El Recuerdo Perdido

Aquí está una nueva parte de este fic, que dejé un tiempo guardado.

Dedicado a KiKaLoBe, que con su ayuda lo pude concluir.

Tercera Parte

Peter llevó a Laura de la mano hasta el despacho para que Charles la consolara. El telépata comprendía que la actitud de Logan había sido inevitable. No se había atrevido a leerle la mente pero suponía que nada bueno encontraría al toparse con su pasado.

Cuando abrió la puerta, Peter tenía la mirada abatida. Estaba tan angustiado y aturdido con la revelación del lobo, que Charles lo leyó sin querer. Se horrorizó y, por un segundo, su expresión fue de espanto. Sin embargo, enseguida reparó en Laura, que sollozaba refregándose los ojos, y pidió a Peter que la soltara para abrazarla.

La niña corrió a sus brazos y casi chocó contra el escritorio para llegar a ellos. Refugiada en el pecho del telépata, recibió su paz y confianza porque Charles le aseguró mentalmente que Westchester sería su nuevo hogar y que su padre necesitaba alejarse por un tiempo para acomodar sus ideas. Pudo leer en Laura la decepción y el abandono que sentía. Charles solo pudo mitigar esto con más ideas de consuelo. El pasado de Logan era demasiado angustiante y era injusto que su hija padeciera sus consecuencias aunque también era inevitable que lo hiciera.

Ya más tranquila, la pequeña deshizo el abrazo y volteó hacia Peter, que se había acercado, manteniendo una distancia prudente.

-Acompáñala a su cuarto para que descanse – indicó Charles y sonrió a Laura -. Trata de dormir, pequeña. Mañana te sentirás mejor.

-¿Mi padre regresará mañana? – preguntó, esperanzada.

Charles no quería mentirle.

-No puedo responderte que sí porque no lo sé. Pero como te lo dije antes, aquí tienes un hogar, Laura – suspiró -, entiendo que tu sueño es estar con él, sin embargo, por ahora eso no es posible.

-Pero, ¿él regresará? – quiso asegurarse la niña porque la aterraba perder esa ilusión.

-Pienso que en algún momento lo hará – contestó el telépata y le envió más paz. Luego le hizo un gesto a Peter para que la buscara.

El joven la guio de la mano hasta el dormitorio. No se dijeron nada y caminaron en un triste silencio. De a ratos, la pequeña hipaba y se refregaba los ojos con la mano libre.

Peter marchaba más despacio que de costumbre, demasiado lento para su mutación. Estaba desolado, una parte de él comprendía a Logan pero no podía aceptar que hubiera dejado a su hija para huir. Es que él de niño también había sufrido en carne propia el abandono de su padre. En su caso, Erik lo había hecho por ignorancia, pero empatizaba con la sensación desagradable que estaba padeciendo Laura.

Cuando llegaron a la habitación, la niña fue a sentarse en la cama y se desanudó los zapatos. Sin ponerse el pijama, se acostó con la ropa que tenía. El joven la arropó y le preguntó antes de salir si quería que apagara la luz. Ella pidió que solo mantuviera encendido el velador porque en Alkali Lake nunca había quedado en penumbras y por eso estaba acostumbrada a dormir con una luz tenue de compañía.

Peter le dio el beso de las buenas noches y se retiró. Laura esperó a que estuviera lejos para que no la oyera y lloró desconsoladamente contra la almohada.

Logan reconocía que Peter tenía razón cuando había observado que su hija no tenía la culpa, de hecho, era una criatura inocente que había huido del único mundo que conocía en el laboratorio para encontrarlo. Se había ilusionado cuando lo halló y había buscado la manera de permanecer a su lado, también había creído en la palabra de su padre cuando le prometió que después de asaltar Alkali Lake, regresaría con ella y las respuestas. Por eso Logan se sintió un traidor al dejarla pero no podía lidiar con la verdad. Él, que la había buscado por años, que le había reclamado al telépata que invadiera su psiquis para descubrirla, ahora no podía hacerse cargo de ella. Charles había tenido razón al insistirle que tenía que averiguarla él mismo porque era demasiado cruda y traumática.

Laura no tenía la culpa y, sin embargo, su existencia surgía de ese trauma.

Robó la motocicleta de Summers y se lanzó por la carretera sin importarle si podía andar gente de Stryker buscándolo para vengarse o no. Poco y nada le interesaba lo que llegara a ocurrirle. Llegó a un bar de mala muerte, que estaba perdido en medio del desierto de la ruta. Estacionó junto a camionetas viejas y entró sin hacer ruido. No fue necesario porque adentro el bullicio hizo que su presencia pasara desapercibida. Fue hasta la barra y pidió una cerveza para empezar la noche. Mientras bebía, olió el aroma de sangre y alcohol que conocía tan bien: el de las peleas ilegales. La gente comenzó a congregarse en un cuartucho aledaño.

Logan se masajeó los puños, recordando las épocas en que sobrevivía con lo que sacaba de esas apuestas. Nadie había podido vencerlo porque era imposible que un humano sometiera su esqueleto de Andamiantum. Pensó que así había vivido los primeros años después de escapar de Alkali Lake, cuando no podía encontrar su memoria. Ahora sabía la causa por la que la había perdido. Logan se frotó los ojos, era desagradable y hasta asqueroso rememorar que había sido violado aunque no guardara imágenes ni sensaciones porque Stryker lo había drogado para conseguirlo. Por algo su psiquis había producido tal bloqueo. Pero cayó en la cuenta de que no era la violación lo que le había borrado los recuerdos sino la pérdida de Laura. Charles se lo había hecho notar y tenía razón.

Logan había perdido la memoria porque lo habían alejado de ella. Mientras bebía, ensimismado en sus pensamientos, alguien tocó su hombro. Howlett volteó con cara de pocos amigos. Se trataba de un hombre robusto, con una cicatriz notoria en la mejilla izquierda, que parecía producto de un arañazo con un elemento punzante.

-El invencible Wolverine – casi escupió el desconocido las palabras -. Nadie podía ganarte. ¡Claro! – sonrió con odio -. Si tenías esas garras escondidas. ¿Quién crees que me hizo esto? – gritó, señalándose la cicatriz.

Logan no se amedrentó ni movió. Un idiota que conociera su mutación seguiría siendo un idiota, es lo que pensó. Siguió bebiendo hasta que el insolente le arrancó la botella de un manotazo y esta fue a estrellarse en el piso.

Howlett se puso de pie y le ensartó un golpe en la cara, que le partió la nariz y lo arrojó al suelo junto con los vidrios.

Poca gente puso atención a la disputa porque estaban entretenidos emborrachándose u observando la pelea en el cuartucho.

Logan miró con desprecio al sujeto bañado en sangre y la espetó.

-Sigo siendo invencible.

Y abandonó la pocilga con completa tranquilidad. Arrancó el motor de la motocicleta, pero en lugar de continuar el sendero, dobló en u para dirigirse a Westchester.

…..

Laura despertó temprano, horas antes de que amaneciera, y saltó de la cama. Se frotó los ojos enrojecidos por la mala noche que había pasado y entró en el baño para asearse y marcharse de allí. Sí, se iría. Su objetivo había sido encontrar a su padre y conocer quién era su madre, y apenas había conseguido uno. Además, Logan se había escapado y ella estaba decidida a encontrarlo. Lo enfrentaría y le demandaría que le dijese la verdad. Laura era así: decidida y frontal porque era la hija de Logan.

Todos en la mansión dormían y Charles estaba en una habitación alejada para percibirla, seguramente en compañía de Magneto. La niña bajó a la cocina y abrió el refrigerador para surtirse de alimentos porque no sabría cómo ni cuándo conseguiría comida. Estaba llenando una mochila que encontró en la sala con todo lo que pudiera llevar, cuando su olfato y oído la alertaron. Conocía ese aroma.

-¿Qué quieres? – preguntó, ofendida, y siguió cargando -. ¿No te habías ido ayer?

Logan la miró detenidamente. Laura tenía los ojos y el mentón de Stryker, por eso, en medio de la turbación al despertar la noche anterior, fue lo primero que notó. Pero además tenía rasgos suyos: la nariz, la frente y ese pelo lacio que tendía a enmarañarse. Definitivamente era la hija de ese monstruo y, sin embargo, también era su hija, su sangre, sus genes. Él la había concebido, gestado y dado a luz. Había sido un parto espantoso, una tortura, sí, lo recordaba bien ahora que había recuperado la memoria. Pero él la había amado tanto que su pérdida lo traumatizó hasta provocarle amnesia.

Aquí estaba Laura, su hija, su sangre, su especie, su amor. Trató de esbozar una sonrisa para tranquilizarla porque la niña estaba tan alterada de verlo, que las venas de la sien le saltaban, igualito a él cuando se enojaba, y en cualquier momento podía sacar a relucir sus garras.

-Lo siento, niña – fue todo lo que se le ocurrió decir -. Supongo que te asusté con mi escape ayer pero, así soy – suspiró -: un pendejo cobarde.

Laura cerró el refrigerador y el cierre de la mochila. La había llenado de provisiones y ahora sentía que sería absurdo porque no tenía motivos para marcharse. Quería buscar a Logan para enfrentarlo y aquí lo tenía de frente. Se pasó la mano por los cabellos enmarañados.

-Pensé mucho cómo sería encontrarte. Imaginaba que te enojarías, que gritarías, que maldecirías, o, que te pondrías contento – confesó con la voz quebrada por la furia y el dolor. Las venas le seguían saltando como a él cuando se ponía iracundo -. Pero nunca pensé que huirías porque jamás se me ocurrió que mi padre sería un cobarde.

Logan volvió a suspirar. Sí, se había comportado como uno.

Laura se arrodilló y abrió la mochila. Revolvió entre los recipientes de comida que había juntado, hasta dar con una revista enrollada. Era un cómic.

-¡Mira! – le enseñó, furiosa -. Este eres tú – había una figura de un hombre que sacaba garras de sus nudillos, de pie, listo para atacar -. Gabriela me lo enseñó hace tiempo y me dijo: "Este es tu padre." Este tipo no es un cobarde. ¡No es como tú!

Logan ahora estaba confundido y tomó la revista para observarla. Era un absurdo desde los dibujos hasta la trama que apenas leyó. En otra ocasión se reiría con ganas pero ahora quedó desconcertado.

Laura le arrancó la revista de las manos y se frotó los ojos. No quería llorar y ya estaba llorando de furia.

-¿Sabes qué es lo que me duele? – sollozó, enojada -. Que te escapaste de mí, que no querías saber nada conmigo. Lo vi. ¡Lo noté en tus ojos! Me mirabas como a una peste. Me odiaste – Logan se transformó y quiso murmurar un no -. ¡No lo niegues!

Wolverine se arrodilló con calma y quiso abrazarla pero Laura le golpeó con los puños en el pecho. Él la apretó más contra sí hasta que ella no pudo luchar, o, no quiso luchar más, y simplemente lloró.

-Déjame – gimoteó la niña sin ofrecer resistencia -. Déjame partir. Quiero encontrar a mi madre al menos. ¡Ya que tú no me quieres!

Logan sintió que algo se abría en su corazón. Era una angustia profunda, que luchaba por decirle la verdad, pero una verdad a medias, ya que su concepción había sido cruel.

-Si te calmas, te contaré de tu madre – soltó con firmeza.

Laura contuvo el aliento y abrió los ojos como platos. Su padre la liberó y siguió sosteniéndole los hombros con las manos para darle seguridad y retenerla.

-Hablo en serio, niña – recalcó y para enfatizar la miró a los ojos. Eran los ojos de Stryker, no lo podía olvidar, pero tenían una inocencia y dulzura que los alejaban de los de ese monstruo -. Aunque para hacerlo, necesito que te tranquilices porque tienes que prestarme mucha atención. Además, no quiero que salgas corriendo desaforadamente si algo te sorprende.

Laura negó con la cabeza.

-¿Eso quiere decir que no te escaparás cuando lo sepas? – quiso asegurarse Logan. La pequeña ahora asintió -. Bien, ahora respira profundo para calmarte.

-¡No necesito calmarme!

-¿Ah no? – se mofó el mutante -. ¿Y por qué, entonces, gritas?

Laura se mordió el labio inferior mientras le clavaba la mirada. Detestaba cuando el otro tenía razón, claro, era obstinada como su padre.

-Respira profundo – le ordenó Logan otra vez, ahora con más suavidad.

Ella aspiró y soltó el aire.

Logan se puso de pie y la tomó de la mano.

-Ahora salgamos al patio donde está el columpio. Necesitamos un espacio abierto para platicar.

-Cierto que le tienes fobia a los aviones – comentó Laura, riendo. Sí, pasaba del llanto y enojo a la risa con facilidad -. Lo leí aquí – enseñó la revista -. Por eso necesitas de lugares abiertos cuando estás nervioso.

-Mira, niña, esa mierda que tienes en la mano es una sarta de mentiras.

Laura rio otra vez.

-Una cosa – dijo, mientras su padre la llevaba -. Yo no me columpio así que sentémonos en un banco o algo así.

Logan aceptó la propuesta.

Afuera amanecía. Se sentaron en un banco desde donde podían apreciar al sol saliente, aunque ninguno de los dos se encontraba con ánimo como para contemplar la naturaleza.

Laura juntó las manos sobre su regazo y empezó a balancear las piernas a la expectativa.

-¿Qué averiguaste sobre ella? – preguntó directamente.

Logan recargó los codos sobre el banco para echarse hacia atrás. Parecía que estaba mirando el amanecer pero solo estaba buscando las palabras adecuadas.

-No existe una madre en tu historia – confesó y se volvió hacia la niña. Esperaba que le gritara, o, que se le levantara ofendida pero Laura permaneció en su sitio, mirándolo con atención -. Verás, en esa base experimentaron conmigo – se apretó el puño derecho para enseñar su mutación -. Este metal en mi cuerpo, no nací con él, yo tenía huesos más resistentes que los comunes pero eran huesos. A este metal me lo pusieron.

-Lo sé – contestó la niña con aire de conocimiento -. Adamantium. Yo lo heredé de ti – enseñó la suya y comparó las largas garras metálicas de su padre con las cortas que todavía poseía -. Sé que experimentaron contigo y sé que me retuvieron para estudiarme porque era tu hija. Gabriela me lo contó todo, no me escondió nada.

-¿Qué te dijo con respecto a tu madre?

Laura suspiró.

-Me dijo que tú tendrías la respuesta.

Logan se sorprendió de cómo esa mujer había conseguido ocultarle la información sin mentirle. Por un segundo deseó haberla conocido.

-El siguiente experimento al que me sometieron después de cambiar mi estructura ósea fue gestar una criatura que replicara mi mutación – Logan se sorprendió de soltarlo con tanta facilidad. Claro que con los términos que había usado, Laura lo miraba sin entender -. Quiero decir que usaron mis genes para crear un embrión y lo trasplantaron a mi cuerpo, antes lo habían preparado para que pudiera gestar – la niña frunció más el ceño -. Quiero decir que yo te gesté, pequeña, a partir de una mezcla de mis genes. Naciste de mí, por eso no tienes madre.

-¿Eso averiguaste en la base? – indagó ella al tiempo que pasaba saliva.

-Eso fue lo que averigüé.

-Por eso perdiste la memoria – creyó comprender Laura -. Con semejante experimento, perdiste la memoria. ¡Habrá sido aterrador!

Logan no era un sujeto que se emocionara y, menos que menos, le iba lo cursi. Es más, aborrecía la cursilería, pero tuvo que confesar:

-Perdí la memoria porque no quería perderte a ti y ellos te quitaron de mí cuando naciste – juntó fuerzas -. Por eso perdí la memoria, ese fue el trauma.

Ahora la niña abrió la boca para decir algo y la cerró. Algo no encajaba. Estaba convencida de que Logan la odiaba por la manera en que la había rechazado la noche anterior.

-¿Estás diciendo que perdiste la memoria por mí?

Logan se puso de pie. Detestaba emocionarse.

-Mira, las cosas salieron así, eso es lo que averigüé y si no me crees. . .

-Te creo – contestó Laura convencida -. Es solo que Gabriela siempre me quiso, pero nunca pensé que. . .

-Que alguien más te querría – terminó Wolverine y volvió a sentarse. Sacó un habano y jugueteó con él entre los dedos. No se decidía a encenderlo como tampoco se decidía a mirar a su hija a los ojos otra vez. Sintió el abrazo en su cuello. Su olfato se compenetró con el aroma de la niña, que era una mezcla suave y picante a la vez. Pensó que así debía oler él para lo demás. Después Laura apoyó la cabeza contra su pecho y no se dijeron nada. Logan finalmente la abrazó.

El sol ya se había elevado detrás de los pinos. La brisa matinal los envolvió. Laura se sentía aliviada por la verdad y reconfortada por sentirse querida. Logan solo se sentía feliz.

…..

¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado.