Bajamos del coche y miro a nuestros otros acompañantes.

Hermione lleva un abrigo gris claro (bastante femenino para ella) y una boina rosa junto a unos pantalones negros y unas botas altas gris oscuro.

Ron viste más informal, con un jersey rojo y dorado (muy Gryffindor) y unos vaqueros junto a unas deportivas.

Shaun lleva su habitual suéter azul claro, pantalones oscuros y zapatos italianos. (Muy de profesor.)

Desmond, como no, lleva su característica sudadera blanca y unos vaqueros (nuevos, por suerte) y unas deportivas.

Raizel viste con un traje de tres piezas gris oscuro con una camisa roja y la corbata blanca. Tiene el pelo recogido en una cola baja y el parche del ojo es negro puro. (Sin ningún bordado.)

Muzaka también lleva un traje de tres piezas, totalmente negro (camisa incluida) menos la corbata roja y sus ojos de diferente color no pierden un solo detalle de sus alrededores.

Los seis miran completamente serios al monumento que está delante de todos nosotros. Harry ya está en el centro de todo. De algún modo, su ropa de Señor y Guardián (la armadura negra y la capa de piel) encajan perfectamente en el fondo.

Stonehenge.

Nos acercamos lentamente y yo me sitúo junto a Harry frente a la piedra-altar. Me arrodillo y coloco una mano en la fría superficie. Al cerrar los ojos siento un flujo mágico, lento y veloz a la vez.

-Es aquí. Siento la magia.

-Bien. ¿Y ahora qué?

-Tendremos que esperar al solsticio. Es cuando este lugar adquiere la mayor cantidad de magia ancestral.

-¿Qué haremos hasta entonces?

-He escuchado que el Ministerio va a celebrar una fiesta para conmemorar el aniversario de la Segunda Guerra Mágica.

Todos miramos a Harry.

-¿En serio, Harrold? ¿Tenemos una posible destrucción del mundo entre manos y tú estás hablando de fiestas?

Él se encoge de hombros. (Totalmente indiferente a nuestras expresiones.)

-No hay mucho que podamos hacer. Draco y yo somos los únicos capaces de llevar a cabo el ritual y sabremos lo que tenemos que decir en el momento adecuado.

-¿Por qué solo vosotros dos?

(A veces ser la Diosa de la Inteligencia tiene sus desventajas.)

-Porque él y yo fuimos los únicos creados por ella. Tenemos una conexión más fuerte con su magia. Ahora será mejor que volvamos, nuestra noche se acaba.

Se gira sobre los talones y con un chasquido de dedos su armadura y capa se convierten en su chaqueta de cuero y un pañuelo negro para ocultar el tatuaje del cuello. (Su mirada parece ausente, mucho más que las otras veces.)

Todos se dirigen a sus respectivos coches y entran. Harry (como el buen Gryffindor que es) me abre la puerta del copiloto, pero yo le acaricio la mejilla.

-Te ocurre algo, mi Guardián. No voy a presionarte para que me lo digas, pero quiero que sepas que puedes confiar en mí para cualquier cosa. Estaré a tu lado por toda la eternidad, en lo bueno y en lo malo. Lo sabes, ¿cierto?

Él me sonríe tristemente y se inclina para besarme en la frente.

-Lo sé, mi Señor.

Yo entro en el coche y Harry enseguida se sienta detrás del volante. Los cuatro coches arrancan a la vez (los otros conducidos por Muzaka, Ron y Desmond.) Nos dirigimos al hotel donde estamos todos alojados y nos despedimos.

Al rato de estar en la cama intentando dormir, siento a Harry moverse y abro los ojos para mirarle. Su voz es suave cuando empieza a hablar.

-Hay algo que me extraña. ¿Por qué estamos recordando ahora la auténtica verdad? ¿No deberíamos haberlo hecho cuando nos convertimos en los Señores?

-Podremos preguntárselo a la Diosa del Tiempo cuando se despierte.

-Eso es lo más raro. Tengo una extraña sensación sobre ella... algo no cuadra en todo esto.

(A mí también me extraña...) Intento aligerar el ambiente tenso con una ligera broma.

-Lo que va a costar realmente será establecer un título para ella. Es la Creadora y... ¿Señora del Universo?

Él se ríe.

-Es lo justo. Tú eres el Señor del Cielo, yo el Señor de la Oscuridad y ella la Señora del Universo. Así se mantendrá el equilibrio.

Me acerco a él para acurrucarme. Por supuesto me envuelve en sus brazos.

-Estás muy preocupado por el equilibrio del mundo. Ese debería ser mi trabajo.

Me besa en la frente y luego en los labios.

-Hasta que no te acostumbres a tu posición también me preocuparé de eso.

-¿Y cuándo, según tú, me acostumbraré?

-En un par de cientos de años.

Le golpeo con bastante fuerza como para echarle de la cama. (Reconozco que he utilizado un poco demasiado de magia.)

Los ojos verdes me miran un segundo antes de lanzarnos a reír a carcajadas. Él se queda en el suelo y yo me asomo por el borde de la cama.

-¿Está cómodo ahí, señor Potter?

-Con esta vista, mejor que nunca, mi Señor. Aunque preferiría admirarla de cerca.

-Entonces vuelve aquí, empiezo a tener frío.

Por supuesto sube enseguida. (A veces es demasiado emotivo para su propio bien... y el mío.)


Cojo la tarrina de helado del congelador, unas cucharillas del cajón y me dirijo al salón. Lo dejo todo en la mesita de cristal y me dejo caer junto a un malhumorado Shaun. Raizel también está de un humor de perros (aunque parece más triste que nada.)

Abro la tapadera y cojo una buena cucharada antes de pasarle la tarrina a Shaun.

-Deberíamos comprar más.

Miro a Raizel con una ceja arqueada.

-¿Vas a ir tú?

-No.

-Ahí tienes tu respuesta.

Seguimos pasando el helado hasta que solo queda la mitad, cuando Shaun se atreve a romper el silencio que se había instalado entre nosotros.

-Esto no puede seguir así. Entiendo que yo esté enfadado con Miles porque trabaja demasiado, eso es lo que pasa siempre. ¿Pero vosotros?

Hago una mueca y le quito el helado de las manos.

-Ha cancelado un viaje a Amsterdam que esperaba desde hace mucho.

-¿Por qué?

-Harry está muy centrado en su nuevo libro. Ni siquiera ha notado que lo he cancelado.

(Y lo que más duele es que no me ha mirado a los ojos en varios días, al menos desde que estuvimos en Stonehenge.)

Volvemos a quedarnos en silencio.

-¿Y tú, Raizel?

-Mi hermana pequeña, Reisa, vino por sorpresa y volvió a sacar el tema de mi relación con Muz. Ellos se han odiado desde siempre. Pero la última vez... fue devastador. Nunca había escuchado ese odio desde mi hermana y de la sorpresa no pude decir nada. Muzaka nos había escuchado, pero no dijo nada. Solo me miró y... se fue de casa.

-¡¿QUÉ?!

(Pero... ellos dos son perfectos el uno para el otro. ¿Qué puede haber pasado?)

Shaun y yo nos sentamos a su lado y le vemos apuñalar el helado medio derretido.

-¿Cómo pasó eso?

-No tengo ni idea. Pero... es culpa mía. Si hubiera detenido a mi hermana a tiempo, no habría escuchado eso y...

Su voz se rompe en un sollozo ahogado. (En el poco tiempo que conozco a Raizel, jamás habría pensado que podía llegar a parecer tan vulnerable.)


Entro sin llamar al despacho de Harry y le interrumpo en mitad de una llamada. Me lanza una mirada enfadada, pero yo le ignoro y me sitúo frente a él con los brazos cruzados. (Puede que llevemos días sin hablarnos, pero eso se va a acabar ahora.)

Cuelga bruscamente.

-¿Qué quieres, Draco?

-Sé que estás en contacto con Muzaka y tengo que hablar con él.

-¿Por qué?

-Porque Raizel no puede protegerme en este estado. Está completamente destrozado, Harry. Ambos necesitan hablar.

-Muzaka tiene sus razones para haberse alejado, razones muy sólidas. No voy a dejar que le obligues a cambiar de opinión.

Suspiro pesadamente. (Esta conversación no va como había planeado...)

-Escúchame bien. No voy a permitir que dos personas arruinen su relación mientras haya una oportunidad de arreglarla.

Harry cierra el ordenador con un golpe seco y se levanta. Pasa a mi lado en dirección a nuestro cuarto.

Ante mi mirada sorprendida coge una bolsa y empieza a meter en ella su ropa.

-¿Qué haces?

Cierra la cremallera y se la hecha al hombro. Su mirada verde me atraviesa.

-Quizás deberías preocuparte más por tu propia relación.

-¿A dónde vas?

-Dormiré en algún hotel hasta que sea necesario.

-Pero...

-No, Draco. Necesitamos tiempo separados. Te llamaré de vez en cuando para saber cómo vas.

Vuelve a pasar a mi lado. Mi mano se extiende sola para detenerle.

(Esto no puede estar pasando. Harry no puede dejarme así. No con un silencio rencoroso detrás de nosotros.)

Su mirada ahora es más suave e incluso se acerca para besarme cariñosamente en la frente.

-Adiós, Draco, espero volver a ver tu hermosa sonrisa pronto.

Sale de la casa y cierra la puerta. Enseguida caigo de rodillas. (No puedo haberle perdido. Es imposible. ¿Qué ha ido mal?)


Cuando cierro la puerta siento un gran peso en mi corazón y alma. Bajo la mirada a mis pies antes de respirar hondo y aparecerme al lugar donde están Muzaka y Desmond. Ambos (igual que yo) tuvimos que dejar a las personas que más amamos para protegerles.

Suelto la bolsa sin importarme el contenido.

-Ya está hecho.

Los dos asienten. Una mujer de pelo negro y ojos rojos entra en la habitación leyendo un antiguo libro.

-Bien, entonces solo nos queda iniciar el Ritual de los Astros-nos mira a los tres y baja las gafas sobre el puente de la nariz-. Recordad que esto por el bien de vuestras relaciones.

-Lo sabemos perfectamente, Reisa.

Muzaka deja caer la cabeza hacia atrás.

-Cuida de ellos, vampira. No soportaría que a Raizel le pasara algo.

-Tranquilo, es mi hermano, no le pasará nada. Al menos he conseguido que se mantenga alejado de ti.

Hombre lobo y vampira se fulminan con la mirada. (Supongo que la rivalidad de sus razas es demasiado fuerte entre ellos.)

-¿Cómo va el tiempo?

-Bien mientras cumpláis las normas. Nada de hablar con las personas con las que queréis una relación más fuerte, por ningún medio y bajo ninguna circunstancia. Tampoco podéis tocarles hasta la segunda fase de la unión, que será en dos semanas. Y lo más importante: debéis estar absolutamente seguros de que les amáis hasta poder dar vuestras vidas por ellos. Porque en la tercera fase eso es lo que va a pasar.

-Estamos preparados para ello. El Juez decidirá nuestro destino, como siempre se ha hecho. Aunque espero que Draconis no sea muy severo con nosotros.

-Lo mismo digo.

(De algún modo, en estos momentos de dolor profundo, conseguimos sonreír.)


Los días pasan muy lentamente sin Harry a mi lado. Raizel y Shaun también están igual.

Ahora mismo estoy sentado en el Trono Celestial, observando la vacía sala oscura. (Esto me recuerda a la noche que Harry me propuso matrimonio aquí mismo. En cualquier momento puede entrar por la puerta lateral.)

Ya han pasado dos semanas. No ha escuchado ni un solo rumor de él. Haga lo que haga, lo hace en el más absoluto silencio. Ni de él, ni de Desmond, ni de Muzaka.

-¿Dónde estás, mi Guardián?

Mi susurro suave resuena en todo el espacio vacío. Cierro los ojos y dejo que las lágrimas resbalen por mis mejillas.

Observo el techo, la hermosa cúpula que imita los cuerpos celestes que Harry y yo observamos a esta misma hora el día más feliz de mi vida, el día que nos casamos. (¿Qué ha ido mal?)

Mi corazón salta cuando la puerta lateral se abre. Unos ojos verdes sin emociones me saludan.

-¿Harry?

Él solo camina hacia mí con pasos largos y me besa con furia. Yo, como siempre, me dejo llevar y en algún momento acabamos en el suelo. Murmura un hechizo almohada para evitar que me dañe la espalda y continua con una línea de besos por mi cuello.

Cuando muerde en la unión de mi cuello y hombro no puedo evitar lanzar un grito ahogado. Mi visión se nubla y solo puedo verle a él. (Siempre ha sido así...)


Me despierto poco a poco y siento unos dedos jugar con mi pelo. Abro los ojos y veo a Harry observar atentamente el sol naciente. Sus ojos verdes son más profundos que nunca antes.

-Harry.

Me mira y sin pronunciar una sola palabra, me besa la frente y se levanta para vestirse.

Con un movimiento fluido que no había notado que echaba de menos, se levanta.

-¿A dónde vas?

En lugar de contestar con palabras, hace un gesto que reconozco de inmediato. (Es el movimiento de varita que se hace cuando se lanza un sectumsempra. Es el movimiento que hizo cuando empezó a probarme como futuro Señor de los Cielos.)

Eso, de algún modo extraño y retorcido, me tranquiliza.

-Espero que sepas lo que haces.

Sale de la habitación en silencio. Yo vuelvo a mirar a la bóveda. Está ligeramente iluminada por los primeros rayos del amanecer. Las estrellas diamantinas se mueven en el fondo purpúreo. (Nunca antes había pensado que los Dioses somos como esas estrellas, siempre incansables en el movimiento eterno del mundo.)

Aquí tendido bajo las primeras luces del amanecer, apartado del mundo, esperando a la Diosa del Tiempo, no puedo evitar pensar si esto era lo que sentía Harry encerrado en la Sala de Vigilancia.

Él ha sido muy valiente al soportar esto en solitario durante milenios, durante dos millones de años. Han sido dos semanas, pero me parece toda una vida.

Respiro hondo, me visto rápidamente y me dirijo de nuevo a mi habitación con un último pensamiento en mente. (Tendremos que poner tres tronos en la sala...)


Estoy sentado entre Shaun y Raizel. Los tres estamos en la barra del Bad Weather, el bar de Desmond en Nueva York. (Siendo el Dios del Alcohol no me extraña.)

Ya ha pasado un mes desde que Harry se fue, pero desde hace más de una semana viene a verme cada noche y me abraza con fuerza sin decir una sola palabra. Los dos miramos las estrellas hasta el amanecer, cuando él se levanta con un beso apasionado y se marcha hasta la noche siguiente. Pero hoy no. Hoy esperé hasta tarde sin que él viniera, así que vine aquí con mis amigos.

-A veces quiero obligarle a hablar, pero luego veo su mirada y me detengo antes de empezar.

(Ellos dos también han estado en las mismas situaciones. Desmond y Muzaka también han ido a acompañarles durante las pasadas noches. Pero según tengo entendido han sido más... agitadas.)

-Debe ser algo realmente importante. Ellos no pasarían un mes separados de nosotros.

Asentimos. Yo, por mi parte, suspiro. (No quiero estar separado de ti, mi Guardián.)


-¿Les ves, Desmond?

-Siguen en la barra. Acaban de pedirse la cuarta copa, tienen una alta cantidad de alcohol en sangre.

-Debimos hacer ido como siempre.

-Estamos en una etapa crucial del Ritual de los Astros. No me pienso arriesgar a pronunciar una sola palabra en su presencia directa. ¿Qué dices, Harrold?

Yo simplemente asiento, con la mirada fija en mi marido, el Dios más bello que puede haber existido. (Esto es por ti, mi Señor. Moriré por ti y viviré por ti. Eres lo único que me importa en el mundo.)


Sonrío al Ministro de Magia cuando me saluda a la llegada de la Fiesta de Conmemoración. (Mi boda con Harry no ha pasado desapercivida a los medios, mucho menos al Profeta, y ahora prácticamente todos me reconocen con amabilidad.)

-Señor Malfoy, es un placer volver a verle.

(Se supone que los políticos deben mentir mejor.)

-El placer es todo mío.

-¿No ha venido Harry con usted?

-Lamentablemente tiene un compromiso en Nueva York que le ha impedido venir.

Su sonrisa se tambalea un poco.

-Sí, es una pena. Disfrute de la velada, señor Malfoy.

Se aparta de mí rápidamente. (Supongo que ha superado mis expectativas.) Cojo una copa de champagne y camino hacia donde siento las presencias de los Weasley y Hermione. Ellos me saludan con grandes sonrisas.

(Saben de la discusión con Harry y que no hemos vuelto a hablarnos en un mes. Han sido realmente un gran apoyo.)

-Buenas noches, Draco. ¿Cómo estás hoy?

-Mejor. Creo que va a pasar algo importante esta noche.

-¿Conseguiste hablar con Harry?

-No le he visto en la última semana. Ni siquiera puedo sentir su presencia.

-Debe estar ocupado con lo que quiera que esté haciendo. Tú tranquilo.

Sonrío a Hermione cuando intenta animarme. (Gracias a ella no estoy totalmente deprimido, solo un poco.)

El Ministro nos pide atención a todos.

-Gracias a todos por venir esta noche a la Fiesta de Conmemoración del final de la Segunda Guerra Mágica. Desgraciadamente la persona gracias a la que estamos hoy aquí no ha podido venir y...

Las puertas se abren repentinamente (recordándome una escena similar hace muchos meses) y tres personas que conozco bien entran con pasos largos.

-Creo que se equivoca, señor Ministro.

Mis rodillas se vuelven débiles cuando escucho la voz de Harry por primera vez en un mes.

-¡Harry! Que bien que hayas venido esta noche...

-Lamento informarle de que no vengo para la fiesta, más bien soy un mensajero de las personas que atacarán este edificio en cualquier momento.

-¿Un ataque? Por favor, hace ya muchos años que terminó la guerra.

-¿Acaso se ha olvidado ya de la Fiesta de Navidad, señor Ministro? Los NeoMortífagos, como se hacían llamar, atacaron esta misma sala en busca de una sola persona. Una persona que ahora también buscan los nuevos atacantes, pero por razones diferentes.

(¿Vienen a por mí?) Enseguida Raizel aparece de algún lugar y se sitúa a mi lado.

-Harrold tiene razón, puedo sentir unas presencias nada amistosas rodeando el edificio. Hay una que busca tu sangre especialmente, Draco. Creo que lidera a las demás.

-¿Y qué podemos hacer, Raizel?

-De momento sacarte de aquí. Hay hechizos anti-aparición en toda la sala, así que tendremos que ser más imaginativos. Muzaka, los Dioses y yo te protegeremos mientras sales. Harrold nos dará el tiempo que necesitemos.

Mientras Raizel me cuenta su plan, Ron, Hermione, Shaun, Desmond y Harry se han acercado a mí. Los Dioses, el vampiro y el hombre lobo nos rodean mientras mi Guardián me abraza con fuerza.

-Lo siento, Draco. No quería dejarte como lo hice, pero era necesario. Eres mi mundo y mi corazón. Te amo.

-Yo también te amo, mi Guardián.

Me besa apasionadamente, sin importarle dónde estamos. (A mí también me importa poquísimo.)

Cuando se rompen las ventanas él me protege con su propio cuerpo (como ya hizo una vez.) Yo me aferro a su chaqueta de cuero negra.

-No vuelvas a irte.

No me promete nada, solo se gira y apunta con su varita a Ginevra Weasley. Ella nos observa con odio mal camuflado entre su grupo de seguidores vestidos con túnicas negras.

-Por fin revelas tu verdadero carácter, Ginny. ¿Por cuánto tiempo has planeado esto?

-Desde hace mucho tiempo, querido. Desde que tuve uso de razón supe que acabaríamos juntos tarde o temprano. Ahora mismo que estés casado con un hombre tiene poca importancia. Eso se puede solucionar enseguida con un pequeño hechizo.

-Ginevra, creo que ya te lo dije. Draco Malfoy es la única persona a la que voy a amar en toda mi vida. Lo nuestro fue un error, solo una etapa de confusión donde necesitaba algún tipo de ancla.

-En realidad, querido, ahora estás pasando por una etapa de confusión. ¿Quién puede enamorarse de un mortífago y además un hombre? Por favor, es antinatural. Sé perfectamente que quieres una familia propia y yo puedo dártela, al contrario que él.

Harry se frota las sienes con una expresión cansada.

-Ahora recuerdo porqué odio repetirme-le lanza una mirada que le hace estremecerse en el peor sentido posible-. Durante este último mes he estado desarrollando un hechizo que nos permite a Draco y a mí tener hijos sin necesidad de ningún otro intermediario. Solo necesitamos una habitación adaptada a ello y podremos tener una familia cuando queramos. Tú, Ginevra, no eres necesaria para nada.

Esas palabras parecen enfurecerla aun más. (Su magia se está descontrolando.)

-¡MIENTES! ¡Deja de mentir! ¡Es nuestro destino estar juntos! ¡SECTUMSEMPRA!

El hechizo lanzado hacia mí atraviesa todos los escudos que interponen mis protectores. Cierro los ojos esperando las cuchillas atravesar mi pecho (como hace tantos años) pero un placaje me quita el aliento y me aparta del camino.

Escucho el intercambio de hechizos sobre nuestras cabezas, pero mis ojos solo están fijos en Harry. Harry, que ahora mismo está desangrándose en el suelo por bloquear el hechizo que una vez él lanzó contra mí. (¿Esto es lo que sentiste, mi Guardián?)

Me acerco a él con lágrimas corriendo por mis mejillas.

-Harry.

Abre los ojos despacio y me sonríe dolorido.

-Mi Señor, mi Draco.

Levanta lentamente la mano y me acaricia la mejilla.

-¡MUZAKA!

-Te amo, Draco.

-¡DESMOND!

-Esto es por ti, mi amor.

La mano cae inerte en mis rodillas. Lanzo un grito agónico.

-¡HARRY!


Me encuentro a la orilla del océano. Las gaviotas vuelan sobre las olas que rompen en la orilla. Muy lejos en la orilla hay una casa pintada de blanco con un precioso porche y el tejado azul. Es un lugar muy relajante.

-Habéis tardado menos de lo que esperaba en venir.

Muzaka, Desmond y yo nos giramos hacia Draconis. Él está cruzado de brazos y nos mira divertido.

Los tres nos inclinamos ante él.

-Juez.

Él inclina la cabeza.

-Bienvenidos a la Orilla entre la Vida y la Muerte. Venid conmigo, hablaremos más tranquilos en mi casa.

Caminamos hasta la casa que se veía en la lejanía y Draconis abre la puerta principal. Entramos y observo mi entorno. El interior está amueblado de una forma cómoda y elegante, con tonos azules y blancos. Conchas marinas y fotos del océano en blanco y negro decoran el espacio.

Nos sentamos en el amplio sofá azul claro.

-Conozco vuestras razones para haber hecho lo que habéis hecho. Me parece muy noble.

-Yo te condeno a la esterilidad, te condeno a la imposibilidad de una familia, te condeno a la soledad. Yo te condeno a no ser reconocida por nadie. Cualquiera que sepa del castigo y te dirija la palabra compartirá el mismo destino. Y le pido al Juez entre la Vida y la Muerte que te detenga si vas a subir las Escaleras de Cristal y que te obligue a bajar las Escaleras de Azufre. No mereces vivir, pero no soy quién para matarte.

Miramos hacia el techo, desde donde ha venido la voz de Draco.

-Así se hará, Señor de los Cielos-Draconis me mira con una ligera sonrisa-. Buena suerte cuando volváis, la necesitareis. Parece realmente enfadado.

-¿Tú crees? Shaun no parecía muy enfadado la última noche.

Muzaka sacude la cabeza. (Deberíamos haberle silenciado antes de empezar la conversación.)

Draconis ríe divertido.

-Os sorprenderíais si supierais lo que he escuchado estando aquí. Pero sí, os gritarán y os echarán de la habitación durante días. Aunque entenderán por qué lo hicisteis.

-Lo que realmente estoy temiendo es la reacción de Raizel cuando se entere de que Reisa nos ha ayudado con todo esto.

Un escalofrío nos recorre a los tres. (Si se enteran... nos faltará mundo para huir.)

Escuchamos voces desde el techo, sin entender lo que dicen.

-Creo que deberíais volver ya. Cuando regreséis a vuestros cuerpos la unión de vuestras almas con las suyas será tan fuerte que podréis hablar mentalmente con ellos. Vuestros núcleos mágicos también podrán intercambiar su magia de uno a otro.

-Draconis, sabemos que tiene que haber algo negativo. ¿Qué es?

-No podréis estar separados por mucho tiempo. Por ejemplo, si uno se va a América y otro se queda en Londres solo podréis estar separados por unas horas.

Miro a Desmond y Muzaka.

-No es tan horrible.

-No haríamos esto si no quisiéramos estar con ellos toda nuestra vida.

Draconis nos sonríe.

-Entonces adiós. Todavía no ha llegado vuestra hora. Volved y vivid.


Miro con furia a la mujer que intentó asesinarme y respiro hondo. Ron se sitúa a mi lado.

-Como Dios del Fuego y Líder de los Dioses Elementales, te acuso, Ginevra Weasley, por el intento de asesinato del Dios de la Vida y Señor de los Cielos y la muerte del Dios de la Muerte y Señor de las Tinieblas. ¿Alguien es capaz de rebatir dicha acusación?

-¡Soy tu hermana, Ron! ¡No puedes hacerme esto!

El silencio recorrió la sala tras el grito de Ginevra. (No mereces nada, no eres nada.)

-Ya que nadie ha dicho nada en contra, el mayor cargo entre los Dioses debe decidir el castigo. Draco Malfoy, como Dios de la Vida, Señor de los Cielos y marido de Harry Potter, es quien ostenta ese cargo.

Vuelvo a respirar hondo. Las palabras del peor castigo posible salen de entre mis labios.

-Yo te condeno a la esterilidad, te condeno a la imposibilidad de una familia, te condeno a la soledad. Yo te condeno a no ser reconocida por nadie. Cualquiera que sepa del castigo y te dirija la palabra compartirá el mismo destino. Y le pido al Juez entre la Vida y la Muerte que te detenga si vas a subir las Escaleras de Cristal y que te obligue a bajar las Escaleras de Azufre. No mereces vivir, pero no soy quién para matarte.

Cadenas salen de la tierra y se envuelven alrededor de las extremidades de Ginevra. Ella suelta un grito mientras intenta librarse de ellas. Nadie hace nada por evitarlo (ni siquiera los Weasley, quienes solo miran impasibles el castigo.)

Por fin las cadenas desaparecen dejando unas horribles marcas donde estaban antes. Yo bajo la mirada al cuerpo de Harry. (Parece dormir en paz. Si no fuera por las grandes heridas...)

Shaun también está junto al cuerpo intacto de Desmond con un aura de calma a su alrededor. Parece murmurar para sí.

Raizel observa de pie a Muzaka. A él parece que le alcanzó un hechizo que le había roto todas las costillas y estas le habían perforado los pulmones. El vampiro tiene una cara impasible mientras se quita el parche del ojo. (Debajo, la piel parece cubierta por una gran quemadura que oculta la cuenca del ojo.)

De repente una luz envuelve a los tres. Sus heridas desaparecen ante nuestros ojos. Harry parpadea y abre los ojos verdes antes de mirarme.

-Draco.

-¡Harry!

Le abrazo con fuerza. (No voy a soltarle nunca.)

-¿Cómo es posible? Te ví morir.

-Era parte del Ritual de los Astros. Nuestras almas deben estar unidas si queremos despertar a la Diosa del Tiempo. Y tú no debías saberlo.

-No vuelvas a irte. No podría soportarlo.

-Yo no podría irme. No podemos estar separados físicamente por mucho tiempo. Es parte del Ritual.

No me molesto por entender sus palabras, solo me abrazo a él con fuerza. Por encima de su hombro veo a Shaun y Desmond hablar en voz baja. (El Dios de la Historia parece que todavía no cree lo que está viendo.)

Pero son Muzaka y Raizel quienes realmente llaman la atención. Su abrazo es el más íntimo que jamás haya visto. El hombre lobo le besa sin parar en todos los lugares a los que alcanza (de algún modo le presta más atención a la cicatriz del ojo.)

Vuelvo a mirar a los ojos verdes de Harry. En ellos veo nuestro futuro, un futuro lleno de amor y amistad con aquellos a los que quiero. Un futuro que quiero vivir sin importar lo que pase.


Me despierto en mitad de la noche buscando el calor a mi lado. Me siento y veo a Harry sentado junto a la ventana, mirando a las estrellas. (Desde la fiesta lo esta haciendo mucho.)

Decido levantarme y apoyo una mano en su hombro. Él me sonríe antes de abrazarme.

-Te amo, mi Señor.

-Y yo a ti, mi Guardián.

Cierro los ojos y me recuesto en él. Termino observando las estrellas con él durante un buen rato.

Por fin es él quien habla.

-¿Quieres hacer un viaje?

-¿A dónde?

-A todas partes y a ningún sitio. Solo viajar. Iremos al aeropuerto y cogeremos el primer avión que salga. ¿Quieres?

-Me encantaría-me giro un poco para mirarle a los ojos-, pero no podemos dejar que el universo se destruya. Entonces no tendríamos lugares a los que ir.

-Como siempre, tienes razón, mi amor.

Me besa en la sien. (Ahora soy yo quien habla.)

-Hay algo que te molesta, Harry. No voy a presionarte, pero tampoco quiero quedarme quieto mientras tú estás nervioso.

Un silencio espeso se instala entre ambos.

-Ya te lo dije una vez, Draco. Todo esto es extraño. Que ahora estemos recordando que existe la Diosa del Tiempo... no sé. Hay algo que no encaja.

En el fondo de mi mente no puedo evitar estar de acuerdo con él. Le abrazo con más fuerza. (No voy a soltarle en mucho tiempo.)


Muy bien, llegó la hora. Me adelanto un paso para estar frente a mi marido. Él, con su traje de Guardián, me mira.

-¿Listo?

La última luz del 21 de junio desaparece tras el horizonte. Una sacudida eléctrica me recorre de pies a cabeza. Harry cierra los ojos. Yo le imito.

Cuando vuelvo a abrirlos él viste con una túnica negra con hombreras de plata. La amplia capucha cubre su pelo y la corona de esmeralda e hierro negro destaca en su frente. (A través de nuestra conexión mental me veo a mí mismo. Llevo una túnica blanca similar a la suya y mis hombreras son de oro. Mi pelo, ahora recogido en una cola baja, sale por el lateral de mi cuello, escapando de la capucha.)

-La Vida no puede ser entendida sin la Muerte. Tú no serías apreciado sin mí.

Sus palabras despiertan algo en el fondo de mi mente.

-La Muerte no sería temida sin la Vida. Tú no serías apreciado sin mí.

-¿Qué es la Vida sino el camino hacia la Muerte?

-¿Qué es la Muerte sino la ausencia de la Vida?

-Tú causas el dolor a las personas, porque les mantienes en la tierra cuando yo llamo a sus seres queridos.

-Tú causas el dolor a las personas, porque te llevas a los seres queridos de aquellos que se quedan en la tierra.

-Yo les entrego la paz que no encontraron en Vida.

-Yo les doy oportunidades que no hallarán en la Muerte.

-Retrasas mi trabajo.

-Interrumpes mi trabajo.

Nos miramos a los ojos. (Las siguientes palabras salen de nuestros labios al mismo tiempo.)

-Pero hay algo que es mayor que nosotros. Sin Tiempo no somos nada. No existiría ni Vida ni Muerte. Somos dos piezas en el tablero de ajedrez siendo controladas por alguien más, dos actores de teatro dirigidos por el director de escena. Somos opuestos y complementarios. Solo nosotros podemos ser quienes somos.

Extendemos nuestras manos y juntamos las palmas. Al instante una luz muy potente nos deslumbra. Un coro de voces se escucha en el aire. (No entiendo lo que cantan, pero de algún modo es conocido.)

Harry me atrae hacia sí y una mano que no es suya se apoya en mi hombro. Miro por encima de mi hombro para ver a Draconis. Su presencia no me sorprende para nada. (Es normal que él esté aquí. Es el Juez y la segunda creación de la Diosa del Tiempo.)

Cinco figuras con túnicas largas de colores grises y capuchas que ocultan sus rostros salen de una especie de portal luminoso.

-Señor de los Cielos, Señor de las Tinieblas, Juez Inmortal, os hemos estado esperando. Nosotros somos el Séquito del Tiempo. Hemos estado a su lado desde que inició su hibernación hace tantos milenios.

-¿Vosotros también sois sus creaciones?

-No, somos vuestras. Una vez fuimos mortales. A nuestra muerte fuimos elegidos por la Diosa para servirla.

-¿Mortales?

Antes de que puedan responder una nueva figura aparece por el portal. Viste con una túnica grisácea que resalta su forma femenina. Su pelo rojo se agita con el viento nocturno. Y unos ojos verdes que reconozco de algún sitio nos observan con diversión. (¿De qué me suena?)

La voz de Harry suena realmente sorprendida.

-¿Mamá?


Este es realmente el capítulo que más me ha costado escribir, quizás porque tenía ese final en mente y quería llegar a él pasara lo que pasara en medio. Y solo repasando por faltas de ortografía descubro que me cargado a la Muerte. (Soy horrible.)

Espero leeros pronto,

Naraya