Me despierto con el sonido de las teclas de un ordenador. Me estiro perezosamente y bostezo. Luego me giro hacia los ventanales y abro los ojos para ver Roma. La cúpula del Vaticano se destaca en el horizonte, gobernando la ciudad con su esplendor. Unas nubes de colores rosas y dorados se deslizan suavemente sobre el horizonte. El sol ilumina con timidez la hermosa ciudad, capital del antiguo Imperio Romano.

Pero definitivamente la mejor vista de la que puedo disfrutar es la de mi marido sentado junto a la mesa de caoba, escribiendo en su portátil completamente desnudo. Sus hombros anchos tienen varios arañazos paralelos y una gran marca morada destaca en su cuello. Más arañazos marcan su espalda. Sonrío al recordar cómo los hice. (¿Quién diría que iba a ser tan... placentero marcarle con mis propias uñas?)

Pero por supuesto lo mejor fue lo que ocurrió mucho antes de llegar a esta habitación.

La música electrónica resuena en mis huesos. La penumbra de la pista de baile es el lugar perfecto para seducir. Me muevo siguiendo el ritmo y siendo las miradas de todos a mi alrededor, especialmente una verde que incendia mis venas.

Lanzo una mirada hacia su dirección y le veo arquear una ceja mientras bebe tranquilamente. Sonrío aceptando el reto. (¿Quién puede resistir más sin acercarse al otro?)

Me giro de nuevo y sigo bailando con todo lo que tengo. La canción cambia a una con un ritmo más lento. (Perfecta para mi objetivo.)

Deslizo mis manos por mi cuello hasta enredarlas con mi pelo. Sonrío y muevo las caderas. Un par de hombre se acercan a mí, pero me escapo con habilidad. Lanzo una mirada hacia donde está mi marido y me sorprendo cuando no lo veo. Una mano se desliza en mi cintura y voy a apartarme cuando siento la chispa que salta cuando Harry me toca. Me giro, me acerca a sí mismo, le sonrío y paso un brazo tras su cuello.

-Gano yo, mi Guardián.

-Tú siempre ganarás, mi Señor. Yo me encargaré de que lo hagas.

Tiro de su pelo para darle un beso en la mejilla y susurrarle al oído.

-Para eso existes, Creador.

Su risa profunda resuena en su pecho. Sus brazos son posesivos y su mirada oscura me hace muchas promesas (la mayoría tienen que ver con la noche, la luz de las velas, una fina tira de seda y muchísimo placer.)

-Estoy tentado de reducir nuestra velada fuera de la habitación. No me gusta que miren lo que es mío.

-¿Crees que a mí me gusta que salgas con esa ropa?

Agarro su camisa negra ajustada de manga corta (que por supuesto tiene medio desabrochada por el calor aquí dentro.) Los pantalones de cuero también son un añadido importante a su indumentaria completamente seductora.

-Podemos irnos ya si estás tan molesto. Personalmente, no me opongo.

Le sonrío y asiento ligeramente. Antes de darme cuenta estamos fuera del local y Harry nos aparece cerca del hotel. Con pasos rápidos entramos en el edificio y subimos por el ascensor. En cuanto entramos en la habitación soy yo quien le empuja contra la puerta y le araño el brazo con una sonrisa de satisfacción.

Él arquea una ceja.

-¿De repente te has convertido en un gato?

-No especialmente, pero sé que vas a dejar muchas marcas y quiero dejar las mías.

Con un gruñido empezamos una nueva noche despiertos.

Salgo de mis pensamientos con una gran sonrisa, me levanto y me acerco a él. Sus ojos esmeraldas sin las gafas (hace tiempo descubrí que eran solo de adorno, por lo menos desde que se convirtió en el Guardián) brillan con amor. Desliza una mano por mi cintura y me atrae para sentarme en su regazo. Nos besamos lentamente, un simple beso de buenos días.

-¿Cómo has dormido?

-Perfectamente, aunque me habría gustado despertarme a tu lado.

-Lo siento, estoy terminando el capítulo. Mi editor me ha dado el doble de tiempo para terminar el libro, dice que es su regalo de bodas para nosotros.

Suelto una carcajada.

-Solo a tu editor se le ocurriría darnos como regalo de boda un aplazamiento de la publicación. ¿No puedes hacerlo más tarde?

-Es mejor escribir por la mañana, así tengo mucho más tiempo para ti.

Le sonrío y acaricio su cuello con el dorso de los dedos.

-¿Y no tienes tiempo ahora?

Su mirada parece calcular algo. El final cierra la tapa del portátil.

-Tienes razón, puede esperar un poco más.

Sus dedos bailan en mi espalda y me producen escalofríos en el mejor sentido. (Sí, tener a un marido como Harry nunca será aburrido.)


Estamos desayunando en una cafetería cercana, preparados para lo que sea que Harry piensa hacer. Él tiene un macchiato scuro con un par de ciambelle al cioccolato y yo un viennese con un cornetto de crema pastelera. Bebo un sorbo de mi café y escucho la risa de Harry. Le miro curioso.

-Tienes un bigote de nata.

Me limpio rápidamente y le pateo bajo la mesa.

-¿Qué vamos a hacer?

-Haremos un poco de turismo.

-¿Y qué sabes tú de Roma?

Se acerca hacia mí y arquea una ceja con una sonrisa seductora.

-Somos magos, mi Señor, y te recuerdo que yo observé todo el ascenso y la caída del Imperio Romano.

-Eso fue hace siglos.

-Las cosas no han cambiado mucho. Y puedo recitarte todos los nombres de los emperadores romanos, si quieres.

Me río divertido y empujo su frente para que vuelva a sentarse. Él se recuesta en la silla con una gran sonrisa y bebe un trago de su café. (Momentos tranquilos como este se están haciendo cada vez más comunes entre nosotros. No me importaría acostumbrarme.)


Mi móvil (que Harry me regaló para la boda) empieza a sonar. Harry gruñe algo incomprensible y se esconde bajo la almohada. Yo estiro la mano para cogerlo y respondo.

-¿Diga?

-Draco, menos mal que contestas. ¿Harry está despierto?

-Hermione, eres la Diosa de la Inteligencia, deberías saber que en Tokio son las tres de la mañana.

-Hay una emergencia. Lemory acaba de comunicarnos que va a renunciar a su puesto de Diosa de la Adivinación.

Eso me despierta por completo. (¿Qué ha dicho?)

Me siento y enciendo la luz de la mesita de noche. Pateo a Harry para que se despierte y cuando no lo hace le envío al suelo con un golpe sordo. Su mirada verde me fulmina y yo se la devuelvo con un gesto grosero.

-¿Eso puede hacerse?

-Por eso llamo, nunca antes en la historia ha pasado y queríamos preguntarle al Creador.

Harry bosteza y se sienta a mi lado.

-¿El qué?

-Lemory quiere renunciar a su cargo de Diosa. ¿Es posible?

-Claro. La verdad es que ya me estaba preguntando cuándo lo dejaría.

-¿Qué ha dicho?

Pongo el manos libres y Harry sigue con su explicación.

-Desde que os despertásteis he sentido una alteración en el equilibrio del mundo. Solo cuando Luna Lovegood dijo que veía mi aura supe lo que eso significaba. Lo tenía previsto cuando creé a los Dioses junto al Predecesor. Dile a Lemory que es ella quien tiene que avisar a Luna y ambas se tienen que preparar en... ¿Pero qué estoy diciendo? Lemory sabe lo que hacer. Tienen una semana. Para entonces estaremos en Londres otra vez y yo habré tenido tiempo de improvisar la ceremonia junto a Draco.

-¿Improvisar? ¡Harry! ¡Eres el Creador, no puedes implemente improvisar una ceremonia super importante! ¡¿Me estás escuchando?!

Harry bosteza y se rasca la nuca con una mueca molesta.

-Sí, Hermione, te estoy escuchando. Pero son las tres de la mañana y llevamos como media hora de sueño así que perdóname si no puedo tomarte en serio. Buenas noches.

Hermione empieza a gritarle algo que no entiendo porque Harry se inclina sobre mí para alcanzar el móvil. Cuelga y me mira desde arriba. (De algún modo estoy tumbado de nuevo y él tiene las dos manos a cada lado de mi cabeza.)

-Deberías ser más responsable con tu posición, Señor de las Tinieblas.

-Y tú deberías controlarme más, Señor de los Cielos.

Tiro de su flequillo para besarle. El resto de la noche es un borrón de gemidos y susurros apasionados.


Suspiro otra vez. Harry levanta la mirada de su libro. (Debe estar cansado de oírme.)

-¿Qué ocurre ahora?

Baja la mirada de nuevo a las runas y frunce el ceño.

-No quiero que esto acabe. Solos tú y yo con todo el tiempo del mundo.

-Yo tampoco quiero que acabe. Pero hay que volver a la realidad-me mira con una sonrisa oscura-. Y te aseguro que siempre habrá tiempo para los dos.

Trago saliva nervioso. (Aunque adoro esa mirada con promesas.)

Por los altavoces anuncian nuestro vuelo y cogemos las maletas para embarcar. Las personas no pueden apartar la mirada de nosotros. (Por supuesto. Yo mismo elegí la ropa de Harry para que dejara de hacer el ridículo con su estúpido sentido de la moda. Aunque tengo que reconocer que la chaqueta de cuero negra le queda genial.) Lleva unos pantalones oscuros con una camisa negra bajo un jersey de hilo rojo y un chaquetón café con los bordes de la capucha de pelo blanco. (La marca de su cuello sigue ahí, ya que él se negó a que yo la quitara.)

Yo, por mi parte, llevo un jersey blanco sobre una simple camiseta de manga larga y unos pantalones claros. Para abrigarme más, elegí una chaqueta negra y el pañuelo gris perla que me regaló hace tanto.

Entregamos las tarjetas de embarque en el mostrador y entramos para encontrar nuestros asientos. Harry pone las maletas en su sitio y se sienta a mi lado. Coge mi mano y me besa el dorso.

-En cuanto lleguemos a Londres nos pasaremos a ver a los Weasley para almorzar y luego a tus padres para cenar.

-¿Por qué en ese orden?

-Créeme, vas a necesitar a tus padres después de comer con los Weasley.

-¿Y por qué tengo que comer con ellos? No les caigo bien.

-Porque son la familia de uno de tus Dioses y tienes que ser educado, mi Señor.

Hago una mueca molesta. Él sonríe, vuelve a besarme la mano y luego mi mejilla. (Es realmente adorable a veces.)

Cuando todos embarcan el avión despega e inicia su viaje de varias horas desde Nueva York hacia Londres. (Hemos estado un par de días en su piso, para que yo sea quien decida dónde vivir.)

Pronto Harry vuelve a leer las runas que él mismo ha escrito y saca un bolígrafo para corregir algo. Yo me pongo a escuchar música con el móvil. En algún momento alrededor de las diez empiezo a bostezar y Harry me obliga a recostarme en él para dormir, mientras él sigue trabajando. Incluso me da un antifaz para que no me moleste la luz.

Yo me duermo con el sonido de la música, su olor masculino y su calidez.


Bostezo, me quito el antifaz y veo que sigo recostado en mi marido, pero tengo su abrigo por encima. Él también está dormido, con al boca entreabierta y roncando ligeramente.

Una azafata se acerca para ver si quiero algo.

-Todavía no, gracias. Quizás más tarde, cuando mi marido se despierte.

Veo el brillo de decepción en sus ojos, pero su sonrisa sigue ahí. (Como si me dijera "por poco tiempo.")

Se marcha y yo cojo el libro de Harry para revisar lo que está haciendo. (Parece que está escribiendo su discurso para la ceremonia de Lemony.)

-¿Entretenido?

Me sobresalto con la voz de Harry. Mi primera reacción es golpearle el estómago. Él suelta un gemido de dolor y se inclina hacia delante.

Me mira a través del flequillo.

-¿A qué ha venido eso?

-No me asustes, Potter.

-Bien, bien...

Vuelve a sentarse correctamente y me quita el libro con un beso en la sien. Yo vuelvo a recostarme contra él. (Pronto volveremos a casa, pero mi hogar estará en cualquier lugar donde esté Harry.)


Observo a la mujer pelirroja abrazar a Harry con cariño. Otros cuantos pelirrojos sonríen y le saludan.

Por fin la mujer me mira seria. Yo me estremezco involuntariamente. (Veo a una madre, pero también a la persona que acabó con tía Bellatrix.)

Definitivamente sonríe y me abraza también.

-Bienvenido a la familia, Draco.

La abrazo también.

-Gracias.

-Pero vamos a tener que hacer algo con esos brazos tan delgados, ¿mh?

Yo consigo sonreír y Harry ríe.

-Más bien habría que cortarle las uñas.

Por supuesto le golpeo con fuerza. Él hace una mueca y se aleja prudentemente. (Idiota.)

-¿Quién diría que Draco Malfoy estaría aquí por su propia voluntad?

Me giro hacia Ron que me entrega una jarra de cerveza de mantequilla.

-Quienquiera que apostara por ello acaba de ganar una fortuna.

-¿Cómo ha estado el viaje?

-Bastante entretenido. Roma, Tokio y Nueva York. Aunque no hemos mucho turismo.

-Vale, para ahí, no necesito esa información.

Le sonrío inocente y bebo un poco de la cerveza. (Es la verdad, tenemos que volver para visitar los monumentos. Prácticamente estuvimos encerrados en la habitación.)

Unos pasos rápidos bajan la escalera y una mujer más joven con una larga melena roja salta sobre mi marido, que está hablando con otro de los hermanos Weasley.

-¡Harry!

La voz demasiado aguda de Ginevra Weasley llama la atención de todos. Harry hace una mueca de dolor. (Ahora que lo pienso tiene un arañazo especialmente profundo justo donde ella está apretando el brazo.)

-Hola, Ginny.

-¿Puedes venir conmigo de compras mañana?

-Estoy ocupado.

-¿Y el fin de semana?

-Ginny, te lo dejaré claro. Lo nuestro terminó. No voy a ir de compras contigo. Y ahora que estoy casado no voy a tener tanto tiempo como antes. Asçi que, si me disculpas...

Se suelta con cuidado de ella y sale al jardín. Solo entonces Ginevra me fulmina con la mirada.

-Es culpa tuya, Malfoy. Si no hubieras aparecido, Harry seguiría buscando al Señor de los Cielos y estaría conmigo.

Miro a Ron para que vaya a vigilar a Harry. (Podría hacer cualquier cosa, como destruir el mundo.) Él asiente y sale. Vuelvo a mirar a Ginevra.

-En realidad creo que si no me hubiera encontrado cuando lo hizo el mundo no existiría. La Conjunción de los Opuestos habría arrasado con todo.

-¡Basta! ¡Deja de mentir!

-Es cierto, Ginny. Draco, como el Señor de los Cielos, es necesario para la supervivencia del mundo, todos los magos de sangre pura lo sabemos. Si antes de este año Draco no hubiera aceptado su lugar, todo habría sido arrasado.

-¿Por qué él? ¡Es un mortífago!

Se hace el silencio después de esa palabra. Yo dejo la jarra en la mesa con cuidado (la mano me tiembla violentamente.) Hermione se pone a mi lado y levanta la barbilla.

-Ginny, por favor, olvídate de Harry, renuncia a él. Nunca podrás estar con él. Tú envejecerás y morirás mientras que nuestro Guardián se mantendrá joven durante el resto de la eternidad. Lo mejor para él es enamorarse de otro inmortal, como nuestro Señor.

Ella se cruza de brazos y sacude el pelo rojo.

-Bobadas. Un hombre no puede darle un hijo y sé que Harry quiere una familia propia.

-Existe la adopción, Ginny. Y cualquiera de las Diosas solteras estará encantada de darles un hijo si es absolutamente necesario.

Ginevra intenta volver a replicar, pero su madre le obliga a guardar silencio. Luego la mujer me sonríe.

-¿Por qué no vas a por Harry y Ron y empezamos a comer?

Asiento y salgo. Pero vuelvo a detenerme cuando les escucho hablar junto a la verja blanca.

-Es tu decisión, Ron, no te obligamos a nada.

-Lo sé-el Dios suspira pesadamente-. Ginny es mi hermana, pero tú eres mi mejor amigo y jefe. Es una decisión difícil.

-Sabrás elegir. Siempre lo has hecho.

Me adelanto cuando parecen que han terminado de hablar y les digo que entren para comer. Harry me abraza y me besa mientras Ron entra para dejarnos unos momentos a solas.

Yo paso la mano por los arañazos del brazo.

-Hey, estoy bien. No duele tanto.

-Ya sé lo que querías decir con que era mejor venir aquí.

-Sí, pero no pensé que Ginny se pondría así.

Le miro a los ojos y sonrío alegremente.

-No importa. Vamos a comer.


Nos aparecemos frente a la puerta de la mansión. (Realmente ha sido una tarde agotadora. Entre las bromas de George y las miradas de Ginevra no he podido bajar la guardia.)

Entramos y al instante Teddy se lanza hacia nosotros. Harry le coge en brazos y (ya que está en ello) a mí también. Por supuesto le golpeo con la rodilla en el estómago. Él lanza un gruñido de dolor, pero aun así camina hacia el salón para saludar a todos.

Cuando mi madre deja caer su taza de té sonrío y la saludo desde mi lugar sobre el hombro de mi marido.

-¡Draco!

-Culpa al Guardián. Siempre es culpa suya.

Al final todos se lanzan a reír y Harry me deja en uno de los sillones junto a Teddy.

-¿Cómo ha ido el almuerzo?

-Agotador. Pero ha sido entretenido. Charlie me ha estado enseñando los tipos de dragones con los que trabaja y voy a ir de compras con Fleur y Hermione el domingo.

-¿Fleur?

-La competidora del Torneo de los Tres Magos. Parece que se casó con Bill poco antes de séptimo.

-¿La chica veela? Vaya.

-Os hemos traído algunas cosas del viaje-miro a mi marido, que está recostado en el respaldo del sofá. Él se inclina para besarme la frente y yo sonrío-. ¿Lo traes todo, mi Guardián?

-No tienes ni que preguntarlo, mi Señor. Ahora vuelvo.

Le revuelve el pelo a Teddy y sale de la habitación. (El hechizo de invocación necesita espacio.) Enseguida vuelve con una mochila con un encanto de expansión indetectable. La deja a mi lado y abre la cremallera para empezar a sacar cosas.

Lo primero es una botella de Bruno Giacosa Collina Rionda Barolo DOCG, cosecha del 67, para mi padre. Él la recibe sorprendido. (Elegí bien, sé que le encantan los vinos.)

-Este es un vino muy caro.

-Lo sabemos. Compramos media docena. Seguramente llegue a finales de la semana.

-Gracias, Harry.

Luego saca una miniatura de la Pagoda de Songyue, un hermoso templo budista del siglo VI d.C. para tía Drómeda. (Sé que le interesan mucho las otras culturas.)

-Es también una caja fuerte con un hechizo de expansión indetectable, para que protejas lo que necesites de este trasto.

Teddy le saca la lengua y Harry le imita. Todos sonreímos.

-Gracias, me será muy útil.

Esta vez soy yo quien saca el regalo de mi madre: una primera edición traducida del Ars Notoria, un antiguo libro de magia para mejorar la memoria y el aprendizaje. Está bellamente ilustrado con miniaturas de la época.

-Sé que lo estabas buscando desde hace tiempo, madre.

-Oh, Draco, es precioso. ¿Dónde lo has encontrado?

-Te sorprenderías la de contactos que tiene Harry en Nueva York. Es prácticamente una red de influencias que se extiende hasta los rincones más oscuros de la ciudad.

Los tres miran asombrados a mi marido. (Exactamente como yo hice cuando empecé a conocer a una persona tras otra y tras otra.) Él se encoge de hombros indiferente.

-Soy un escritor famoso en el mundo muggle y un héroe en el mágico. Las conexiones vienen de serie.

Me río a carcajadas. Los otros tres adultos me miran sin poder creer lo que ven. Teddy cambia el color de su pelo a rubio oro. Harry me sonríe.

(Sí, definitivamente me espera una vida para nada aburrida.)


Observo a las dos mujeres arrodilladas frente a mí. Las dos tienen el pelo blanco puro, los ojos azules ausentes y la piel pálida. Para la ceremonia se han vestido con túnicas grises (Lemory, para representar el final de su reinado como Diosa) y blancas (Luna, para representar el inicio de su gobierno como Diosa.)

La mano de Harry apoyada en mi hombro me tranquiliza. Ambos vestimos con nuestros trajes de gala. Harry con su armadura de titanio ennegrecido y la capa de piel negra sobre una camiseta de tirantes negra, pantalones largos negros y botas de combate negras. La espada occidental la sujeta a la espalda con un cinturón triangular alrededor del pecho y la oriental cuelga de su cadera izquierda. Por supuesto su corona de hierro negro y esmeralda descansa en su frente. (Parece el Señor de las Tinieblas que es.)

Yo, por mi parte, llevo pantalones grises, una camisa de manga larga blanca y un chaleco gris oscuro. Por supuesto la capa blanca sobre los hombros y mi corona de vides entrelazadas.

Respiro hondo y hablo con una voz fuerte y clara.

-Lemory, Diosa de la Adivinación, has manifestado tu deseo de dejar tu puesto y pasar a ser una con la naturaleza. ¿Es eso correcto?

-Sí, Señor.

-¿Y has elegido a tu reemplazo?

-He elegido a Luna Lovegood como mi reemplazo.

-¿Y tú, Luna, aceptas el lugar que se te otorga?

-Acepto el lugar que me otorgan.

-¿Conoces todas las funciones que tienes que llevar a cabo?

-La actual Diosa de la Adivinación me ha informado de todo y ha respondido a mis preguntas.

Asiento conforme y Harry se adelanta un paso.

-El mundo fue creado para cambiar. Por eso mismo la transición del poder de la actual Diosa Lemory a la futura Diosa Luna es tan natural como respirar. Es parte de nosotros. Yo, como Creador del Mundo y consorte del Señor de los Cielos, llevaré a cabo esta ceremonia si nadie se opone a ella.

Observa a todos y vuelve a mirar a las dos mujeres frente a nosotros.

Camina hasta ellas con pasos medidos y extiende las manos hacia ellas. Hilos de luz azul pálido empiezan a envolver a Lemory hasta que solo se ve una pantalla de luz. Con un suspiro esos hilos empiezan a trasladarse hacia Luna, formando dos cúpulas de luz conectadas por un fino cable ondulante.

Poco a poco, la esfera de Lemory va desapareciendo, revelando un lugar vacío donde antes estaba la mujer.

-Que la memoria de todos los presentes te guarde. Adiós, Lemory, viaja por el mundo como siempre quisiste, libre como el viento.

La esfera de Luna brilla con intensidad y desaparece repentinamente. (La nueva Diosa de la Adivinación ha nacido.) Yo vuelvo a hablar.

-Levanta, Luna, Diosa de la Adivinación, y encuéntrate con tus hermanos y hermanas.

Ella se levanta, nos hace una ligera reverencia y se da media vuelta para recibir los aplausos de todos los Dioses.

Harry regresa a mi lado y cuando nuestras miradas se encuentran siento la alegría por mi nueva familia. Por una familia que ha esperado por mí, con la esperanza de mi llegada. (No podría pedir nada mejor.)


Estoy teniendo unas semanas de locos, así que disculpadme por el retraso de este capítulo. Para compensar un poco he intentado que sea lo más largo posible. Espero que os guste.

La historia puede parecer terminada, pero no lo está. Seguiré subiendo capítulos de la vida después de la boda y la Conjunción de los Opuestos e intentando responder a las preguntas que os hagais, así que dejádmelas en los reviews y veré lo que puedo hacer.

En otro orden de cosas, es posible que no pueda actualizar hasta 2017, así que felices fiestas a todos, feliz año y todo lo que se os ocurra.

Espero leeros pronto,

Naraya