Una gran explosión me sobresalta y escucho golpes al otro lado de la puerta. De repente el silencio. Solo escucho mi propia respiración.
La puerta se abre lentamente y veo a Harry rodeado de cuerpos y con ríos de sangre a sus pies. Sujeta una espada de la que gotea más sangre y lleva otra en su espalda, esta de estilo japonés. Sus ojos son fríos mientras entra en la habitación. (Da verdadero miedo.) Trago saliva y hago el intento de retroceder. Las cadenas que me sujetan lo impiden.
Parece que el sonido le saca del trance en el que está, porque parpadea y hace una mueca al oler la sangre. Con una palabra susurrada suelta mis cadenas. Yo por fin bajo los hombros y me froto las muñecas.
-¿Estás bien? ¿Te han hecho algún daño?
-No, solo me han mantenido ahí encadenado. Creo que esperaban a la medianoche.
-Sí, estaban preparando una mesa de sacrificios. Vamos, te llevaré a la Ciudad del Más Allá, pero hay que salir del edificio. Ha puesto barreras antimagia aquí dentro.
Se gira sobre sus talones y sale de la habitación. Yo respiro hondo, pero me quedo quieto en el sitio. (Si le sigo, entraré en su mundo. Me convertiré en el Señor de los Cielos. ¿Quiero eso? ¿Quiero abandonar mi vida, a mi familia y a mis amigos para ser el Señor de todo lo conocido y por conocer? Y lo más importante, ¿quiero pasar el resto de la eternidad con el Creador, el hombre que podría arriesgarlo todo por mí si se lo pido?) Le miro a través de la puerta. Está esperándome con las dos espadas envainadas y una mirada neutra, como si supiera el dilema ante el que estoy.
Tomo aire. Luego lo suelto despacio, poco a poco, calmando mi acelerado corazón.
Miro a sus ojos verdes, ocultos tras un velo de apatía. Pero yo puedo ver a través de él. (Está preocupado por mí, por mí y por todo el mundo. Por lo que sé que ocurrirá si elijo no aceptar. El mundo seguirá cayendo en una espiral de autodestrucción impulsada por el afán de los humanos de ser superiores que el resto.)
Enderezo los hombros y levanto la barbilla. Cuando salgo de la habitación lo hago como Draco Malfoy, el futuro Señor de los Cielos, y no como simplemente Draco Malfoy, aprendiz de pocionista.
Harry sonríe fieramente y se dirige hacia un lado del pasillo. Yo le sigo con pasos seguros y firmes, evitando mirar la sangre que mancha las paredes y los cuerpos que cubren el suelo como una alfombra macabra.
En algún momento salimos a un gran patio exterior. Hay un gran círculo de álamos muertos alrededor de más círculos de centenares de bancos de piedra. En el centro de todo hay una gran mesa de sacrificios cubierta por una sábana de lino blanca sobre la que descansa un puñal que brilla a la luz de las antorchas repartidas por todo el lugar. En nuestro camino hacia las rejas al otro lado del patio, pasamos junto al altar y veo que el arma es de bronce con varias joyas incrustadas.
Me choco contra la espalda de Harry cuando él se detiene de golpe. Está mirando la Luna y las estrellas. (Parece que es casi medianoche.)
-No tenemos tiempo de salir y mucho menos de llevar al lugar elegido-se gira y me mira, con una mano en el pomo de la espada de la cadera-. ¿Estás preparado?
Asiento. Me lleva a uno de los bancos y me hace sentarme. Él pone una rodilla en la piedra y me observa con atención.
Yo frunzo el ceño. (Sé que nunca se ha arrodillado ante nadie. ¿Por qué ante mí?)
-Draco Malfoy, eres la encarnación mortal del Predecesor y eso te convierte en el futuro Señor de los Cielos. ¿Estás dispuesto a aceptar el cargo y todo lo que conlleva?
-Yo, Draco Malfoy, acepto el cargo de Señor de los Cielos y todo lo que conlleva.
-¿Aceptas dirigir el mundo para que vuelva a ser como fue hace siglos?
-Acepto dirigir el mundo para que vuelva a ser como fue hace siglos.
-¿Aceptas seguir siempre las leyes naturales del mundo y jamás incumplirlas?
-Acepto seguir las leyes naturales y jamás incumplirlas.
Me sonríe, reconociendo el cansancio en mi voz. Por fin toma aire y se prepara para lo último.
-Entonces yo, Harry Potter, encarnación mortal del Guardián del Señor de los Cielos y de la Ciudad del Más Allá y Creador del Mundo, te entrego a ti, Draco Malfoy, encarnación mortal del Señor de los Cielos, los poderes del Predecesor que he conservado en mi corazón desde su muerte. Que la noche descienda sobre la tierra para que una vez más la luz pueda vencer de nuevo, como siempre lo ha hecho. Que la luz brille con fuerza, iluminando los corazones ensombrecidos por el odio y la codicia.
Una esfera de luz sale de su corazón y flota entre ambos durante un segundo antes de entrar en el mío. Una gran calidez llega hasta las puntas de mis pies y entro en una especie de trance que me permite conocer mi entorno, pero no moverme ni hablar.
Harry me tumba en el banco y me cierra los ojos para que pueda entrar por completo en mi mente.
Me encuentro a la orilla del océano. Las gaviotas vuelan sobre las olas que rompen en la orilla. Muy lejos en la orilla hay una casa pintada de blanco con un precioso porche y el tejado azul. Es un lugar muy relajante.
-Hola, Draco.
Me giro sin asustarme y veo a un hombre muy parecido a mí, pero completamente diferente. Su pelo es rizado y completamente blanco. Sus ojos son azul hielo y tiene las pestañas muy largas. Su piel es mucho más pálida que la mía, aunque parezca imposible, y sus rasgos son más andróginos. Sus hombros son más estrechos y las piernas más largas. Viste con una túnica griega blanca con detalles en dorado y una diadema de oro alrededor de su frente.
-Draconis.
Él me sonríe y me tiende la mano. Yo se la estrecho. Empezamos a caminar por la orilla por un acuerdo tácito.
-¿Cómo le va a Harrold? Cuando le dejé, estaba lamentándose mi muerte.
-Creo que lo ha superado. O sino no habría podido darme tus poderes. Ya sabes, profecía y todo eso.
Él se ríe divertido.
-Eso espero, tiene tendencias autodestructivas cuando no tiene un objetivo que seguir.
-Lo he notado.
-Es verdad, vosotros estudiásteis juntos-me sonríe pícaro-. ¿Cómo era como estudiante?
Le respondo a la sonrisa.
-Era el peor estudiante que recuerdo. Estaba todo el tiempo saltándose las reglas y sacando malas notas. De no ser porque el director tenía favoritismo no habría pasado de curso.
(Su risa es cristalina. Los pájaros, que en ese momento estaban en silencio, vuelven a graznar con entusiasmo.)
-Sí, ese es Harrold. Es capaz de conseguir cualquier cosa.
Por fin llegamos a la casa que se veía en la lejanía y Draconis abre la puerta principal. Entramos y observo con curiosidad mi entorno. El interior está amueblado de una forma cómoda y elegante, con tonos azules y blancos. Conchas marinas y fotos del océano en blanco y negro decoran el espacio.
-Llevo preguntándomelo bastante tiempo, ¿dónde estamos?
Me sonríe triste.
-Bienvenido a mi casa en el límite entre la vida y la muerte. Después de desaparecer del mundo natural llegué aquí y ahora soy el Juez. La mayoría de las almas pasan al otro lado sin problemas, pero hay algunas que necesitan ser revisadas. Ellas son enviadas aquí y me cuentan su historia para que yo decida si suben las Escaleras de Cristal o bajan las Escaleras de Azufre-estura los brazos perezosamente sobre la cabeza en el gesto más normal que le he visto hacer-. Parece que sigo siendo necesario-me mira serio-. Vamos al porche, prefiero hablar ahí.
Salimos por las puertas correderas de cristal y nos sentamos en las cómodas butacas que miran al horizonte.
-Si estoy aquí entonces estoy muerto.
-Tienes razón, el ritual que hizo Harry en realidad te mató y estás aquí para que yo pueda probarte y saber si serás un buen Señor de los Cielos.
(De repente siento una gran presión sobre los hombros, como si me hubieran puesto una mochila con una tonelada de ladrillos en su interior.)
-¿Qué quieres saber de mí?
Draconis se recuesta en la silla, coloca la pierna derecha sobre la izquierda, apoya la mano en el puño y me mira con paciencia.
-Para empezar quiero saber si comprendes el verdadero significado de la profecía.
Mueve los dedos de la otra mano y un papel con los versos escritos aparece delante mía. Lo cojo con cuidado y la leo con atención.
Marcado por la oscuridad en la luz
con calaveras y huesos blancos,
enemigo de aquel que le amará
y ocultará sus propios sentimientos.
Unos cortes probarán que es él
cubierto de sangre en el nido de la serpiente.
Entre las llamas saldrá la pasión
oculta tras murallas de odio.
Tras años lejos volverán a reunirse
a ambos lados de las rayas coloreadas,
mezcla de sus colores mágicos:
negro y plata.
Pero solo cuando el Guardián
se perdone a sí mismo
el poder para el Ritual de la Luz
se despertará de su sueño.
Empiezo a pensar. ("Marcado por la oscuridad en la luz/con calaveras y huesos blancos," Eso debe referirse a mi marca oscura.
"Enemigo de aquel que le amará/y ocultará sus propios sentimientos." Eso sí que no lo entiendo. Yo tenía muchos enemigos durante la guerra. ¿A quién se refiere?
"Unos cortes probarán que es él/cubierto de sangre en el nido de la serpiente." Eso creo que es fácil. En sexto año Harry, el Guardián, me lanzó un hechizo cortante y estuve a punto de desangrarme en la entrada de la Cámara de los Secretos. Si sobreviví es solo porque era la prueba de que yo era el Señor de los Cielos.
"Entre las llamas saldrá la pasión/oculta tras murallas de odio." Esto también es fácil. Durante la Batalla de Hogwarts le seguí como un estúpido a la Sala de los Menesteres y Crabbe invocó el Fuego Maldito en un momento de pánico. Él murió en la sala, pero Harry y Ron nos ayudaron a salir a Goyle y a mí. Mientras me sujetaba a Harry descubrí realmente lo que es amar a alguien, incluso después de pasar años odiando a esa persona.
"Tras años lejos volverán a reunirse/a ambos lados de las rayas coloreadas,/mezcla de sus colores mágicos:/negro y plata." No tiene mucho sentido. Pero... ahora que recuerdo cuando Harry vino a Grimmauld, Teddy se sentó entre los dos y cambió su pelo para que se pareciera a los dos. Eran... rayas negras y plateadas.
"Pero solo cuando el Guardián/se perdone a sí mismo/el poder para el Ritual de la Luz/se despertará de su sueño." ¿El poder se despertará? ¿Qué quiere decir eso?)
-Creo que has llegado a varias conclusiones.
Asiento y le explico a Draconis todo mi proceso de pensamiento. Él me escucha con atención.
Termino y él empieza a explicarme lo que no comprendo.
-La segunda mitad del primer párrafo significa que Harry siempre te ha amado, mucho antes de saber que eres mi encarnación mortal.
Eso me sorprende. (¿Harry me quiere?)
-¿Desde cuando?
-Eso no lo sé, deberás preguntárselo a él cuando puedas. En cuanto a la última parte... tú siempre fuiste el Señor de los Cielos, Draco. Pero los poderes que ocultas en tu interior no están despiertos porque Harry, a pesar de que estás aquí, no se ha perdonado a sí mismo. Su pena es demasiado grande como para hacerlo solo. Tendrás que ayudarle cuando despiertes.
Le miro serio.
-¿Cómo puedo hacerlo?
Draconis mira al horizonte. El viento agita nuestro pelo.
-Tendrás que prestarme tu cuerpo. Entraré en ti como espíritu y hablaré con él. Le diré lo que necesita oír y luego será todo tuyo.
-¿Por qué? Tú también le amas.
-No es mío, nunca lo fue. Él es libre como el viento y no se le puede encadenar, al igual que las olas. Es imposible para mí capturar su mirada. Quizá lo hice durante un tiempo, pero lo hice porque fui su primera creación perfecta. En un principio fue curiosidad, que luego se convirtió en el amor que un padre siente por su hijo y él lo confundió con el amor entre dos personas sin relación de sangre-me mira con tristeza-. Y entonces te conoció a ti. Eras todo lo que yo no fui. Te enfrentabas a él, le tratabas como a un igual, le insultabas con habilidad y sin miedo. En el fondo, a la parte de él que siempre ha sido el Creador, le gustó eso y empezó a amarte románticamente.
El silencio sigue a sus palabras. Las olas rompen en la orilla y las gaviotas graznan mientras juegan con el viento.
-¿No te importan tus sentimientos?
-Estando aquí he aprendido que no puedo hacerle feliz si me quedo a su lado. Yo solo le traigo desgracias. Por eso debo dejarle marchar, que busque a alguien que realmente le haga feliz. Que te busque a ti. Pero hazme un favor: pónselo difícil-me sonríe pícaro-, que sufra un poco.
-Por supuesto. Nuestra relación nunca será fácil.
Nos reímos juntos. De repente escucho un grito desgarrador y ambos nos levantamos.
-Creo que es hora de que te vayas, Harry ya habrá acabado con él.
-¿Con quién?
-Con Elias, por supuesto. Su existencia te ponía en peligro-me mira-. Ha sido un placer conocerte en persona, Draco, aunque espero que tardes en venir a verme de nuevo.
-Lo mismo digo, Draconis. Y puedes utilizar mi cuerpo para hablar con Harry, ambos queremos lo mejor para él.
Me sonríe y me tiende la mano para despedirnos. Yo se la estrecho.
-Todavía no ha llegado tu hora. Vuelve y vive.
Mi visión se nubla lentamente hasta que pierdo la conciencia.
Abro mis ojos y veo las ramas desnudas de los álamos sobre mí y el cielo estrellado. Me siento lentamente y me doy cuenta de que estoy en el suelo. Harry está sentado a mi lado. En cuando le veo lanzo un grito ahogado. (Toda su ropa está desgarrada y está lleno de heridas, una de ellas cruza su ojo derecho.)
Me lanzo hacia él y empiezo a murmurar hechizos. Ante mis ojos sus heridas se cierran sin dejar cicatrices.
-¿Qué ha ocurrido?
-Elias intentó matarte mientras estabas en el trance, así que luché contra él. Al final le maté y destruí su alma, pero se defendió hasta el final. ¿Tú estás bien? ¿Qué ha pasado en el ritual?
-No hay ritual, Harry. Tus palabras me mataron, pero no podía cruzar tan fácilmente así que hablé con el Juez y él me envió aquí de nuevo. Él también quiere hablar contigo.
Mi Guardián me mira confundido. (El fuego que siempre está encendido el el fondo de sus ojos se apaga un poco al escuchar que me mató.)
Un latido sordo aparece en el fondo de mi mente y siento cómo mi voz es controlada por otra persona. Cuando hablo, es Draconis quien lo hace.
-Harrold.
Harry se sorprende.
-¿Draconis?
-Sí, Harrold, soy yo. Ahora soy el Juez en el límite entre la vida y la muerte. Draco ha hablado conmigo y me ha permitido hacer esto. No puedes seguir culpándote, Harrold, no fue tu culpa que envenenaran el té y mucho menos el que yo decidiera beberlo.
-Sí lo fue, Draconis. Si yo no hubiera estado recuperándome podría haber evitado que te envenaran.
-Envenaron el té, yo simplemente lo bebí. Pero eso no es lo único de lo que te culpas. ¿Qué es, Harrold? No puedo descubrirlo por mucho que piense.
Harry baja la mirada.
-No quiero olvidarte y siento que si me enamoro de Draco lo haré.
Draconis no puede controlar mi cuerpo, así que soy el que conscientemente levanta la mano para acariciar su mejilla. Él se sobresalta y me mira asombrado. (Creo que sospecha algo, pero no estoy seguro.)
-Tú nunca me olvidarás, porque soy tu primera creación perfecta-Harry parece que va a decir algo, pero Draconis le interrumpe-. No intentes negarlo, Harrold, sabes que es verdad. Me amas solo como un padre a su hijo. Pero lo que sientes por Draco es mucho mayor. Él siempre te ha tratado como una persona normal y no como Harry Potter, el Niño que Vivió. Él te insulta, te maldice, se burla de ti sin miedo a nada porque él también te ama. Lo único que os ha impedido estar juntos era un loco que ahora está muerto. ¿Qué te detiene, Harrold? ¿Tienes miedo? ¿Tú, el Señor de las Tinieblas, el Terror de los Mortales? Y yo que pensaba que tú no tenías miedo.
-No tengo miedo de decir las palabras. Lo que sí temo es fallar y volver a quedarme solo. Ya pasé por eso y no quiero volver ahí.
Me acerco a él para abrazarle. Sus brazos también se envuelven alrededor de mí y cierro los ojos feliz. (Aquí me siento calmado y protegido, nunca antes me había sentido así. Creo que podría acostumbrarme.)
-Nunca estarás solo de nuevo. Tienes a todos los Dioses contigo y Draco no va a dejarte en el resto de la eternidad. O por lo menos yo no voy a permitirlo.
La risa de Harry resuena en mis oídos y su aliento cálido me hace cosquillas en el cuello. Sus brazos me acercan más a sí mismo.
-Gracias, Draconis. Es justo lo que necesitaba oír. Me gustaría volver a hablar contigo, pero es mejor que sea en bastante tiempo.
Con una ligera risa, el ruido sordo en el fondo de mi mente desaparece. Yo me aparto de Harry y le miro a los ojos.
-¿Estás bien?
Él me sonríe.
-Perfectamente, mi Señor.
En un gesto que no habría predicho nunca, se acerca y me besa. Un gran poder se despierta en mi interior como un tsunami que llega a todos los rincones de mí.
Mis manos se enredan en el pelo negro y profundizo el beso.
(Definitivamente podría acostumbrarme a esto.)
Este es el capítulo que más me ha costado escribir. Además mi familia ya está empezando a llegar para las Navidades y estoy hasta arriba de trabajo preparando los regalos de Reyes. Y llevo unas tres semanas con exámenes diarios. (Odio mi vida.)
Espero leeros pronto,
Naraya
