Se estaba haciendo de noche, hacía frío y no veía el camino a su casa por ningún lado. En algún momento se tropezó con una raíz, cayó de rodillas y el dolor le hizo llorar.

El crujido de una rama le llamó la atención. Un par de ojos dorados le observaban con atención. Sabía que debía tener miedo, pero estar con esa gran criatura le tranquilizaba. Se sentía seguro, protegido.

La criatura se acercó despacio y le olisqueó las lágrimas antes de lamerle las manos. El pequeño niño las estiró para acariciar el áspero pelaje del ser de ojos dorados. Este se tumbó a su lado y el niño se acurrucó en su calidez.

Las lágrimas se calmaron poco a poco y por fin pudo ver correctamente a su salvador. Tenía el aspecto de un lobo, pero era tan grande como un caballo. Su pelaje era largo y del negro más profundo, con la punta de la cola de un blanco níveo.

Con el húmedo hocico, el lobo le hizo subirse a su lomo y poco a poco le llevó a un camino que conocía. Escuchaba las voces de sus padres a lo lejos. Su salvador se detuvo a bastante distancia y se tumbó para que bajara. Con un último golpe del hocico le instó a dirigirse a los preocupados adultos. El niño le observó hasta que se perdió en la oscuridad del bosque. Justo después empezó a correr hacia su madre, que le abrazó con fuerza.

-Mi niño... Mi pequeño... Mi Draco...

Me despierto de golpe y me siento con cuidado, frotándome la nuca. (Hacía mucho que no tenía ese sueño.) Sacudo la cabeza y mi pelo rubio cae sobre mis ojos. Lo aparto con un resoplido molesto. (Ya es hora de cortarlo.)

Me estiro perezosamente, todavía sin querer salir de la cama. Por supuesto la voz de mi padre corta toda mi felicidad.

-¡Draco! ¡Son las nueve y media! ¡Más te vale estar levantado y vestido!

Suelto un gemido exasperado y me levanto estirando los brazos. Mi búho pigmeo extiende sus pequeñas alas para saludarme como siempre. Sonrío y le acaricio las plumas de la cabeza antes de abrir el armario para buscar la ropa del día. Me decido por un jersey de hilo azul claro sobre una camisa blanca y unos vaqueros oscuros. (Tengo que admitir que la ropa muggle es mucho más cómoda que la de los magos.) Como todas las mañanas mi mascota voladora se posa sobre mi hombro antes de salir.

Bajo las escaleras hasta la cocina, donde mis padres están desayunando.

-Buenos días.

-Buenos días, Draco.

Me preparo un café y me siento en mi lugar de la mesa, partiendo un trozo de la tostada para dárselo al búho.

-No le des de comer al búho en la mesa, Draco.

-Su nombre es Vesta, padre. Le agradecería que se refiriera a ella por su nombre.

Solo recibo el silencio por respuesta, aunque mi padre se esconde detrás de El Profeta. Intercambio con mi madre una sonrisa. Vesta revolotea al respaldo de la silla de mi lado y sigue picoteando los trozos de pan. (Realmente la adoro. Es tan pequeña y adorable...)

En algún momento en torno a las diez llaman al timbre. Mi madre se levanta para abrir. Lo primero escucho es el grito de alegría de Teddy. La risa de mi tía resuena en el pasillo y pronto los tres llegaron a la cocina. Teddy se subió enseguida a sus rodillas y se abrazó a su cuello.

-¿No tienes que ir a trabajar, Draco?

-Mi jefe se iba a la boda de su nieta y me ha dejado una semana de vacaciones.

-Tú tienes un trabajo importante, ¿verdad Daco?

Miro a mi primo con una sonrisa forzada. (No me gusta mentirle, pero tampoco quiero decepcionarle.)

-Por supuesto, Teddy.

(En realidad trabajo en una vieja tienda de pociones con un jefe aun más viejo. Y solo he conseguido el trabajo porque soy un buen pocionista y los hijos del dueño no quieren encargarse del negocio.)

Seguimos hablando hasta que vuelve a sonar el timbre.

-Vaya, hoy es el día de las visitas.

Esta vez vamos Teddy y yo. Nada más abrir la puerta me quedo sin respiración. Delante mía hay un hombre alto y musculoso, con el pelo negro revuelto de una forma muy atractiva y ojos verdes tras unas gafas metálicas. Una bufanda de hilo azul claro destaca sobre la chaqueta de cuero negra y los pantalones vaqueros oscuros. (Es absolutamente impresionante y masculino. Aunque por supuesto reconozco a la persona un segundo después.)

-¿Potter?

-¡Padino!

Teddy salta a los brazos de Potter con alegría. Él simplemente ríe y le abraza con fuerza, bajando uno de los escalones para aguantar el golpe.

-Hola, Teddy-Potter me mira con una ligera sonrisa-. Buenos días, Malfoy. ¿Molesto?

-N...No. Pasa. Mis padres querrán verte.

Potter, llevando a Teddy colgando del cuello, entra. Yo me limito a guiarle hasta la cocina y al instante mis padres se levantan para saludarle.

-Señor Potter, que sorpresa.

-Siento pasarme sin avisar, señora Malfoy.

-Tonterías, usted siempre es bienvenido. Al fin y al cabo es el dueño de esta casa.

-Originalmente esta casa es propiedad de los Black, solo se la he devuelto a uno de sus miembros.

Justo después de decir esas palabras, que hacen sonreír a mi tía y a mi madre, mira a mi padre.

-Señor Potter.

-Señor Malfoy.

El aire se congela literalmente. (Es casi aterrador...) Mi madre suelta un suspiro agotado y sonríe a Potter.

-Siéntese, señor Potter. ¿Quiere un café?

-Si no es una molestia...

-Para nada.

-Ya lo hago yo, Cissa.

Tía Drómeda se levanta y sirve un café. Teddy, sentándose en una silla entre su padrino y yo, empieza a cambiar su pelo hasta tener una mezcla de rayas plateadas y negras. (Eso hace sonreír a Potter.)

-¿Por qué has venido, padino?

-Estoy de vacaciones, Teddy. Y quería veros a todos.

-¿Cuánto tiempo vas a estar por aquí?

Potter levanta la mirada hacia tía Drómeda.

-Algo más de un mes, aunque creo que voy a ampliar el tiempo. Necesito inspiración.

-¿Inspiración?

-Soy escritor y estoy en medio de uno de esos grandes bloqueos. Tengo a los personajes, la situación y la conversación, pero ni idea de cómo sacarles de ahí.

-Podría probar a desviar la conversación, dejándola en el aire como un cabo suelto y volver a ella más adelante.

Potter se rascó la barbilla pensativo. (Intento no fijarme en los pequeños rastrojos de barba que tiene.)

-Podría servir... Pero dejemos esto, ya me pelearé con las palabras en el hotel. Siento no haber venido antes, he estado muy ocupado en Nueva York.

-No pasa nada. Lo hemos supuesto. Aunque seguramente no haya venido solo para ver cómo estamos, señor Potter.

-No es el único motivo-Potter mira directamente a mi padre con un brillo serio en los ojos verdes (y no es que me fije en el color)-. Necesito su ayuda, señor Malfoy. Busco a cierta persona y sé que con sus contactos seré capaz de hacerlo.

-¿A quién buscas?

-Solo diré que es importante.

Mi padre le observa con detenimiento y luego sonríe ligeramente.

-¿Sabe su aspecto?

-Ni la más mínima idea. Solo sé que está en Londres.

-Eso es muy poca información. ¿Hay algo más para poder identificarlo?

-Su magia es... diferente.

Mi padre frunce el ceño confuso.

-¿Diferente?

Potter se pasa la mano por el pelo en un gesto nervioso. (Justo después el flequillo le cae sobre los ojos de una forma muy atractiva.)

-Es difícil de explicar. Es una especie de núcleo oscuro pero con un manto de luz pura. Sentirla a tu alrededor es como... el abrazo de las alas de un ángel. Te sientes tranquilo y calmado, pero de algún modo sabes que si le enfadas será lo último que hagas.

Tía Drómeda le sonríe con suavidad.

-Se nota que eres escritor. Tus palabras... son pura magia.

Potter le sonrió de lado. (¿Cuándo se volvió tan atractivo?)

-Eso intento. ¿Será capaz de ayudarme, señor Malfoy?

-Es posible, pero no seguro. Podríamos tardar meses.

-No podemos permitirnos eso. Tiene que ser antes del fin de este año.

-Pero eso... es imposible. Un hechizo de localización con tan pocos datos requiere al menos cuatro meses.

Hay un silencio tenso en la cocina. Teddy incluso se baja de su silla para sentarse en mis rodillas. Ahora su pelo es de color castaño oscuro, el color que tiene cuando está asustado. (Y yo también lo estoy. Hay una especie de aura oscura rodeado a Potter, expandiéndose y contrayéndose con pulsos rítmicos, como el latido de un corazón.)

Mi madre bebe un sorbo de su té antes de preguntar.

-¿Por qué este año?

Potter suspira pesadamente, bebe un par de tragos del café y mira fijamente a mi padre.

-En realidad no debería decirlo, pero... ¿han escuchado hablar de la Conjunción de los Opuestos?

Mis padres y mi tía se sorprenden.

-¿La Conjunción de los Opuestos? ¿No era una leyenda?

-Todas las leyendas empiezan como verdad. Esta en concreto... han cambiado muchas cosas, pero la esencia es la misma. El Señor de los Cielos ha renacido y su Guardián debe buscarle para protegerle y llevarle a la Ciudad del Más Allá para iniciar el Ritual de la Luz y que pueda sentarse en el Trono Celestial.

(¿Conjunción de los Opuestos? ¿Señor de los Cielos? ¿Guardián? ¿Ciudad del Más Allá? ¿Ritual de la Luz? ¿Trono Celestial? ¿Qué es todo esto?)

-Ayudaré en todo lo posible. Solo necesito más información.

Potter asiente rígidamente y se inclina hacia atrás cruzando los brazos sobre el amplio pecho cubierto de cuero.

-Aparte de lo que ya sabe... Nació en mi año. Quizás ayude a reducir el rango.

-Bastante. Llamaré a algunos contactos y nos pondremos a ello de inmediato.

-Gracias. Póngase en contacto conmigo para cualquier novedad.

-Por supuesto.

Él y Potter se levantan y se estrechan las manos. Justo después Potter se agacha al lado de su ahijado (y mía) y sonríe ligeramente.

-¿Quieres que vayamos al acuario, Teddy?

-¿Puede venir también Daco?

-¿Daco?-me lanza una mirada rápida-. Si él quiere, desde luego.

Mi pequeño primo me mira esperanzado y no puedo evitar decir que sí.

-¡Bien! ¡Daco viene! ¿Podemos ir mañana?

-Por supuesto-esta vez me mira fijamente sin perder la sonrisa amable-. ¿Te parece bien, Draco?

(Por alguna inexplicable razón me sonrojo.)

-S...sí. Nos vemos allí a las doce. Yo llevaré a Teddy.

-De acuerdo. Allí estaré-se levanta con un movimiento fluido-. Adiós, señora Malfoy, señora Tonks. Nos veremos en otra ocasión.

Potter y mi padre salen de la cocina y poco después escucho la puerta abrirse y cerrarse. Mi madre va al pasillo y consigo escuchar sus voces hablar en voz baja.

-¿De verdad vas a ayudarle?

-Es el Señor de los Cielos, Cissi. Todos aquellos del mundo mágico a los que se pida ayuda en su nombre deben otorgarla hasta el límite de sus posibilidades.

-¿Podrás conseguirlo?

-Debo hacerlo. Del mismo modo que Potter debe encargarse de su protección y la de todos aquellos que le apoyen.

-Entonces Potter es el Guardián. Es extraño que él, el Salvador del Mundo Mágico, sea el Guardián del Señor de los Cielos, la encarnación de toda la maldad existente.

-Sí, pero de algún modo no imagino a nadie mejor para el puesto.

Se quedan en silencio un momento.

-Hace siglos que el mundo está esperando a su Señor. ¿Por qué ahora?

-Solo el Guardián y los Dioses lo saben.

Me giro hacia mi tía cansado de no saber nada. (Nunca me ha gustado ser dejado de lado en las conversaciones y esta mañana me ha pasado dos veces.)

-¿De qué iba todo esto, tía?

-Es una antigua leyenda del mundo muggle que los magos respetamos. Es la leyenda de los Dioses Errantes. Creo que hay un libro sobre ella en la biblioteca, búscalo. Te lo explicará mejor que yo-se levanta-. Ven Teddy, tu primo necesita salir un momento.

Mi primo se sienta junto a su abuela y me deja libertad para correr a la biblioteca en busca del libro que necesito.


Lo he intentado, lo juro, pero no puedo escribir en 3ª persona.

Espero leeros pronto,

Naraya