Vaya, menos mal que dividí el capítulo en 2. ¿Se imaginan tener que haber leído 20K de una tira? Ni siquiera yo soy tan malvado.
Este capítulo tiene sentimentalismo. Sólo conozco una estrategia para evitar el sentimentalismo barato: reemplazar la imagen cliché por una imagen más fuerte. Recurrí a varias imágenes cliché para que las imágenes fuertes que también incluí tuvieran más peso. Cualquier recurso literario que conozcan relacionado con esto, siéntanse libres de sugerírmelos. Para ahorrarles trabajo: conozco el "show, don't tell". Mi opinión es un poco distinta a la de la mayoría en este asunto, creo que la decisión de "Mostrar" o "Contar" depende del ritmo y lo que quiera transmitir. Como sea, no importa. Los invito a que me critiquen y me ayuden a mejorar.
Me gustaría agradecer a todos los que dejaron sus reviews estas últimas dos semanas, gracias a quienes esta historia ha superado los 300 reviews en español: cesar k-non, Fipe2 (¿qué chico de 11 años en el siglo XXI no sabe sobre sexo? jajaja), Nextation, pirata, Mmunocan (típico de ti, ver Lynncoln en todos lados :v), J Nagera (¿emparejar a Lynn con Lincoln? ¿Yo? ... Quizás), plusboom, kiritoissei (muchas gracias! c:), acosta perez jose ramiro (no es que sea más complejo... es que necesita más desarrollo. De todas formas, los problemas de Lynn y Luan no están solucionados aún), supertotitoti (al contrario, dije que NO iba a ser su última aparición, jajaja), DESTACADO117 (muahahahaha), Phantom1812, CaritaFeliz, Lucy (podés estudiar Letras igual, jajajaja, todas las carreras tienen cosas buenas y cosas malas), nahuelvera2 (en el cap anterior Lincoln al principio no quería que Lynn fuera a dormir con él, por eso, jajaja), Julex93 (¡felicidades por los 100 seguidores en Tumblr! ah), sombra02, Luis Carlos (no, House no aparece más en la historia. ¡Y lo de las máscaras se aplicó absolutamente a todos los demás miembros de la familia! Ese era el punto del cap, jajajaja, Lynn golpeaba, Luan en silencio, Luna tocando... todas máscaras ocultando la verdad, formas de maquillar su dolor. Creí que había quedado claro), Junior VB, Sir Crocodile222, Sir Dark (gracias por las siempre bien recibidas críticas), jva98 (de hecho, una de las causas de los ronquidos es el estrés [yo imagino que es por eso que todos en la casa Loud roncan, pues viven inmersos en estrés], por eso Lynn no roncó: durmiendo junto a Lincoln no tuvo ninguna preocupación. En fin, gracias por tanto, perdón por tan poco), Espartano, Yurrnero, FlyperTheDolphin y Doce Espadas.
¡Y un saludo especial para Mariduea001! Este capítulo está dedicado a ti, amigo :D
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Capítulo 15:
El show debe continuar - Parte II
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Sing with me, sing for the year
Sing for the laughter, and sing for the tear
Sing with me, just for today
Maybe tomorrow, the good Lord will take you away...
—Aerosmith, Dream On.
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Luna se había levantado para ir al baño. No se fijó en su despertador, pero debían ser altas horas de la madrugada. Luego de lavarse las manos y secarse, salió al pasillo. Tenía su mano sobre el picaporte de la puerta de su habitación cuando notó algo por el rabillo del ojo. Con cansancio, desvió la mirada hacia su derecha. La luz se filtraba por debajo de la puerta de la habitación de Lincoln.
Luna perdió todo el sueño que tenía. ¿Qué hacía Lincoln despierto todavía? Debería estar durmiendo. Con determinación y su instinto de hermana mayor activado, atravesó el pasillo casi corriendo. Se detuvo junto al que hasta hace un mes era el armario del primer piso, y golpeó suavemente la puerta.
— ¿Linky? ¿Estás despierto? —Susurró.
Escuchó un pequeño tumulto, y la puerta se abrió de repente. Pasar de la oscuridad a recibir de lleno la luz de la lámpara la hizo cerrar los ojos, por lo que sólo sintió que unos pequeños dedos se cerraban alrededor de su muñeca y la empujaban dentro. Cuando finalmente logró abrir los ojos, vio que Lincoln estaba de pie junto a ella, vistiendo su enterito naranja y abrazando a Bun-Bun con todas sus fuerzas. Pero en seguida notó que había un olor raro en su habitación, y que su enterito tenía una mancha húmeda en sus piernas. Lo más importante, sin embargo, era que él estaba llorando.
—Lincoln —le dijo, arrodillándose junto a él—. ¿Qué te pasó?
—Me desperté hace un rato, Luna —dijo él, acercándose a ella y apoyando su frente contra la de su hermana mayor—. Quería ir al baño, pero las luces están apagadas y me daba miedo. Y Lynn no está para acompañarme. Y... Y yo... No aguanté.
Él volvió a quebrarse. Luna lo entendió. Hasta hace muy poco, Lincoln y Lynn eran compañeros de habitación. Cuando Lucy había nacido, un mes atrás, sus padres habían reorganizado los dormitorios. Las cuatro mayores seguirían teniendo una habitación para cada una, y habían decidido que Lynn dormiría con la pequeña Lucy, y Lincoln podría quedarse con el armario de ropa, al cual convertirían en una pequeña habitación. Era un niño de tres años, y estaba todavía acostumbrándose a dormir sólo. Ya no tenía a su hermana mayor a mano para ayudarlo con sus problemas, hacerlo sentir seguro y protegido. No tenía a nadie que lo acompañara hasta el baño. Podría haber hecho ruido, gritado hasta que alguien fuera a ayudarlo. Luna sabía que ninguna se habría enojado si Lincoln las despertaba para que lo acompañaran. Pero él era un niño tan bueno que ni siquiera las molestaba por eso.
Él seguía llorando, y sus lágrimas se encargaban de mojar la parte superior de su ropa de dormir. Luna supo que tenía que hacerlo sentir mejor. Lincoln siempre se calmaba cuando ella cantaba, y le gustaba mucho cantar. Así que rápidamente decidió abrazarlo y cantarle en voz baja la letra de una canción de su película favorita.
—"Cómo me apena, el verte llorar. Toma mi mano, siéntela. Yo te protejo de cualquier cosa. No llores más, aquí estoy."
No dejó de llorar inmediatamente, pero levantó la vista y miró a los ojos a Luna. Ella siguió cantando la canción de Tarzán, sonriéndole y secándole suavemente las lágrimas. Luego lo tomó en sus brazos y lo sentó sobre su regazo, prácticamente acunándolo, sin preocuparse porque la humedad de su enterito le llegara a su propio pijama. Cantó la canción de inicio a fin, y cuando terminó, Lincoln la estaba abrazando, con los ojos cerrados y una sonrisa.
—Linky, vamos al baño a lavarte y ponerte ropa limpia, ¿si? —Le dijo la niña de siete años, casi en un susurró. Él asintió.
Luna tomó otro pijama del cajón de Lincoln, y lo llevó de la mano hasta el baño. Una vez allí, preparó el agua de la ducha, desvistió a Lincoln y con cuidado lo lavó. Se aseguró de que se secara bien, lo vistió una vez más, y colocó el enterito manchado en el fondo del canasto de ropa sucia, para que nadie se enterara de lo que le había pasado. No es como que fueran a reírse de él, pero al parecer la idea de que sólo Luna se enteraría de lo ocurrido pareció calmar al pequeño niño.
Cuando finalmente salieron del baño, Lincoln no paraba de agradecerle a Luna, diciéndole que era la mejor hermana del mundo, y que la quería mucho, mucho, mucho, mucho, que la quería hasta el infinito y más allá. Escucharlo decir aquellas cosas la alegraron de una manera que las palabras no podrían describir. Todo porque se había despertado a mitad de la noche, y en parte gracias a la banda sonora de una gran película.
Bendito Phill Collins.
—Lincoln —le dijo, deteniéndose junto a su puerta.
Él, que seguía buscando nuevas formas de expresar lo mucho que la quería, se detuvo también y la miró con una sonrisa.
— ¿Quieres dormir en mi habitación hoy?
Sus ojos se iluminaron tanto que incluso en el pasillo oscuro ella fue capaz de distinguirlos.
— ¿Puedo usar la almohada con forma de nota musical? —Preguntó ilusionado.
—Por supuesto.
Estuvo a punto de gritar de entusiasmo, pero Luna logró detenerlo antes de que despertara a toda la casa. Entraron a la habitación de la chica y se acostaron en su cama. Ella tenía su almohada, y también algunos almohadones con distintas formas. Lincoln amaba el que tenía forma de Clave de Sol. Se recostaron, uno junto a otro, y cerraron los ojos.
— ¿Luna? —Preguntó él en voz baja pocos segundos después.
— ¿Si?
— ¿Podrías cantarme la canción para dormir?
Luna sonrió. "La canción para dormir". Estaba seguro de que esa canción no había sido escrita como canción de cuna, sino como una hermosa balada de amor. Pero el ritmo tranquilo de la misma siempre relajaba a Lincoln, y Luna normalmente se la cantaba a la hora de la siesta. Hasta ahora, no había fallado nunca en hacerlo dormir.
Luna sonrió una vez más, y con mucho gusto se acurrucó junto a su hermanito, jugando suavemente con los mechones de cabello blanco que caían por su frente mientras le cantaba.
I could stay awake just to hear you breathing (Podría quedarme despierta para escucharte respirar)
Watch you smile while you are sleeping (Verte sonreír mientras duermes)
While you're far away dreaming (Mientras estás lejos, soñando)
I could spend my life in this sweet surrender (Podría pasar mi vida, en esta dulce rendición)
I could stay lost in this moment forever (Podría quedarme perdida en este momento por siempre)
Well, every moment spent with you (Cada momento pasado contigo)
Is a moment I treasure (Es un momento que atesoro)
I don't wanna close my eyes (No quiero cerrar mis ojos)
I don't wanna fall asleep (No quiero dormirme)
'Cause I'd miss you, babe (Porque te extrañaría)
And I don't wanna miss a thing (Y no quiero perderme nada)
'Cause even when I dream of you (Porque incluso cuando sueño contigo)
The sweetest dream will never do (Ni el más dulce sueño alcanzaría)
I'd still miss you, babe (Seguiría extrañándote)
And I don't wanna miss a thing (Y no me quiero perder nada)
Cuando unos suaves y tiernos ronquidos comenzaron a escapar de la boquita abierta de Lincoln, Luna volvió a cubrirlo con la frazada. Besó su frente y durmió junto a él, rodeándolo con un brazo. Pronto, su respiración se acomodó a la de él y, unidos en un abrazo de amor, tuvieron dulces sueños por el resto de la noche.
—Lincoln, te prometo que no fue mi intención decir aquello.
—Descuida, lo sé.
—No sé qué me pasó. Ella... Ella estaba gritándome, y yo estaba tan preocupada —le dijo—. Debería haberme callado. Debería haber esperado a que se calmara antes de hablar con ella.
—Lori —dijo él, estirando un brazo para acariciar el hombro de su hermana—, estabas preocupada por ella, e hiciste lo que creíste necesario. No fue tu culpa lo que sucedió.
—Hace un rato quise disculparme con ella, pero Lynn me dijo que Luan se había encerrado en su habitación con Luna. No sé cómo le irá...
Avanzaron durante varias calles hasta que Lincoln habló de nuevo, justo cuando la camioneta se detenía frente a un semáforo en rojo.
—Todo estará bien —dijo en voz baja, casi un susurro—. Me encargaré de ello.
Lori volteó a verlo. De no ser porque la luz del semáforo cambió a verde y tenía algunos autos detrás de ella, se habría quedado observándolo durante mucho tiempo. Lincoln sonrió ligeramente. Era evidente lo dolida que Lori se encontraba. Por todo. Por él, por Luna, por sentir que no estaba pudiendo mantener el control de la casa. Por ver cómo todo y todos a su alrededor parecían desmoronarse. Y sin embargo, ella seguía mostrándose fuerte. Seguía estando allí para todos sus hermanos, tratando de cuidarlos, tratando de seguir cumpliendo con su función como la mayor de todos. Estaba costándole, pero no dejaba de intentarlo, y Lincoln la admiraba por ello.
—Entonces —dijo Lori, tratando de romper el silencio que se había formado—, tienes un plan para hacerla sentir mejor, ¿no es cierto? ¿Por eso me pediste que te trajera hasta aquí?
—Tengo un plan, sí —respondió Lincoln, llevando una mano a su nuca, nervioso—. No sé si servirá para hacerla sentir mejor... Pero tengo que intentarlo.
—Eso será más que suficiente —le aseguró, y Lincoln sonrió.
Finalmente llegaron a su destino. Por suerte Lori había estado desocupada —aunque Lincoln tenía la impresión de que ningún compromiso la hubiera retenido de ir con él—, no sólo porque ella podía llevarlo en Vanzilla, sino porque él no conocía la dirección del lugar. Sólo tenía dos opciones: preguntarle a Luna, lo cual hubiera arruinado cualquier intento de sorpresa, o llamar a Lori.
Estaba muy agradecido. Por ello, en cuanto se quitó su cinturón de seguridad, se movió en el asiento delantero hasta quedar junto a ella y la abrazó. Lori fue tomada por sorpresa , y tardó unos segundos en reaccionar, pero cuando finalmente lo hizo abrazó también a su hermanito, descansando su cabeza sobre la de él.
—Muchas gracias, Lori.
—De nada, Linky.
— ¿Puedo pedirte otro favor? —Preguntó, separándose apenas de ella— ¿Si no es mucho pedir?
—Lo que quieras, Lincoln. Lo que necesites, cuando lo necesites —dijo ella, con ojos sumamente brillosos.
—Es sobre Lucy.
— ¿Qué hay con ella?
—Está sospechando —explicó Lincoln—. Sabe que algo anda mal.
— ¿Y qué quieres que haga? —Preguntó ella.
—Sólo... Sólo asegúrate que esté bien. Normalmente todos la ignoran, y aunque a ella le gusta estar sola, de vez en cuando necesita que le presten atención. Y dile a Lynn que esta noche haga las paces con ella. Lucy aprecia mucho su compañía; más de lo que está dispuesta a admitir.
Lori asintió lentamente. Le aseguró que trataría de pasar tiempo con Lucy en cuanto volviera a su casa. Con su conciencia un poco más tranquila, Lincoln bajó de la camioneta y volteó hacia la casa. Estuvo a punto de caminar, pero su hermana lo llamó.
—Lucy... Tendrás que contarle —le recordó, sin sonar exigente—. A ella y a las chicas. No puedes seguir ocultando esto por mucho más tiempo.
Lincoln miró hacia el suelo unos instantes. Frunció el ceño, asintió en silencio, y finalmente volvió a mirar a su hermana. Levantó una de las comisuras de sus labios, en una media sonrisa que estaba a mitad de camino entre ser una irónica y de resignación.
—Una batalla a la vez, Lori —dijo él simplemente.
Su hermana asintió, encendió el motor de la camioneta, le dijo que la llame cuando necesitara volver a casa, y se alejó, dejándolo sólo en medio de la acera. Lincoln volvió a mirar la casa que tenía frente a sí. Tenía un aire muy distinto al del resto de las viviendas de la zona. Era pequeña, sólo con dos plantas, pero daba la sensación de ser un castillo. Una galería con grandes arcadas antecedía la entrada principal y los grandes ventanales de la que debiera ser la sala de estar. La casa era bastante cuadrada, incluso los techos de pizarra parecían tener pendientes muy inclinadas. La diferencia con su propia casa asombró a Lincoln. Mientras que la casa de los Loud parecía ser un rejunte de piezas unidas aleatoriamente para formar algo parecido a una vivienda, la casa que estaba delante suyo parecía la ejemplificación del orden. Todas las ventanas alineadas, las columnas superpuestas con las líneas de la puerta y los marcos, todo ordenado, calculado, medido. Lincoln no sabía mucho de arquitectura, pero su padre había estudiado un semestre en una universidad británica, y no se cansaba de hablar de la hermosura de las casas victorianas. Él siempre decía que imponían respeto y Lincoln, mientras avanzaba echando una mirada a la bandera del Reino Unido que colgaba del techo, tuvo que darle la razón a su padre.
Llegó a la puerta, y se encontró con que no había timbre, sino una vieja aldaba de bronce con forma de león.
— ¿En serio? —Dijo él en voz alta, antes de sacudir la cabeza, tomar la aldaba y comenzar a golpear el metal contra la puerta. De no haber sido porque confiaba en su hermana mayor, habría creído que estaba en la casa equivocada, porque nada en aquel edificio parecía indicar que aquel fuera el hogar de...
La puerta se abrió. Lincoln escuchó un jadeo y luego un agudo chillido emocionado.
— ¡Lincoln! —Gritó Tabby, saltando y acercándose a tomar su mano, sacudiendo todo su brazo enérgicamente.
—H-Hol-la T-T-T-abby —dijo él, tratando de que su cabeza no se saliera de su cuerpo.
— ¡No puedo creerlo! —Dijo la niña, finalmente soltando a Lincoln y mirando a su alrededor— ¿Está Luna contigo?
—No, no, ella se quedó en...
—¡Estaba a punto de empezar a practicar, llegaste justo a tiempo! —Lo interrumpió, tomándolo de la mano y arrastrándolo dentro de la casa— ¡Pasa, pasa!
Una vez dentro de la casa, Lincoln comprobó que se veía tan antigua, prolija y cuidada como por fuera. Tablas de maderas de apagados colores en las paredes, alfombras con intrincados diseños. Se habría detenido a quitarse los zapatos para no ensuciar aquel hermoso hogar, pero Tabby estaba demasiado ocupada arrastrándolo por el hall de entrada, pasando la escalera y el estudio, hasta llegar a la sala principal.
Extrañamente, aquella sala se parecía mucho a su propio estar. Una chimenea en el fondo, televisión frente a la ventana, sillones alrededor, y un pasillo que parecía conducir a una habitación. Lo único diferente era que los muebles se veían mucho más elegantes y costosos, incluida la silla mecedora de madera junto al hogar, donde una vieja anciana que bien podría ser la madre del Maestro Yoda se encontraba tejiendo una bufanda.
—Lincoln, esa es mi abuela, Lady Campbell, o como yo le digo, mi Nona.
Lincoln rápidamente se peinó y dio un paso hacia delante, extendiendo gentilmente su mano.
—Buenas tardes, señora. Me llamo Lincoln, soy un amigo... de...
Bajó lentamente su mano al ver que la señora seguía tejiendo sin siquiera pestañar, como si Lincoln no estuviera hablándole. Escuchó una risita detrás suyo, y vio a Tabby acercándose con una sartén y una cuchara.
—No te esfuerces, Lincoln. Está casi sorda, mira esto.
Dio un gran golpe a la sartén, tan fuerte que Lincoln tuvo que cubrir sus oídos para que dejaran de vibrar. La señora Campbell, sin embargo, continuó tejiendo como si nada hubiera pasado.
—Podríamos practicar aquí mismo y no le molestaría, ¿no es genial? —Dijo Tabby con una sonrisa—. Tenemos vecinos, sin embargo. Mejor vayamos a mi habitación.
— ¿Tu habita...? ¡Aaah!
Tabby volvió a tomarlo de la mano, y esta vez lo llevó por las escaleras. Mientras subían apresuradamente los escalones, Lincoln vio desfilar a su lado distintos retratos. Algunos con fotos en blanco y negro. En otros llegó a distinguir a Tabby, y en otros tantos vio fotos con personas que no reconocía. Al llegar a la planta alta, ella dobló por el pasillo, abrió la primera puerta a la derecha, una de madera rosa, y entró junto con Lincoln.
El chico abrió los ojos y dejó escapar un silbido. No sólo la habitación de Tabby era gigante considerando que todo ese espacio era para una niña de once años, sino que parecía estar en una dimensión alterna a la del resto de la casa. El suelo era de una alfombra morada muy estridente. Pósters de bandas, conciertos y guitarras colgaban de todas las paredes, las cuales tenían grandes tiras de espuma aislante como la que su padre había colocado dentro de las paredes que rodeaban la habitación de Luna. No tenía la misma cantidad de instrumentos que su hermana, pero aún así vio una guitarra eléctrica, una acústica y al menos dos amplificadores.
Era sumamente interesante notar el contraste entre aquel lugar y el resto de la casa. Tan distinto. Tan desordenado, colorido, en comparación con lo serena y ¿aburrida, tal vez? que se veía el resto de la vivienda.
—Esta es mi habitación —dijo Tabby con una sonrisa, cerrando la puerta detrás de ella—. Completamente aislada acústicamente. Eso significa...
Se acercó a Lincoln lentamente, tomándolo por las manos y acercando su rostro al suyo.
—...que podemos hacer tanto ruido como queramos —susurró.
— ¿Eh? —Dijo Lincoln, su rostro adquiriendo color.
— ¡Hagamos una sesión de jam! —Gritó ella, levantando sus manos por encima de su cabeza, festejando la oportunidad de poder compartir su música con alguien más.
Lincoln vio cómo ella tomaba su guitarra eléctrica y se dirigía a sus amplificadores, comenzando a preparar todo. Aprovechó la pausa para relajarse un poco y seguir observando la habitación. Estaba llena de cosas. Discos, hojas de papel con anotaciones musicales, pentagramas, púas, ropa y muchos, muchos pósters. Fue entonces que Lincoln notó que, justo frente a la cama de Tabby, había una pequeña colección de posters de The Railway Tabern. Y todos tenían algo en común: el nombre Luna Loud escrito entre los participantes. Se acercó allí, y vio que entre todos los afiches, sobresalía una foto estilo polaroid de Tabby abrazando a Luna, ambas sonriendo y haciendo cuernos con sus manos libres.
—Tabby, en verdad admiras a Luna, ¿no es así? —Preguntó, de repente notando que no escuchaba el eco de su propia voz en las paredes cubiertas de espuma aislante.
Ella detuvo todo lo que está haciendo, volteó y se acercó a él.
—Tu hermana es la chica más asombrosa que conocí en mi vida —confesó, tomando la foto que Lincoln se encontraba observando, mirándola con cariño—. Mi hermano siempre quiso que me interesara por el rock, pero nunca fue realmente lo mío. Y entonces conocí a tu hermana. Ella también trató de que me gustara el rock, pero cuando le dije que no me gustaba, me dijo que quizás lo mío era el punk. Y cambió mi mundo. Mi vida era taaaan aburrida antes de ella... Ayudar a mi abuela a tejer, estudiar danza, ignorar a mi hermano... ¡Y ahora es punk, música, guitarras! Ella me hizo quien soy ahora. Y al final, también terminé interesándome por el rock. Todo lo que ella toca me gusta. Abrió mi mente.
Las palabras de Tabby fueron una confirmación a todo lo que Lincoln creía acerca de su hermana. Luna no estaba definida por su música. No era el rock lo que la definía, sino su energía. Así como Luan era una persona que transmitía felicidad y alegría, y sus bromas eran sólo un medio para hacerlo, Luna era una chica que contagiaba energía, actitud, el deseo de ir de frente, de disfrutar de todo lo que nos gusta, de vivir con pasión y hacer lo que en verdad deseamos hacer hasta el final. La música era el instrumento que ella había elegido para recordarle al mundo que no había nada de malo con vivir apasionadamente.
El hecho de que hubiera al menos una niña con pósters de ella en su cuarto era prueba suficiente para Lincoln de que no podía permitir que su hermana dejara atrás toda su pasión. Su meta estaba ahora más clara que nunca.
—Sabes —comenzó Tabby, volviendo a colocar la foto en su lugar—, cuando le dije que me gustaría poder practicar contigo me refería a que los tres hiciéramos algo juntos, no tú y yo solos. No es que me moleste, al contrario. Pero no esperaba que se lo tomara tan en serio como para enviarte aquí al día siguiente.
— ¿Le dijiste a Luna que querías que yo practicara con ustedes? —Preguntó Lincoln con una ceja levantada.
Tabby volteó a verlo, y fue su turno de arquear una ceja.
—Pues sí. Se lo dije anoche en el bar.
— ¡¿Estuviste en el bar con Luna?! —Preguntó él, de pronto interesado.
— ¡Claro! No me pierdo ni uno de sus shows. Aunque el de ayer fue... raro.
Ella volvió a tomar su guitarra eléctrica y la conectó al amplificador. Tocó un par de estruendosas notas para asegurarse de que sonara bien, pero se detuvo al notar que el sonido salía bastante sucio. Amagó a quitarse la correa, pero Lincoln la detuvo.
—Yo lo hago.
Se arrodilló junto al amplificador y comenzó a mover las perillas de tono y volumen, acostumbrado luego de tantos años ayudando a Luna a preparar todo en el garaje.
— ¿A qué te refieres con que ayer fue raro? —Preguntó, mientras seguía con los ajustes.
—La forma en la que tocaba —dijo Tabby, mirando impresionada a Lincoln—. Comenzó con mucha energía, y después con cada canción se sintió cómo empezó a ponerle más sentimiento y emoción. Además eran canciones tristes. Mi hermano dice que seguramente eran problemas con un chico.
—Ya veo —dijo simplemente, sintiendo agujas heladas que pinchaban su corazón con cada nuevo detalle que se enteraba acerca de la performance de su hermana en el escenario la noche anterior.
—Ella nunca me dijo nada de algún chico, pero no tiene por qué hacerlo, ¿sabes? Sigo siendo una niña. Yo también creo que pasó algo así. Sonaba como si un chico hubiera terminado con ella, y se notaba a leguas que estaba muy triste por ello. Estuvo a punto de llorar en el escenario, yo lo vi, estaba en la primera fila.
—Oh.
— ¿Tú sabes algo? ¿Algún problema amoroso que haya tenido tu hermana?
Lincoln se quedó en silencio, agachado junto al amplificador. Siendo honestos, él no había ido allí buscando a Tabby. Sabía que la encontraría, sí, pero no sabía hasta dónde ella podría ayudarlo. Ahora, sin embargo, estaba seguro de que tendría que haber acudido a ella desde un principio.
Apagó el amplificador y se puso de pie.
— ¿Lincoln? ¿Qué estás haciendo? —Preguntó Tabby, confundida.
Él se dirigió hacia la cama de Tabby y se sentó allí, mirando hacia el suelo.
—Tabby, Luna quiere dejar la música para siempre.
La chica inmediatamente dejó escapar un gran jadeo, mirándolo sin creer, como si acabara de hacerle una broma de muy mal gusto. Con cuidado, volvió a quitarse su guitarra de encima, dejándola apoyada en la pared más cercana.
— ¿De qué hablas? Luna no... Tocó en un escenario anoche —dijo, como tratando de hacerle ver lo ilógico que eso sonaba—. Luna ama la música. No puedes simplemente dejar la música. No tiene sentido.
—Anoche, cuando llegó a casa, tuvo una discusión con otra de mis hermanas, y... —Lincoln tuvo que tomar un poco de aire antes de continuar— ...y destruyó su guitarra favorita. La hizo pedazos.
— ¡¿Chloe?! ¡¿Pero por qué...?! ¿Cómo...?
La pequeña amante del punk estaba luchando por encontrar las palabras. No podía creer lo que sus oídos acababan de oír. Se sentó junto a Lincoln, negando con la cabeza y tratando de encontrar una explicación a lo que él le decía. No conocía demasiado a Lincoln, y de hecho la única vez que se habían encontrado él había pasado toda una noche engañándola. Pero había algo en él que la hacía confiar. No lo veía capaz de mentir, al menos no con algo así, con algo tan importante relacionado a su hermana. Supo que estaba diciendo la verdad.
— ¿Por qué hizo eso? —Preguntó finalmente, mirándolo.
—Tabby... Mira, lo cierto es que había venido aquí para pedirle ayuda a tu hermano.
— ¿Chunk? ¿Por qué Chunk? —Preguntó ella, ladeando ligeramente la cabeza.
—Supuse que él conocería mejor a Luna, y que podría ayudarme... Pero no sé si me sienta tan cómodo con él. Es decir, nunca hablamos, en verdad, y tú... Bueno, tú sí me caes bien.
—Tú también me caes bien, amigo —dijo ella con una pequeña sonrisa, dándole un ligero golpe en el brazo, mucho más gentil que los que Lynn solía darle—. Pero, ¿para qué necesitas la ayuda de Chunk? ¿O la mía?
Lincoln se tomó un par de segundos para preparar toda la explicación. Ya había tenido que discutir este tema varias veces, y sin embargo no parecía hacerse más fácil para él.
—Verás... Ella está muy, MUY deprimida. Y eso es porque...
— ¿Es por un chico entonces? —Lo interrumpió Tabby— ¿Es por eso que ayer cantaba esas canciones tristes?
—No, no es por un chico —respondió Lincoln, un poco molesto por la interrupción—. O sea, sí, es por un chico, pero... Mira, Luna está así por mí.
— ¿Por ti? ¿Pero qué fue lo que hicis...?
—Si me dejaras hablar quizás podría decirlo —la interrumpió Lincoln, tratando de no sonar sumamente irritado.
Ella lo miró un poco ofendida durante un segundo, pero finalmente asintió en silencio y lo dejó hablar. Lincoln volvió a respirar hondo, volvió a prepararse psicológicamente, y lo soltó.
—Estoy enfermo. Tengo una enfermedad muy grave, y voy a morir en una o dos semanas.
Luna una vez le había mostrado unos artículos sobre una habitación aislada cien por ciento acústicamente. Más allá de lo extraña que se veía, lo interesante era el efecto que estar aislado producía en las personas. Sin ningún estímulo proveniente del exterior, sin siquiera un eco de lo que hacemos, uno comenzaba a escuchar los latidos de su corazón, el aire entrando y saliendo de sus pulmones, incluso el sonido de la sangre recorriendo las venas. Al parecer uno no podía estar más de media hora en aquel lugar sin marearse o sentirse enfermo. Luna lo consideraba la prueba de que no podíamos vivir sin sonido, ergo, no podíamos vivir sin música, y aunque Lincoln no estaba del todo seguro de que aquel argumento fuera del todo lógico, la "habitación del silencio" siempre le había parecido interesante, y se preguntaba cómo sería poner pie en un lugar así.
Pues bien, la habitación de Tabby no estaba aislada al cien por ciento, pero tenía algo de aislación, y el hecho de que ninguno de los dos niños que se encontraba allí dijera nada por un buen rato no ayudó tampoco. Así fue cómo Lincoln fue capaz de escuchar el jadeo de su amiga, y la respiración entrecortada de ella mientras procesaba lo que él acababa de decirle. Escuchó también su propia respiración calmada, a la espera.
Como era de esperarse, Tabby acusó el impacto de la noticia. Se quedó observándolo en silencio, con la boca ligeramente abierta, mostrando la pequeña separación de sus paletas. Sus ojos temblaban ligeramente, descansando en su rostro durante varios segundos, alejándose luego al suelo de su habitación, sólo para volver a ver al chico que tenía sentado a su lado, una y otra vez. Esta vez no tuvo dudas en que no se trataba de una broma. No dudó que él estuviera diciéndole la verdad. Lo supo de inmediato, en cuanto lo escuchó. Y de repente entendió las canciones de Luna. "Sin ti mi vida está incompleta", "Nunca seré la misma aquí sin ti", "¿Es así como un juguete se siente cuando se acaban sus baterías?". Por supuesto, ahora lo entendía. Ahora parecía tan lógico, tan obvio... ¿Pero quién habría imaginado algo tan terrible? ¿Cómo podría Tabby haberse imaginado que Luna estaba allí tocando por su hermano menor? ¿Cómo saber que estaba perdiendo una parte tan importante de su vida?
Y entonces Tabby recordó que ella le había preguntado por Lincoln. Llevó una mano a su corazón, sintiéndose increíblemente culpable. Le había puesto el dedo en la llaga. Luna seguramente había ido allí para mantener su mente alejada de todo, y ella se lo había recordado de la forma más dolorosa justo antes de comenzar a tocar. Volvió a mirar a Lincoln. Hasta hacía un minuto atrás, lo veía como un chico al que le encantaría conocer con mayor profundidad. Luna siempre hablaba de él como un tesoro, como si fuera el mejor chico del mundo. Y ahora sólo podía verlo como si fuera un espejismo, una especie de fantasma que anunciaba su partida.
—Wow... Lincoln, yo... Lo... Lo siento —dijo, sin saber qué decirle.
Él negó suavemente con la cabeza.
—No te preocupes, Tabby. Yo creo... creo que ya lo asumí —dijo, tratando de sonar mucho más seguro de lo que en verdad estaba, tratando de que su propio miedo no se reflejara en su voz—. Pero como te puedes imaginar, mis hermanas están tomándose esto muy mal.
—Pues claro —dijo ella, balanceando incómodamente sus pies sobre el suelo—. Por supuesto... Esto... Oh, Lincoln...
Tabby lo miró con mucha tristeza, estirando una mano suavemente hasta colocarla sobre la suya. Él simplemente la miró con un entendimiento y resignación.
—Tabby, Luna está muy mal. Está perdiéndose a sí misma. Tengo que ayudarla, y tengo una idea de cómo hacerlo, pero necesito tu ayuda.
— ¿Qué puedo hacer? —Preguntó ella, dispuesta a todo con tal de ver mejor a su amiga, a quien consideraba una mentora y sobre todo una hermana.
Lincoln se puso de pie, se acercó a una de las paredes de la habitación, y tomó la guitarra acústica que Tabby tenía apoyada allí con cuidado. Volvió a sentarse en la cama junto a ella, colocó los dedos en un acorde de Do, y tocó.
—Necesito demostrarle que no puede renunciar a la música, que eso no tiene la culpa de lo que está pasando. Ella cree que todo el mundo sólo la ve como una chica a la que le gusta la música, y quiero dejarle en claro que no es así. Que veo a la Luna detrás de la música, y que la amo por lo que es.
— ¿Y cómo puedo ayudarte? —Preguntó Tabby, imaginándose la respuesta.
—Conozco una canción. Sé que ella también la conoce, es de un cantante que siempre nos gustó a ambos. Yo no... Bueno, no sé cantar, pero ese no es el punto. Me gustaría poder tocarle una canción.
— ¿Sabes tocar la guitarra?
—Luna me enseñó los acordes básicos, los más normales. Si me ayudas a encontrar los acordes para la canción, podría aprenderla, supongo; suena bastante fácil. Pero también hay algo que me gustaría expresarle, y no conozco una canción que hable de ello. Quizás tú puedas ayudarme con eso también.
Tabby se puso de pie inmediatamente y se dirigió a su escritorio. Tomó una pequeña computadora portátil con una calcomanía de Link-180 y la encendió. Cuando la máquina estuvo lista, entró a una página de música y miró a Lincoln. Los ojos de la chica denotaban una gran tristeza, pero su tono de voz y su firmeza mostraron determinación.
—Dime lo que necesitas y encontraré la canción perfecta para Luna.
Lincoln y Lori llegaron a su casa cerca de las seis de la tarde. Mientras la mayor entraba a la casa con instrucciones de ir a buscar cierto artículo en el ático, Lincoln se dirigió al garaje. Abrió la puerta, y corroboró lo que su hermana mayor le había dicho en el camino a casa desde lo de Tabby. El garaje era de toda la familia, por lo que no era extraño que él o sus hermanas guardaran allí todo lo que no entraba en sus habitaciones, y normalmente allí era donde Luna guardaba muchos de sus amplificadores. Pero ahora el garaje estaba más lleno que nunca, pues durante la tarde, Luna había llevado allí todos sus instrumentos.
Lincoln decidió no perder tiempo en simplemente quedarse de pie observando con tristeza aquella imagen, y en cambio comenzó a buscar la guitarra acústica de su hermana. No fue muy difícil encontrarla, pues estaba cuidadosamente colocada dentro de su estuche y contra la pared. Ningún instrumento significaba tanto para Luna como Chloe lo había hecho, pero aún así ella siempre los cuidaba a todos. Lincoln tomó el estuche y lo separó, dejándolo preparado para aquella noche. También fue a la mesa donde su pare guardaba sus herramientas y demás instrumentos.
Notó que a un lado de la mesa habían muchas cosas de pesca preparadas, incluyendo anzuelos, chalecos, y dos cañas. Le pareció raro, ya que la última vez que habían ido a pescar fue cuando toda la familia había ido al parque estatal Grand Venture, semanas atrás. Lincoln no había pescado nada; había estado más preocupado tratando de evitar que la predicción de Lucy acerca del final de su día se volviera realidad.
Ignorando este detalle, buscó una de las lámparas de campamento que su padre siempre llevaba cuando iban de vacaciones al camping Scratchy Bottom. También iba a necesitarla para lo que tenía pensado realizar en la noche. Cuando encontró una, la colocó junto a la guitarra de Luna. Sin nada más que hacer hasta que Lori le diera lo que la había enviado a buscar, Lincoln abandonó el garaje.
Entró a la casa por la puerta de la cocina, y allí se encontró con Lisa. La científica estaba de pie en un pequeño taburete junto a la heladera, estirando sus pequeños brazos, tratando de alcanzar las cosas que estaban en el estante más alto. Dio unos pequeños saltos, pero aún así no llegaba.
—Rayos —se quejó, apretando sus puños y pisando fuerte el taburete.
— ¿Necesitas ayuda? —Preguntó Lincoln, acercándose a ella.
Lisa volteó a verlo. Usualmente, su mirada era la de una persona aburrida, cansada de que las ocurrencias diarias no implicaran un desafío para su capacidad intelectual. Lo único que podía sacarle una sonrisa o hacerla enfadar era la intervención de sus hermanas o de Lincoln; más allá de eso, siempre se la veía aburrida, desinteresada. Por eso a Lincoln le sorprendió cuando la vio despeinada (incluso para los estándares de la pequeña niña, en aquellos momentos su cabello se veía horrible), vistiendo aún su pijama pese a ser las seis de la tarde, y con todo su cuerpo temblando ligeramente por la rabia de no alcanzar un estante de la heladera.
—No es necesario —dijo ella, frunciendo el ceño y desviando la mirada—. Sólo quería preparar un simple aperitivo para reponer energías, pero esta casa no está preparada para que los más jóvenes de la familia podamos aprovechar al cien por ciento las funciones y posibilidades que se nos ofrecen.
No era común tampoco verla tan molesta por algo tan mundano.
— ¿Querías algo para comer? Pues llegué justo a tiempo, entonces —dijo él con una sonrisa, acercándose a ella y tomando los frascos de jalea y mantequilla de maní de la heladera.
Ignorando un bufido de Lisa, Lincoln se apresuró en preparar los sandwiches que tanto le gustaban a su hermana. No tanta jalea, con los bordes recortados, y en forma de cuatro triángulos rectángulos... ¿o eran isósceles? Un minuto más tarde, tenía todo preparado en un pequeño plato, el cual extendió hacia su hermana menor.
—Aquí tienes, Lisa. Justo como a ti te gustan —le dijo, aún sonriendo.
Su sonrisa comenzó a vacilar cuando vio que Lisa se quedó mirando los sandwiches que él le ofrecía, sin intentar tomarlos. Simplemente los miraba.
— ¿Lisa? —La llamó.
Su voz pareció sacarla del pequeño trance en el que se encontraba. Levantó la vista hacia él, y en seguida estiró sus brazos para tomar el plato.
—Lo siento. Es sólo... En verdad me gusta cómo los preparas —dijo sencillamente y sin sonreír. Por algún motivo, aquellas palabras no sonaron como un cumplido para Lincoln, sino como una observación teñida con una emoción que él no supo reconocer.
Su hermana tomó el plato y le dio las gracias distraídamente, volteando y tratando de dirigirse hacia su habitación.
— ¡Espera!
Lincoln dio un paso hacia delante y detuvo a su hermana. Cuando Lisa había extendido su brazo para tomar la comida, la manga de su pijama se había caído unos centímetros, y Lincoln había visto algo. Suavemente la tomó por la muñeca izquierda y bajó la manga de su pijama, revelando un pequeño antebrazo con lo que parecía ser un papel pegado en la mitad.
— ¿Qué es eso? —Preguntó, confundido.
Su hermana se zafó bruscamente de su agarre.
—No es nada —respondió sencillamente.
—Lisa, ¿qué es eso? —Repitió Lincoln, colocándose delante de ella para que no pudiera ir a su habitación.
Ella suspiró.
—Es un parche de cafeína.
— ¡¿Qué?! ¡Lisa, tienes cuatro años! ¡Cuatro! ¡No puedes beber café! —Gritó, escandalizado.
—No es café, es cafeína. Y en dosis controladas.
— ¡Esto puede hacerte mal!
Lisa dejó escapar una pequeña y sarcástica risa, lo cual hizo enojar un poco más a Lincoln.
—Es gracioso —dijo ella.
— ¿Qué es gracioso?
—Creía que era yo quien tiene un PhD, Lincoln, no tú —respondió con frialdad, pasando por al lado de su hermano.
Él no dijo nada. Apretó sus puños y continuó mirando hacia la cocina, mientras su hermana menor pasaba a su lado en dirección hacia la escalera. Se recordó a sí mismo que ella sólo tenía cuatro años. Era una niña. Si alguna de sus hermanas mayores le hubiera contestado así, se habría desatado una verdadera batalla verbal. Tuvo que realizar un gran esfuerzo para controlar su enfado, y en cambio permitió exteriorizar su preocupación.
—Lisa.
Dio una media vuelta para poder verla. Ella se detuvo, apenas girando su cabeza para verlo por el rabillo del ojo.
—Esos parches de cafeína... ¿Por qué?
—Me ayudan a no dormir.
—No deberías mantenerte despierta por más tiempo del que tu cuerpo soporta. Necesitas descansar.
—No, Lincoln —respondió ella, volviendo a mirar hacia el frente y comenzando a alejarse—. Lo que necesito es salvarte.
Lori bajó por las escaleras unos tres minutos más tarde y encontró a Lincoln de pie en medio de la cocina, mirando con preocupación al suelo. Le preguntó cómo se encontraba, y él la tranquilizó diciéndole que no era nada grave, que sólo estaba pensando. Ella parecía no estar del todo convencida, pero decidió no presionarlo.
—La encontré —dijo Lori, alcanzándole una bolsa alargada en forma de cilindro.
—Gracias —dijo él, tomando la bolsa en sus manos. Él habría necesitado horas para encontrarla en el desastre que era el ático. Lori, por suerte, tenía más experiencia que él acerca de dónde su padre guardaba las cosas.
—Escucha, te ayudaría con eso, pero mamá me pidió que ponga a dormir a Lily antes de la cena.
—Lori, no te preocupes. Hiciste más que suficiente por mí hoy. Le diré a Leni que me ayude.
— ¿Leni? —Preguntó Lori, levantando una ceja— Sí sabes que tendrás que literalmente darle todas las instrucciones paso por paso para que te ayude a armarla, ¿no?
Lincoln simplemente sonrió.
—Podremos pasar mucho tiempo juntos, entonces.
El día de Luna había sido una verdadera mierda.
Despertarse temprano con resaca sólo había sido el inicio. No tuvo tiempo para recuperarse ni tratar de aclarar su mente cuando Lincoln fue a verla. Siempre preocupándose por sus hermanas. De vez en cuando las sacaba de quicio, pero ninguna podría negar jamás que él velaba por el bienestar de cada una de sus hermanas. Movería montañas por ellas, una piedra a la vez de ser necesario. Y cuando ella más lo necesitaba, él fue a verla. Trató de hablar con ella, de hacerla entrar en razón. Pero por más puras que sus intenciones hubieran sido, y por más que ella hubiera deseado abrazarlo y nunca más dejarlo ir, su simple presencia le dolía.
Le dolía verlo. Le dolía sentirlo. Le dolía oírlo. Le dolía porque lo amaba, lo amaba con todo su corazón, como nunca jamás había amado a ningún chico, y como seguramente nunca podría amar a alguien más. Su hermano. Su hermanito. Aquel bebé que ella había acunado en el hospital minutos luego de su nacimiento, cuando ella ni siquiera sabía leer aún. Le encantaba estar con él, pero desde que se había enterado que pronto moriría, verlo era como una cruel broma. Un recordatorio. Era como sufrir el doble: no sólo iba a tener que sufrir su partida, sino que también le tocaba el sufrir la despedida.
Lo que sentía era algo difícil de explicar. No estaba segura de que tuviera un nombre. Le dolía vivir el presente, porque sabía que pronto nada sería igual, y sabía también que sufriría al recordarlo. Le llenaba el corazón de amor verlo acercarse a ella para tratar de ayudarla, de entenderla, pero al mismo tiempo le dolía, porque sabía que ya no volvería a hacerlo. Era un concepto extraño, una idea nueva para ella. Era una nostalgia del presente: vivir con la pesadumbre de saber que pronto se extrañarían los momentos del ahora.
El dolor era real. Real y palpable. La consumía, la hacía sentir un vacío como nunca jamás había experimentado. Y ella no quería eso. No estaba preparada para ese tipo de dolor. Así que le dijo a Lincoln que por favor la dejara sola. Porque si él seguía hablándole, ella acabaría llorando.
Y no quería llorar.
Durante el resto del día hizo todo lo posible para mantenerse ocupada. Cumplir su promesa de jugar con Lola sirvió durante un buen rato. Una fiesta de té a la que ella acudía voluntariamente y como invitada en lugar de sirvienta podía ser muy divertida, en verdad. Agradeció que Lola no insistiera mucho en hacerle preguntas acerca de la noche anterior. Notó un trato diferenciado, como si temiera que en cualquier momento ella le gritara así como le había gritado a Lori, pero en general pasaron un buen rato.
El almuerzo fue más difícil. Sentarse en la misma mesa que Lori y sus padres no fue sencillo. Miradas elocuentes. Silencios que acusaban más que cualquier palabra. Incluso Luan sabía que las cosas estaban demasiado tensas como para decir algo. La única que realmente hizo un intento por incluirla en la conversación fue Leni. Luna quería mucho a su hermana mayor. No sólo ella siempre la ayudaba a confeccionar su propia ropa (y es que con tantos equipos musicales, apenas si le sobraba presupuesto), sino que siempre había estado allí para ella. Leni era una mejor hermana mayor de lo que la mayoría le daba crédito. Siempre preocupada por todos. Siempre dispuesta a sacrificar tiempo para hacerlos sentir mejor. Siempre preparada para dar un abrazo al que lo necesitara.
Después del almuerzo, mientras continuaba guardando todos sus instrumentos en su habitación, preparándolos para llevarlos al garaje, Luan entró junto a ella y cerró la puerta con llave.
—Luna... Tenemos que hablar —le había dicho.
—Luan, no quiero...
—Perdóname —la interrumpió, corriendo a abrazarla—. Todos estos días me buscaste para hablarme, y yo te ignoré. Me necesitabas, y yo no estuve ahí para ti.
—Luany...
—Pero ahora estoy aquí —continuó—. Ahora me tienes. No tienes que cargar con ese dolor tú sola.
Amaba a Luan. Era más que su hermana, era su mejor amiga, su confidente, el pilar donde se apoyaba. La última semana, donde ella había entrado en su modo mimo había sido muy dolorosa para Luna. Y aunque ella se había disculpado el día anterior, saber que contaba con ella una vez más fue un alivio para Luna. Poder volver a abrazarla fue un catalizador.
Muchos pañuelos fueron gastados en unas pocas horas, aprovechando que las paredes estaban aisladas acústicamente. Luna logró desquitarse, pero evitó cualquier intento de conversar acerca de Lincoln. Lloró por volver a tener a su hermana, por saber que no estaba sola en su dolor. Pero evitó activamente que el dolor se apoderara de ella. No lo quería. No lo soportaría.
Creyó que aquellas horas con Luan serían suficientes. Que ya no tendría que enfrentar emociones fuertes por el resto del día, al menos. Pero estaba equivocada.
Usualmente, Luna se acostaba con sus auriculares puestos. El rock siempre la ayudaba a despejar su mente, a relajarse y a finalmente dormir. Eso ya no era una opción, sin embargo. Todas las letras de repente tenían otro significado. Todas las canciones del universo parecían querer invitarla a recordar. Y ella sólo quería olvidar. El problema es que estaba acostumbrada a sus auriculares, por lo que en su primera noche libre de música, no pudo dormirse tan rápido como le hubiera gustado. Era imposible saber cuánto tiempo permaneció despierta mirando la pared. Seguramente fue durante poco más de una hora, por más que ella sintió que habían pasado muchas más.
El silencio de la noche fue roto cuando alguien abrió la puerta de la habitación. De no ser porque estaba demasiado despierta, seguramente no lo habría escuchado. Quien fuera que estuviera abriendo la puerta lo estaba haciendo con cuidado de no ocasionar ni el menor ruido. Luna hubiera apostado a que se trataba de Lucy. Se sentó para ver bien quién era, y qué es lo que hacían entrando a su habitación cerca de las diez de la noche.
La luz nocturna que entraba por la ventana era insuficiente como para reconocer un rostro, pero aquel cabello blanco siempre brillaba a la luz de la luna.
— ¿Lincoln? —Llamó en un susurro, no queriendo despertar a Luan, cuyos ronquidos indicaban que se encontraba teniendo una agradable noche de sueño.
La puerta dejó de abrirse de repente, y la pausa de hecho hizo rechinar las bisagras.
— ¿Luna? —Preguntó— ¿Estás despierta?
— ¿Qué estás haciendo, hermano? —Dijo, mientras con cuidado bajaba de su cama y se acercaba a Lincoln.
Sí, era cierto que estaba tratando de no pensar en él, de lo que iba a suceder. Pero seguía siendo su hermana mayor, y necesitaba asegurarse de que él estuviera bien, que no necesitara nada.
Él abrió un poco más la puerta y dio un paso más hacia su hermana. Ahora que estaba más cerca, podía ver con claridad los ojos de Lincoln, brillantes y hermosos. Eran los mismos ojos que hacía mucho tiempo le habían dicho que la querían hasta el infinito y más allá. Los ojos que últimamente invadían sus sueños, y también sus pesadillas.
—Luna, ven conmigo —le pidió, tomándola de la mano.
— ¿A dónde?
La pregunta era sólo para satisfacer su curiosidad. Lo habría seguido hasta los confines del mundo si se lo pedía. Lo habría acompañado hasta la playa a caminar en la arena, o al bosque a ocultarse entre las hojas hasta el amanecer. Ella no quería sufrir, pero habría soportado mil dagas si Lincoln se lo pedía.
—Afuera.
Aún tomándola de la mano, comenzó a caminar hacia el pasillo. Ella lo siguió, dejando entre abierta la puerta, temiendo que el ruido de cerrarla por completo pudiera despertar a Luan. Siguió a Lincoln en silencio mientras comenzaban a bajar las escaleras. ¿Realmente quería ir fuera de la casa? ¿A esas horas de la noche? ¿Qué quería hacer? ¿Querría ir a dar una vuelta por el vecindario? Eso no era seguro. Pero al llegar al piso de abajo no siguió hacia la puerta de entrada, sino que giró en dirección a la cocina, a la puerta trasera que daba al patio. Con cuidado, Lincoln abrió la puerta, y caminó junto a su hermana hacia afuera.
Los dos hermanos fueron recibidos por una fría brisa que sus pijamas no lograron atenuar. Luna lo sufrió especialmente, ya que su atuendo para dormir consistía únicamente en ropa interior y una larga remera morada que llegaba hasta la mitad de sus muslos. El frío aire de la noche la hizo temblar, y sintió la piel de gallina en sus piernas. Estuvo a punto de preguntarle a su hermano a dónde la estaba llevando, cuando notó algo en el extremo más alejado del patio trasero.
— ¿Esa es la carpa de papá? —Preguntó, claramente confundida. ¿Por qué Lincoln había preparado la carpa canadiense de la familia? ¿Es que tenía planes de dormir afuera?
—Vamos —dijo él simplemente.
Bajaron los escalones que separaban el nivel de la cocina del suelo, y caminaron hacia la carpa. La sensación de apoyar sus pies descalzos sobre el césped cubierto del rocío de la noche fue extraña, pero placentera. Quizás Lana fuera la única que disfrutaba de bañarse en el lodo, pero a todos los Loud les gustaba el aire libre, estar fuera. Luna imaginó que se debía a que siendo tanta gente en una casa tan pequeña, donde todo se sentía contenido a duras penas, la sensación de estar en el exterior los ayudaba a descomprimirse.
Cuando finalmente llegaron a la carpa, Lincoln abrió el cierre, y guió a Luna adentro. Ella no dijo nada. Simplemente se dejó llevar, y le hizo caso a su hermano.
—Ve a la izquierda, con cuidado. Hay cosas en el suelo.
Haciéndole caso, gateó con cuidado en la oscuridad por el lado izquierdo del interior de la carpa. Sus manos y rodillas pronto descubrieron no sólo la presencia de varias mantas, sino de un par de almohadas. Estaba comenzando a preocuparse. ¿Por qué Lincoln estaba tan misterioso? Al principio había pensado que necesitaba algo, que necesitaba ayuda, pero ahora estaba comenzando a sospechar que Lincoln se traía algo entre manos.
—Hermano, ¿qué es todo esto? ¿Por qué me traes aquí?
—Me aseguré de que todas estuvieran durmiendo —dijo él simplemente, cerrando lentamente la carpa—. Sólo Lori y Leni saben de esto.
— ¿De qué hablas? ¿Por qué me trajiste aquí? —Volvió a preguntar.
Cuando hubo terminado de cerrar la entrada, Lincoln se sentó frente a su hermana, y con su mano tomó un objeto cercano.
—Porque tenemos que hablar —dijo, justo cuando encendía la lámpara de campamento.
Luna usó su mano para cubrir sus ojos ante el impacto de la luz. Parpadeó un par de veces, y rápidamente se acostumbró a la nueva visibilidad. Cuando Lincoln apoyó la lámpara en el suelo, ella finalmente pudo ver el rostro de su hermano con mayor claridad. Hermoso, como siempre. También vio las mantas y las almohadas, sacadas de la habitación de Lincoln. Pero lo que más llamó su atención fue ver que en el lado derecho se encontraba su guitarra acústica, apoyada con cuidado junto a su estuche.
— ¿Qué haces con mi guitarra? —Preguntó. No fue su intención sonar acusadora.
—La traje.
— ¿Para mí?
—Para los dos.
—No voy a tocarla.
— ¿Podemos hablar antes?
— ¿Y para qué…? —Luna se detuvo al notar el tono con el que le estaba hablando a su hermano, a Lincoln. Se sintió terriblemente culpable. —Lo siento. Perdón, no quería… ¿De qué quieres hablar?
—De ti, Luna —dijo Lincoln, acercándose un poco más a su hermana, sentándose justo frente a ella—. Quiero saber cómo estás.
—Ya sabes cómo estoy, Linc —respondió, abrazando sus rodillas contra su pecho—. No necesitas que te lo diga, y yo no quiero decirlo en voz alta.
—Yo creo… Yo creo que ese es el problema, Luna —dijo él suavemente—. No puedes guardarte todas tus emociones.
—Detente —dijo Luna, cerrando los ojos, como si por no verlo las palabras no la afectaran lo mismo—. Sé lo que quieres hacer. No lo hagas. Por favor.
—Luna, no puedes huir de esto.
—Basta.
—Quizás… Quizás puedas evitarme durante el tiempo que me queda…
—No, no, Lincoln, yo no quiero… —comenzó ella, volviendo a abrir sus ojos. No quería ignorar a Lincoln. No quería perderse sus últimos momentos con él. No era eso lo que ella quería. Pero… Pero era tan difícil verlo… Tan doloroso…
—...y no te culparía si decidieras hacerlo —continuó Lincoln, obviando la interrupción de su hermana—. Te entendería. Pero finalmente voy a morir, y no podrás escapar de eso.
— ¡Basta! —Gritó.
Lincoln se calló. No quería presionarla más allá de lo necesario, por lo que la dejó sollozar todo lo que necesitara. La esperaría, pues tenían toda la noche por delante para ellos dos solos. Luna agradeció el silencio, que le diera su tiempo. Y sobre todo agradeció que le dejara su espacio, que no se acercara a abrazarla o a limpiar sus mejillas. Aquello sólo la habría empeorado. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró controlarse. No del todo, pero sí lo suficiente como para hablar.
—Lincoln, ¿qué quieres de mí? ¿Quieres que llore? ¿Qué es lo que quieres? —Preguntó con completa honestidad, queriendo realmente saber qué es lo que su hermanito se traía entre manos.
—Por supuesto que no quiero verte llorar —dijo él, casi sucumbiendo al impulso de lanzarse a abrazarla—. Odio verlas mal, a cualquiera de ustedes. Lo que… Lo único que quiero es recuperar a mi hermana rockera, la mejor intérprete musical del mundo.
— ¿Es eso, entonces? —Preguntó Luna, de repente un poco más hostil —Todo esto… ¿Es sólo para que vuelva a tocar? ¿En serio te cuesta tanto entender que hay más en mí que sólo música?
El rostro de Lincoln adoptó una expresión de tristeza, herido por aquellas palabras. En cualquier otra situación, Luna se habría disculpado, pero en aquel momento ella estaba realmente enfadada. De alguna forma, ella siempre había guardado la esperanza de que Lincoln la comprendiera mejor que el resto de sus hermanas. Con todas las tardes que habían pasado juntos, todas las veces que ella lo había ayudado con sus tareas del colegio cuando ni Lori ni sus padres tenían tiempo para él, las horas que ambos habían pasado realizando accesorios para sus ropas… Siempre creyó que él veía más allá de su música, que la quería por quien era en verdad. La desilusión le dolía casi tanto como todo lo demás.
—Luna, sabes que te amo.
Ella no dijo nada.
—Tú… Sabes que eso que dices es mentira.
— ¿Y por qué no me dejas renunciar a la música entonces? —Preguntó ella.
—Porque te conozco demasiado, Luna, te conozco desde que nací —dijo él, con una mezcla de impaciencia y tristeza en su voz—. Eres mi hermana mayor, y sé que sólo estás poniendo a la música como excusa. Yo… Yo sé por qué estás haciendo esto, en verdad.
Luna quería creer que no sabía de qué estaba hablando su hermano, pero en el fondo sí lo sabía. Quería creer que lo que les decía a todos era cierto, que realmente había guardado todos sus instrumentos porque no quería que pensaran que ella sólo era música. Quería creer su excusa.
Pero por más convincente que su mentira fuera para sí misma, en el fondo sabía la verdad. Y ella supo, simplemente supo, que Lincoln también lo sabía.
—Dices que dejas la música porque no quieres que eso te defina —comenzó Lincoln—, pero en verdad la dejas porque te recuerda a mí.
—Lincoln…
—Ya hablaremos sobre lo otro —la interrumpió, levantando la palma de su mano para detenerla—. Pero sé que aunque sea una excusa, hay algo de verdad en lo que dices acerca de la música y tú. Y quiero dejarte las cosas claras.
Y entonces Lincoln hizo un primer movimiento que quebró todas las defensas que Luna estaba tratando de construir a su alrededor: la tomó de la mano. Y el contacto atravesó sus muros, sorteó los obstáculos que ella estaba tratando de edificar entre su corazón y el mundo. Como siempre, Lincoln lograba alcanzar lo más profundo de su ser. No era sólo el contacto, era la suma de todo. El contexto, el lugar, la situación, su mano, su mirada. Su voz. Sus palabras.
—Tú no eres sólo música —le dijo, con una mirada tan intensa que amenazaba con incendiarla—. Tú eres mucho más que eso. Tú nos inspiras a todos más allá de los instrumentos que tocas… Luna, tú me inspiras.
El nudo en la garganta de la chica era demasiado apretado, amenazando con no dejar pasar el aire.
—Tú me enseñaste a disfrutar lo que hago, a ponerle pasión a mis actividades favoritas. Eres un ejemplo de dedicación, siempre practicando para mejorar. No siempre fuiste una fanática del rock, y sin embargo siempre te amé, Luna. Siempre. Porque más allá de la música, tu vives bajo una simple regla: el rock and roll no es acerca de ser el mejor, sino de divertirse. Y tú te diviertes.
Lincoln lentamente soltó la mano de su hermana, quien sintió la ausencia de su calor como si alguien acabara de arrebatarle un brazo. Él se movió dentro de la carpa y tomó la guitarra acústica de Luna. Ante la atónita mirada de su hermana, Lincoln acomodó el instrumento y se arremangó la manga izquierda de su pijama, dejando ver un antebrazo lleno de anotaciones que apenas si se podían ver con la luz de la lámpara.
—La música es sólo una forma de expresar tu personalidad, la cual yo amo. La cual yo veo. Y por eso te preparé esta canción, para que lo entiendas.
Desviando la mirada de los ojos de su hermana y concentrándose en la guitarra, Lincoln comenzó a tocar. Sus acordes no sonaban del todo limpios. No marcaba el ritmo entero, sólo los cambios de acordes. Y cuando comenzó a cantar, lo hizo en otro tono, desafinado, con problemas para coordinar el ritmo con la letra. También se salteó el primer estribillo, yendo directo a la segunda estrofa del verso. Una performance objetivamente pobre, pero que incluso para los súper entrenados oídos de Luna, fue perfecta. Nunca ninguna música había sonado tan hermosa para ella, y se preguntó si realmente estaba escuchando con sus oídos, o si las vibraciones simplemente viajaban directo a su corazón.
You with the sad eyes (Tú, con los ojos tristes)
Don't be discouraged (No te desanimes)
Oh I realize (Oh, sé que...)
Its hard to take courage (...es difícil ser valiente)
In a world full of people (En un mundo lleno de gente)
You can lose sight of it all (Puedes perder la perspectiva)
And the darkness inside you (Y la oscuridad en tu interior)
Makes you feel so small (Te hace sentir tan pequeña)
Show me a smile then (Muéstrame una sonrisa, entonces)
Don't be unhappy (No estés triste)
Can't remember when (No puedo recordar cuándo...)
I last saw you laughing (...te vi sonreír por última vez)
If this world makes you crazy (Si este mundo te vuelve loca)
And you've taken all you can bear (Y tienes más de lo que puedes soportar)
You call me up (Sólo llámame)
Because you know I'll be there (Porque sabes que estaré allí)
And I see your true colors (Y veo tus colores verdaderos)
Shining through (Brillando a través de ti)
I see your true colors (Veo tus colores)
And that's why I love you (Y por eso te amo)
So don't be afraid to let them show (Así no temas dejarlos ver)
Your true colors, true colors (Tus colores, tus verdaderos colores)
Are beautiful (Son hermosos)
Like a rainbow (Como un arco iris)
Al parecer, Lincoln sólo tenía escritos en su brazo los acordes hasta el estribillo. Cuando lo terminó, se dio cuenta de que no sabía qué tocar para finalizar la canción, por lo que simplemente repitió una vez más el último acorde, dejando que las cuerdas lentamente dejaran de vibrar, el sonido desvaneciéndose en el aire.
Nunca una canción había significado tanto para Luna como la que Lincoln acababa de cantarle. Nunca una letra le había dejado una impronta tan importante en su corazón.
Maldito Phil Collins.
No era fácil no llorar en aquella situación, pero mantuvo su compostura. Se mantuvo fuerte. Trató de reconstruir los muros de piedra alrededor de su corazón, aquellos que Lincoln parecía estar dispuesto a derribar a como de lugar. Porque, ahora sí que no había dudas, Lincoln sabía qué es lo que le había pasado.
Quizás no supiera los detalles, pero sí entendía el proceso por el que Luna había pasado en menos de una semana. Sabía que todo lo que ella quería era escapar del dolor. Al principio, se había encerrado en el garaje, tocando sin parar. Durante algunos días, eso había bastado. Pero luego sus canciones comenzaron a tornarse cada vez más tristes. Sus dedos comenzaron a fallar en los acordes, a tocar escalas que ella no quería. De pronto, tocar música en su casa no fue suficiente para distraerse. Buscó entonces ir a tocar frente a un público. La magia del escenario siempre la había alejado de todos sus problemas. Pero eso también falló. La música le falló. Ya no sabía qué hacer para escapar del dolor, para distraerse, para evitar pensar.
Eso era todo lo que ella quería. Evitar pensar. Era el más básico de los instintos, el de conservación. ¿No era natural querer evitar las cosas que le causaban dolor?
—Luna.
La voz de Lincoln la trajo de regreso hacia la carpa, lejos del mundo de sus reflexiones.
—El día que la música no signifique más nada para ti, déjala —dijo él con suavidad—. Desde donde esté, te apoyaré si en verdad lo sientes así. Pero no dejes de hacer lo que te gusta sólo porque tienes miedo.
—Es más que miedo —dijo ella con dificultad.
—No en verdad.
—Tú no… No lo entiendes, Lincoln. No lo entiendes —repitió, negando con la cabeza, tratando de evitar que las lágrimas escaparan de la orilla de sus ojos—. No entiendes cómo me siento.
Una moto condujo por la calle, delante de la casa de los Loud, y el sonido del motor rompió el silencio. Eso y algunos grillos eran todo lo que podían oír. Luna sintió movimiento, y abrió los ojos. Lincoln estaba arrodillado frente a ella, extendiéndole la guitarra, como si estuviera ofreciéndosela como tributo. Ella miró la guitarra, y luego a su hermano.
—No —dijo ella, empujando suavemente la guitarra con su mano, como si estuviera rechazando un plato de comida.
—Tal vez tengas razón, y yo no sepa cómo te sientes —dijo Lincoln, tan bajo que los grillos del jardín casi ocultaron sus palabras—. Si es así… Si es así yo quiero saber. Quiero ayudarte, pero no puedo si no sé cómo estás. Muéstrame.
Volvió a ofrecerle la guitarra, y ambos cruzaron sus miradas. Un duelo de emociones tan intensas que haría que WrestleMania pareciera una pelea de niños: la súplica de Lincoln contra la obstinación de Luna por no entregarse al dolor. Un tira y afloja entre ambos, tratando de convencer al otro, con ninguno dispuesto a ceder terreno. Sin embargo, tiene más por ganar quien tiene menos por perder, y en el caso de Lincoln, ya no le quedaba nada por perder. Sostuvo la mirada, hasta que finalmente Luna suspiró y bajó la cabeza, derrotada. Con manos temblorosas, tomó la guitarra acústica, y la acomodó sobre sus piernas como tantas veces había hecho, como si fuera una extensión de su cuerpo.
Mostrarle lo que sentía. Exponer en forma de una canción sus sentimientos. En cualquier otra situación, habría sido un pedido extremadamente sencillo para Luna. Su biblioteca musical mental era muy amplia, conocía decenas de canciones para cada situación. Y lo cierto es que no era difícil que se le ocurriera una canción para describir cómo se sentía. Las ideas y los nombres le llegaban sin parar. Pero, ¿cómo elegir entre tantas? ¿Cómo elegir una que diera justicia a lo que sentía? ¿Qué canción podía tocar que no la quebrara frente a Lincoln? Tears in Heaven estaba completamente fuera de discusión. Nunca más podría volver a escuchar esa canción sin sentir dolor en su alma. ¿Against all odds? No, suficiente Collins por una noche. Quizás alguna de esa chica canadiense de principios de los 2000, como Keep holding on, o quizás When you're gone. No, tampoco servían. ¿Don't Cry, I remember you, Everything I do, My Immortal, Meet you there, Wake me up when September ends? No, no, no quería cantar esas canciones. Ninguna podía describir lo que realmente sentía. Y las que sí lo hacían, la harían llorar delante de él. Y Luna no quería que su hermanito la viera llorar.
—Luna —la llamó, chasqueando los dedos frente a los ojos perdidos de su hermana—. No lo pienses demasiado. Toca con el corazón, no con la cabeza.
Las palabras de aliento de su hermano, en una situación como esta, sólo la hicieron sentir aún peor. Y al mismo tiempo, fue todo lo que necesitó para superar su bloqueo. Cerró los ojos, tomó aire y tocó las cuerdas de la guitarra. Afinación perfecta, tal y como ella la había dejado. Y entonces… Entonces sus manos comenzaron a moverse por sí solas. Su cuerpo… No, su corazón encontró los acordes y el ritmo. Tanto fue así que Luna tardó algunos segundos en descubrir qué canción estaba tocando.
Abrió los ojos para ver el rostro de Lincoln. Necesitaba verlo, necesitaba que entendiera que cada palabra que salía de su garganta estaba dirigida hacia él.
I don't want this moment to ever end (No quiero que este momento acabe nunca)
Where everything's nothing without you (Donde todo es nada, sin ti)
I'll wait here forever just to, to see you smile (Esperaré aquí para siempre, sólo para verte sonreír)
'Cause it's true: I am nothing without you (Porque es cierto: no soy nada sin ti)
Through it all, I made my mistakes (Después de todo, cometí mis errores)
I stumble and fall, but I mean these words (Me tropiezo y caigo, pero lo digo en serio)
I want you to know (Quiero que sepas)
With everything, I won't let this go (Con todo, nunca dejaré ir esto)
These words are my heart and soul (Estas palabras palabras son mi corazón y alma)
I'll hold on to this moment, you know (Me guardaré este momento, lo sabes)
As I bleed my heart out to show (Mientras hago sangrar a mi corazón para mostrar)
That I won't let go (Que no te dejaré ir)
No estaba segura de haber parpadeado en ningún momento. Todo lo que podía ver era el rostro de Lincoln, iluminado por la luz de la lámpara que tenía a su lado. Tenía la mirada fija en su hermano menor, pero a medida que avanzó con la canción, la imagen se distorsionaba cada vez más. Perdía claridad al verlo a través de las lágrimas que comenzaban a acumularse en sus ojos.
Apenas logró terminar el primer estribillo cuando tuvo que detenerse. Su respiración estaba agitada, el corazón le dolía con cada latido, y sus ojos ardían como si le hubiera entrado shampoo durante el baño. Sus dedos soltaron el cuello de la guitarra, a la cual dejó caer entre ella y Lincoln. Todo su cuerpo comenzó a temblar, y ya no era por el frío de la noche en la carpa. Los escalofríos y su piel de gallina ya no eran producto de la falta de ropa de abrigo, sino de sensaciones internas. Cerró los ojos y volvió a abrazar sus rodillas contra su pecho, tratando de hacerse pequeña y desaparecer. Sus labios temblaban, pero no quería llorar. Trató de dejar la mente en blanco, de detener todo pensamiento. Era una niña asustada, parada sobre la cuerda floja, temiendo caer a la depresión, al dolor.
—Luna, estoy aquí —le dijo Lincoln, acariciando suavemente el brazo desnudo de su hermana.
Luna sintió que el contacto la quemaba. Era un dolor insoportable sentirlo tan cerca, sabiendo que pronto estaría tan lejos.
—Nadie va a escucharte, sólo somos tú y yo —insistió él—. Puedes llorar, yo voy a estar aquí para ti.
—N-No quiero llorar… D-Duele… Duele tanto —se quejó ella, y Lincoln pudo sentir cómo las palabras raspaban su garganta mientras salían, ahogando un sollozo.
—Lo sé.
Y aquellas dos palabras detuvieron el mundo de Luna. Nada más tuvo sentido, nada más tuvo importancia. Ni la luz de la lámpara, ni la oscuridad de la noche, ni el ruido del viento contra la carpa. Todo lo que su cerebro podía registrar era el tono con el que Lincoln había pronunciado aquellas dos palabras. Con temor, levantó la vista, sólo para encontrarse con una imagen que añadió una nueva herida a su maltratado corazón.
Lincoln, haciendo un enorme esfuerzo por sonreírle mientras dos finos hilos de lágrimas caían a cada lado de su rostro, dejando una brillante estela tras de sí.
—Sé que duele. Lo sé, a mí también me duele. Duele mucho —dijo, pasando bruscamente su antebrazo por sus mejillas—. Pero se supone que debe doler, se supone que…
Un breve sollozo lo interrumpió, y Lincoln aprovechó la pausa para volver a tomar la guitarra que Luna había dejado caer.
—Hoy estuve en la casa de Tabby. Le conté todo y le pedí que me ayudara a buscar una canción especial para ti. Estuvimos a punto de elegir We all fall down de Aero is Myth, pero finalmente me enseñó a tocar esta, y…
Las palabras murieron en su garganta. Se limitó a volver a poner en posición la guitarra y revisar las anotaciones de su brazo, antes de comenzar a tocar con la misma falta de técnica y talento que la primera vez, pero con el doble de sentimiento.
Seven forty two in the morning (Siete cuarenta y dos en la mañana)
Eight seconds before it all sinks in (Ocho segundos antes de asumir todo)
Put your best face on for the world (Pon tu mejor cara para el mundo)
Fake another smile and just pretend (Finge otra sonrisa y sólo pretende)
But you're just puttin' off the pain (Pero sólo estás evitando el dolor )
Nothing's ever really gonna change (En verdad nada va a cambiar…)
So let it hurt, let it bleed (Así que deja que duela, deja que sangre)
Let it take you right down to your knees (Deja que te ponga de rodillas)
Let it burn to the worst degree (Deja que queme, hasta el peor grado)
May not be what you want, but it's what you need (Quizás no sea lo que quieres, pero es lo que necesitas)
Sometimes the only way around it (A veces la única forma de superarlo)
Is to let love do it's work (Es dejar que el amor haga lo suyo)
No terminó el estribillo, no dijo la última frase. Al igual que la vez anterior, Lincoln simplemente dejó que el último acorde sonara dentro de la carpa. Sus ojos brillosos, sangrando lágrimas, estaban fijos en Luna. Y ella sólo podía devolverle la mirada.
No se dijeron nada, porque no hacía falta.
Lincoln volvió a extenderle su guitarra. Se la dejó en las manos, y ese sencillo acto fue el que dijo la frase final del estribillo, la que él no había podido cantar:
Let it hurt (Deja que duela)
Para muchos, podría decirse que Luna ya estaba llorando. Pequeñas gotas caían lentamente de sus ojos, marcando pequeños surcos, como el rastro que deja un caracol al moverse a paso lento. Así que quizás sí, quizás ella ya estaba técnicamente llorando. Sin embargo, ella no sentía las lágrimas, no sentía las gotas que caían en su remera, en su pecho, en sus brazos. Lo que caía era sólo el excedente de sus ojos, lo que ella no podía controlar.
Ella creyó que todavía era fuerte, que aún no estaba llorando. Volvió a tomar la guitarra que Lincoln le ofrecía, y apretó sus dedos alrededor del mástil tan fuerte que casi se queda sin una segunda guitarra. Vio las lágrimas de Lincoln, vio el rostro suplicante de su hermano. Él estaba allí para ella. No estaba allí para tratar de decirle que todo estaría bien, que podrían superarlo, como su padre se acercaba a decirles todas las noches luego de que las más pequeñas y Lincoln se acostaran a dormir. Lincoln no estaba allí para evitar que llorara, como ella creyó en un principio.
Estaba allí para llorar con ella.
No era necesario, pues Lincoln realmente no entendía mucho de música, pero Luna rápidamente bajó medio tono la afinación de su guitarra. La canción que iba a cantar tenía partes muy agudas a la que su voz no podría llegar en la afinación estándar. Una vez lista, comenzó a rasguear los acordes, su mano deslizándose pesadamente sobre las cuerdas. Mientras cantaba con todo el sentimiento que le era posible implementar en una canción, sintió algo distinto. Fue como si la vida se le escapara con cada nota, como si todo el dolor que había estado guardando dentro suyo hubiera encontrado una vía de escape.
Así, con el corazón expuesto, le cantó a su hermano todo lo que sentía.
Brother, why'd you have to go? (Hermano, ¿por qué tuviste que irte?)
You left us all so soon. (Nos dejaste a todos tan pronto)
Remember that song I wrote about our family years ago? (¿Recuerdas esa canción que escribí sobre nuestra familia años atrás?)
Well, they're all waiting for you to come home. (Pues están esperándote a que vuelvas a casa)
What do I do? (¿Qué hago?)
What do I say? (¿Qué digo?)
And Dad tells me to pray. (Y papá me dice que rece)
So I prayed and prayed but the hurt won't go away. (Recé y recé, pero el dolor no se va)
The pain gets worse, it never stops, (El dolor se hace peor, nunca se detiene)
And I've asked the Lord for us to swap. (Y le pedí al Señor que nos cambiara)
I beg and plead, 'cause we all need you here. (Ruego y suplico, porque todos te necesitamos aquí)
Why is it always stormy weather? (¿Por qué el clima siempre es de tormenta?)
And brother tell me if it all gets better. (Y hermano, dime si mejorará)
Why did you leave? Why did you die? (¿Por qué te fuiste? ¿Por qué moriste?)
You finally made your sister cry. (Finalmente hiciste llorar a tu hermana)
I know you're watching over us tonight, (Sé que nos miras a todos desde el cielo)
And I hope you're watching over us tonight. (Y espero que nos cuides esta noche)
Muchas cosas pasaron en un instante. Luna había cantado con toda su energía el estribillo, hasta llegar al punto en que su garganta ya no podía más. Y en ningún momento había roto el contacto visual con Lincoln. Él seguía llorando como un niño, como un hermoso, pequeño y asustado niño, y Luna no pudo seguir siendo fuerte. Todos tenían un límite, y ella había llegado al suyo.
Por eso, apenas terminó con el estribillo, tiró la guitarra a un lado de la carpa, sin preocuparse en dónde o cómo cayera. Extendió sus brazos y se arrodilló hacia delante. Lincoln no perdió tiempo, y en seguida se lanzó directo hacia el abrazo de su hermana, enterrando su rostro en su pecho. Fue en ese instante que Luna decidió no guardarse nada. Luego de que la primera lágrima escapara voluntariamente, el resto la siguió como un torrente. Luna apretó a Lincoln contra ella y lloró con la fuerza de una persona vomitando, dejando salir todos los gemidos y jadeos que habían quedado estancados en su garganta todos estos días.
Durante el resto de la noche, cada vez que lograba reunir el aliento suficiente como para hablar, Luna le repitió lo mucho que lo amaba. Cuánto lo necesitaba. Lo injusto de la situación. Lo mucho que lo extrañaría. Le repitió una y otra vez que no quería que se fuera, que él era su hermanito, que no podía dejarla. Pidió a Dios en voz alta que no lo permitiera, mientras cubría el rostro de Lincoln con besos y caricias.
No era una imagen linda. Los dos eran una confusa mancha de sudor, lágrimas, mocos y desolación. Unidos en un abrazo de dolor, no hubo palabras mágicas que los ayudaran a superarlo, no hubo salidas, no hubo dónde ocultarse.
En aquella carpa, bajo la noche y con las estrellas como testigos, sólo hubo verdad.
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Las canciones usadas en este capítulo fueron: 'You'll be in my heart' (Phil Collins, soundtrack de Tarzán), 'I don't want to miss a thing' (Aerosmith), 'True Colors' (Phil Collins, de nuevo), 'With me' (Sum 41), 'Let it hurt' (Rascal Flatts) y 'Brother' (Falling in Reverse). Esto es un detalle menor, pero esa pequeña lista de canciones que Luna consideró cantar son todas canciones que estuve a punto de usar en este capítulo. En lugar de 'With me', Luna originalmente iba a cantar 'When you're gone' o 'Keep holding on' de Avril Lavigne, pero… No sé, me gusta mucho Sum 41. Y como Lincoln dijo, en lugar de 'Let it hurt' yo iba a usar 'We all fall down' de Aerosmith. Pero Let it hurt fue demasiado… Es exactamente lo que quería transmitir. Anyway, los invito a que escuchen estas tres canciones que quedaron fuera del capítulo para tener un conocimiento más profundo de lo que los personajes sentían.
El siguiente capítulo es distinto a todos los que vimos hasta el momento. Prepárense para verlo.
