Qué tal, amigos. Un placer presentarme ante ustedes una vez más. El cap pasado fue muy intenso, a juzgar por sus reacciones, jajaja. Debo confesar que leí decenas de veces el párrafo donde Luna rompe su guitarra, y si me permiten decirlo, cada vez que lo leía pensaba "Uff, impactante". Aunque seguramente porque soy un fanático de las guitarras y no me atrevería a hacer eso nunca. Lo de la salida nocturna de Luna con Matt, la verdad que no lo pensé tan grave como vi que muchos se lo tomaron, jajajaja. Pero toda interpretación de los hechos es válida.
Antes de empezar sólo quiero decir dos cosas.
La primera es que ya creé una cuenta de Tumblr. Pueden encontrarme allí como UnderratedHero. Trataré de subir los dibujos que cada tanto hago (soy un noob, no esperen nada maravilloso), y también subiré adelantos de los capítulos que se vienen a modo de dibujo. Yo los llamo "sneak peeks", como vistazos de algunas escenas, para que mientras esperan a que yo termine los capítulos ya puedan ir armando teorías de qué es lo que voy a hacer en base a esas imágenes. La idea también es poder usar esa plataforma para responder sus preguntas de forma más personal, ya que no me gusta mucho el sistema de PMs de FanFiction.
Lo segundo (que lo avisé en Tumblr el martes), es que dividí este cap a la mitad. Me estaba quedando una monstruosidad extremadamente larga, incluso para mis estándares, así que corté por lo sano y lo dividí en dos. Esta primera parte tiene 7K de palabras, así que no es que es un cap súper corto ni nada. Es del largo de los primeros 7 caps del fic, quizás un poco más. Ojalá que les guste.
Y ahora sí, los agradecimientos correspondientes:
Fipe2, supertotitoti, pirata, Phantom el Magnífico, mmunocan, Espartano, sombra02, Chiara Polairix Edelstein (mi guitarra eléctrica se llama Ellie y mi acústica Chloe [ahora ya saben de dónde lo saqué]), acosta perez jose ramiro, plusboom, Slash Torrance, DESTACADO117, Lucy (estudio arquitectura; consideré Letras, pero el programa de estudios me ahuyentó xD), Julex93 (te quiero a ti como autor de mi biografía :'v), nahuelvera2, CariaFeliz, VLaren, KinHiroki (yo AMO Simple Plan, y gracias por los consejos, pero el formato script no me agrada para una novela, y creo que sí, está prohibido xD), ImTheJuggernautBITCH (táchate el "Juggernaut" de tu nombre :v), cesar k-non (lol, qué vergüenza que le manden mi historia a Savino xD jajaja, gracias por todo!), Doce Espadas (no hay problema, amigo, que Lincoln cante tranquilo), jva98 (como siempre, agradecido por tus críticas), xXnobu16x, Gonzox-kun (sería genial, jajaja), J Nagera (370 mil palabras, holy shit, jajajaja entré a tu perfil para ver eso, pero no conozco nada de ese fandom, así que ni modo; lo siento, me hubiese encantado leerlo), Misster (leo TODOS los comentarios, absolutamente todos, y contesto todos los mensajes que me envían; son los que me motivan a seguir escribiendo), Sir Crocodile222 (no sé si te lo mencioné, pero amo tus comentarios, siempre me saca una sonrisa cuando me llega el mail diciendo que dejaste un review), Junior VB, GamesLOL, Sam the Stormbringer (tu análisis es sublime, muchas gracias. Sobre el rock, espero que entiendas que lo que dice Lori es, precisamente, desde la perspectiva de ella, no lo que yo opino. Mi familia tiene varios músicos, y me encanta el rock entre tantos otros géneros. Siempre que hablan de que todos los rockeros son drogadictos y vagos, me gusta recordarles que Bruce Dickinson, además de cantante de Iron Maiden, es piloto de avión, profesor de historia, esgrimista olímpico, novelista y tiene su propia marca de cerveza), thehardboiledhit, UnTipoEnInterne y los anónimos de siempre (supongo :v).
.
Capítulo 14:
El show debe continuar - Parte I
.
He visto el fuego, y he visto la lluvia.
He visto días soleados que creí que nunca acabarían.
He visto épocas solitarias, donde no podía encontrar un amigo.
Pero siempre creí que te vería de nuevo.
—James Taylor, "Fire and rain" (traducción)
.
Lincoln nunca ponía su despertador los fines de semana a menos que tuviera algo sumamente importante que hacer, por lo que no fue la alarma lo que lo despertó. Al principio, no estuvo seguro de qué era lo que lo había hecho. Durante un hermoso minuto, fue consciente de que había dejado atrás el mundo de Hipnos y que estaba en su habitación. Pero bien podría haber estado soñando aún, pues con sus ojos cerrados, sintió que estaba en un lugar tan maravilloso que no parecía ser real. Desconocía el promedio de latidos por minutos, pero él estaba seguro de que estaba por debajo de aquel ratio. Sentía cada respiración, cada latido de su corazón, y, extrañamente, se sintió un niño pequeño.
Algún tiempo más tarde, en lo que se sintió como media hora pero que probablemente no habría sido más que dos minutos, los sentidos de Lincoln comenzaron a agudizarse, y finalmente decidió abrir los ojos. Lo primero que vio fue que claramente estaba en su habitación, en su propia cama. Y en seguida descubrió que aquella maravillosa calidez se debía a que no estaba durmiendo solo. Lynn estaba a su lado, despierta, mirándolo.
Sus ojos estaban enrojecidos, y sus mejillas algo húmedas.
— ¿Estás bien? —Le preguntó a su hermana, sentándose, sin siquiera decirle buenos días.
Ella sonrió y se secó las lágrimas con las sábanas, sentándose también.
—Sí, lo siento —dijo, tratando de tranquilizarlo—. Me desperté hace un rato, y te veías tan... Tranquilo. No quise despertarte.
—No me despertaste —le aseguró Lincoln, mientras la veía acomodando un poco su cabello suelto con una mano, mientras buscaba su coleta—. Dormí muy bien, de hecho.
—Yo también —dijo ella, armando su cola de caballo.
Los dos se sonrieron. Lincoln realmente había gozado de una gran noche de sueño. Al igual que la noche anterior con Luan, haber dormido con una de sus hermanas le había ayudado a no tener pesadillas, a sentirse seguro, y a tener una apacible noche ininterrumpida. Aunque, ahora que lo pensaba, sí se había despertado. Había sido cuando...
Su sonrisa se desvaneció de repente. Inconscientemente, desvió la mirada hacia más allá de la puerta, más allá del pasillo, en la última puerta a la derecha antes de llegar al baño. La habitación de dos de sus hermanas mayores, de Luan y de Luna. Recordó todo lo que había pasado durante la madrugada, cuando Luna volvió tarde de un concierto y tuvo con Lori la que Lincoln consideraba había sido la pelea más grave que había visto jamás entre sus hermanas. Ni siquiera aquella vez en la que Lori y Leni se habían comprado el mismo vestido las cosas se habían puesto tan mal. No había sido una pelea violenta físicamente. Ni siquiera se habían tocado, lo cual era más que sorprendente en una casa donde cualquier cosa parecía resolverse a los golpes. Pero lo que Luna había hecho dolía más que cualquier patada.
No estaba seguro de qué es lo que había sucedido para que actuara así. Pudo darse cuenta de que estaba... algo desorientada, por culpa del alcohol. Y la había escuchado decir que... Había dicho cosas que un chico nunca quiere oír de sus hermanas. Cosas que le rompieron el corazón. Pero nada podía compararse con la imagen de su hermana destrozando su guitarra favorita. La mirada de dolor que él había visto en sus ojos cuando Lori le dijo que sólo le importaba la música. La desesperación que la invadió cuando pasó sus enrrojecidos ojos por los rostros del resto de su familia. La silenciosa súplica que le hizo cuando sus miradas se cruzaron. Él trató de decirle que no era así, que él la entendía, pero o no lo logró, o no bastó. Luna destrozó su guitarra. No era la primera vez que rompía una guitarra, pero siempre eran guitarras viejas o que necesitaban reparaciones de todas formas. Nunca Chloe, a quien limpiaba con una gasa luego de cada sesión. Y nunca en el contexto de una gran pelea con Lori.
Lori. ¿Qué le había pasado? La forma en la que había regañado a Luna... Lincoln sabía que sus propios conocimientos acerca de la psicología de sus familiares sólo podían ser rivalizados por los de Lori, quien hasta podría decirse que tenía más aces bajo la manga que él. No había forma de que hubiera dicho aquellas cosas sin saber que afectarían a Luna. ¿Había querido provocarla? No. No, Lincoln escuchó el arrepentimiento en su voz. La vio discutir con sus padres para que dejaran en paz a Luna. ¿Qué es lo que le había pasado entonces? En realidad, ¿qué hacía ella despierta a esas horas de todas formas?
—Vas a hablar con ella, ¿no? —Preguntó Lynn, sacándolo de sus pensamientos.
—Por supuesto. Habría ido anoche, pero...
—No hubiera servido de nada. No estaba... en condiciones de hablar contigo —dijo con cautela.
Lincoln recordó el estado con el que su hermana mayor había regresado, y sintió que su estómago se revolvía.
—Me cuesta creerlo. ¿Luna, con un... con un desconocido?
—Lo sé. Creo que todas estamos haciendo cosas estúpidas últimamente —dijo Lynn, evitando su mirada.
Él la miró con simpatía. Claramente, habría preferido que Lynn no golpeara a uno de sus compañeros hasta dejarlo casi inconsciente, ni que hubiera escapado de la escuela, ni que hubiera intentado pelar con su sensei, ni que hubiera llorado, culpándose por el destino de su hermano. Hubiera preferido evitar todo eso. Pero por otro lado, no pudo evitar sentirse feliz por haber tenido la posibilidad de pasar toda una tarde con ella. De conocerla mejor. También estaba agradecido de que Lynn hubiera fingido haber perdido una bola de béisbol para pelearse con Lucy y poder dormir con él sin que nadie sospechara. La experiencia había sido mucho mejor de lo que había imaginado. No había hecho nada violento, no lo había encerrado en ningún horno danés, ni siquiera había roncado. Ni siquiera tuvo que preocuparse por dar explicaciones acerca de la Operación Despedida. Ella trató de disimular sus miradas al calendario y la lista de objetivos que él tenía en la pared. No mencionó nada ni hizo ningún comentario al respecto, y él estuvo agradecido por ello.
—Entonces... —Comenzó Lynn, sonando ligeramente interesada— ¿Tú sabes lo que es...?
Lincoln volteó. En base a su tono de voz y el gesto de sus manos, supo que estaba hablando de la salida noctura de Luna, y la miró con una ceja levantada.
—Tengo once, no seis.
—Claro, sí, por supuesto. Lo siento. Es sólo que... No sé, no creí que ya sabrías de eso.
Lincoln sintió el calor de sus mejillas ruborizándose.
—Pues sí, sé de "eso" —Dijo. Desvió la mirada hacia la pared y se quedó en silencio. Estas no eran cosas que él quería discutir con sus hermanas.
—Hmm —murmuró Lynn, en tono divertido—, ahora entiendo por qué no querías dormir conmigo.
—Muy bien, lo volviste incómodo, iré a ducharme —dijo, con todo su rostro ruborizado, mientras se sentaba e intentaba irse de su habitación.
— ¡Espera!
Su hermana fue más rápida, y abrazó su brazo derecho, evitando que se moviera. En realidad, no era necesario sostenerlo. La desesperación en su voz lo había detenido por completo. El día anterior había descubierto una nueva faceta de Lynn, una a la que aún le costaba acostumbrarse. No era fácil verla tan vulnerable. Tan sensible. Tan desesperada por estar con él, al punto de que prácticamente había saltado ante la mera posibilidad de que él la dejara. Sonaba como si estuviera a punto de llorar.
—Lo siento, sólo estaba bromeando, hermanito —le dijo, abrazándolo aún más fuerte—. No me dejes. No todavía.
Su pequeño y herido corazón tembló con la súplica de su hermana. Con cuidado volteó y colocó un brazo sobre su hombro. Al sentir el cambio de posición, ella se acomodó, cruzando sus brazos a la altura de sus costillas, descansando su cabeza en su pecho. Pese a que ella era mayor por dos años, Lincoln de hecho le llevaba unos buenos cinco centímetros de estatura. Su gran cabello castaño servía para disimular la diferencia, pero él, desde hacía algunos meses, era más alto que ella. La había molestado en su momento, ganándose un buen golpe en el hombro, pero no fue realmente consciente de aquello hasta aquel momento en el que ella lo abrazó sobre su cama. Fue entonces cuando la sintió pequeña.
Él también la abrazó, y con cuidado acarició su cabello.
—Está bien, Lynn. No te dejaré. Nunca te dejaré —le aseguró.
Odió con todo su corazón el ser capaz de reconocer cuándo una persona lloraba sólo por su respiración. Estaba ganando demasiada práctica al respecto.
—¿V-v-vas a...? —Comenzó Lynn, pero tuvo que toser un poco y respirar un par de veces antes de reunir las fuerzas para poder hablar— ¿Tendremos otro momento así?
—Lynn, por supuesto que...
—Por favor —lo interrumpió—. S-sé que no puedo tenerte p-para mí todo el tiempo. Todas t-t-te queremos. Pero... Pero... —Comenzó a negar con su cabeza enérgicamente, como si el simple movimiento pudiera alejar sus pensamientos— No quiero que ésta sea la última vez que me despierto junto a ti.
Se maldijo a sí mismo cuando reconoció su propia respiración.
Le aseguró que no tenía intención alguna de que esta fuera la última vez que tuvieran tiempo para ellos dos solos. Le dijo que aún tenía tiempo, y que pensaba aprovecharlo.
—Así que no te preocupes. Todavía tengo que enseñarte a cocinar y pintar tus uñas. Y puedes dormir aquí cuando quieras —le aseguró con una sonrisa—. Pero hoy... Hoy tengo algunas cosas que hacer.
Ella asintió.
—Hablar con Luna —le dijo.
—No sólo eso —suspiró Lincoln, mirando con cansancio a su calendario—. Luan me está ayudando con un proyecto, tengo que darle un reporte a Lisa, quiero adelantar algunas cosas con mamá, prometí reunirme con Clyde y Ronnie Anne, y no estuve pasando mucho tiempo con...
— ¿Ronnie Anne? —Dijo ella de repente, separándose de su abrazo— ¿En serio vas a juntarte con esa... esa...?
Sus puños estaban apretados con fuerza, y su mirada estaba fija en el ojo de Lincoln, que hasta ayer incluso había estado algo inflamado. Lincoln no pudo evitar sonreír un poco, lo cual sólo enfureció aún más a Lynn.
—Aprecio que me cuides —le dijo, halagándola lo más rápido posible para poder calmarla; su plan funcionó—, pero fue un malentendido. Ella está sumamente preocupara por mí, ¿sabes? Es sólo que... Bueno, ella también encuentra más fácil expresarse a través de los puños.
Era evidente que la comparación puso incómoda a Lynn.
—Ustedes dos podrían ser buenas amigas, ¿sabes? —La provocó. Ella notó de inmediato su intención, y finalmente se relajó.
—Bien. Te doy permiso para que la veas. Pero dile que si quiere demostrarte su cariño, que ésta vez se limite a besos y caricias.
Ella dejó escapar una carcajada ante el rostro ruborizado de Lincoln.
— ¿Qué tan mal está? —Lincoln le preguntó, en voz baja.
Luan negó con la cabeza, juntando sus manos sobre su pecho.
—Cuando me desperté ella estaba duchándose. Luego volvió a nuestra habitación y comenzó a guardar sus instrumentos. Uno por uno. Quise... Quise detenerla, pero ella...
Cerró los ojos y tembló.
—Me sonrió —dijo finalmente—. Me sonrió y me dijo que no me preocupara. Pero se veía... No lo sé, Lincoln. Me dio miedo.
Lincoln cerró los ojos y masajeó sus sienes. Casi toda la familia había bajado a desayunar. Él se había retrasado porque había ido a tomar su dosis matutina del antídoto para la gripe de Lisa, y al salir, vio que Luan también salía de su habitación, cabizbaja. Tras asegurarse que nadie más quedaba allí arriba, Lincoln detuvo a Luan y le preguntó acerca de Luna, quien al parecer había decidido que no desayunaría.
Las cosas estaban complicadas, definitivamente. Lincoln no quería perder tiempo.
— ¿Puedes cubrirme? —Le pidió a su hermana— Voy a tratar de hablar con Luna.
Luan asintió y le deseó suerte, dándole un gran abrazo y un beso en la frente. Lo dejó sólo, y Lincoln fue rápidamente hacia la habitación de su hermana. Abrió la puerta, e incluso antes de ver a Luna sentada en una silla junto a la ventana, supo que todo estaba mal. El silencio de la habitación fue dolorosamente revelador. Ella ya no vestía sus botas, ni sus pulseras. No estaba tocando ningún instrumento, y no tenía puestos sus auriculares. Simplemente estaba sentada, con sus brazos apoyados en el marco de la ventana, con la mirada perdida.
Lincoln tomó aire y se acercó a ella.
—Luna.
De no haber sido porque escuchó cómo ella aguantaba la respiración antes de liberarla en un gran suspiro, habría creído que no lo había escuchado.
—Luna, mírame —le pidió, colocando una mano sobre su hombro.
Lentamente, Luna volteó y lo miró. Lincoln nunca había visto algo así. Era como si sus ojos hubieran perdido la capacidad de brillar. No le transmitían ninguna emoción. Sólo... sólo un inmenso sentimiento de abandono, de desesperación. Por un momento sintió que se había quedado sin palabras, pero viendo aquella mirada perdida, supo que tenía que arreglar esto.
— ¿Por qué lo hiciste? —Le preguntó, sin poder evitar el tono acusador.
— ¿Qué cosa?
—Todo. Haberte... emborrachado. Volver tarde. Lo... lo que le dijiste a Lori sobre el otro chico.
Luna cerró los ojos y bajó la cabeza.
—Debes odiarme ahora mismo. Debes creer que soy una... una...
—Claro que no —le dijo, con firmeza—. Luna no... no te juzgo. Pero... Sabes los riesgos. Si no usaste protección, podrías...
—Al contrario de lo que Lori cree —lo interrumpió, sonando no molesta, sino decepcionada; decepcionada con ella misma—, no soy una completa idiota. La familia no va a agrandarse, Lincoln.
Un enorme peso fue quitado de sus hombros. No es que no confiara en ella, o que creyera que fuera idiota. Pero Lincoln sabía muy bien que la gente, cuando se siente desesperada, suele cometer graves errores. Una parte de él se sintió aliviada, pero aún había muchas cosas que lo tenían preocupado.
— ¿Y por qué destruiste tu guitarra favorita?
La vio temblar, y supo de inmediato que ella estaba sumamente dolida por aquello. No había sido algo sencillo, claramente no había sido lo que ella quería. ¿Por qué lo había hecho, entonces?
—Porque no voy a necesitarla nunca más.
— ¿De qué estás hablando?
—Ya no tocaré —dijo, cortante —. No más música para mí.
— ¿Qué? ¿Por qué harías eso?
—Para demostrarles a todos que hay más en Luna Loud que música.
—Luna, ¡nadie cree que tú seas sólo música!
—Por supuesto que sí, Lincoln —respondió ella, caminando hacia su armario sin ir en búsqueda de nada en particular, solamente para no quedarse quieta—. Puedes decir lo que quieras, pero en el fondo todos ustedes creen que lo único que me importa en la vida es el rock. Lori misma lo dijo anoche.
—Lori no lo dijo en serio —se apresuró a decirle.
— ¡Lo dijo totalmente en serio! —Estalló Luna, volteando a verlo— Eso es lo que ella realmente piensa de mí, lo que todo el mundo piensa pero nadie se atreve a decirme.
—Luna, esto... Todo esto es mi culpa.
La expresión de Luna se relajó de repente. Lo miró sorprendida, sin comprender.
— ¿De qué hablas?
—Hay tantas cosas que tengo que aclarar con todas ustedes —comenzó Lincoln, sentándose en la cama de Luan—, pero no puedo estar con todas. Apenas he podido hablar con Luan y Lynn. Lucy, Lana y Lola ni siquiera saben lo que está pasando. Si yo te hubiera prestado atención, si hubiera hablado contigo antes... Quizás nada de esto habría pasado.
Luna se acercó a la cama, se sentó junto a él y lo abrazó.
—No, Lincoln, esto no es tu culpa. No digas eso. Es culpa mía. Yo los llevé a verme así.
—Pero Luna, no puedes dejar la música —le dijo Lincoln, tomándola de la mano—. Tú eres una prodigio musical, no puedes dejarla. Es lo que más te gusta en el mundo, lo que más disfrutas.
Sintió que la mano de su hermana se tensaba, y la mirada que Luna le dedicó era una mezcla de dolor y una pizca de enfado.
—Eso es exactamente lo que quiero que dejen de creer —dijo con dientes arpetados, mientras cerraba los ojos en un esfuerzo para no comenzar a llorar—. La música no es lo que más amo, Lincoln. Yo puedo vivir sin la música, pero hay otras cosas sin las cuáles no tiene sentido seguir.
— ¿Como qué? —Preguntó él, honestamente. En verdad quería saber de qué estaba hablando su hermana. Sintió que estaba por descubrir una faceta oculta de Luna. Así como había descubierto que Lynn quería aprender a cocinar, creyó que estaría por descubrir un hobby oculto de Luna.
Sin embargo, Luna no le respondió. No con palabras, al menos. Lo único que hizo fue verlo directamente a los ojos, con su labio inferior temblando, mientras levantaba una mano y le acariciaba una mejilla suavemente, apenas rozándolo con la punta de sus dedos, causándole pequeñas cosquillas. No rió, sin embargo, porque comprendió a qué se refería ella.
Estaba hablando de él.
¿Qué puede decir un niño de once años, cuya vida se le escapa a cada minuto que pasa, cuando su hermana mayor le dice que es lo que más ama, y que no tiene sentido seguir sin él? ¿Cómo puede uno responder ante semejante confesión? ¿Cómo decirle que no debería pensar así? ¿Cómo prometele que todo estará bien?
Le hubiera encantado poder responderle, pero no sabía qué decirle. En parte, fue un alivio cuando ella se puso de pie y le dio la espalda.
—Ve a desayunar —le dijo, sin mirarlo.
—Pero...
—No te quedes aquí conmigo.
—Quiero quedarme contigo.
—Le prometí a Lola que hoy también iría a su fiesta de té.
— ¿Y qué? Le diré que...
—Lincoln, por favor —lo interrumpió, aún dándole la espalda—. No me hagas llorar. Duele. Duele mucho.
Si hubiera sido un buen hermano, se habría quedado allí con ella. La habría hecho entrar en razón. No habría descansado hasta que se sintiera mejor. Le habría ofrecido un hombro sobre el cual llorar, le habría susurrado las palabras adecuadas. La habría ayudado a cargar con todo ese dolor que indiscutiblemente sentía. Pero fue egoísta. No se sintió preparado para hacerlo, para sufrir de nuevo junto a ella. Hacía cinco días que lo único que hacía era sufrir junto a otras personas. En el hospital con sus hermanas, con Bobby, con Clyde, con la muerte de Adrien, con Ronnie Anne, con Luan, con Lynn. Su corazón se resintió al pensar en todo lo que había sufrido, y en todo el dolor que aún le quedaba por sentir.
Fue débil. Eligió el camino fácil, asintió suavemente, y dejó a su hermana mayor lamentándose en su habitación, mientras él bajaba a desayunar con el resto de su familia.
Se sintió una verdadera basura.
— ¿Qué nombre le pondrías a este capítulo, hijo?
Lincoln estuvo un buen rato pensando en qué nombre ponerle a este nuevo capítulo que su madre le había ayudado a escribir. Contar sus experiencias y lo que había aprendido de ellas era bastante fácil. La parte más difícil la tenía su madre, que tomaba notas y luego tendría que ponerlo todo por escrito en una forma que quedase bien expresada, pero sin perder la mirada específica de Lincoln sobre cada tema. Pero elegir los títulos le parecía una tarea extremadamente complicada, sobre todo cuando su mente estaba ocupada pensando en otras cosas. Los anteriores títulos de esa sesión, "Ropa interior ajustada", "Cambiando a la bebé" y "Asesino Cereal", le habían costado muchísimo de elegir.
—No lo sé... Qué tal... ¿Sapos y Tiaras? ¿No es muy tonto? —Preguntó él, algo cansado de tanto pensar.
—Creo que es perfecto, hijo —le aseguró Rita con una sonrisa—. Es un perfecto resumen de esas dos.
Lincoln sonrió también y miró hacia un lado.
—Lincoln, ¿qué te pasa? —Preguntó su madre, dejando sus notas a un lado y sentándose junto a su hijo. Los dos estaban en su habitación, donde nadie los molestaría. Conociendo muy bien el hecho de que se podía oír todo lo que decían desde la ventilación del baño, Lincoln había puesto un reproductor de música junto a la salida, para que ninguna de sus hermanas pudiera escuchar accidental o intencionalmente lo que él estaba haciendo con su madre allí.
—Nada —le dijo.
—Es por Luna, ¿no es así?
Su madre podía ser engañada de vez en cuando, pero tenía una habilidad innata para detectar los problemas de cualquiera de sus once hijos. En el fondo, Lincoln sabía que no iba a poder ocultárselo por mucho tiempo.
—No deberían castigarla.
Rita suspiró.
—No es su culpa —continuó Lincoln—. No quiso hacerlo realmente.
—No vamos a castigarla, cariño —dijo su madre, acariciándole el cabello—. Ella ya es grande, y sabe que lo que hizo está mal. Muy mal. Y creo que ella ya se está encargando de su propio castigo.
No pudo decir mucho más. En seguida golpearon la puerta, y un segundo más tarde Lucy entró en la habitación. Lincoln no pudo evitar sonreír. Esta debía ser la primera vez que había visto a su hermana menor entrando a un lugar. Normalmente ella simplemente aparecía, aparentemente atravesando muros o viajando entre las dimensiones, pero incluso ella debía pedir permiso antes de entrar en la habitación de sus padres.
— ¿Qué pasa, Lucy? —Preguntó Rita, poniéndose de pie.
—Clyde y Ronnie Anne están en la puerta —dijo simplemente.
Sus ojos estaban ocultos debajo de su flequillo, pero aún así Lincoln estuvo seguro de que su hermana menor estaba paseando la mirada por toda la habitación, analizándola. Sus ligeros movimientos de cabeza le comunicaron a Lincoln que Lucy había visto el reproductor de música colocado contra los ductos de ventilación, y también el cuaderno que estaba sobre la cama.
—Gracias, Lucy —se apresuró a decir, deseoso de sacarla de allí cuanto antes—. Iré a jugar con ellos, mamá, nos vemos luego.
Salió junto con su hermana y cerró la puerta detrás de ellos.
— ¿Qué estabas haciendo, Lincoln? —Preguntó ella, monótonamente.
—Necesitaba ideas para su novela, y me ofrecí a ayudarla.
— ¿Y por qué pusieron música para que no se escuchara nada desde la ventila del baño?
— ¿Trataste de escucharnos desde la ventila del baño? —Preguntó Lincoln, dirigiéndole una mirada ligeramente acusadora. Lucy se dio cuenta de lo que había dicho, y tras un segundo donde su boca se abrió lentamente por la sorpresa, se alejó corriendo escaleras arriba.
Lincoln la vio alejarse. Lucy estaba sospechando algo, no había dudas de ello. No podría continuar ocultando la verdad por mucho más tiempo. Pero tenía demasiadas preocupaciones en aquel momento como para preocuparse por ello. Fue a la puerta, donde se encontró con sus mejores amigos. Los dos estaban separados por más de un metro y medio el uno del otro, haciendo todo lo posible por no cruzar sus miradas. Lincoln se había enterado del pequeño altercado que ambos habían tenido dos días atrás. Al parecer, aún no habían arreglado las cosas entre ellos, pero de todas formas habían dejado sus diferencias a un lado para poder pasar un día con él.
La sonrisa volvió al rostro de Lincoln. No cambiaría a sus amigos por nada.
—Qué tal, chicos —los saludó.
—Hola, Lincoln.
—Hola, tonto.
Las palabras fueron las mismas de siempre, el mismo saludo que usaban todos los días. Pero Lincoln notó una actitud diferente. Clyde apenas si había chocado los puños para saludarse, y Ronnie Anne lo miraba como si estuviera a punto de desmayarse. Los dos, de hecho, parecían estar tratándolo como una frágil figura de porcelana, un declidado modelo que debían cuidar que no se cayera. Lo ponía incómodo sentir que lo cuidaban como si fuera un niño, pero sabía que era su forma de preocuparse. No podía culparlos.
Comenzaron a caminar, sin un rumbo decidido aún. Él iba en medio de sus amigos. Al parecer, no sólo ellos mostraban una actitud diferente a la usual, pues incluso antes de llegar a la acera, Clyde le preguntó:
—Lincoln, ¿pasó algo? Te ves preocupado.
Él suspiró.
—No fue mi mejor noche —dijo resignadamente, mirando hacia el suelo y caminando con las manos en sus bolsillos.
— ¿Quieres hablar de eso? —Le preguntó Ronnie Anne, colocando una mano suavemente por encima de su codo.
Lincoln la miró a ella y luego a Clyde. Se lo había preguntado, pero él estaba bastante seguro de que no podría simplemente hacer como que nada había pasado. Volvió a suspirar y les dijo que les contaría cuando llegaran a algún lugar más tranquilo.
El lugar tranquilo acabó siendo, como casi siempre, el parque más cercano. Encontraron un pequeño rincón bajo la sombra de un árbol que tenía una gran mesa y bancos de hormigón. Lincoln se sentó allí, con Clyde frente a él y Ronnie Anne a su lado, sólo que ella estaba sentada sobre la mesa con los pies apoyados en el banco, a diferencia de los otros dos que usaban los equipamientos públicos como lo recomendaba el fabricante. Tranquilos, relajados bajo la sombra de aquel árbol y sabiendo que estaban lo suficientemente alejados del sendero principal como para que los interrumpieran, Lincoln les contó lo que había sucedido la noche anterior.
No les contó todo. Decidió evitar la confesión que Luna había hecho, porque no quería que ninguno de sus amigos pensara menos de su hermana, o que la juzgaran. Les contó lo que necesitaban saber. Que Luna, como el resto de sus hermanas, estaba devastada, que había decidido ir a tocar a un bar, que había bebido de más, y que había llegado sumamente tarde. Les contó la discusión con Lori, de cómo ella destruyó su guitarra más preciada, y de la charla que habían tenido tan sólo unas horas antes de que ellos llegaran.
—Ella dice que no quiere tocar más porque está cansada de que todos crean que sólo la música la define —finalizó. Abrió la boca como para decir algo más, pero finalmente la cerró.
Sus dos amigos lo miraban, sumamente preocupados.
—Pero tú no crees que eso sea así, ¿no es cierto? —Preguntó finalmente Clyde, midiendo con cuidado sus palabras, con temor a equivocarse.
Lincoln no pudo evitar que sus labios formaran una fugaz sonrisa. Su mejor amigo definitivamente sabía leerlo como un libro abierto.
—No. No creo que sea sólo eso. No digo que esté mintiendo, seguramente hay un poco de lo que ella dice en su actitud. Pero creo que es más... más complicado.
Incómodo, desvió la mirada a su derecha, viendo a los niños jugando con sus amigos, hermanos y padres, riendo y disfrutando de una buena tarde de sábado.
— ¿Y qué crees que es? —Preguntó Clyde, una vez más, tras un largo silencio de Lincoln.
Él no contestó de inmediato. Tenía una idea en su cabeza, pero era difícil encontrar las palabras justas para explicarse. Normalmente era un chico muy elocuente, pero al parecer, le era difícil expresarse con claridad y facilidad cuando se trataba de problemas serios con sus hermanas.
—Verán, Luan me contó que estos días Luna estaba teniendo problemas para tocar. Que se interrumpía a mitad de las canciones, y que siempre parecía estar a punto de llorar. Y hoy, cuando traté de hablar con ella, me dijo algo que... —comenzó a mover su mano, tratando de gestualizar lo que quería decir, pero no se le ocurrieron las palabras adecuadas—. No lo sé. Me da la sensación de que ella ya no quiere tocar más porque no puede distraerse con la música. Sus canciones le recuerdan... Bueno, le recuerdan que voy a morir.
Sus dos amigos temblaron ante aquellas palabras, pero Lincoln decidió ignorarlos.
—Ella siempre ha usado la música como una pantalla para sus problemas. Era una especie de máscara. Se escondía detrás de ella para no pensar en lo que le hacía mal, para abstraerse y escapar de ellos, ¿saben? Pero... Supongo que esta vez no puede escapar de esto. Mi teoría es que está tratando de no pensar en que voy a morir, pero no puede hacerlo. Esa siempre fue la forma en la que lidió con sus problemas, y ahora que ya no puede hacerlo, no sabe qué hacer. Y eso es lo que la está arruinando por dentro.
—No puedes culparla, Lincoln —dijo Clyde suavemente—. Todos... Todos estamos tratando de llevar esto a nuestra manera.
Comenzó a respirar profundamente, tratando de ser fuerte por su amigo y no llorar.
—Lo sé, lo sé —le aseguró Lincoln, en un tono derrotado—. La entiendo, te juro que la entiendo. Pero no sé cómo puedo ayudarla. No sé cómo puedo hacerla sentir mejor. Si tengo razón, y creo que la tengo, todo esto que está haciendo es para evitar el dolor. ¿Cómo puedo ayudarla a dejar de evitar el dolor?
Clyde trató de decirle algo, pero no tenía en verdad idea alguna de qué decirle. Cerró la boca y bajó los ojos. Lincoln también desvió la mirada. No esperaba realmente que respondieran a su pregunta. Sólo estaba expresando en voz alta uno de sus problemas, quizás el más inmediato. El hombre con el plan, así se había definido a sí mismo múltiples veces, y sin embargo, ahora que realmente importaba, que las cosas estaban en un estado crítico, no tenía ni idea de qué hacer. No podía simplemente morir y dejar a su hermana así. No podía permitirse a sí mismo abandonar este mundo con una de sus hermanas mayores habiendo renunciado a su pasión. Tenía que ayudarla, pero no sabía qué hacer.
Tan concentrado estaba en sus pensamientos, que casi se sobresaltó cuando Ronnie Anne habló.
—Cuando mi mamá murió, no lloré.
Lincoln y Clyde levantaron la vista de inmediato. Ronnie Anne, sentada sobre la mesa, miraba hacia el suelo, evitando el contacto visual con los dos chicos. Lincoln tragó saliva. Era la primera vez que escuchaba a Ronnie Anne hablando de su madre. Él, a través de Lori, se había enterado que la madre de Ronnie Anne y de Bobby había muerto dos años atrás producto de un accidente. Siempre había sido cuidadoso de no mencionar nada que pudiese entristecer a Ronnie Anne al recordarle a su madre. Pudo ver que su amiga se veía sumamente triste. Estuvo a punto de decirle que no hacía falta que recordase aquello, pero ella continuó hablando.
—Mi papá y Bobby lloraron mucho, y yo también me sentía terrible, pero no lloré. Ni cuando llegué al hospital, ni cuando nos dieron la noticia, ni cuando la enterramos. Durante semanas, estuve triste, pero no tanto. Suena loco, ¿no? ¿Cómo podría no estar triste por la muerte de mi mamá? Debería haber estado llorando sin parar. Pero no fue así, durante semanas no lloré. Y entonces...
Sus hombros comenzaron a convulsionar, y Lincoln actuó de inmediato. Se puso de pie y la abrazó. Ella lo rodeó con sus brazos y lo acercó contra ella, abrazándolo también, mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos. Clyde también se puso de pie, rodeó la mesa y se detuvo junto a ellos. Sin saber bien qué hacer, colocó una mano sobre el hombro izquierdo de Ronnie Anne, acariciándola suavemente.
—Un día estaba con mi patineta en el parque, practicando mis trucos —dijo ella, resumiento su historia—. Todo estaba bien, hasta que de repente vi que una niña de cuatro años se caía con sus patines, y su madre la ayudaba a levantarse. En cuanto... En cuanto vi eso... Fue como si alguien rompiera una represa. Me sentí enferma de repente. Corrí al arbusto más solitario que pude encontrar, me escondí detrás de él, y lloré.
Hundió su rostro en el hombro de Lincoln, y sus manos apretaron su camisa.
—Lloré, y lloré. Lloré todo lo que no había llorado hasta ese entonces. Me sentí terrible. Sentí que no valía la pena seguir viviendo sin mi mamá. Llamé a Bobby para que me fuera a buscar, y lloré con él también. Fueron horas de llanto, Lincoln, horas. Jamás en mi vida lloré tanto como ese día.
Tras aquello, permaneció algunos minutos tratando de recuperar su aliento, de serenarse. Lincoln y Clyde la esperaron pacientemente a que se recuperara. El chico de cabello blanco no la soltó en ningún momento, y no dejó de acariciar suavemente su espalda. Cuando ella finalmente se recuperó y se separó de él, Lincoln se sentó a su lado, sobre la mesa, y la tomó de la mano.
—No recuerdo nunca haberme sentido peor. Sólo pensar en ese día me duele —hizo una pequeña pausa para tomar aire, y Lincoln aprovechó para apretar suavemente su mano—. Pero a partir de ese día, finalmente pude aceptar lo que había pasado. Todas esas semanas en las que no lloré, me estuve mintiendo a mí misma. No fue algo consciente, pero me estaba engañando. Mi psicóloga me dijo que era algo que mi mente hacía para evitar el dolor. Pero...
— ¿Pero? —Preguntó suavemente Lincoln, no queriendo apresurarla.
Ronnie Anne finalmente lo miró a los ojos.
—No siempre podemos escapar del dolor. Hay cosas que siempre van a dolernos, y no podemos evitarlo. Y a veces... A veces hay que dejar que nos duela.
Se quedaron en silencio, y Lincoln comenzó a procesar todo lo que su amiga le había dicho. No era precisamente una reflexión reconfortante. Parecía más bien una especie de resignación. Dejar de evitarlo, aceptar que no hay nada que hacer, y dejar que duela. Él no quería eso. Él quería una solución mágica que le permitiera arreglar todo con Luna. Hacerla sentir bien, evitar que llorase, ahorrarle precisamente todo el dolor. Él quería eso, pero pese a su inocencia y optimismo, sabía que lo que estaba pidiendo era demasiado. Sabía que la muerte de un ser querido no podía ser tomada a la ligera. No era algo que uno pudiera restarle importancia, o tratar de que no lo afectara. En algunos momentos de debilidad, se había imaginado cómo sería si alguna de sus hermanas estuviera pasando por su situación en lugar de él, y la idea de vivir algo así lo hacía llorar más que nada en el mundo.
Quizás Ronnie Anne tenía razón. Quizás lo que Luna necesitaba era dejar de ocultar su dolor, de buscar la manera de distraerse y evitarlo. Ayudándola a entender eso, tal vez podría evitar que continuara haciendo cosas peligrosas para distraerse. Pensándolo así, Lincoln se sentiría menos culpable; si dejándola llorar evitaba que se pusiera en riesgo, entonces era un precio que él estaba más que dispuesto a pagar. Pero aún quedaba el tema de la música. ¿Cómo ayudarla con eso? A menos que...
Los ojos de Lincoln se iluminaron. Una idea cruzó su mente, y él la atrapó antes de que se escapara. La idea comenzó a tomar forma, convertiéndose en un plan. Ciertamente, Lincoln creyó haber encontrado una solución. Era práctica, fácil de realizar, con grandes posibilidades de dejar un impacto en Luna, que es lo que quería al fin y al cabo. Para llevarla a cabo, sin embargo, necesitaba un poco de logística. Una mínima preparación o ayuda en una rama que no era su especialidad. Comenzó a repasar a todas las personas que conocía, y de repente llegó a la solución.
Era perfecto.
No fue capaz de reprimir una sonrisa. Sonrió ampliamente, sintiéndose satisfecho, y sus amigos lo notaron.
—Se te ocurrió una idea, ¿no es verdad? —Preguntó Clyde, mirándolo con una ceja arqueada.
—Sí —dijo él con felicidad, apretando ligeramente la mano de Ronnie Anne—. Sí, se me ocurrió algo. Creo que ya sé qué hacer con Luna. Si me esfuerzo lo suficiente, puedo hacerlo esta misma noche. Sólo tengo que practicar, y necesitaré la ayuda de...
Se detuvo de repente. Se había emocionado, y su entusiasmo lo había hecho hablar cada vez más rápido y feliz, pensando en iniciar de inmediato los preparativos para esa misma noche. Pero en aquel momento, él estaba con sus dos mejores amigos. Se suponía que pasarían la tarde juntos.
—Lincoln.
Él miró a Ronnie Anne, quien le sonreía ligeramente, con ojos algo tristes, pero comprensivos.
—Si tienes que ir, ve —dijo ella en voz baja.
—Pero... Hoy era nuestro día.
—Podemos esperar, amigo —le aseguró Clyde, luciendo prácticamente la misma cara que Ronnie Anne—. Tu hermana te necesita más.
—La familia siempre está primero —completó la chica.
Lincoln estiró ambos brazos y rodeó los cuellos de sus amigos, tomándolos por sorpresa cuando los atrajo hacia él, para poder abrazarlos. Ellos no perdieron tiempo y también devolvieron el gesto.
—Los amo, chicos —les dijo, desde lo más profundo de su ser.
—Nosotros también —respondieron ambos.
Se separó de ellos y se puso de pie. Necesitaba un aventón hacia el otro lado de la ciudad, y aunque no quería aprovecharse ni nada por el estilo, necesitaría pedir un favor. Abrió el chat con la mayor de sus hermanas, y le envió un primer mensaje.
"Hey, Lori..."
Estaba comenzando a escribir "estas ocupada? puedo pedirte un favor?", pero cuando iba por la mitad, la aplicación le confirmó que su hermana había visto el mensaje, y una milésima de segundo más tarde su teléfono comenzó a vibrar, avisándole de una llamara entrante de Lori Loud.
— ¿Lori? —Preguntó, en cuanto atendió el teléfono.
— ¡Lincoln, ¿dónde estás?! ¡¿Pasó algo?! ¡¿Está todo bien?!
Tuvo que alejar el teléfono de su oído para prevenir cualquier tipo de daño irreparable. Ronnie Anne comenzó a reír al ver la escena.
—Lori, tranquila, estoy bien, no me pasó nada.
— ¡¿Estás seguro?!
—Completamente.
Escuchó un gran suspiro, y volvió a acercar su teléfono a su oído.
—Perdón. Vi tu mensaje y... Bueno, importa.
—Lori, ¿estás haciendo algo? Es decir, ¿estás ocupada?
—No, Lincoln, no estoy ocupada para ti. ¿Qué necesitas?
—Bueno... Si no estás ocupada, ¿crees que podrías venir a buscarme al parque? Necesito que me lleves a un lado, por favor —le pidió, tratando de sonar lo más cortés posible.
Escuchó el ruido de unas llaves, unos pasos rápidos, lo que pareció ser un golpe de metal contra metal, y en seguida un motor encendiéndose.
—Estoy literalmente en camino.
.
Era el mejor lugar para dividir el cap. Normalmente lo que me preocupa no es la duración sino lo que quiero contar. Por eso los primeros caps son más cortos (porque las cosas que quería mostrar eran más fáciles de contar) y estos últimos tan largos. Pero este estaba quedando demasiado largo, y me pareció que si lo dividía no quedaba tan vacío de contenido. Es decir, este tuvo una escena con Lynn, la charla con Luna, un momento con su madre y una escena con sus amigos que viene de la mano de un headcannon bastante oscuro sobre Ronnie Anne.
A partir de ahora sólo actualizaré los viernes. No digo que todos los viernes, una vez a la semana, pero sólo actualizaré los días viernes. Así que si no actualizo el próximo viernes, pues esperen al próximo.
Saludos.
