¡Hola a todos! Espero que hayan pasado unas hermosas fiestas y que su 2017 haya empezado con todo.

Hace unos días se cumplieron cinco meses de Réquiem. ¡Cinco meses! Vaya. Si descontamos Noviembre, que fue mi hiatus por la universidad, en cuatro meses escribí 13 capítulos. 3 Capítulos al mes. Ya superé las 100K palabras escritas (una novela actual promedio tiene 90K...), y aún quedan muchas más por escribir. Si sigo a este ritmo, es probable que acabe cerca de las 170K-180K palabras, lo que sería básicamente algo extremadamente exagerado para un fanfic, jajajaja. Pero bueno... Me hace bien escribir esto. Así que no me quejo.

Veinticinco mil visitas, casi cien seguidores, casi doscientos cincuenta reviews. Todo en la versión en español, claro está. Creo que esto y los fanarts (ya me han enviado siete, los amo a todos) son lo que me hacen sentir que estoy haciendo algo bien. Sé que mucha gente me odia porque dicen que mi historia está sobrevalorada y que no es tan buena como todo el mundo la pinta. Yo los entiendo, pero me gustaría que también entendieran que yo no sobrevaloro mi historia, ni la vendo como una obra maestra ni nada por el estilo. Yo sólo escribo. La reputación y el mito que se arma alrededor de esta historia no es culpa mía. Yo soy muy crítico, y siempre reconozco mis errores y todo lo que está mal en Réquiem. Así que antes de llenar mi bandeja de odio con mensajes atacándome, piensen en que yo sólo soy un tipo que se dedica a escribir. Y también sepan que me la suda lo que opinan de mí, en definitiva :v Así que no gasten su tiempo y mándenle sus mensajes de odio a alguien que le importen.

Dicho esto, quiero dedicar esto a Alejindio y a eagc7 (búsquenlos en deviantart) que han hecho fanarts preciosos de mis historias, y estoy fascinado con ellos.

¡Oh, y hablando de tributos a mis historias! No sé si lo han leído, pero hay una historia (en inglés) que se llama "Remembering Lincoln", que es la interpretación del autor del final de esta historia, donde Lincoln finalmente muere y detalla las reacciones de sus hermanas, y demás. Si bien es una interesante lectura (y sí, la recomiendo si les interesa), quiero aclarar que no está escrito por mí y que eso solamente es (como dije) una interpretación del autor acerca de cómo podría terminar Réquiem. No es canon. Ustedes pueden hacer lo mismo si quieren, no hay problema, pero no es oficial, jajajaja. Yo ya tengo definido el final y voy a seguir con él, por más que muchos opten porque Lincoln muera y otros tantos prefieran que Lincoln viva. La decisión está tomada, y tendrán que esperar para leerla.

¡Y basta de chácharas! Vamos con las menciones:

pirata, AstralWhip, james anderson, Phantom1812, Sir Crocodile222, acosta perez jose ramiro, cesar k-non, sombra02, Julex93, Fipe2, Chiara Polairix Edelstein, nahuelvera2, Richy Escorpy, CartiaFeliz, supertotitoti, DESTACADO117, Lucy, Junior VB, AlejinX, Espartano, J. Nagera, mmunocan, jva98, Santosjoker, RomanReig...ES DECIR ImTheJuggernautBITCH, metaltony, KinHiroki, Luis Carlos, xXnobu16Xx, plusboom, KRT215 y GamesLOL.

Contestando un par de preguntas que me hicieron: soy argentino, escribo primero en español y luego lo traduzco (aunque a veces hay frases que se me ocurren primero en inglés, así que esas las tengo que traducir al español) y el final ya está decidido, pero nadie más que yo lo conoce, y si alguien les dice que ya sabe cómo va a terminar les está mintiendo. Soy muy celoso con el final de este fic, jajajaja.


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Capítulo 13: Unplugged

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Eran alrededor de las cinco de la tarde cuando Lynn y Lincoln volvían caminando hacia la casa. Habían pasado todo el día juntos, sin nadie más que los molestara. Ella había llamado a su madre para avisarle que volvería tarde con Lincoln y que luego se pondría a su disposición, aceptando cualquier castigo que le dieran. Su madre no estaba para nada contenta al principio, pero no necesitó demasiado incentivo para permitirles pasar una tarde juntos. Almorzaron, Lincoln la llevó a jugar videojuegos al Arcade, y finalmente fueron a otro parque, donde se sentaron en un sube y baja y hablaron durante horas. Lincoln no podía estar más feliz, pues Lynn le estaba regalando lo más preciado, algo por lo que en el pasado él no se había preocupado mucho, pero que ahora entendía que era el mejor obsequio que uno puede darle a alguien.

Tiempo. Tiempo compartido. La posibilidad de hablar, de ser escuchado, de escuchar. De entender y de conocer mejor a su hermana. Se sorprendió muchísimo cuando ella comenzó a hablar y a contarle sus secretos. Todas querían a Lincoln, pero él no dejaba de ser un chico y de tener sólo once años, por lo que había muchas cosas que no podían contarle. Pero esta vez, cuando él le pidió a Lynn que le hablara de ella, la chica no se guardó nada.

Se sorprendió al enterarse que había una Lynn que él no conocía. Una Lynn a la que le gustaría saber cocinar mejor pero que nunca encontraba tiempo para practicar, una Lynn que había intentado pintarse las uñas la semana pasada pero que no sabía cómo hacerlo y no se animaba a preguntarle a sus hermanas, una Lynn que le confesó que le gustaba un chico de su clase de tenis, pero que no se animaba a hablarle porque no se consideraba tan bonita ni tan "desarrollada" —palabras textuales que fueron acompañadas por un movimiento de manos delante de su pecho— como el resto de sus hermanas. Lincoln siempre se había jactado de conocer a sus diez hermanas, pero aquella charla con Lynn le abrió la mente, le hizo descubrir que él las conocía mejor que nadie, sí, pero aún así había capas de ellas que ignoraba.

—Yo sé cocinar —dijo Lincoln, pateando el suelo para elevarse después del gran monólogo de Lynn. Mientras él subía y ella bajaba, sus miradas se cruzaron.

Él le prometió enseñarle a preparar sus muffins de fresa. Y le dijo que también sabía cómo pintar uñas, que estaría más que dispuesto a explicarle cómo hacerlo. Y mientras volvía a subir, le dijo que no se preocupara por "ese asunto" —palabras textuales mientras miraba a otro lado y señalaba con su dedo aquella zona general—, que ella era preciosa y que sólo un idiota no querría estar con ella.

Esperó pacientemente cinco minutos suspendido en el aire hasta que Lynn se recuperó y volvió a patear su lado del sube y baja.

Lincoln sabía que estas cosas que estaba prometiéndole a Lynn no estaban en su ya de por sí larga lista de objetivos, pero estaba convencido de que encontraría la manera de arreglar su calendario para que entraran. Esto era precisamente lo que él necesitaba, lo que él quería, poder pasar tiempo con sus hermanas. Si además podía hacer cosas como enseñarle a cocinar a Lynn, algo que la cambiaría y que sería parte de su legado, pues mucho mejor.

Cuando Lynn dejó de sonreír por las palabras de su hermano, ella también comenzó a hacerle preguntas. Principalmente, le preguntó qué pensaba hacer estos días. No necesitó decir que serían los últimos; sólo preguntó "estos días". No necesitó insistir demasiado para que Lincoln le revelara detalles de la Operación Despedida. Tuvieron que dejar el sube y baja, pues las piernas de Lynn de repente perdieron fuerza, y ya no podía empujarse hacia arriba. Se sentaron en una banca, y Lincoln trató de explicarle un poco acerca de lo que tenía planeado. No le dijo la motivación detrás de todo, simplemente le dijo que tenía una lista de cosas que quería hacer, y que muchas de ellas estaban relacionadas con sus hermanas. Lynn no hizo ningún comentario. Parecía querer decir algo, pero no lo hizo. Solo asintió y tomó la mano de Lincoln.

Un rato más tarde, tras una nueva visita al centro comercial para que Lincoln comprara unas pocas cosas, los dos volvían caminando por la Franklin Avenue, acercándose cada vez más al número 1216. Sin importarle que todo el vecindario pudiera verlos, Lynn caminaba tomada de la mano de Lincoln, y apoyando su cabeza sobre el hombro de su hermano. Caminaban en silencio, los dos perdidos en el momento y en sus pensamientos, hasta que Lynn se detuvo en su lugar. Lincoln dejó de caminar instantes después y volteó a ver a su hermana. Ella estaba mirando intensamente un árbol, y él supo de inmediato qué pasaba por su cabeza.

Detrás de aquel árbol, él y ella se habían cambiado una y otra vez durante toda una temporada para que Lynn pudiera reemplazarlo en el equipo de fútbol. No era mucho, pero aquellos minutos intercambiando el uniforme habían sido de ellos, momentos muy personales donde habían hablado, reído, y que seguramente recordarían por el resto de sus vidas. En el caso de Lincoln no era decir mucho, pero aún así…

La dejó quedarse allí durante algunos minutos, sola con sus pensamientos, hasta que finalmente le habló.

—Deberíamos seguir —dijo, apretando suavemente la mano de Lynn.

Ella suspiró y asintió ligeramente. Los dos volvieron a caminar, y fue entonces, cuando el tejado de su casa se hizo visible, que Lincoln recordó algo que tenía que decirle.

—Lynn, la pasé genial esta tarde.

Ella asintió lentamente, pero no mostró mucho entusiasmo. Seguramente estaba entendiendo hacia dónde iba él con aquellas palabras.

—Me encanta estar contigo, y todavía nos quedan un montón de cosas por hacer —le aseguró—. Pero… Cuando entremos a casa… Lucy, Lana y Lola todavía no lo saben. Tenemos que actuar normal. No podemos entrar así.

Y mientras decía esto último, señaló a donde se estaban tomando de la mano. Lynn suspiró y separó sus dedos de los de Lincoln. Estaban a punto de seguir caminando, pero ella no logró resistir la tentación y lo abrazó con todo el cariño y delicadeza que le fue posible, dándole un gran beso en la mejilla. Él sonrió y la abrazó también.

—No te preocupes, no diré nada. Pero, ¿puedo dormir contigo? ¿Al menos por esta noche? —Le preguntó, sin separarse de él.

—No lo sé, Lynn… Las chicas empezarían a sospechar.

— ¡No lo harán! —Se apresuró a decirle— Yo me encargo de eso. Por favor, en verdad lo necesito.

Lincoln no necesitó pensarlo demasiado. Sabía que Lynn quería pasar tiempo con él, y él también quería pasar tiempo con ella. Además, recordaba cómo había dormido la noche anterior junto a Luan. Se había sentido tranquilo, protegido, seguro. Deseaba poder volver a dormir así de tranquilo, así de seguro. El único inconveniente era que en su habitación se encontraba su gran calendario y su lista de objetivos. Le había contado de ello a Lynn, sí, pero tampoco quería que ella lo viera todo. Aunque… Tampoco tenía nada que esconder.

—De acuerdo —dijo finalmente, y Lynn sonrió como si acabara de ganar un campeonato—. ¡Pero nada de hornos daneses!


La música inundaba el garaje. Los vidrios y las paredes vibraban al ritmo de la base de batería y bajo que sonaba a través de los amplificadores. Eran unas bases que ella había grabado muchísimo tiempo atrás, para tener siempre algo sobre lo que improvisar cuando no había ningún músico cercano para ayudarla. En aquellos momentos sonaba una movida base de funk sobre la cual ella improvisaba con su guitarra eléctrica. Lo cierto es que no solía tocar funk. Le gustaba sí, era una interesante fusión de ritmos, y era muy divertido improvisar allí, pero no era el ritmo que más le gustaba.

Su verdadera pasión era el rock. Amaba el rock, especialmente el hard rock. Pero las últimas tres veces que había tratado de tocar una canción de ese género, había acabado tocando "Hole in my soul" de Aero is Myth, "November Rain" de Rhymes 'n' Proses y "So far away" de Avengers Eightfold. Canciones que durante toda su vida había amado, que conocía desde la primera nota hasta el último silencio. Ahora, sin embargo, las escuchaba de otra forma. Ya no eran simples canciones de amores amargos y pérdidas, eran mucho más. Ahora eran canciones con las que se podía identificar, y eso no era lo que ella quería. Ella quería desaparecer, que la música la llevara a algún mundo lejano, a una dimensión paralela, un nirvana donde nada le llegara, donde ninguno de sus problemas podría seguirla. ¿No era para eso la música? ¿No era para eso el arte, para distraer la mente del aburrido y triste mundo real y poder abstraerse a un mundo nuevo, sin límites, donde podría sentirse segura? Ella trataba de alejarse, de escapar de la realidad.

Pero por más que trataba de disimular lo que le sucedía, de ignorar todo lo que estaba pasándole, no podía hacerlo del todo. Era como una cuerda desafinada tan sólo un semitono. El acorde se entendía igual, mucha gente podría pasarlo por alto, pero había una pequeña vibración que no encajaba, y que un oído entrenado podría detectar. Lamentablemente para Luna, su oído estaba perfectamente entrenado. Tenía un oído casi robótico. Podría estar sentada en la décimo novena fila de un auditorio al aire libre, escuchando una orquesta sinfónica de cuarenta y seis instrumentos, y aún así darse cuenta que el tercer violín tenía la segunda cuerda desafinada. Así de perfecto era su oído. Y por ello le era imposible ignorar que había algo mal con ella, con su forma de tocar.

Estaba tocando acordes menores.

Detuvo su último lick antes de terminarlo y se fijó en la posición de sus dedos. Debería estar tocando un acorde de Do. Estaba improvisando, así que no era una obligación, pero la base del bajo marcaba que la melodía debía ir en Do. ¿Por qué, entonces, su mano se encontraba tocando un Do menor? Su memoria corporal estaba tan bien entrenada que no necesitaba ni siquiera pensar en los acordes para tocarlos. Su mano izquierda reaccionaba instintivamente y se acomodaba en el acorde que debía ser. Y su subconsciente estaba llevándola a tocar acordes menores, en lugar de acordes mayores. No hacía falta mucha teoría —que ella tenía y de sobra— para saber que era porque los acordes menores daban una sensación mucho más triste a las canciones.

Luna suspiró y se acercó a su computadora. Apagó la base de funk y el garaje se quedó en silencio. Se sentó en un banquillo y comenzó a pensar en la inmensa cantidad de errores que estaba cometiendo últimamente a la hora de tocar. Su mente estaba trabajando de nuevo, y en seguida encontró la manera de hacerla sentir mal. Pensó en los acordes mayores, lo que la hizo pensar en canciones alegres, lo que la llevó a recordar buenos momentos que había pasado tocando la guitarra, y lo primero que se le vino a la mente fue estar dando un show privado en su habitación con Lincoln como único asistente, aplaudiendo y alentándola.

El corazón se le desgarró una vez más, y rápidamente preparó su guitarra para comenzar a tocar. Llevaba casi una semana tocando sin parar. Mientras tocaba, su mente estaba ocupada pensando en escalas, armonías, melodías e intrincados solos, riffs y licks. Le salían naturalmente, pero aún así requería cierto grado de compromiso mental, de concentración. Y mientras estaba concentrada en la música, evitaba pensar en Lincoln. Por eso apenas si salía del garaje o de su habitación, los únicos lugares donde podía tocar sin que nadie la molestara. Cada minuto que pasaba sin tocar era un minuto donde se ponía a pensar, y cada vez que pensaba se imaginaba a su hermano, y recordaba que pronto ya no estaría más leyendo cómics en su habitación, sino que estaría golpeando las puertas del cielo.

Apretó tan fuerte las cuerdas en el mástil de la guitarra que tranquilamente podría haberlo roto. Respiró hondo y trató de tocar cualquier cosa, lo primero que se le viniera a la mente. Observó el suelo sucio del garaje, y la música salió automáticamente, con su voz acompañando el suave punteo.

I look at the floor, and I see it needs sweeping. Still my guitar gently weeps (Miro al suelo y veo que necesita ser barrido, y mi guitarra sigue llorando gentilmente).

Bueno, ni siquiera había durado dos versos sin arruinarse el ánimo. Con manos temblorosas comenzó a guardar todos sus instrumentos y a desconectar los amplificadores. Eran más de las cinco de la tarde, un buen momento para merendar y empezar a prepararse para la noche. Aún necesitaba confirmación, pero Chunk le había dicho que estaba todo casi asegurado. Y aunque no le confirmaran nada, ella no iba a quedarse un viernes a la noche en su casa. No, ella necesitaba descargarse, y conocía el lugar perfecto a donde ir.

Entró a la cocina y espió el interior de la heladera cuando la puerta de entrada se abrió.

— ¡Lynn! —Gritó Lola.

En seguida, ella y Lana se acercaron a la recién llegada, bombardeándola con preguntas. Luna cerró la heladera y se dirigió a la sala de estar. Lynn estaba con la espalda contra la puerta, tratando de sacarse a las gemelas de encima. El director y los profesores habían tratado de mantener en secreto que Lynn había golpeado salvajemente a uno de sus compañeros y luego se había escapado del edificio, por lo que, naturalmente, toda la secundaria se enteró de lo ocurrido.

Lynn levantó la vista de las gemelas un segundo y se encontró con la mirada de Luna. Al igual que toda la familia, estaba sumamente preocupada por lo sucedido, pero ella no era su madre, ni tampoco era Lori, así que no pretendía regañarla. Sólo le hizo un gesto, como preguntando si todo estaba bien. Lynn dejó caer un poco sus párpados y asintió tan ligeramente que las gemelas no lo notaron. Eso era todo lo que le importaba a Luna, que estuviera bien.

Y luego volteó la cabeza y vio a Lincoln.

—Hey, hermano.

Él estaba mirando a Lynn desde la escalera. Luna estaba acostumbrándose a verlo cansado y frágil, pero no por ello le era más fácil o menos doloroso verlo así. Él de todas formas le sonrió y la saludó con una mano mientras sostenía varias bolsas del centro comercial con la otra.

—Hola Luna —le dijo.

Ella se acercó y se detuvo junto a él.

— ¿Cómo estás? —Le preguntó.

—Muy bien —respondió Lincoln—, con un poco de sueño, pero bien.

—Oh, ya veo —dijo ella; había estado a punto de preguntarle si no quería acompañarla al garaje a cantar juntos—. Así que... ¿estuviste con Lynn?

Preguntó aquello último casi en un susurro. Últimamente, muchas cosas en la casa Loud debían decirse o hacerse en silencio, sobre todo en presencia de las hermanas menores. La sonrisa de Lincoln vaciló un poco, y su mirada se perdió en Lynn.

—Sí. Ella me necesitaba hoy —dijo simplemente.

Los dedos de Luna comenzaron a tamborilear sobre su pierna, mientras una vieja canción de pop comenzaba a sonar casualmente en su mente.

And I need you now, tonight (Y te necesito ahora, esta noche)
And I need you more than ever (Y te necesito más que nunca)
And if you only hold me tight (Y si sólo me abrazaras fuerte)
We'll be holding on, forever (Nos abrazaríamos para siempre)

Sacudió la cabeza, como tratando de dejar de pensar en aquella música.

— ¿Qué tienes ahí, hermano? —Preguntó de repente, señalando las bolsas que él cargaba— ¿Fuiste de compras?

—Oh, ¿esto? —Dijo él algo nervioso, levantando las bolsas un segundo y luego ocultándolas detrás de su espalda— No es nada... Sólo son unas cosas que necesitaba.

—Oh.

—Sí...

—Ya veo.

—Ajá.

Hablaba con Lincoln casi todos los días. Al menos una vez por día, ella se acercaba a su habitación para preguntarle cómo se encontraba. Hasta la última semana, ellos dos siempre habían sido muy cercanos, compartían mucho tiempo juntos y la pasaban genial, pero ahora era como si se hubieran quedado sin palabras, como si ya no pudieran improvisar una conversación. El problema, según Luna, era que los dos sabían que detrás de sus palabras se ocultaba una conversación que ninguno de los dos quería tener. Un asunto que ninguno quería tocar, uno que debían mantener en secreto, pero que al menos en el caso de Luna, cada vez le era más difícil ocultar.

—Bueno, creo que iré a mi habitación —dijo ella finalmente, sintiendo que no podría sacarle muchas más palabras a su hermano. Con una última sonrisa (o un intento de sonreír), se despidió de Lincoln y comenzó a subir por las escaleras.

—Espera —la detuvo, tomándola por la mano cuando pasó junto a él.

Luna volteó a ver a su hermano, que parecía estar decidiendo qué decirle. Se quedó en silencio unos segundos, claramente buscando las palabras adecuadas. Finalmente suspiró y la miró a los ojos.

—Sólo... Sabes que te quiero, ¿no? —Preguntó, aunque con un tono algo extraño y resignado, como si supiera que había hecho una pregunta tonta.

Luna sintió una calidez en su interior, como varias notas entrando en armonía y creando un hermoso acorde. Con una gran sonrisa, acarició el cabello de su hermano y le dio un suave beso en la frente.

—Yo también te quiero, Lincoln. You're my wonderwall —le dijo, antes de seguir camino a su habitación.

A medida que los pasos la llevaron hacia su habitación y lejos de Lincoln, su sonrisa fue deshaciéndose lentamente. Para cuando abrió su puerta y la cerró tras de sí, estaba mordiéndose el labio inferior en un intento por evitar que siguiera temblando. Recorrió su habitación con la mirada, y estuvo agradecida de que Luan no estuviera allí. Se sentía como un globo al que continuaban inflando, llena de sentimientos y sensaciones que ya no podía soportar. Necesitaba liberar la presión, expulsar aquella sensación que la agobiaba. Necesitaba tocar algo.

Fue directamente hacia su teclado. Lo encendió, lo configuró para que sonara como un piano tradicional, y comenzó a tocar una canción que había estado evitando durante mucho tiempo, una canción que había entrado a su mente desde aquella maldita mañana de lunes. La había suprimido, pero en aquel momento la necesitaba. Mientras sus dedos comenzaban a presionar suavemente las teclas, ella cerró sus ojos, tomó aire y cantó, salteando la primera estrofa y yendo directamente hacia el estribillo.

Here comes goodbye
(Aquí viene el adiós)
Here comes the last time
(Aquí viene la última vez)
Here comes the start of every sleepless night
(Aquí viene el inicio de cada noche sin sueño)
The first of every tear I'm gonna cry
(La primera de cada lágrima que voy a llorar)
Here comes the pain
(Aquí viene el dolor)
Here comes me wishing things had never changed
(Aquí llego yo, deseando que las cosas no hubieran cambiado)
And he was right here in my arms tonight
(Y él estaba aquí en mis brazos esta noche)
But here comes goodbye
(Pero aquí viene el adiós)

Sus dedos se quedaron presionando el último acorde, dejando que el sonido se desvaneciera lentamente. Cuando levantó sus manos notó que éstas temblaban como si se hubiera zambullido en una piscina en el polo sur. Tomó aire y abrió los ojos. Si antes de tocar se sentía a punto de estallar, ahora se sentía vacía. Un vacío que se sentía como un agujero negro justo en su corazón, un vórtice de oscuridad infinita que parecía tratar de arrastrarla hacia allí.

Y estuvo a punto de dejarse llevar. La habitación estaba vacía, nadie la vería. Estuvo a meros segundos de dejar escapar todas aquellas lágrimas que había tratado de evitar durante estos últimos días, pero la puerta de su habitación se abrió de una patada.

Lola entró sumamente enfadada a la habitación de sus hermanas mayores, cerrando la puerta tras de sí de un portazo. Tenía el ceño fruncido y los labios tan apretados que su boca se había reducido a una fina línea. Entró con la mirada fija en el suelo, y caminó hacia la ventana sin siquiera ver a Luna de reojo, lo que le permitió a la rockera algunos segundos para tratar de recomponerse. La pequeña princesa caminaba con mucha energía, como si con cada paso estuviera tratando de acabar con la vida de una cucaracha.

— ¿Todo en orden, hermana? —Preguntó Luna, esperando que su voz sonara normal.

Lola no respondió. Se detuvo junto a la ventana, dándole la espalda a Luna.

—Voy a preguntarte algo, y tú vas a responderme con la verdad —le comunicó lentamente la niña, aún mirando a través de la ventana.

Luna puso los ojos en blanco. Su espíritu rockero la volvía rebelde por naturaleza. Obedecía a sus padres porque no quería ser castigada, y de vez en cuando hacía caso a Lori porque la respetaba. Pero, ¿recibir órdenes de Lola? No estaba dispuesta a caer tan bajo.

— ¿Qué quieres?

Vio que los guantes de Lola se arrugaban cerca de su puño debido a la fuerza con la que lo tenía apretado. Estaba preparada para algún nuevo exhabrupto de la niña, algún estallido de ira que acabaría seguramente con ella arrojándole su tiara y exigiendo disculpas.

— ¿Por qué todos prefieren a Lana?

Luna abrió los ojos tanto como sus párpados le permitieron tras oír aquello. Se quedó mirando a Lola. Todo el cuerpo de la chica parecía estar temblando, pero Luna ahora entendía que no era por la ira o la furia, sino por algo más. Se levantó de su banco y se acercó a su hermana menor.

— ¿Qué estás diciendo, niña? Nadie prefiere a Lana.

— ¡Sí lo hacen! —Gritó ella, aún sin mirarla— ¡Todos! ¡Leni, Lynn, tú, incluso Lincoln! ¡Todos la prefieren a ella!

A decir verdad, Luna y Lola no solían pasar mucho tiempo juntas. Compartían momentos, por supuesto, como toda la familia, pero su índice de tiempo compartido era bastante menor en relación al resto. No sabía leerla tan bien como al resto de la familia. Pero Luna era la tercera mayor, y había lidiado toda su vida con problemas de hermanos menores, así que tenía sus métodos.

Tomó su guitarra acústica y se acercó nuevamente a Lola. La rodeó con un brazo y la alzó.

— ¡Hey! ¿Qué haces? —Preguntó ella, volteando a ver a Luna con una mezcla de sorpresa y enfado.

Luna la llevó hasta el sillón de su habitación y se dejó caer en él. Sentó a Lola en su regazo y puso su guitarra delante de ella, dejándola atrapada entre el instrumento y su hermana mayor. Pese a estar algo incómoda, Luna comenzó a tocar una suave melodía.

—Muy bien, pequeña —le dijo suavemente—, ¿qué fue lo que pasó?

Lola continuó mirándola enfadada durante algunos segundos. Luego, su mirada se relajó. Miró hacia delante y se acomodó sobre el regazo de Luna, recostándose sobre ella.

—Hace un minuto, Lana y yo estábamos peleando —comenzó, con la suave melodía de fondo.

La relación entre Lana y Lola siempre había sido bastante complicada. Se querían mucho y pasaban casi todo el día juntas, pero vivían peleándose. Esta última semana, sin embargo, se peleaban cada vez más seguido, más fuerte, y por cosas cada vez más insignificantes. Luna se preguntó si la atmósfera de la casa no las estaría afectando.

— ¿Por qué se pelearon ahora? —Le preguntó.

—No... No lo sé.

— ¿No sabes por qué estaban pelando?

—Estábamos preguntándole a Lynn qué fue lo que le había pasado, porque escuchamos a mamá decirle algo a papá acerca de que tendrían que castigarla, y Lana comenzó a hablar por encima de mí, y yo le dije que me dejara preguntar también, y ella me miró mal, y luego estábamos las dos peleando en el suelo.

— ¿Y qué pasó?

—Lynn nos levantó en el aire a cada una con un brazo y nos separó —continuó—. Seguimos diciéndonos cosas, y entonces Lincoln se acercó y nos dijo que dejáramos de pelearnos. Siempre nos pide eso, y luego nos dice de jugar a algo los tres, juntos. Pero... Pero esta vez le pidió a Lana que lo ayude a plantar algo en el jardín.

Luna sintió un breve temblor por parte de su hermanita, mientras las notas continuaban sonando de fondo.

— ¿Por eso crees que Lincoln prefiere a Lana antes que a ti? —Le preguntó con tranquilidad.

— ¡Es obvio que la prefiere! —Dijo Lola— ¿Por qué no me invitó a ir con ellos?

—Bueno, plantar cosas en el jardín no es exactamente tu estilo.

— ¿Y qué? ¿Crees que sólo porque soy una princesa no puedo jugar a otras cosas? ¿Cómo crees que juego con Lana todos los días?

—Lola, ¿no crees que estás exagerando?

— ¡No! —Gritó ella, y bruscamente volteó sobre el regazo de Luna, mirándola a los ojos— ¡Nadie quiere nunca ir a mis fiestas de té, pero todas ayudan a Lana con sus pilas de lodo! ¡Nadie quiere conducir mi carro mientras practico mis saludos, pero siempre ayudan a Lana a hacer... lo que sea que quiera hacer! El único... El único que siempre jugaba conmigo era Lincoln, pero... Pero ahora él también la prefiere a ella.

Los delineados ojos de Lola comenzaron a brillar, y movía sus pestañas llenas de máscara muy rápidamente para tratar de no llorar. Luna entendió ahora qué era lo que le molestaba a su hermana, y dejó su guitarra a un lado.

—Lola —le dijo, tomándola suavemente por las mejillas—, Lincoln sigue queriéndote como siempre. No te ha cambiado por Lana. Ninguna de nosotras cree que seas menos divertida o simpática que Lana.

— ¿Y por qué todos la prefieren?

—Nadie la prefiere. ¿De verdad crees que todos jugamos en el lodo con ella cada vez que nos lo pide? Casi nunca le decimos que sí, en realidad. De hecho, estoy casi segura de que todos vamos más a tus fiestas de té que lo que jugamos con Lana.

— ¡Pero siempre están molestos cuando juegan conmigo, y se ríen cuando juegan con Lana! —Se quedó Lola, no queriendo reconocer lo que Luna le decía.

—Quizás sea porque nos obligas a jugar contigo —respondió Luna—. No puedes forzarnos a hacer lo que tú quieres, Lola, terminamos haciéndolo sin ganas. Si esperaras a que estuviéramos con ánimos de hacerlo, entonces todos nos divertiríamos mucho más.

Lola se la quedó mirando durante varios segundos, y luego bajó la vista. Estaba a punto de llorar. Luna se maldijo internamente. Lori seguramente podría calmar a Lola. Incluso Lincoln habría encontrado la forma de hacerla sentir mejor.

—Por ejemplo, ahora mismo me gustaría acompañarte a una fiesta de té —dijo, decidida a animar a su hermana menor.

Lola no se veía muy entusiasmada.

—Sólo quieres hacerlo para que me sienta mejor —dijo Lola en un susurro.

—Sí, es cierto —admitió Luna, sosteniendo a Lola y alzándola al tiempo que se ponía de pie—, pero eso no significa que no podamos pasarla genial de todas formas.

Finalmente, Lola sonrió y rodeó el cuello de Luna con sus brazos, abrazándola.

Las dos salieron de la habitación y atravesaron el pasillo rumbo a una fiesta de té. Pero entonces la puerta de la habitación que Lynn y Lucy compartían se abrió, y una muy enfadada Lynn bajó las escaleras gritándole a su hermana.

— ¡Más te vale que encuentres mi bola de béisbol autografiada! ¿Escuchaste, Lucy? ¡Hasta que lo hagas, voy a dormir con Lincoln!


Lana irradiaba felicidad.

Ni siquiera recordaba haberse peleado con Lola; sucedía demasiado seguido como para preocuparse por cada pequeña pelea que pudieran llegar a tener. Quizás se habría quedado enfadada de no haber sido porque Lincoln se acercó y le pidió que lo ayudara a plantar un árbol. ¡Un árbol más para el jardín! Eso era genial.

Normalmente ayudaba a su padre en el cuidado del jardín, y había plantado varias flores con él. Pero, ¿un árbol? ¡Eso era nuevo! Ella ya se imaginaba todo lo que eso significaría. Un nuevo árbol daría más sombra al jardín, así que no sólo estarían todos más frescos en el verano, sino que además habría más lugar para que los insectos descansaran. Y si resultaba ser un árbol con buenas ramas y un buen follaje, quizás algunos pájaros decidieran construir su nido allí. ¿Y qué tal si era un manzano? ¡Gusanos asegurados! Definitivamente, Lincoln había tenido una grandiosa idea.

— ¿Dónde quieres plantarlo? —Preguntó Lana, arrastrando su pala especial por el jardín.

—No lo sé. Me gustaría que pudiera verse desde la cocina y las habitaciones —dijo Lincoln, con aire soñador.

—Claro, ¡así todas sabremos si está ocupado o no para jugar! ¡Bien pensado, Lincoln!

—Sí... Por eso lo decía.

Sonaba algo distraído, pero Lana no lo culpaba. Plantar un árbol era muy emocionante, en verdad.

Ella comenzó a correr por el jardín, buscando el mejor lugar. Cuando encontraba un lugar que le gustaba, se detenía y miraba hacia la casa, asegurándose de que todas las ventanas podían verlo. Era difícil imaginárselo, ya que ella medía muy poco y los árboles eran muy grandes, pero hacía el mejor esfuerzo. Finalmente encontró un buen lugar donde no molestaría a nadie de ser plantado allí.

— ¡Lincoln, Lincoln, aquí! —Lo llamó, moviendo sus manos con energía.

Lincoln se acercó a ella con una sonrisa.

— ¿Te gusta el lugar? —Preguntó ella.

—Creo que es perfecto.

— ¡Genial! ¡Ya comienzo a excavar!

Tomó su pala y comenzó a hacer un pozo. Amaba excavar, sentir la tierra húmeda en sus dedos. Habría excavado con sus propias manos, de hecho, pero era la primera vez que plantaba un árbol, y quería hacerlo bien. Mientras exacavaba, Lincoln se sentó junto a ella.

—Lana, compré este árbol para todas ustedes —le explicó Lincoln con suavidad.

— ¿Para nosotras? ¿En serio? —Preguntó ella, dejando de excavar un segundo para sonreírle— Pero espera, ¿no para ti?

—Considéralo un regalo —dijo él, sin responder a su pregunta—. No quiero que reemplace a nuestro viejo árbol, pero por lo que tengo entendido este crecerá un poco más alto y dará más sombra. Creo que sería un muy buen lugar para sentarse y relajarse cuando estén nerviosas o intranquilas.

— ¿Crees que se pueda trepar? El otro árbol no tiene ramas bajas —comentó ella, mientras volvía a sacar tierra.

—Supongo que sí, no lo sé.

— ¡Genial!

Continuó durante algunos minutos, hasta que Lincoln le dijo que era suficiente. Él sacó entonces una bolsa con el logo del vivero del centro comercial. La abrió y Lana vio un par de lo que parecían ser pequeñas vainas llenas de semillas.

— ¡Vaya! ¿Esas son las semillas?

—Sí. Es un negundo, un tipo de arce. Crece rápido y es fácil de cuidar. Hay que regarlo una vez al día, dos si hace mucho calor.

Lana anotó mentalmente aquellas instrucciones. Era bastante fácil, regarlo una vez al día. Ella cuidaba a más de siete mascotas y llevaba al día los hábitos alimenticios de cada una de ellas. No tendría problema en ayudar a que aquel árbol creciera. Extendió su mano para tomar las semillas, pero Lincoln la detuvo.

—Oye, ¿me dejarías plantar la primera a mí? Es... Algo especial —dijo él, actuando algo extraño.

Lana lo miró algo confundida. ¿Por qué se comportaba así? Pero entonces se dio cuenta de que este también era el primer árbol que Lincoln plantaba, y seguramente él estaba tan emocionado como ella. ¿Quién lo diría? A Lincoln también le gustaba la jardinería, después de todo.

— ¡Por supuesto, Lincoln! ¡Haz los honores! —Dijo con una sonrisa, dando un paso al costado.

Lincoln fue bastante rápido en colocar las semillas en el lugar. Segundos más tarde dio un paso hacia atrás y Lana volvió a cubrir el pozo con la tierra que habían sacado.

— ¿Cuánto tiempo tardará en crecer? —Preguntó ella, sumamente interesada, imaginándose a sí misma jugando junto al nuevo árbol.

—Crece bastante rápido. En un año puede llegar a un metro de altura.

— ¿Un metro en un año? —Se quejó Lana— ¡Yo creí que en un mes ya sería alto como la casa!

Lincoln dejó escapar una risa.

—Lana, le tomará tiempo crecer, pero luego durará por muchos, muchos años. Y es por eso —dijo, arrodillándose junto a ella—, que te encargo que lo cuides mientras crece.

— ¿Yo? —Preguntó Lana, confundida— ¿Por qué yo?

—Porque sé que te gustan los árboles, y sé que harás un excelente trabajo asegurándote de que crezca fuerte y sano.

— ¿Y tú no lo cuidarás?

—Bueno... Tú sabes cómo soy —dijo Lincoln, desviando la mirada—. Soy bastante distraido, y quizás... Quizás no tenga tiempo para cuidarlo como se merece. Por eso me gustaría que tú lo cuidaras.

Lana se sintió un poco confundida. Lincoln era distraído, si, pero no era tonto. Podría cuidar un árbol si se lo proponía. Además, ¿por qué comprarlo si iba a regalárselo a sus hermanas y no cuidarlo él mismo? Estaba actuando algo raro. Sin embargo, pese a no entender del todo a su hermano, estaba muy contenta. Le estaba encargando el cuidado del árbol, y eso significaba que confiaba en ella y que estaba seguro de que ella haría un excelente trabajo.

—De acuerdo, yo lo cuidaré. ¡Y haré que sea el árbol más alto del vecindario! —Dijo, extendiendo sus manos para enfatizar sus palabras— ¡Será tan alto que podremos verlo desde la escuela!

—Claro que sí —le aseguró Lincoln con una sonrisa.

— ¿Y sabes qué? Cuando sea lo suficientemente alto podemos tratar de hacer una casa allí arriba. Podrías ayudarme a construirla y sería nuestra casa, tuya y mía, para poder jugar o leer tus cómics tranquilos.

Lincoln colocó una mano sobre su gorra y la movió juguetonamente, despeinándola y haciéndola reír.

—Me encanta que pienses en grande, Lana —le dijo, sonriendo—. Nunca pierdas toda esta energía y optimismo que tienes.

—Pff, ¿por qué hablas como si estuvieras dándome uno de los discursos de papá? —Preguntó, acomodando su gorra nuevamente.

—Tienes razón. Supongo que sí sueno como papá —dijo él sencillamente, antes de poenerse de pie—. Bueno, fue divertido plantar el árbol. ¿Sabes dónde está Luan? Tengo que pedirle que me ayude con un pequeño proyecto de video.

—Estaba en el ático acomodando unas cosas —le dijo, mientras tomaba la pala y la limpiaba sobre sus pantalones—. Yo voy a poner estacas alrededor del árbol para que Charles y Cliff no lo pisen.

—Perfecto. Y Lana...

Lincoln lo tomó por debajo de las axilas y la levantó lo suficiente como para darle un pequeño beso en la mejilla.

—...muchas gracias.

—De nada, Lincoln —dijo ella, riéndose y limpiándose la mejilla con su mano.

Lincoln se dirigió hacia dentro de la casa, dejando a Lana sola en el jardín trasero. Tras asegurarse de que la pala estuviera limpia, fue directo hacia el garaje, donde esperaba encontrar algunas estacas de madera para cercar el árbol recién plantado. Mientras caminaba hacia allí, llevó una mano hacia su mejilla.

Lincoln era el mejor hermano mayor del mundo.


Finalmente, a las siete y media de la tarde, Luna recibió el mensaje que tanto esperaba de Chunk.

Todo listo, niña
Prepara a Chloe
You drive us wild, we'll drive you crazy
(Tú vuélvenos salvajes, nosotros te volveremos loca)

Todavía no había cenado, pero no le importaba. Podría comer algo a donde iba. O no, quizás no necesitaba comer. Incluso a esas horas ya sabía cómo iba a terminar aquella noche, y la comida no era una de sus mayores preocupaciones. Estaba acostada en su litera, así que bajó de un salto y se cambió. Se colocó su típico atuendo, pero cambió su cinturón y sus pulseras por unas más brillantes y más llamativas. También se colocó un colgante con una gran nota musical, y tomó una pequeña campera de abrigo con trenzas hechas a mano que colgaban de las mangas.

Lincoln había hecho esa campera.

Luego tomó un estuche de guitarra con lugar para los accesorios y comenzó a prepararlo. Colocó los cables, las púas, un par de cuerdas de repuesto, dos pedales para efectos especiales, y, por supuesto, a Chloe.

Chloe era su guitarra eléctrica preferida. Una hermosa guitarra tipo star de color púrpura, de sesenta y cuatro tonos y trastes perlados. No era su primera guitarra —esa descansaba en pedazos debajo de la cama de Lincoln—, pero era la mejor. Su guitarra favorita, la que llevaba a todos lados. La que nunca le había fallado. Tenía un vínculo especial con Chloe, era su más preciada posesión. Un símbolo de su unión con el rock. La amaba como si se tratase de un ser vivo, de una mascota.

Con cuidado la colocó en su estuche. Una vez que lo tomó, se aseguró de tener dinero en su billetera, y salió de la habitación. Bajó las escaleras sin cruzarse con ninguna de sus hermanas. Se dirigió a la cocina, y allí estaban sus padres, comenzando con los preparativos de la cena.

— ¿Mamá? ¿Papá? —Los llamó.

Sus padres voltearon y rápidamente se percataron de que llevaba puesta una campera de abrigo y cargaba un estuche de guitarra.

— ¿Luna? ¿Vas a algún lado? —Preguntó el señor Loud.

—Voy a tocar en la Railway Tavern —dijo ella, con firmeza. No les preguntó, simplemente se los dijo.

Su madre desvió la mirada hacia el reloj de la cocina. Normalmente la dejaban ir allí para que tocara la guitarra frente a un público, pero casi siempre era de día. Muy rara vez la dejaban ir de noche, pues el lugar, por más acogedor y famoso que fuera en Royal Woods, seguía siendo un bar. Alcohol, rock, gente de todas las edades... Luna podía ser bastante madura, y podría tener un espíritu rebelde e indomable, pero sólo tenía quince años. Sus padres respetaban sus gustos y la dejaban expresarse, pero se preocupaban por ella.

—Luna, ¿no crees que es muy tarde? Estamos preparando la cena —le dijo su madre.

—Por favor, es viernes, necesito salir —les pidió, con ojos implorantes.

Sus padres intercambiaron una mirada.

—No lo sé, hija —dijo el señor Loud, rascándose la cabeza—. Sabemos que puedes cuidarte, pero es... diferente, ahora. Con todo lo que pasó.

—Lo sé. Es por eso que realmente necesito ir.

No se los veía para nada convencidos, pero suspiraron y bajaron sus hombros, derrotados.

—Luna, escúchame —dijo su padre, acercándose a ella—. Todos estamos... Afectados. Terriblemente afectados. Y cuando nos sentimos así, a veces buscamos consuelo en los lugares equivocados. Con las personas equivocadas.

—Papá...

—Sé que eres grande, pero... Sólo prométenos que no harás nada tonto —la interrumpió—. Y que llegarás antes de las doce.

Luna les sonrió y se despidió de ellos con un beso en la mejilla a cada uno.

—Se los prometo. ¡Hasta mañana!

Salió de la casa. Una vez fuera, dejó de cruzar los dedos. Echó a correr hacia la parada de autobús más cercana. Habría mirado hacia atrás, pero no quiso hacerlo. Sabía que allí había gente que la quería y que se preocupaba por ella.

Y se sentía muy mal por estar a punto de defraudarlos a todos.


"Railway Tavern" era el nombre del bar inglés más famoso de todo Michigan. Un asqueroso bar de ochenta metros cuadrados, con pisos de madera gastada, un constante olor a tabaco, decoraciones temáticas del Reino Unido y del Tottenham Hotspur FC y una clientela que en general consistía de ingleses que se juntaban a beber y discturir qué estaba mal con el Manchester United y de jóvenes que amaban la música y se juntaban allí a tocar.

Luna amaba ese lugar. Era su segundo hogar. Desde que su primer profesor de guitarra le comentó que a veces iba a aquel bar a tocar, Luna había experimentado una fascinación por el pequeño escenario que el lugar prestaba a los artistas interesados en dar a conocer su arte. Ella había dado su primer concierto a los trece años. Había ido una tarde de domingo, acompañada por su padre, y se había sentido extremadamente nerviosa. Tan nerviosa había estado que rompió una de sus cuerdas apenas cinco minutos luego de haber empezado. No había llevado nada de repuesto, y estuvo a punto de bajarse del escenario y dejar de tocar, cuando uno de los jóvenes que atendían en la barra se acercó y le prestó su propia guitarra.

—Estabas sonando genial, amiga —le dijo el chico, muy robusto, que aparentaba muchos más años que los diecisiete que tenía en aquel momento—, pero te ves muy tensa. El rock and roll es para divertirse. Ahora ve y diviértete.

—Muchas gracias... Eh...

—Chunk —respondió le chico, levantándose la boina para saludarla—. Llámame Chunk.

Luna volvió al escenario, con una guitarra prestada, y tocó durante más de una hora sin detenerse. La gente estaba como loca, gritándole y aplaudiendo cada uno de sus solos de guitarra. Nadie gritaba más fuerte que el señor Loud, sin embargo, que había comenzado a bailar sobre su mesa.

Desde entonces, Luna no sólo se había vuelto una de las pequeñas celebridades del bar, la niña genio que podía hacerte llorar con cualquier instrumento, sino que había entrado en el mundo de la música local. Todos los fanáticos de la música iban a la Railway Tavern, y muchas puertas se le habían abierto a Luna gracias a ello. No sólo había conocido a Chunk, quien se volvería uno de sus mejores amigos pese a los cuatro años de diferencia que los separaba, sino que gracias a frecuentar aquel lugar había conocido a muchas de sus amigas, a su primer novio y hasta había entablado conversaciones en algunas ocaciones con productores de discográficas locales. La Railway Tavern le había cambiado la vida tanto como aquel concierto de Mick Swagger. Era un lugar que ella relacionaba con buenos momentos, con la música, donde se sentía segura.

Esa noche acudía allí buscando algo de todo eso.

Abrió la puerta y en seguida fue recibida por la voz de Bob Plant sonando en el ambiente. El bar estaba inusualmente lleno, o quizás así es como estaba todos los viernes a la noche. Definitivamente estaba mucho más lleno que los sábados a la tarde, cuando ella solía ir. La única vez que había estado tan lleno había sido, cómo no, la vez que ella había sido obligada a asistir a su concierto usando la ropa de Lynn como castigo por haber engañado a Pop Pop. Esa vez el bar estaba repleto, y el estúpido guante de béisbol de Lynn —quien no le había explicado cómo quitárselo— le había hecho romper sus cuerdas. Una nueva humillación, pero que todo el mundo se tomó con humor.

A medida que caminaba hacia la barra para encontrarse con Chunk, algunas personas comenzaron a saludarla. En general era el público de siempre, la clientela clásica que ya la conocía. Todos la recibían con grandes sonrisas, y alguna que otra broma acerca de que aún era muy joven para estar en un bar a aquellas horas. Ella no era ajena al alcohol, había probado algunos tragos a escondidas con sus amigas e incluso con Lori, pero jamás se había excedido. Tomaba a modo de broma aquellos consejos, pero una parte de su mente estaba diciéndole que era su última oportunidad de escucharlos.

Estaba por llegar a la barra cuando una aguda voz la llamó.

— ¡Luna!

Antes de poder voltearse, una niña de once años la abrazó por la cintura. Era pequeña, pero su gran cabello en punta llegaba casi hasta la barbilla de Luna, permitiéndole apreciar en primer plano el mechón teñido de un potente rosa chillón.

— ¡Qué bueno que estés aquí! —Dijo la chica, separándose de ella y dando saltitos a su alrededor.

Luna sonrió. Sabía que aquella niña la consideraba una ídola, casi como una hermana mayor. Ella ya tenía suficiente con nueve hermanas, pero realmente le tenía mucho aprecio.

— ¿Qué onda, Tabby? ¿Cómo van esos riffs? —Le preguntó, extendiendo un puño para que la chica lo golpeara con entusiasmo.

— ¡Todo en orden! Descubrí una escala que es absolutamente radical, ¡tienes que oírla!

—Por supuesto, Tabby, tú dime cuando y podemos juntarnos a una sesión de jam.

—Ya lo verás, esa escala te hará sentir una dulce emoción —luego de decir aquello llevo una mano sobre su boca para tratar de ocultar su risa—. ¿Viste lo que hice? "Sweet Emotion", es una canción de Aero is Myth.

—Toys in the attic, 1975 —dijo Luna, completando la información.

— ¡Exacto! ¿Ves? ¡Yo también puedo hablar con letras de canciones!

—No espero menos de la futura rock star de Royal Woods —dijo Luna, guiñándole un ojo—. Pero, oye, ¿qué haces aquí un viernes por la noche?

—Me enteré que ibas a tocar, así que le pedí a mi hermano que me trajera. Al principio él no quería, pero sabe que amo escucharte tocar, así que me trajo de todas formas.

—Ya veo.

Al levantar la vista vio a Chunk detrás de la barra, sirviéndole unos tragos a un cliente. Iba a despedirse de Tabby, pero ella habló primero.

—Oye, ¿y cómo está Lincoln?

Ahí estaba, ese vacío en el pecho, esa sensación de que alguien clavaba a martillazos una estaca entre sus costillas.

— ¿Lincoln? —Preguntó, fingiendo que no había escuchado bien para poder ganar unos segundos. Pero, ¿segundos para qué? ¿Para recomponerse? ¿Para pretender que nada había pasado? Claramente no lo logaría.

—Lincoln, tu hermano. Sabes, al principio estaba un poco enojada con él por lo que hizo en el baile de Sadie Hawkings. Pero cuando me explicaste lo que había pasado me di cuenta que no fue del todo su culpa. Y la verdad es que la pasé muy bien con él. Dices que lo haces practicar contigo a veces, ¿no es cierto? ¿Crees que algún día podríamos practicar los tres juntos?

El rostro de Luna no reflejaba lo que en verdad estaba sucediéndole por dentro. Mostraba una sonrisa algo forzada, sí, pero ni siquiera el mejor detective podría entender el dolor que sentía sólo con verla. No podrían saber del escalofrío que se había instalado en su columna, ni en lo débiles que sus piernas parecían estar. No podían entrar a su mente y ver la imagen que tenía grabada ahora, como un cuadro de una película detenido en el tiempo: ella, en el garaje, practicando sola, con el banquillo vacío por el resto de su vida.

— ¿Sabes qué? Luego vemos, ¿sí? Voy a decirle a Chunk que ya arranco.

Y sin esperar a recibir una respuesta, se alejó rápidamente hacia Chunk.

—Oh... ¡Buena suerte! —La escuchó decir por sobre el murmullo del bar y el hermoso sonido de aquella canción acerca de una escalera hacia el cielo.

En seguida llegó a la barra, y se colocó justo delante de su amigo.

—Chunk.

El chico volteó y le sonrió.

—Buenas noches, amor —dijo él, levantándose ligeramente la boina como saludo—. Oye, ¿por qué el apuro para tocar esta noche? Sabes que no es tan fácil conseguir que me deje libre a la noche, mucho menos un viernes.

—Si no te dejaba pues iba a subir yo sola con mi guitarra. Ahora vamos, toma tus palillos y sube tu gordo trasero al escenario —le dijo ella, algo impaciente por conectar a Chloe y dejar que la música la llevara lejos de aquel bar, lejos de aquella ciudad, lejos de la imagen del banquillo vacío en el garaje.

—Me gusta esa energía. ¡Hey, Larry! —Gritó, llamando la atención del otro bartender— Es hora de rockearla. En un rato vuelvo.

Larry levantó los pulgares y asintió con una sonrisa. Chunk se lavó las manos y se dirigió al pequeño escenario donde Luna ya estaba preparando los amplificadores. Él quitó la sábana que cubría la batería y comenzó a ajustar la posición de los tambores y la altura del asiento.

— ¿Y por qué tanto apuro para tocar esta noche, eh? —Le preguntó a Luna, mientras revisaba la afinación del bombo.

Ella se encontraba ajustando el amplificador para lograr el sonido que buscaba. Podría haberlo hecho sin mirar, pero prefirió pretender que estaba sumamente concentrada en la tarea.

—Porque lo necesito —dijo finalmente, acabando con los últimos arreglos y colocando la correa de Chloe por sobre su hombro izquierdo.

Cuando Chunk acabó por preparar todo, Luna se acercó al micrófono. La mayoría de los presentes ya se habían acomodado en sus mesas o en la barra para poder ver mejor al escenario. Luna se detuvo y observó al bar. El encargado apagó la música de fondo y encendió las luces del escenario. La nueva luz parecía rodearla, ocultando parcialmente todo el fondo. Las personas se habían convertido en siluetas, y el bar en un lugar lejano. Luna se quedó callada, simplemente apreciando aquella sensación, sintiéndose alejada, separada de los espectadores. Era una imagen onírica, un espectáculo surreal. Inhaló profundamente y trató de concentrarse. Un show. Estaba allí para dar un show.

Tomó el micrófono con energía y su rostro se transformó en una gran sonrisa.

— ¡Buenas noches, Railway Tabern! —Gritó con entusiasmo, encendiendo su guitarra y tocando una estruendosa escala que generó la primera ola de aplausos de la noche— ¡Mi nombre es Luna Loud, y esta noche mi compañero Chunk y yo vamos a regalarles un show de buena música! ¿Están listos para rockear?

Todos en el bar levantaron sus copas y gritaron en conformidad.

Stand up and be counted for what you are about to receive! —Gritó Luna, generando nuevos aplausos— ¡Chunk, vamos con International You Day!

Chunk hizo girar el palillo en sus dedos un par de veces y luego comenzó a tocar la introducción a la canción que Luna acababa de decirle. Ella no perdió tiempo y también comenzó a tocar los acordes de quinta que definían a la canción. Aquel tema, uno de los himnos del punk rock, ganó la aprobación del público. Quizás no fuera una canción inglesa, pero ellos disfrutaban de la buena música ante todo, y con Luna la calidad estaba asegurada.

En el momento en que el sonido de su guitarra y la batería de Chunk comenzaron a entrar en armonía, Luna sintió que una fuerza cósmica la tomaba de la mano y la llevaba hacia otro sitio. Ahora sólo existía ella y su música. Cerró los ojos, dejó que el ritmo corriera por sus venas, y comenzó a cantar, tratando de no pensar en nada.

I'm sorry that it took so long to write this song
(Lamento haberme tardado tanto en escribir esta canción)
But I gave up
(Pero me rendí)
You see one million words can't describe how it feels
(Verás, un millón de palabras no pueden describir cómo se siente)
To know your love
(Conocer tu amor)

El público estaba extasiado. Gritaban, aplaudían y le hacían sentir todo su apoyo. Les encantaba el sonido de la doble pedalera de Chunk, los acordes sucios y poderosos de Luna, la perfecta imitación que ella hacía del estilo de voz del legendario Tony Shy. Ella había escogido aquella canción precisamente por eso, porque era una gran canción de punk rock. Pero ahora, mientras seguía cantando, comenzó a cuestionar qué tan azarosa había sido realmente la elección de aquella canción.

Where did I go wrong?
(¿Dónde me equivoqué?)
I should have told you from the start
(Debería haberte dicho desde el principio)
That I'm closer than you think when we're apart
(Que estoy más cerca de lo que crees cuando estamos lejos)
Nothing that I've tried, is as simple as this line...
(Nada de lo que intenté es tan simple como esta línea...)

Comenzó a tocar y cantar el estribillo, y fue entonces cuando comprendió por qué la había elegido. Estuvo a punto de perder el ritmo por culpa de la sorpresa, pero logró recuperarse y continuar. Siguió cantando, y cada verso que llegaba le hacía darse cuenta de que no había elegido esa canción por accidente.

El subconsciente podía ser una verdadera mierda cuando se lo proponía. Cuando pasó el estribillo, un recuerdo aleatorio llegó a su mente. Lincoln, dos años atrás, llorando en su cama porque había derramado su jugo sobre el último cómic que se había comprado, arruinándolo por completo antes de siquiera leerlo. Y entonces ella, Luna, abría la puerta de la habitación de su hermano. No era un recuerdo del todo fresco. No recordaba las palabras que le había dicho, ni qué es lo que él le había contestado. Lo único que recordaba era haberlo abrazado, haberle cantado una canción para calmarlo, y luego haberlo llevado al centro comercial a comprarle un cono de helado y un nuevo cómic.

Era triste pensar en que había habido una época en dónde cantando una canción y gastando diez dólares era capaz de solucionarle los problemas.

I'm coming home today
(Estoy llegando a casa hoy)
To wipe the tears right from your eyes
(Para limpiar las lágrimas de tus ojos)
I'm totally enamored by your life
(Estoy totalmente enamorada de tu vida)
Nothing that I've done
(Nada de lo que he hecho)
Has ever been for one
(Ha sido nunca para mí)

Abrió los ojos, y lo primero que pudo distinguir fuera del escenario fue a Tabby, saltando en su lugar al ritmo de la guitarra, moviendo los brazos y cantando junto a ella. Tan feliz, tan enérgica, tan... ignorante. Ella no sabía lo que sucedía. Nadie lo sabía. Sino, no cantarían tan contentos aquellos versos, tan entusiasmados. Si supieran, acabarían cantándolos como ella, desde el corazón, sintiendo que el alma se le desgarraba con cada nueva línea del estribillo final.

But without you
(Pero sin ti)
My life is incomplete
(Mi vida está incompleta)
My days are absolutely gray
(Mis días son absolutamente grises)
And so I'll try
(E intentaré)
Let your heart know for sure
(Hacer saber a tu corazón)
That i have so much more to tell you
(Que tengo mucho más para decirte)
Every single day...
(Cada día...)
My life is incomplete
(Mi vida está incompleta)
My rites are absolutely gone
(Mis ritos están absolutamente acabados)
So wake me up
(Así que despiértame)
Before you leave today
(Antes de que te vayas hoy)
Something i need to say
(Hay algo que necesito decir)
'cause they'll be nothing when you're gone
(Porque no seré nada cuando te hayas ido)

Dejó que el último acorde se desvaneciera lentamente. Durante un segundo, el ruido de las cuerdas vibrando fue todo lo que se oyó, y luego la gente comenzó a aplaudir. Tabby estaba extasiada, gritaba como una niña en un parque de diversiones, diciéndole que era la mejor. Luna volvió a sentir que estaba en un sueño, pero esta vez no por el juego de luces y la sensación de sentirse en un lugar alejado de todo. Sentía que estaba en un sueño porque todo se sentía como ver una película en primera persona. Sentía una extraña sensación, como si escalofríos recorrieran todo su cuerpo.

Apenas fue consciente de que apretaba un pedal para que su guitarra sonara limpia, sin distorsión, tratando de imitar el sonido de una acústica. Tampoco supo en qué momento le avisó a Chunk que tocaría "Gone too soon". Sólo supo que los acordes comenzaron a sonar lentamente, tratando de que cada cuerda tuviera identidad, y su voz sonó con tanto sentimiento que quienes no prestaban atención hasta ese momento voltearon para verla.

Hey there now, where'd you go?
(Hey, ¿dónde has ido?)
You left me here, so unexpected
(Me dejaste aquí, tan inesperadamente)
You changed my life, I hope you know
(Cambiaste mi vida, espero que lo sepas)
'Cause now I'm lost, so unprotected
(Porque ahora estoy perdida, tan desprotegida)
In the blink of an eye
(En un abrir y cerrar de ojos)
I never got to say goodbye
(Nunca me pude despedir)

Miró hacia atrás un segundo para indicarle a Chunk que marcara los compases suavemente con la batería, y vio que él tenía los ojos entrecerrados, mirándola con interés. Por supuesto, estaba comenzando a sospechar. No era normal que Luna tocara una balada a no ser que alguna pareja del público se la pidiera. No era normal que cantara con tanto sentimiento. No era normal que sus rodillas parecieran temblar.

Ella volvió a mirar hacia delante y siguió cantando. Normalmente, cuando estaba sobre el escenario sólo podía pensar en la música, en el ritmo y la armonía de las notas. Aquella noche, sin embargo, su mente parecía estar tratando de hacerla recordar escenas del pasado.

You were always there
(Siempre estuviste ahí)
Like a shining light
(Como una luz brillante)
On my darkest days
(En mis días más oscuros)
You were there to guide me
(Estuviste ahí para guiarme)

Esta vez el recuerdo era mucho más claro. Había sido el verano pasado. Luke, un chico que había conocido en un concierto y que se había vuelto su tercer novio, la había dejado tras un mes de relación. La excusa había sido que lo suyo no estaba funcionando y que no quería estar con ella si de verdad no lo sentía, para no acabar hiriéndola. Pero apenas dos días más tarde, Luna vio las fotos de él besándose con una chica de su escuela. Estaba recordando la tarde en la que se enteró de aquello. Recordó llegar a su casa apenas conteniendo las lágrimas. Había ido hacia el garaje y había tocado la guitarra con tanta furia que le había roto dos cuerdas durante el mismo solo. Recordó que tras apagar todo se había sentado en el suelo y había llorado, mientras todas sus hermanas se acercaban a ella para consolarla, ya sabiendo de la noticia.

—No sé por qué me sorprende —les había dicho, tratando de secarse las lágrimas—. Debería haberme imaginado que sólo me estaba cambiando por otra. Siempre es así, a los chicos sólo les importas mientras eres una novedad. Cuando finalmente te han enamorado, se aburren del juego y buscan a otra. Siempre es así. Son todos iguales. ¿Cuándo dejaré de creer en los cuentos de hadas donde todo termina bien?

Las mayores de las chicas asentían suavemente, mientras las menores se miraban algo confundidas. Siguieron diciéndole que lo sentían y que ya lo superaría, pero luego alguien más habló.

—Eso no es cierto.

Luna levantó la vista, y todas sus hermanas se movieron para dejar que Lincoln se acercara a ella. Él se arrodilló a su lado y la miró a los ojos.

Oh I miss you now
(Oh, te extraño ahora)
I wish you could see
(Desearía que pudieras ver)
Just how much your memory
(Sólo cuánto tu memoria)
Will always mean to me
(Siempre significará para mí)

—Hay muchos idiotas. Luke no es el primero ni será el último de los chicos que se comportan como unos idiotas y lastiman a alguien. Pero no puedes meterlos a todos en la misma bolsa. Ya encontrarás a alguien que valga la pena. Alguien que pueda darse cuenta que, teniéndote a ti, no se necesita a nadie más.

Todas dejaron escapar un "Aaaw", y Luna rodeó a Lincoln en sus brazos y lo sostuvo contra ella, sonriendo y acariciándole el cabello.

—Tienes razón, Lincoln. No puedo decir que son todos iguales y que ninguno vale la pena. ¿Cómo podría creer eso teniéndote a ti como hermano?

Shine on, shine on, on to a better place
(Brilla, brilla, a un mejor lugar)
Shine on, shine on, we'll never be the same
(Brilla, brilla, nunca seremos los mismos)
Shine on, shine on...
(Brilla, brilla...)

El recuerdo continuaba un poco más, pero ella sacudió la cabeza para tratar de alejarlo. Tantas emociones estaban comenzando a afectarla. Trató de pensar en la canción, y por un momento casi se olvida la letra, pero en seguida se repuso, justo a tiempo para el final.

Like a shooting star
(Como una estrella fugaz)
Flying across the room
(Volando a través de la habitación)
So fast so far
(Tan rápido, tan lejos)
You were gone too soon
(Te fuiste demasiado pronto)
You're a part of me
(Eres una parte de mí)
And I'll never be the same here without you
(Y nunca seré la misma, aquí sin ti)
You were gone too soon
(Te fuiste demasiado pronto)

La canción continuaba repitiendo la última frase varias veces, con energía, con sentimiento. La voz de Luna se mantuvo firme, sin temblar ni flaquear. Trató de aparentar que todo estaba bien, que simplemente estaba cantando una canción, nada más. Un artista podía cantar cosas sin involucrarse. Podía cantar cosas que no sentía. No todas las historias de las canciones estaban basadas en hechos reales. Las más notables generalmente sí, pero también había muchas canciones que surgían desde una mirada poética, desde una idea aleatoria, incluso a modo de broma. Ella podía cantar una canción tan triste como esa, y no por ello la gente debería suponer que estaba proyectando o involucrándose sentimentalmente con la letra.

Era obvio, sin embargo, que la canción la había afectado de una u otra forma. Por primera vez en años, Luna estaba temblando en el escenario. Parecía una chiquilla asustada. En un acto completamente instintivo, miró hacia las mesas de la derecha, donde su padre se había sentado en su primer concierto. Casi que esperó verlo allí, levantándole los pulgares y haciéndole saber que todo estaba bien. Pero su padre no estaba allí, nadie le levantó los pulgares, y nada estaba bien.

Aquella canción, aquella maldita balada no la había alejado de sus problemas, como ella esperaba, sino que se los había recordado en la forma más dolorosa posible. Lincoln realmente se estaba yendo demasiado pronto. Los estaba dejando para brillar en otro lugar. Mientras ella estaba allí, de pie en el escenario de un bar, tocando para desconocidos, él estaba en su casa, a veinte minutos de allí. ¿Qué estaría pensando? ¿Cómo se estaría sintiendo?

¿Estaría vivo todavía? ¿Y si llegaba a su casa y Lincoln no había resistido más? ¿Y si ella se hubiera perdido la oportunidad de despedirse de él?

Sus brazos soltaron su guitarra, que habría caído al suelo de no ser por la correa que la sostenía. Su pecho le dolía con cada nueva respiración, con cada nueva bocanada de aire que entraba a sus pulmones. Apenas fue consciente del murmullo que comenzó a generarse en la gente del bar. De la mirada preocupada de Tabby. De que Chunk estaba a punto de levantarse de la batería y acercarse a ella.

La música le había fallado. No la estaba haciendo sentir mejor. No la estaba haciendo olvidar. Al contrario, le hacía sentir todo el dolor que había estado tratando de ocultar por una semana, todo el dolor que había enterrado dentro de ella, y que ahora parecía estar a punto de brotar como un géiser.

Su alma estaba desafinada. Fuera de tono, tres octavas más abajo. Sabía que todo estaba mal, que la melodía estaba perdida. Y lo peor de todo es que no había ninguna clavija que ajustar. No había un diapasón que pudiese ayudarla a encontrar la armonía. Una vez que Lincoln muriera, la música se habría perdido para siempre.

Sintió que una solitaria lágrima abandonaba su ojo izquierdo. Seguramente nadie en el bar lo notó. Todos estaban esperando a que Luna Loud, la legendaria rockera de quince años de Royal Woods les entregara un show. La miraban expectantes, un tanto confundidos por su actitud. Ellos querían música, querían ritmo, querían energía. Luna sonrió, casi sarcásticamente.

Una noche más. Una última noche. Un concierto de despedida. Podía hacer eso.

— ¡Tú! —Dijo al micrófono de repente, señalando a un hombre que estaba sentado en la mesa más cercana al escenario — Pásame un trago.

El hombre sonrió. Tomó una lata de cerveza que aún no había abierto y se la lanzó a la chica. Ella la atrapó sin problemas, la abrió y comenzó a beber en el escenario. La cerveza sabía horrible y le generó un ardor en la garganta, pero al mismo tiempo sintió que la sangre de sus venas comenzaba a calentarse. Sabía que era todo psicológico, que la cerveza no podía actuar tan rápido, pero fue como si de repente sus inhibiciones y sus dudas se perdieran.

— ¡Oigan! ¡Esa chica es menor de edad! —Gritó un hombre en el fondo, escandalizado.

— ¡Púdrete, Bob! —Gritó Luna, enseñándole el dedo mayor y generando una ola de aplausos y vítores— Muy bien, amigos, vamos a terminar esta noche en una nota alta. ¡Los quiero a todos moviendo las cabezas al ritmo de Guernica!

— ¿Guernica? ¿Estás segura, Luna? —Le preguntó Chunk desde la batería, mirándola confundido y preocupado.

— ¡Absolutamente! For those about to rock! —Gritó, volviendo a presionar el pedal de su guitarra para que sonara con distorción.

Chunk y ella comenzaron a tocar. La canción no comenzó tan potente como International You Day, pero claramente era mucho más movida que Gone too soon. No era una canción tan conocida. Tabby, por ejemplo, movía la cabeza al ritmo de la batería, pero miraba a Luna un tanto confundida, preguntándose qué clase de canción era. Cuando Luna comenzó a cantar, casi nadie la acompañó.

Ever since I was young your word is the word that always won.
(Dese que era niña tu palabra fue la que siempre ganaba)
Worry and wake the ones you love.
(Preocupa y despierta a los que amas)
A phone call I'd rather not receive.
(Un llamado que preferiría no recibir)
Please use my body while I sleep.
(Por favor usa mi cuerpo mientras duermo)
My lungs are fresh and yours to keep,
(Mis pulmones están frescos y son tuyos para que te los quedes)
Kept clean and they will let you breathe.
(Están limpios y te dejarán respirar)

Esta vez Luna no tenía dudas de por qué había elegido aquella canción. Se le ocurrieron alrededor de doce canciones que podría haber elegido, pero esta era la que presentaba el menor riesgo de hacerla llorar en el escenario frente a toda aquella gente. No quería que la vieran tan vulnerable. No quería que la vieran llorar. Sólo quería que la vieran rockeando. La Luna Loud que ellos conocían. La que ella creía conocer.

Is this, the way a toy feels
(¿Es así cómo se siente un juguete...)
When it's batteries run dry?
(...cuando sus baterías se agotan?)

Quizás por el alcohol, quizás porque esta vez sí prestó atención a la letra, o quizás porque simplemente estaba resignada, pero durante aquella canción logró despegarse de todo. Ningún recuerdo vino a su mente, ninguna imagen de Lincoln. Pudo tocarla entera sin que nada la distrajera.

Nobody plans to be half a world away at times like these,
(Nadie planea estar a medio mundo en tiempos como estos)
So I sat alone and waited out the night.
(Así que me senté solo y esperé a la noche)
The best part of what has happened was the part I must have missed.
(La mejor parte de lo que pasó fue la parte que debo haberme perdido)
So I'm asking you to shine it on and stick around
(Te pido que lo superes y te quedes aquí)
I'm not writing my goodbyes.
(No voy a escribir mi despedida)

I submit no excuse
(No pongo excusas)
If this is what I have to do
(Si esto es lo que debo hacer)
I owe you every day I wake
(Te debo cada día que me despierto)
If I could I would shrink myself
(Si pudiera me encogería)
And sink through your skin to your blood cells
(Y atravesaría tu piel hasta tus células)
And remove whatever makes you hurt
(Y te quitaría lo que te lastima)
But I am too weak to be your cure
(Pero soy muy débil para ser tu cura)

Durante unos hermosos diez minutos, Luna logró captar al público. Cantó como nunca antes había hecho, llevando su voz al extremo para que cada palabra que saliera de su boca se sintiera real. Gritó donde debía gritar, susurró donde se suponía que debía hacerlo. Donde se tomó licencias fue con su guitarra. Estiró las pausas, los puentes y agregó solos de guitarra completamente improvisados. Chunk logró acomodarse a los cambios que ella hacía en la canción, que pasó de los tres y minutos y medio originales a unos diez minutos de energía y pasión como pocas veces había demostrado. La gente la amaba. Todos gritaban por ella. Muchos se olvidaron de mantener su falso acento inglés, incluso, y le hacían sentir su apoyo en un burdo acento americano.

Cuando finalmente terminó de tocar, Luna consideró tirarse del escenario y que la cargaran. Estuvo a punto de hacerlo, pero finalmente se arrepintió. La verdad es que quería irse. No solía tocar tres canciones únicamente, pero aquella noche era diferente.

— ¡Buenas noches, Railway Tavern! —Gritó al escenario, dando un último acorde en su guitarra y dejando que el sonido se mantuviera en el aire hasta que lentamente fue perdiendo intensidad.

Las luces del escenario se apagaron, y Luna quedó de pie, mirando a la nada, con su guitarra colgada del hombro.

—Luna, ¿estás bien? —Preguntó Chunk, acercándose a ella.

—Estoy bien, Chunk.

— ¿Segura? Esas canciones...

— ¡Dije que estoy bien, Chunk! —Gritó, desconectando su guitarra y bajando rápidamente del escenario.

Queriendo evitar a Tabby —no se sentía con las fuerzas suficiente como para hablar con ella—, fue directamente hacia la salida para el sector de fumadores. El bar tenía un acceso al pulmón de manzana, un pequeño lugar al aire libre donde los fumadores supuestamente debían dirigirse, aunque todos fumaban dentro de todas formas. Ella no fumaba, pero aquel era el lugar menos poblado del bar, donde en teoría tendría menos posibilidades de ser molestada...

—Estuviste asombrosa ahí arriba.

...'en teoría'.

Volteó y vio a un chico de la edad de Lori, aproximadamente, mirándola con una sonrisa y con una botella de cerveza en su mano.

—Gracias —dijo ella, simplemente, mientras continuaba viendo al chico. Lo había visto un par de veces, estaba segura. Esta, sin embargo, era la primera vez en la que se percataba de lo atractivo que era. Chaqueta de cuero gastada, pantalones ajustados, cabello corto y despeinado.

— ¿Quieres un poco? —Le dijo, ofreciéndole su botella.

Luna lo miró durante algunos segundos.

— ¿No tienes alguna botella sin abrir? —Preguntó, con una sonrisa. Él rió.

— ¿Tienes miedo de que le haya puesto algo?

—Una nunca puede ser demasiado precavida —comentó con suavidad, acercándose a él—. Nada personal, cariño.

—Creo que tengo un six-pack en mi auto —dijo el chico.

La cerveza había comenzado a hacerle efecto, pero incluso en su estado actual, la voz de su padre hizo eco en algún rincón de su mente: "cuando nos sentimos así, a veces buscamos consuelo en los lugares equivocados, con las personas equivocadas". Tenía razón. Sabía que tenía razón. Sabía qué era lo que debería hacer.

Pero ante todo, se sentía mal. Se sentía horrible. Había ido a aquel bar creyendo que la música podría ayudarla a olvidarse de sus problemas al menos por una noche. Pues la música le había fallado, pero quizás aquel chico podría ayudarla.

— ¿Qué hacemos aquí entonces? —Preguntó, sonriendo y moviendo sus pestañas con una gracia más propia de Leni o Lola que de ella.


—Ya llegamos.

Matt detuvo su auto frente a la casa que Luna le había señalado. Ella estaba sentada en el asiento del pasajero, con los ojos cerrados, a punto de dormirse. Él la sacudió suavemente para despertarla.

— ¿Qué? —Preguntó, desorientada.

—Tu casa. Llegamos a tu casa —repitió Matt.

—Oh. Gracias, amor.

Se quitó el cinturón de seguridad y bajó del auto. Casi se tropieza con el cordón de la calle, pero logró mantener en pie. Riendo por su torpeza, abrió la puerta de atrás del auto y tomó el estuche donde llevaba a Chloe.

—Oye, ¿tienes planes para el próximo viernes? —Preguntó Matt, tratando de no sonar muy esperanzado.

Luna cerró la puerta de atrás y miró al chico a través de la ventana.

—Ya quisieras, amigo —dijo antes de sonreírle y lanzarle un beso.

Él también sonrió. Encendió su auto nuevamente y se alejó por la calle, dejando a Luna en la entrada de su casa. No tenía idea de la hora. No sabía si quedaría alguien despierto. Probablemente no. De lo único que estaba segura era que estaba en problemas. Serios problemas. O bueno, lo estaría si es que la descubrían. Quizás tendría suerte y podría llegar a su habitación sin que nadie la escuchara.

Tratando de no hacer ruido, subió los escalones de entrada. Le pareció curioso que fueran tantos. Ella sabía que sólo eran tres, pero por algún motivo sintió como que había subido más de cinco. La situación, por algún motivo, le pareció extremadamente graciosa. Llegó a la puerta y tomó su llave. Estuvo dos minutos batallando para que entrara en la cerradura. ¿Por qué hacían puertas tan complicadas de abrir?

Finalmente lo logró. Con cuidado, entró a su casa. Todo a oscuras, todo en silencio. Perfecto. Cerró la puerta silenciosamente, y volteó. Caminó en puntillas hasta llegar a las escaleras.

—Tienes suerte de que sea yo quien te encuentre.

Luna maldijo en voz baja. Ya estaba atrapada, así que no había caso en tratar de mantener silencio. Suspiró y volteó a ver a Lori, sentada a oscuras en el sofá.

Hey, soul sister! —la saludó, tratando de sonar casual.

—Déjate de bromas. Son las dos de la mañana, Luna —dijo Lori con severidad.

Luna suspiró una vez más.

— ¿Te quedaste despierta sólo para estar aquí cuando llegara? —Le preguntó— En verdad disfrutas de arruinarle la diversión a todos, ¿no es así?

—Para tu información —dijo Lori, poniéndose de pie y acercándose a su hermana menor—, vine aquí porque no puedo dormir. Me había olvidado que no estabas en casa.

Luna no dijo nada. Volteó y trató de subir por la escalera, pero Lori la detuvo.

—Luna, hueles a alcohol. Alcohol y... —olió el aire alrededor de ella, y su nariz se arrugó en disgusto— Luna, ¡¿qué demonios?!

Ella se soltó del agarre de Lori y subió hacia su habitación.

— ¡Luna, tienes tu falda al revés! ¡¿Quién era ese chico?!

— ¡No lo sé, Mike, Matt, no entendí qué es lo que me dijo!

— ¡¿Estás diciéndome que literalmente no sabes el nombre del chico que te trajo en su auto?! ¡¿En qué demonios estabas pensando?!

— ¡En nada, ese era el maldito punto! —Dijo, deteniéndose a mitad del pasillo de las habitaciones y volteando a ver a su hermana— ¡No quería pensar en nada, ¿entiendes?!

—Pues hiciste un excelente trabajo. ¿Tienes una idea de lo peligroso e irresponsable es lo que hiciste?

—Pues lo siento, pero no todas tenemos tu suerte, hermana.

— ¿Y eso qué quiere decir? —Preguntó Lori, entrecerrando sus párpados.

— ¡Quiero decir que no todas tenemos la posibilidad de ir a la casa de nuestro novio todo el día y dejar que él nos ayude a distraernos! ¡El resto de nosotras tiene que salir y buscar a un chico si queremos un poco de sexo tonto para pensar en otras cosas!

Escuchó alrededor de siete jadeos. Su vista estaba demasiado borrosa y ella estaba demasiado concentrada en Lori como para verlo, pero estaba segura de que todos sus hermanos estaban espiando la discusión. ¿Los habían despertado con sus gritos?

Lori pareció acusar el golpe. Permaneció en silencio unos segundos, y cuando finalmente habló, lo hizo mucho más calmada. Probablemente ella aún tenía la claridad mental suficiente como para saber que su discusión ya no era privada, y quería bajar la intensidad de la misma.

—Luna, te digo esto porque estoy preocupada por ti. No deberías hacer... las cosas que hiciste. Es peligroso.

—Noticas, hermana: no eres mi madre, y no soy una niña.

— ¡Pues a veces te comportas como una!

— ¡Vete a la mierda!

Nuevos jadeos. Esta vez la puerta del final se abrió un poco más.

—Sabía que esto acabaría pasando tarde o temprano —dijo Lori, negando con la cabeza—. Sabía que tu estúpida obsesión con el rock te llevaría a hacer estas cosas.

— ¿'Estúpida obsesión'? ¿De qué estás hablando?

—Sabes bien de lo que estoy hablando. Todos tus ídolos han vivido su vida drogándose y embriagándose, teniendo sexo sin cuidado, y tú crees que así es como deberías ser si quieres ser exitosa. Te creíste el cuento de estrella de rock, y ahora empiezas a actuar como tú crees que debería actuar una.

Luna apretó sus puños. No recordaba sentirse tan furiosa en mucho tiempo.

—Eso es mentira. Es mentira y lo sabes. ¡Sabes muy bien por qué estoy sintiéndome así! —Dijo, señalando claramente en dirección a la habitación de Lincoln— ¡Sabes perfectamente que no tiene nada que ver con la música!

—Por supuesto que tiene que ver con la música —le respondió Lori, mirándola con enfado y disgusto—. Para ti todo tiene que ver con la música. Es lo único que te importa.

No podía creer que estuviera escuchando eso. Su hermana mayor, la que supuestamente los conocía a todos, diciéndole que "sólo le importaba la música". ¿Cómo podía decir eso? ¿Cómo podía siquiera sugerir aquello? Si sólo le importara la música, no habría ido a aquel bar en un principio. Si sólo le importara la música, no habría buscado consuelo en el asiento trasero del auto de Matt.

Si sólo le importara la música, no estaría sufriendo desde hacía una semana.

—Eso crees, ¿eh? ¿Crees que la música es lo único que me importa? —Preguntó lentamente, mientras abría el estuche y sacaba a Chloe; una lágrima escapó de la esquina de sus ojos, cayendo por su mejilla— ¿En verdad crees que sólo eso me importa?

Lori se quedó en silencio, y expresión se suavizó lentamente.

—Yo no... No me refería a eso —dijo la chica, mirando hacia el suelo—. Sabes que no quise decir eso.

Luna siguió mirándola.

La rockera miró hacia el costado. Lucy y las gemelas estaban asomando las cabezas por las puertas entreabiertas de sus habitaciones. Lisa también observaba con interés. Todos la miraban. Y Luna supo que, en el fondo, todos creían eso de ella. Todos creían que sólo la música la definía. Que sólo la música le importaba.

Observó a Chloe. Violeta, pulida, brillante, con cuerdas nuevas y aquellos hermosos trastes perlados. Y luego vio por sobre el hombro de Lori, hacia la última habitación del pasillo. Aquella puerta estaba abierta. Dos personas estaban de pie allí dentro. Lynn, en el fondo, confundida. Y delante de ella, Lincoln, su hermano, mirándola con ojos cansados y preocupados. Pareció entender antes que nadie lo que ella iba a hacer, y trató de decirle con la mirada que no lo hiciera.

Pero Luna no podía permitir que todos creyeran eso de ella.

—Sí. Sí quisiste decir eso— le dijo a Lori.

Miró una vez más a Chloe, su guitarra favorita. Luego la tomó por el mástil, la levantó por encima de su cabeza, y con un gran movimiento la estrelló contra el suelo. Todos sus hermanos saltaron en su lugar, y algunos dejaron escapar un pequeño grito de sorpresa.

Un único golpe le bastó para que el mástil se rompiera en dos partes, separándose del cuerpo de la guitarra, el cual también se partió a la altura de los micrófonos. Las cuerdas rotas saltaron en todas las direcciones, raspándole los brazos. En sus manos sostenía un pedazo astillado del mástil de la que había sido su guitarra favorita. Lo lanzó suavemente para que cayera junto a los pies de Lori. Ella la miró anonadada, sin poder creer lo que había visto.

El ruido proveniente de la planta baja significaba que sus padres se habrían despertado con la guitarra estrellándose contra el suelo, pero a Luna no le importó. Dio un paso hacia Lori y la miró con decisión. Colocó su mano de tal forma que el propio cuerpo de Lori la ocultaba de la vista de las hermanas menores, y señaló hacia Lincoln.

Nothing else matters (Nada más importa) —le susurró, antes de voltear y dirigirse a su habitación. Pasó por delante de Luan y se acostó vestida en su cama.

El ruido de la discusión en el pasillo tapó sus sollozos.


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Podría armar un pequeño capítulo con las escenas eliminadas de este. El recital de Luna en la taberna era más largo originalmente, pero consideré que quedaba medio denso, así que eliminé algunas cosas. Hubo otras pequeñas escenas que también eliminé para dejar sólo lo que yo consideré lo más importante. Y demonios, no me hagan entrar a decirles cuántas referencias musicales dejé de lado para este capítulo, jajajaja. Pero no se preocupen, que muchas las usaré en el próximo.

Me gustaría aprovechar para dos cosas. Una, para recomendarles un fic llamado "Ingenio Infinito", de mi querido amigo Phantom1812. Eso sí... Bajo su propio riesgo (perdón amigo, pero hay que aclarar, jajaja). Y en segundo lugar, comunicarles que este fin de semana voy a crearme una cuenta en Tumblr para poder interactuar más fácil con todos ustedes. Compartiré algunos dibujos sobre Réquiem (porque yo también dibujo, jajaja), daré pequeños adelantos, y en general contestaré preguntas que me hagan. El próximo cap les diré con exactitud cómo es la cuenta, para los que les interese.

ACTUALIZACIÓN (9/1/2017): Acabo de crear el Tumblr. Me pueden encontrar como "underratedhero". Apenas subí un dibujo y reblogueé un par de cosas, pero ya iré sumando contenido.

Mmm... Veamos... Creo que no hay mucho más que decir. Lo de las gemelas era necesario ponerlo en este cap. Ah, y esta no es la última vez que Tabby aparecerá en el fic.

Los espero en el capítulo 14 de Réquiem por un Loud: "El show debe continuar".

¡Saludos!