicó el irlandés—Alguien no usó demasiado su teléfono...

—Alguien estaba durmiendo, que es lo que todos ustedes deberían haber estado haciendo—los acusó el rumano.

—Estás sonando como Paulo—se quejó el pelirrojo, haciendo una mueca—En fin. Siento que voy a explotar. Tengo que moverme.

—Has bebido demasiado café... —le recordó Stefan.

Yyyyy tenemos otro Paulo—acusó Cian, levantándose y yéndose hacia la sala de estar.

Nikolai suspiró.

—Ni siquiera sé en qué tengo que aconsejarlo—bebió un sorbo de café—Honestamente, no estaba preparado para que llegara tan lejos. No tengo idea de qué decirle.

—Tal vez no necesitas decirle nada. Creo que sólo quiere descargarse—opinó Stefan—Aunque tú has llegado mucho más lejos, por así decirlo. Deberías saber qué decirle.

—No. Tú tienes sentimientos. Eduard es una roca.

—Solían decir lo mismo de mí.

—Stef, querido—le acarició una mejilla, mientras recordaba la discusión con Feliks y Eduard del día anterior—No tienes ni idea.

Un grito de Cian los interrumpió.

Oh my… Stefan, ¡¿juegas al just dance?!

—Yo no…—masculló el búlgaro, y luego elevó la voz— ¡Eso es de mi madre, idiota!

—¡Hay que jugar! —exclamó el irlandés.

El dueño de la casa dejó salir un sollozo.

—Por favor, dime que no lo vas a dejar hacer esto.

Nikolai no contestó. Se llenó la boca de café para no hacerlo.

—Alguien ha sido traicionado—comentó Cian desde la puerta.

—Cállate—siseó Stefan.

.

Entre los intentos de twerking fallidos por parte de Cian y posteriores caídas al piso, resolvieron que ahora el siguiente movimiento dependía de Eduard. El irlandés ya había puesto bastante de su parte en eso. Remar una canoa en la que van dos personas, pero sólo una rema, no funciona como debería.

Esperaba que su amigo no muriera de los nervios. Al menos parecía haberse divertido. Sin querer, se les había gran parte de la tarde en la casa de Stefan. Sí que necesitaban pasar más tiempo todos juntos.

Abrió la puerta de su casa, dirigiéndose a la cocina para saludar a sus padres.

—Ya llegó—escuchó decir a su padre.

Paró en seco. ¿Acaso lo estaban esperando precisamente a él?

Giró su cabeza, y se encontró con su hermano jugando con sus legos al pie de la escalera. Lo interrogó con la mirada, pero Andrei simplemente le sacó la lengua y continuó bloqueando el pasaje al piso superior… lo cual significaba bloquear el camino a su habitación.

—¿Nikolai? —lo llamó la voz de su progenitor—¿Puedes venir un segundo?

Se sentía acorralado por su propia familia.

—Ya voy…—antes de irse, dirigió a su hermano una mirada que pretendía ser intimidante, aunque el menor ni se inmutó.

Le parecía que sus pasos retumbaban por el corto pasillo que lo llevaba a la cocina. Pero, ¿por qué tenía que sentirse culpable? No había sacado malas notas ni se había metido en líos. Tampoco peleaba demasiado con su hermano.

¿Y si se habían enterado de lo suyo con Stefan? La vecina de al lado, Adelita, a la cual su hermano odiaba tanto, los podría haber visto. Una vez que Stefan pasó a recogerlo a su casa, lo abrazó efusivamente, y hasta lo besó. Pero también recordaba que la anciana no llevaba sus gafas ese día. Hasta parecía que le costaba reconocer a Nikolai desde lejos. Andrei había aparecido y dijo "Ves por qué me cae mal. Siempre tiene que estar mirando para nuestra casa…". Ni siquiera había hecho preguntas sobre por qué estaba besando al aburrido de su amigo.

El alma se le cayó a los pies. Temblando, giró su cabeza, con un pensamiento horrible en su cabeza. ¿Y si Andrei lo había delatado? Porque esa sería la peor clase de traición que podía hacer un hermano, incluso más que delatar a quién había comido los últimos restos de helado. El niño continuaba creando su barricada de bloques, y la pequeña construcción le pareció psicológicamente más amenazante que la charla que le esperaba con sus padres. Continuó avanzando hacia la cocina, sin despegar su mirada acusadora de Andrei, hasta que no quedó otra opción que enfrentarse a los adultos de la casa.

—Hola—saludó, intentando sonar tranquilo, y tomó asiento frente a ellos. Recordó que la última vez que había estado ante esa situación tan particular, fue cuando se enteró que se mudarían.

Bueno… esa hipótesis era todavía peor a que se enteraran que tenía novio.

—¿Cómo te fue en el trabajo? —preguntó su madre, removiendo una bolsita de té dentro de su taza.

—Bien, aunque estoy cansado. Mucha gente viene a la ciudad en verano.

Su padre le dirigió una mirada preocupada.

—Nikolai, ¿todo marcha bien?

—Eh… sí—contestó el nombrado —Todo está bien.

Su padre observó a su esposa. Ésta asintió, y tomó aire.

—Nikolai, cariño, creo que ya te lo he comentado, pero… hemos notado que pasas poco tiempo en casa. A veces ni siquiera duermes aquí.

—Sí. Sabemos que ya eres mayor de edad, y nunca causas problemas—aportó su padre—Pero tal vez… no sé… te pasaba algo. Sabes que si tienes algún "asunto", podemos resolverlo. Encontraremos la forma.

Su madre asintió enérgicamente.

—Tus amigos tampoco parecen malos chicos. Pero es un poco extraño que alguien a tu edad huya tanto de su casa.

Nikolai suspiró.

Mama, Tata, tranquilos. Está todo bien.

—Entonces—comenzó el hombre, esbozando una sonrisa divertida—Supongo que tienes una novia. Pasas tanto tiempo con ella que no estás en casa. ¿Verdad? —rió—Como anoche.

Su madre, con expresión de "lo sabía", bebió un largo sorbo de té.

Al chico le tomó unos momentos responder.

—No estaba en lo de mi novia anoche ni ninguna otra noche. Estaba en lo de Stefan.

Nikolai habría jurado que podía ver los números, símbolos y ecuaciones imaginarias encima de la cabeza de sus padres (Pasar tanto tiempo con Cian y sus memes le afectaba).

Ellos se miraron en sí, y luego a él. Dos veces. Su padre hizo un gesto con la mano, como animándolo a seguir hablando. Les faltaba información. Pero Nikolai no iba a dárselas, o la menos no del todo. Sabía que Stefan no estaba listo ni para decírselo a su propia y progresiva madre, así que él también esperaría.

—Entonces…—comenzó nuevamente su madre—¿No hay novia? —Nikolai negó con la cabeza—Sólo vas a lo de… tu amigo.

—Exacto—mintió el joven.

—De todas formas—dijo su padre—Es un poco sospechoso.

—Lo dejo a su imaginación—sentenció el menor.

Sus padres volvieron a mirarse entre sí, algo preocupados.

—Nikolai, hijo…—quiso decir su madre—¿Eres…? ¿Te gusta…? ¿Te gustan los…?

Sabía exactamente que quería decir ella. Y entendía por qué no podía: si bien no habían manifestado hostilidad ante "asuntos LGBT+", tampoco lo entendían del todo. Era como algo ajeno a ellos. Existían y no había problemas, pero era como que no fueran parte de la misma sociedad.

—¿Gay? —completó Nikolai—No sé. Tal vez. Un poco.

—¿Un poco? —inquirió su padre, confundido.

—Como la mitad. Capaz más—se encogió de hombros.

—Oh Dios, es como hablar con Andrei—su madre se palmeó la frente, probablemente sin la energía para lidiar con más de un infante en su vida—Nikolai, ¿me vas a decir que se puede ser como, no sé, sesenta por ciento gay?

Nikolai iba a contestarle, pero su progenitor masculino se adelantó.

—Ilinca, hay tantas cosas que no entendemos… el otro día vi un artículo de eso en el periódico. Es tan confuso… hay tantas etiquetas y nombres y… en fin, créeme que el hecho de que nuestro hijo sea no-del-todo-gay es más fácil de entender que todo eso.

Ella asintió.

—Cierto. El otro día atendí a una chica joven que me dijo que yo era cis. No entiendo que es, pero por como lo dijo creo que es malo.

Nikolai no pudo evitar reí.

—No es malo, mamá. Bueno, hay gente que lo hace sonar como que es malo, pero no tiene por qué serlo—le explicó—A veces yo tampoco entiendo todo eso.

Su madre sonrió, un poco más tranquila.

—Bueno… si tienes novio puedes contarnos—le dijo ella.

Nikolai asintió, un poco incómodo.

—No entendemos mucho esas cosas, pero… bueno, te apoyamos. Pero no te metas en cosas ilegales—advirtió su padre, probablemente haciendo a alusión a prostitución o droga.

—Estaré bien—aseguró el joven.

—Bueno, ahora entiendo por qué no te gustaba Elizabeta—bromeó su madre.

El joven se puso de pie, observándola horrorizado.

—No me hagas esto. No me gustaría esa persona fuera hombre o mujer—se asqueó—Es Elizabeta, ew.

Sus padres rieron, conociendo la familiar "aversión" de su hijo por su amiga de la infancia.

"Todo está bien" se dijo Nikolai "Todo va a estar bien".


Bueno... esto se ha demorado. Pero aquí está. Disculpen si parece un capítulo de transición. Pero el que viene se supone que estará muy bueno, je.

No quería decir esto, pero... un review es una hora de sueño tranquila para Cian (? Colaboras con la pobre alma de Cian y colaboras con el mundo (?