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Cuánto tiempo sin leernos, ¿no? Como saben, fue producto de mis exámenes y demás solicitaciones académicas. Me fue muy bien, así que muchas gracias a todos los que me desearon suerte.
Si bien no tuve tiempo para escribir, estoy seguro de que no pasó un día sin que pensara en esta historia. En ideas para algunas escenas particulares, en diálogos, en capítulos… Pero ante todo, me puse a pensar en el inesperado impacto que esta historia tuvo. Hay algo que este fic ha logrado, algo que nunca jamás imaginé posible, y de lo que me siento orgulloso por sobre todas las cosas. Este fic ha logrado que mucha gente se sienta identificada. He recibido mensajes privados y reviews de gente que padece Neurofibromatosis (la enfermedad de Lincoln), felicitándome por "dar a conocer" esta rara enfermedad. Recibí mensajes de personas que han pasado por la pérdida de algún ser querido y que se sienten identificados con las hermanas.
Y también hubo dos casos que me llegaron al corazón: casos de personas que están en la misma situación que Lincoln. Una de ellas dejó un review que les juro que me dejó anonadado, como si me hubieran dado un golpe en la boca del estómago. Leí cada palabra de ese review con un nudo en la garganta, y cuando terminé de leerlo estuve un largo rato pensando en las inesperadas consecuencias que este fic tuvo, en cómo lo que uno escribe por placer para otro puede significar mucho más. La otra persona prefiere permanecer anónima y por supuesto respetaré su deseo.
Es por eso que este capítulo está especialmente dedicado a UniverseFalls77 y a "A" (de anónimo/a). Mi corazón está con ustedes.
Para finalizar esta introducción, mis eternos agradecimientos a todos ustedes, magníficos lectores. Y como siempre, pese a que con varios hablé por MP durante este hiatus, mención y comentario a quienes han dejado sus reviews (a quienes invito a que vayan a la sección de reviews y re-lean lo que habían comentado, así entienden mis respuestas, jajaja):
Fipe2 (te respondí por MP, pero reitero mi agradecimiento por seguir esta historia), a mi queridísimo amigo Phantom (ya me quedé sin formas de agradecerte), zero003, cesar k-non (gracias! Creo que el largo de estos últimos dos debería ser mi límite; más que eso sería abusar de ustedes lectores jajaja), nahuelvera2 (de niño siempre quise estudiar paleontología, así que mi niño interior te manda fuerzas para que cumplas su sueño!), Chiara Polairix Edelstein (me alegra -sí, porque soy un maldito- haberte emocionado con Adrien, jaja ¡Pero no eran exámenes finales de carrera! Eran los finales del año… Todavia me quedan 4 largos años de carrera D: ), Lux01, supertotitoti (no es culpa de Ronnie Anne, es culpa de Murphy!), Portgas D Trace (creo que TODAS las hermanas necesitan ayuda urgente… veremos cuál es el plan de Lincoln!), xXnobu16Xx (tu idea es… completamente… genial, o sea, Leni bien podría pensar eso! ¡¿Cómo no se me ocurrió antes?! Jajajaja), Sir Crocodile222 (como siempre, me encanta leer tu opiniones acerca de las escenas que te gustaron! Me gusta tu análisis de Leni -no puedo refutar ni confirmar nada, como sabrás entender-.), jva98 (está en ti creerme o no, pero lo que Ronnie pensaba acerca de su relación con Lincoln lo saque de una experiencia propia a los 12 años; tenía una "amiga" con la cual éramos prácticamente novios, pero nunca lo hicimos oficial por lo que Ronnie expresa: todo era tan perfecto, se sentía tan bien, que temíamos arruinarlo haciéndolo "oficial". Como sea, no entiendo lo del final, ¿me consideras un ente maligno? ¿Sólo porque disfruto asesinando lentamente a un niño de 11 años? Supongo que no puedo quejarme, jajajaja), Julex (me encanta tu análisis :D Son comentarios como los tuyos los que me dejan tranquilo de que las escenas transmitieron lo que quise que transmitieran), KAKUAMAN (Lincoln merece una plaza pública en su honor, comparto), AngelCaotico11 (ya lo verás!), mmunocan (La esperanza es lo último que se pierde :3 Y el final fue así también pensando en este parate, jajaja, si ponía otro cliffhanger me mataban), Junior VB (ciertamente, Adrien cumplió su función; y el no haber llegado a completar el reloj era parte de la simbología del capítulo, acerca de Lincoln aceptando su mortalidad para que "el tiempo volviera a correr"), MontanaHatsune92 (Yo también soy de Buenos Aires! Bueno, no CABA, sino Mar del Plata, pero es casi lo mismo (? Lo del "período azul" no tenía que ver con el cáncer, sino que era una referencia al "período azul de Pablo Picasso", una etapa del famoso artista durante la cual todas sus obras eran tristes y melancólicas, las cuales pintaba con mucha presencia del azul, color que para él simbolizaba la tristeza. Los últimos dos capítulos mostraron a la casa completamente deprimida, así que me pareció interesante relacionarlo en ese sentido, siendo que la familia Loud está pasando por un claro período de tristeza), Slash Torrance (muchísimas gracias, un honor que estos halagos vengan de quien es considerado por muchos como el mejor escritor del fandom en español! En verdad, gracias), J Nagera (gracias! Así que lo recomiendan en los foros? Uff, me sonrojo! Jajaja. Mucha gracias por todo lo que dices, son este tipo de comentarios los que me dejan pensando "¿Cómo es que este fic llegó a esto?") y Jules Engels.
¡Y un saludo muy grande a mi gran amigo TonyPresidio!
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Capítulo 10:
Operación Despedida.
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El reloj despertador comenzó a sonar a las seis en punto de la mañana del jueves. Tres segundos después, la mano de Lincoln se estiró y lo apagó, enmudeciendo su cuarto una vez más. Cinco segundos más tarde, se sentó en su cama, movió las frazadas y apoyó los pies en el suelo, aún atrapado en ese estado entre el sueño y la consciencia. Estiró sus brazos mientras bostezaba, y luego giró su cuello, tratando de desentumecerlo. A las seis cero uno de la mañana, Lincoln Loud estaba de pie en su habitación, mirándose en el espejo.
Una de las comisuras de sus labios se levantó, sonriendo irónicamente a su reflejo.
—Estoy hecho un desastre —dijo entre dientes.
De alguna forma, su rostro parecía haber envejecido en menos de una semana. Las bolsas debajo de sus ojos eran mucho más grandes de lo que él recordaba, tenía unas horribles ojeras, y su rostro parecía una imagen impresa en una fotocopiadora con los cartuchos de tinta casi vacíos. Sabía que el estrés era un factor determinante en su estado, agravado claramente por una nueva noche de sueño en el cual no había descansado. Se había despertado agitado y cubierto de sudor al menos dos veces, como venía sucediéndole estos últimos días.
A diferencia de las otras noches, sin embargo, Lincoln se despertó decidido. Tomó uno de sus marcadores y se dirigió hacia el nuevo calendario que había armado la noche previa. Había tirado el anterior, reemplazándolo con uno hecho a mano, que iniciaba desde el domingo pasado -cuando la arteria obstruida de su cabeza debía haberlo matado- y se extendía exactamente tres semanas. Los primeros tres días -domingo, lunes y martes- ya estaban tachados, y los casilleros de la tercera semana estaban coloreados en rojo. Sabía que no había forma de decir con exactitud cuándo su corazón fallaría finalmente. Podía ser en cualquier momento, quizás incluso antes de las dos semanas, pero para poder organizar mejor su plan, había designado arbitrariamente el fin de la segunda semana como la fecha límite. Existía la posibilidad de que viviera algunos días más luego de eso, pero no podía confiarse. Había decidido que tendría hasta entonces, y sólo hasta entonces, para cumplir los múltiples objetivos que estaban anotados en una hoja de papel junto al calendario.
Todos los objetivos tenían un pequeño casillero a su izquierda, de los cuales sólo uno estaba marcado con un tilde: Pensar en un nombre más corto para esta operación. El resto de los objetivos, colocados sin ningún orden de preferencia, estaban vacíos, esperando a ser cumplidos en el plazo de diez días. Algunos no parecían ser tan difíciles de cumplir: Ver un atardecer, Probar la nueva hamburguesa de Burpin' Burger, Enseñarle a Clyde los movimientos finales de Super Mega Brawlers Turbo Fighters XXIV o Plantar un árbol. Pero muchos otros, a los ojos de Lincoln, podrían ser tranquilamente reemplazados por "ganar una maratón", y la dificultad no aumentaría demasiado, como por ejemplo: Arreglar las cosas con Lynn, Escribir un último poema junto a Lucy o Besar una vez más a Ronnie Anne. Por debajo de todos, en letras grandes, estaba escrita la frase de la fotografía de Adrien: TUS ACTOS SON TUS MONUMENTOS.
—Primera mañana de la Operación Despedida —dijo Lincoln, mientras tachaba el miércoles, el día anterior, en el calendario—. Estoy a T menos diez días; no hay tiempo que perder.
Tomó su toalla, su esponja, y se dirigió al baño. Pasó por delante de las habitaciones de todas sus hermanas, pero ninguna parecía estar despierta. Sus despertadores normalmente no sonaban hasta las seis y media, cosa que Lincoln por supuesto sabía de antemano. Con cuidado de no hacer demasiado ruido, se dirigió al baño y tomó una agradable ducha de agua caliente.
Casi cincuenta minutos más tarde, varias puertas se abrieron al mismo tiempo, y el sonido de doce pares de pasos inundó la casa. La alarma de la habitación de los padres debió de haber fallado, o quizás por algún motivo tardaron mucho más de lo normal en vestirse y prepararse, pues ellos y sus diez hijas llegaron a la cocina al mismo tiempo.
—Buenos días, niñas —dijo el señor Loud al encontrarse con ellas en las escaleras—. Lo siento, pero van a tener que esperar un segundo a que prepare sus…
Las palabras murieron en la boca del padre, pues al llegar a la cocina se encontró con que no habría necesidad alguna de esperar para desayunar. Un ya duchado y feliz Lincoln se encontraba moviéndose rápida y decididamente en la cocina, acabando los detalles de un gigantesco desayuno para todos los Loud. La mesada de la cocina estaba completamente ocupada por doce platos, cada uno de los cuales contenía dos tostadas, una tira de tocino, tres hotcakes apilados y cubiertos con jarabe de arce, y por supuesto la variedad de huevos preferida por cada miembro de la familia. Todos se quedaron petrificados, observando con la boca abierta cómo Lincoln tomaba la cafetera y servía siete tazas de café para los mayores y los colocaba junto a los cinco vasos de jugo de naranja de sus hermanas menores. Cuando acabó de preparar las bebidas, volteó, y sólo entonces reparó en que toda su familia estaba allí presente.
— ¡Buen día! —Saludó, con una gran sonrisa, mientras se quitaba el delantal que llevaba puesto—. Ya estaba por ir a buscarlos. Apresúrense, antes de que se enfríen.
— ¡Hotcakes! —Gritaron las gemelas al mismo tiempo, en un muy agudo chillido, lanzándose directo hacia sus platos— ¡Gracias, Lincoln!
Segundos más tarde, Lucy y Lisa entraron a la cocina y tomaron sus desayunos. La primera susurró algo acerca de una caricia a su frío corazón, mientras que la segunda le dirigió una mirada significativa. Lincoln le sonrió, y Lisa se dirigió rápidamente a su habitación, seguramente para empezar a trabajar inmediatamente en su laboratorio. La última en acercarse fue Lily, quien gateó hasta chocar contra las piernas de Lincoln, sonriendo y balbuceando.
—Oh, ¿tienes hambre, Lily? —Preguntó Lincoln, alzándola en sus brazos—. No te preocupes, tu hermano mayor te preparó un rico desayuno.
Tomó la silla especial de su hermana menor y la acomodó junto a la mesa, acercándole su plato de comida especialmente revuelta para que pudiera tragarla con facilidad. En cuanto ella comenzó a comer, entusiasmada, Lincoln volteó a ver al resto de su familia, sus hermanas mayores y sus padres.
Todos estaban aún de pie, observándolo casi sin parpadear. Era difícil para Lincoln identificar con claridad qué es lo que estaban pensando, pues sus rostros parecían una obra cubista, mostrando demasiadas emociones al mismo tiempo: sorpresa, agradecimiento, tristeza, un fuerte deseo de abrazarlo, y un equivalente esfuerzo por no llorar. Él también permaneció en silencio, sonriendo tímidamente, esperando que alguien lo felicitara o agradeciera. Eso es lo que había imaginado que sucedería, todos se pondrían muy felices por aquel regalo matutino, el jarabe de arce les levantaría el ánimo a todos, y la Operación Despedida tendría un agradable inicio.
La realidad no era tan agradable como su fantasía.
—Yo, eh… ¿N-No les gusta? —Preguntó, sintiendo un vacío en la boca de su estómago que no tenía nada que ver con el hecho de que no había desayunado aún.
Su tristeza e inseguridad pareció despertar algún instinto en sus padres, quienes salieron inmediatamente de aquel trance.
— ¿Qué? ¡Lincoln, por supuesto que nos gusta! —Dijo su madre, acercándose rápidamente para abrazarlo.
—Es un desayuno maravilloso, hijo —agregó su padre, desde su lugar—. Pero, Lincoln, no tienes que…
—Ya lo sé —dijo Lincoln, interrumpiéndolo—. Sé que no tengo por qué hacerlo. Pero… Pero quería hacerlo.
De nuevo, un largo e incómodo silencio. No era la primera vez que Lincoln decidía preparar un buen desayuno para su familia. Lo hacía siempre que necesitaba que la mañana pasara rápido, o luego de haber hecho algo que pudiera haber molestado a sus hermanas, pretendiendo ganar su misericordia a través de sus estómagos. Sus desayunos siempre eran bien recibidos, y por lo general sus hermanas le daban uno de los característicos abrazos grupales que tanto le gustaban. En esta ocasión, sin embargo, el ambiente era muy distinto. No parecía haber ninguna clase de entusiasmo.
Y entonces Luna habló, y la mañana acabó por arruinarse.
—No quiero ir a la escuela —dijo de repente, con firmeza.
Todos voltearon a verla. Sus ojos estaban fijos en su hermano, y tenía los labios apretados, como si tuviera que esforzarse para que no temblaran.
—Luna, ya lo hablamos —le dijo su madre, tratando de que su voz sonara con autoridad, pero era imposible ocultar la tristeza.
—No me importa. Quiero quedarme con Lincoln.
Nunca un silencio fue tan palpable como en aquella oportunidad. Lincoln podía sentir la tensión en el aire, la presión atmosférica aumentando a su alrededor. Supo de antemano que aquello no podía acabar bien.
—Hija, por favor, todos acordamos que…
— ¡No me importa lo que acordamos! —Interrumpió a su padre— ¡No quiero ir a la escuela!
— ¡Yo tampoco!
Lynn dio un paso hacia delante, con una mirada decidida.
—Miren —comenzó el señor Loud, cerrando los ojos y tratando de mantener la calma—, sé cómo se sienten, pero todos acordamos que hasta que sus hermanas menores sepan, todos tenemos que actuar con normalidad.
— ¡No puedo actuar con normalidad! —Se quejó Luna— ¡Esto no es una situación normal!
— ¡No quiero ir a la escuela! —Repitió Lynn, elevando su voz.
Aparentemente, elevó la voz lo suficiente como para que la oyeran desde la sala de estar.
— ¿Lynn no va a la escuela? —Preguntó Lana, asomando la cabeza por el umbral de la puerta.
— ¡Si ella no va, yo tampoco quiero ir! —Dijo Lola, asomándose por encima de la cabeza de su gemela.
— ¡Todos irán a la escuela! —Dijo Rita.
— ¿No podemos quedarnos por un día? —Suplicó Luna, dejando atrás su rebeldía inicial.
— ¡No! ¡No se discuta más! ¡Todas desayunarán e irán a la escuela! —Estalló el señor Loud.
—Desayunaría con gusto, ¡pero Lana se comió mi último hotcake!
— ¡Eso no es cierto! —Respondió Lana, mirando con desdén a Lola.
Las gemelas discutieron durante unos segundos, y antes de que nadie pudiera intervenir, ambas iniciaron una nueva pelea, rodando por el suelo mientras se golpeaban y jalaban del cabello. Leni y Lori se apresuraron en tratar de separarlas. Aprovechando el caos, Luan tomó su plato, su taza, y se dirigió directamente a su habitación, sin decir ni una palabra a nadie. Mientras tanto, los padres continuaban discutiendo con Luna y Lynn, tratando de hacerlas entrar en razón.
— ¡Pero no quiero ir! —Gritó Lynn, completamente fuera de sí— ¡¿Cómo quieren que me concentre en mis tareas sabiendo que Lincoln va…?!
— ¡Lynn!
La cocina entera calló tras el grito de Lincoln, y todos voltearon a verlo. El rostro de terror del chico acabó de inmediato con todo tipo de violencia, impertinencia, rebeldía e inconformidad existente. Su aterrada mirada alternaba entre ver a Lynn y a las gemelas. Si bien ya había comenzado a planificar cómo decirle a sus hermanas menores lo que le estaba sucediendo, todavía estaba muy lejos de estar listo. Se acercó a Lynn y trató de tomarla de la mano, pero ella retrocedió de un sobresalto, y Lincoln notó que llevaba una muñequera negra de neopreno. Recordó el incidente del día anterior, de ella golpeando con furia a su makiwara, y se sintió incluso peor, si es que cabía esa posibilidad.
—Por favor —le dijo, casi suplicando.
Lynn se veía claramente enfadada. Sus labios eran casi inexistentes, comprimidos en una línea tan fina que parecía estar realizando un esfuerzo sobrehumano para evitar abrir la boca y decir lo que pensaba, y sus fosas nasales parecían estar a punto de comenzar a escupir fuego. Lo miraba con el ceño fruncido, pero sus ojos brillaban, amenazando con comenzar a llorar. Lo miró durante unos segundos que a Lincoln se le hicieron eternos, hasta que finalmente cerró los ojos, respiró hondo, y se dirigió rápida y molesta hacia la mesada. Tomó su plato y se alejó, sin mirar a nadie. Se detuvo en la puerta, junto a las gemelas que la miraban sin entender.
—Gracias —dijo, sin voltear a ver a su hermano, y luego subió las escaleras, cerrando la puerta de su habitación tan fuerte que toda la casa pareció temblar.
Luna entendió que la batalla estaba perdida, así que también tomó su plato, agradeció a Lincoln con un abrazo, y también subió a su habitación.
La tensión en el ambiente se había esfumado junto con la esperanza de que la mañana iniciara bien. Tras un breve sermón de sus padres, las gemelas salieron de la cocina y se dirigieron a la sala de estar para jugar un poco más con Lucy antes de tener que partir a la escuela. A sabiendas de lo molestas que estaban Lynn y Luna, Rita y Lynn Sr. decidieron subir a hablar con ellas para calmarlas un poco. Cuando se fueron, la cocina quedó en silencio, con excepción de los balbuceos de Lily mientras desayunaba tranquila.
Lincoln tomó su propio plato, su vaso de jugo, y se dirigió directo al comedor. Apoyó las cosas allí y se dejó caer sobre su mesa. Comenzó a cortar sus hotcakes, pero los brazos le pesaban tanto que apenas si podía mover el cuchillo, y estaba casi seguro de que no podría levantar el vaso hasta su boca si así lo quisiera. Cerró los ojos y suspiró, llevando el primer bocado de la deliciosa comida a su boca.
Se había enfriado.
Sintió movimiento en la mesa, y al voltear vio que Leni y Lori se habían sentado una a cada lado de él.
—Muchas gracias, Lincoln —le dijo Lori, con una sonrisa.
—Se ve delicioso —agregó Leni, probando un bocado y sonriendo ante el sabor del jarabe de arce.
—Está frío —dijo Lincoln en voz baja.
— ¿Y? Sigue siendo delicioso.
—Sólo quería levantarles el ánimo —confesó, dejando su tenedor a un lado y bajando la mirada al suelo—. No quería que se enojaran o se pusieran tristes.
Sus hermanas no dijeron nada. Continuaron comiendo casi por inercia, como para tener una excusa que disfrazara su falta de palabras. Finalmente, tras sorbo de café exageradamente prolongado, Lori apoyó su taza y tomó la mano derecha de Lincoln.
—No están enojadas contigo —afirmó, tratando de mirarlo a los ojos—. Ni con mamá o papá. Lo sabes, ¿no?
—Luna te abrazó —agregó Leni, con el aire de quien da un argumento definitivo a una discusión.
Con dificultad, él asintió.
—Están tristes por… Bueno, por toda la situación —dijo Lori, en voz baja para que nadie fuera de la mesa pudiera oirlos.
—Sí, lo sé.
De nuevo, un breve silencio.
—Tu desayuno sí me animó —volvió a acotar Leni, sonriendo.
—A mí también —agregó rápidamente Lori.
—Y Lily se ve muy feliz.
Lincoln trató de sonreír, pero el resultado fue una triste mueca.
—Qué bueno saber que esta mañana es sólo ochenta por ciento fracaso.
Intentó hacerlo pasar por una broma, pero eso también sumó al índice de fracaso. El resto del desayuno fue en el más incómodo y completo silencio.
— ¡Detente!
—No.
— ¡Tienes que escucharme!
—No.
— ¡Estás equivocada, entendiste todo mal!
—No me importan las excusas.
— ¡Vamos, sólo escucha lo que tengo que decir!
—No.
Una mano la tomó por la muñeca y la hizo voltear bruscamente. La sorpresa sólo le duró un instante, tras el cual Ronnie Anne se liberó violentamente del agarre. Harta, tiró sus cosas al suelo y dio dos pasos hacia delante, quedando su rostro a tan sólo centímetros del chico que la estaba molestando desde que habían entrado a la escuela cinco horas atrás.
—Mira, quizás no fui lo suficientemente clara las últimas treinta y cinco mil veces que te lo dije este día, así que presta atención, porque voy a repetírtelo: no me importa qué es lo que tengas para decirme, o lo que te pidieron que me digas. No me interesa nada que tenga que ver con él. No quiero ni siquiera escuchar su nombre. Así que déjame en paz, ocúpate de tus propios asuntos, y no vuelvas a acercarte.
Si hubiera sido cualquier otro chico, lo habría tomado por el cuello de su suéter para dejar su mensaje más claro. Pero sólo una mirada llena de odio y un tono de voz amenazante era suficiente para tratar con Clyde McBride. El pobre chico parecía estar a punto de mojarse los pantalones, con todo su cuerpo temblando y su cara claramente asustada. Ronnie Anne mantuvo el frío contacto visual durante unos segundos, y luego volteó con fuerza, golpeando al chico en la cara con su cabello. Tomó su mochila, su patineta, y trató de continuar su camino a su casa.
Sin embargo, luego de alejarse unos cinco metros oyó el ruido de unas pisadas rápidas, y Clyde se colocó delante de ella, con los brazos extendidos, como si creyera que tenía una mínima posibilidad de detenerla.
Ronnie Anne estaba muy cansada. La noche anterior se había dormido llorando, tratando de ocultar sus sollozos para que Bobby no la oyera —no debió preocuparse, él llegó tan cansado de su trabajo nocturno que ni siquiera pasó por su habitación para saludarla—, pensando en lo que había sucedido en el centro comercial. Una parte de ella estaba avergonzada por haber interpretado mal a Lincoln, por haber creído que él la quería como algo más que una amiga, por haber quedado como una tonta cuando le dijo que no estaba preparada para estar en una relación, siendo que no era eso lo que él quería preguntarle. Otra parte estaba completamente furiosa por haber presenciado aquel abrazo con Cristina. Porque cuando la chica llegó, ella no creía realmente que Lincoln pudiera estar saliendo con aquella pelirroja; lo dijo porque era la excusa perfecta para salir de allí, escapar de esa embarazosa situación en la que se había metido. Pero mientras corría hacia una de las salidas, comenzó a pensar en si no habría algo de verdad en aquella idea. Volvió justo a tiempo para ver a la feliz pareja unida en un cálido y profundo abrazo. Y se sintió enfadada. Engañada. ¿Cómo es que Lincoln podía sentir algo por Cristina aún? ¿Después del rechazo público, de haber cambiado clases cuando aquel video se viralizó en la escuela? ¿Cómo podía seguir sintiendo algo por Cristina si la tenia a ella, a Ronnie Anne? ¿Acaso aquel beso en el borde de la fuente no había significado nada?
Y ese pensamiento era el que completaba la última parte de sus sentimientos. Se sentía triste. Muy, muy triste. Estúpidamente, había dado por sentado que ella y Lincoln tenían algo especial. Sus periódicas reuniones, un par de besos, y ella ya se había tragado el cuento del príncipe azul. Debería haber sabido que los cuentos de hada eran sólo eso: cuentos. Se dio cuenta de que inconscientemente, se había imaginado a ella y a Lincoln juntos por siempre, creciendo a la par, riendo juntos, saliendo más seguido a medida que sus padres les dieran más libertad. Ver a Lincoln abrazando a Cristina de esa forma acabó con aquella ilusión, y el dolor en su corazón era inaguantable.
Como si una parte de ella hubiera muerto.
Había sido una tonta en haberse enamorado de esa forma. Porque sí, lo había asumido: ella se había enamorado. Fue difícil para ella entenderlo, porque era su primer amor, y no tenía nada con qué compararlo para poder definirlo como un enamoramiento, pero ahora estaba convencida. ¿Por qué, sino, le dolería tanto todo esto? Se había enamorado y había sufrido. Pues no más. Si su patineta le había enseñado algo es que no dejas de andar cuando te caes y lastimas. Te levantas, te subes de nuevo, aprendes de tus errores y vuelves a la pista. Ella estaba decidida a superarlo, y el primer paso era claro: olvidarse de Lincoln.
El hecho de que él todavía no estuviera yendo a clases era un alivio. No sabía por qué, pues el día anterior se veía en perfectas condiciones, pero no le importaba. Mientras menos tuviera que verlo, mejor. Pero se había olvidado de la otra mitad de Lincoln: Clyde. Desde que la vio entrar a la escuela, el chico había estado tratando de hablar con ella. Tenía que reconocerlo: el chico era fiel a su amigo. Había dedicado cada minuto del día en tratar de hablar con ella. Durante los recreos trató de perderlo entre la gente, mezclándose con la multitud. Durante el almuerzo, fue directo hacia la biblioteca para que no la encontrara. Cerca del final, tuvo que recurrir al siempre confiable baño de chicas, donde él no podía entrar ni esperar en el pasillo, cosa estrictamente prohibida por el director de la escuela. Fue un alivio cuando sonó el timbre indicando el final del día, pero apenas había abandonado el edificio de la escuela cuando el chico se había acercado corriendo.
Ahora lo tenía de pie frente a ella, bloqueando el paso. Nunca se había llevado bien con Clyde, y de hecho aún le guardaba algo de rencor por haber molestado tanto durante la cita que había tenido con Lincoln en Jean Juan's. Todo este tiempo lo había soportado y tratado de mejorar su relación con él porque era el mejor amigo de Lincoln, pero ahora que él estaba fuera de su vida, no había ningún motivo por el que tuviera que pretender que lo quería.
—Clyde, muévete.
— ¡No! —Gritó el chico, manteniéndose firme en su lugar. Su voz sonaba segura, pero todavía se lo veía casi temblando.
— ¿Por qué haces esto? —Preguntó ella, molesta.
— ¡Porque Lincoln es mi amigo, y está sufriendo porque tú no lo dejaste explicar!
— ¿Explicar? —Preguntó entre dientes— ¿Y qué se supone que debía explicarme? ¿Desde hace cuánto que está saliendo con Cristina?
—Estás equivocada. Él no está saliendo con Cristina. Te quiere a ti.
—Los vi, Clyde. Vi cuando…
— ¡LINCOLN — NO — LA —QUIERE ! —Gritó Clyde, dando un paso hacia delante— ¡Entiende! ¡Cristina fue a verlo porque se enteró de…!
Pero no terminó la frase. Ella lo empujó hacia atrás, y Clyde casi se cae. Trastabilló unos tres pasos hasta que pudo recuperar el equilibrio. Se veía asustado, pero aún así se mantuvo frente a ella.
—No vuelvas a gritarme —lo amenazó, apuntándolo con un dedo.
—Te estás comportando como una niña inmadura —dijo él.
Pocas veces había visto a un chico tan asustado, pero increíblemente, Clyde continuaba tratando de detenerla. Incluso parecía estar sacando valor de donde no tenía para poder hablarle de forma tan impertinente y acusadora.
— ¿Yo soy la inmadura? —Dijo entre dientes, preguntándose cómo es que todavía no le había bajado dos dientes de un golpe— Déjame preguntarte algo, Clyde. ¿Por qué un chico besaría a una chica si después no quiere que sea su novia?
Él pareció tomado por sorpresa. Suspiró, y abrió la boca para responder, pero Ronnie Anne había verbalizado por primera vez lo que tanto la afectaba, y ya no podía detenerse.
— ¿Por qué me ilusionaría de esa forma? ¿Por qué jugaría con mis sentimientos?
—Él no… No entiendes. No sabes por lo que está pasando.
—Entonces dímelo. ¿Qué demonios está pasando, eh?
De nuevo, Clyde bajó la mirada.
—No puedo. No me corresponde decírtelo.
Ella se quedó mirándolo en silencio, tratando de intimidarlo para que hablara, pero Clyde parecía estar decidido a evitar su mirada ahora. Tras unos segundos de tenso silencio, Ronnie Anne bufó. Se acomodó su mochila y comenzó a caminar, pero él volvió a ponerse frente a ella.
—Espera, por favor, sólo deja que…
Ella levantó un puño, como si fuera a golpearlo en la cara. Instintivamente, Clyde giró la cabeza y trató de cubrirse con los antebrazos. Aprovechando que el chico estaba asustado y mirando hacia otro lado, ella subió a su patineta y se alejó lo más rápido que pudo, sin darle la posibilidad a Clyde de seguirla o alcanzarla.
Anduvo por las aceras, esquivando peatones y gente paseando a sus perros, tratando de no pensar. Pero no tenía caso, Ronnie Anne no pudo evitar sentirse confundida. ¿De qué estaba hablando Clyde? Decía que Lincoln estaba pasando por algo. ¿A qué se refería con eso? ¿Sería eso lo que Lincoln había tratado de decirle? ¿Lo que ella había malinterpretado como una declaración de amor? Comenzó a sentirse culpable. Quizás había sido algo importante… No, definitivamente era algo importante. Algo que Lincoln había tratado de decirle, algo por lo que la había invitado a una cita. Se sintió culpable, pero pronto recordó a Cristina, y volvió a sentirse enfadada.
Clyde le había asegurado que Lincoln no sentía nada por la pelirroja. Bueno, ¿qué más podría decir? Se trataba de defender a su mejor amigo, trataría de justificarlo de cualquier manera. Lo que ella había visto no daba lugar a malinterpretaciones. Ella era una chica, y tenía una habilidad innata para detectar algunas cosas, y su sexto sentido le decía que el abrazo que Lincoln le había dado a Cristina era un abrazo cariñoso, de contención, de protección. El tipo de abrazos que un hermano le da a su hermana menor, o que un chico le da a la chica que le gusta. Hasta donde ella sabía, Lincoln y Cristina no tenían ese tipo de relación. Desde que el video vergonzoso de Lincoln había salido a la luz, no los había visto interactuar de nuevo. ¿Desde cuando Lincoln se sentía con la confianza como para abrazarla tan efusivamente?
Lo que más le dolía era que Lincoln nunca la había abrazado así a ella.
Pateaba el suelo con furia, acelerando por la acera, hasta que las casas comenzaron a hacerse más familiares, y pronto vio la silueta de su hogar en la distancia. Una casa de una planta, bastante sencilla, con tres habitaciones. Lo que más le gustaba a Ronnie Anne era el patio trasero, donde Bobby le había construido una improvisada rampa de skate. Estaba segura de que esa rampa no aprobaría ningún control de seguridad, pero ella la amaba.
Cuando llegó a la entrada del garaje, bajó de su patineta. Notó que el desastroso auto de Bobby estaba estacionado, por lo que sabía que su hermano ya había vuelto de la secundaria. Siendo jueves, su padre estaría trabajando hasta tarde, como siempre, y Bobby seguramente ya había encontrado un nuevo empleo de medio tiempo, así que se enfrentaba a una nueva tarde sola en su casa. La soledad podía ser muy dura a veces, pero ya estaba acostumbrada. No era como que pudiera quejarse. Su padre hacía todo lo posible para criar él solo a sus hijos, y los irregulares ingresos por parte de Bobby eran fundamentales para mantener un nivel de vida equilibrado. Aún así, extrañaba aquellas tardes cuando podía jugar con su hermano.
Sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta de su casa.
—Bobby, ya llegué —avisó, colgando su mochila en el perchero del recibidor. Le pareció escuchar algunas voces en la cocina, y puso los ojos en blanco. Ronnie Anne odiaba cuando Bobby aparecía a almorzar con Lori. No es que la chica le cayera mal… es sólo que odiaba cómo se comportaban tan cariñosos frente a ella. Además, no tenía muchas ganas de verla. No era culpa de Lori lo que había pasado con Lincoln, claro está, pero aun así…
Sintiendo que sería descortés no pasar a saludar ahora que había anunciado su llegada, dejó su patineta en el suelo y caminó hasta la cocina. Desde el comedor podía ver a Bobby lavándose el rostro con el agua de la canilla. Ronnie Anne levantó una ceja. Parecía estar… ¿llorando?
— ¿Bobby? —Preguntó, entrando en la cocina. Su hermano se levantó y rápidamente comenzó a secarse la cara con la manga de su camisa. La saludó, pero Ronnie Anne no le contestó.
De pie en el otro lado de la cocina, estaba la persona que menos quería ver.
—H-Hola —la saludó Lincoln, con sus manos detrás de la espalda, y la mirada alternando entre ella y el suelo.
Ronnie Anne no respondió. En su lugar, dirigió una acusadora mirada a su hermano.
— ¿Por qué está él aquí? —Preguntó.
Cuando Bobby terminó de secarse el rostro, se acercó a ella y se agachó para estar a su altura.
—Ronnie, Lincoln tiene algo que decirte.
—No quiero escucharlo. Dile que se vaya —dijo, como si Lincoln no estuviera a dos metros de ella.
—Ronnie, él tiene algo que decirte —repitió, colocando una mano sobre el hombro de su hermana; tomó aire, como tratando de aguantar las lágrimas, lo cual confundió a Ronnie Anne—, y necesitas escucharlo.
—Pero…
—Los dejaré solos. Estaré afuera.
Sin darle tiempo para quejarse, Bobby se levantó y abandonó la cocina, saliendo por la puerta de entrada. Ella no dijo nada. Simplemente volteó y se alejó de Lincoln.
—Ronnie Anne, espera —la llamó, saliendo tras ella.
Ella cruzó la sala de estar, se metió por el pasillo, pasó por delante de la puerta del baño, y entró en su habitación, cerrando la puerta detrás de sí. Por suerte, la traba todavía funcionaba, así que la colocó y luego se sentó con la espalda apoyada contra la puerta.
—Por favor —dijo la voz de Lincoln desde el otro lado. Ella no escuchó ningún intento por abrir el picaporte, y en parte estuvo agradecida por ello. No podría abrirla de todas formas, pero apreciaba que respetara la privacidad de su habitación.
—No quiero hablar contigo. No quiero escucharte —dijo, lo suficientemente fuerte como para que él la oyera.
—Mira, sé que estás enfadada. Sólo quiero explicarte qué fue lo que pasó.
—No me interesa. Vete.
Oyó un suspiro, y luego silencio. Le hubiera encantado escuchar unos pasos alejándose, pero en su lugar sintió algo deslizándose por la puerta.
—Necesito contarte esto —dijo Lincoln en voz baja,—, pero no quiero que sea así. Quiero que sea cara a cara. Voy a quedarme aquí, esperando a que quieras hablar. No tengo planes para esta tarde, así que tómate todo el tiempo que necesites.
Ronnie Anne presionó sus rodillas contra su pecho y bajó la mirada. Sabía que Lincoln estaba sentado igual que ella, sólo que del otro lado de la puerta. Tres centímetros y medio de madera separándolos. No quería hablar con él. Estaba segura de que si lo hacía acabaría gritándole, posiblemente golpeándolo, y no quería llegar a eso. Así que decidió hacer lo más sencillo: ignorarlo.
Los primeros cinco minutos fueron los más fáciles, y aún así se le hicieron eternos. Se quedó sentada en silencio, esperando a que él se aburriera y se fuera, en el mejor de los casos, o que se cansara de esperar y comenzara a hablar, en el peor. Pero Lincoln no habló ni se movió. Permaneció sentado contra la puerta, esperándola. Durante diez minutos Ronnie Anne trató de ignorarlo, hasta que la espera se hizo insoportable. Con un rápido movimiento, se puso de pie, quitó la traba y abrió la puerta.
No estando esperando aquello, Lincoln cayó de espaldas en cuanto la puerta se abrió. Quedó recostado en el suelo a los pies de Ronnie Anne, mirándola desde abajo. Aún sabiendo que ella estaba enfadada, sabiendo que no quería hablar con él, Lincoln le sonrió.
—Tienes un minuto antes de que te saque a golpes —se apresuró a decir Ronnie Anne, para enterrar el traicionero deseo de devolverle la sonrisa.
Lincoln se puso de pie rápidamente, sacudió el polvo de su camisa y miró firmemente a la chica que tenía frente a sí.
—Ronnie Anne, sé que estás enojada, pero entendiste las cosas mal.
—Cincuenta segundos.
Lincoln bufó y sacudió la cabeza, ligeramente molesto.
—Bien. Directo al grano: no tengo nada con Cristina. Sí, sabes que antes me gustaba. Pero estoy seguro de que también sabes que ahora no es ella quien me gusta… sino tú.
Le sonrió con ternura, y Ronnie Anne bajó la mirada, ruborizándose. Tomando eso como una buena señal, él dio un paso hacia delante y levantó tentativamente su mano izquierda para acariciarle la mejilla, pero Ronnie Anne lo agarró por la muñeca antes de que pudiera alcanzar a tocarla, y lo miró con una mezcla de enfado y tristeza. Lincoln sintió un vuelco al corazón al ver que era casi la misma mirada que Lynn le había dirigido esa misma mañana en la cocina.
— ¿Te gusto? —Preguntó, aún apretando su muñeca.
—Yo, eh… ¡Sí, sí, me gustas! ¡Es obvio que me gustas! —Se apresuró a decir, sintiendo la presión aumentando.
—Me hiciste quedar como una tonta —dijo ella.
— ¿Por qué?
—Yo… Realmente creí que querías pedirme que fuera tu novia.
—Oh, eso.
Cruzaron las miradas durante unos segundos. La de Ronnie Anne exigía una respuesta rápida, y la de Lincoln pedía desesperadamente una intervención divina que lo iluminara para encontrar las palabras apropiadas.
—Te quedan veinte segundos —comentó ella, casualmente.
—Mira, no es que no quiera que seamos novios…
—Si vas a darme alguna variante del 'no eres tú, soy yo' —lo interrumpió, soltando finalmente su muñeca—, guárdatelo.
— ¡Pero eso es exactamente lo que pasa! ¡Me gustas mucho, eres una chica genial, y desde hace un tiempo que estoy pensando en que quizás debería pedirte que seas mi novia!
El corazón de Ronnie Anne comenzó a latir más rápido.
— ¿Y por qué no lo hiciste, entonces? —Preguntó, confundida.
—Porque… Pues porque tenía miedo, ¿sabes? —Admitió Lincoln— Nunca se lo pedí a nadie. Tenía miedo de que me dijeras que no. Y… Bueno, de hecho, literalmente me dijiste que no, incluso sin que yo te lo preguntara.
— ¡No me entendiste! —Se quejó Ronnie Anne, aunque una parte de ella se sintió culpable de repente— Yo… En realidad yo… Lo que quise decir era… Mira, perdona por eso, ¿está bien? Pero… Si me lo preguntaras ahora… te diría que sí.
Le costó horrores poder decirle eso a Lincoln. Se sintió desnuda, como si toda su fachada de chica ruda se hubiera derrumbado, como si Lincoln estuviera ahora viendo su alma. Se sintió vulnerable, desprotegida y arrinconada. Un frágil castillo de naipes. Lincoln, por su parte, se lo vio impactado por haber oído aquellas palabras. Luego de haberlas procesado —lo cual le llevo un buen tiempo a su cerebro—, su rostro pasó gradualmente de la sorpresa a la tristeza, a la resignación. Bajó la cabeza tanto que Ronnie Anne casi podía ver su nuca, y susurró:
—Ronnie Anne… No puedo.
Las dos palabras soplaron como un viento, derribando el hermoso castillo de naipes.
— ¿Por qué no? —Preguntó, frunciendo el ceño y sintiendo que sus ojos comenzaban a picarle.
—Es que… No puedo —dijo simplemente, derrotado.
Ronnie Anne retrocedió un paso. Mordió su labio inferior, y apretó sus puños, sintiendo una lágrima comenzando a caer por su mejilla.
— ¡Eres un estúpido! —Le gritó, enfadada. Se sentía traicionada nuevamente. Había pasado un día entero odiándolo, sufriendo por haberse sentido rechazada. Luego, durante unos hermosos minutos, sintió que quizás había malinterpretado las cosas, después de todo. Se había vuelto a ilusionar, a recomponerse, sólo para ser pisada, destruida una vez más. Ningún corazón merecía sufrir tanto.
—No, espera —se apresuró a decir Lincoln, notando que sus plegarias no habían sido oídas ni sus palabras acertadas.
— ¡¿Ni siquiera puedes darme un motivo?! —Gritó Ronnie Anne, interrumpiéndolo.
—No es tan sencillo —se defendió Lincoln, mirando hacia otro lado.
— ¡Pues hazlo sencillo!
— ¡ME ESTOY MURIENDO! —Gritó él, finalmente, dirigiéndole una intensa y profunda mirada.
—Oh, ¿tú te estás muriendo? ¿Cómo crees que me siento yo? —Respondió ella, histérica.
— ¡No! —Se quejó él, cubriendo su rostro con su mano en un gesto de exasperación— ¡No! ¡Escúchame, estoy…!
— ¿Es porque te da vergüenza que te vean conmigo? —Preguntó de repente, abriendo los ojos como platos, como si hubiera llegado a una gran revelación.
— ¿Qué? ¡No! —Dijo él, casi ofendido.
—Sí, seguramente es eso —continuó Ronnie Anne, ignorando las quejas de Lincoln—. Siempre te avergüenzas cuando te ven conmigo. ¿Qué es? ¿No soy lo suficientemente linda? ¿O lo suficientemente femenina?
—Ronnie Anne, estás enfadada y dolida, y te entiendo —comenzó Lincoln, hablando calmada y pausadamente, tratando de bajar los decibeles de la discusión—, pero nada de lo que dices tiene sentido. Estás diciendo tonterías, y lo sabes.
—No son tonterías —dijo entre dientes.
—Si tan sólo dejaras de ponerte tan a la defensiva y me dejaras explicarte, entenderías por qué estás actuando como una niña inmadura —dijo finalmente, con rudeza.
Ronnie Anne estaba temblando de ira. Estas habían sido las segundas peores veinticuatro horas de su vida, y demasiadas emociones estaban cruzando por su mente y corazón. Ira, dolor, angustia, tristeza, amor. Un torbellino de emociones profundas que la sacudía por dentro.
Era una chica ruda, que siempre había tratado de ocultar sus emociones detrás de una máscara de relativa violencia y apatía. Durante mucho tiempo, aquella había sido su forma de lidiar con el dolor, su forma de seguir adelante luego de todo lo que le había pasado. Era el único mundo que había conocido en mucho tiempo, y a allí regresó en aquel momento de dolor y confusión.
Lincoln no pudo evitarlo. No llegó a agacharse, dar un paso al costado, ni siquiera a prepararse. La palma abierta de Ronnie Anne impactó en su mejilla y lo hizo retroceder un paso. Lincoln llevó una mano a su rostro, apretando el lugar que estaba comenzando a arderle. Cerró los ojos y dejó escapar un quejido de dolor.
—R-Ronnie Anne —dijo, sintiendo un agudo dolor en su mejilla al hablar.
—Vete —dijo ella, con lágrimas en los ojos.
—Por favor…
— ¡VETE!
Lincoln se alejó corriendo. Lo escuchó acelerando a través de la sala de estar, y finalmente el ruido de la puerta de entrada abriéndose. Ronnie Anne se dirigió a su cama y se acostó boca arriba, apretando la almohada contra su rostro para silenciar su llanto. Sólo quería dormir. Dormir para no pensar, dormir para no tener que enfrentarse a los sentimientos que sentía en su interior. Desaparecer por un rato.
— ¿Qué pasó?
La voz de Bobby, quien al parecer había entrado a su habitación, acabó con cualquier expectativa de desaparecer. Ronnie Anne giró, dándole la espalda mientras aún cubría su rostro con la almohada.
—Ronnie, ¿qué le hiciste? —Preguntó Bobby, sonando preocupado.
Ella no soportó ese tono, ni esa acusación. Dejó la almohada a un lado y volteó a ver a su hermano, sin preocuparse porque la viera llorando.
— ¿Yo? Deberías preguntar qué me hizo él —dijo, mirándolo con reproche.
Bobby se sentó en el borde de la cama, a un brazo de distancia de su hermana menor.
—Ronnie, ¿por qué se fue corriendo?
— ¡Porque lo golpeé, por eso se fue! —Estalló.
— ¿Lo golpeaste? —Dijo Bobby, sorprendido— ¡Ronnie!
— ¡¿Por qué lo defiendes?! —Dijo, tomando la almohada y tirándosela en la cara— ¡Yo soy tu hermana, deberías defenderme a mí!
— ¿No te lo dijo? —Preguntó, casi en un susurro, con sus ojos llenos de tristeza.
— ¿Decirme qué? —Dijo molesta— Lo único que hizo fue decirme que no quiere estar conmigo.
—Ronnie…
Bobby se acercó un poco más a su hermana. Dos veces abrió la boca para hablar, pero las palabras simplemente no salían de su boca. Finalmente, tomó aire y habló antes de que pudiera arrepentirse.
—Él está muriendo.
— ¿Qué se supone que significa eso, de todas formas? —Preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho— ¿Está triste? ¿Se peleó con alguna de sus hermanas? ¿Qué culpa tengo yo de que…?
— ¡Está muriendo! —La interrumpió, cubriendo su rostro con sus manos— ¡Literalmente! ¡Por eso estuvo en el hospital, le descubrieron una enfermedad! ¡Va a morir pronto!
Ella abrió la boca, y volteó a ver a su hermano tan rápido que los huesos de su cuello sonaron. Sintió como si alguien dejara caer una bola de boliche desde un quinto piso sobre ella. Se le hizo un nudo en el estómago, y un escalofrío recorrió su columna. Se quedó mirando a Bobby, tratando de entender.
—No es gracioso — le dijo en voz baja, tratando de mantener una respiración normal.
—Ojalá fuera mentira —dijo Bobby entre sollozos—. Sólo le quedan tres semanas…
Bobby comenzó a llorar silenciosamente, dejando a Ronnie Anne sola con sus pensamientos.
Lincoln, muriendo.
No podía ser. No podía ser verdad. Y sin embargo… Sin embargo las cosas comenzaban a tener sentido. Lincoln no iba a la escuela, Clyde se veía miserable… El tío de Cristina trabajaba en el hospital… "No puedo pedirte que seas mi novia, no ahora". Era como si hubiera estado viendo todo a través de un vidrio traslúcido, captando las formas generales pero sin ver el detalle, la figura completa. Ahora ese vidrio había desaparecido, y no le gustaba lo que veía.
La noticia quedó dando vueltas en la mente de Ronnie Anne. Se rehusaba a creerlo. Quizás fueron diez minutos, quizás quince, pero ella sintió como si se hubiera quedado petrificada junto a su hermano durante horas. Él trató de explicarle lo que Lincoln y Lori le habían dicho, le dijo todo lo que sabía, pero lo único en lo que ella podía pensar era en que debía de haber un error. Llegó a pensar que quizás era un sueño, quizás se había dormido luego de que Lincoln se fuera, y todo esto era una lección que su subconsciente trataba de darle.
Pero el dolor en su pecho era demasiado real como para ser un sueño.
No podía quedarse allí. No después…. No después de haberlo golpeado. Se puso de pie y Bobby trató de detenerla, pero ella se alejó corriendo. Salió de su casa sin siquiera preocuparse en tomar su patineta; se había olvidado que existía. Conocía de memoria el camino hacia la casa de los Loud, y corrió sin pensar en nada. Ignoró a las personas, los autos y el dolor que comenzó a sentir en el costado derecho de su torso después de un rato. Finalmente, vio una casa cuyo techo y jardín estaba lleno de objetos, juguetes, barriletes y demás artículos que sólo una juguetería o una casa con once hijos podría albergar. Sólo se detuvo al llegar a la puerta de entrada. Sabía que no debía tocar el timbre si no quería arriesgarse a sufrir una descarga eléctrica, así que golpeó la puerta con todas sus fuerzas.
Aprovechó los segundos de espera para recuperar el aliento y tratar de que aquel dolor en sus costillas desapareciera. Necesitaba ver a Lincoln. No sabía qué podía llegar a decirle, sólo necesitaba verlo.
Cuando la puerta se abrió, sintió una leve decepción al ver que no se trataba de él, sino de una de sus hermanas. Debería haberlo imaginado, pensó, con tantas hermanas las probabilidades de que una la recibiera eran altas. Le sorprendió ver que la chica la miraba con los ojos en llamas, como si estuviera realmente enfadada por algo.
—H-Hola, em… ¿Luna, no es cierto? —Preguntó, tratando de recordar el nombre de la chica. Era muy difícil cuando todas tenían nombres parecidos.
—Lynn —la corrigió, mirándola todavía con un claro gesto de enfado—. Llegaste justo a tiempo, Ronnie Anne.
No le gustó para nada la forma en la que había pronunciado su nombre, y tampoco entendió a qué se refería con "justo a tiempo", pero no podía detenerse a pensar.
—Lo siento. Escucha, ¿está Lincoln? Tengo que verlo y…
—Tú no verás ni te acercarás a mi hermano —dijo Lynn, saliendo de la casa y cerrando la puerta detrás de ella, quedando de pie justo frente a Ronnie Anne.
— ¡No entiendes, tengo que…! —Comenzó Ronnie Anne.
—Llegó llorando hace diez minutos, con la marca de una palma en su rostro —dijo Lynn, mientras comenzaba a ajustar su muñequera sin romper el contacto visual—. Lo obligamos a que nos contara todo.
Ronnie Anne se sintió increíblemente culpable. Ahora que sabía la verdad, se dio cuenta que había estado equivocada desde el principio, y que se había comportado como una tonta. Todo por los celos, por el enojo, por la tristeza. En definitiva, por la inseguridad.
—Lo siento, yo no sabía…
—Nos dijo todo lo que pasó desde ayer —la interrumpió—. ¿En serio crees que Lincoln podría estar con dos chicas? ¿Que… que te ilusionaría y después se iría con otra?
Ronnie Anne sólo atinó a bajar la mirada. No había forma de defender su comportamiento, del cual se sentía cada vez más avergonzada.
—Creí que conocías Lincoln. Es el chico más atento y amable del mundo. Nunca haría algo así, no es esa clase de chico —decía Lynn, comenzando a parpadear cada vez más rápido—. Mis hermanas todavía están en su habitación, tratando de calmarlo.
—Por favor, sólo déjame entrar y…
— ¡No! —Gritó Lynn, dando un paso hacia delante, colocando su rostro a centímetros del de Ronnie Anne— Vas a dar media vuelta y te irás. Y nunca volverás a tocar a mi hermano, ¿entendiste? Ahora vete.
Ronnie Anne sabía a qué estaba jugando Lynn Loud. Esa expresión, esos gestos corporales, esa actitud. Quería intimidarla. Desafortunadamente, ella no era una chica que pudiera intimidarse con facilidad.
— ¿O qué? —Contestó con frialdad, reduciendo aún más la distancia entre ellas.
—O voy a golpearte tan fuerte en la cara que vas a tener que hacer una visita al baño antes de poder juntar tus dientes.
— ¿Crees que me asustas, enana? —Dijo lentamente, apretando sus puños.
Lynn la empujó con ambas manos, haciéndola retroceder dos pasos antes de que pudiera detenerse, justo en el borde de la escalera de entrada.
—Vete —repitió una vez más.
Ronnie Anne frunció el ceño.
—Quiero verlo. No sabía lo que le había pasado.
— ¡Pues lo hubieras escuchado! —Le gritó Lynn— ¡Ahora vuelve a tu casa, Santiago!
— ¡No!
Y para demostrar que iba en serio, Ronnie Anne se quitó su sudadera morada, quedando con su polera blanca con las palabras Santa Cruz en amarillo. Lynn bufó y volvió a ajustar su muñequera.
—Vamos al césped. Es peligroso aquí con la escalera —dijo, mientras se arremangaba.
Dos minutos más tarde, Lynn y Ronnie Anne estaban rodando por el suelo, tratando de quitarse de encima a la otra, y aprovechando cualquier oportunidad para encajar un buen golpe. Tras un buen derechazo de Ronnie Anne, Lynn acabó de espaldas en el suelo. Ronnie Anne se puso de pie y literalmente saltó sobre Lynn, pero ella logró colocar sus pies en el abdomen de Ronnie Anne y la empujó, haciéndola pasar de largo. Para cuando Ronnie Anne logró ponerse de pie, Lynn ya estaba acercándose. Buscando un ataque sorpresa, corrió directo hacia ella y la tackleó, cayendo las dos nuevamente al suelo, enredándose en una lucha de tomas y agarres.
Mientras la puerta de entrada se abría y poco más de media docena de voces comenzaban a gritarles que se detuvieran, Ronnie Anne llegó a la conclusión de que estaba en desventaja. Podrían ser casi de la misma altura, pero Lynn era dos años mayor y se notaba. Era mucho más fuerte, parecía conocer técnicas y bloqueos sumamente avanzados, y los golpes no parecían dolerle tanto como a ella. Pero también había otra cosa. Aún en la adrenalina de la pelea, pudo ver que Lynn estaba llorando. Las lágrimas caían a cuentagotas, una a la vez, pero no había dudas de que se encontraba llorando. También notó que, si bien la pelea que estaban teniendo era muy real, Lynn estaba cometiendo algunos descuidos que no parecían corresponder a alguien evidentemente tan bien preparada. Bajar la guardia en momentos donde no debería, no aprovechando algunos de los huecos que Ronnie Anne accidentalmente dejaba… Era como si su mente no estuviera del todo en la pelea.
Y Ronnie Anne la entendió. Comprendió lo que Lynn estaba haciendo, porque era lo mismo que ella hacía: ambas estaban descargándose. La pelea era una excusa para dejar salir su frustración. Cada golpe dado era una carga menos, y cada golpe recibido era un analgésico para su alma; era más sencillo resistir el dolor de un golpe que el dolor de la culpa.
Las hermanas de Lincoln continuaban gritándoles que se detuvieran, pero nadie se atrevía a acercarse a separarlas. Las dos estaban de pie ahora, manteniendo una prudente distancia de un metro entre ellas. Parecían estar midiéndose, esperando a que la otra hiciera algo. Necesitando un nuevo desahogo, Ronnie Anne dio un paso hacia delante y tiró un nuevo golpe. Lynn lo esquivó y trató de contraatacar, pero Ronnie Anne ya estaba preparada, bloqueó con su brazo y atacó una vez más. Golpeó a Lynn en la boca del estómago. La castaña logró empujarla lo suficiente como para poder recuperarse del golpe. Cuando levantó la vista nuevamente, se la veía incluso más molesta que antes.
Se acercó caminando hacia Ronnie Anne, con la guardia alta. Ronnie Anne trató de golpearla, pero Lynn logró tomarla por la muñeca. Esquivó el puño izquierdo dirigido a su cara, y golpeó a Ronnie Anne directo en las costillas. Ella dejó escapar un quejido de dolor, y antes de que pudiera reaccionar, Lynn la había golpeado dos veces más en el estómago, y terminó con un potente derechazo a su mandíbula.
Todas las chicas dejaron escapar un "uuuh" al oír el ruido del golpe, pero Ronnie Anne no supo cómo reaccionaron más que eso. Cayó de espaldas al suelo, tratando de que sus pulmones volvieran a recibir aire mientras se le acomodaban las ideas luego del golpe a su cabeza. Lo único que pudo escuchar es a alguien gritando su nombre, cada vez más fuerte. O quizás cada vez más cerca. Abrió los ojos cuando sintió que Lynn se arrodillaba a su lado y la tomaba por el cuello de su polera. La levantó algunos centímetros del suelo, y tenía su puño derecho preparado para golpearla nuevamente.
Ronnie Anne cerró los ojos y se preparó para el golpe, pero de repente escuchó una conmoción, y Lynn ya no la estaba sosteniendo. Volvió a abrir los ojos, y vio que Lincoln estaba abrazando a su hermana desde atrás, rodeando su cadera con sus brazos, tratando de sostenerla.
— ¡Suéltame! —Decía Lynn, tratando de quitarse las manos de Lincoln de encima, pero evidentemente temiendo golpearlo accidentalmente, ya que no se movía con demasiada decisión.
— ¡Lynn, por favor, no la golpees!
— ¡Ella te golpeó primero!
— ¡Por favor!
— ¡Lincoln, suéltame!
— ¡Hazlo por mí!
Aquellas tres palabras parecieron anestesiar a su hermana. Ronnie Anne observó cómo ella bajaba los brazos y relajaba sus músculos. Mirando a Lincoln por sobre su hombro, Lynn dejó de luchar por liberarse, relajando su cuerpo. Sintiendo aquello, el agarre de Lincoln fue tentativamente disminuyendo, hasta que finalmente pudo soltarla.
—Gracias —le dijo a su hermana, acariciándole suavemente el brazo.
—Ella no te merece —dijo simplemente, dirigiéndole una última mirada de odio a Ronnie Anne.
Acto seguido, se puso de pie y se alejó.
Lincoln se agachó junto a Ronnie Anne y la ayudó a sentarse. Aún dolorida por los golpes, dejó que él la levantara. Apoyándose ligeramente sobre él para poder caminar, dejó que la llevara dentro de la casa, subiendo las escaleras, y hasta su habitación. La recostó en su cama y le pidió que lo espere un minuto. Ella simplemente asintió, todavía en una especie de trance por el golpe que había recibido en la mandíbula.
Cuando Lincoln se fue y cerró la puerta tras de sí, Ronnie Anne comenzó a entender mejor dónde estaba. Nunca había estado en la habitación de Lincoln. Era tan pequeña como él la describía. Una cama, un escritorio/armario, varios juguetes y algunos pósters en las paredes. Vio el logo de Ace Savvy, uno de SMOOCH, uno de una película que ella no conocía…
Ignorando el dolor que sentía en su estómago, se puso de pie de un salto. Contra una de las paredes, había un calendario gigante hecho a mano, junto con fotos de las hermanas de Lincoln y algunas hojas de papel escritas. En la parte superior de una de las hojas, estaba escrito "Operación Despedida" en letras rojas.
Comenzó a leer las cosas que estaban allí escritas, buscando desesperadamente algo que le dijera que era mentira. Pedirle a mi mamá que me ayude a escribir un libro, Ayudar a Luna a escribir una canción feliz, Decirle la verdad a papá acerca de quién rompió su bola de disco (yo). Cada cosa que leía sólo contribuía a hacerla sentir aún peor. Era una lista de deseos que cumplir antes de morir. Empezó a sentirse mareada. Siguió leyendo, sintiéndose cada vez peor. Salvo por probar un nuevo sabor de hamburguesa, no parecía haber nada para él en aquella lista. ¿Por qué no pedir ir a Disney? ¿Por qué no pedir un viaje? ¿O nueva ropa? Todo parecía estar pensado para otra persona. Para sus hermanas, principalmente, pero también para sus padres, incluso para Clyde. Incluso…
Estiró su mano para tocar el papel. Con dedos temblorosos, recorrió el renglón sobre el cuál estaba escrito "Besar una vez más a Ronnie Anne".
La puerta se abrió y Lincoln entró a su habitación, trayendo consigo una pequeña bolsa con hielo. Se detuvo al ver a su amiga llorando frente al calendario y a su lista de objetivos. Cuando cerró la puerta, Ronnie Anne volteó. Se miraron durante algunos segundos, y ella vio que Lincoln todavía tenía una mejilla colorada. Sus sollozos se hicieron más fuertes.
—Ronnie Anne…
Lincoln se acercó a ella y le ofreció la bolsa de hielo. Con manos temblorosas, ella la tomó, pero en lugar de llevarla a su mandíbula, la tiró al suelo. El dolor que sentía era uno que no podía curarse con hielo. Rodeó el cuello de Lincoln con sus brazos y lo abrazó con fuerza. Él le devolvió el gesto, y con cuidado la llevó a su cama, para que pudieran sentarse. Ronnie Anne inundó los hombros de Lincoln de lágrimas mientras repetía una y otra vez que lo sentía, pero a él no le importó. Acariciaba su espalda con cuidado, asegurándole que todo estaba bien.
Asegurándole que él estaba allí para ella.
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Quiero comentar algunas cosas:
En primer lugar, estoy muy decepcionado con que haya habido tanta gente (en las dos versiones de la historia) que creyeran que el capítulo anterior iba a ser el final del arco argumental de Ronnie Anne/Lincoln/Cristina. O sea, ni siquiera este capítulo es el final de eso. Creo que a estas alturas, diez capítulos y 70.000 palabras, les he demostrado que si hay algo que la historia tiene es planificación. Hay historias mucho mejor escritas, mucho más interesantes, mucho mejores. Pero si puedo sacar el pecho por algo es por el hecho de que la trama de esta historia está muy bien pensada y que sé qué es lo que quiero hacer con cada personaje. Jamás introduciría cosas como un triángulo amoroso o una pelea y las dejaría sólo en eso, de forma tan… tonta, jajaja. O sea, sólo les pido que me tengan un poco más de fe para la próxima D:
En segundo lugar, gracias a los que hicieron la página de TV Tropes de mi historia. No sé si es un logro importante o algo por lo que debería sentirme orgulloso, pero es divertido leer los tropes que he usado en la historia. Lo único, creo que han hecho un análisis sobre Lynn que, si bien es muy interesante y tiene sentido, no es realmente el que sucede en la historia. Para que lo tengan en cuenta. Ah, y no sé si hay un trope sobre esto (debe haber), pero estoy decepcionado de que no haya una compilación de las referencias musicales que Luna usó hasta ahora. O sea, son varias :B Igual, si quieren esperen tres caps más para hacerla, así pueden hacer una súper completa.
En tercer lugar, y relacionado con el anterior, quiero agradecerles a todos ustedes por el impacto que la historia sigue teniendo en las redes sociales y en Fanfiction. Este fic es el más largo, el que tiene más reviews, mejor promedio review/por capítulo, más favoritos y más seguidores de los fanfics publicados en español en esta página. Ha alcanzado más de 15.000 visitas (la versión en inglés superó las 60.000) y en general tiene buena recepción, así que mil gracias a todos ustedes. Los amo.
Finalmente, a partir de ahora empieza una etapa de capítulos donde Lincoln tendrá muchos momentos personales con distintos personajes, en especial con sus hermanas. Así que si les encanta Luan, el próximo capítulo será para ustedes. Si no les interesa Luan, el próximo capítulo los hará interesarse. Y si odian a Luan como yo, les aseguro que el próximo capítulo hará que aprendan a amarla tanto como yo he aprendido a amarla en mi headcanon.
UnderratedHero fuera.
