Hooooooola, gente! Sé que muchos de ustedes me quieren matar por el retraso. Para los que no lo saben, en este "parate" escribí un One Shot bastante largo (26.000 palabras, comparen con la cantidad que tiene este fic en 8 capítulos) llamado "Su primer amor". Me llevó dos semanas escribir eso, una semana más traducirlo para poder subir la versión en inglés, y una semana para escribir este cap. Y créanme, según mi boceto original, me habría tomado una semana más terminarlo, pero si hacía lo que tenía en mente en un principio me iba a quedar un capítulo de 16.000 palabras que hubiese sido algo imposible de leer y disfrutar. Así que lo corté por la mitad, y el fin de semana que viene (espero) publicaré la otra mitad.

Quiero dedicar este capítulo especialmente a dos personas. En primer lugar a mi amigo Matasiete, que si bien no me deja sus reviews es un fiel lector y ahora también un compañero en un proyectito que todavía está en andador pero que en unos años nos va a hacer multimillonarios.

Y en segundo lugar quiero dedicar este capítulo a mmunocan, que no sólo sigue esta historia (y sí me deja reviews, para que veas Matasiete!), sino que además la comparte en sus redes (sé que no lo haces sólo con esta historia, pero no te imaginas la felicidad que me da cuando veo que la recomiendas, jajaja).

Pero aunque hice esas dos menciones especiales, lo cierto es que esta historia sigue en pie gracias a todos ustedes, mis queridos lectores. Esta versión en español tiene 54 favoritos, 45 seguidores, más de 8000 visitas (la mitad deben ser mías, jajaja) y ha pasado los 100 reviews en tan sólo 7 capítulos. ¿Que no es la más popular? ¿Que no es la más querida? ¿Que no es la mejor? Todo eso es cierto. Pero el cariño que me dan hace que me sienta el escritor más dichoso de este fandom. Así que una vez más, agradezco personalmente a todos los que leen, mencionando a quienes también comentan:

Estoy hablando de Chiara Polairix Edelstein, mmunocan (concuerdo, dejemos el destino de Lincoln para el final del fic, jaja; y sí, odio a Clyde, lamentablemente), Fipe2 (otro que está desde el principio prácticamente, gracias por el apoyo), supertotitoti (creo que lo del diálogo que te dio risa del padre de Clyde fue porque pensé ese diálogo en inglés, y en la traducción quedó medio raro, jajaja. Normalmente pasa al reves, pero hay escenas que las pienso primero en inglés y después las traduzco. Y lo de Leni, como con todas, se irá viendo), Portgas D Trace (lo de Atlantis fue TOTALMENTE una referencia, pero era más un chiste para mí, no creí que alguien la captaría; me alegra saber que no soy el único que tiene recuerdos tan frescos de esa excelente película que marcó mi infancia), AlejinX (gracias por el cover, es maravilloso), MorenoX25 (a mí me gusta "The Cable Guy", pero admito que tiene muchísimas fallas, y su inclusión fue una clara referencia a ese capítulo de Los Simpsons), Slash Torrance (leí el primer capítulo de tu pequeña colección de historias de terror; voy a comentar cuando lea el segundo capítulo, pero déjame decirte que es de lo mejor que leí últimamente), TheMonkeyBOOM (pero Luna no tiene novio D: ), Julex (todo lo que hablas acerca de las reacciones de las hermanas será tratado en los sucesivos capítulos, así que vas a tener que seguir leyendo esta historia, jajaja), AngelCaotico11, Sir Crocodile222, Phantom1812 (te amo), JuniorVB, zono2010 (no te preocupes, yo también soy marica con las historias tristes), xXnobu16Xx (la idea es que la historia sea algo triste, pero si no te provoca nada por lo menos espero que la encuentres entretenida, jajaja. Tampoco es que pretendo que todos lloren, jaja), Caericson (gracias lince, maquinola), Lux01, Jules Engel (en efecto, Lisa sigue siendo una niña inocente), jva98 (muchas gracias por tu repaso de todos los capítulos. Me alegra que te hayan gustado las cosas que te gustaron y lamento todas esas cosas que no te terminaron de cerrar. Lo único que quiero decir es que en ningún momento fue mi intención presumir, esas notas de autor fueron a modo de broma, y tampoco es que quiera vender a mi fic como una máquina de hacer llorar a la gente. Sí considero que es una temática triste y que es una historia objetivamente dramática, pero nunca quise venderla como una obra maestra del drama) y a nahuelvera2.


.

.

Capítulo 8:
Período azul
Parte I - Malentendidos

.

.

Las pruebas de Lisa habían dejado sumamente agotado a Lincoln. Por suerte, ninguna había sido terriblemente dolorosa, y la mayoría fueron no invasivas. Lo peor de todo fue la extracción de sangre, aunque no fue tan grave como él creyó que sería. Aún así, ver tanta de su sangre en un recipiente lo había puesto muy nervioso. En cuanto terminó, Lisa se apresuró a echarlo de su habitación para poder ponerse a trabajar. Supuso que no sería de mucha ayuda allí realmente, así que no se quejó y regresó a su propia habitación.

En cuanto se sentó en su cama comenzó a notar que se sentía sumamente cansado. Los brazos le pesaban una enormidad, y sus articulaciones parecían estar necesitando un cambio de aceite. Lisa le había advertido que quizás podría sentirse algo cansado luego de la extracción de sangre, así que quizás era eso. O quizás era el hecho de que había tenido uno de los peores días de su vida.

Lo concreto es que se recostó encima de sus frazadas, apoyó la cabeza sobre la almohada y cerró sus ojos. Respiró un par de veces, y enseguida se durmió, entrando en una agradable siesta sin sueños.

Pese a que sólo fue una siesta, Lincoln la durmió como un oso en invierno. No lo recordaría con claridad al despertarse algunas horas más tarde, pero fue ligeramente consciente de que durante su descanso había sido visitado por algunas de sus hermanas. Le parecía que Leni había ido a verlo, que Lori había echado a Lola de su habitación cuando la más pequeña trató de despertarlo, e incluso en algún momento había abierto sus ojos y se había encontrado a Lynn, arrodillada en el suelo junto a su cama, mirándolo con sus ojos llenos de lágrimas. Estaba tan cansado que lo único que había atinado a hacer fue tomarla de la mano e inmediatamente después volver a caer dormido.

No fue sino algunas horas más tarde cuando finalmente despertó. Los accidentes que habían interrumpido ligeramente su sueño eran ahora extraños recuerdos que se desvanecían a cada segundo que pasaba. Lo primero que notó fue que estaba sólo en su habitación, lo cual le parecía extraño, ya que tenía la sensación de que había estado con alguien más. Lo segundo que notó fue que alguien se había tomado el tiempo de delicadamente quitarle las zapatillas, reemplazar su pantalón de jean por la parte inferior de su pijama y luego lo habían cubierto con sus sábanas y frazadas. Se preguntó si habría sido su madre, pero cuando vio que su pantalón de jean se encontraba en el suelo y no prolijamente doblado sobre una silla, supo que tendría que haber sido alguna de sus hermanas.

Una rápida mirada al reloj le dijo que eran las ocho y cuarto de la noche. Confundido, frunció el ceño. Ellos siempre cenaban a las ocho, ¿por qué nadie lo había despertado? Rápidamente se vistió y y salió de su habitación. Bajó las escaleras y llegó al comedor, donde sus cinco hermanas mayores y sus padres estaban cenando.

Una cosa era saber que iba a morir, que su tiempo estaba contado. Era terrible. Pero aún peor era ver la noticia reflejada en los rostros de su familia. Todos tenían la cabeza gacha, más preocupados por mirar la comida que por comerla. Sus padres parecían ser los únicos que habían tocado su plato. Sus hermanas tenían el tenedor en sus manos, revolviendo despreocupadamente la comida. Notó que Lynn estaba prácticamente apuñalando una y otra vez la carne de su estofado, la cual había quedado reducida a trozos tan pequeños que bien podrían haberse bebido en una sopa. Tampoco pasó desapercibido que Luan vestía ahora su traje de mimo, y el maquillaje de sus ojos caía en dos líneas difusas por sus mejillas, siguiendo el irregular trayecto de unas lágrimas. En una casa repleta de chicas, donde el maquillaje era algo sagrado, un detalle como ese no sería nunca pasado por alto. Pero a nadie parecía importarle. Todos miraban sus propios platos.

Era una imagen demoledora. Había tenido una mala experiencia en la mesa de los grandes, a la cual había considerado sumamente aburrida, pero si había algo que se había llevado era que siempre tenían algo sobre lo que hablar. Quizás fuera de cosas tan triviales como un examen de matemática o una anécdota de trabajo, pero los grandes parecían siempre tener algo que contar. Verlos en aquel silencio, con cada uno centrados en su propio mundo, sus propios pensamientos, lo hizo sentirse aún peor, si es que eso era posible.

Sabía que no había forma de llegar a la cocina sin que lo vieran, así que decidió acercarse y esperar que alguien lo notara. Por algún motivo, no se sentía con ganas de simplemente aparecer y saludar. Afortunadamente, su presencia fue notada casi de inmediato. Leni estaba con la mirada gacha en su plato. Decidió beber un poco para aplacar la sequedad de su garganta, y cuando subió el vaso hacia su boca notó por el rabillo de sus ojos a Lincoln. Volteó a verlo, y durante un segundo Lincoln vio un rostro tan deprimido que podría aparecer en el Guernica de Picasso sin desentonar. De no haber sido porque en aquel instante sintió una puñalada en su corazón al ver a su hermana así, habría creído que lo había imaginado, pues de pronto el rostro de Leni era el de siempre, irradiando felicidad por doquier.

— ¡Hola, Lincoln! Qué bueno que despertaras —le dijo con una sonrisa, mientra llevaba a su boca el que parecía ser su primer bocado en la noche.

Lori y Luna levantaron la vista y dejaron sobre la mesa sus tenedores. Sus rostros parecieron relajarse un poco, pero no estaban ni cerca de mostrarse tan feliz como Leni. Lynn se pasó la manga de su remera por los ojos antes de voltear ligeramente. Su vista comenzó a danzar nerviosamente entre Lincoln y el suelo. Luan ni siquiera se inmutó.

Quienes sí reaccionaron fueron lo padres. Voltearon de inmediato a ver a su hijo, y Rita se levantó para acercarse a él.

—Lincoln, cariño —le dijo mientras lo abrazaba como si no lo hubiera visto en un mes—. ¿Cómo estás, cómo te sientes?

—Bien, gracias —dijo, mientras ella ponía una mano sobre su frente para asegurarse de que no tuviera fiebre ni nada—. Debí quedarme dormido en mi habitación.

—No quisimos despertarte —dijo el señor Loud—. Te veías tan tranquilo…

—Está bien, no hay problema —lo tranquilizó Lincoln, separándose lentamente del agarre de su madre—. Bueno, yo… Supongo que iré a la mesa.

Dio un paso hacia la cocina, donde seguramente lo estarían esperando sus hermanas menores, pero su madre lo detuvo colocando una mano sobre su hombro.

—Cielo, tu padre y yo estuvimos hablando. Puedes comer en la mesa de los grandes cuando tú quieras —le dijo, mientras sus labios comenzaban a temblar lentamente—. Y si no te gusta lo que comemos puedes servirte de lo que comen los niños.

—Y también puedes comer postre aquí —se apresuró a agregar el señor Loud.

—Y si quieres repetir alguna comida, sólo dímelo y te cocinaré lo que quieras.

Lincoln se sintió increíblemente culpable.

Todos en la mesa de los grandes lo estaban mirando, esperando a que dijera algo. Seguramente esperaban que dijera que le encantaría escapar del caos de la mesa de los niños, sentarse con ellos y poder disfrutar de las deliciosas patitas de pollo, helado, e incluso repetir su porción si así lo quería. Y a decir verdad, sonaba sumamente tentador. Nunca, jamás en sus once años, se había ido a dormir pasando hambre. Nunca le había faltado la comida, pero a veces se quedaba con las ganas de comer una porción extra, para poder irse a dormir completamente lleno y satisfecho. Ahora le estaban ofreciendo en bandeja de plata todos los gustos que durante todo este tiempo le habría encantado tener.

Pero no le estaban dando estos gustos como recompensa por portarse bien, o por haber aprobado todos sus exámenes. Lo estaban consintiendo porque estaba enfermo. Lo trataban diferente porque pronto ya no estaría más con ellos. Sus hermanas mayores parecían estar de acuerdo con el nuevo arreglo. Lynn incluso había comenzado a despejar la zona de la mesa junto a ella, como para dejarle un lugar.

Entendía que quisieran pasar tiempo con él y que quisieran consentirlo. En verdad lo entendía, pero la idea de aceptar un trato diferenciado por su enfermedad no le gustaba para nada. No quería aprovecharse de su enfermedad para obtener favores gratis. ¿Qué clase de monstruo haría eso? Además, por más tentadora que fuera la idea de comer postre en la mesa de los grandes, lo último que quería era generar sospechas en sus hermanas menores.

—Muchas gracias, pero creo que voy a cenar en mi mesa, la de los niños —dijo con delicadeza.

Sus padres suspiraron y asintieron, como si hubieran estado esperando esa respuesta. Sus hermanas bajaron la mirada de nuevo hacia sus platos, y Lynn dejó caer su cuchillo, sin preocuparse por el ruido que hizo al golpear contra la mesa. Tenía sus puños apretados y el ceño fruncido, mirando fijamente su comida.

—Es decir, no es que no quiera comer con ustedes —se apresuró a decir Lincoln—. Pero… Ya saben… No quiero que las chicas… Bueno...

—Está bien, cariño —le aseguro su madre.

—Come donde tu quieras, hijo. Si cambias de parecer, o algún día quieres comer aquí con nosotros, tienes las puertas abiertas.

—Gracias, papá. Iré a comer algo, supongo.

Dedicándole una última sonrisa a la mesa, que nadie excepto Leni le devolvió, se dirigió a la cocina.

En la mesa de los niños, sus hermanas menores se encontraban peleando, lo cual no era ninguna novedad. Lucy parecía estar discutiendo con Lisa acerca de los sentimientos de los vegetales. La pequeña genio estaba demasiado ocupada revisando unas anotaciones de su cuaderno, por lo que continuaba comiendo sus brócolis, lo cual hacía enfadar aún más a la chica gótica. Lola y Lana estaban peleándose por el envase de mayonesa, ambas reclamando que habían puesto sus manos encima primero. Era un tira y afloja bastante violento que parecía a punto de pasar a los golpes. La única que comía en tranquilidad era Lily, jugando ella misma a que su cuchara era un avioncito.

Lincoln no se sentía animado como para intervenir en ninguna pelea. Simplemente se sentó en su lugar, aunque su presencia no pasó desapercibida.

— ¡Lincoln! ¡Dile a Lana que suelte la mayonesa! —Se apresuró a decir Lola.

— ¡No, que ella la suelte! ¡Yo la agarré primero!

— ¡Ya quisieras!

— ¡Suéltala!

Poniendo los ojos en blanco, Lincoln les quitó la mayonesa de sus manos.

— ¡Hey! —Se quejaron ambas al mismo tiempo.

Luego de poner suficiente mayonesa en su propio plato, Lincoln rápidamente tomó los platos de sus hermanas y les puso la misma cantidad a cada una. En menos de diez segundos, les devolvió sus platos, todo listo para que continuaran cenando. Normalmente esta era la parte en la que ambas se calmaban y le decían "¡Gracias, Lincoln!". Pero apenas si parecía interesarles el hecho de que podían seguir comiendo. Continuaban mirándose con un claro enfado.

—Oigan, chicas, ya está. Ya pueden dejar de odiarse —les dijo Lincoln, mirando preocupado la situación.

— ¡Ugh! ¡Siempre haces lo mismo! —Se quejó Lana, ignorando a su hermano—. ¡Siempre quieres tener la razón en todo!

— ¡Claro que no! ¡Tú eres la que siempre quiere hacer todo a su manera! ¡Siempre lo arruinas todo!

—Muy bien, es suficiente —intervino Lincoln, poniéndose de pie y separando las sillas de las gemelas, parándose en el medio—. Esto no es una simple pelea por la mayonesa. ¿Cuál es su problema?

Las dos niñas se cruzaron de brazos y voltearon, dándose la espalda una a la otra. Ninguna quiso responder. Él estuvo a punto de hablar, cuando a través de la puerta que comunicaba la cocina con el comedor le llegó el sonido de un golpe seco contra la mesa y una silla separándose violentamente.

— ¿Lynn? ¿A dónde crees que vas? —Escuchó que su padre decía.

—A mi habitación —Contesto con rudeza Lynn, olvidando por completo sus modales.

—La cena todavía no terminó —le dijo su madre.

—No me importa. No tengo hambre.

—Vamos, Lynn —empezó Luna.

— ¡Dije que no tengo hambre! —Gritó Lynn.

La casa quedó en silencio, excepto por los pasos que subían la escalera a toda velocidad.

—Ese es su problema —respondió Lucy. A Lincoln le tomó un segundo recordar que antes de esa pequeña escena estaban hablando de las gemelas y su enojo.

—Todas están actuando raro —dijo Lola, volteando a ver a Lincoln.

—Es cierto —la acompañó Lana—. Hoy Lynn estaba practicando con su saco de boxeo, y cuando le pregunté si quería jugar conmigo primero me ignoró y luego me gritó que la dejara en paz.

—Y cuando quise ir a preguntarte si querías ir a una fiesta de té, Lori me echó de tu habitación y me trató muy mal.

—Luna estuvo toda la tarde encerrada en el garaje, tocando con su guitarra —agregó Lucy—. Quise entrar para preguntarle por una rima para mis poemas pero no me dejó verla.

—Y Luan llevó su rutina de mimo triste al extremo —dijo Lola.

—A mí me gusta —dijo Lucy—. Los mimos siempre me parecieron interesantes criaturas. Pequeñas almas atrapadas en un cuerpo incapaz de comunicarse, con su imaginación como su única herramienta.

— ¿Sí sabes que es un simple acto, verdad? —Le preguntó Lisa.

— ¿Por qué están todas actuando tan raro?

Todas miraron a Lincoln tras la pregunta de Lana. Él esperaba que no pudieran ver las gotas de sudor que comenzaban a caer por su frente. Debía encontrar una excusa de inmediato, y tenía que ser una muy buena. Era claro que Lucy sospechaba algo, por lo menos. Todavía recordaba cuando le había preguntado si era cierto que estaba bien. Le dolía haberle mentido, haberle prometido que se encontraba bien. Pero no podía decirles aún la verdad. No estaba listo.

—Lincoln, ¿sabes por qué se ven tan nerviosas y tristes? —Le preguntó Lucy, confirmando sus peores temores.

—Yo… Em… Bueno...—comenzó, acomodándose el cuello de su camisa de polo, el cual parecía estar oprimiéndolo.

—Es por mí —dijo Lisa, mientras continuaba comiendo como si nada.

— ¿Por ti? ¿Qué hiciste? —Preguntó Lola, alzando una ceja.

—Hace poco les comuniqué que dejaré de ser su tutora para poder dedicar todo mi tiempo a una nueva investigación científica que podría cambiar la historia de la humanidad. Y de nuestra familia —agregó, levantando la mirada un instante para ver a Lincoln—. Se acerca el final del segundo período escolar, y saben que probablemente fallen en sus exámenes sin mi ayuda. La idea de tener que tomar clases durante el verano las tiene nerviosas y preocupadas.

— ¡Espera un momento! —La interrumpió Lola— ¡¿No vas a ayudarme en mis tareas?!

—No.

— ¿No me ayudarás en Matemática? —Preguntó Lucy.

—No.

—Suspiro…

Mientras las pequeñas comenzaban a discutir entre ellas, pensando en voz alta cómo harían para hacer todas sus tareas sin la ayuda de Lisa, la pequeña genio le dedicó una mirada a su hermano. Lincoln la miraba. No sabía si sentirse agradecido por haberlo sacado del apuro o si estaba nervioso por exponerla de esa forma frente al resto de las chicas. Lisa sencillamente asintió y volvió a sus anotaciones. Era muy buena ignorando al resto de sus hermanas. Fuera del foco de atención de las chicas, Lincoln se apresuró a cenar, inmerso en el caos.

Se puso a pensar en lo mucho que extrañaría estas cenas.


Cuando el despertador sonó a las seis y media de la mañana, Lincoln rápidamente lo apagó y se sentó en su cama. Leyendo las pequeñas letras fluorescentes vio que era un miércoles. Día de escuela. Aún somnoliento, se cambió rápidamente en su habitación. Debía apurarse si quería llegar al baño a tiempo. Sin embargo, mientras se peinaba frente al espejo, notó que sus libros de matemáticas estaban en su escritorio. Se detuvo un instante, preguntándose qué hacían ahí, si había tenido matemáticas el día anterior. Debería estar en su mochila.

Y entonces su cerebro terminó de despertar. Hacía dos días que no iba a la escuela, porque apenas si había regresado a su casa el mediodía anterior. Había estado en el hospital. Y había acordado con sus padres que no iría más a la escuela, porque no se sentía con ánimos de ir. Porque iba a morir.

Se dejó caer pesadamente sobre su cama, sentado contra la pared. Iba a morir. Era cierto, no había sido una pesadilla. Veía el reflejo de su rostro en el espejo, y se dio cuenta de que era un chico muy expresivo. La imagen que tenía frente a sí era la representación perfecta de la desmotivación. El rostro de una persona a quien le habían arrebatado la esperanza. Pero había ciertas cosas que el espejo no podía mostrar. El cristal no reflejaba la horrible sensación que sentía en su corazón, como si el músculo más importante de su cuerpo estuviera entumecido; y eso lo asustaba enormemente. Porque si bien sabía que era una cuestión emocional —había comenzado a sentirse así sólo desde que recordó que iba a morir—, una parte de él temía que fuera un síntoma de que su corazón estaba por fallar. Comenzó a agitarse. No quería morir.

Abrió la puerta de su habitación y salió al pasillo, sintiendo la imperiosa necesidad de ver a alguna de sus hermanas. Aún era demasiado temprano, pero escuchaba movimiento dentro de las habitaciones de su hermanas, quienes seguramente estarían cambiándose. Sin pensarlo demasiado, se dirigió a la habitación de Lucy y Lynn. No quería despertar a Lily, y todavía era demasiado temprano como para mezclarse en una pelea entre Lola y Lana. Abrió la puerta de sus hermanas más cercanas en cuanto a edad.

—Hey, chicas, ¿están despiertas? —Preguntó, asomándose.

Escuchó un pequeño grito y en seguida una almohada voló directo hacia su cara. Afortunadamente no le dolió para nada, pero la sorpresa y el susto de ver un objeto dirigirse directo hacia su rostro lo hizo perder el equilibrio, y cayó al suelo.

— ¡OH POR DIOS! ¡LINCOLN!

Incluso antes de que pudiera terminar de asimilar el suave impacto, Lynn ya estaba junto a él, quitándole la almohada de la cara y mirándolo con preocupación, como si accidentalmente le hubiera disparado con un arma al hombro. Se veía completamente aterrada. Unos segundos más tardes, él escuchó lo que parecía ser una estampida que se acercaba a toda velocidad por el pasillo. Levantó la vista y se encontró a Luan, Luna, Leni y Lori, todas con sus peinados a medio hacer y con la máscaras de sus pestañas corridas. El grito de Lynn parecía haberlas interrumpido en lo que fuera que estaban haciendo, y ni siquiera habían dudado en acercarse a verlo.

— ¡¿Qué le pasó?!

— ¡¿Está bien?!

— ¡LLAMEN UNA AMBULANCIA!

— ¡Estoy literalmente en eso!

Lincoln estaba acostumbrado a que sus hermanas lo quisieran mucho y lo protegieran por todo. Jamás lo admitiría en voz alta, pero en verdad le agradaba que se preocuparan así por él. Lo hacían sentirse querido. Verlas así, sin embargo, a punto de llamar a la ambulancia sólo por haberlo encontrado en el suelo, sólo lo hizo sentirse aún más miserable.

— ¡Lincoln, ¿cómo te encuentras?! —Le preguntó Luna, tomando una de sus manos y apretándola con todas sus fuerzas. Parecía a punto de llorar.

A estas alturas, las gemelas y Lisa se habían acercado a ver qué había ocasionado todo ese alboroto.

—Estoy bien, no se preocupen, no es necesario llamar una ambulancia —les aseguró, poniéndose de pie.

Sus hermanas mayores suspiraron, aliviadas. Lori canceló la llamada que estaba haciendo, y todas parecieron relajarse.

—Pero, ¿por que estabas en el suelo? —Preguntó Leni, confundida.

—Lynn le lanzó una almohada —dijo Lucy, apareciendo de la nada.

Los únicos que se asustaron fueron Lincoln y las gemelas. El resto de las hermanas le dedicaron una mirada asesina a Lynn. Lincoln también volteó a mirarla, y sólo entonces se percató de que Lynn estaba vestida tan sólo con su short y su sostén de entrenamiento. Tenia su remera en sus manos. Ella, ahora que se había recuperado del susto, se puso mucho más modesta, y cruzó nerviosamente sus brazos sobre su pecho, al tiempo que su rostro se ruborizaba.

—Y-Yo me estaba cambiando, y Lincoln apareció de la nada, y me asuste, y entonces…

— ¡Oh, por todos los cielos! —Exclamó Lori, colocando sus brazo en jarra— ¿Estás literalmente diciéndome que te pusiste nerviosa porque Lincoln entró a tu habitación mientras te cambiabas? ¡Vamos, sólo es Lincoln!

— ¡N-No es eso! Es sólo que… No tocó la puerta, y yo...

—Lynn, somos once chicos atrapados en una pequeña casa, no existe algo como la privacidad —le dijo Luna, también molesta, pero tratando de paliar el tono de Lori—. Lincoln ha entrado en mi habitación en momentos inoportunos muchas veces. Y todas hemos visto mucho más que su ropa interior. Son momentos incómodos, pero no puedes ponerte así porque tu hermano te vio con tu sostén.

—Además, Lincoln no está todavía en "esa edad" —agregó Leni, cubriendo los ojos de Lincoln para que no la oyera.

A esta alturas Lincoln estaba completamente sonrojado. El lado bueno era que su mente ya se había distraído por completo de sus pensamientos depresivos y su fatal destino.

—Miren, lo siento, ¿está bien? —Dijo Lynn, poniéndose rápidamente su remera— No lo hice a propósito, me asusté y…

—No me importa, Lynn —la interrumpió Lori—. Tú sabes cómo son las cosas. No puedes estar lanzándole cosas a Lincoln.

— ¿Ya se te olvidó lo que pasó la última vez que lo golpeaste? —Dijo una muy enfadada Luan, hablando por primera vez desde que Lincoln había regresado a su casa.

El resto de los chicos miraron a Luan sin poder creer lo que habían escuchado. Algunas se llevaron una mano a su boca, y otros, como Lincoln, simplemente se quedaron petrificados ante esas palabras. Lynn, en cambio, retrocedió un paso como si aquellas palabras la hubiesen golpeado. Ciertamente, se veía como si hubiera sufrido un dolor físico. Tenía la boca entreabierta y una mano apoyada suavemente sobre su pecho. Su mirada pasó de Luan a Lincoln. Él también la miró. Quiso decirle algo, quiso decirle que era mentira, que no le hiciera caso al comentario de Luan. Quiso decirle mucha cosas, pero no encontró las palabras. Y quizás fue esa duda lo que Lynn vio en sus ojos. Quizás fue eso lo que la hizo comenzar a derramar lágrimas. Aprovechando que estaban justo a un lado de la puerta, tomó su mochila y su casco. Sus hermanas trataron de detenerla, pero pasó a través de ellas como una flecha, bajando la escalera a toda velocidad. Lori fue a buscarla, pero ni siquiera pudo acercarse antes de que ella saliera de la casa, tomara su bicicleta y se alejara a toda velocidad.

— ¡Luan! ¡¿Qué demonios?! —La increpó Luna, empujándola no tan suavemente por el hombro— ¡No puedes decirle eso, hermana! ¡¿Cuál es tu problema?!

Luan, vestida con su ropa de mimo pero sin su maquillaje no le respondió. Se alejó rumbo a su habitación. Luna continuó gritándole, siguiéndola junto a Leni, quien trataba de calmarla. Lincoln quedó solo con sus hermanas menores, sintiéndose terrible.

— ¿Todo esto por una almohada? —Preguntó Lola en voz alta.

—Esos exámenes deben ser muy importantes —dijo un tanto pensativa Lana.

Mientras su hermanas pequeñas volvían confundidas a sus habitaciones para terminar de prepararse, Lincoln decidió bajar las escaleras. Al llegar a la sala de estar, vio que Lori estaba sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el respaldo mirando al techo y una mano sobre su rostro. Claramente la mañana no había resultado como ella hubiese preferido. Y Lincoln no pudo evitar sentir que en parte era culpa suya.

— ¿Lori? —La llamó, acercándose lentamente.

Su hermana suspiró y se acomodó en su asiento.

—Lori, lo siento, esto es mi culpa. No quise…

—Lincoln, detente. No fue culpa tuya. Tampoco de Lynn. Es culpa nuestra. Todas estamos sensibles. Yo debería haberme tranquilizado, debería haber manejado mejor la situación. Pero escuché tu nombre y… Entré en pánico.

Lincoln se sentó junto a su hermana y la abrazó. Al principio ella fue tomada por sorpresa; no era común que su hermano tomara la iniciativa en una muestra de cariño como esta. Pero inmediatamente lo rodeó con sus brazos.

—Sólo quería… Necesitaba estar con alguien —le dijo Lincoln.

— ¿Qué te pasó, Lincoln?

La abrazó un poco más fuerte.

—Nada —mintió, no queriendo preocupar a su hermana—. Sólo quería estar con alguna de ustedes.

Lori se separó lo suficiente como para mirar a Lincoln a los ojos.

—Escucha, zopenco —le dijo cariñosamente—, ¿recuerdas la regla de nunca entrar a mi cuarto?

—Sí, claro.

—Pues olvídala. Esa regla ya no se aplica a ti. Si necesitas ayuda con algo, pídemelo. Si quieres entrar y pedirme que te lleve al centro comercial, puedes hacerlo. Si tuviste una pesadilla a mitad de la noche y quieres que duerma contigo, ve y dímelo. Y… Y si sólo quieres un abrazo, puedes despertarme y te daré uno las veces que quieras.

Para cuando terminó de hablar, Lori ya estaba a punto de llorar. Lincoln había visto demasiadas lágrimas derramadas para tan corta mañana. Llevó una de sus manos a la mejilla de Lori, y con cuidado limpió una lágrima de sus ojos. Ella sonrió ante el gesto y colocó su mano sobre la de Lincoln, cerrando sus ojos y disfrutando la calidez que le transmitía.

— ¿Chicos, está todo bien?

Lincoln volteó confundido al ver a su madre, vestida con un delantal y guantes de cocinera de pie bajo el marco de la puerta de la cocina.

— ¿Mamá? ¿No deberías estar yendo a tu trabajo? —Preguntó, confundido.

—Hablé con el doctor Feinstein. Accedió a darme una licencia.

— ¿Para conducir? —Preguntó Lincoln.

—No, Leni, me refiero a… Ups, lo siento. La costumbre. No, Lincoln, significa que me dieron unas vacaciones adelantadas. Lo pedí para que no te quedes sólo a la mañana mientras tus hermanas van a la escuela.

—Oh. Bueno, gracias.

—No hay de qué. Puedes dormir hasta tarde si quieres.

—No, está bien —dijo, separándose de Lori y poniéndose de pie—. Iré a mi habitación. Tengo que prepararme.

— ¿Qué vas a hacer? —Preguntó su hermana.

Lincoln mordió su labio inferior y bajó la mirada. Tan sólo con pensar en lo que iba a hacer a la tarde comenzaba a sentirse exhausto.


Luego de que el timbre indicara el final de clases, los alumnos de quinto grado juntaron sus cosas y abandonaron sus salones. Se dirigieron a sus casilleros, tomaron sus cosas y abandonaron el edificio acompañados de sus amigos, charlando y riendo. Así sucedía con la mayoría de los alumnos. No era el caso de Ronnie Anne. Ella caminaba sola, con su patineta en su mano y la mirada gacha.

Ronnie Anne era una chica especial. Le encantaban los videojuegos, andar en skate y usar ropas holgadas. Siempre decía lo que pensaba, era una chica muy directa y no se acobardaba ante nadie. Desafortunadamente, esa reputación no la ayudaba a hacer amigos. En su antigua escuela tenía un pequeño grupo de amigas con quienes se reunía y charlaba, pero ahora realmente no tenía a nadie con quién hablar. No es que la odiaran; todos se mostraban bastante amables con ella. Pero no pertenecía a ningún grupo. No tenía con quién reír en los recreos, ni con quién hablar a la salida de la escuela. Sólo había una persona con quien podía reunirse, ser ella misma y pasar momentos increíbles. Incluso si no pudieran juntarse frente al resto de la escuela, o frente a sus familias, normalmente pasaban las noches hablándose a través de sus teléfonos, y se reunían siempre que podían.

Pero esa persona no…

—Hola, Ronnie Anne.

Ella se detuvo en seco. Levantó la vista. De pie, tan sólo a algunos metros, se encontraba Lincoln Loud. No sólo eso, sino que además vestía unas ropas un tanto distintas de las que siempre usaba. Una camisa naranja con sus mangas largas arremangadas, unos pantalones caquis y unos zapatos de vestir marrones. También tenía el cabello arreglado, brillante y bien peinado, aunque sin abandonar esos mechones rebeldes de siempre. Ronnie Anne no pudo evitar sonrojarse al verlo con ese atuendo. Nunca olvidaría que era la misma ropa que había usado cuando habían participado de aquella doble cita. La ropa que había usado cuando compartieron su primer beso. Y es que aunque él la hubiera besado en una oportunidad anterior, aquella vez en Jean Juan's fue la primera en la que ella también le correspondió. Por lo que había significado, en lo que a ella respectaba ese era su primer beso. Y también su último beso.

—Hola, Lincoln —lo saludó, sonriendo ligeramente. La felicidad que sentía por verlo de nuevo luego de tres días de escuela sin él la hacía querer sonreír de oreja a oreja, pero tenía que mantenerse cool.

— ¿Todo en orden? —Preguntó, balanceándose sobre sus pies nerviosamente.

—Todo bien. ¿Y tú?

—Bien, bien.

Permanecieron en silencio algunos segundos, mirando hacia otras direcciones. Ella odiaba los silencios incómodos.

—Lindos caquis —comentó entre risas, provocando un leve sonrojo en las mejillas de Lincoln.

—Gracias.

— ¿Pero qué onda con ese peinado?

—Bueno, ¿recuerdas que mis hermanas se ponen como locas cuando se enteran que voy a verte? Hoy descubrí que heredaron eso de mi madre.

— ¿Viniste a verme? —Preguntó, ruborizándose ella también.

Él estaba por responder, pero fueron interrumpidos por unos gritos a la distancia.

— ¡Hey, Lincoln!

Al voltear, vio que a unos quince metros, Liam, Rusty y algunos chicos más de su clase lo estaban observando.

— ¿Faltas toda la semana y ni siquiera te acercas a saludar a tus amigos? —Gritó Liam, desde la distancia.

— ¡Oooh! ¡Está ocupado hablando con Ronnie Anne! —Agregó Rusty, provocando las carcajadas de todos los chicos.

Ronnie Anne suspiró. Dejó su patineta en el suelo y preparó su puño.

—Te prometo que no dolerá mucho —susurró, antes de levantar la voz para que la escucharan—. ¡Muy gracioso, tonto, pero no caeré dos veces con la misma broma!

Levantó su mano como para golpearlo, pero Lincoln dio un paso hacia delante y gentilmente la tomó por la muñeca. Sorprendida por eso, Ronnie Anne bajó su puño.

—Lincoln, ¿qué haces? —Preguntó, mirando nerviosamente a los chicos que comenzaban a cantar una tonta canción de amor— ¿No ves que te molestarán si te ven conmigo?

Lincoln le sonrió.

—No me importa si a ti no te importa.

Ronnie Anne lo miró boquiabierto. Normalmente Lincoln odiaba que sus compañeros lo molestaran por culpa de ella. Era por eso que sólo se reunían en la tienda de videojuegos o en el cine a escondidas, procurando que nadie los viera. En ese sentido, Lincoln le parecía un chico muy extraño. No le avergonzaba que la gente se riera de sus gustos por los cómics, y tenía el autoestima lo suficientemente alto como para asistir a una convención disfrazado con su ropa interior por fuera y no sentirse avergonzado. Y sin embargo, ante la mínima insinuación de que él y Ronnie Anne estaban en una relación, se ruborizaba por completo y se ponía muy a la defensiva.

Sin dudas, era algo nuevo verlo tan tranquilo. Tan decidido. Y a ella le gustó verlo de esa manera. Y también le gustó el hecho de que él todavía la tuviera tomada de la mano.

—A mí no me molesta, puedo patear sus traseros cualquier día de la semana. ¿Estás seguro de que a ti no te molesta? Puedo golpearte ahora y hablar contigo más tarde.

—Por más tentador que suene un golpe al rostro, el doctor me dijo que trate de evitar esas cosas.

La sonrisa se desvaneció completamente del rostro de Ronnie Anne. Bajó su mano y su mirada. Por supuesto, no se había olvidado que Lincoln había estado en el hospital.

—Hey, no te preocupes —le dijo Lincoln, viendo su tristeza; luego volvió a ruborizarse, y carraspeó—. Mira, me gustaría… Es decir, si tú quieres… Pensé que quizás te interese… Bueno, si no tienes nada que hacer…

Ella levantó la vista, alzando una ceja.

—Sólo dilo, tonto —lo apremió, con una sonrisa.

Lincoln tartamudeó un par de segundos más, para luego suspirar finalmente. La miró seriamente a los ojos, aunque ella no podía tomarlo del todo serio cuando su rostro se veía tan rojo como una salsa de tomate.

— ¿Te gustaría ir a almorzar?

Ella supo de inmediato que Lincoln tampoco podría tomarla en serio ahora, no si estaba tan ruborizada como suponía que estaba.

— ¿A almorzar? ¿Ahora? —Preguntó.

Lincoln desvió la mirada hacia otro lado, tratando de ignorar las burlas que todavía le llegaban por parte de sus compañeros de escuela.

—Yo… Bueno, si no quieres, no hace falta, quizás podamos…

—Tranquilízate, tonto —le dijo Ronnie Anne, mientras ella misma trataba de serenarse—. Me encantaría ir a comer, pero no traje dinero. Si quieres pasamos por mi casa y le quito algo a Bobby.

—Oh, no te preocupes, mi mamá me dio dinero para los dos —le aseguró rápidamente. Ronnie Anne no pudo evitar soltar una pequeña risa.

—Si no te conociera, tonto, diría que me estás invitando a salir.

Comenzó a reír, esperando que Lincoln se uniera a ella en cualquier momento. Pero Lincoln estaba demasiado ocupado mirando hacia otro lado, tratando de ocultar lo sonrojado que se encontraba.

— ¿Qué pasa, Lincoln? ¿Te olvidaste las flores? —Gritaron desde la distancia.

Ronnie Anne miró a los compañeros de Lincoln, que estaban ahora riendo descontroladamente. Aprovechando la distracción, tomó una botella de plástico vacía del cesto de basura más cercano y la lanzó con todas sus fuerzas. El pobre Liam ni siquiera vio el proyectil hasta que le dio de lleno en la frente. Las risas se detuvieron de repente.

— ¡Oh, miren esto! ¡Esta está llena! —Les gritó Ronnie Anne, mientras sacaba otra botella de la basura— ¡Apuesto diez dólares a que puedo desmayar al pelirrojo!

Dado que Zack, Liam y Rusty eran todos pelirrojos, los chicos se alejaron corriendo a toda velocidad, dejando solos a Lincoln y Ronnie Anne.

—Estoy seguro de que había una forma menos violenta de que nos dejaran en paz —comentó Lincoln, negando con la cabeza pero con una sonrisa asomando su rostro.

—Y por eso es que la gente sigue metiéndose contigo.

— ¿Estas diciéndome que debería tirarte una botella por la cabeza? —Le preguntó con una sonrisa.

—Podrías intentarlo —respondió ella, sonriendo también—. Y luego yo te pulverizaría. Ahora, ¿alguna idea de a dónde podemos ir a comer, tonto? Sólo dime que no piensas llevarme a Jean Juan's.

— ¿Qué? ¡No! En realidad estaba pensando en ir a Burpin' Burger —dijo Lincoln, entusiasmado.

— ¡Genial! Podemos ir al que está en el centro comercial, y después ir a la tienda de videojuegos.

—Exacto. ¿Vamos?

—Yo te sigo, tonto —le dijo, golpeándolo suavemente en el brazo.


—...y entonces la profesora le dijo "Y si tu perro se comió la tarea, ¿a quién enterraste el día del examen de matemáticas?" —terminó de contar Ronnie Anne.

Lincoln, que estaba bebiendo su gaseosa, escupió todo en un ataque de risa, con algo de gaseosa saliendo por su nariz. Ronnie Anne también estalló en risas al verlo así. La gente que caminaba por el centro comercial trataba de ignorar a los dos niños que, sentados en en borde de la fuente con sus bolsas de comida de Burpin' Burger, reían histéricamente. Lincoln secaba su cara con una servilleta, pero aunque sus fosas nasales le ardían por el líquido que había pasado por allí, no podía dejar de reírse.

—Oooh, la profesora lo atrapó por completo —logró decir, tras recuperar el aliento—. Rayos, ¿por qué las mejores cosas de la escuela pasan cuando yo no estoy?

—En realidad eso fue lo único divertido que pasó estos días. El resto fue sumamente aburrido —comentó ella, dando un nuevo mordisco a su hamburguesa doble con queso.

—Aún así, extrañé estar conti… Es decir, con los chicos.

Ronnie Anne se dio cuenta de lo que Lincoln había estado a punto de decir, pero decidió dejarlo pasar. Tomó un pequeño pedazo del pan de su hamburguesa, lo partió en trozos más pequeños y lo tiró a los peces de la fuente. Se quedó observando mientras los pequeños animales se acercaban y comían las migajas.

—No sabía que te gustaban los peces —dijo Lincoln, notando la sonrisa de su amiga.

—Me encantan los animales —admitió; levantó la vista y lo vio riendo suavemente—. ¿Qué? ¿No me crees?

—No, no, sí te creo. Es sólo que me gusta descubrir más de tu lado cariñoso.

Ronnie Anne metió su mano en la bolsa de papas fritas y se llevó cuantas pudo a su boca, para tener una excusa para no hablar.

¿Desde cuándo Lincoln hablaba de esa forma? Solían divertirse, reír y disfrutar de los momentos juntos, pero él nunca se comportaba así. Invitándola a comer, pagando por ella, y ahora diciéndole que tenía un "lado cariñoso". Había algo distinto en él, pero no podía decir con exactitud qué era. Lo notaba un poco distraído, como si tuviera la mente dividida entre disfrutar las conversaciones con ella y pensar en algo. Se lo veía nervioso, con los hombros tensos. Normalmente sus ojos se veían cansados –viviendo con diez hermanas, sería sorprendente que no lo estuviera–, pero ahora se veía como si no hubiera tenido una buena noche de sueño en semanas.

Y sin embargo, de alguna forma, en algunos aspectos se lo veía más relajado. No estaba segura de qué era lo que le daba esa sensación, pero sentía como si Lincoln de repente no estuviera preocupado por las pequeñas cosas a las que normalmente estaría atento. Como que sus compañeros se rieran de él por estar con ella, o que le sugiriera sentarse a comer junto a la fuente y no en una de las bancas. La gente pasaba junto a ellos y los miraba con cierto reproche, como si fuera de mala educación no comer en una mesa. Pero no parecía importarle a Lincoln, quien cada tanto metía la mano en el agua para refrescarse un poco y jugar con ella.

Había algo muy raro con Lincoln, y Ronnie Anne quería averiguar qué era.

—Mira, estoy divirtiéndome mucho contigo, la estoy pasando muy bien. Pero puedo ver que hay algo que te tiene preocupado. ¿Vas a decírmelo o vamos a seguir pretendiendo que no te pasa nada?

Lincoln asintió lenta y silenciosamente, más para sí mismo que para ella. Tenía la mirada fija en el suelo, el cual contemplaba pensativo.

— ¿Lincoln? —Lo llamó, notando lo decaído que de pronto se veía— ¿Estás bien?

Lincoln levantó la vista y la miró a los ojos. Estaban sentados uno junto al otro, sólo con la bolsa de comida de Burpin' Burger separándolos. Ronnie Anne también se quedó mirándolo. Pese a estar en un lugar tan lleno de gente como un centro comercial, en el momento en el que cruzaron miradas se transportaron a otra dimensión, un lugar en el que sólo existían ellos dos. Donde la música de fondo, el murmullo de la multitud y los anuncios por el altavoz no podían ser oídos por sobre el sonido de sus corazones latiendo.

Lincoln respiró profundamente una, dos veces, y luego colocó su mano suavemente sobre la de Ronnie Anne. Ella no dijo nada. Continuó mirándolo a los ojos. No se movió cuando Lincoln se inclinó dos centímetros hacia delante. Sólo contuvo la respiración, esperando. Y eso fue todo lo que él necesitó para decidirse.

Inclinándose de forma rápida y algo torpe, Lincoln cerró la distancia que los separaba y apoyó sus labios sobre los de Ronnie Anne. Los dos cerraron sus ojos con fuerza, temiendo que si los abrían la magia del momento desaparecería. Él apenas había inclinado la cabeza, por lo que sus narices se tocaban. Ninguno de los dos respiraba, y tan sólo tenían sus labios firmemente apoyados contra los del otro. Tanto Lincoln como Ronnie Anne sabían cómo eran, en teoría, los besos de los chicos grandes. Sabían que sus labios se movían un poco más, y que normalmente abrían sus bocas para dejar lugar a sus lenguas. Pero habían visto a sus hermanos besándose muchas más veces de las que hubieran querido, y les parecía algo totalmente desagradable. Tenían once años. Para ellos apoyar los labios ya era toda una aventura.

Cuando se quedaron sin aire, los dos se separaron. Se miraron un segundo, y en seguida la vergüenza pudo más que ellos. Los dos se sentaron mirando hacia el frente, con los brazos en sus regazos, duros como estatuas.

—Yo… Em… Lo siento —dijo Lincoln, sin mirarla—. Por no preguntar.

—Nunca me preguntaste antes —le recordó Ronnie Anne.

Lincoln soltó una risita, dándole la razón.

—Pero esto fue distinto —continuó ella, relajando un poco sus hombros—. La primera vez me besaste porque tus hermanas te dijeron que me gustabas y querías evitar que te pateara el trasero.

—Bueno, en su defensa…

—Aquella vez en Jean Juan's —lo interrumpió—, me besaste en frente de todos porque me habías dicho cosas horribles y no querías que tu hermana Lori te aniquilara.

— ¿Qué? No, en ese momento en verdad sentí que…

—Siempre tuviste una razón para besarme —dijo, sin dejarlo terminar una vez más—. Pero ahora no. ¿Por qué lo hiciste?

Lincoln finalmente giró la cabeza para mirarla.

—No lo sé —dijo con honestidad, tratando de pensar en qué era lo que lo había llevado a besarla—. Sólo… Sentí que quería hacerlo. ¿Estás enojada?

—No… No en verdad —admitió Ronnie Anne.

Lincoln logró relajarse un poco al saber que por lo menos no la había hecho enfadar. Ronnie Anne, por su parte, estaba cada vez más nerviosa. En cierto sentido… En varios sentidos, de hecho, le agradaba este Lincoln tan seguro de sí mismo, que tomara la iniciativa. Era muy distinto al chico tímido y hasta lento en algunos casos que solía ser. Pero por otro lado, no podía dejar de sentir que había algo mal con todo esto.

—Entonces… Me enteré que estuviste en el hospital —comentó.

La sonrisa de Lincoln se desvaneció.

—Sí, lo sé.

— ¿Lo sabes? ¿Tu hermana Lucy te contó? —Pregunto preocupada, temiendo que la niña Loud hubiera abierto la boca de más.

— ¿Lucy? —Preguntó Lincoln, confundido— No. Lori me dijo que habló con Bobby.

Ronnie Anne se golpeó la cara con la palma de su mano.

—Por supuesto. Bobby.

— ¿Hablaste con Lucy?

—Bueno… Sí, el lunes, en la escuela. Quería saber qué te había pasado, y me dijo que estabas todavía en el hospital. Me dijo que estabas bien.

—Oh. Ya veo…

Ronnie Anne consideró decirle que había evitado que un chico molestara a su hermana menor, pero al final decidió no hacerlo. Estaba segura de que ese tonto no volvería a molestar a Lucy, así que no valía la pena preocupar a Lincoln por nada. Ciertamente, tampoco quería hablar de lo muy preocupada que había estado por él. Se lamentó profundamente por haber mencionado el encuentro.

—Sabes, ella creía que yo te odiaba, por el golpe que te di cuando me besaste aquella vez frente a tu casa —recordó.

Lincoln sonrió.

—Estaría bromeando contigo. Ella también se pone feliz cada vez que se entera que vamos a reunirnos. ¿Recuerdas esa vez que estuve evitándote para que no me invitaras al baile de Sadie Hawkings? Ella me consiguió una cita para que no me sintiera mal.

— ¿En serio? —Preguntó Ronnie Anne, confundida— Pero me habló como si no supiera nada. Creí que quizás ella, por ser más chica, no estaría al tanto.

—No pretendo entender los motivos de Lucy; no sé por qué habrá hecho eso. Quizás para ver tu reacción, no lo sé. Pero ella está al tanto de nuestra relación.

La palabra hizo eco en la mente de Ronnie Anne, y sintió que su corazón latía con más fuerza al escuchar eso.

Una relación. Podía significar muchas cosas. Existen relaciones de amistad, relaciones familiares, incluso relaciones sociales. Pero en aquel contexto, para referirse a ellos dos, la palabra cobraba otro significado, una nueva dimensión. Y sin embargo, Ronnie Anne no sabía realmente cómo definirla. No eran simples amigos. Eso estaba demasiado claro. Su relación no era la típica de amistad, era algo mucho más profundo. Era una relación que a ella le encantaba. Tenían la confianza suficiente como para ser ellos mismos, hablar de sus gustos y sus hobbies sin miedo a ser juzgados. Podían juntarse en la tienda de videojuegos y competir durante horas, o podían ir al parque a caminar por el puente que cruzaba el pequeño arroyo, hablando acerca de fantasmas, de sus bandas favoritas, de lo que querían ser cuando fueran mayores, de la película que habían visto la noche anterior, o de lo que fuera, no importaba. Sus mensajes eran los únicos que ella esperaba leer a la noche, y sólo con ver una notificación proveniente de "Tonto" ella ya era feliz. Claramente no eran sólo amigos. ¿Pero qué eran?

No eran novios. No lo eran porque ninguno se le había declarado al otro. Si Lincoln se lo pidiera, ella estaba bastante segura de que le diría que sí. Pero no era lo que ella quería. Sólo tenían once años, no estaban preparados para todas las cosas que traía consigo una relación de noviazgo. Ella había visto durante todo este tiempo cómo una relación había cambiado a su hermano Bobby. Ponerse de novios traía consigo muchísimas restricciones, y los ataba. Había que responder sí o sí a todos los mensajes que se enviaran. Había que ser románticos. Tenían que verse lo más seguido posible. En la escuela, ya no podrían juntarse con sus amigos, deberían estar juntos para mostrarle a todo el mundo que eran una pareja. Si se ponían de novios, Lincoln ya no podría hablar con otras chicas, y ella no podría hablar con otros chicos, porque podrían ponerse celosos, o la gente podría iniciar rumores de que estaban siendo infieles. Y los rumores destruían parejas.

Ella no quería eso. No quería perder todo lo que hacía especial su relación con Lincoln. ¿Por qué cambiar algo que estaba funcionando genial? ¿Algo que se sentía tan bien? Si los dos eran felices, ¿por qué no seguir cómo estaban? Eran niños.

Podrían estar juntos cuando fueran más grandes.

— ¿Ronnie Anne?

La chica salió de su trance cuando Lincoln la llamó. Lo miró y vio que se veía sumamente nervioso.

—Mira… Tengo que decirte algo. Algo importante —dijo, mirándola con una mezcla de seriedad y tristeza.

No entres en pánico, Ronnie, no entres en pánico, se decía a sí misma en su mente. Es Lincoln, no va a pedirte que seas su novia así como así. No hay nada que temer.

—Yo… Me agradas mucho. En verdad. Y por eso no quiero seguir ocultándote esto. Quiero decírtelo.

Muy bien, ahora sí es momento para entrar en pánico. Va a decirte que siente que te ama.

—Es algo muy reciente, y casi nadie sabe de esto. Sólo mis hermanas mayores y Clyde.

Claro, tiene sentido, habrá hablado con ellas y con su mejor amigo sobre sus sentimientos.

—Y Bobby. Él también sabe, pero no te enfades con él, yo le pedí que no te dijera nada, porque quería decírtelo cara a cara.

¿Bobby? ¿Por qué Lincoln le diría eso a Bobby?

Lincoln tomó a Ronnie Anne por una de sus manos y respiró hondo, preparándose para decir lo que quería sacarse del pecho. Ronnie Anne estaba muy nerviosa. No estaba preparada para que Lincoln se le declarara. No quería que su relación se arruinara para siempre. Porque si Lincoln se declaraba, sólo había dos opciones: decirle que no sentía lo mismo, lo cual sería una mentira y arruinaría su relación, o decirle que ella también lo amaba, ponerse de novios y perder la magia de su relación sin compromisos. Ella no estaba preparada para ninguna de las dos opciones. Pero Lincoln era un chico muy inteligente, y sabía escucharla. Quizás si ella le decía lo que sentía y por qué no quería estar en una relación, él entendería. Quizás esa era su oportunidad de tener una tercera opción.

Por eso, cuando Lincoln comenzó a hablar, ella habló por encima suyo.

—Ronnie Anne, me quedan dos seman…

— ¡Déjame hablar a mí primero!

Lincoln abrió los ojos como platos, completamente sorprendido.

—Em… Sí, claro —dijo, sin saber muy bien cómo reaccionar.

Ella apretó suavemente la mano de Lincoln, y lo miró con algo de tristeza en sus ojos.

—Mira, tú también me gustas, ¿está bien? —Admitió, ruborizándose completamente— Me gustas mucho.

Era la primera vez en su vida que admitía sus sentimientos de forma tan abierta, y Ronnie Anne se sentía muy nerviosa, mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir. Lincoln, por su parte, también se ruborizó.

—T-Tú también me gustas, p-pero no es eso lo que…

—Escucha, te entiendo. Sé lo que vas a decirme, y yo… Yo también me siento así...

—Ronnie Anne, creo que estamos hablando de cosas distintas…

—...pero me gusta mucho lo que tenemos ahora, y la verdad es que no quiero que las cosas cambien. No lo tomes a mal, pero no estoy lista para ser tu novia.

— ¡Wow, wow, wow, alto ahí! —Dijo Lincoln, rojo como un tomate, gesticulando con sus manos para frenar a Ronnie Anne— ¡No quiero pedirte que seas mi novia!

El tono de voz de Lincoln estaba lleno de tristeza e impotencia, pero Ronnie Anne lo interpretó distinto. Ella estaba convencida de que él iba a decirle cuánto la quería, y con mucho dolor tendría que explicarle por qué prefería que siguieran como estaban. Pero escucharlo decir tan elocuentemente que no quería decirle eso la hizo sentir muy mal.

— ¿No ibas a pedirme que fuera tu novia? —Preguntó, sintiendo una fría mano apretando su corazón.

—N-No, no, no era eso —dijo Lincoln, nervioso—. Es decir, ¡no es que no quisiera! Pero… Pero no puedo. No puedo pedirte que seas mi novia. No ahora, después de...

— ¿Después de qué? —Preguntó ella, sintiéndose cada vez peor. ¿Ahora decía que no podía pedírselo? ¿De qué estaba hablando? ¿Qué estaba sucediendo?

Lincoln abrió la boca para explicarse, pero una voz los distrajo.

— ¡Lincoln!

Los dos chicos voltearon. Esquivando a las personas que se movían cargando bolsas, una chica se acercaba a ellos. Llevaba puesto una blusa azul que combinaba con su falda, y su largo cabello lleno de rulos estaba sujetado por una cinta anaranjada. Se acercó hasta que estuvo a tres metros de la fuente, y se detuvo sólo cuando reparó en Ronnie Anne. Los dos chicos la reconocieron de inmediato, y no pudieron ocultar la sorpresa en sus voces cuando pronunciaron su nombre al mismo tiempo.

— ¿Cristina?


To be continued...

Por lo general no soy de meter cliffhangers. Prefiero cerrar la idea de cada capítulo. Pero no viene mal de vez en cuando cortar las cosas en el punto máximo de tensión.

Una pequeña aclaración, por las duda: el título "Período azul" hace referencia al período artístico de Pablo Picasso, donde pintaba obras melancólicas abusando del uso de tonalidades de azul. Antes de que me aclaren, ya sé que el Guernica (mencionado en el capítulo) no es de ese período; no era una referencia directa a eso, pero también es una obra completamente depresiva y desgarradora de Picasso, así que me pareció interesante recrear el concepto en ese sentido. Es muy tonto, sí, pero bueno, así funciono yo con mis nombres de capítulos, jaja.

El próximo cap, la parte 2, será el gran punto de inflexión de la historia que había prometido. Es increíble cómo la historia va tomando su vida propia, y mi esquema de "Esto sucederá en el capítulo 7" se convierte en "bueno, al final será el capítulo 9". Espero que el ritmo les vaya gustando. Si creen que avanza todo muy lento, háganmelo saber. Teniendo en cuenta que tengo que conta semanas, creo que no está tan mal que se necesiten varios capítulos para hacer avanzar la historia cronológicamente, pero esa es mi visión como autor. Me interesa la suya como lectores.

Finalmente, había dicho en mi OS que seguramente iba a escribir algo para Halloween. En vista de las fechas en las que me encuentro, decidí no hacerlo. Tenía una idea súper spooky, psicópata y destruye infancias, pero la dejaré para más adelante. No quiero volver a tardar tanto en actualizar este fic.

¡Hasta la próxima!