Surprise, bitch, I bet you thought you saw the last of me :)


Hablando en serio, primero que nada me disculpo por la tardanza. Pero ya planifiqué un poco mis próximos movimientos, y espero no tardar tanto con el siguiente capítulo.

Segundo que nada, me voy a súper hiper disculpar por lo que viene ahora. Algunos pensarán, wtf a quién le importan los profesores? Pues a mí. Tenía ganas de escribir sobre ellos. ¿Por qué me disculpo? Porque son un montón, y la mayoría personajes de los cuáles no se sabe el nombre humano. Y tampoco es que vayan a tener nombres fáciles. Estuve averiguando por toda la internet para conseguir nombres más o menos decentes y que encajen con sus países, así que aquí dejo la lista. Algunos obviamente ya se conocen por ser canon o conocidos en el fandom :) Otros no. Si fue una odisea para mí buscarlos, no me imagino lo que va a ser para ustedes al leerlo. Mil disculpas nuevamente. Podrán ver el nombre de nación, humano (sólo nombre, si pongo apellidos se mueren para recordarlo así que no. Sólo aparecen apellidos de los "viejos conocidos"), y qué se supone que hacen en la escuela~.

THE SQUAD:

Matemáticas: Roderich (Austria)

Francés: Monique (Mónaco)

Literatura: Jorge (Cuba)

Filosofía: Heracles (Grecia)

Historia: Batsaikhan (Mongolia) (I'M SORRY, ESTE FUE DÍFICIL) (Le vamos a decir Batsa, ok)

Arte: Dorje (Tibet)

Política: Lina (aka Lili) (Liechtenstein)

Inglés: Ajit (India) (Tuve que resistir las ganas de llamarlo Rajesh sorry not sorry)

Economía: Mei (Taiwán)

Ciencias: Sevket (Chipre) (idk lo vi por ahí y es muy cool ok. Mi favorito)

Otra gente importante:

Director: Sadiq (Turquía)

Secretaria: Katerina (Ucrania)

Bibliotecaria: Linh (Vietnam)

Consejero o Psicólogo o esas cosas que en todas las escuelas hay pero desgraciadamente no siempre pueden ayudar D: : Klahan (Tailandia)


Extra VI

"Seguro son como una vecindad de viejas jubiladas chusmas cuando se juntan y hablan de nosotros" (Tsevatanov, Stefan. Capítulo XXII)

Profesores

—Todo va a salir bien, Katerina. No hay por qué entrar en pánico—le aseguró el director Adnan.

—No es la reunión lo que me preocupa, señor—la ucraniana arrugó la nariz al decir esto—Si no los asistentes.

—No pueden ser tan malos.

—Trabajo más con ellos que usted.

—Tonterías... —pero Sadiq deseaba que fuera cierto. Si era tan malo como Arlovskaya daba a entender, entonces tendría la excusa perfecta para echarle la culpa a Karpusi y sacarlo de la escuela de una vez por todas. Llevaba deseándolo desde hacía seis años. Precisamente desde la entrevista de trabajo.

Se encontró con Klahan y Linh en la puerta, susurrando entre ellos. Al verlo se separaron, pero parecían estar bloqueando la entrada a la sala de profesores.

—¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Estaban invitados a la reunión? —inquirió Sadiq, volviéndose hacia Katerina. Ésta negó con la cabeza, igual de confundida que él.

El sonido de algo rompiéndose se escuchó, y luego gritos. El turco, alarmado, se precipitó hacia la puerta, abriéndola sin aviso.

Nada lo preparó para lo que vio adentro.

.

40 minutos atrás...

Estaba llegando tarde. Lina corrió por los pasillos, aunque no iba tan rápido como hubiera querido. Llevaba unos tacones muy bajos, pero que igual podrían jugarle una mala pasada si daba un paso en falso. No quería terminar tirada en el suelo.

Se paró enfrente de la puerta de la sala de profesores, y en unos segundos se acomodó sus pantalones y camisa. También el cabello. Considerando que estaba preparada para ver a sus colegas, abrió la puerta silenciosamente, con miedo de interrumpir la reunión ya iniciada.

Grande fue su sorpresa cuando sólo se encontró con Heracles durmiendo, mientras Sevket y Ajit le rayaban la cara.

—Buenas tardes—interrumpió ella, llamando la atención de los dos hombres—¿No empezó la reunión?

—¿Reunión? —repitió Sevket, confuso. Ajit rodó los ojos.

—Se refiere a la reunión de la clase 2-C. De sus notas y esas cosas.

—Oh~. ¿Que no era a las 19:00?

Lili maldijo para sus adentros. Su mala caligrafía no sólo le jugaba malas pasadas a sus alumnos... sino también a ella.

—Entendí mal—aclaró la liechtensteiniana—¿Pero qué hacen aquí tan temprano?

—Pasando el rato—contestó Sevket.

—Viendo a Dorje meditar—continuó Ajit.

Lina se sorprendió. No había notado al tibetano, en un rincón sobre una alfombra de hacer yoga.

¿Por qué era tan silencioso?

¿Acaso la meditación era su forma de lidiar con el estrés que provocaban esos adolescentes?

¿Por qué rayos había una alfombra de yoga en aquél lugar?

Había cosas que no tendrían sentido jamás. Lili suspiró. Tomó asiento en la gran mesa rectangular, en su asiento usual contra la ventana, y comenzó a planear la próxima "tortura" para sus estudiantes.

Los otros dos continuaron parloteando, y el parloteo se convirtió progresivamente en un chismorreo.

Ahí decidió concentrarse un poco menos en sus responsabilidades, y escuchar un poco más.

—Digo, este plantel de profesores parece una casa del amor o algo así. Todo el mundo consigue con quién coger—decía Sevket.

—El vocabulario—interrumpió ella.

—Lo siento. Pero es cierto lo que digo.

—¿Tú también tienes a alguien? —interrogó el indio, curioso.

—Para nada. Sadiq y yo somos parientes cercanos. No puedo darme el lujo de tener vida sexual delante de sus narices.

—Pariente del director. Eso explica por qué dejan a alguien como tú dar clases aquí—lo molestó Ajit.

—Nepotismo—murmuró Lili para sí. Ya tenía el próximo trabajo para sus alumnos. Los otros la miraron, confundidos, pero luego volvieron a lo suyo.

—Como si haber estudiado para ser profesor de ciencias no contara para nada—bufó Sevket, ofendido.

La puerta se abrió, y entraron Monique y Mei, arreglándose el cabello. Menos disimulo, imposible.

—¿De qué hablan? —preguntó la taiwanesa, tomando asiento al lado de Lili. Parecía agitada.

Sevket se tapó la boca para ahogar su risa. Monique lo fulminó con la mirada.

—Créeme, no quieren saber—murmuró Ajit, poniendo los ojos en blanco.

—Oh, por supuesto que queremos—interrumpió la francesa, molesta—Se callaron apenas llegamos. Sin duda tiene algo que ver con nosotras.

—Monique—la llamó Lili—No quieres saber.

La aludida parecía creer más en las palabras de su colega rubia, por lo que tomó asiento a su lado. Mei la imitó, quedando así las tres chicas juntas.

—Estábamos hablando de quién sale con quién—soltó Sevket de pronto—Pero no se preocupen, haremos como que no sabemos nada de ustedes dos…

—¡Silencio! —chilló Monique.

—No tiene sentido ocultarlo, francesita. Es tan obvio como que Ajit se le van los ojos por ese psicólogo raro…

El indio se atoró con su café, y el otro chico tuvo que palmearle la espalda fuertemente.

—Pero como digo, todos lo sabemos—continuó el chipriota—Así que conocen de alguna otra posible pareja de lo no me he enterado, es momento de compartirlo antes de que llegue más…—se cortó a mitad de la frase, dejándola en el aire. Parecía distraído por algo.

Lina siguió su mirada, y se topó con el escote de Monique. Llamaba la atención no sólo porque tenía los botones apenas cerrados (y encima de forma incorrecta) y se le viera un poco del encaje del sostén, sino también porque, bueno, era Monique, y Monique era la más correcta e impecable de todas. Siendo solidaria con la otra mujer, que estaba enfrascada en su libro y no estaba prestando atención a lo que Sevket decía, le dio un golpecito con su pierna.

La francesa la observó, interrogante. Lina intentó, con miradas y leves señas, hacerle entender discretamente lo que ocurría con sus prendas. Pero la otra no le entendió. Entonces, la liechtensteiniana tuvo que ser menos sutil. Le señaló directamente su escote.

Pero Monique simplemente levantó su libro, diciendo "oh, sí, es de Víctor Hugo".

Hasta los dos hombres se habían dado cuenta de lo que estaba ocurriendo en la sala. Parecían a punto de decir algo, un poco avergonzados, pero otra voz habló en su lugar. Todos se sobresaltaron al escucharlo… ya que creían que dormía.

—Por el amor de dios, mujer, que te escondas las tetas que estás en el trabajo—había soltado el griego, abriendo sus ojos verdes perezosamente. Parecía molesto por la atmósfera de incomodidad—No ha llegado el día en el que nos dejen dar clases desnudos… todavía.

Creppy—soltó Mei, escondiéndose detrás de una carpeta con mariposas.

Un silencio incómodo recorrió la sala mientras Monique se arreglaba su atuendo, hasta que Heracles volvió a hablar.

—Yo sí me sé un chisme.

Y todas las cabezas se giraron hacia él. Excepto la del tibetano, que seguía completamente abstraído en su actividad.

—Cuenta—exigió Sevket.

—Aunque no es de profesores—musitó Heracles—Así que probablemente no les interese.

—Bueno…—comenzó Mei—No es como que queden más candidatos. Es decir, míranos. Los que estamos aquí… estamos. No creo que alguien más salga con alguien. Jorge ya está casado, y Dorje también pero con su religión. Y Batsa asusta un poco, aunque sea buen tipo.

—Tienes razón—interrumpió tímidamente Lina—Pero te estás olvidando de Roderich.

Los demás se miraron, y soltaron ruidosas carcajadas inmediatamente.

—¿¡Roderich!? ¡Ese es uno bueno, Lili! —rió Sevket—Es un viejo amargado.

—¿Viejo? —discutió Lili—Disculpa, pero tiene la edad de mi hermano.

—¿Qué sería…?

—Veintisiete.

Las risas cesaron. Todos se miraron, sorprendidos.

—Pensé que estaba por cumplir cuarenta—confesó Mei en un susurro.

—Podrá tener menos de treinta, pero sigue teniendo el alma de alguien que quiere retirarse—defendió Ajit.

—¿Acaso no tenemos todos esos días en los que queremos retirarnos? —inquirió Monique.

—Tienes razón—suspiró Heracles, perezoso—Sólo que para él esos días son todos los días.

El silencio volvió. Cada uno estaba inmerso en revisar sus notar, planificar clases o leer. Heracles parecía a punto de volver a dormir. Pero Sevket rompió el silencio nuevamente.

—Heracles, ¿de qué te enteraste?

Al griego le tomó un largo rato responder, pero finalmente lo hizo.

—Dicen por ahí que Feliks y Natalia se besuquearon en la fiesta de año nuevo.

Fue como soltar una bomba. Alguien tiró sus cuadernos al piso.

—¿Es broma, no? —Monique rió, algo nerviosa—¿La mejor alumna con el… bueno… con Feliks?

—Te digo lo que escuché en los pasillos mientras los chicos creen que duermo.

—¿Cómo que mientras creen que duermes? —soltó Mei, ruborizándose—¿No… duermes en serio?

—Sólo descanso un poco la mente. Pero a veces soy consciente de lo que pasa… ¿por qué, te preocupa que haya sido testigo de algo inapropiado?

La sonrisa espeluznante de la taiwanesa fue suficiente para que no se hablara más de ese tema. Aunque todos seguían atónitos ante semejante noticia.

Ante el silencio (incómodo pero acostumbrado), Dorje pareció terminar su meditación y tomó asiento discretamente con el resto de sus colegas. Los observó atentamente, como esperando algo. Al no encontrar respuesta, su voz ronca y calmada rompió el ambiente.

—¿Eso es todo? ¿Son los únicos rumores que saben de los estudiantes?

—Sabía que, en el fondo, él también se interesaba por las habladurías—Elise escuchó a Sevket decir entre dientes—¿Así que no te sorprenden Natalia y Feliks juntos?

—No. Es más creíble que Nikolai y Stefan—opinó Dorje.

—¿Más creíble? —se indignó Heracles—¿Te equivocaste de aula?

Eli suspiró, aunque tenía el oído parado. Cuántas cosas se había perdido. Y no podía creer como la gente se entusiasmaba defendiendo la relación de dos personas ajenas.

En el medio de opiniones e intercambio de billetes (Ajit había perdido su apuesta de que Toris y Natalia estarían juntos), la puerta se abrió y Batsa apareció. Claramente no tenía el mismo efecto en sus estudiantes que en sus profesores, por lo que apenas lo saludaron y volvieron a la discusión.

—¿Qué está pasando? —preguntó Batsa, tomando asiento junto a Elina. Ella le sonrió amablemente, y él apartó la mirada.

—Bueno, parece que como siempre la vida de nuestros alumnos es más interesante que la nuestra.

—¡Basta de chismes, estamos aquí para poner notas, no para hablar de sus ligues! —se enfadó Monique, que odiaba salirse de la agenda. Sin embargo, su exclamación no podía ser tomada en serio cuando estaba revisando perfiles de Facebook indisimuladamente.

—No sé, pero yo le pondría un 2 a Cian por no disimular que le gusta Natalia—soltó Heracles, y el mundo ardió. "No, estúpido, está mirando a Toris, mi gaydar no miente". "No a Toris, es a Raivis". "No saben nada".

—Ah, amor joven—suspiró el mongol, con aire nostálgico.

Lina lo miró con curiosidad

—Pero tú no eres tan mayor, Batsa—dijo ella, intentando disimular su interés—No deberías estar tan nostálgico.

—Bueno, sin duda no es lo mismo ahora…. Aunque no echo de menos la estupidez de la adolescencia—se puso un poco incómodo e intentó cambiar de tema—¿No es un poco, esto, "poco profesional" tener este tipo de conversaciones?

—Dejó de ser profesional cuando al señor Adnan se le ocurrieron esas juntadas extraoficiales con cerveza de por medio—sentenció Lina—y así estamos.

—¿Qué insinúas?

—Bueno, yo…—se dio cuenta que metió la pata—Bueno, no es ningún secreto lo que pasa entre esas dos, por ejemplo….

—¿Insinúas que esta institución es una suerte de tía casamentera? —sugirió, esbozando una leve sonrisa.

—¿Qué te hace pensar eso? ¿Crees que hay más de una parejita? —desafió Lina, lanzándole una de sus miradas inocentes pero no tanto.

Batsa mantuvo su sonrisa, y sostuvo la mirada, cosa que rara vez hacía con ella. La liechtensteiniana tomó su bolso y sacó su estuche con cigarros, una pequeña caja de metal con sus iniciales grabadas. Había sido un regalo de su hermano Vash, que a regañadientes aceptaba que fumara. "Si te vas a destruir los pulmones, que sea con clase". Nunca gastaba dinero, pero cuando lo hacía, era de lo mejor.

—Voy a fumar. ¿Me acompañas?

El mongol pareció pensárselo un poco, pero finalmente aceptó.

.

—Así que, ¿nostalgia adolescente? —Lina reanudó el tema, entre calada y calada. Estaban apoyados contra la ventana, ignorando el griterío detrás de ellos. Jorge había llegado muy alarmado con un video extraño sobre arañas en bananas y todos estaban replanteándose su vida y seguridad en voz demasiado alta—No pareces ser del tipo que hacía muchas locuras.

—La gente cambia. Sin embargo, creo que ahora son un pocos más locos que antes. Los jóvenes hoy en día hacen cosas que jamás me habría imaginado….

—No me digas. Yo creo que lo que hacen no le llega ni a los talones a mis épocas.

—… Tengo un poco de miedo, debo admitir.

La liechtensteiniana sonrió amablemente. Le daba un poco de orgullo que los hombres le tuvieran un poco de miedo. Más si eran como Batsa. La inquietaba bastante porque todavía no lo entendía suficientemente bien. Parecía tener secretos interesantes.

—Creía que eras un poco más valiente. De todos modos, nunca es tarde para hacer cosas locas, Batsa—como le gustaba decir su nombre.

—Me da la sensación de que en tu grupo de amigos eras la que los padres llamaban "la mala influencia".

—Claro que sí. Los incitaba a ver programas luego del horario de protección al menor—se burló Lina—Por favor. Desde hace tiempo mis noches locas consisten en beber una copa de vino, mirar más de dos episodios seguidos de La Ley y el Orden y simular que no tengo exámenes para corregir.

—Muy osado de tu parte. Casi tanto como salir con un colega a tomar unas copas.

—Bueno, no tan osado si es tu superior quien lo propone, ¿no? —A Lina le parecía que esas reuniones de "bonding", que según Sadiq funcionaban para desarrollar un mejor trabajo en equipo no eran tan fructíferas. Pero el director estaba obsesionado con el curso de motivación laboral de dos horas que hizo por internet, y presumía sus nuevos conocimientos a la menor oportunidad.

—¿Y si no es él quién lo propone? ¿Y si sólo son dos personas?

—Eso…—la habían tomado por sorpresa, pero carraspeó y se recompuso en un momento—Sí que sería osado. Pero interesante.

Antes de que alguien más pudiera decir nada, se abrió la puerta de un portazo, y la mala energía que la persona dueña de ese acto emanaba no pasó desapercibida para nadie.

—Buenas tardes, Roderich—saludó Lina. Un gruñido fue lo que recibió como respuesta, acompañado de un "Lukasiewicz".

Iba a necesitar otro cigarro.

—Lo dejé en la biblioteca trabajando—suspiró el austríaco, dejándose caer elegantemente en una silla de plástico—Jack y él estaban inusualmente insoportables en esta última hora.

"O tú estabas usualmente irritable" pensó Lina, buscando su encendedor.

—Por cierto, Mei, Linh me pidió que te diera esto—le extendió una caja roja a la aludida. A la taiwanesa se le iluminaron los ojos.

—¡Chia Te! (*) —exclamó, abriéndola y extrayendo un pequeño envoltorio blanco con caracteres en algún idioma asiático—Calorías, vengan con mami~.

—No deberías estar tan orgullosa de eso…—comenzó Dorje, pero se calló ante la mirada asesina que le dirigió la chica.

—Entonces, ¿cómo han calificado? —preguntó Roderich. Eso le recordó a Lina el por qué se encontraban ahí en primer lugar.

—Promedio matemático, por supuesto—aseguró Monique, ajustándose las gafas. El austríaco asintió con cierto orgullo.

—Eso es tan del siglo pasado—se quejó Sevket, poniendo los ojos en blanco—Pero no voy a opinar, cada uno con su criterio.

—Tu criterio es que aprueban si no prenden fuego el laboratorio—reprochó Ajit.

—Y eso es más que suficiente, señor "gana el que me recomiende la mejor película". Todos saben que si nombran una de Bollywood, pasan. Además, ¿sabes lo difícil que es enseñar química con la existencia de Breaking Bad? Todos quieren cocinar metanfetaminas y explotar cosas…

—Y después yo soy el profesor estúpido y relajado—masculló Heracles—Al menos no los dejan usar el celular en clase…

—No creo que tenga nada de malo que ejerzan su libertad de usar el teléfono. En el fondo de sus almas, cada uno sabe si aprovechó o no el saber que uno les transmite…—comenzó Dorje, y Heracles se golpeó la cabeza contra la mesa.

—Hombre, no sé por dónde empezar a decirte que tan mal está eso…—el chipriota quería protestar, pero se interrumpió, ya que sintió que algo le bajaba por la nariz.

—¡Estás sangrando! —advirtió Mei, y Ajit se apresuró a darle un pañuelo.

Pero el sangrado era más abundante de lo normal. Lina reaccionó rápidamente.

—¿Llamamos a alguien? ¿Es normal que te sangre tanto la nariz? —se alarmó, arrojando su cigarrillo hacia una taza que decía "Best Principal" y usaban generalmente de cenicero.

—Hacía tiempo que no me ocurría. Llama a la enfermera de la escuel.a—dramatizó.

—…No tenemos enfermera—masculló Roderich.

—¿Alguien tiene un pañuelo de tela? El papel no aguanta—pidió Ajit, y observó al austríaco con esperanza.

—¿¡Tan viejo se creen que soy!? —se indignó Edelstein.

—Podemos usar esa bufanda que tienes puesta—sugirió Mei, todavía comiendo sus pasteles de piña.

—Ni se te ocurra. Es Dior—protestó nuevamente el austríaco.

—Edelstein, puedo oler un accesorio de imitación a cinco kilómetros, y eso apesta a falsificación—lo expuso Monique, fulminándolo con la mirada— Un poco de espíritu de equipo, por favor.

—Si Monique te dice que tienes que mejorar tu espíritu, es que te desviaste demasiado…—comentó Heracles con un poco de malicia.

Roderich, avergonzado pero de todos modos erguido y sacando pecho, le arrojó su bufanda a Sevket, que se quejaba de que estaba tragando sangre.

—Aprieta la vena, así se detendrá—sugirió Jorge.

—Pero me molesta—se quejó el chipriota.

—No seas bebé.

—¿Soy yo o huele a quemado? —soltó Ajit de pronto.

—Claramente no puedo oler nada…—se victimizó Sevket, pero luego abrió los ojos como platos—¡Fuego!

—¡Merde! —maldijo Monique, notando unos papeles quemándose.

Si bien Lina tenía una increíble puntería, al arrojar apuradamente el cigarrillo, erró al cenicero y éste terminó sobre el cuaderno de Heracles.

El griego soltó un gran insulto y un lamento por las notas que se pasó toda la noche preparando. La liechtensteiniana, muerta de la vergüenza, se apresuró a ayudar. Tomó una botella de agua que había encima de la mesa, para arrojarla encima del fuego.

—¡No! —gritó Sevket con voz nasal.

El "agua" generó una pequeña explosión. Mei gritó, separándose de la mesa y apretando sus dulces contra el pecho, protegiéndolos. El olor a quemado aumentó, y un olor a alcohol flotó en el ambiente.

—¿¡Tenías alcohol en esa botella!? —le gritó Ajit, enfadado—¡Sevket! ¿En la escuela?

—¡No es cualquier alcohol! ¡Es Ouzo (**), y mi tío dice que cura la resaca!

—No ayuda.

Batsa logró conseguir agua, pero en el proceso se chocó con un jarrón de cerámica barato que había en el piso. Existían apuestas sobre cuánto tiempo duraría sin que sea rompiera: alguien haría un poco de dinero extra con toda esa tragedia.

Logró apagar el fuego, pero un humo denso llenó la sala. Dorje se arrojó hacia la ventana. Monique y Mei se agacharon debajo de la mesa, dispuestas a levantar los trozos de vidrio más grandes. Sevket se había olvidado de que tenía que apretarse la nariz y la sangre le manchaba la camisa, por lo que Jorge empezó a reprenderlo.

.

—¿Qué está pasando ahí adentro? —Se alarmó Klahan, que había dejado su pequeña oficina al escuchar el alboroto y salió al pasillo—Creí que estaban reunidos.

Linh se acercó corriendo, saliendo de la biblioteca.

—Creo que el director está llegando. Tenemos que retrasarlo.

—¿Pero qué está pasando?

—No sé, ni quiero saberlo. Inventémonos algo.

Pero los pasos del director y su secretaria sonaban muy fuertes. No había tiempo de pensar excusas.

—¿Supongo que nuestros humildes cuerpos son lo único que le impide llegar a esa sala? —farfulló el tailandés.

Linh suspiró. Ya le había conseguido a Mei sus dulces, pero esto ya era arriesgarse demasiado, por más buena amiga que fuera.

.

Sadiq no supo cómo reaccionar cuando abrió la puerta y se encontró con ese escenario.

Sevket estaba sangrando por la nariz como si lo hubieran golpeado (muy probable, el hijo de su prima no era la persona más lista del mundo precisamente) y Jorge le gritaba que era débil. Le hubiera parecido gracioso si no fuera por la misteriosa actividad que Monique y Mei desarrollaban debajo de la mesa. Sólo podía ver que estaban ahí, pero no que hacían (tuvo miedo), porque el cuerpo de Heracles bloqueaba la vista. El griego estaba tirando en el suelo, con unos papeles quemados (ahora entendía el olor que lo golpeó al entrar a la sala) y lamentándose por quién sabía qué. Sólo podía ver el trasero de Dorje, que tenía medio cuerpo por fuera de la ventana. Roderich estaba tratando de tranquilizar a Lina, que estaba pálida y apoyada contra la pared. El único que parecía en sus cabales era Batsa, que se volvió hacia él.

—Necesitamos una escoba—fue lo único que dijo, solemnemente.

—No. Lo único que necesitan es terapia—masculló Sadiq, con un tic en la ceja.

La alarma de incendios comenzó a sonar. El turco aprovechó el estruendo para soltar un grito que nadie más oyó.

.

—¿Qué es ese ruido? —se preguntó Feliks—Es como una alarma. ¿Será que robaron un auto?

—Nah, esta escuela es bien aburrida—se quejó Jack, pero hizo silencio para escuchar mejor—Creo que es la alarma antiincendios.

Al polaco le costó un par de segundos reaccionar.

—¡Santa Mierda! ¡Larguémonos de aquí, Jack! ¡No pienso morir en este antro de perdedores sin onda! —exclamó trágicamente, arrojando los libros al suelo y corriendo a la salida.

—¡Hay un incendio en la escuela! —gritó el australiano a pleno pulmón. Pero no sonaba asustado, sino eufórico—¡Tengo que hacer un live stream ya mismo!

—¡¿Podrás ser más estúpido!?

Yooooooo, it's ya boi—comenzó a hablarle a su celular, corriendo con una sonrisa en la cara—¡La escuela se está quemando! ¡Apúntenlo en su lista de life hacks para salvarse de un castigo!

—¡Tu puta madre, Jack! —continuó insultando Feliks, jadeando por el esfuerzo de correr.

—¡Se quema la escuela, está pasando—parecía un niño en Navidad—¡Mira, Cian ya le dio like!

—Que me lleve el diablo—suspiró Feliks, perdiendo toda su fe en la humanidad.

.

Las buenas noticias: La reunión se suspendió, todos se fueron temprano a sus casas.

Las malas noticias: Sadiq Adnan haría por lo menos veinticinco reuniones sobre temas varios; entre ellos la prevención de accidentes, el consumo de sustancias peligrosas en un centro educativo, y cómo no, trabajo en equipo.

Más buenas noticias: Todo quedó en un trágico accidente.

Sin embargo, ahora le debía a Heracles un montón de trabajos corregidos de filosofía. Ya no recordaba la última vez que había tocado un libro de esa asignatura. De hecho, dudaba de que alguna vez lo hubiera hecho. Tenía que conseguir marihuana o algo así, porque no podía llegar a los niveles de abstracción del griego.

Se dejó caer en el asiento de conductor de su auto, todavía con la puerta abierta. ¿Cómo no se había dado cuenta de que la botella contenía alcohol? Ella era veterana con eso, muchas veces había camuflado así su "combustible".

"Estoy vieja. He perdido mi olfato" se lamentó, cubriéndose la cara con las manos.

Unas pisadas la sacaron de su ensimismamiento. Se recompuso, pensando que Sadiq vendría personalmente a reprenderla. Se había descompuesto un poco al momento del caos, pero gracias al cielo Roderich la había ayudado, y nadie le dio importancia por la situación. A fin de cuentas, el amigo de su hermano no era tan malo.

—¿Lina? —no era la voz de Sadiq, sino una más calmada. Era Batsa—¿Estás bien?

—Estoy bien—se apresuró a decir, aunque la voz le salió un poco chillona—Gracias por preocuparte.

El mongol se apoyó en el techo del auto, y Lina supuso que sabía muy bien que no estaba en su mejor momento.

—Supongo que tendremos que suspender nuestra reunión osada. Tengo que hacer un par de horas extras—comentó, intentando quitarle importancia.

—Heracles no es el único que sabe de filosofía. Podrías pedir ayuda.

—… ¿Dorje? —sugirió ella, aunque sabía muy bien que no era a eso a lo que se refería.

Él esbozó una pequeña sonrisa, y cerró los ojos.

—Podríamos cambiar el alcohol por café y un bar por mi casa. Sería una lástima que tu tiempo se desperdiciara en un desafortunado accidente.

—Creo que esa actividad no estaba incluida en el curso de nuestro director.

—No lo encontrarás en ninguno.

Lina sintió un cosquilleo que hacía tiempo no le daba, y tuvo ganas de reír.

—Lo consideraré, Batsa.

Por supuesto que diría que sí, pero una dama tenía que guardar las apariencias.


(*) Pineapple Cake Chia Te, googleé dulces taiwaneses y ahora tengo hambre y necesito probarlo. Tienen muy buena pinta.

(**) Es como un licor o aguardiente griego, aunque también es popular en Chipre.

Esto es todo. Nos vemos, (espero que pronto~)