Bebo un sorbo del café y observo de nuevo hacia la puerta. (Llega tarde, siempre llega tarde.)
Por fin entra y mantiene la puerta abierta para que pasen unas chicas, que sueltan risitas agudas. Se dirije hacia el mostrador relativamente vacío y pide un café irlandés. (Desde que estamos quedando para charlar he notado que siempre pide algo con alcohol.) Se gira un momento hacia mí y levanta una ceja en una pregunta clara. Yo asiento y también me pide otro capuchino.
Mientras espera aprovecho para ver la ropa que lleva hoy. Por supuesto su chaqueta de cuero negra está ahí (siempre está ahí) junto a unos pantalones vaqueros descoloridos y una bufanda de hilo gris perla. (¿Tiene una colección de bufandas?)
Se dirige hacia mí y deja los cafés sobre la mesa con una sonrisa.
-Siento llegar tarde, me he entretenido hablando con mi editor.
-¿Tienes ya la idea básica del libro?
-Por favor, que llevo seis capítulos completos. Solo estoy atascado en el séptimo.
-¿Y cuánto tiempo llevas atascado en ese?
Frunce el ceño, mira hacia otro lado y por último suspira.
-Meses. Menos mal que mi editor no me presiona con este libro.
Esta vez soy yo quien frunce el ceño. (Que hable tanto de su editor me molesta.)
-¿Puedes repetirme la trama?
Harry bebe un sorbo de su café y piensa un poco.
-Jacob, el hijo de un empresario de éxito, sale con su amiga Lorima a una de las discotecas más famosas de todo Londres, el Omega. Allí encuentra a un hombre de su edad que le atrae enseguida, sobre todo por sus ojos dorados. El hombre se revela como William, el dueño de la discoteca y director general de Empresas Stellae. Tras varias citas improvisadas y un contrato entre sus empresas, empiezan a salir. En algún momento van al Museo Británico y Lorima habla con William sobre su amigo y Jacob lo escucha todo. Luego ambos hablan en privado y William es el primero en decir que le ama. Y... ahí me he quedado, totalmente atascado. ¿Cómo puedo continuar?
Observo el chocolate espolvoreado sobre la espuma de mi capuchino. (Nunca le he dicho que prefiero el café con chocolate en lugar de canela, pero él lo sabe.)
-Bueno, estás en Londres y el Museo Británico está a la vuelta de la esquina.
Justo después de hablar me escondo detrás de la taza de cristal. Tras beber un poco del delicioso café me atrevo a mirarle. Sus ojos se han desviado hacia el exterior y parece calcular algo con mucho cuidado y atención. (Lo sé porque golpea rítmicamente la mesa con los dedos.)
-¿Vendrías conmigo?
Su pregunta me pilla por sorpresa, pero consigo esconder la sonrisa que intentaba escapar.
-No tengo nada mejor que hacer.
Él sí que sonríe, atrayendo las miradas de absolutamente todas las mujeres en el interior.
-Entonces vamos, como tú has dicho está a la vuelta de la esquina.
Se levanta con un gesto elegante y arquea una ceja, esperando a que yo lo haga también. (Sus ojos brillan con diversión y algo retador que no soporto ver sin responder.) Me levanto y ambos salimos.
Abre la puerta para mí y hago una mueca cuando escucho los murmullos de prácticamente todas las mujeres de la cafetería. Le lanzo una mirada cuando se pone a mi lado.
-¿Qué tienes contra mí, Draco?
-¿Qué quieres decir?
Siento su mirada en mí, pero no me giro.
-Me has lanzado una mirada extraña.
-¿Tienes que atraer siempre a las mujeres?
Escucho su risa divertida. (Eso solo me molesta más.)
-Lo siento. Es la costumbre y algo de genética. El Predecesor me enseñó a ser amable para equilibrar la parte más... oscura de mí.
Eso sí que me llama la atención.
-¿Por qué le llamas Predecesor?
-Bueno... estoy buscando al futuro Señor de los Cielos, supongo que es normal que él sea el Predecesor, ¿no?
Asiento sin pensar demasiado en su respuesta. (Lo que de verdad quiero preguntar es qué es esa parte más oscura, en qué consiste. Y porqué intenta reprimirla con tanta fuerza. Sé que lo hace. A veces se queda mirando al vacío con una expresión tensa y tras algunos minutos suspira y vuelve a colocarse la sonrisa que utiliza como máscara.)
Llegamos al museo y compramos las entradas. Entramos enseguida. Harry empieza a observar su alrededor, haciendo notas mentales para su libro.
En algún momento llegamos a la zona del Partenón de Atenas. Dejo de escuchar sus pasos a mi lado y me giro para mirarle. Está quieto en la entrada, con un extraño brillo en sus ojos.
-Creo que podría hacerles venir aquí. Jacob sabe mucho de mitología. Incluso podría...
Deja la frase en el aire, respira hondo y camina hasta mi lado con una sonrisa y una ceja arqueada. Yo miro hacia otro lado (esperando que el calor que siento en las mejillas no sea un sonrojo.)
Camino hasta una de las paredes y leo la descripción de los relieves.
(Estas metopas con relieves de la centauromaquia, o la guerra contra los centauros, pertenece al friso del Partenón de la Acrópolis de Atenas. La mayoría de las metopas fueron destruídas en 1687 en una gran explosión durante el sitio de la República de Venecia de la Atenas dependiente del imperio otomano. Las que se encuentran en este museo fueron traídas por lord Thomas Bruce Elgin a principios del siglo XIX.)
Termino de leer y levanto la mirada para ver a Harry observar atentamente la figura de un hombre recostado al otro lado de la sala. Me acerco lentamente.
-¿Esto te da alguna idea?
-Bastantes. Por ejemplo... ¿sabes qué? No te diré nada. No quiero arruinar la sorpresa.
La sonrisa que me lanza es electrizante, pero sus ojos dicen algo completamente diferente. (Hablan de fuego líquido, de pasión desatada, de gemidos nocturnos. Hablan de algo mucho mayor que un par de besos. ¿Qué has pensado, Harry?)
Miro hacia otro lado, sé que Harry sonríe y continuamos con la visita.
Tras varias horas salimos del museo y nos dirigimos a un restaurante cercano. En el camino una ráfaga de aire frío hace que me encoja inconscientemente. Lo siguiente que sé es que una cálida bufanda de hilo gris se envuelve en mi cuello. Al instante una corriente cálida me recorre. Un olor muy agradable y atractivo entra en mis fosas nasales y no puedo evitar respirar hondo.
Miro a Harry para agradacérselo, pero su sola visión paraliza mi lengua. La cremallera de la chaqueta no está subida del todo, dejando ver una simple camiseta gris carbón. Pero lo que me llama la atención es el tatuaje que rodea su cuello. (Parece una red de espinas ensangrentadas clavándose en su piel. Pequeñas gotas de sangre roja caen hacia abajo, en pequeños senderos que siguen las líneas de los músculos del cuello.)
Él espera pacientemente a que pueda hablar.
-Ese tatuaje... ¿Es real?
-Sí. Originalmente eran espinas auténticas, solo cuando salí de la Sala de Vigilancia se convirtieron en esto. A veces todavía me duele, pero es soportable. No me gusta que las vean, por eso siempre llevo una bufanda.
-Entonces, ¿por qué me la das?
-La necesitas más que yo. Puedo regular mi temperatura corporal, pero tú no.
Acaricio el tejido alrededor de mi cuello y le miro totalmente agradecido. Continuamos hacia el restaurante y por suerte hay una mesa libre para nosotros. Mientras decidimos la cena me atrevo a hacerle una pregunta.
-En el acuario mencionaste que Lovegood es capaz de sentir tu tipo de magia.
-Oh, sí, eso. De algún modo Luna, sin ser una de los Dioses, puede sentir nuestra magia, la más antigua de todas, casi imperceptible en la actualidad. Creo que es porque su núcleo mágico es muy parecido al nuestro-supongo que mi mirada es una pregunta clara, peor que sonríe y sigue con la respuesta-. Los núcleos mágicos de los Dioses son los prototipos básicos de los actuales núcleos, que son una mezcla de todos ellos en diferentes medidas. Por ejemplo si un mago o bruja tiene una mayor inteligencia suele tener una mayor proporción del núcleo mágico de la Diosa de la Inteligencia, pero su magia se equilibra con parte del de la Diosa de la Arrogancia, el Dios del Estudio y otros muchos Dioses. Pero la proporción en un núcleo de mago o bruja en muy raras ocasiones supera el dos por ciento. Luna es una de esas personas con un cinco por ciento del núcleo mágico de la Diosa de la Adivinación.
-¿Y yo? También pude sentir tu magia.
Un extraño brillo cruza sus ojos y por un segundo sus pupilas se vuelven alargadas como las de un gato.
-Tendríamos que hacerte una prueba, pero todo indica que tienes más del dos por ciento.
Un camarero llega, nos toma nota y vuelve al poco tiempo con nuestras bebidas. (En ambas ocasiones su mirada se retrasa un momento más de la cuenta en el cuello de Harry. No sé porqué pero eso me molesta más de lo que debería.)
Estamos en silencio durante un momento, hasta que él me hace una pregunta que no me espero.
-¿Cómo te va en tu trabajo?
-Bastante bien, ahora estoy intentando mejorar la poción crece-huesos. Espero que no sea tan doloroso.
-Espero que funcione, aunque sabiendo lo bien que se te dan las pociones es imposible que falles.
Sonrío con timidez. El resto de nuestra cena se pierde entre una agradable charla sin sentido. (Es casi como una cita...)
Cuando por fin decido volver a casa él insiste en acompañarme. Nos aparecemos a las puertas. Yo subo los dos escalones, dejo la mano sobre el pomo y me giro para mirarle.
-Gracias por acompañarme.
Él mete las manos en los bolsillos del pantalón y me envía una sonrisa.
-No pasa nada.
El tatuaje en su cuello llama mi atención otra vez y me acuerdo de que llevo su bufanda. Voy a quitármela cuando veo que levanta una mano.
-Es tuya.
-Puedes quedártela, tengo muchas. Además el color resalta tu pelo y ojos.
No puedo evitarlo, me sonrojo con fuerza. (Por suerte es de noche y hay poca luz. Por desgracia él puede ver perfectamente en la oscuridad, me lo dijo la semana pasada.)
Aprieto los labios, sacudo la cabeza como despedida y entro en la mansión. Al cerrar la puerta escucho el sonido de la aparición fuera y respiro hondo, caminando despacio hacia mi habitación.
(Cada vez es más complicado entenderle.)
Sus pasos son cuidadosos sobre la suave hierba verde intenso. Los árboles abren sus ramas para dejar pasar a la hermosa criatura delante mía, pero se cierran para impedirme que yo la siga. Por suerte soy lo suficientemente rápido como para conseguirlo.
Me guío por la túnica nívea que ondea tras él y oculta su pelo con eficacia. Sé que es él porque mi instinto me lo dice.
En mis oídos resuena una y otra vez la profecía. Sus versos se entremezclan unos con otros. Sé que debo saber la respuesta, pero cada vez que atraparla escapa entre mis dedos como corrientes de agua.
Por fin llegamos a un claro y veo una gigantesca esfera luminosa. Él se acerca caminando hacia ella. La profecía deja de sonar, pero se escucha otra voz mucho más suave de lo esperado por el poder que lleva con ella.
-Ven a por mí... Estoy esperando, Harrold... Estoy justo delante tuya... Siempre lo he estado, mi Guardián... Abre tus ojos... Intentaste matarme entre sangre y agua... Me salvaste entre llamas y fuego... Hay una delgada línea entre lo que fuimos y lo que seremos... Eres inteligente, mi Guardián... Date prisa... Se acaba el tiempo...
Harry Potter se despierta de golpe en la cama de su habitación en el hotel. Se sienta con la respiración agitada. La sábana cae hasta su cintura mostrando su cuello tatuado, los músculos del torso y que duerme completamente desnudo. Mira a su alrededor intentando ubicarse. Suspira pesadamente. Dobla una rodilla y apoya un codo en ella para pasarse la mano por el pelo. Por último se frota el tatuaje palpitante de su cuello.
Recordaba poco de su sueño, solo sabía que era importante. Movió la mano para abrir las cortinas con magia y ver el horizonte de Londres.
En alguna parte de la ciudad está el futuro Señor de los Cielos. Y él, como Guardián, tenía el deber de encontrarle. Solo esperaba que fuera pronto.
La historia de Harry es otra que estoy escribiendo. Me he quedado atascada en la misma parte y gracias a mis clases de historia del arte he conseguido salir de todo.
Espero leeros pronto,
Naraya
