Ok. No puedo sino empezar agradeciendo todo el cariño y ánimo que me transmiten con sus reviews positivos. Quería decirles que es gracias a su constante ánimo que actualizo a este ritmo (si bien esta vez tardé creo que dos semanas, debería haber tardado mucho más por cuestiones de la carrera y demás).
En esta versión en español los reviews fueron casi todos positivos, pero en la versión en inglés hubo algunas críticas (legítimas, vale aclarar), así que me tomo unos renglones para aclarar algunas cosas del capítulo anterior, porque fueron cuestionamientos que ustedes también pueden llegar a tener. En primer lugar, sobre la nota al principio del capítulo, todo en mayúsculas y exagerado. Fue claramente una broma. Creí que quedaba bastante claro, pero bueno, era una broma. Sí traté de que el capítulo tuviera un peso emocional importante, pero tampoco es que estuviera esperando a que todos lloraran. Eso era una simple broma.
Y en segundo lugar, el elemento más cuestionado del capítulo anterior: la aparición de Dr House. Yo sabía que iba a generar controversia, fue un riesgo que tomé y asumo la responsabilidad de que a muchos quizás no les pareciera apropiado. La principal queja fue que su aparición acababa inmediatamente con todo el drama del capítulo, que era un cambio de tono demasiado acentuado y que el capítulo perdió intención y sentimiento. Asumo mi culpa, y sólo me queda decir que evidentemente no pude transmitir lo que quise, quizás fue un paso en falso (para muchos lo fue). No quiero poner excusas, simplemente justificar mi postura y decir qué es lo que pretendía hacer.
No incluí al personaje sólo porque "LOL, DR HOUSE XDDD". Al principio (en el primer boceto de esta historia) era un doctor cualquiera que le daba a Lincoln una charla inspiradora acerca de nuestro tiempo en este mundo, de aprovechar cada día al máximo y de dejar nuestra marca. Era una charla motivadora que le daba a Lincoln una razón para tratar de seguir adelante. ¿Hermoso, no? También tremendamente cliché y predecible. Y si me lo permiten, hacer que eso fuera parte del arco emocional de Lincoln me parecía mentirle al pobre chico, como personaje. En cambio, de inmediato supe que quería otro ángulo. No voy a andar spoileando nada, pero uno de los temas centrales del fic es cómo Lincoln afronta su mortalidad, y una mágica charla de un doctor que desdramatiza algo tan terrible como la muerte... Sencillamente no puedo.
Y ahí es donde surgió la idea de un doctor cínico que de hecho confunde más a Lincoln. Sumado a que la sucesión de hechos que hicieron que Lincoln llegue a los 11 años sin saber nada de su enfermedad es algo que requería un doctor con bastos conocimientos, un cameo de Dr House era una ficha cantada. Sobre el tono, acepto mi responsabilidad. De todas formas, creo que House es gracioso dentro del contexto de su serie, donde aceptamos ese comportamiento como algo normal y gracioso. Fuera de su serie, es un tremendo imbécil. En serio. Los invito a que lean el capítulo de nuevo y lo vean desde la perspectiva de Lincoln, que es lo que quise hacer. Un tipo insultando y diciéndole a un chico que realmente lo quiere ver llorar. House representó, en ese capítulo, la contracara de Lincoln. Una mirada cínica de la vida, que incluso trata de quitarle el consuelo de la religión para que entienda qué es lo que está en juego. Y ese era su papel: House es la cruda verdad, la pesada realidad que cae sobre Lincoln como un cachetazo. Trata de evitarlo, de no pensar en ella, de ignorarla incluso, pero al final no puede hacerlo, tiene que enfrentarla y aceptar lo que le sucede. Por eso es que finalmente logra llorar, porque deja de evitar pensar en el dolor que implica su partida. Lo acepta. Ese era el primer paso que Lincoln debía dar para que la historia pudiera llegar a buen puerto.
Lamento haberme extendido tanto. Quería ofrecer mi punto de vista acerca de lo que intenté hacer en el capítulo anterior. No estoy desestimando las críticas que recibí, las tomo muy en cuenta para el futuro. En general yo no me desanimo cuando encuentran fallos en mis trabajos, los tomo como parte de un constante proceso de aprendizaje gracias al cual puedo mejorar.
AHORA, sobre este capítulo. Es uno de los primeros centrados en una de las hermanas Loud. La historia casi siempre estará desde el punto de vista de Lincoln, pero cada hermana tendrá su capítulo. Cada una tiene, de hecho, su propio arco argumental, con su situación inicial, su respuesta ante la terrible noticia, los problemas que eso acarrea y la ¿resolución? final. No voy a decir sobre quién trata este capítulo, pero empieza con "L".
Y termina con "ucy".
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Capítulo 04:
Máscaras
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La maestra hablaba, pero como solía suceder, Lucy no le prestaba atención.
Sus maestros la dejaban ser. Principalmente porque temían que la chica les hiciera algún ritual ocultista si la hacían enfadar, pero también porque Lucy Loud era un caso aparte en la clase de tercer grado. Era de los pocos miembros de la nueva generación que parecía más interesada en leer libros que en utilizar la computadora o el teléfono celular. Esto, a tan temprana edad, marcaba una gran diferencia. Era evidente que los contenidos de tercer grado no presentaban un desafío para ella. Leía mejor que muchos chicos de su edad –y que algunos más grandes también–, tenía una gran creatividad, y su comprensión de lectura era impecable. Quizás no era la más brillante en matemáticas, pero sus trabajos en literatura, la asignatura que en aquel momento estaban enseñando, eran de otro nivel.
Quizás por eso resultaba un poco extraño que durante toda la clase la chica no dejara de mirar por la ventana ni un segundo para escuchar los poemas que la profesora había traído. Que ignorara las lecturas de Marianne Moore era una cosa. Pero, ¿que esa chica pasara por alto los escalofriantes poemas de guerra de Wilfred Owen? Eso era nuevo.
—Muy bien. Ya hemos leído algunos poemas muy buenos y famosos. ¿Alguno de ustedes conoce un poema que quiera compartir? —Preguntó la maestra.
La mayoría de los alumnos se quedó callado. Algunos no conocían ninguno, a otros les daba vergüenza recitar un poema frente a sus compañeros. Una chica levantó rápidamente su mano, ansiosa por compartir lo que sabía.
—Hannah, ¿conoces algún poema?
—Sí. "A mí me gusta el verano, a mí me gusta que haga sol, a mí me gustan los helados, de chocolate, fresa y limón."
—Es un lindo poema. Y creo que todos nos podemos identificar con ese sentimiento de querer un helado en verano, ¿no? ¿Alguien más?
Tentativamente, un chico también levantó su mano.
— ¿Robbie? ¿Conoces algún poema?
—Yo… Sí… Pero…
—Vamos, Robbie, que no te de vergüenza. Dilo.
El chico rápidamente se sonrojó, y recitó el poema sin levantar la vista de su asiento.
—"¿Qué es poesía? Dices, mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… Eres tú."
Las niñas dejaron escapar un suspiro y un gran "aaaaw", mientras que los chicos comenzaron a reírse o a fingir que vomitaban.
—Oh, ese es un hermoso poema, Robbie. De Bécquer, si no me equivoco. Excelente. ¿Alguien más? ¿Nadie?
Lucy seguía mirando a través de la ventana, ignorando por completo la clase. Escuchaba lo que estaban hablando, pero no estaba interesada en participar, ni se preocupaba por siquiera disimularlo. Los profesores normalmente no la molestaban. Y en aquel momento no quería ser molestada. Lógicamente, su necesidad de que nadie perturbara sus reflexiones se tradujeron en una inmediata interrupción.
— ¿Y qué tal tú, Lucy? Estoy segura de que tienes algún poema para compartir con nosotros —le dijo la maestra.
Para alguien que trataba de no exteriorizar nunca sus emociones, Lucy sabía leerlas muy bien. Sabía que la maestra estaba ligeramente preocupada, y un tanto dubitativa, como si no estuviera segura de que esta fuera la mejor idea. También pudo detectar rápidamente las miradas asustadas de algunas de sus compañeras, y los cómplices intercambios de miradas de los chicos. Casi podía escuchar sus pensamientos. "Aquí viene la rara".
No le importaba. Ella había abandonado hacía mucho tiempo cuestiones tan banales como los sentimientos. El aprecio de sus compañeros, o más bien la falta de él, no le preocupaba en absoluto. ¿Qué es el desprecio de unos niños comparado con la dicotomía entre la vida y la muerte? ¿O con la existencia o no del alma? ¿De qué le servía esforzarse por ser querida si al final todos acabarían atrapados en el infinito vórtice del olvido eterno que es la muerte? Podían odiarla, podían llamarla rara, sus palabras no surtían efecto alguno.
No necesitaba ser querida.
— ¿Y bien? ¿Tienes algún poema, Lucy?
Con un suspiro, se puso de pie en su lugar. Tenía varios poemas, de hecho. La mayoría de ellos eran de su propia autoría, pero no quería compartir con el resto de la clase parte de sus reflexiones interiores. No eran dignos. Les daría algo cliché, que complaciera a la maestra. Conocía una muy buena traducción de un poema de Edgar Allan Poe que hacía un tiempo que quería recitar en voz alta. Tomó aire y su mente se propuso a recitarlo tal y como lo había practicado en su cuarto tantas veces.
Lucy se sorprendió a sí misma, sin embargo, cuando de lo profundo de su pecho –donde estaría su corazón, de tener uno–, un fragmento de un poema logró escapar a través de sus labios. Era un poema que desde la primera vez que lo leyó se había vuelto uno de sus favoritos. Uno de sus poemas más personales, y que sólo releía en sus momentos más vulnerables.
—"Se muere el universo de una calma agonía, sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas, las nubes de la tarde como barcas pedidas, que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida."
El ruido de los otros salones, amortiguado por las paredes, y el sonido reverberante de los autos circulando por la calle fue lo único que se escuchaba. La maestra miraba preocupada a su alumna. Sus compañeros no entendían qué decía cada verso, pero tenían alguna idea general sobre qué trataba el tema. Nadie se atrevió a decir nada; no delante de la maestra. Todos sabían, sin embargo, que durante el recreo hablarían una vez más de lo rara que era Lucy Loud.
Cuando la chica finalmente se sentó de nuevo en su silla y el metal se deslizó sobre los cerámicos del suelo, la profesora reaccionó.
—Vaya, Lucy eso fue… Es decir, lo recitaste muy bien. ¡Y de memoria! Eso es… Fantástico, sí, sí. Muy bien, eh, anoten, por favor: para la próxima clase todos deben buscar un poema de al menos dos estrofas, y escribir qué es lo que ustedes sienten cuando lo leen.
Lucy anotó la sencilla consigna en su cuaderno, y volvió a desviar la mirada hacia la ventana.
Durante el resto de la clase, nadie la molestó.
En cuanto sonó el timbre del recreo, Lucy tomó su cuaderno. Moviéndose como sólo ella sabía hacer, logró salir de su salón y adentrarse en el patio de recreo sin que nadie la viera. Se sentó con la espalda contra su árbol preferido, el más alejado de los juegos, y comenzó a escribir. No siempre escribía poemas. A veces, simplemente abría su cuaderno y dejaba que su muñeca escribiera en prosa, sin pensar en la métrica o en las rimas. Dejaba que las palabras fluyeran, que sus sentimientos se manifestaran en el papel. Cualquiera diría que se trataba de un diario, pero ella asociaba esa palabra con algo mucho más femenino. Ella lo llamaba su "libro de reflexiones".
Aquella mañana, Lucy escribió un pequeño ensayo introspectivo de dos párrafos. Lo escribió sin detenerse a revisarlo, sin preocuparse por la coherencia o el sentido. Era su alma la que guiaba su mano.
"A veces, por mucho que tratemos de ocultar las cosas, éstas terminan saliendo a la luz. No importa qué tanto lo intentemos, los latidos del corazón delator se harán oír por sobre el entablado del suelo. En el teatro griego, las máscaras eran grandes para que la gente pudiera reconocer a los personajes desde sus asientos, pero también servían como megáfono, para que se escuchara lo que los actores decían. Parece algo contradictorio. Ocultaban al actor, le daban la apariencia que él quería, le otorgaban el lujo de la anonimidad, pero al mismo tiempo servían para que conectara con la audiencia. ¿Cuál es el punto entonces? ¿Nuestras máscaras son sólo herramientas para conectar mejor con las personas? ¿Qué hay con lo que queda debajo de las máscaras?
Hace años que convivo con el más allá. Veo inmutable programas que mis hermanas mayores no soportarían sin gritar. Leo poemas que mis profesores no podrían leer sin llorar. Pienso en cosas que la mayoría de la gente trata de evitar por miedo de las conclusiones a las que podría llegar. Me siento cómoda en ambientes de depresión, tristeza, dolor y muerte. He adoptado la oscuridad como mi aliada, mi refugio. Vivo convencida de que esto es lo que soy. Y sin embargo, nuevamente me encuentro a mí misma preguntándome si no es todo esto una gran y complicada máscara. Si en verdad es como soy. Porque si es así, si en verdad renuncié a todas mis emociones, ¿por qué me afecta tanto que mi hermano esté en el hospital?"
Acababa de cerrar el signo de interrogación cuando una pequeña pelota cayó a unos metros de ella. Apenas levantando la vista de su cuaderno, vio que uno de sus compañeros y un chico algo mayor, quizás de cuarto o quinto grado, se acercaban a buscarla. Su compañero se detuvo en seco al verla, claramente asustado. El chico mayor, sin embargo, puso una mueca burlona y se acercó a recoger la pelota.
—Hey, chica vampiro. ¿No te lastima el Sol?
Lucy lo ignoró. Era muy buena ignorando lo que decían los demás.
—Oh, ya sé, debes tener tu protector solar puesto, por eso estás tan pálida.
Sus provocaciones eran mucho menos ingeniosas y graciosas que los chistes de Luan, lo cual era decir mucho. Lucy continuó ignorándolo, escribiendo acerca de cómo le gustaría tener una caja de alfileres y un muñeco vudú de aquel grandulón. Estaba realizando un garabato del muñeco cuando el chico se acercó y le quitó de un manotazo su cuaderno.
Lucy se quedó quieta. Por fuera se veía tan seria como siempre, como si fuera un maniquí que ignorase lo que sucedía a su alrededor. Por dentro estaba furiosa. Y asustada.
—Dame eso —dijo, con el tono de voz que normalmente usaba para asustar a sus compañeros de clase. Incluso servía con sus hermanas. Pero aquel chico continuó de pie frente a ella, con el cuaderno en sus manos.
—Uuuh, aterrador —dijo jocoso—. ¿Qué vas a hacer? ¿Embrujarme?
—Estás caminando peligrosamente por debajo de la espada de Damocles. Un paso en falso, y el filo de su hoja caerá sobre ti con la carga de la justicia divina.
Eso debía hacerlo. Esperaba que eso funcionara, porque realmente no sabía qué más hacer. Era la primera vez que un chico más grande se acercaba a molestarla. A pesar de la serenidad con la que habló o con lo relajada que se veía, por dentro temblaba. ¿Quién la ayudaría? No tenía ningún amigo que saltara por ella. Lola y Lana seguramente lo harían, y estaba segura de que podrían acabar con aquel bravucón en un instante, pero el sector de juego de los más pequeños estaba del otro lado del patio. En aquel momento, el hecho de estar sola perdía un poco el atractivo. Sólo podía esperar que sus oscuras y monótonas palabras asustaran o al menos confundieran al chico, y que decidiera dejarla en paz.
Desgraciadamente, el chico comenzó a reír.
— ¿Qué se supone que significa eso? No tengo ni idea de qué es lo que acabas de decir.
—La mente inferior que se regocija en su ignorancia —dijo, antes de suspirar pesadamente.
— ¿Me estás llamando ignorante?
—Wow. Quizás sí entiendes algo después de todo.
—Escucha, fenómeno —dijo el chico, dando un paso hacia delante—. Voy a darte cinco segundos para que te disculpes, porque sino lo haces, voy a…
Nunca llegó a completar su frase. Se escuchó un ruido seco, un golpe que lo dejó sin aire, y unos segundos después, toma de judo mediante, el chico estaba en el suelo, a pocos centímetros de una muy enfadada cara femenina. Lucy no pudo controlar sus emociones tan bien en esta ocasión, y su boca se abrió por la sorpresa de ver que alguien se había acercado a defenderla.
—Escucha con atención. Vas a soltar ese libro, levantarte y alejarte a toda velocidad hacia un lugar donde no pueda verte. Y más te vale que te mantengas alejada de esta niña, porque si vuelves a siquiera mirarla de mala manera, voy a dejarte la cara tan irreconocible que tus padres tendrán que comparar tus registros dentales para asegurarse de que eres tú. Haz correr la voz, ¿ok? Lucy Loud está fuera de límites para sus estúpidas bromas. ¿Entendido?
— ¡S-Sí! —Dijo el chico, con un hilo de voz.
— ¡¿Entonces qué demonios haces aquí todavía?!
Con un muy afeminado grito, el chico se levantó y se alejó corriendo a toda velocidad. La recién llegada tomó del suelo el cuaderno de Lucy, le sacudió un poco el polvo y se lo alcanzó.
—Aquí tienes.
Lucy se compuso, y su rostro recuperó la seriedad.
—Gracias —dijo, aceptando el cuaderno y apretándolo contra su pecho.
—No hay de qué. Ese chico no volverá a meterse con una niña más pequeña —dijo orgullosa de sí misma, esperando algún comentario de Lucy.
Comentario que nunca llegó, pues la chica gótica acababa de recordar de dónde conocía a aquella chica.
—Creo que no me presenté —dijo la chica, tratando de llevar la conversación; estiró su mano con una sonrisa—. Me llamo…
—Ronnie Anne —la interrumpió Lucy—. Golpeaste a mi hermano en el ojo hace unas semanas.
—Oh —dijo, retirando su mano y perdiendo su sonrisa—. Yo… Él… Bueno, es complicado, pero creo que él ya me perdonó… Creo que estamos en buenos términos.
—Él habla mucho de ti.
— ¿Qué? ¿En serio? ¿Qué dice? —Preguntó sumamente interesada y contenta la chica, antes de volver a adoptar su pose despreocupada—. Es decir, ¿ah, sí? ¿Y de qué habla? No es que me interese, claro.
—Estaba en los ductos de ventilación cuando lo escuché hablando con Lori. Dice que eres muy ruda, extrovertida y algo violenta. Pero en el fondo también eres cariñosa. Sonaba muy feliz cuando decía que en verdad eres alguien muy sensible.
Lucy notó inmediatamente cómo la chica se sonrojaba.
—Sí, bueno, ¿no lo somos todas?
Lucy no le respondió. Continuó con su mirada seria, observando a la chica. Como todos, parecía algo nerviosa por estar cerca de ella, pero no parecía tenerle miedo. Era como si estuviera a la expectativa, como si hubiera algo que no se atrevía a decir. Lucy decidió, por curiosidad, ayudarla a que se abriera.
—Gracias por ayudarme con ese chico. Qué bueno que estabas cerca —dijo, aún con su tono monótono.
—Bueno… De hecho… Yo estaba buscándote —dijo Ronnie Anne, agarrándose un brazo y mirando hacia abajo—. Verás… Bueno, tu hermano no vino a clases, y su amigo Clyde tampoco sabe dónde está. Y bueno… Él está preocupado, ¿sabes? Por ser su mejor amigo, y todo eso. Y yo… Pensé que quizás… Sólo para decirle a Clyde, por supuesto. Me preguntaba si…
—Lincoln está enfermo —dijo cortante Lucy.
El rostro de Ronnie Anne adoptó una expresión preocupada.
— ¿Enfermo? ¿Muy enfermo, o como con la gripe?
Lucy le hubiera respondido, pero ella tampoco lo sabía. Lo lógico quizás habría sido decirle que estaba hospitalizado dese la mañana del día anterior y que todavía no tenían noticias. Que de hecho hacía poco más de doce horas que no sabían absolutamente nada de cómo se encontraba. La chica parecía estar verdaderamente preocupada, y Lucy pensó que Lincoln seguramente estaría de acuerdo en que le dijeran a sus amigos lo que estaba pasando. Pero si Ronnie Anne lo quería tanto como Lucy suponía, decirle eso sólo la preocuparía de sobremanera. Y Lucy sabía de primera mano lo horrible que era estar preocupada así por un ser querido.
—Quizás no venga a la escuela durante algunos días. Pero está bien.
Ronnie Anne pareció relajarse un poco al oír eso.
—Oh, eso es bueno. Es decir, que esté bien. Yo… Bueno, creo que iré a decirle a Clyde. Estaba muy preocupado —dijo, haciendo hincapié en que era Clyde quien estaba preocupado.
—No te preocupes. Tu preocupación permanecerá en secreto —le aseguró Lucy, mientras volvía a abrir su cuaderno.
Las dos chicas permanecieron en silencio, Lucy escribiendo y Ronnie Anne de pie, sin saber si debía agregar algo más o si ya podía irse. Justo en ese momento sonó el timbre que los invitaba a todos a volver a clases. Lucy cerró su cuaderno y se puso de pie. Caminó junto a Ronnie Anne, sin dirigirle la palabra.
—Hey —la llamó la chica.
Lucy volteó.
—Si alguien vuelve a molestarte… Bueno, sólo diles que se las tendrán que ver conmigo, ¿está bien? —Dijo Ronnie Anne con una sonrisa—. Yo soy la única que puede molestar a un Loud.
Por primera vez en el día, Lucy dejó que sus labios formaran una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Se alejó pensando en cómo esa chica era capaz de ser tan agresiva, tan ruda, y al mismo tiempo se mostraba preocupada y hasta sensible. Lucy se preguntó si Ronnie Anne también tenía sus máscaras. Quizás ellas eran más parecidas de lo que pensaban.
—Más vale que Lori llegue pronto, tengo que retocar mi maquillaje cuanto antes —se quejaba Lola, mirándose en un espejo.
—Retocaste tu maquillaje hace una hora —le dijo Lana, mientras acariciaba una rana que había encontrado en el parque de la escuela.
—Duh, una princesa siempre necesita retocarse. La perfección requiere mantenimiento.
— ¿Sabes qué necesita tu piel? ¡Baba de rana! —Gritó Lana, persiguiendo a su gemela.
Mientras las gemelas comenzaban a gritar y a correr por la entrada de la escuela, Lucy permanecía de pie como una estatua, esperando a que la camioneta familiar apareciera para llevarlas de regreso a su casa. Reprimió una sonrisa cuando la vio acercarse por la calle. Pero el impulso de sonreír apenas duró un instante, pues de inmediato notó que Lori no conducía la camioneta, trayendo consigo al resto de sus hermanas de la secundaria. En cambio, era su padre quien conducía una camioneta aparentemente vacía.
Estacionó justo delante de la escuela, y las gemelas de inmediato lo vieron.
— ¡Papi! —Gritaron, dejando de lado su pequeña persecución para correr hacia su padre.
El señor Loud se agachó para abrazar a sus hijas.
— ¡Te extrañamos! —Dijeron ambas.
—Yo también las extrañé, chicas —les aseguró con una sonrisa—. Ahora, ¿qué les parecen si entran en la camioneta y nos vamos a casa?
— ¿Cómo está Lincoln? —Preguntó Lana.
— ¿Podemos ir a verlo?
El señor Loud se puso de pie y abrió la puerta de la camioneta, permitiendo ver a las chicas que Lisa ya se encontraba allí dentro, .
—Por supuesto que iremos a verlo. Pero el horario de visita es más tarde. Si quieren ir a verlo tendrán que hacer sus tareas y portarse muy bien, ¿entendido?
— ¡Sí! —Dijeron con una sonrisa, antes de subir al auto sin pelear, para variar.
— ¡Lucy! ¡Sube!
Ella se acercó a la camioneta y subió, sentándose en el asiento más cercano al conductor. En cuanto su padre volvió a subirse a la camioneta y comenzó a conducir hacia su casa, Lucy comenzó a hacerle preguntas.
— ¿Por qué Lori no vino a recogernos como siempre?
—Yo me ofrecí a hacerlo —respondió, tratando de quitarle importancia.
— ¿Y por qué no estás en tu trabajo?
—Pedí el día libre.
— ¿Por qué?
El suspiro de su padre le indicó que estaba comenzando a cansarse de tantas preguntas, pero también había algo de… ¿culpa? ¿Por qué se sentiría culpable? ¿Acaso le estaba mintiendo?
—Escucha, con tu hermano en el hospital y… Tu madre se quedó con él, para hacerle compañía. Y bueno, yo… Pensé que lo mejor sería tomarme un día libre, ¿está bien?
— ¿Dónde están Lori y las otras?
—En casa.
— ¿Cómo llegaron a casa tan rápido? ¿No fueron a la escuela?
—Lucy, estoy conduciendo. Cuando lleguemos a casa hablaremos.
Quizás fue la dureza con la que lo dijo. Quizás ella también estaba cansándose de hacer preguntas. O quizás fue el tono resignado y con dolor con el que se lo pidió. Sea por lo que fuere, Lucy no volvió a abrir la boca en el resto del trayecto.
Cuando finalmente llegaron a la casa, su padre les dijo que Lori estaba preparando el almuerzo, el cual estaría listo pronto. Las gemelas llegaron a la conclusión de que nada animaría más a Lincoln que un buen dibujo hecho por ellas, así que corrieron a su habitación para preparar sus obras de arte, lo que seguramente implicaría un gran gasto de fibras, purpurina y pegamento. Lucy se detuvo en la sala.
Algo andaba mal.
No sabía qué, pero en cuanto puso un pie en su casa sintió algo. Una energía diferente. Una atmósfera distinta, como si la energía cotidiana hubiera sufrido algún cambio importante. Era difícil de explicar. Sabía que el almuerzo no tardaría en estar listo, pero aún así tomó su cuaderno de poemas y su linterna, dispuesta a adentrarse en los ductos de ventilación para tratar de escribir algo. Su día, que de por sí ya había comenzado con suficientes problemas, se las había ingeniado para que estuviera incluso más preocupada. Necesitaba urgente un confortable espacio cerrado y oscuro donde escribir tranquila sus poemas. Antes de subir por el ducto de ventilación, probó la linterna. Obviamente, las baterías se habían agotado. Comenzó a revisar por su habitación, pero no encontró ninguna.
Cuando pasó justo por delante de su ventana, se percató de que había movimiento en su patio. Cautelosamente, asomó la cabeza para ver mejor. Lynn estaba frente a su bolsa de golpeo, la que usaba para practicar sus artes marciales. Pese a tenerla como compañera de cuarto, y a que debería estar acostumbrada a estas alturas, a Lucy no dejaba de sorprenderle la energía de su hermana. Como en aquel momento. Si la bolsa tuviera algún sensor de dolor, ya habría tirado la toalla al menos cinco veces en los pocos segundos que Lucy llevaba mirando. Lynn no paraba de lanzarle golpes, patadas, rodillazos, secuencias enteras de golpes que hacían temblar la bolsa. Nunca la había visto practicar con tanto ímpetu. Normalmente hacía movimientos rápidos pero precisos, más serenos, quizás. Se veía como una verdadera maestra de karate cuando lanzaba sus patadas, sobretodo usando…
Lucy echó un vistazo a la pila de equipamiento deportivo de Lynn. Su karategui estaba allí, a plena vista. Eso era sumamente extraño. Lynn siempre practicaba con su traje de karate puesto. Decía que la ropa común no servía para practicar los golpes. Volvió a mirar a su hermana. Ahora estaba extremadamente cerca de la bolsa, aplicándole una serie de pequeños pero extremadamente duros golpes cortos, como si estuviera tratando de destrozarle el hígado a alguien mientras le susurraba algo al oído. Poco a poco fue bajando la velocidad y potencia de sus golpes, hasta que finalmente sus brazos quedaron colgando inertes a un lado de su cuerpo. Tenía la frente apoyada contra la bolsa. A juzgar por los movimientos de su pecho, parecía estar realmente agitada. Bueno, había también otra explicación, pero Lucy sabía que Lynn era una chica muy ruda. Seguramente estaba agitada.
Llegando a la conclusión de que no había baterías en su habitación, Lucy suspiró, sabiendo que debería pedirle a alguna de sus hermanas. Lo primero que hizo fue cruzar a la habitación de enfrente. Lily estaba durmiendo en su cuna, mientras Lisa leía un gran tomo azulado titulado "Neurociencia V: Trastornos cerebrales complejos".
Lucy se acercó a su hermana menor. Cuando estaba a tan sólo dos metros, el reloj de Lisa comenzó a sonar. Ella inmediatamente levantó la vista de su libro y miró a su hermana. Lucy suspiró. Ya no podía asustar a Lisa, no desde que había modificado su reloj para que sonara al detectar la presencia de Lucy.
—Hola, Lisa.
—Lo siento, no tengo baterías triple A, ni doble A, ni A, ni cualquier otro tipo de fuente de energía que funcione a base de zinc ni dióxido de magnesio —dijo, antes de regresar su mirada a su libro.
Lucy suspiró.
— ¿Cómo sabías que venía a buscar eso?
—Tienes una linterna apagada en tu mano —señaló, aún mirando su libro—, y pareces haber adoptado lugares oscuros como tu hábitat predilecto. No hace falta ser un genio para hacer la conexión.
Sin nada más que agregar, Lucy salió de la habitación. Sabía que pedirle a Leni sería una pérdida de tiempo, y que Lori estaba cocinando. Así que fue directo hacia la habitación de Luna y Luan. La guitarra de Luna sonaba por todo el pasillo. Sabiendo que ella seguramente estaba concentrada en lo que tocaba, Lucy abrió con cuidado la puerta, y entró lo más disimuladamente posible. Había perfeccionado el acto de escabullirse para aparecer de repente detrás de sus hermanos, asustándolos. Con un rápido movimiento, se colocó junto al armario, justo detrás de Luna, y frente a las camas.
Estaba a punto de tocarle el hombro a su hermana, esperando asustarla, cuando reparo en dos cosas. En primer lugar, Luan estaba acostada en su cama de frente a la pared, dándole la espalda a Lucy. No tenía ni sus auriculares, ni su cámara, ni su computadora, y tampoco parecía estar con su teléfono celular. ¿Qué estaba tratando de hacer? ¿Dormir? Nunca podría hacerlo, no con Luna tocando a metro y medio de ella. Y ese era el segundo punto, la música de Luna. No era raro que la guitarra estuviera sin distorsión. Pero Lucy no recordaba que su hermana mayor tocara nunca un tema que parecía ser de… ¿Amor? ¿Una balada?
—Baby, why'd you leave me? Why'd you have to go? I was counting on forever, now I'll never know. I can't even breathe…
Luna escuchaba absolutamente todos los géneros musicales conocidos por el hombre (y algunos conocidos por las cebras), pero NUNCA tocaba country. ¿Por qué estaba cantando una canción tan triste? Lo único que se le ocurrió a Lucy fue que quizás había tenido un desengaño amoroso. ¿Estaba Luna saliendo con alguien? Lo último que había escuchado desde los ductos de ventilación era sobre un chico que Luna decía que se veía totalmente idéntico a Billy Joey Legstrong, el cantante de una de sus bandas favoritas. ¿Había pasado algo entre ellos?
Mientras Lucy continuaba preguntándose esto, Luna siguió cantando.
—It's like I'm looking from a distance, standing in the background, everybody's saying, he's not coming home now. This can't be happening to me… this is just a dream…
La forma en la que cantaba, el énfasis que ponía en cada acorde, y lo quebrada que su voz sonaba por momentos descolocó a Lucy. Si había alguien que sentía la música, esa era Luna Loud. Pero esto se sentía mucho más personal. El suspiro de Lucy quedó oculto tras los acordes de su hermana, que siguió cantando. Ni ella ni Luan notaron que la puerta se abrió una vez más, ni a su hermana dejándolas solas.
Resignada a que no conseguiría baterías para su linterna, decidió ir a leer dentro de la bañera, su segunda opción para escribir tranquila. Entró al baño y se colocó en posición. Abrió su cuaderno, apoyó su lápiz y esperó a que las palabras comenzaran a fluir. Pero no lo hicieron. Pese a que su mente estaba lleno de horribles pensamientos y sensaciones que prácticamente aseguraban un poema exitoso, sencillamente no podía escribir. Podría ser un bloqueo de escritora, solía sucederle. Pero estaba segura de que en realidad es que estaba demasiado preocupada.
Algo andaba mal, estaba segura. No se trataba sólo de que no tenía noticias sobre Lincoln. Algo extraño estaba sucediendo con sus hermanas. Todas tenían su ropa de escuela, y ella recordaba que habían partido hacia su secundaria tras dejarlas en la primaria. Pero no había forma de que las chicas hubieran ido a su casa y luego su padre las hubiera ido a buscar a ella, Lola, Lana y Lisa en tan poco tiempo. Tampoco era normal que Lori cocinara el almuerzo, ni que Lynn practicara sin su traje, ni que Luna tocara country tan sentimental, o que Luan estuviera simplemente acostada en su cama. Algo había sucedido. ¿Pero qué podía ser?
Entonces escuchó un suave ruido que venía a través de la ventilación. Algunas semanas atrás, la casa de los Loud había sufrido un incidente cuando escuchas a través de la ventilación hicieron creer a los once hermanos que sus padres estaban planeando deshacerse de ellos. Desde ese día, habían prometido que no volverían a tratar de escucharlos a escondidas.
Pero la curiosidad pudo más, esta vez. Lucy dejó cuidadosamente su cuaderno a un lado, y se acerco a la pequeña rejilla. Era sin lugar a dudas la inconfundible voz de su padre. Debería haberse alejado. Debería haberlo ignorado. No debería haber acercado su oído tanto, ni haberse concentrado para entenderlo.
No debería haberlo oído decir:
— ¿Por qué? ¿Por qué él? ¿Por qué mi Lincoln?
No debería haberlo oído llorar.
No debería haber atado los cabos.
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El tema es "Just a dream" de Carrie Underwood. Por lo general Luna va a tocar cantar canciones más adecuadas a su estilo. Tengo una lista de 12 posibles canciones (ya veré cuáles utilizo y cuáles no) que van desde Bon Jovi, Blink 182 y No use for a name hasta Simple Plan, Falling in Reverse y Avril Lavigne. Y si, van a estar en inglés. Sorry 'bout that.
En el próximo capítulo volvemos con Lincoln, y su personaje continuará creciendo, aunque a paso lento. Ojalá les guste.
Cualquier crítica será bienvenida, como siempre. Así que no teman, dejen sus reviews, que estoy más que preparado para recibirlos! Si son buenos, mucho mejor, claro.
Saludos!
