Acaricio la superficie del agua. Una cálida lágrima resbala por mi mejilla y cae formando ondas concéntricas. La puerta se abre suavemente con un quedo crujido. Me giro para ver a la causa y razón de mis penas. (Mi querido amigo. La primera persona con la que hablé. Mi primera creación.)

Tiene le pelo negro largo hasta la cintura y recogido con una simple cinta de cuero en la frente. Viste de negro, con sus habituales pantalones negros, botas y camisa bajo la capa de piel con un broche de oro.

También lleva sus armas. La daga de bronce en el cinturón y las dos espadas, ambas completamente diferentes la una de la otra, en la espalda.

(Sus ojos verdes me atraviesan como cuchillos afilados y desgarran todavía más lo que queda de mi corazón.)

-Mi señor, debéis estar dentro. Los asesinos pueden atacar en cualquier momento.

Miro de nuevo hacia el agua. Mi reflejo me devuelve la mirada. Tengo los ojos rojos e hinchados y el pelo hecho un desastre.

-Estoy cansado de esconderme. Quiero volver a viajar por el mundo sin temor a que alguien me ataque para matarme.

-No podemos evitarlo. Sus mentes fueron creadas para querer más y más cada vez. Y ahora lo único mayor que pueden conseguir es tu poder.

-El tuyo se equipara al mío.

Escucho el susurro de sus ropas y sé que se ha cruzado de brazos. También le conozco lo bastante como para saber que tiene una mueca molesta. (De algún modo eso me hace sonreír.)

-Yo puedo defenderme solo, pero tu juramento para con todos los seres vivos te impide hacerles daño.

-Son mis creaciones, jamás podría hacerles nada.

Hay un golpe sordo detrás y me giro para verle con una rodilla en el suelo y una expresión de agonía al tiempo que se lleva una mano al corazón. Me alarmo y corro a su lado. Pongo mis manos a ambos lados de su cabeza y le obligo a mirarme. Las dos esmeraldas más perfectas que conozco están ocultas tras el velo opaco del dolor. (Está sufriendo y no sé porqué.)

-¿Qué ocurre, Harrold? Por favor, quiero ayudarte.

Sus manos sujetan mis muñecas con fuerza. Un segundo después me encuentro entre su atlético pecho y sus fuertes brazos. Aspiro sorprendido y su fuerte olor picante asalta mi nariz. Me quedo paralizado y tenso. Sus dedos se clavan en mi nuca y su respiración rápida agita mi pelo.

Poco a poco se calma y deja de aplastarme, pero yo me agarro a su camisa y consigo que vuelva a abrazarme con fuerza. (Por un momento volvemos a como éramos antes, sin diferencias de rango ni nada. Solo dos amigos ayudándose el uno al otro.)

En algún momento suspira y se aparta para mirarme a los ojos. Sus pulgares acarician mis mejillas con un cuidado que no había sentido en muchos milenios.

-Tienes los ojos rojos. Nunca me ha gustado verte con los ojos rojos y mucho menos por mi culpa.

Cierro los ojos un segundo y me inclino hacia su cálida mano. (Hace mucho que no estábamos así de cerca.)

-¿Qué ha ocurrido?

-Veneno. En la última escaramuza me alcanzaron con un dardo envenenado. Conseguí reprimir los efectos pero estoy en mi limite.

Eso me alarma. Empiezo a buscar en su torrente sanguíneo, pero no encuentro nada.

-¿Qué clase de veneno era? ¿Qué color tenía?

-Era... blanco. Creo que ataca a mi sistema nervioso. Cada cierto tiempo siento todo mi cuerpo arder de dolor.

-Es posible, no se puede descartar del todo-con reticencia, aparto una de sus manos de mi mejilla y observo su palma, centrándome en las terminaciones nerviosas. (Tiene razón, están dañadas y hay una sustancia extraña que no reconozco)-. Creo que puedo hacer algo, pero si lo consigo tendrás que estar varios días en la cama sin moverte. Voy a recomponerte el sistema nervioso al completo. Va a dolerte durante un momento.

-Al menos sé que solo será una vez más y no otras diez.

Le sonrío, respiro hondo y esta vez soy yo quien coloca mis manos en sus mejillas. Empiezo a entonar una canción que quitará la sustancia y recompondrá el sistema nervioso. Le escucho ahogar un grito y le veo apretar la mandíbula. Varios minutos después termino, pero no me aparto.

Él ha cerrado los ojos y por fin los abre. Coloca sus manos sobre las mías. Pasan los segundos y los minutos. Un brillo extraño cruza sus ojos y se inclina para besar mi frente.

-Gracias. Ahora si puedes ayudarme a llegar a mi habitación...

-Por supuesto, eres mi... Guardián.

(Por un segundo he estado a punto de decir amigo, pero sé que eso va a alejarle de nuevo.)

Le ayudo a levantarse y se apoya en mí para caminar. (Sé que cada paso es una agonía para él, por lo menos hasta que su cuerpo se acostumbre a los nuevos nervios.)

Al poco tiempo llegamos a su habitación y se deja caer sobre la cama con un quejido. Yo me siento a su lado y le coloco la mano en la frente. Está un poco caliente.

-Te traeré algo para bajarte la fiebre. Ahora vuelvo.

Hago el intento de levantarme, pero su mano sale disparada y me sujeta la muñeca. Le miro de nuevo y veo cómo me besa el dorso. (Mi corazón salta hasta la garganta.)

-Siempre te protegeré, mi señor. Con mi vida si es necesario.

-Harrold...

Él cierra los ojos y suspira cansado. Menos de un minuto después está dormido. Yo le quito la cinta de la frente y le acaricio el suave pelo negro. (Echaba de menos estos momentos de paz, sin nadie más que nosotros.)

Tras algún tiempo me levanto y salgo de la habitación, cerrando la puerta en silencio detrás mía. Respiro hondo y me dirijo hacia mi propia habitación. (Ahora solo tengo que calmar mi propio corazón acelerado antes de hacer algo más...)


El té sabía algo raro, pero no le hice mucho caso en aquel momento. Pero ahora, viendo la imagen reflejada de lo que ha causado Harrold, sé que debí haberlo hecho.

Todo está destruido. Solo quedan escombros en llamas y cuerpos carbonizados o agonizantes en el suelo. La sangre y las cenizas cubren el suelo en una mezcla negra y espesa. (Es horrible.)

Y lo peor de todo es él, de pie en medio de toda la destrucción, cubierto de suciedad y goteando sangre. A sus pies está el cuerpo mutilado y aun vivo de la persona que buscaba, del hombre que me envenenó. Para encontrarle ha masacrado a miles de otras personas, se ha convertido en el tipo de persona que odia. Y todo por mí, para que nadie consiga mis poderes una vez que yo muera.

Observa la hoja de la espada manchada de sangre y restos de carne, la levanta al cielo y las nubes empiezan a arremolinarse sobre él. Una columna oscura empieza a descender y entrar en la espada de acero forjada en un volcán. (Una espada mágica creada para eliminar a los que ponen en peligro mi vida.)

Con un grito sobrehumano clava la espada en el corazón todavía palpitante y una honda expansiva de magia pura agita todos los restos. (Sé lo que ha hecho, no solo ha matado su cuerpo, si no que ha hecho desaparecer su alma para evitar que se reencarne.)

Una cálida lágrima cae por mi mejilla y aparto la mirada del hombre en el que se ha convertido mi antiguo mejor amigo. (No puedo verlo. Es imposible que él sea Harrold, el adorable hombre que me ayudó a crear todo esto.)

-Señor, debe descansar. Si no su cuerpo no expulsará el veneno.

-No va a hacerlo, Mione. Eres la Diosa de la Inteligencia, lo sabes.

-Sí, pero a veces Hope tiene razón. Debemos mantener la esperanza. Harrold está haciendo todo lo posible.

-Ya lo he visto.

Miro de nuevo hacia la esfera ahora opaca. Mione también lo hace. Un suave golpe resuena desde la puerta y ella se acerca para ver quién es.

-Espera un momento, Harrold. Está bastante débil y no debe recibir visitas-mira hacia mí esperando una respuesta. (¿Quiero verle después de lo que ha hecho? ¿Después de que acabara con toda la población de la mayor ciudad del mundo solo en busca de un hombre? No. No voy a hacerlo. No ahora.) Niego con la cabeza y Mione sonríe tristemente-. Lo siento, quizás más tarde.

No responde. Solo escucho los pasos de sus botas alejarse por el pasillo. Otra lágrima cae sobre la almohada.

(Lo siento Harrold, pero ahora no estoy de humor para fingir que no me duele que te hayas alejado de mí.)

Me quedo dormido pocos minutos después, todavía con el corazón destrozado.

La siguiente vez que me despierto lo hago mucho más débil de lo que esperaba y unas manos callosas y cálidas envolviendo una de las mías. Abro los ojos lentamente y los fijo en dos esmeraldas perfectas, pero cubiertas por dolor.

-Pensé que ya no despertarías.

-¿Cuánto tiempo?

-Dos semanas.

Me aparta con suavidad el flequillo de la frente y me quita la toalla húmeda. La introduce en un cuenco con agua fresca y vuelve a ponérmela en la frente. (Solo cuando lo hace me doy cuenta de que tengo una fiebre muy alta.)

-Mi cuerpo debe haber luchado contra el veneno. Y si he despertado después de tan poco tiempo...

Sus manos vuelven a la mía y aprietan con fuerza.

-Quiero que sepas que me arrepiento de alejarte de mí. Es la peor decisión que he hecho en toda mi vida. Lo lamentaré siempre. Eres lo mejor que me ha pasado, pero cuando te convertiste en el Señor de los Cielos pensé que ya no te merecía como amigo y mucho menos como quería que fuéramos.

-¿Qué querías, Harrold?

-Amantes-no aparto mi mirada, pero mi corazón empieza a acelerarse-. Te quise desde el mismo momento en el que puse mis ojos en ti. Eras tan perfecto... que me parecías inalcanzable. Pero entonces me sonreíste y supe que podía estirar la mano y estarías ahí. Te convertiste en el centro de mi mundo, haría cualquier cosa por ti. Y me convertí en esto para protegerte cuando intentaron matarte, a pesar de que lo odio. Pero por ti puedo soportarlo, pudo ser la oscuridad del mundo.

-Nunca te lo pedí.

-Sé que nunca lo harías. Por eso tomé la decisión por mi cuenta. Alguien tenía que protegerte. Eres demasiado imprudente a veces.

Eso me hace reír.

-Mira quién habla. Te metes en problemas cada dos pasos.

Él sonríe brillantemente. (Sus ojos brillan con alegría que pensé que se había ido hace mucho.)

Estira una mano para acariciar mi mejilla con suavidad. Yo cierro los ojos durante un segundo. (Cuando vuelvo a abrirlos, sé que me queda poco tiempo y poder.)

-Harrold, quiero hacerte un regalo. Tu destino estará unido a mi reencarnación. Y serás el único en entregarle mi poder al completo y el primero en verle cuando despierte. Sigue la profecía para hallarle.

-¿Profecía?

Con un último suspiro y las pocas gotas de poder que me quedan creo una profecía para él, para que le guíe.

Marcado por la oscuridad en la luz

con calaveras y huesos blancos,

enemigo de aquel que le amará

y ocultará sus propios sentimientos.

Unos cortes probarán que es él

cubierto de sangre en el nido de la serpiente.

Entre las llamas saldrá la pasión

oculta tras murallas de odio.

Tras años lejos volverán a reunirse

a ambos lados de las rayas coloreadas,

mezcla de sus colores mágicos:

negro y plata.

Pero solo cuando el Guardián

se perdone a sí mismo

el poder para el Ritual de la Luz

se despertará de su sueño.

Le miro a los ojos, consigo sonreír y mi visión se nubla. (Lo último que escucho es un suave te amo que me llevaré conmigo a donde quiera que vaya ahora.)


Sinceramente no tengo ni idea de cómo va a ir esta historia. Solo voy escribiendo lo que mis dedos quieren y una de cada tres veces tengo que borrar o me quedo atascada.

Muchas gracias a todos los que revisaron y/o le dieron a favorite y/o follow. Me alegra mucho verlo.

Espero leeros pronto,

Naraya