Desde lo más profundo de mí siento que protegeré a este niño con mi vida si es necesario. Me agacho a su lado y acaricio su suave mejilla. Él cierra los ojos y se inclina hacia mí. Envuelvo mis brazos a su alrededor. Mis labios forman una frase de forma involuntaria en respuesta a su pregunta.
Abro los ojos y lo primero que veo como todas las mañanas es la grieta que cruza justo por encima de mi cama. Me giro y hago una mueca cuando las espinas que rodean mi cuello se clavan en mi carne. (No me quejo, es mi castigo por dejar que muera.)
Me levanto y respiro hondo. Al mirar hacia arriba, mi reflejo en el espejo me devuelve la mirada. Suspiro pesadamente y estiro una mano para quitarme la cinta que sujeta mi pelo largo. Cuando las mechas acarician mi espalda me paralizo.
(¿Por qué lo sigo manteniendo así de largo? La persona a la que le gustaba ya no existe en este mundo. Ya no tiene sentido mantenerlo.)
Estiro mi mano para alcanzar una de mis dos espadas. Con un movimiento decidido la saco de su funda, me recogo el pelo con una mano y lo sujeto contra el filo. En un gesto rápido lo corto.
Los hilos negros caen a mi alrededor y vuelvo a mirarme al espejo. Pelo corto, ojos verdes vacíos de toda emoción, un collar de espinas alrededor del cuello, riachuelos de sangre corriendo por los hombros y el pecho. Sonrío siniestramente. (Así es como debe ser. Soy la Oscuridad.)
Me levanto por fin y me dirijo a la fuente de agua para limpiarme la sangre y el sudor de la noche. Me cambio el pantalón por uno más cómodo para el día a día.
Antes del desayuno hago mis ejercicios habituales de entrenamiento. (Aunque este aquí dentro debo mantenerme fuerte y ágil.)
Como siempre, el desayuno es una manzana y un té negro. Mientras muerdo la fruta observo los monitores que vigilan a todos los Dioses dormidos. Alguno se ha movido en su sueño, pero eso es todo. (Como siempre.)
Inicio mi rutina de siempre para estudiar los acontecimientos que ocurren día a día en el mundo mortal y registrarlos en el último libro de la extensa biblioteca que he ido recopilando a lo largo de los siglos. Miro los más de mil volúmenes que he escrito a mano, página a página, palabra a palabra, letra a letra.
Me siento a la mesa, abro el último libro, desenrosco el bote de tinta, cojo la pluma y empiezo a observar los monitores que me muestran el mundo al completo.
Hacia el mediodía me detengo para estirar los músculos. Cojo mi almuerzo (una ensalada con vinagre balsámico) y me siento junto al estanque de peces koi que hay dentro de la Sala de Vigilancia.
Cuando termino me tumbo sobre las piedras que lo bordean. Hago otra mueca cuando las espinas de la nuca se clavan más profundo. Al final el dolor pasa a un latido sordo y consigo cerrar los ojos para descansar un poco.
(Desde hace siglos mi vida ha sido esto, desayunos aburridos, entrenamientos agotadores, escritura interminable, sueños que desgarran cada vez más lo que queda de mí.
¿Por qué tuve que existir? ¿Por qué empecé a tener estos sentimientos por él? ¿Por qué tuve que dar todo lo que era por él? Tantas preguntas sin respuestas y tengo la eternidad para encontrarlas.)
De repente una alarma que nunca pensé que escucharía resuena en toda la Sala de Vigilancia. Me levanto de repente y corro hacia un monitor específico, el que se había mantenido apagado desde el inicio. Un solo mensaje parpadea en la pantalla. (Ya ha sido concebido.)
Al instante las frases para despertar a los Dioses atraviesa mis labios como una exalación.
-Despertad, mis hermanos, nuestro Señor de los Cielos ha renacido y espera nuestra presencia. Debemos prepararnos para su llegada, para su ascensión al Trono Celestial. Todos debemos movernos, abandonar nuestros cuerpos divinos y bajar al mundo mortal. Debemos buscarle en todos los rincones del mundo.
Un temblor sacude la ciudad al completo cuando las grandes puertas de la Sala de Vigilancia, con las bisagras oxidadas mucho tiempo antes, se abren, permitiendo mi salida de estas paredes que tanto odio.
Entro en mi habitación. Me pongo una túnica negra y mi capa de piel. Cuelgo las dos espadas en el cinturón de cuero. Salgo corriendo de la Sala de Vigilancia, sintiendo por fin el aroma fresco del exterior de ese maldito sitio. Corro hasta la salida y abro la puerta principal con todas mis fuerzas. Muchos Dioses ya están reunidos en la plaza. Casi al instante veo a Ron y Mione. Me lanzo hacia ellos para abrazarles.
-¡Harry!
-Os he echado de menos.
(Mi voz es ronca por no haberla utilizado mucho en estos últimos siglos.)
Mione me devuelve el abrazo con fuerza.
-Nosotros también.
Se separa y veo cómo se sorprende. (Demasiado tarde me acuerdo que esta mañana me he cortado el pelo.)
-¿Qué has hecho? Lo tenías tan largo...
-Es mi decisión, Mione.
-¿Te lo has cortado con la espada? Al menos deja que te lo iguale.
-Gracias.
Solo entonces respiro hondo y vuelvo a subir los escalones para hablar con todos los Dioses. Levanto la barbilla y cuadro los hombros, con la mano izquierda en el pomo de una de las espadas.
-Os he llamado porque el Señor de los Cielos ha renacido. Nuestro deber, como todos supondréis, es encontrarle y entregarle los poderes que el anterior Señor de los Cielos nos dejó para el momento adecuado. Yo mismo abandonaré mi cuerpo inmortal para iniciar su búsqueda. ¿Quién va a acompañarme?
Muchos de ellos dan un paso adelante. (Ron y Mione, por supuesto. Aunque me sorprende que Shaun se adelante. Es el Dios de la Historia, nunca le ha gustado salir de su biblioteca. Pero el modo en el que mura a Desmond, el Dios del Alcohol, me dice mucho más de lo que creía. ¿Qué ha estado soñando?)
Hago una lista mental para separar los grupos de reconocimiento. Empiezo a nombrarlos y ellos se reúnen para organizarse a sí mismos.
En el último momento decido poner a Shaun y Desmond solos en un equipo. Sonrío siniestramente cuando empiezan a quejarse. (Una de dos: o acaban asesinándose, algo que dudo, o acaban juntos. Yo voto por esta última.)
-Son mis órdenes, Dioses. No acepto ningún cambio.
Se callan enseguida, aunque se lanzan una mirada mortal. Sonrío.
-Sé lo que has hecho.
Miro a Ron con una ceja arqueada.
-¿Ah, sí?
-Puede que hayan pasado siglos, pero eres tú. Antepones el amor a los demás sentimientos. Por eso mismo elegiste ese tatuaje.
-¿Tatuaje?
Me llevo la mano al cuello y en lugar de sentir las espinas siento la piel lisa. (¿Qué?)
Convoco un espejo y observo el nuevo tatuaje. Es como si el collar de espinas se hubiera incrustado en mi piel junto a la sangre que goteaba de las heridas cuando ocurrió. No puedo hablar durante unos minutos, el tiempo suficiente como para que la situación entrara en mi mente. (Esta es mi maldición. Yo dejé que mi señor muriera, este es mi castigo. Ahora estoy marcado para que todos conozcan mis errores.)
Suspiro y hago desaparecer el espejo. Miro a Ron con seriedad.
-Yo no elegí, Ron. El destino me lo impuso.
Él traga saliva por el tono peligroso y agresivo en mi voz. Asiente lentamente y se aleja para hablar con Mione.
Yo vuelvo a observar a todos los Dioses. (He estado siglos en soledad, apartado de todos los que considero mi familia. Ahora una parte de mí sigue dentro de esa sala.)
Llegó el momento. Me arrodillo a los pies del vacío Trono Celestial. Dejo mis espadas frente a mí, en horizontal y una junto a la otra. Dos de los Dioses extienden correctamente la capa de piel detrás mía. Mis ojos no se apartan del aro que una vez ocupó la frente de mi señor. (Es un diseño simple: dos ramas de vid entrelazadas, una de plata y otra de oro, con un simple diamante gris en el frente.) Está sobre un cojín de seda negro.
Cuando escucho la puerta cerrarse desvío mi mirada hacia el cuchillo de bronce a mi lado. Estiro mi mano izquierda para aferrarlo. Mientras lo ajusto en mi puño pienso en lo que hay detrás mía. Los cuerpos inmortales de aquellos Dioses que bajarán conmigo al mundo mortal están tumbados uno junto al otro, vestidos en túnicas blancas y doradas.
Mis manos crearon el veneno que expulsó sus almas de esos cuerpos.
Cierro mis ojos. Empuño el cuchillo apuntando a mi corazón. Respiro por última vez.
La punta se clava en mi corazón con una precisión mortal.
¿Alguien se ha preguntado por las frases que aparecen al inicio del capitulo? ¿Nadie? ¿En serio? Esperaba más, ya que es eso es el centro de toda la trama. Estoy pensando en no publicar el siguiente (la solución completa y mucho más) aunque me parece algo cruel. ¿Publicar o no publicar? He ahí la cuestión.
Espero leeros pronto,
Naraya
PD: A quién quiero engañar, lo publicaré de todos modos.
